OPINIÓN E IMAGEN

TOCADO

Hace dos semanas, para la mayor parte del PP, incluso para el grueso del PSOE, la incógnita por excelencia del entorno político-mediático tenía un protagonista sobresaliente: Rato quiere ser el sucesor de José María Aznar y se está moviendo con éxito. Sin embargo, la crisis socialista en Madrid ha extendido sus tentáculos hasta el PP y ha envuelto peligrosamente la cuidada trayectoria del candidato número uno. Los nervios del presidente del Gobierno, deseoso de dar carpetazo cuanto antes a este escandaloso asunto, para el PP sólo son explicables si Rodrigo Rato ya es el elegido.

Por Ana Pardo de Vera

La defensa vehemente que el vicepresidente económico hizo de su compañero y amigo Ricardo Romero de Tejada, secretario general del PP de Madrid, cuando saltó la información sobre sus contactos con los empresarios vinculados a los desertores socialistas Tamayo y Sáez, fue, en opinión de mucha gente de su entorno, precipitada y arriesgada. No está tan claro que Rodrigo Rato pueda poner la mano en el fuego por el ex alcalde de Majadahonda, porque si se demostrasen todas las acusaciones vertidas sobre Romero de Tejada, incluida la de la actual concejala de Ruiz-Gallardón, mano derecha del alcalde madrileño y ex consejera de Asuntos Sociales, Pilar Martínez, la carrera sucesoria de Rato, muy trabajada en los últimos meses, podría irse al garete. Sobre todo, si a la crisis política de la Comunidad de Madrid, cuyas dimensiones parecen no tener límite, se le suma la vuelta a la actualidad del caso Gescartera. Y por el lado que afecta directamente a Rodrigo Rato: el del HSBC. Un documento enviado a la jueza Teresa Palacios la noche del 18 de junio irrumpió de lleno en el trabajado proceso de sucesión llevado a cabo por el ministro de Economía, al recoger el informe que el banco internacional con el que operaba Antonio Camacho, el gurú de la agencia de valores, tenía en la lista de “Clientes de Categoría Especial” al vicepresidente segundo y a sus hermanos.

El PP, que contempló con entusiasmo cómo el llorado Gobierno de la Comunidad de Madrid podía volver a sus manos cuando Tamayo y Sáez reventaron la presidencia socialista de la Asamblea, ahora no gana para sustos. Y desde su seno se apuntan los deseos del presidente del Gobierno de dar carpetazo a este escándalo. José María Aznar está inquieto, reconocen, viendo cómo los acontecimientos de la Comunidad de Madrid, en principio calificados como problema del PSOE, empiezan a serlo del PP y, lo más grave, del candidato mejor colocado para coger el relevo del líder. Si el secretario general del PP madrileño resulta implicado en la trama inmobiliaria que se extiende tras la deserción de Tamayo y Sáez, mal asunto, pues buena parte del ratismo imperante en el PP camina de la mano de Romero de Tejada (ver, La larga mano de Rato en el partido).

“Descaradamente presidenciable”. Desde que, hace unos meses, el ministro de Economía anunció que estaba dispuesto a suceder a Aznar si el partido así lo creía pertinente, las señales sobre su disponibilidad han sido una constante en la vida política española. En el PP, circulan todo tipo de versiones sobre esta actitud de Rato a la hora de romper el silencio que parece exigirse al partido con el tema de a sucesión: desde la tesis de que el ministro de Economía cuenta con la aquiescencia del jefe del Ejecutivo para autopostularse, hasta la de que Rato está tan seguro de que tiene que ser él el elegido que camina por su cuenta.

Con la aprobación de Aznar o sin ella, el ministro de Economía se muestra ante la opinión pública “descaradamente presidenciable”, asegura una fuente muy cercana a él. Según pudo saber esta revista, el pasado jueves 12 de junio, el vicepresidente obligó a Pedro Arriola a cancelar sus compromisos para reunirse con él en el Ministerio de Economía y celebrar una larga comida de trabajo. El asesor por excelencia de José María Aznar –quien, por cierto, es imposible que no haya conocido ese almuerzo– acudió cargado de papeles sobre encuestas, baremos, análisis,... para informar con todo detalle a Rodrigo Rato sobre el presente y las predicciones de futuro de la actualidad política. El tema de la sucesión, naturalmente, era inevitable y Rato deseaba conocerlo al dedillo.

Pocos días, después, el titular de Economía asistía a un encuentro con periodistas de El Mundo para contestar a sus preguntas en la sección Foro de Debate. Las respuestas del presidenciable no pudieron ser más elocuentes y su significado político va más allá de la simple justificación. Rato, argumentan en su entorno, quiso dejar claro que ni las empresas de su familia ni su supuesta discrepancia con Aznar en la guerra de Iraq constituyen impedimentos para que, en 2004, él sea el candidato del PP a la Presidencia del Gobierno. Es más, responde al periódico, en cuestiones de transparencia respecto a su patrimonio, lleva “algunas cabezas de ventaja”; si él llegara a ser jefe del Ejecutivo, estaría sometido a las reglas de control de la democracia española sobre la actividad privada de los cargos públicos, “de las más exigentes de Europa”; ha hablado con el presidente sobre el complejo proceso sucesorio, aunque no concreta el qué, y su relación con Aznar es excelente “desde hace 20 años”.

El ministro de Economía no evitó ni las preguntas sobre la sucesión, que ocuparon buena parte del foro, ni ponerse en el supuesto de que el suyo fuera el nombre que pronunciará Aznar, casi con toda probabilidad, la primera semana de septiembre. “Rato está tranquilo y muy seguro de sus posibilidades”, subrayaban en su entorno antes de que el nombre de Romero de Tejada saltara a la palestra del escándalo de Madrid. La foto del vicepresidente con el matrimonio Aznar en el balcón de Génova, abrazados los tres y con sucesión de besos Rato-Botella y Botella-Aznar, supone para muchos una constatación de la elección del presidente del Gobierno. Aunque, sin olvidar, que “a Aznar y a Ana Botella les contrarió sobremanera la escurridiza actitud de su amigo a la hora de apoyar la guerra en Iraq”. De hecho, la concejala de Asuntos Sociales llegó a reprochárselo implícitamente en una entrevista publicada en prensa en pleno auge de las protestas ciudadanas contra el Gobierno, asegurando que unos callaban sobre el tema y otros, no.

Ante las evidentes alusiones de Ana Botella, Rato se apresuró a responder: él estaba ocupado en el tema, pero en la fracción que le correspondía, la económica. Igualmente se defendía en el Foro de Debate de El Mundo, cuando le preguntaron por su “ausencia pública” en esta crisis: “Todo lo que se refería a la ayuda humanitaria a Iraq era mi responsabilidad. Los primeros contactos con los países árabes que se realizaron durante el invierno los hizo la ministra de Exteriores y un servidor. Después de Ana Palacio, del ministro de Defensa y del vicepresidente primero, soy el que más preguntas parlamentarias ha respondido sobre la guerra de Iraq”.

Las mejores credenciales, hasta ahora. La pregunta que circula entre los populares, sin embargo, no deja de tener su lógica, teniendo en cuenta el gusto por las sorpresas que ha demostrado siempre el jefe del Ejecutivo: “¿Es posible que en el tema de la sucesión sea Aznar tan predecible?”. Curiosamente, el propio presidente del Gobierno ha subrayado en algún encuentro privado que sorprenderá a todos por lo previsible de su elección, lo cual, por otro lado, sería otra manera de asombrar a la opinión pública.

Mientras se prepara esa designación, que tendrá en vilo durante las vacaciones de agosto a los notables del PP, a Rodrigo Rato le consta que, por encima de cualquier requisito necesario para ser el sucesor (miembro del Consejo de Ministros, amplio reconocimiento por parte de la opinión pública o capacidad de mantener la cohesión del partido, entre otros), está la de ser un ganador, esto es, lograr la victoria electoral en 2004. Pero además, cabe la posibilidad de que este triunfo no sea absoluto, lo que obligaría a pactar con los nacionalistas. Los canarios, socios de Gobierno del PP desde 1996, ya han mostrado su disposición a repetir el apoyo, pero las relaciones entre CiU y los populares no pasan por uno de sus mejores momentos. Sin embargo, la sensación en Génova es de que Rodrigo Rato sabe manejar a los nacionalistas catalanes y que, además, tiene la intención de ganarse su apoyo poco a poco.

También la situación económica favorece al candidato a sucesor. José María Aznar se aferra, como el gran logro de su Gobierno, a la buena marcha de la economía española, a su crecimiento y a su superioridad frente a la media europea, sobre todo, teniendo en cuenta la recesiva posición de Alemania o la tambaleante de Francia. Y la encarnación de estos datos positivos es Rodrigo Rato, quien, además, y según las previsiones del Instituto de Estudios Económicos (IEE), este año podrá lucir en su currículo de candidato un repunte de la economía española en torno al 2,5%.

Ahora, además, el ministro de Economía puede presumir de haberse traído a su vera un importantísimo apoyo: el del influyente secretario general del PP. Últimamente, Javier Arenas, que al principio apostó claramente por Jaime Mayor Oreja, no las tenía todas consigo. A ver si Rato iba a ser el sucesor y él, por apoyar a Mayor, se iba a quedar sin su trozo del pastel o, al menos, no del tamaño que desearía. En el entorno de Génova, se habla ya de un pacto Rato-Arenas: el ministro de Economía garantiza al número dos del PP una Vicepresidencia si éste le da todo su apoyo en la carrera sucesoria.

¿En qué lugar quedan, pues, los otros aspirantes? Para las fuentes del entorno popular consultadas por esta revista, por supuesto, se parte de que nadie es totalmente descartable, aunque creen que ni el alcalde-presidente de Madrid ni el ministro de Trabajo serán los elegidos. Alberto Ruiz-Gallardón tendrá que esperar a 2008, como mínimo. Ana Botella, el mismo día de la toma de posesión del nuevo alcalde, ya confirmó que éste tenía cuatro años por delante en el ayuntamiento. Las posibilidades de Eduardo Zaplana son aun menores: poco tiempo en el Gobierno y muy pocos apoyos en el partido. Lo que parece casi seguro, pues, es que el presidente del Gobierno no contempla el relevo generacional que supondrían Ruiz-Gallardón o Zaplana.

Sin embargo, sí hay más seguridad al adelantar el brusco descenso de posibilidades de Mayor Oreja, tocado por los malos resultados cosechados en Euskadi el 25 de mayo. Se confirma lo que muchos temían hace tiempo: el antinacionalismo exacerbado del ex ministro de Interior no es una buena estrategia. A pesar de todo, Mayor Oreja se niega a tirar la toalla en la carrera sucesoria. No hace mucho, el portavoz de los populares en el Parlamento de Vitoria se mostraba así de contundente en conversación con un amigo: “Rodrigo no tiene ninguna posibilidad en la sucesión”. Tanta seguridad, sólo puede interpretarse de dos formas: o Aznar le dijo a Mayor que Rato estaba descartado o a él que era el sucesor, claro que, para los ratistas, el ex ministro habla sólo según sus conclusiones, condicionadas por su deseo de ser él el heredero del liderazgo popular. Además, las aspiraciones de Mayor Oreja se han quedado sin el importante apoyo de Javier Arenas, que ha decidido coger sus bártulos e irse con el mejor situado.

Quien no ha sufrido desgaste, sino que se mantiene en el segundo plano que le ha caracterizado siempre al abordar esta compleja cuestión es Mariano Rajoy. “Que Rato haya ganado puntos no significa que Rajoy los haya perdido”, es el argumento que barajan los populares. Su ascendencia sobre el presidente, que tiene en él un puntal cada vez más sólido, es indiscutible. Como muestra, la Ley Audiovisual a la que, primero, dio luz verde el ministro de Ciencia y Tecnología, Josep Piqué –evidentemente, con el beneplácito de Aznar–, y, después, echó por tierra el vicepresidente primero, con el silencio aprobador del presidente. “Si Rajoy no lo quiere ahora, por algo será”, dicen que debió pensar. Nadie se atreve, pues, al contrario que sí se hace ya con Mayor, a descartar al candidato gallego, que, aunque no hace alarde de ello, también cuenta con fieles apoyos en el partido, tanto o más discretos que él. Al menos, de momento.

LA LARGA MANO DE RATO EN EL PARTIDO

Todo dirigente con aspiraciones a ser líder de su partido necesita a alguien que, mientras él saca brillo a su imagen de cara a los electores, le cuide el patio interior y le asegure fidelidades y votos con los que erigirse en autoridad en un congreso. Ese hombre, para Rodrigo Rato, es Ricardo Romero de Tejada.

El vicepresidente lleva años sustentando su poder en el PP madrileño, uno de los más importantes dentro del aparato y crucial para el control del partido a nivel nacional, en Romero de Tejada. Él, desde su puesto de secretario general del partido en la Comunidad, ha puesto y quitado alcaldes en clara pugna, sobre todo, con los hombres de Ruiz-Gallardón, el otro peso pesado en la región.

Precisamente, el hoy alcalde de la capital ha visto palidecer su influencia y el número de alcaldías del PP afines a sus planteamientos desde que su postulación como sucesor de Aznar y sus posiciones enfrentadas a Génova lo llevaron al ostracismo dentro del aparato. Romero de Tejada era quien, desde su despacho de Génova, el mismo en el que recibió al constructor Bravo con un recomendado para pactar la alcaldía de Sevilla la Nueva, maniobraba para que un mayor número de municipios madrileños fueran afines a Rato y hostiles a Gallardón.

Es por eso que, destapada la caja de los truenos contra él, una de las actuales fieles de Gallardón, Pilar Martínez, antigua alcaldesa de Villaviciosa de Odón, ha querido que se supiera la operación que contra ella montaron los Bravo, afiliando irregularmente a familiares y amigos, para expulsarla de la presidencia del PP local.

Pero Tejada no sólo ha sido “el hombre de Rato” en el aparato. El ex alcalde de Majadahonda es conocido en determinados círculos del PP como “Romero de Tajada”, con “a”, en clara alusión a los posibles beneficios que el dirigente popular hay extraído de sus gestiones.

El Siglo ya puso su punto de mira en estas actuaciones a comienzos de año. En un reportaje titulado Romero de Tejada, un obstáculo en la carrera presidencial de Rato, esta revista repasaba los problemas judiciales que esperaban al secretario general del PP madrileño.

El ex alcalde majariego está imputado en un procedimiento abreviado en el juzgado de Instrucción número 3 de Majadahonda, aún no resuelto, en el que se le acusa de presuntos delitos de estafa, apropiación indebida y falsedad documental en el caso de una recalificación de terrenos que impugnó uno de los propietarios.

“No tengo nada que ver con las imputaciones que se me atribuyen. Siendo alcalde firmé un convenio urbanístico para desarrollar lo que hoy se conoce como “Área de Oportunidad” y a todos los propietarios les ofrecimos edificabilidad a cambio de sus terrenos. De un grupo de propietarios, una sola persona, que negoció por separado, dijo que había sido engañada cuando en realidad la que ha engañado ha sido ella. En mi vida política no he engañado a nadie y los que me conocen lo saben”, se explicaba a El Siglo el propio Romero de Tejada el pasado enero.

Pero no es sólo este caso. El ex edil acumula denuncias interpuestas por el grupo socialista del municipio que gobernó por diversos casos relacionados con el urbanismo de la localidad y con sus contactos con conocidos empresarios. Romero de Tejada no oculta sus amistades y también reconocía a esta revista haber veraneado en dos ocasiones en el chalé de un conocido promotor local, José Domingo Rodríguez Losada.

A quienes le conocen, pues, no les sorprendió la extraña cita en su despacho con el constructor Bravo y en candidato independiente a la alcaldía de Sevilla la Nueva con objeto de conseguir un pacto para gobernar dicho municipio.

“No perjudicaré la carrera política de Rodrigo Rato ni a mi partido en lo más mínimo”, añadió Tejada en la entrevista concedida a El Siglo. Hoy, cinco meses después, no podría mantener semejante afirmación puesto que su actuación ya está pasando factura al vicepresidente, el primero que salió en su defensa nada más conocerse su relación con el constructor Bravo.

Los socialistas también le prefieren

No están los tiempos para muchas elucubraciones en el Partido Socialista a propósito de la sucesión de Aznar, pero los principales dirigentes del PSOE parecen inclinarse por Rodrigo Rato o Jaime Mayor Oreja como los contrincantes más fáciles a los que se podría enfrentar Zapatero en los comicios generales del próximo año. Por el contrario, Mariano Rajoy y Alberto Ruiz-Gallardón se llevan los únicos elogios, unos nombres a los que hay que añadir la enigmática apuesta de Felipe González por Ángel Acebes.

José Luis Rodríguez Zapatero no ha querido pronunciarse sobre la sucesión, de la que únicamente ha querido recalcar que “sea quien sea, tendrá por mi parte el respeto democrático e intentaré ganarle en el terreno de las propuestas, no en el del juego sucio”. El actual secretario general del partido, eso sí, ha querido destacar la autonomía que le da el haber sido elegido democráticamente en un congreso frente al candidato del PP, un partido “hipotecado por Aznar”.

El presidente de Castilla-La Mancha, José Bono, ha manifestado que el vicepresidente segundo y ministro de Economía, Rodrigo Rato, es el que tiene más posibilidades, aunque le ha calificado de “poco humilde” al tiempo que ha denominado “buena persona” a Mariano Rajoy. Bono, sin embargo, ha destacado que el mejor rival sería Jaime Mayor Oreja, ya que “le veo con mucha pena, y la aflicción lleva a la derrota”. Desde el País Vasco, Javier Rojo, secretario general del PSE en Álava, ha afirmado que el portavoz del PP en el Parlamento vasco ha perdido la sucesión “porque los nacionalistas le han vetado”.

En el PSOE se critica el carácter de “líder monárquico” que se confiere Aznar con la designación personal de su sucesor, la falta de “regla democrática” que ello supone, y la continuación de una “senda de vaciar las instituciones”, como ha denunciado Juan José Laborda. El portavoz socialista en el Senado ha destacado asimismo a Rajoy por ser el único de los tres que tiene “un cierto sentido de lo institucional”, y que realizó una aportación constructiva con los Pactos de Desarrollo Autonómico. De Mayor Oreja y Rato destaca su “gran déficit de cooperación” y mientras al primero le critica su “enfoque integrista” y su “utilización decepcionante de la política vasca”, de Rato destaca sus responsabilidades por los problemas en la Agencia Tributaria.

Otro que ha apostado por el ministro de Economía es el alcalde de A Coruña. “Otra cosa es que mareen la perdiz, pero si hacen las cosas con lógica, en el PP lo lógico es que el sucesor sea Rato”, declaró Paco Vázquez la semana pasada. También el alcalde de Zaragoza pronunciaba recientemente en esta revista (ver El Siglo nº 560) su preferencia por Rato de manera contundente, ya que “está lleno de puntos flacos” y “se le gana con facilidad”. Belloch quiso destacar al alcalde-presidente de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, al que le consideraría el rival “más perjudicial”.

La apuesta más sugestiva –en línea con lo que informó hace año y medio El Siglo (ver  nº 476)– es la de Felipe González. El ex presidente del Gobierno está seguro de que si la sucesión queda en manos de Aznar el elegido será Ángel Acebes, “por razones que ellos no saben que yo sé pero que  sé”, un críptico mensaje que desde su entorno se afirma que “ellos [los del PP] lo entienden”. Ruiz-Gallardón también ha recibido palabras elogiosas del diputado ausente ya que le considera el candidato “más fuerte” para el secretario general socialista, aunque como concluyen todos en el partido, “el sucesor de Aznar será Zapatero”.

23 de Junio 2003

 


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