OPINIÓN E IMAGEN

UNIDOS POR SUS MUJERES: EL FERVOR CATÓLICO DE ANA Y CHERIE, CLAVE DE LA ALIANZA AZNAR-BLAIR

José María Aznar y Tony Blair pasan estos días por unos de los momentos más difíciles de sus presidencias. Amparados en sus mayorías absolutas, tratan de capear el temporal del mayoritario rechazo social que provoca en sus países la posibilidad de una guerra en Irak, en la que ambos amigos respaldan a Estados Unidos. Y una de las claves de esta amistad, según fuentes conocedoras de las relaciones entre ambas parejas, es la excelente sintonía que existe entre sus mujeres, Ana Botella y Cherie Blair. Un catolicismo ferviente, un temprano interés por la política, la ambición de ocupar un puesto relevante, y un fuerte carácter con el que dirigen sus matrimonios son algunas de las características comunes que han ayudado a cimentar la gran amistad de las dos parejas.

Por Teresa Larraz y Virginia Miranda

La posible guerra contra Irak propugnada por el presidente de Estados Unidos George Bush va a marcar de manera decisiva el futuro del presidente español y del primer ministro británico. A pesar de que Aznar no se presenta a una reelección, y mientras Blair todavía tiene tiempo para decidir si se presenta a un tercer mandato, la carrera política de ambos pende de las negociaciones que se desarrollan estos días y del resultado de un conflicto que pocos dudan que finalmente estallará.

¿Cuáles son las razones del vínculo tan fuerte que ha surgido entre ambos líderes, que parecen haber unido sus destinos políticos? Una de las respuestas más claras se encuentra en su propia casa: sus mujeres, Ana Botella y Cherie Blair, congeniaron nada más conocerse, en la primavera de 1998. Sus maridos se habían encontrado año y medio antes, cuando Aznar, a los seis meses de su primera victoria electoral, viajó a Londres y se entrevistó con la entonces firme esperanza del laborismo, Tony Blair. En 1997 se vieron de nuevo en una cumbre de la OTAN en Madrid, con Blair ya como flamante primer ministro del Reino Unido, pero lo que de verdad marcaría el comienzo de la amistad entre ambas parejas sería la invitación que hizo Aznar a la familia británica para pasar la Semana Santa de 1998 en el coto de Doñana.

Fueron unas vacaciones muy gratas para las dos familias, la invitación fue un gesto que impresionó mucho a Tony Blair, y la sintonía que mostraron ambas mujeres se puso de manifiesto rápidamente cuando Ana Botella invitó a Cherie a visitar las procesiones de Sevilla de Semana Santa. Ana y Cherie compartieron balcón durante la procesión de la Macarena, en la madrugada del Viernes Santo, acompañados por Álvarez-Cascos y su esposa, Javier Arenas y la entonces alcaldesa sevillana, Soledad Becerril.

Así, en estos casi cinco años se ha ido cimentando una amistad basada en unos valores comunes. Ambas mujeres, católicas practicantes que han asistido juntas a misa en algunas ocasiones, tienen una fe religiosa muy profunda que han tratado de transmitir a sus hijos, se han ido involucrando progresivamente en numerosas obras sociales, y han demostrado tener unas ideas muy claras en cuanto a su trayectoria personal.

Fervor católico. La mujer de Tony Blair gusta de llamarse Cherie Booth, con su apellido de soltera, a pesar de la tradición anglosajona de llevar el nombre del marido, como una clara manifestación de su personalidad e independencia. Cherie ha demostrado una más que notable capacidad para compaginar hábilmente una triple tarea: madre de cuatro hijos –el último a los 45 años–, esposa del primer ministro del Reino Unido y destacada abogada y juez a tiempo parcial.

Su profunda vocación religiosa le proviene de su infancia, marcada por la figura de su abuela paterna, una más de los numerosos emigrantes irlandeses que viven en la ciudad de Liverpool. Cherie estudió en colegios católicos y en su adolescencia participó en su primer movimiento social, los Jóvenes Estudiantes Cristianos. Desde entonces y hasta ahora ha manifestado de manera muy patente su religiosidad, puesto que acude regularmente a misa; en su primera etapa en Downing Street el matrimonio Blair asistía a la cercana Catedral de Westminster, pero el revuelo que causaba su presencia allí les ha llevado a la parroquia de St. Anne’s, próxima a la residencia del primer ministro británico en Chequers, a 45 kilómetros de Londres. Los cuatro hijos del matrimonio, Euan de 18 años, Nicholas, de 17, Kathryn de 14 y Leo, de dos, han sido bautizados en el catolicismo en la iglesia de la circunscripción de Sedgefield, donde Blair tiene su escaño; Euan estudia en la universidad pública de Bristol, aunque además recibe tutorías privadas, mientras que Nicholas y Kathryn acuden a una escuela católica, London Oratory School. Tony Blair les ha acompañado a misa en numerosas ocasiones y ha llegado incluso a comulgar, lo que ha desatado en más de una vez los rumores de que pudiera convertirse al catolicismo. La oficina del primer ministro ha negado esta posibilidad, pero se especula con que pudiera hacerlo finalmente cuando deje su cargo. En el Reino Unido no ha habido un primer ministro católico desde el siglo XVIII, y además existe el temor de que este hecho pudiera influir en el conflicto todavía no cerrado de Irlanda del Norte.

Pocos días antes de la reciente visita de Aznar al Vaticano era Tony Blair y su familia quienes acudían a Roma. Tras un incómodo encuentro del primer ministro británico con el Papa, que dejó clara que una guerra en Irak sería no sólo "inmoral" sino "una derrota para la Humanidad", Cherie consiguió un honor al alcance de muy pocos católicos: una misa privada del Papa. Concedida como "un mensaje personal de respeto", según fuentes del Vaticano, así como por su religiosidad e intensa labor social, la Misa (a la que no acudió él) tuvo lugar el pasado 23 de febrero en la capilla que se encuentra en los apartamentos papales en el Palacio Apostólico.

Este profundo catolicismo no le ha impedido, sin embargo, disentir de la doctrina oficial de la Iglesia Católica en varias ocasiones. Cherie se ha manifestado a favor de la extensión de los derechos de las parejas heterosexuales a las uniones homosexuales, del control de la natalidad, y de la posibilidad de que las mujeres puedan ser sacerdotes, al tiempo que ha declarado sentirse orgullosa de la "misión social" de la Iglesia y de su preocupación por los pobres y los desposeídos".

No parece probable que a Ana Botella le oigamos defender al colectivo gay o a las parejas de hecho. Es más, se ha escrito mucho sobre su conservadurismo, y hay quien le sitúa próxima a los postulados más ultras, como los de los Legionarios de Cristo y los del Opus Dei. Y no se trata de afirmaciones gratuitas. Expresiones como "está demostrado que en las familias se conservan los valores básicos de la sociedad y se desarrolla mejor el individuo. Y está demostrado que los problemas de delincuencia crecen más donde hay menor estabilidad familiar", dicha por la mujer de Aznar durante su etapa de comentarista en Telecinco, recuerdan demasiado a la literatura dejada por Escrivá de Balaguer. Pero suspicacias a parte, lo que sí es cierto y reconocido es que Ana Botella, como su amiga Cherie, es una firme defensora de la Iglesia católica. No en vano, esta antigua alumna del colegio de las Irlandesas, perteneciente a la orden de la Bienaventurada Virgen María (sus clases de inglés le permiten hablar con fluidez con Cherie Blair), creció en el seno de una familia numerosa que le ha inculcado los valores tradicionales de las personas de bien y sigue acudiendo con sus padres, siempre que le es posible, a la misa dominical. Desde que llegara a Madrid, el  matrimonio Aznar había asistido a la ceremonia oficiada por el párroco de San Agustín, iglesia situada en el barrio de El Viso, Luis Fernández Peláez. El motivo no era otro que en esta exclusiva zona residencial vivían los padres de Ana Botella, Ernesto Botella y Ana Serrano. Pero los suegros del presidente trasladaron su domicilio al también selecto barrio de Salamanca y había que buscar otra parroquia donde asistir al oficio religioso. La elegida ha sido la de San Francisco de Borja, uno de los tres templos que los jesuitas tienen en Madrid, aunque los compromisos presidenciales no les permiten cumplir todos los domingos y según fuentes de la parroquia, la asistencia de los Aznar es esporádica.

Precisamente la de los jesuitas es la congregación religiosa que más simpatías parece despertar en Ana Botella. La mujer del presidente, tras llegar a Madrid y haber matriculado durante varios años a sus hijos en colegios vallisoletanos del Opus Dei, encomendó a la Compañía de Jesús la educación de sus tres vástagos. José María, Ana y Alonso han cursado sus estudios escolares en el colegio jesuita El Recuerdo y su ex director, Agustín Alonso, es amigo de la familia. Él fue uno de los sacerdotes invitados a la boda de Ana Aznar y Alejandro Agag el pasado mes de septiembre en San Lorenzo del Escorial, junto con el también jesuita Jaime Garralda, y el sacerdote diocesano Ángel García. Alonso contó, durante sus años al frente del centro docente, con la excepcional colaboración de Ana Botella como catequista.

Primeras damas solidarias. En el Reino Unido hay quien la compara ya con la princesa Diana. Una imagen muy cuidada y una intensa labor social han ayudado a forjar esta semejanza. El paso más claro ha sido aceptar la presidencia de Barnardo’s, la principal organización benéfica del país dedicada a la protección de la infancia y de familias desfavorecidas, y cuya última presidenta había sido la propia princesa de Gales. Además Cherie es la patrocinadora de otras asociaciones como Refuge, que lucha contra la violencia doméstica (una causa para la que ha prologado así mismo un libro de denuncia), PACT, que se enfrenta a los secuestros de menores, incluso por padres de otras nacionalidades, o Scope, la mayor organización benéfica para los discapacitados, a los que ha dado incluso cobertura legal. La incidencia de una enfermedad tan dura como el cáncer en su  entorno más cercano –una tía suya y una amiga fallecieron de esta enfermedad– le ha empujado a colaborar activamente con asociaciones de este ámbito, como Breast Cancer Care, dedicada al cáncer de mama (y en la que también participa Mary McCartney, hija de Paul y Linda) o Sargent Cancer Care for Children, para el cáncer infantil.

Esta intensa actividad, que comenzó principalmente a partir de 1998, se completa con otras ONGs dedicadas a la infancia, como el Kid’s Club Network o el Centro Internacional para Niños Perdidos y Explotados, a los que además ha ayudado famosos como Catherine Zeta Jones y Michael Douglas.

Los proyectos solidarios también gozan de un atractivo irresistible para Ana Botella, sobre todo si están gestionados por religiosos. El jesuita Jaime Garralda es uno de los privilegiados que conocen de primera mano la implicación de la mujer del presidente con los más desfavorecidos. Presidente de Horizontes Abiertos, organización dedicada a ayudar a los reclusos de las cárceles españolas, el jesuita ha contado en varias ocasiones con la presencia de la primera dama en los actos públicos organizados por su ONG. Pero sin duda es el padre Ángel quien más se ha beneficiado del carácter caritativo de la mujer de Aznar. Ella es la presidenta de honor internacional de su organización Mensajeros de la Paz-Edad Dorada, dedicada a la promoción humana y social de los colectivos más desfavorecidos de la sociedad, como son los menores y los jóvenes en situación de riesgo social, las mujeres maltratadas, los deficientes físicos y psíquicos y las personas mayores que viven en soledad. Lejos de lo que se podría pensar, Ana Botella desarrolla en la asociación un papel muy activo. No sólo procura acudir a cuantos actos y presentaciones organiza la asociación, también "contribuye a la causa en el desarrollo de ideas con las que mejorar y ampliar las iniciativas del padre Ángel", tal y como reconoce la propia ONG.

Fuera del ámbito religioso, otro nutrido grupo de asociaciones cuentan con la inestimable contribución de Ana Botella. Las fundaciones Junior Achievement, Integra, Semilla y Realiza, dedicadas todas ellas a proyectos educativos y de integración social y laboral de los sectores más desfavorecidos, tienen a la candidata de las listas del PP por Madrid en su nómina de directivos o colaboradores

Ambiciones políticas. Cherie Blair y Ana Botella han demostrado desde muy jóvenes una clara vocación política. Cherie se afilió al Partido Laborista con sólo 16 años, estudió Derecho en la prestigiosa London School of Economics (LSE), que en los turbulentos años 60 se había ganado la reputación de acoger a la izquierda más radical y se graduó con una de las mejores notas de todo el país. En su periodo de prácticas en un bufete conoció a Anthony Blair, un escocés de clase media que destacaba por su carisma, su ingenio y su capacidad de seducción, pero también por su religiosidad –se había confirmado en la religión anglicana mientras estudiaba en Oxford–.

Tras su boda en marzo de 1980 en la capilla de Oxford donde él se había confirmado ambos  comenzaron una carrera política para alcanzar un escaño en el parlamento de Westmister. Tanto por vocación como por tradición familiar la inclinación laborista de Cherie era mucho más clara que la de él, que se afilió al partido en 1975. Tuvieron varios intentos infructuosos hasta que en las elecciones generales de 1983, a la que ambos se presentaron, Tony Blair consiguió ser elegido y empezó su fulgurante carrera política.

Desde entonces Cherie se ha centrado en su carrera jurídica, especializada como abogada de derecho laboral. En la actualidad pertenece a una categoría superior de la abogacía denominada Queen’s Counsel (Consejo de la Reina), ejerce de juez a tiempo parcial y ha ayudado a formar un nuevo bufete llamado Matrix que trata sobre derecho internacional, constitucional y derechos humanos.

Una compañera de colegio ha comentado en la única biografía escrita sobre su vida, Cherie, la perfecta vida de Mrs. Blair, de Linda Mc Dougall, que a Cherie le habría gustado ser la primera primer ministro mujer. Ese objetivo ya está descartado al haberlo sido ya Margaret Thatcher, pero en el Reino Unido una mujer con una carrera jurídica brillante puede alcanzar su cima más alta en el cargo de Lord Chancellor, ministro de Justicia que además preside la Cámara de los Lores, o en último caso como juez del Tribunal Supremo o de la Corte de Apelaciones.

Estas ambiciones inevitablemente tendrían que producirse con su marido fuera de Downing Street, por lo que en el Reino Unido es muy conocido un rumor que habla de la posibilidad de que ambos hicieran un pacto en el momento en que él fue elegido líder del Partido Laborista: él podría desarrollar una carrera política exitosa, y luego cedería para que ella también pudiera disfrutar de su momento de gloria, un momento que puede estar cerca si su marido decide finalmente no optar a un tercer mandato o si la crisis de los laboristas llega hasta las próximas elecciones.

Su amiga española Ana Botella no puede presumir de semejante currículo profesional. Su paso por la Administración pública como funcionaria tan sólo le ha permitido llegar a la categoría de jefa de área en la delegación provincial de Valladolid del Ministerio de Hacienda. Incluso su ambición política la hemos conocido recientemente, aunque se viene cimentando desde su época de juventud. Militante de Alianza Popular desde 1978, fue ella quien animó a su marido a afiliarse al partido. Su protagonismo creciente en la vida pública desde que Aznar llegara a La Moncloa ha sido objeto de no pocas críticas pero al mismo tiempo ha provocado la aparición de numerosos aduladores en los sectores de la prensa cercanos al PP y en las filas del propio partido. Preguntada en numerosas ocasiones sobre sus aspiraciones políticas, la mujer del presidente siempre ha rehusado dar pistas claras, aunque nunca ha dado un no por respuesta. Tal vez esperaba a no quemar su imagen antes de que llegara su momento. Y así ha sido. La ocasión la pintan calva y el 9 de enero daba el sí quiero a Alberto Ruiz-Gallardón, que desde el primer puesto de las listas del PP por la alcaldía de Madrid llevaba tiempo ofreciéndole un puesto en su candidatura con concejalía de Asuntos Sociales incluida. Además, ya no cabe ninguna duda de que José María Aznar no va a volver a presentarse a la reelección y su mujer tiene vía libre para llegar a donde le permitan las urnas. Quien sabe si algún día serán Cherie y Ana quienes, por motivos oficiales, vuelvan a reunir a los dos matrimonios en algún encuentro internacional.

Tony, en el atolladero

La cada vez más cercana posibilidad de una guerra en Irak está poniendo a Tony Blair en una situación muy complicada, que incluso puede amenazar su liderazgo en el Partido Laborista. George Bush no piensa cejar en su propósito de derrocar a Saddam Hussein, con o sin el apoyo de las Naciones Unidas, pero esta postura unilateral no resulta tan fácil de manejar para el líder británico. Blair, convencido de la amenaza que representa el dictador iraquí y de la necesidad de desarmarle, está llevando a cabo un tremendo esfuerzo para convencer a la opinión pública de su país mediante continuas entrevistas públicas con diferentes sectores sociales, pero a pesar de ello la postura mayoritaria de los británicos sigue siendo contraria a un conflicto bélico.

Su intensa labor diplomática para no verse entre dos fuegos le ha llevado a ir rebajando las pretensiones americanas, primero alargando el plazo del desarme a 45 días, y posteriormente estableciendo seis condiciones a Saddam para evitar la guerra. Sin embargo, ante la percepción de sus vacilaciones, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld llegó a insinuar que EE UU podría incluso ir sólo a la guerra, a lo que Blair ha respondido que las tropas británicas acompañarán a las estadounidenses.

El rechazo de la sociedad ha llegado a su propio partido, primero con una rebelión de 122 de sus 413 diputados, que el pasado 26 de febrero votaban en el Parlamento contra su gobierno, y luego con la amenaza de una de sus ministros. Clare Short, ministra de Desarrollo Internacional, manifestaba hace unos días que la gestión de la crisis estaba siendo imprudente y temeraria, que no defendería una violación de la legalidad internacional y que por tanto dimitiría si el ataque se producía sin el apoyo de la ONU.

Mientras unos ministros critican su postura y aseguran que el Gobierno está unido, otros comentaristas aseguran que es una manifestación más de lo que podría ser "una seria rebelión". Blair ha sido la baza más firme y segura del laborismo, y le ha llevado a sus mayores triunfos, pero si la guerra estallase sin apoyo internacional, el partido, a mitad de legislatura, se podría ver seriamente afectado en sus futuras perspectivas electorales.

Entre los que han discutido la posible legalidad del conflicto se encuentra el propio gabinete de su mujer, Matrix. El Fiscal General del Estado ha asegurado que el gobierno cumplirá la legalidad internacional, pero abogados de Matrix han declarado que ni siquiera la propuesta de segunda resolución presentada por EE UU, Reino Unido y España autoriza legalmente el ataque a Irak.

A todo esto hay que sumar el compromiso que supone para Tony Blair la clarísima oposición que ha manifestado la Iglesia. El primer ministro, que nunca ha ocultado sus firmes creencias religiosas, ha tenido que oir personalmente al Papa manifestándole su rechazo; los líderes católicos, anglicanos y musulmanes del Reino Unido han firmado un manifiesto que califica a la guerra de "ilegal, inmoral e imprudente"; e incluso el párroco de su iglesia ha llegado a acusarle de "rendición moral". Timothy Russ, sacerdote de la iglesia católica de St. Anne’s y amigo cercano de la familia, ha declarado que "el hombre debe vivir de acuerdo con su integridad y no de acuerdo con el poder. El primer ministro se encuentra capturado en el juego del poder, y ese es su problema".

EL CATOLICISMO DE GUTERRES

La amistad entre José María Aznar y el que fuera primer ministro socialista de Portugal, Antonio Guterres, guarda sorprendentes similitudes con la del presidente español y el premier británico. Tal y como ya comentó El Siglo (ver número  423 Los políticos amigos de Aznar), en las frías relaciones diplomáticas españolas que precedieron a Aznar antes de su llegada a La Moncloa con el Reino Unido y Portugal, tuvo mucho que ver Felipe González: el entonces presidente socialista tuvo con Tony Blair un encuentro desafortunado y con Guterres no pudo congeniar porque mantenía una buena relación con su todavía homólogo luso y líder del partido Social Demócrata –equivalente al PP español–, Aníbal Cavaco Silva. El recién llegado a La Moncloa supo aprovechar la oportunidad para granjearse dos aliados en Europa, a pesar de que en los dos casos estaba congeniando en el plano político y también en el personal con dos mandatarios de signo ideológico distinto.

Pero lo que sin duda resulta más sorprende es que un asunto tan íntimo como es el de la religión haya influido de forma tan decisiva en las relaciones del presidente español con sus homólogos europeos, con los que curiosamente se ha caracterizado por el buen entendimiento a la hora de abordar políticas comunes en el seno de la Unión Europea. Quienes conocen la relación que mantenían Aznar y Guterres dicen que la suya no era tan estrecha como la del presidente español y el primer ministro británico. Sin embargo, aseguran que en ella tuvo mucho que ver el fervor católico del ex mandatario portugués. Incluso hacen referencia a las informaciones, negadas por Guterres, que le relacionan con el Opus Dei y a la supuesta simpatía de Ana Botella con la obra de Escrivá de Balaguer.

17 de Marzo 2003


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