OPINIÓN E IMAGEN

Ya no se fían

La relación entre los empresarios y José María Aznar atraviesa momentos delicados. La confianza mutua de que han hecho gala estos últimos cinco años se está quebrando debido, en parte, al empeoramiento de la coyuntura económica, pero también al creciente aislamiento del presidente, quien ha dejado de contar con Rodrigo Rato como puente entre el mundo empresarial y La Moncloa. Las anunciadas subidas de impuestos, el intento de legislar unilateralmente la reforma de los convenios e, incluso, la forma de afrontar el escándalo Gescartera ha abierto una brecha entre empresas y Gobierno que tuvo su máxima expresión en una reciente cena de Aznar en Barcelona con un selecto grupo de industriales.

Los últimos cinco años han sido muy buenos", asegura un cargo de la patronal CEOE para marcar distancias con la actual situación en las relaciones con el Gobierno de José María Aznar. A pesar de que esta misma fuente, muy cercana al líder de la patronal, José María Cuevas, pretende rebajar la tensión asegurando que sólo es fruto de "fricciones puntuales" quienes conocen cómo nació afirman que nada es como antes.

El origen del actual desencuentro lo sitúan la mayor parte de los consultados en el estallido del escándalo Gescartera. Las declaraciones de Cuevas señalando que el caso demostraba que los controles institucionales habían fallado molestó especialmente en Moncloa. Las palabras de Cuevas, sin embargo, sólo inauguraban un clima que se complicaría mucho más en semanas posteriores.

El desarrollo mismo del escándalo ha venido a enturbiar el papel que el ministro de Economía, Rodrigo Rato viene ejerciendo desde que los populares estaban en la oposición: el de eficaz nexo de unión entre el mundo de la empresa y el PP. La pérdida de firmeza en el suelo que pisa el vicepresidente y su perceptible distancia con Aznar han colaborado en que las "fricciones" reconocidas desde la misma CEOE no hayan podido lubricarse.

En este ambiente, un par de decisiones del Gobierno no han hecho más que alimentar la creciente desconfianza de los empresarios. Por un lado, hace apenas un mes el Ejecutivo amenazó con legislar la reforma de los convenios colectivos para el año próximo aún con la opinión en contra no sólo de los sindicatos sino también de las empresas.

Para la patronal, que el Gobierno pretendiese dotar a los convenios de empresa de mayor categoría y efectividad que los colectivos rebajaba su capacidad de maniobra –y su poder, en definitiva– y dejaba a múltiples empresas sin una cobertura a la que estaban acostumbradas.

"Aznar es un buen gobernante, pero de convenios no tiene ni idea". Así de claro se expresó entonces un José María Cuevas indignado con la unilateral decisión gubernamental.

Afortunadamente para la patronal, también la UGT prefería negociar la reforma con la CEOE y ambos, a pesar de las resistencias de Comisiones Obreras –ver el número de la semana pasada de El Siglo: Coquetean. Fidalgo se desmarca de Méndez y Cuevas y se entiende con Aznar– forzaron que el Gobierno les dejase hasta final de año para ponerse de acuerdo.

Por otro lado, y apenas sin tiempo para saborear esta pequeña victoria sobre las imposiciones gubernamentales, la Ley de Acompañamiento de los Presupuestos del Estado  del año próximo, que culmina su tramitación parlamentaria estos días, reservaba dos nuevas sorpresas a los empresarios: la subida del impuesto sobre la gasolina y el incremento del módulo del IRPF y el IVA con el que tributan más de dos millones de autónomos y pequeños empresarios en nuestro país (Más información en pág. 22 de este número).

La primera subida ha puesto en pie de guerra al sector del transporte, uno de cuyos máximos representantes, el presidente de Fenadismer, Juan Antonio Millán, ya ha llamado "mentiroso" al ministro de Hacienda. La segunda ha irritado a un colectivo que, en la estructura empresarial española, tiene un peso social y electoral considerable. El mismo Cuevas ha vuelto a criticar públicamente a Aznar al señalar que desde el Gobierno siempre se culpa a salarios y beneficios empresariales del incremento de la inflación y ahora es el Ejecutivo el que sube los impuestos indirectos.

A pesar de todo, Aznar sigue yendo a los actos para los que la CEOE le requiere –"hay que reconocer que el presidente sigue teniendo una receptividad absoluta a nuestras invitaciones", dicen en la patronal-–, pero estos encuentros no han aligerado la frialdad en la que se mueven sus relaciones. Nada que ver con los tiempos en los que los hombres de Cuevas colaboraban con los populares en la confección de su programa electoral. Hoy, Aznar lleva ya más de cinco años en La Moncloa, goza de mayoría absoluta y cuando acude a un encuentro con empresarios no escucha como lo hacía antes. Buena prueba de ello es la cena de la semana pasada en Barcelona de la que El Siglo ofrece esclarecedores detalles en estas mismas páginas

Q ué, ya te has hecho militante del PP?".  Ésta fue la irónica pregunta con la que un conocido empresario catalán saludó telefónicamente a primera hora del pasado martes día 27 de noviembre a otro importante hombre de empresa barcelonés. Ambos habían asistido, la noche anterior, a la cena celebrada en la sede del Instituto de Estudios Superiores de la Empresa (IESE) de Barcelona con la asistencia del presidente del Gobierno, José María Aznar. Aquella broma telefónica reflejaba la opinión de buena parte de los diez empresarios catalanes participantes en la cena, ya que otro de los comensales comentaba al respecto, muy pocas horas después de la velada, no sin expresar su perplejidad: "Con tanta insistencia en que nos implicásemos de forma mucho más activa y pública en su propio proyecto político para España, parecía que Aznar venía a afiliarnos al PP".

Las cosas difícilmente hubiesen podido comenzar peor, puesto que el presidente del Gobierno les dio un buen plantón a los invitados a la cena. Aznar llegó a la sede barcelonesa del IESE con casi una hora de retraso a la cita prevista para las nueve de la noche. Lo hizo tras jugar durante un buen rato al padel, entre otros, con Sergio Casal y los hermanos Sánchez Vicario en las instalaciones del Open Tenis Club, club deportivo propiedad de estos tenistas catalanes en la cercana población del Prat de Llobregat, ante gran número de cámaras fotográficas y de televisión.

Los anfitriones de aquella cena eran el actual director general del IESE, Jordi Canals, su inmediato antecesor en el cargo, Carles Cavallé, y José María Bastero, rector de la Universidad de Navarra, de la que el IESE depende como institución educativa del Opus Dei creada en Barcelona en 1958, pionera en España en los másters en Business Administration.

Junto a los anfitriones, esperaban al presidente del Gobierno sólo diez de los once empresarios catalanes especialmente invitados a la cena, ya que José Manuel Lara Bosch, presidente del Grupo Planeta, finalmente no asistió sin que se sepa el motivo de su ausencia. A la llegada de José María Aznar al IESE, junto con la ministra catalana de Ciencia y Tecnología, Anna Birulès y los ya citados anfitriones, compartieron mesa y mantel tres empresarios invitados especialmente a instancias del propio presidente del Gobierno –Salvador Gabarró, presidente del Círculo de Economía de Barcelona; Josep González, presidente de la minoritaria patronal Pimec-Sefes, y Jaume Tomàs, presidente de Fira de Barcelona–, así como Isidre Fainé, director general de La Caixa; Antoni Brufau, también director general de La Caixa y presidente de Gas Natural; Albert Costafreda, presidente del Grupo Panrico; Lluís Carulla, presidente del Grupo Agrolimen; Josep Oliu, presidente de Banco Sabadell; Mariano Puig, presidente de Corporación Puig, y Josep Martínez Rovira, vicepresidente de Media Planning, a quien según ha podido saber El Siglo se incorporó sólo a última hora a la lista de invitados

Aunque desde la Moncloa se había solicitado expresamente a los anfitriones del IESE que la asistencia fuese limitada para que se pudiera producir un cómodo y fluido intercambio de opiniones entre los comensales, llamaban la atención algunas ausencias clamorosas de personas con gran peso en el mundo empresarial catalán que no fueron invitadas. Entre ellas destacaba sin duda el presidente de la gran patronal catalana, el histórico Fomento del Trabajo Nacional, Joan Rosell, presidente de Fecsa y considerado siempre un hombre muy próximo al PP, así como las de los máximos representantes de otras dos instituciones de gran peso en la sociedad civil catalana, como la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Barcelona, que preside Antoni Negre, o el Real Automóvil Club de Cataluña (RACC), que preside Sebastià Salvadó. Junto al Círculo de Economía, estas tres entidades integran el denominado GTI-4, que se ha destacado en los últimos tiempos en la exigencia de un mayor y más sostenido esfuerzo inversor en Cataluña tanto por parte del Gobierno central como del Gobierno de la Generalitat. El desaire público hacia Joan Rosell fue especialmente significativo al ser invitado a la cena, por indicación personal del propio Aznar, Josep González, presidente de la organización patronal minoritaria, Pimec-Sefes, desde siempre enfrentada al mayoritario Fomento.

La expectativa creada era la de un libre intercambio de opiniones acerca de las constantes quejas  sobre la política de inversiones públicas en Cataluña, evidenciadas recientemente con particular rotundidad a través de un manifiesto del Círculo de Economía de Barcelona, y de ahí se deducía que el propio Aznar hubiese hecho invitar especialmente a Salvador Gabarró, presidente del citado Círculo. (Más información en el Dossier).

Según las impresiones recogidas por El Siglo, la decepción fue la conclusión predominante entre los diez empresarios catalanes que cenaron con Aznar aquella noche.

"Simplemente, creo que Aznar no estuvo por la labor en ningún momento del encuentro –reconocía uno de los empresarios asistentes–. Tampoco estuvo tan displicente y distante como cuando intervino por primera vez en el Círculo de Economía, en donde al principio de su intervención se permitió incluso hacer algún desafortunado chiste sobre los catalanes, pero está claro también que en esta ocasión vino con su propio discurso cerrado y no se movió de ahí ni un milímetro, como si no le importaran nuestras críticas ni nuestras observaciones y opiniones".

"Aznar es un hombre personal y políticamente muy rígido –constataba otro comensal–. Me pareció como si casi no le importaran nuestras opiniones, ya que vino con un mensaje político muy concreto y cada vez que le planteamos cuestiones ajenas a su propio mensaje él se limitó a echar balones fuera, pidiéndonos más implicación en su propio proyecto político de España, apenas sin prestar atención a nuestros problemas, que no son nuestros problemas: son problemas que afectan al conjunto de la economía general del país".

"¿Por qué Aznar hizo invitar especialmente a la cena al presidente del Círculo de Economía, Salvador Gabarró –se preguntaba otro empresario catalán asistente a la cena–, si a la hora de la verdad no quiso hablar apenas sobre las muchas cuestiones concretas reflejadas en el manifiesto del Círculo, que son las que realmente nos interesan y preocupan a todos, porque el manifiesto del Círculo plantea con rigor nuestros problemas más importantes no ya de futuro sino de presente?".

Y es que durante toda la velada, que con la cena y  su sobremesa se prolongó tan sólo algo menos de un par de horas y media, hasta poco después de la medianoche –comenzó pasadas ya las diez de la noche y terminó bastante antes de la una–, al parecer José María Aznar se limitó a insistir una y otra vez sobre su propio discurso político, basado sobre todo en cuestiones internacionales como las consecuencias mundiales de los atentados terroristas en Nueva York y Washington del pasado 11 de septiembre –con alguna que otra referencia indirecta al terrorismo de ETA y a la problemática general del País Vasco–, la situación política y económica en América Latina y –en opinión al menos de uno de los asistentes "de forma muy reiterativa y casi obsesiva, como si realmente fuese lo único que le importa de verdad en estos momentos"– sobre todo en la ya inminente presidencia española de la Unión Europea, "a la que se refirió una y otra vez como si se tratase del gran acontecimiento del siglo, como si en realidad no se tratase de un acontecimiento que se repite periódicamente en cada uno de los quince estados miembros de la UE".

"Francamente, al menos para mi el encuentro fue decepcionante en su conjunto: no sólo Aznar no quiso hablar en ningún momento en profundidad de lo que realmente nosotros le queríamos plantear –dijo otro comensal–, sino que en más de una ocasión dio rápidamente  por cerradas cuestiones muy concretas que le habían sido planteadas diciéndonos que dejásemos de hablar de pequeños asuntos de detalle...". Según este mismo asistente a la cena, cada vez que se le planteó al presidente del Gobierno la supuesta discriminación entre Madrid y Barcelona en la política de inversiones públicas, la respuesta de Aznar fue ésta: "No me hagáis más comparaciones, por favor. No quiero oír ya más comparaciones entre Barcelona y Madrid". Al decir de otro de los asistentes, al menos en una ocasión el presidente del Gobierno recurrió incluso al sarcasmo cuando quiso zanjar definitivamente esta cuestión con la siguiente respuesta: "Por favor, no hay que plantear estos asuntos en términos de confrontación futbolística entre el Real Madrid y el Barça. Esto no es un partido de fútbol".

Sin que se llegara a hablar específicamente del manifiesto del Círculo de Economía de Barcelona, lo cierto es que algunos de sus argumentos fueron sacados repetidamente a colación por varios de los invitados a la cena, en abierta defensa de sus tesis. Lo hizo, por ejemplo, el director general de La Caixa y presidente de Gas Natural, Antoni Brufau, defendiendo un modelo de Estado menos centralizado y mucho más atento a las características, especificidades y necesidades concretas de cada territorio, con una descentralización tendente al necesario reequilibrio social y territorial. Estas tesis de Antoni Brufau fueron defendidas por muchos otros comensales, pero lo cierto es que Aznar se mantuvo cerrado en sus propias posiciones políticas, señalando que "el modelo autonómico actual ya está bien, funciona muy bien y no hay razón ninguna para modificarlo". 

Las críticas sobre las escasas inversiones del Estado en infraestructuras públicas en Cataluña, con repetidas alusiones por parte de varios comensales a la ampliación del aeropuerto del Prat, las conexiones terrestres con Francia, las autopistas de peaje, el ancho de vía o el tren de Alta Velocidad, entre otros muchos asuntos planteados por varios empresarios, no obtuvieron en ningún caso una respuesta concreta y clara por parte de José María Aznar. A lo sumo éste se limitó a recordar que sólo el 40% de la inversión pública corresponde a la propia Administración central, ya que el 60% restante corresponde a las autonomías y las corporaciones locales. Algunos de los asistentes creyeron ver en este simple recordatorio –al igual que en una muy extraña y un tanto críptica alusión del propio José María Aznar a que "el clima político tampoco está ahora para implicarse más"– una andanada directa contra el Gobierno de la Generalitat y CiU, aunque al parecer Aznar dijo también durante la misma cena que "el gran estadista de Cataluña es Jordi Pujol", a pesar de que sonrió enigmáticamente cuando el presidente del Banco Sabadell, Josep Oliu, le hizo  observar que después de casi un cuarto de siglo de democracia en España todavía no se conocía la experiencia de un Gobierno central con la participación directa de los nacionalistas catalanes.

Las alusiones críticas a los nacionalismos fueron bastante frecuentes por parte de Aznar durante buena parte de la cena, aunque se centraron mucho más en el nacionalismo vasco que en el catalán, en especial al referirse a la lucha contra el terrorismo. En respuesta a la exigencia hecha por el presidente del Gobierno de una mucho mayor implicación de Cataluña en el proyecto político de España y en su proyección internacional, Josep Oliu, presidente del Banco Sabadell, llegó a decirle a Aznar que tal vez llevaba razón en esta demanda, dirigida en especial al empresariado catalán allí representado, pero el mismo Josep Oliu añadió a continuación que "en cualquier caso el Estado debe ser mucho más cuidadoso con ciertos elementos simbólicos de la personalidad de Cataluña".

Lo cierto es que Jordi Pujol no pareció tomarse nada bien esta cena en la que  Aznar dijo a los presentes que debían "tener una relación directa y sin intermediarios con el Gobierno central, porque es el que de verdad tiene siempre las claves de lo que sucede en España y en el mundo". Nada tuvo de extraño, por tanto, que al día siguiente el presidente de la Generalitat pidiese al empresariado catalán que no pactase con la concepción que el presidente del Gobierno tiene de Cataluña.

Mientras el presidente del Círculo de Economía, Salvador Gabarró, se mantuvo al parecer escasamente participativo, los otros dos empresarios invitados a la cena a petición del propio Aznar tuvieron varias intervenciones críticas, en algún caso acompañadas de muy moderados elogios al Gobierno. Así, Josep González insistió mucho en las escasas, lentas y muy puntuales inversiones en infraestructuras públicas que el Estado hace en Cataluña, señalando al respecto la del AVE y también la de las terminales de carga del aeropuerto del Prat. Por su parte, el presidente de la Fira de Barcelona, Jaume Tomàs, en respuesta a una intervención de Aznar que llegó a poner en duda la eficiencia en la gestión ferial barcelonesa, le preguntó: "¿Por qué entonces, cuando las cosas que funcionan muy bien en Barcelona se tienen que ir casi siempre a Madrid, como me plantea tu propia gente respecto al traslado a Madrid de nuestro Salón Gaudí de moda, aduciendo que Cibeles no funciona tan bien?".

 El presidente se confundió, además, al pretender responsabilizar a la compañía extranjera Delta Airlines de la supresión de los únicos vuelos transoceánicos  existentes en el aeropuerto de Barcelona, los de Nueva York, y tuvo que ser Mariano Puig quien le recordase que aquella fue una decisión de Iberia, a lo que Aznar se limitó a recordarle que se trata ya de una compañía privada. "Y aunque esto sea así, que lo es, ¿el Gobierno no tiene nada qué decir al respecto? –se preguntaba algo indignado otro empresario catalán, que sin haber asistido a la cena había hablado al menos con tres comensales–. ¿Qué no diría el Gobierno si Iberia anunciase la supresión de sus vuelos entre Madrid y Nueva York?".

Otro de los empresarios catalanes asistentes a la cena reconocía que Aznar le había defraudado mucho, "sobre todo porque no nos dio respuestas claras a ninguno de los problemas que nos preocupan, pero también porque recurrió muy a menudo a tópicos de los que aquí estamos hartos, como el de decirnos que no entendía de qué nos quejábamos nosotros, si en Barcelona se vive como en ningún otro sitio en España, con un muy alto nivel de vida, demostrándonos así que no había querido entender absolutamente nada de lo que le habíamos intentado explicar ".

Una última observación de uno de los  asistentes a la cena refleja muy bien su decepción: "No, si ahora resultará que la solución de todos nuestros problemas  nos llegará con la conferencia que sobre economía celebrará la Unión Europea el próximo mes de marzo en Barcelona, durante la próxima presidencia española ...".

3.12.01


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