OPINIÓN E IMAGEN

SE PRINGA: SUÁREZ APOYA A MAYOR PARA PROMOCIONAR A SU HIJO

El presidente de la Transición ha irrumpido abruptamente en política, y lo ha hecho, ‘casualmente’, tras el desembarco de su hijo en la calle Génova. Después de una larga temporada envuelto en un infranqueable silencio, Adolfo Suárez ha decidido retomar su experiencia política y echarle una mano a su continuador. Y para ello, primero conviene situarle al lado del sol que más calienta en el árido terreno de la sucesión de Aznar, porque la privilegiada posición actual de Jaime Mayor Oreja no ha pasado desapercibida para el fundador del CDS que, olvidando los viejos resquemores de la época de UCD, apuesta sin titubeos por el portavoz parlamentario del PP vasco.

Por Ana Pardo de Vera

 

Cuando Adolfo Suárez, al ser preguntado sobre quién le gustaría que fuese el sucesor de Aznar durante la celebración el pasado 14 de junio del 25º Aniversario de las elecciones democráticas, se decantó sin rubor por el ex ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja, y opinó casi descaradamente sobre los otros dos principales aspirantes, a nadie pasó desapercibido que el ex presidente del Gobierno había decidido volver al ruedo político, tras casi una década sin apenas apariciones públicas y dedicado exclusivamente a intentar combatir con éxito el cáncer de su esposa y de su hija mayor, Marian. La primera falleció, sin embargo, el 17 de mayo de 2001, pero Marian, a quien en 1993 se le dieron tres meses de vida, continúa viva y luchando contra una enfermedad de la que parece haber cogido las riendas.

Y ahora, aunque, según quienes le conocen, debe habérselo pensado mucho y habrá acometido la faena con un sabor agridulce, ha regresado con fuerza a la escena política para apoyar incondicionalmente en su recién iniciada lucha en el Partido Popular por la Presidencia de Castilla-La Mancha a Adolfo Suárez Illana. Todo ello a pesar de que, según fuentes cercanas al ex presidente, la candidatura regional que le fue encargada a su segundo hijo por José María Aznar no fuese totalmente de su agrado, pues no se trata de una batalla cualquiera, ya que el oponente del joven Suárez no es otro que el ‘barón’ socialista José Bono, que lleva veinte años ocupando el presidencial Palacio de Fuensalida en Toledo y de quien el propio ex presidente reconoce su solidez y peso políticos. Amén de la relación familiar que tienen los Suárez en Castilla-La Mancha desde que Adolfo Jr se casó con Isabel, la hija del ganadero y latifundista, Samuel Flores, dueño de una de las mayores fortunas de España y a quien tampoco hizo ninguna gracia que su yerno se metiese en política, encima, para tratar de defenestrar a un Bono con el que mantiene excelentes relaciones.

A pesar de todo, y aunque el presidente Suárez prefería un lanzamiento de su hijo a nivel nacional, ha llegado a la conclusión de que debe apoyarlo igualmente por encima de todo y, desde luego, ha echado toda la carne en el asador en una comparecencia pública que ha causado la mayor expectación de los últimos años: la celebración del 25º aniversario de las elecciones democráticas en el Congreso de los Diputados. Sonriente y muy distendido, el presidente Suárez tuvo palabras y gestos de simpatía para todos los que se acercaban a saludarle, incluido el grupo de periodistas que pasó a inquirirle inmediatamente sobre la cuestión en torno a la que gira, aunque sin reconocimiento explícito, la vida interna del PP: la sucesión de José María Aznar. Y ni corto ni perezoso, Adolfo Suárez respondió: "Jaime Mayor, sin duda", aunque también tuvo calificativos para Rodrigo Rato y Mariano Rajoy, al primero de los cuales no dejó en muy buen lugar al tachar su exceso de soberbia y su trato excesivamente bronco en el ámbito parlamentario. De Rajoy reconoció, en cambio, su enorme lealtad al partido.

Adolfo Suárez González jugó pues, su baza. Para algunos es sin ninguna duda la esperada; al fin y al cabo, Mayor Oreja procede de las filas de la UCD en la época de presidencia del Gobierno de Adolfo Suárez, además de que Marcelino Oreja, tío de Mayor y hoy presidente de Fomento de Construcciones y Contratas (FCC) y antaño destacado político franquista, fue uno de los compañeros del presidente de la Transición en su periplo por los altos cargos de la dictadura.

Son menos, en cambio, los que recuerdan las intrigas gestadas por distintos barones ucedistas durante la jefatura de Gobierno de Adolfo Suárez, uno de los gérmenes desencadenantes de su dimisión el 29 de enero de 1981. Efectivamente, durante los primeros meses de 1979 la división interna que existía en la UCD no pasaba desapercibida para nadie: en el seno de la formación política gobernante surgieron varias familias, cuyas cabezas o barones exigían su cuota de poder en el Gobierno Suárez e, incluso, cuestionaban la capacidad de liderazgo del presidente y dirigente de la UCD, que en la formación de un segundo gabinete no logra aplacar esas exigencias de las distintas tendencias, además de que apenas ejerce sus funciones de control sobre el Consejo de Ministros al delegar continuamente en el vicepresidente Fernando Abril Martorell o en el secretario general del partido, Rafael Arias-Salgado, que no lograrían subsanar la débil cohesión interna de la UCD. Ésta habría de agravarse, además, con la formación de un tercer Gobierno Suárez que deja fuera a los barones, los cuales no hacen si no acentuar las diferencias ideológicas entre familias, llegando a hacerlas irreconciliables hasta que la UCD termina prácticamente reventando con la negociación de los estatutos de autonomía.

En 1980, Suárez forma el cuarto Gobierno tratando de contar con la opinión de todos los barones, pero él mismo reconocía que ya empezaba a ser molesto para sus propios compañeros que, en la idea de promover su caída, no dudaban en compincharse en la sombra con un PSOE cada vez más reforzado gracias a los pactos municipales con el PCE. La inestabilidad y la falta de apoyo a Suárez en sus propias filas y la moción de censura inesperada del PSOE en 1980, acaban de desgastar al presidente, quien se presentaría en septiembre con su último Gobierno, en el que estaban presentes otra vez, tras imponer sus exigencias, todos los barones. Éstos, sin embargo, ya habían cuestionado delante del propio Suárez la conveniencia de que siguiese ostentando el liderazgo de la UCD y, en consecuencia, la presidencia del Gobierno. Suárez presenta ese mismo mes una cuestión de confianza ante la Cámara, pero todo es inútil, pues los adversarios de sus propias filas se rebelan contra él eligiendo como portavoz del Grupo Parlamentario, sorpresivamente en contra de la propuesta del presidente, Santiago Rodríguez Miranda, al hombre que más daño hizo a Adolfo Suárez dentro de la UCD: Miguel Herrero de Miñón. A partir de ahí, la dimisión se la trajeron al jefe del Ejecutivo en bandeja y la tomó, pues, bajo presión, el 29 de enero de 1981.

Satélite del posible heredero. Tras el repaso histórico de la complicada situación de Adolfo Suárez en el sillón de la presidencia española, cabe preguntarse ahora por qué el ex jefe de Gobierno se decanta por Jaime Mayor Oreja cuando éste fue, según narran algunos de los que fueran miembros de las extintas filas de UCD, uno de los democristianos críticos con la postura de Suárez y, en consecuencia, inductor de su caída. De hecho, Mayor Oreja abandonó en 1983 la UCD para incorporarse al Consejo Político del Partido Demócrata Popular (PDP), presidido por Óscar Alzaga, y en 1989, a la refundada Alianza Popular (AP) de Manuel Fraga, el Partido Popular (PP), ambas formaciones adversarias políticas de Centro Democrático y Social (CDS) de cuya fundación, en 1982, y liderazgo se ocuparía Adolfo Suárez, del que dimite en 1991. Cinco meses después, renuncia a su escaño de diputado y abandona la política.

La explicación de esa apuesta radical del ex presidente Adolfo Suárez por el ex ministro de Interior y actual portavoz del Grupo Popular en el Parlamento de Vitoria no extraña a algunos de los inquilinos de la calle Génova, sede nacional del PP. Para éstos, desde luego, es Mayor Oreja quien, al menos en estos momentos, ocupa el número uno en el puesto de salida de la carrera sucesoria y así lo ha hecho patente el propio Aznar al encomendarle sorpresivamente la coordinación del Programa Marco para los comicios de 2003, alegando que de los tres vicesecretarios del PP, Mayor es quien tiene más tiempo libre, una disculpa, sin embargo, para las personas más cercanas al ex ministro, ya que el trabajo en Euskadi es superior a cualquier otro por las condiciones en las que se realiza (ver El Siglo, núm. 508, "El ungido. Mayor, a tumba abierta por la sucesión").

Y Adolfo Suárez ha hecho con esta jugada una importante labor por la carrera política de su hijo: lo ha colocado al lado de quien lleva todas las de ganar en estos momentos, aunque sea a costa de molestar a otro potente candidato, como es el ministro de Economía, Rodrigo Rato, de quien Suárez padre criticó su soberbia y Suárez hijo se vio obligado a enmendarle la plana por su inoportunidad pidiendo disculpas al ministro de Economía en la primera ocasión en la que coincidieron tras los comentarios de su progenitor, la reunión de la Junta Directiva Nacional del PP el pasado 17 de junio.

Quien no pudo, según la versión oficial –o no quiso, según alguna interpretación oficiosa–, dar la cara tras sus contundentes declaraciones a favor de Mayor fue el propio Adolfo Suárez, cuya primera comparecencia pública tras el pasado 14 de junio en las Cortes se esperaba con curiosidad, al menos, en el primer acto público de la Fundación Víctimas de Terrorismo, que tuvo lugar en la sede madrileña del BBVA, con motivo de la presentación de la dura exposición fotográfica "Terrorismo y Libertad", con la que este patronato tiene previsto recorrer las principales capitales europeas.

Suárez González, que accedió a la Presidencia de la Fundación Víctimas del Terrorismo a pesar de la polémica surgida por el dudoso recibimiento que recibió su designación, precisamente, por parte de la que era antes únicamente Asociación (AVT) y que encabezada la actual vicepresidenta del patronato, Ana María Vidal, alegó, media hora antes del comienzo del acto, una "leve indisposición" que le impedía acudir a presidirlo. Malestar que, sin embargo, no fue inconveniente para acudir al almuerzo que ese mismo día celebró con treinta de sus antiguos altos cargos del Gobierno de la UCD en un restaurante madrileño, encuentro en el cual, por cierto, los asistentes apoyaron la opinión de Suárez de que Mayor Oreja era el mejor candidato para suceder a Aznar.

La Fundación de Víctimas del Terrorismo, a pesar del desconcierto de los periodistas y, sin duda, de los organizadores, celebró su primer acto oficial sin su presidente, aunque con la asistencia, en la mesa de inauguración, del representante del Vaticano en España, el nuncio Manuel Monteiro, de cuya presencia, por cierto, se responsabiliza a Adolfo Suárez; del vicepresidente primero y ministro de Interior, Mariano Rajoy; del director de la revista Diplomatic News, Julio Cabrera; del presidente del BBVA, Francisco González, y de la vicepresidenta de la Fundación, Ana María Vidal. Ésta, según sostuvo en el acto gente del entorno de la Fundación, debió sentirse muy incómoda por la ausencia de Suárez, pues fue la entonces AVT que ella presidía quien se sintió más molesta por la propuesta de PP y PSOE de que el ex presidente de UCD presidiese el Patronato, sin serle consultado y máxime, según se supo entonces, teniendo en cuenta que Suárez no había tenido ningún tipo de contacto con esta asociación.

Aznar, el mejor. En definitiva, la estrategia de Suárez pasa por apoyar a su hijo, pero con una de cal y otra de arena, pues de momento, tampoco ha acudido a ninguna de las comparecencias políticas de Adolfo Jr., ni siquiera al mitin de su proclamación como candidato regional del PP en Toledo, el pasado 8 de junio. No ha dudado, en cambio, en aconsejar públicamente a Suárez Illana, sin estar él presente en el mismo acto del 15 de junio en el Congreso de los Diputados que tanto dio de sí al ex líder del CDS, que no vuelva a vestirse de torero si quiere ganar credibilidad ante un candidato como José Bono, que lleva veinte años en la presidencia castellanomanchega.

En cambio, para quien únicamente hay palabras de alabanza es para el presidente del Gobierno, José María Aznar. En la celebración del 25º Aniversario de las elecciones democráticas, también el ex presidente Adolfo Suárez tuvo frases de elogio, y más allá, para José María Aznar, a quien calificó de "el mejor presidente" que ha tenido la democracia. Y no era la primera vez que manifestaba este parecer, aunque sí de forma pública y ante un nutrido grupo de periodistas, pues ya con ocasión de la recepción real ofrecida en noviembre del año pasado para celebrar el 25º aniversario del reinado de don Juan Carlos, el presidente de la Transición había confesado en privado su opinión sobre el jefe del Ejecutivo popular, aunque, según quienes le oyeron, "¡Qué casualidad! Justo una semana después de que le propusiesen como presidente de la Fundación Víctimas del Terrorismo", al margen de que también la larga mano de Aznar tuvo mucho que ver con el contrato que se le hizo en Telefónica como asesor de la compañía cuando pasó a presidirla ese mismo año, el de la primera victoria del PP, en 1996, el entonces íntimo amigo del presidente del Gobierno y ex compañero de pupitre Juan Villalonga.

Suárez, pues, le ha prestado su prestigioso apellido a José María Aznar con la persona de su hijo, inmejorablemente educado para servir al PP, como ha dejado claro en las varias entrevistas que ha concedido, y el presidente del Gobierno cuenta con que Adolfo Suárez Illana le dé un buen rédito electoral. Además, a Aznar, lejos de molestarle las opiniones de su más lejano antecesor en el cargo sobre la sucesión, parece tomárselas con mucho sentido del humor y, quién sabe, podría tenerlas en cuenta.

Así, durante la particular celebración que hizo el PP en el País Vasco del 25º aniversario de las elecciones democráticas, un día después de la celebración nacional en las Cortes, Aznar descendió del avión saludando a Jaime Mayor, que le esperaba en el aeropuerto de Vitoria, con un "Buenos días, Adolfo Oreja", en alusión a la opinión de Suárez padre hecha pública el día anterior. Tampoco el presidente Aznar dudó en devolver a Suárez el gesto de alabanza que tuvo con él al asegurar ante los populares vascos reunidos en el hotel de Vitoria en donde se celebró el acontecimiento, que había votado en 1977 a Suárez y no se había equivocado.

Todo son, pues, guiños y complicidades entre el primero y el último presidentes de la democracia y, sin duda, hay aspectos de uno que benefician al otro y viceversa. Uno de los que podría interesar a Aznar de Adolfo Suárez, al margen de la campaña implícita que supone un apoyo como el del presidente de la Transición, del que nadie se atreve a cuestionar su papel decisivo en la instauración democrática –lo hizo Felipe González hace dos años y se vio obligado a disculparse y rectificar ante la avalancha de durísimas críticas que se le vino encima de todos los sectores–, es el de las buenas relaciones que el ex presidente español mantiene con la Casa Real, a pesar de que siga manifestando que su máximo deseo haya sido acceder a la presidencia de la República, en donde se tiene en alta estima a la familia Suárez y así se demuestra públicamente, algo que no ocurre en cambio con José María Aznar, que no acaba de encajar en el entorno de Don Juan Carlos. Ahora, tal vez, Suárez podría ayudarle a limar asperezas.

Siempre y cuando, pues, son los riesgos que conlleva la política, el ex líder de la UCD y del CDS no se implique demasiado en la actividad de su hijo y en el partido que éste representa, el PP, pues podría convertirse en carne de cañón para la prensa y la oposición si no se mantiene en un discreto segundo plano. Ya su opinión sobre la sucesión de Aznar no ha sido muy bien recibida en algunos sectores del PP, especialmente aquéllos afines a Rodrigo Rato, de bastante peso en la calle Génova, que, además, han tenido que oír las descalificaciones que Suárez vertía sin miramientos sobre su candidato. De momento, estas reacciones no han trascendido más allá de los muros de Génova y del Grupo Parlamentario, en donde el ministro de Economía cuenta con su mejor respaldo, pero podrían hacerlo y asestar, entonces, un mazazo a la intocable figura del presidente de la Transición. Por ejemplo, sostienen quienes conocen estos desasosiegos populares’, rememorando viejos tiempos en los que Suárez se vio envuelto en el enorme escándalo financiero del caso Banesto, cuando Mario Conde, finalmente condenado a prisión, aseguró que había contribuido a financiar el CDS entregándole a Adolfo Suárez 300 millones de pesetas (1,8 millones de euros) a cambio de que éste intercediese por él ante el Banco de España cuando empezaron a detectarse las irregularidades, operación que tuvo como intermediario a Antonio Navalón, con cuyo hijo, además, montó un despacho Adolfo Suárez Illana en las instalaciones de Navalón padre. Éstas fueron sometidas a un registro policial el 3 de marzo de 1998 para ver si se encontraba documentación sobre el caso Banesto, algo que no se produjo. Siete meses después, Suárez González compareció como testigo en el caso Banesto, pero nunca se demostró que los 300 millones de pesetas fueran a parar a las arcas del CDS, algo que el ex presidente siempre negó con vehemencia por más que Mario Conde se empeñase en lo contrario.

En realidad, nunca se supo de la desaparición de ese dinero perteneciente a la entidad bancaria que presidía Mario Conde, pues el delito prescribió y el directivo fue absuelto del mismo

24.06.02


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