LOS DOSSIERES

PRÍNCIPE RAJOY: JOSÉ MARÍA I INSTAURA EL AZNARISMO CON ROSTRO HUMANO ( * )

Y la luz se hizo. El sábado 30 de agosto, fecha mayúscula en los anales políticos, Aznar rescató de las regias costumbres godas el desenlace para la gran incógnita de su sucesión y señaló a Mariano Rajoy como heredero del trono de la calle Génova y aspirante al sitial de La Moncloa. Poco importaba ya que el presidente del Gobierno hubiese insistido con su democrática intención de proponer un sucesor a la troika del PP, porque al final, el monarca popular eligió a su sucesor natural y filtró la noticia a los medios: "Rajoy es el elegido", sin titubeos. El proceso de corroboración se convertía así en un trámite puramente formal del que se podía haber prescindido

Por Ana Pardo de Vera

Como Perbes, pero al revés", es la sensación que tienen en la calle Génova después de la designación de Mariano Rajoy como sucesor. Con independencia de que la elección de Aznar sea o no acertada, es cierto que el proceso de sucesión de Manuel Fraga se realizó en el sentido contrario al del jefe del Ejecutivo. Efectivamente, en 1989, el presidente de la Xunta, entonces líder de AP, tenía un nombre que proponer para sustituirle al frente del partido. Era el de la ex ministra de Medio Ambiente, Isabel Tocino. Llamó a los pesos pesados del partido –Álvarez-Cascos, Rato, Trillo-Figueroa y Lucas– y los reunió en su casa de la localidad coruñesa de Perbes. Los cuatro iban, sin embargo, con otra propuesta que hacerle al jefe, la que triunfaría finalmente y llevaría al PP al Gobierno en 1996. Aznar, el elegido de entonces, impuso su candidato a los notables populares –Rato, Rajoy, Mayor Oreja y Arenas–, que era, además, uno de ellos. Al presidente fundador del PP, por el contrario, le convencieron para que aceptase otro candidato, que, además, no estaba en el comité de Perbes. Pero entonces, Fraga no estaba en el Gobierno con mayoría absoluta, lo cual, al parecer, otorga plenos e incuestionables poderes.

En el entorno popular están convencidos de que si Aznar hubiese consultado el nombre de su candidato a la Junta Directiva Nacional antes de que se hubiese filtrado a los medios, dándoles más libertad de movimientos, el resultado hubiera sido el mismo (503 votos a favor y uno en blanco). O no, que diría el propio Rajoy, pero los hechos son los hechos y la unanimidad en la emotiva ratificación del sucesor fue aplastante. El pasado martes se inauguraba pues, una nueva etapa en el Partido Popular con dos señas de identidad: la continuidad del aznarismo y el guante blanco para su ejecución.

El charco más grande. Dicen de Mariano Rajoy en La Moncloa que camina sorteando los charcos, pero que seguramente nunca había dado con uno tan vasto, a pesar del Prestige, que, según el presidenciable, fue el trago más difícil. La situación en la que deja Aznar a Rajoy es, desde luego, insólita, pero sobre todo, compleja, ya que deberá afrontar con éxito una bicefalia que no quiere serlo. Y es que en el PP la niegan rotundamente, cuando el hecho innegable es que tienen dos líderes, uno en el Gobierno y otro en el partido.

La cuestión es si no hubiera sido mejor que Rajoy continuase de portavoz gubernamental al menos, para empezar a forjarse su imagen de líder político. La oposición ha dicho de él que es un "cobarde", pues al marcharse del Gobierno, huye también del Parlamento y evita responder sobre la gestión popular. En el PP aseguran, en cambio, que el nuevo dirigente podría haberse aprovechado de un puesto en La Moncloa para utilizarlo de plataforma electoral, al estilo del delfín de Jordi Pujol en Cataluña. Artur Mas, en un proceso sucesorio de expectación en nada comparable al de Aznar, fue designado heredero del presidente de la Generalitat al mismo tiempo que se le daba el puesto de conseller en cap, o sea, consejero jefe del Gobierno autonómico.

Pero Rajoy también tiene su respuesta cuando le preguntan por qué ahora sólo es secretario general del PP. El ex vicepresidente, que ya se ha entregado de lleno a la campaña de las elecciones madrileñas, catalanas y, por supuesto, generales, asegura que, como candidato a la presidencia del Gobierno, quiere un proceso en igualdad de condiciones que el resto de aspirantes, situados únicamente al frente de sus partidos; un proceso "limpio", recalcó en su primera entrevista como sucesor de Aznar, en TVE.

El desembarco del príncipe en la calle Génova no fue, en absoluto, traumático, pues  Rajoy, después de saludar a todos los que trabajan allí haciendo gala de su afabilidad, se apresuró a aclarar que no piensa hacer ningún cambio en la cúpula organizativa del partido. Hereda pues, el equipo del ex secretario general, Javier Arenas. Su relación con éste deberá ser excelente, ya que tanto Ana Mato, coordinadora del Área de Organización; Rafael Hernando, de Comunicación, y Gabriel Elorriaga, de Formación y Estudios, son hombres de Arenas, especialmente los dos primeros. En el olvido ha de quedar que el candidato a la sucesión del hoy flamante vicepresidente segundo era Mayor Oreja.

Las dificultades. Rajoy no ha prescindido de dos de sus estrechos colaboradores, como tampoco de su fiel secretaria, Rosa. Francisco Villar, el jefe de Gabinete, y Belén Bajo, la responsable de Información, acompañaron al sucesor a la sede nacional del PP. Al resto de sus hombres (ver en estas mismas páginas, Los fieles de Rajoy), que le han seguido prácticamente por todo su peregrinaje ministerial, seguramente los rescatará si en 2004 accede a La Moncloa. Desde luego, algunos como el secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, Jorge Fernández Díaz, tienen muy claro que su deseo es seguir al lado de Rajoy cuando culmine este paréntesis de siete meses, siempre que su amigo gallego alcance la Presidencia del Gobierno.

Pero el proceso hasta entonces no será fácil. Las iniciativas que hasta el 7 de marzo proponga el Gobierno Aznar deberían ser la mejor campaña electoral de Rajoy, por lo que la coordinación entre partido y Ejecutivo no debe tener fisuras. Algunas fuentes cercanas al PP creen que José María Aznar se volcará en la política exterior, con una apretada agenda de viajes al extranjero, para que su sucesor tome las riendas de la política interna. Otras, en cambio, consideran que esta medida es contraproducente para un líder en ciernes que, precisamente, tiene entre sus principales lagunas la política exterior y la económica. Además, si esto fuese así, surgiría una lógica contradicción: Rajoy no tiene ningún cargo en el Gobierno, de forma que, aparte de ser la voz y el mando del partido, como era Arenas, no debería meter mano en las cuestiones institucionales, "como si el Gobierno tuviera un presidente con dos cabezas", razonan en el entorno popular. Las propuestas de lo que resta de Gobierno Aznar deben llevar, pues, la impronta de Rajoy sin que éste invada los dominios monclovitas, en donde, por otro lado, tampoco puede dársele la baza a la oposición de decir que los españoles se han quedado sin presidente.

El nuevo secretario general del PP cuenta, sin embargo, con un poderoso puntal en el Gobierno: el ministro de Trabajo y nuevo portavoz del Ejecutivo, que apostó por Mariano Rajoy como sucesor y se reafirmó en su apoyo este verano, navegando con el gallego y el presidente balear, Jaume Matas, por el Mediterráneo. Eduardo Zaplana se ha visto fuertemente recompensado con un traje hecho a medida –su dominio del protagonismo mediático es incuestionable– y que encaja a la perfección con el aznarismo de rostro humano que se fundó el sábado 30 de agosto, pues si algo tienen en común Zaplana y Rajoy es su talante amable.

Por otro lado, el nuevo número uno del PP dispone de muy poco tiempo para que le sea traspasado el protagonismo de Aznar, por no hablar del proceso de ir creándose un equipo propio. Rajoy, hasta marzo de 2004, trabajará con la gente de Aznar y de Arenas, pero resulta lógico que el nuevo líder tenga otras preferencias a las que pueda dar rienda suelta si gana las próximas elecciones generales. Al fin y al cabo, cuando el presidente del Gobierno llegó al liderazgo del PP contaba con un potente equipo, liderado por un efectivo Álvarez-Cascos, sin cuya ayuda no hubiese llegado a La Moncloa.

Con Aznar como presidente del Gobierno y del partido, aunque en este último caso sólo sea un puesto testimonial; con un equipo que no es el suyo trabajando para él, a pesar del apoyo pleno que la Organización del PP tiene intención de brindarle y del conocimiento que Rajoy tiene de los entresijos del partido –ha sido vicesecretario general y se ha encargado de las campañas electorales–, y con unos tiempos tan limitados, la tarea del candidato a la Presidencia no parece fácil, sino, más bien, agobiante. En su favor, el aspirante Rajoy tiene las que se coinciden en señalar en Aznar como carencias: su capacidad de diálogo y su talante afable. Como dijo Mayor Oreja, con sorpresa de no pocos populares, el pasado lunes en el Comité Ejecutivo Nacional del PP: "Tiene las mismas cualidades que Aznar y la facultad de no ganarse enemigos", o sea, que no tiene, como el presidente, la capacidad de obtenerlos.

De gallegos y presidencias

Si Mariano Rajoy gana las elecciones en 2004, sería el octavo político nacido en Galicia que ocupa el puesto de jefe de Gobierno durante el siglo XX. Eugenio Montero Ríos, nacido en Santiago de Compostela –como Rajoy–, de ideología liberal y con una inteligencia brillante –hizo la carrera de Derecho en dos años–, pasó por el Ministerio de  Gracia y Justicia, la presidencia del Senado en 1898 y, en 1905, alcanzó la jefatura del Gobierno, aunque dimitió al poco tiempo por desórdenes militares.

José Canalejas, nacido en Ferrol (La Coruña), fue el siguiente. Con 29 años fue secretario de la Presidencia. De ahí pasó al Ministerio de Fomento y, en 1910, el rey Alfonso XIII le encargó formar Gobierno, aunque en 1912 fue asesinado ante una librería por el anarquista Pardiñas.

El almirante Juan Bautista Aznar, nacido en La Coruña, fue el último jefe de Gobierno al que asistió Alfonso XIII como monarca. Lo hizo en 1931 y falleció en 1933.

Durante la República, el empresario pontevedrés Manuel Portela Valladores fue nombrado jefe de Gobierno en 1935, aunque dos meses después fue sustituido por Azaña, líder del Frente Popular. Se exilió al final de la guerra, aunque Franco lo reclamó para fusilarlo sin éxito. Portela Valladares murió en Francia en 1952.

Santiago Casares Quiroga (La Coruña, 1886), abogado de los pobres coruñeses, a los que no cobraba, fue concejal, diputado provincial, ministro de la Marina, de la Gobernación y de Obras Públicas. En 1936 era presidente del Gobierno y ministro de la Guerra, aunque murió en el exilio en 1950.

Francisco Franco es, sin duda, uno de los gallegos más conocidos de la Historia. El caudillo ferrolano hizo gala de su máxima "El mando cuando se toma ya no se deja" al permanecer 36 años como jefe de Estado. El dictador murió en 1975 dejando "todo atado, bien atado" para la reinstauración de la monarquía.

Los fieles del sucesor

Al término marianista ya puede añadírsele otro significado en el diccionario distinto al tradicional. En el PP, desde que se conoció el nombre del sucesor de Aznar, marianista es el popular afín a Mariano Rajoy. Claro que desde el sábado 30 de agosto, han salido marianistas por todas las esquinas de la calle Génova. Sin embargo, los marianistas puros son un reducido grupo de personas que ha estado cerca del líder del PP mucho antes de saberse que tenía posibilidades de suceder a Aznar.

Por A. P. V.

La mayoría de los integrantes del clan Rajoy, al que esta revista hizo referencia en una de sus portadas (ver, El Siglo núm. 525), pasan desapercibidos para la opinión pública, haciendo gala de uno de los rasgos principales del nuevo presidenciable popular, la discreción. Y aunque Rajoy no pueda llevarse a todos al PP en estos siete meses de transición hasta las elecciones generales de 2004, seguro que los incluirá en sus planes de a partir de entonces.

La más conocida de este grupo de fieles al ex vicepresidente es la ministra de Sanidad. Aunque es zamorana de nacimiento, Ana Pastor se inició en la política en Galicia, ocupando cargos institucionales. Mariano Rajoy la llevó al Ministerio de Educación y Cultura, como subsecretaria, y Pastor ya no lo abandona hasta julio de 2002, cuando Aznar la nombra ministra de Sanidad. En las generales de 2000 fue de número tres en las listas por Pontevedra, encabezada por Rajoy. Ana Pastor, que suena como candidata a suceder a Manuel Fraga en Galicia, está casada con un buen amigo del líder PP, José Benito Suárez Costas, actual director general de Interior y Protección Civil de la Consellería de Xustiza de la Xunta de Galicia.

A la sombra de Mariano Rajoy están tres de sus colaboradores por excelencia, que han dedicado su trabajo a respaldar, con éxito evidente, la labor del sucesor de Aznar. Francisco Villar, director del Gabinete de Rajoy, aunque nació en Madrid, pertenece al llamado clan de Pontevedra, en donde inició su actividad política en 1990, como delegado provincial de la Consellería de Sanidad de la Xunta de Galicia. Allí entra en contacto con el ex ministro de Sanidad José Manuel Romay Beccaría y con Mariano Rajoy -buena parte de sus amigos de Pontevedra pertenecen al sector sanitario–, que en 1996, lo llama para dirigir su gabinete en el Ministerio de Administraciones Públicas. Villar lo ha acompañado desde entonces y hoy está con él en la calle Génova.

Belén Bajo es la responsable de Comunicación (directora de Información en la Vicepresidencia) de Rajoy. Periodista palentina, estuvo destinada en Galicia, y en 1996, fue designada asesora de Comunicación en el Ministerio de Administraciones Públicas. Desde entonces, ha acompañado a Rajoy por todos los ministerios y, al igual que Francisco Villar, hoy está con aquel en la sede central del PP.

Eugenio López Álvarez es el secretario general técnico del Ministerio de la Presidencia. Madrileño y abogado del Estado, en 1996 fue nombrado abogado del Estado jefe de la Abogacía del Estado del Ministerio de Administraciones Públicas, que encabezaba Mariano Rajoy. No lo abandonó desde entonces, aunque de momento, se ha quedado en Presidencia.

Por otro lado, el secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, Jorge Fernández Díaz, vallisoletano de nacimiento, conoció a Rajoy en 1980, cuando en la entonces AP apoyó junto a éste y Romay Beccaría, entre otros, la candidatura de Hernández Mancha frente a la de Herrero de Miñón, que apoyaban Aznar y Rato. En 1996, fue nombrado por el ministro Rajoy secretario de Estado para las Administraciones Territoriales. Hasta hoy, ha acompañado al gallego por todos los ministerios y, aunque seguirá en su puesto actual de Presidencia, sin duda es un hombre a tener en cuenta en un posible Gobierno Rajoy.

Aunque Tomás González Cueto, abogado del Estado, en 2001 fue cedido al Ministerio de Justicia como director de Política Legislativa y Cooperación Jurídica Internacional, desde que empezó con Rajoy en 1996 en el Ministerio de Administraciones Públicas, estuvo a su lado y forjó con él una gran amistad que continúa hoy.

Además, Mariano Rajoy cuenta entre sus incondicionales con un nutrido grupo de gallegos. El presidente del Consejo de Estado, José Manuel Romay Beccaría, fue, como Rajoy y en etapas paralelas, miembro del Gobierno Fraga y ministro del Ejecutivo Aznar. Además, lanzó a Ana Pastor a la arena política desde la Consellería de Sanidad, antes de cedérsela a Rajoy para Educación y Cultura. Curiosamente, su pupila también ha sido su sucesora –Celia Villalobos mediante– en el Ministerio de Sanidad.

Alberto Núñez Feijoo, conselleiro de Política Territorial y Obras Públicas de la Xunta, sustituyó a Cuiña cuando éste fue cesado de su cargo por la crisis del Prestige. Ourensano de nacimiento, pertenece al entorno de Romay Beccaría, con quien estuvo en Galicia y que se lo trajo a Madrid en su etapa de ministro de Sanidad. Tras la sustitución de Romay, pasó al Ministerio de Fomento como director general de Correos. En el PP de Galicia creen que Rajoy fue el artífice de la vuelta a Galicia de Núñez Feijoo para sustituir a Cuiña y poner orden. También suena, aunque menos que Pastor, como posible sucesor de Fraga.

A Xesús Palmou, conselleiro de Xustiza y secretario general del PP de Galicia (PPdeG), los incondicionales de Cuiña le culparon de la caída –por expreso mandato de Rajoy– del polémico ex conselleiro en la crisis del Prestige. Es absolutamente fiel al líder del PP y su hombre fuerte en Galicia, por lo que sin duda mantendrá su destacado papel en la renovación del PPdeG. En la Xunta, Rajoy puede contar, además, con tres hombres que serán claves, sin duda, en este proceso: José Antonio Orza, conselleiro de Economía de la Xunta de Galicia; José María Hernández Cochón, conselleiro de Sanidade, y Enrique López Veiga, conselleiro de Pesca y Asuntos Marítimos.

En la cúpula del PP, Rajoy tiene unas excelentes relaciones con Pío García-Escudero, presidente del PP madrileño y primer teniente-alcalde de la capital, y con Juan Carlos Vera, secretario de Organización Territorial del PP. Ambos estuvieron con el hoy número uno popular durante la organización de la campaña electoral de 2000, que tan buenos resultados les dio.

Ministros por siete meses

Costa, bajo la sombra de Rato

Su nombramiento como ministro de Ciencia y Tecnología es signo del poder que sigue manteniendo el derrotado Rodrigo Rato. Juan Costa ha crecido políticamente bajo la protección directa del hoy vicepresidente primero del Gobierno, una relación que ha propiciado que entre ambos exista una sincera amistad. De hecho, el nombramiento de Costa se ha interpretado como un premio de consolación para el padrino político, que logra colocar a un hombre de su entera confianza en primera línea del último Gobierno de José María Aznar, un reconocimiento explícito de su peso político dentro del Ejecutivo. No hay que olvidar que desde Ciencia y Tecnología se tratan cuestiones claves para el crecimiento económico, la modernización del país y la formación de precios, la inflación, la gran asignatura pendiente de la economía española.

A este joven castellonense de 38 años, que ha pasado a engrosar la lista de ministros  separados, le avala su formación académica y su capacidad de trabajo. Licenciado en Derecho por la Universidad de Navarra y máster en Asesoría de Empresas por el Instituto de Empresa, siempre prefirió la política y la docencia –profesor del Área de Impuestos del Máster de Asesoría Jurídica del Instituto de Empresa– que la empresa –fue gerente de la firma Ernst and Young–. Con sólo 28 años, ya siendo miembro de la Junta Directiva Nacional del Partido Popular, fue elegido diputado al Congreso de los Diputados por Castellón, incluso se ocupó de la portavocía de su grupo en la Comisión de Hacienda, desde donde comenzó a brillar con luz propia.

Ya desde pronto Costa se convirtió en un hombre clave en el equipo económico del PP y por ende de Rodrigo Rato. De hecho, en cuanto el asturiano asumió la cartera económica le nombró secretario de Estado de Hacienda, un puesto de la máxima confianza, puesto que desde allí se abordó la primera reforma fiscal propiciada por el PP. Tras los siguientes comicios, cuando Costa ya sonaba como ministro, le tocó bajar un pequeño escalón y asumir la Secretaría de Estado de Comercio y Turismo, también en el Ministerio de Economía. Cada vez que se anunciaba una remodelación de Gobierno su nombre aparecía en las quinielas y no ha sido hasta el último momento cuando finalmente José María Aznar ha decidido premiar su labor con una cartera.

Ahora, le toca lidiar con un sector en el que no tiene gran experiencia, pero no le asusta, ya que se le considera que pese a su juventud –a los 31 años ya era Secretario de Estado– es un hombre muy seguro de si mismo y su capacidad, gran trabajador –sus tempranas canas lo reflejan–  y, aunque no especialmente aficionado a las nuevas tecnologías, sí abierto a la modernidad y los nuevos retos.

De hecho, el gran desafío de éste, el ministro más joven del actual gabinete, es intentar dar sentido a un ministerio, el de Ciencia y Tecnología, invención directa de José María Aznar y que con ninguno de sus responsables, primero Anna Birulés y más tarde Josep Piqué, ha logrado brillar como estaba previsto. En sus tres años de andadura desde Ciencia y Tecnología no se ha sido capaz de poner en orden el complejo sector de las telecomunicaciones ni impulsar a España en la sociedad de la información; de hecho, el cacareado Plan Info XXI que presentó el propio José María Aznar, tuvo que ser redefinido hace unos meses. En cuanto a la inversión en I+D, capítulo que también se ha tratado de relanzar desde este ministerio, España sigue ocupando puestos de cola en la UE. Pero es quizás en el área de las telecomunicaciones y el sector audiovisual donde tiene más retos. Josep Piqué se marcha sin aprobar la Ley Audiovisual, la televisión digital terrestre está en punto muerto y hay que volver a definir la política tarifaria en telecomunicaciones, por no hablar de poner fecha definitiva a la llegada de la tecnología móvil UMTS. Costa tiene apenas siete meses para hacer que esto marche e intentar acercarse a Rajoy sin la protección de Rodrigo Rato.

Por V. C.

García-Valdecasas, una funcionaria controvertida

A dos meses de las elecciones autonómicas en Cataluña y con el ex ministro Josep Piqué convertido en candidato del PP a las mismas, Aznar no se podía permitir el lujo de no incluir a ningún catalán en su equipo de Gobierno. Y lo ha encontrado en la figura de Julia García-Valdecasas. Nombrada en 1996 Delegada del Gobierno en Cataluña, Valdecasas ha demostrado durante su mandato ser una funcionaria de orden. De hecho, las aparentemente desmedidas actuaciones represivas de la policía en diversas manifestaciones y boicots de actos públicos protagonizados por dirigentes del PP, han sido muy criticadas por la oposición, los sindicatos o las ONGs.

Casos como los de las violentas cargas policiales contra los colectivos antiglobalización en Barcelona en junio de 2001 (que dejaron un balance de 50 heridos y 22 detenidos), o las que tuvieron lugar en la visita de Aznar a la Universidad Autónoma de Barcelona en enero de 1999 reavivaron en muchos otro ingrato recuerdo relacionado con la familia García-Valdecasas: la represión del movimiento estudiantil alentada durante la dictadura franquista por el padre de la ahora ministra, Francisco García-Valdecasas, entonces rector de la Universidad de Barcelona. Todo ello provocó en una buena parte de la ciudadanía catalana la inmediata identificación de la delegada del Gobierno con todos los males que asocian a la administración del PP: centralismo, represión y mano dura.

Pero la mala fama que Valdecasas ha logrado fraguarse entre estos sectores sociales contrasta con las simpatías que ha sabido labrar en los dirigentes de su propio partido: la notoriedad de su apellido –pertenece a una familia burguesa de procedencia gallega y está casada con el catedrático de Derecho Mercantil Javier Añoveros (primo del dirigente del PP catalán Josep Trías de Bes)–, junto a su condición de inspectora de Hacienda, pusieron a esta licenciada en Farmacia ante la atenta mirada de José María Aznar, cuya carrera comenzó con la misma categoría profesional y quien la designó personalmente delegada del Gobierno en 1996.

Hasta entonces –y después de haber regentado durante diez años una farmacia–, García-Valdecasas había pasado por diferentes puestos públicos al margen de la política: tras aprobar las oposiciones a inspectora de Hacienda en 1980, fue interventora territorial de Barcelona (1983) y de Cataluña (1986), lo que le permitió en 1992 ocuparse de la Delegación del Ministerio de Economía y Hacienda. Tres años más tarde se afilió al PP catalán, adonde supo llegar en el momento oportuno, cuando Aznar y su entonces lugarteniente en Cataluña Alejo Vidal-Quadras buscaban nuevos valores para dar un nuevo impulso al partido. Sin embargo, dentro del PP catalán tampoco lo tuvo fácil, ya que su nombramiento coincidió con la designación como presidente del PP catalán de Alberto Fernández, con quien no consiguió congeniar. Tras un periodo de soledad en el partido encontró a Josep Piqué, que ahora ha pasado a ocupar el cargo del propio Fernández. Por último, durante su estancia en la Delegación de Gobierno también se ha ganado la confianza de Mariano Rajoy, quien tras ser nombrado ministro del Interior en 2001 se convirtió en su principal valedor en Madrid. Estas tres bazas –Aznar, Rajoy y Piqué–, le han asegurado a sus 59 años un puesto en el nuevo gobierno. Aunque su designación como sustituta de Javier Arenas al frente del ministerio de Administraciones Públicas ha disgustado a la oposición: el portavoz parlamentario del PSOE, Jesús Caldera la define como "rancia, centralista e intolerante", añadiendo que tiene una visión "bastante policial de las cosas". Los adjetivos del diputado del PNV Iñaki Anasagasti no son mucho mejores: "proviene de una familia franquista donde lo autonómico se desechó". Aunque la reacción más adversa ha provenido sin duda de la izquierda catalana –Ezquerra republicana (ERC) e Iniciativa per Calatunya (ICV)–, que han considerado su nombramiento "una ofensa para Cataluña".

Por F. N.

Conciliador y afable para la prensa extranjera

Así ve la prensa extranjera al próximo candidato del PP a las elecciones de 2004. Los diferentes medios, que coinciden en señalar el cumplimiento de la promesa de retirarse de José María Aznar y su firme control sobre el partido, destacan también el contraste de su carácter arisco con la flexibilidad y humor de Mariano Rajoy. Precisamente este talante negociador, junto con su ventaja en las encuestas, es la principal baza de cara a unos comicios que estarán marcados por las reivindicaciones de vascos y catalanes y por el inquebrantable apoyo del Gobierno a Estados Unidos en la crisis de Iraq.

Por Teresa Larraz

El proceso de designación de Mariano Rajoy ha tenido un eco apreciable en los medios de comunicación extranjeros, informando de una decisión personal de José María Aznar que no sólo pone fin a meses de especulaciones sino que también supone el principio de su retirada de la política española.

The New York Times: El prestigioso rotativo neoyorquino afirma que "Rajoy, conocido por sus medidas enérgicas contra el terrorismo vasco cuando era ministro de Interior (..) prometió la continuidad de las políticas de Aznar, incluida su oposición a la autonomía vasca y su apoyo a EE UU". "Hasta hace poco era uno de los políticos menos conocidos de España, pero se ha ganado una reputación de discreto y leal (…) y ha sido la mano derecha de Aznar en las últimas crisis políticas, aceptando manejar las peores tareas ante la opinión pública".

CNN: "Su suerte política ha estado ligada a la de Aznar desde hace años", afirma esta cadena de televisión, que añade que el Partido Socialista ha criticado todo el proceso de sucesión, llevado a cabo de "una manera regia en vez de con primarias", y que "según un sondeo de la SER, Zapatero vencería a cualquier candidato conservador excepto a Rajoy". "En su primer discurso prometió seguir con las mismas políticas del PP (..) incluyendo una línea dura contra el terrorismo".

The Guardian: El análisis de este diario está repleto de la característica ironía británica. Califica a Mariano Rajoy de un "reconocido arreglalo-todo político", "cuyo carácter afable y divertido contrasta con el arisco y enojadizo señor Aznar". Su corresponsal destaca sobre todo que es desconocido en el extranjero y que "seguirá la política de Aznar: luchar contra el terrorismo, frenar los intentos de lograr mayor poder de las autonomías y seguir con la liberalización de la economía". "Los observadores han afirmado que la campaña electoral llevará el sello de Aznar y que Rajoy tendrá poca capacidad de maniobra (…), aunque si le sucede en el partido será libre de dirigirlo como quiera". Así "desaparecería el característico estilo agresivo de Aznar", del que "se dice que está aprendiendo inglés ya que parece ser que codicia un alto cargo en la UE o en la ONU".

Financial Times: El ya vicepresidente primero Rodrigo Rato es destacado y alabado en las crónicas de este periódico económico, que afirma que "la reputación conciliadora de Rajoy puede haber primado sobre el mayor perfil internacional y experiencia económica de Rato", "que podría poner fin a su carrera política. Tras analizar las dispares características personales y políticas de ambos (uno "políglota", "conocido", "con buena relación con los empresarios", el otro "reacio a entrar en política", "de una región desfavorecida" y "le gusta jugar a las cartas"), afirma que "el negociador que sabe tratar con la gente corriente" tendrá que enfrentarse a las crecientes peticiones de las Comunidades Autónomas, y sobre todo, al reto de "salir de la sombra imponente de Aznar".

Le Figaro: "Encarna maravillosamente la ideología centrista del partido conservador". "Considerado como uno de los colaboradores más leales de Aznar (…) ha hecho de escudo del Gobierno, especialmente con la guerra en Iraq". Aznar ha hecho "una elección sin sorpresa ni riesgo", con un "personaje clave en tiempos de crisis", un "bombero del Ejecutivo para desactivar las críticas" que "se enfrentó estoicamente a los insultos de los gallegos y supo frustrar las preguntas de los periodistas con sus juegos retóricos". "Muy apreciado en el PP y entre los electores, aparece sobre todo como el garante de la línea de Aznar (…). Sin embargo estará menos cómodo en asuntos de orden económico e internacional", donde es un "defensor ferviente del alineamiento proamericano". "Según algunos analistas, esta falta de perfil internacional sería una de las razones por las que Aznar le ha elegido" al ser "una personalidad que no pudiera hacerle sombra".

Le Monde: Un "delfín designado para asegurar la continuidad de la política de acercamiento a Washington y de firmeza frente a los regionalismos", Rajoy "debe su reputación de hombre de Estado a su capacidad de diálogo pero también de resistencia". "No ha sido fácil para este gallego ser acogido con insultos cada vez que ponía pie en su tierra natal. Todavía son muchos los que no le han perdonado la mala gestión de la crisis y algunas frases desafortunadas". "Su llegada al poder no va a cambiar las grandes líneas del PP pero sí aportará otro estilo. Mientras Aznar aparece frecuentemente como un grosero, no dudando en insultar o humillar sus adversarios, Rajoy es un hombre medido, calmado y flexible que además sabe convencer a la gente por su sentido del humor". Como Le Figaro, señala que a "Aznar se le atribuyen ambiciones europeas o internacionales".

Clarín: "Rajoy deberá legitimar su liderazgo en una serie de agotadoras campañas electorales", asegura el conocido periódico argentino. "Aznar ha elegido a Rajoy porque en las encuestas reservadas del Partido Popular reunía casi el mismo porcentaje de apoyo que Rodrigo Rato, el responsable de la conducción económica, pero suscitaba menos rechazos." "El nuevo líder deberá ratificar esta ventaja [del PP] en las próximas elecciones generales o su prestigio quedará seriamente deteriorado. Y si eso sucede, ¿qué hará José María Aznar?".

Reforma: En México se ha recogido la victoria de Rajoy frente a Rato y "Ruiz-Gallardón, sumamente popular entre el electorado". "En la lista de sus prioridades colocó al terrorismo" y "su primer desplazamiento será justamente al País Vasco". Este diario señala como mayor logro de Aznar "un notable crecimiento de la economía española (…) y un déficit público cero desde 2001", pero recalca que "en los últimos diez meses ha sido blanco de fuertes críticas" por la gestión de la crisis del Prestige y "su ferviente adhesión a la intervención militar británico-estadounidense en Iraq".

Jornal do noticias: Titulando con El PP se renueva, este diario portugués informa que Aznar justificó su decisión considerando a Rajoy "un garante de continuidad y el mejor candidato". "Según los sondeos, es el ministro mejor valorado por el electorado español, y en los medios políticos está considerado como conciliador y dialogante". "Aznar le cede no solo las responsabilidades del partido sino además el protagonismo político".

Frankfurter Allgemeine Zeitung:  Califica como "Un rayo en Madrid" la "sorpresa" que ha causado la decisión de Aznar, un hombre "al que le gusta dejar siempre los deberes hechos".

Un pensamiento político continuista

Todos los analistas coinciden en señalar que Aznar ha visto en él al hombre capaz de seguir y defender mejor su legado ideológico. En los últimos años, Mariano Rajoy ha puesto de manifiesto en sus diferentes declaraciones un pensamiento claramente en línea con la posición de los gobiernos de José María Aznar, si bien matizado con ciertas dosis de ironía y galleguismo. Su inquebrantable defensa de la actuación del Gobierno en las crisis de Iraq y del Prestige –aún reconociendo pequeños errores–, la negativa a cualquier reforma de la Constitución o de los estatutos de autonomía y un acuerdo total con la línea económica de austeridad presupuestaria se han confirmado como algunas de sus creencias fundamentales.

Por T. L.

En su paso por cuatro ministerios, las palabras del nuevo secretario general del Partido Popular han estado en plena consonancia con el pensamiento oficial del Gobierno. Leal es una palabra que puede definir perfectamente a Mariano Rajoy, al que también hay que reconocerle que ha sabido introducir en sus declaraciones tonos y matices que las alejan de la crispación y la dureza que ha caracterizado el discurso de Aznar, especialmente en los últimos meses.

Guerra de Iraq:   "Nadie quiere la guerra y el Gobierno tampoco". "España no puede tener una postura ante ETA y otra ante Al Qaeda y Hussein, porque dejaría de ser un país creíble". "El presidente no ha estado solo. Ha estado apoyado por todos sus colaboradores". "Yo asumo, igual que el presidente, la responsabilidad que pueda tener en el asunto de la guerra de Iraq". (Febrero 2003)

"Esta intervención supone un paso adelante hacia una mejora en la seguridad internacional (…) en la lucha contra el terrorismo (…), en el respeto a las decisiones de Naciones Unidas (…)". "No creo que la posición de España haya sido una posición en solitario ni de seguidismo de EE UU". "Que Iraq tenía armas de destrucción masiva y que las tiene es casi un hecho objetivo. Yo tengo la convicción de que aparecerán". "Hicimos el mayor esfuerzo de que fuimos capaces para explicarlas [las razones de la guerra], pero es evidente que, al menos en los primeros momentos, no ha sido bien entendida por una parte considerable de la sociedad española". (Abril 2003)

‘Prestige’:  "Son unos pequeños hilillos que se han visto, cuatro regueros que se han solidificado con aspecto de plastilina en estiramiento vertical". "¿Lo hicimos bien o lo hicimos mal? [al alejar el barco] Pues no lo sé, lo que es evidente es que el resultado ha sido malo. Ahora, ¿quién garantiza que el resultado no hubiera sido peor si no hubiéramos aceptado alguna de las otras dos posibilidades? No lo sé". "Yo nunca he mentido, he dicho fundamentalmente lo que me decían los técnicos". "No sé si el juicio que se ha hecho por la opinión pública es un juicio justo". "Los gallegos han estado mucho mejor que sus dirigentes políticos, incluido el Gobierno". "¿Cómo no voy a entenderlos? [a los pescadores] ¡Pero si yo soy de aquí!". (Diciembre 2002)

 [Sobre la presencia de chapapote] "El verano ha ido razonablemente bien. Hay sitios con problemas y otros sin ellos; lo que hay que hacer es un juicio equilibrado". (Agosto 2003)

PSOE / Zapatero: "Al PSOE lo veo con problemas internos para mantener un discurso único. A mí me preocupa en el tema del terrorismo y me preocupan sus contradicciones sobre la estructura territorial del Estado" (2002).

"Ustedes apoyan las huelgas generales y yo no apoyo ninguna huelga general, ni ésta ni las hechas contra sus gobiernos". (Junio 2002)

"El PSOE está con muchas prisas, y cuando se tienen muchas prisas se cometen muchos errores y se actúa de forma poco responsable". (Febrero 2003)

 [Sobre el Prestige] "El discurso que hizo el señor Zapatero el otro día es el de un señor que no sabía una palabra del tema (…) Es una cosa de risa" (Diciembre 2002). "El PSOE ha tratado de aprovechar políticamente una desgracia [el Prestige] y eso le pasará factura". (Febrero 2003)

[Sobre Iraq] "Es repugnante y es sucio decir una cosa en la oposición y decir otra en el Gobierno". (Febrero 2003)

"Yo desde luego, me quedaría más tranquilo si el señor Zapatero no fuera el presidente del Gobierno. Creo que en algunos de los asuntos importantes que se han producido en los últimos tiempos no ha estado a la altura de las circunstancias, ni él ni su equipo". "Sin el Prestige y sin Iraq, Zapatero sería irrelevante en la política española". (Abril 2003)

[Sobre la crisis de Madrid] "Estos problemas internos del PSOE que, según nos enteramos ahora, todos los socialistas conocían, los vamos a pagar todos los ciudadanos". (Junio 2003)

ETA: "Creo que veremos su final. El proceso de locura no puede durar indefinidamente". (Enero 2001)

"ETA tiene capacidad operativa y apoyo social. Esto no debemos olvidarlo". (Septiembre 2001)

"A estas alturas, negar la relación, la complicidad y la circunstancia de servir a los mismos objetivos de Segi, Gestoras, Egin o Batasuna me parece que requiere un esfuerzo de imaginación que no soy capaz de hacer". "Hay datos (…) que revelan una firme voluntad de Francia de la que yo estoy muy satisfecho, y también estoy muy satisfecho de la colaboración de EE UU, pero no daré más detalles". "El problema del País Vasco es un problema de dictadura (…), la única en Europa occidental". (Febrero 2002)

[Sobre el cierre de Egunkaria] "Yo respeto y acato las decisiones judiciales, me gusten o no. Y ésta me gusta, porque tengo la firme convicción de que éste es un grupo que está en la órbita de la organización terrorista". (Febrero 2002)

"Ni los responsables políticos de la Ertzaintza, ni su partido, ni el Gobierno vasco creen que hay que luchar contra el entorno de ETA". (Junio 2002)

Plan Ibarretxe: "Cuando todo el mundo va a procesos de integración, se impulsan procesos de segregación contrarios a lo que dicta el sentido común y los tiempos". (Junio 2002)

 [Hacia dónde va el PNV] "Los más indicados para responder a esa pregunta son los dirigentes del PNV, y no creo que sean capaces de hacerlo". (Abril 2003)

"El proyecto de Ibarretxe es claramente un instrumento que no busca la convivencia sino lo contrario". "El conjunto de la sociedad y de las organizaciones sociales y empresariales deben transmitir al Gobierno vasco que éste es un instrumento de división e inestabilidad". (Agosto 2003)

[Zapatero] "puede entrevistarse con quien quiera, pero nosotros no estamos dispuestos a hablar sobre una ruptura unilateral de las reglas del juego". "Ahora me dice en los medios de comunicación que se opone al Plan Ibarretxe, pero dice que de forma distinta que como lo hace el PP". "PP y PSOE deberían actuar conjuntamente". (Agosto 2003)

Modelo de Estado: "El problema no es pactar con partidos nacionalistas. El problema son sus planteamientos. No es lo mismo pactar con CiU, que es un partido maduro, que pactar con el PNV de Estella. El PNV de Estella no era el de otros tiempos". (Septiembre 2001)

[Sobre la reforma del estatuto] "no creo que haya ninguna necesidad de generar inestabilidad donde no la hay". "No tengo claro cuáles son las razones, cuáles son los objetivos (…) ni por qué es una prioridad". "Creo que por lo menos cabe exigir cierta prudencia a la hora de manejar según qué tipo de conceptos y (…) éste no es un asunto para enarbolarlo en una campaña electoral". (Abril 2003)

"Lo que se hizo [con la Constitución y los estatutos] no era de nadie en concreto, todo el mundo cedió en sus planteamientos y cualquier cosa que se pretenda hacer en el futuro debe ser una cosa de todos". (Agosto 2001) "Estamos dispuestos a hablar de cualquier cosa. Lo que sí creemos es que en este momento no tiene sentido plantear ninguna reforma en el tema constitucional". (Abril 2003)

Economía: "Decidimos que teníamos que hacer una congelación de los sueldos de los funcionarios porque entendíamos que España tenía que hacer un esfuerzo para cumplir los requisitos de la convergencia europea". (Enero 2001)

 "Sería tremendo romper una política económica que nos ha permitido crecer el doble de la UE, crear más empleo y bajar el IRPF". (2003)

 "El Gobierno tratará de seguir en su línea económica, a pesar de que en algunos casos genere problemas". (Julio 2003)

Aznar / PP: "El PP tiene la necesaria cohesión y fortaleza que debían adornar al otro gran partido español, el PSOE, pero donde brillan por su ausencia". (Enero 2002)

"Creo que hemos sido, en lo esencial, un Gobierno que ha tenido una cierta eficacia. Y también, sin duda alguna, habrán percibido errores en lo que es nuestra labor". "El PP es el gran partido reformista de la historia moderna de España". "El juicio de la historia [sobre la gestión de Aznar] será favorable". (Abril 2003)

"Aznar ha conseguido construir una gran fuerza política que representa a todo lo que es el espacio de la moderación del centro español, una fuerza política muy cohesionada". (Agosto 2003)

En Economía, pendiente de Rato

Son muchos los que ya han encontrado claramente el pie del que cojea el nuevo candidato del PP: el área económica, un negociado que siempre, desde que José María Aznar entró en La Moncloa, ha sido coto privado de Rodrigo Rato. Ahora, la gran incógnita está en saber si la decepción que se ha llevado el nuevo vicepresidente primero le permitirá aceptar formar parte del Gobierno Rajoy en el caso de que el PP gane en marzo y el gallego quiera a un hombre tan poderoso a su lado.

Por Vera Castelló

Mariano Rajoy ha pasado por media docena de ministerios, pero ninguno de los considerados económicos. El férreo control del capítulo económico que ha desplegado Rodrigo Rato durante estos años ha llevado a que Rajoy, pese a ocupar la Vicepresidencia de Gobierno, haya tenido contados contactos con el mundo empresarial y económico. De hecho, a parte de algunas citas con empresarios gallegos, sobre todo de cara a la puesta en marcha del Plan Galicia, una reunión con el Círculo de Economía en Barcelona y su asistencia al Encuentro ABC 2003 de la Economía Andaluza, el único encuentro reseñable con el mundo de la economía se produjo el pasado mes de noviembre cuando acudió a la Asamblea del Consejo Superior de Cámaras de Comercio, que preside José Manuel Fernández Norniella, amigo y colaborador del hoy derrotado Rodrigo Rato. Allí, ante más de 2.000 empresarios de toda España, coincidió con nombres tan insignes como Emilio Botín, Xabier de Irala, Jesús de Polanco, Alfonso Cortina, Íñigo de Oriol o Fernando Fernández Tapias.

Lo cierto es que Rajoy inauguró la Asamblea de rebote. Estaba previsto que fuera el Rey, sin embargo, el fallecimiento de su tía impidió su asistencia; Aznar se encontraba en la cumbre hispano-francesa, y Rato ya había estado en una Asamblea pasada, luego a los responsables del Consejo les pareció interesante conocer las opiniones del vicepresidente primero. Rajoy, de todas formas no fue muy osado y se limitó a exponer su visión sobre el papel de las cámaras de comercio.

Sin experiencia. No era la primera vez que a través de las Cámaras Rajoy mantenía un encuentro con empresarios. Con motivo de una de las reuniones de las Ejecutiva del Consejo el entonces vicepresidente cenó con los responsables de una veintena de ciudades.

Desde el Consejo se admite que Rajoy tiene una larga relación con las Cámaras, trato que se remonta a mucho antes de la llegada de Fernández-Norniella, a cuando él era presidente de la diputación en Pontevedra, cargo que le llevó a mantener estrechas relaciones con la cámara local.

"No es que Rajoy tenga el rechazo de los sectores económicos, sino que no tiene experiencia, y mucho menos la que avala a Rato", afirman desde una asociación empresarial. "Experiencia y poder porque Rato ha hecho muchos favores". Sin duda, en los despachos de muchas de las grandes empresas españolas hay nervios. En las mayores compañías del país, las privatizadas, se sientan hombres que fueron elegidos directamente por Rodrigo Rato para ocupar el cargo. El hilo directo que esperaban y presumían tener con el super ministro de economía como futuro presidente del Gobierno se ha tornado en un cruzar los dedos para que Rato siga de ministro y Virgencita que me quede como estoy. "La sensación es que Rato ha conseguido consolidarles suficientemente y que responderán de sus actos según su gestión, no según la suerte de quien les colocó" opinan desde una empresa privatizada, sobre el futuro de los llamados Presidentes.

Rato era el hombre que todo el sector dada por hecho que sería el designado. Incluso, aún hoy el empresariado español busca reponerse ante esta sorpresa. A este respecto, el grueso del sector confía en que Rato siga siendo fuerte en este último gobierno y en el próximo si el PP gana las elecciones. De momento, parece claro que Rodrigo Rato ha reforzado su poder en este que será el último gobierno de José María Aznar. Juan Costa, un hombre de su equipo, se ha hecho con la cartera de Ciencia y Tecnología.

Aunque lo cierto es que la CEOE nunca ha apostado públicamente por un candidato concreto –"le hubieramos hecho un flaco favor a Rodrigo al convertirle en candidato de la CEOE", admite un miembro de la patronal–, Rato era su claro favorito y todavía buscan reponerse de la sorpresa. "La comunidad empresarial está más cerca de Rato que de Rajoy, hay más familiaridad y proximidad y agradecimiento por la buena gestión, pero Rajoy también puede ser un excelente candidato", afirman desde la confederación de empresarios.

No se reconoce abiertamente la decepción y todos se agarran a la esperanza de que la política económica sea continuista y Rato se mantenga fuerte. "Lo importante no es el hombre, sino las políticas que desarrolle. Nos interesan más la marcha de la economía que los equipos", reiteran desde el entorno de la CEOE.

Una de las características del sucesor de Aznar es que tiene muy poco equipo político a su lado, al contrario de lo que ocurre con Rodrigo Rato, que ha sabido colocar a su gente en puestos claves del área económica. Hay muchos que piensan que precisamente el tener un equipo corto pero sincero ha jugado a favor de Rajoy y en detrimento de un Rato que tiene una corte excesivamente grande a su alrededor.

Un equipo aún por formar. De entre los colaboradores más cercanos del gallego apenas uno, Alberto Núñez Feijoo (ahora en el Ejecutivo gallego tras ocupar la presidencia del Ente Público Correos), presenta perfil económico, pero ninguno tiene las características necesarias para ocupar la cartera de Economía, y menos para ocupar una vicepresidencia capaz de aglutinar todos los derivados.

Así las cosas, comienzan a aparecer nombres de gente que puedan conformar el nuevo equipo que el candidato ha de forjarse. Además de Rato, desde la CEOE extraoficialmente se aupa a José Folgado y Cristóbal Montoro, ambos viejos conocidos de la patronal de patronales. El primero estuvo en su seno 17 años y el actual ministro de Hacienda hizo carrera en el Instituto de Estudios Económicos. Otros nombres que han vuelto a aparecer es el de Manuel Pizarro, más cercano a Aznar que ha Rodrigo Rato o incluso el del ex presidente del ICO Fernando Becker, con quien coincidió en los Jesuitas de León; sin embargo, grande ha de ser el poder de convicción del gallego para que el primero deje la presidencia de Endesa y el segundo su cómodo puesto en el área de Relaciones Institucionales de Iberdrola. "¿A quién se va a traer? ¿A un economista de Santiago? Aquí en Madrid los empresarios se lo comen. Hay que tener mucha talla para enfrentarse a, por ejemplo, un Alfonso Cortina", ironiza un empresario.

En el sector se da por hecho que Rato permanecerá en política. "No le gusta ocuparse de sus negocios. Sólo en la época de Hernández Mancha tuvo que hacerlo, pero por obligación. Él es un animal político", asegura una persona de su entorno. "De aquí a marzo, Mariano tiene tiempo de convencerle". Lo cierto es que la respuesta sólo la tienen el propio ministro de Economía y su nuevo jefe, Mariano Rajoy. El primero ha dejado claro públicamente que está a su disposición, y el segundo sabe que tendrá que delegar en un peso pesado y conoce la valía de Rato en el área económica.

El candidato es consciente de su laguna, por eso no dudó en incluir referencias económicas en su primer discurso después de ser elegido por el Comité Ejecutivo de su partido, defendiendo "el incremento del empleo y reducción paro". Para demostrar su valía también en este terreno, Mariano Rajoy tendrá una oportunidad magnífica el próximo mes de octubre, cuando en el Parlamento se afronte el debate de Presupuestos para 2004. Como registrador de la propiedad y hombre de amplia cultura, se le presuponen conocimientos de economía pero, y pese a ser el portavoz del Gobierno, siempre ha evitado pronunciarse sobre este tipo de cuestiones. Tan solo algunas alusiones sobre la repercusión en la estabilidad del sistema financiero del escándalo de las cuentas secretas del BBVA y el caso de la cesión de créditos o sobre la condena a Mario Conde y para apoyar la defensa gubernamental del déficit cero. A parte de, por supuesto, tener que afrontar el polémico decretazo y la consiguiente huelga general.

Los sindicatos son quizás los agentes sociales que con más recelos le han recibido. "Sale de un Gobierno que impulsó un decretazo en 2001 que provocó el aumento de la precariedad y otro decretazo en 2002 que dio lugar a una huelga general que el propio Rajoy quiso negar. Si sigue las políticas de empleo que han propiciado desigualdades y precariedad, no va a tener la simpatía de los trabajadores" afirma el secretario de Acción Sindical de UGT, Toni Ferrer. Desde Comisiones Obreras recuerdan que Rajoy, recién llegado al Ministerio de Administraciones Públicas, congeló el sueldo de los funcionarios.

Aunque previsiblemente su política económica será continuista respecto a la desarrollada por Rato, lo cierto es que a Rajoy se le puede ensombrecer el paisaje. España va mejor que el resto de Europa, pero no se sabe si finalmente la inercia del viejo continente arrastrará también a nuestra economía

Empieza la renovación del PP gallego

Liberado de la responsabilidad de ser el sucesor de Fraga, al asumir la más alta de liderar el PP, Mariano Rajoy no tiene intención de perder de vista el devenir político de su tierra natal. Con la salida de Cuiña durante la crisis del Prestige, comenzó una etapa de cambio en el seno de la fracción popular gallega que culminará con la sucesión de Manuel Fraga. Un delicado proceso que llevará la impronta del presidenciable gallego.

Por A. P. V.

Manuel Fraga había decidido no abordar el proceso de su sucesión hasta que Aznar resolviese el suyo. El presidente gallego reconocía que de este relevo dependería la decisión; o sea, aunque nunca dio nombres, que si Mariano Rajoy no resultaba elegido por el jefe del Ejecutivo para continuar su proyecto, volvería a Galicia en calidad de candidato a la Presidencia de la Xunta. Pero el nuevo líder del PP, dicen sus allegados, se ha librado de encabezar el proyecto popular gallego en 2005, pues reconocen que Rajoy, aunque adora su tierra natal, está muy a gusto en Madrid y no tenía ninguna gana de volver.

Otra cosa es que, ahora, en la posición en la que está, pueda poner orden, definitivamente, en la fracción gallega del partido. Con el relevo de Manuel Fraga como candidato a la Presidencia de la Xunta, Rajoy culminará un proceso de renovación que ya empezó con la crisis del Prestige, forzando desde Madrid el cese del ex conselleiro de Política Territorial Xosé Cuiña. Éste, autopostulado delfín de Fraga –que en el fondo tenía debilidad por él y nunca frenó sus pretensiones– lideraba en Galicia el sector del PP representante de la zona rural, el más amplio y, por tanto, poderoso. El polémico ex conselleiro encabezaba el llamado sector de la boina frente al del birrete, asociado al sector urbano, que lideraba desde Madrid Mariano Rajoy.

Las relaciones del hoy número uno popular y Cuiña nunca fueron buenas, por lo que a nadie extrañó que, cuando el ex vicepresidente cogió las riendas de la crisis del Prestige, el responsable gallego de Política Territorial dejase el Gobierno Fraga. Al mismo tiempo, don Manuel realizó una remodelación de su Ejecutivo e incluyó en éste a gente cercana a Rajoy, los conselleiros Alberto Núñez Feijoo, Pilar Rojo y María José Cimadevila. El proceso se completaba con la entrada en el Ejecutivo de Fraga, tras los comicios del 25-M, de un hombre de la máxima confianza del hoy líder nacional del PP, Xesús Palmou, como conselleiro de Justicia, cargo que había ocupado en 1996 y que abandonó en 1999 para sustituir a Cuiña en la Secretaría General del PP gallego. Entonces, se habló de evitar que un conselleiro fuese líder regional del partido como la mejor fórmula. Hoy, con Palmou, esa máxima parece haberse olvidado, aunque en realidad, razonan en Galicia, se trataba de apartar a Cuiña del liderazgo del PPdeG por deseo expreso de Génova.

Sucesión al estilo Aznar. La elección de Mariano Rajoy como sucesor de Aznar ha sido muy celebrada en el PP de Galicia. De hecho, la tradicional romería anual que los populares celebran en el compostelano Monte do Gozo y que tendrá lugar el próximo 21 de septiembre se convertirá en un entusiasta homenaje al nuevo líder del PP. Aunque parezca difícil superar la euforia de la romería de 2002, cuando los asistentes aclamaron a Rajoy, en presencia de Aznar, al grito de "¡Presidente!".

En el PPdeG son conscientes, aunque don Manuel haya dicho que "no es ahora el momento", de que toca empezar a buscar un buen candidato a la presidencia gallega para 2005. Su intención, según fuentes del ámbito popular gallego, es adoptar en la medida de lo posible el proceso seguido por Aznar. En este sentido, sin embargo, el asunto resultará más disperso, pues Fraga no tiene vicepresidentes, un cargo que nunca ha sido de su agrado.

Los tiempos de la sucesión gallega los marcará el propio don Manuel, reconocen desde la Nécora, sede del PP gallego, pero la elección de Mariano Rajoy como máximo responsable del partido, sin duda, imprimirá su desarrollo. De hecho, los candidatos que se barajan hoy para sustituir al jefe del Ejecutivo gallego son personas del entorno de Rajoy. Empezando por la actual ministra de Sanidad, Ana Pastor, que, desde luego, realizó una intensa campaña este verano por distintas fiestas y saraos tradicionales de Galicia: fiesta del Albariño en Cambados (Pontevedra), del Pimiento en Padrón (A Coruña), de la Vendimia en Leiro (Ourense),... La ministra, siempre muy bien respaldada o por el presidente de la Xunta o por otras autoridades gallegas, "que viendo sus posibilidades como sustituta de Fraga, se dan codazos –aseguran malas lenguas en Galicia– para hacerse la foto con ella", se mueve cada vez con mayor soltura por su tierra gallega de adopción (es zamorana de nacimiento). Le queda perfeccionar el idioma, ya que no lo habla con la soltura suficiente que le corresponde a una presidenciable gallega.

Seguramente, Mariano Rajoy ve en su amiga a la candidata ideal para inaugurar oficialmente una nueva etapa en Galicia si se hace con la Presidencia de la Xunta. Y Ana Pastor, según fuentes que siguieron su periplo por Galicia, parece encantada con la posibilidad de liderar el proyecto del líder del PP en la región. La titular de Sanidad confirmó estas impresiones durante una entrevista en Onda Cero el pasado martes: "Siempre he trabajado por mejorar las políticas públicas de esta tierra y lo seguiré haciendo desde un proyecto en el que creo". Asimismo, en Telecinco, subrayaba: "Mi dedicación a Galicia en lo que me pida el partido es y será plena".

Candidatos con el sello de Rajoy. Sin embargo, y puesto que el nombre del sucesor de Fraga no se hará público de forma inminente, por detrás de Pastor hay tres otros candidatos, al menos, que no son en absoluto descartables. El sustituto de Cuiña al frente de la consellería de Política Territorial, Alberto Núñez Feijoo, llegó desde la Dirección Nacional de Correos, dependiente del Ministerio de Fomento, para poner orden en un departamento condicionado por la personalidad del ex delfín de Fraga y puesto en tela de juicio constantemente por presuntos cruces de intereses entre los negocios de Cuiña y su actividad política. Núñez Feijoo, nacido en Ourense, empezó en la política gallega de la mano del hoy presidente de Consejo de Estado, José Manuel Romay Beccaría, cuando éste fue conselleiro. Romay se llevó a Núñez Feijoo a Madrid en su etapa de ministro de Sanidad y allí se quedó el ourensano hasta que Rajoy le pidió que sustituyera a Cuiña.

También el hombre fuerte de Rajoy en Galicia, Xesús Palmou, es una opción muy a tener en cuenta. El secretario general del PP gallego y conselleiro de Justicia desde el pasado mes de junio, fue el encargado de ejecutar el inicio de la remodelación del PPdeG por imperativo de la calle Génova. Sus estrechos lazos con el búnker popular le trajeron más de un disgusto cuando Cuiña fue sustituido, pues sus fieles no dudaron en tachar públicamente a Palmou de traidor por haber forzado el cese del de Lalín. Hoy, tras su acceso a una consellería y la elección de Rajoy como sucesor de Aznar le sitúan en un puesto imprescindible para orientar el futuro de PP gallego y la compleja sucesión de Fraga, que tiene puesta plena confianza en su número dos.

Enrique López Veiga, conselleiro de Pesca y Asuntos Marítimos, dejó sus responsabilidades europeas para asumir esta responsabilidad, clave en Galicia, cuando en 2000 dimitía del cargo Amancio Landín. López Veiga, que ya había ocupado este puesto anteriormente, fue muy bien recibido en el sector pesquero gallego, que lo calificó de necesario "hombre de acción". Sin embargo, al nuevo conselleiro le tocó bregar con una de las etapas más duras del Gobierno Fraga, la crisis del Prestige, que incluso hizo tambalearse la credibilidad del responsable de Pesca al asegurar que Manuel Fraga no había salido de Galicia el fin de semana de la tragedia, cuando días más tarde se demostró que el presidente de la Xunta se había ido de caza. Además, López Veiga, durante los primeros días de la catástrofe, la minimizó en diversas ocasiones, lo que le trajo un sinfín de peticiones de dimisión por parte de la oposición. También en la crisis del Prestige, el conselleiro de Pesca protagonizó, junto a otros titulares cercanos a Rajoy, como el de Economía, Antonio Orza, un enfrentamiento con Cuiña, que se negaba a aceptar el mando de Madrid en la gestión del desastre. La cuestión se saldó con la salida de Cuiña del Ejecutivo gallego y el triunfo de las tesis de Rajoy, que marcaron la nueva etapa del PPdeG.

Difícil papeleta para el PSOE

La maquinaria electoral del PSOE ya funciona a pleno rendimiento. La designación de Mariano Rajoy como sucesor de Aznar ha precipitado los acontecimientos en un curso político que con cinco elecciones en diez meses se presenta vertiginoso. Zapatero sólo tiene en estos momentos un objetivo inmediato: recuperar la iniciativa política aprovechando el periodo de transición entre Aznar y su sucesor en el PP. Eso, y conseguir algún triunfo electoral y mediático antes de enfrentarse con Rajoy en las urnas en marzo. Sin embargo, en las sedes socialistas no reina precisamente el optimismo.

Por David Fernández

Los socialistas son conscientes de que el traspaso de poderes en el PP no creará, al menos de momento, una crisis interna en el partido del Gobierno, por lo que sus mensajes a la opinión pública en las próximas semanas se apoyarán en dos pilares: el procedimiento "cesarista" que ha utilizado Aznar para elegir a su sucesor en el partido y la responsabilidad de Rajoy en las decisiones "autoritarias, antisociales y antiguas" del Ejecutivo.

"El liderazgo de Rajoy ha nacido con un pecado original del que difícilmente podrá desprenderse a corto plazo: el procedimiento antidemocrático, anticonstitucional y autoritario por el que ha sido designado, que no elegido, es una losa", asegura un dirigente del Grupo Parlamentario Socialista para explicar el primer pilar de su estrategia. "Aznar decide y su partido aplaude sus imposiciones", asegura otro parlamentario que califica el proceso sucesorio en el PP como "abyecto". 

Frente a esa falta de democracia interna en el PP, los socialistas pretenden reivindicar su modelo: elecciones internas para elegir a su líder entre diferentes candidatos y convocatoria de un proceso de primarias para designar a su candidato a la Presidencia del Gobierno, aunque nadie compitiera contra Zapatero. "Sólo quien se conduce vitalmente como demócrata puede aportar un plus al sistema democrático. Y el PP confunde permanentemente gobierno y partido", asegura un miembro de la ejecutiva federal. "Los ciudadanos tienen que diferenciar claramente entre un candidato que pretende heredar el poder y otro que quiere gobernar respetando las normas del juego y de la limpieza democrática", explica un diputado cercano a la dirección socialista que reconoce que el objetivo final es poder recuperar el discurso de Zapatero sobre la necesidad de poner en marcha un proceso de regeneración democrática frente a la "democracia de baja calidad que propone y ejecuta el PP".

Y con esa idea entronca el segundo pilar de los argumentarios socialistas: Rajoy es tan responsable como Aznar del deterioro democrático tras casi ocho años de gobierno. "Ahora Rajoy deja el Ejecutivo para evitar el control parlamentario y pretende desvincularse simbólicamente del proyecto de Aznar cuando ha sido el brazo armado de las políticas autoritarias y antisociales que han ejecutado desde 1996", asegura un dirigente socialista. "Los ciudadanos no pueden olvidar que Rajoy siempre ha sido la cara y la voz del Gobierno a la hora de defender la guerra de Iraq, el decretazo, la gestión del desastre del Prestige y las vacas locas o la reforma educativa, frente a millones de ciudadanos que protestaban en la calle" añade la misma fuente.

La estrecha vinculación política que Rajoy mantiene con Aznar ha marcado de hecho las primeras intervenciones de la nueva portavoz socialista, Carmen Chacón, que define la actitud del PP como "continuismo sin complejos" y la de Rajoy como "obediencia ciega". Chacón considera que "Rajoy, en su vida política, ha sido muy coherente; se le conoce básicamente una sola opinión: lo que diga Aznar". Los socialistas consideran que Rajoy será "tutelado" por Aznar, "porque cuando alguien decide darle todo a un candidato, ese candidato se lo debe todo a quien le ha señalado con el dedo".

A por el ‘número dos’. Sin embargo, en Ferraz están convencidos igualmente de que tendrán muchos problemas para convencer a los ciudadanos de que Rajoy es culpable de las políticas más autoritarias del Gobierno y que han provocado manifestaciones multitudinarias. "Rajoy no es lo mismo que Aznar y así lo perciben los ciudadanos, que no le ven como autoritario ni antisocial", reconoce un diputado que ironiza con el tercer calificativo de la "triple A" (la estrategia diseñada hace meses en Ferraz): "Más fácil será explicar que es antiguo". Incluso el propio Zapatero reconocía hace semanas que su contrincante "tiene una especial habilidad para echar balones fuera". En la ejecutiva lo tienen claro: "Las políticas son de los gobiernos. Y Rajoy era el número dos del Gobierno Aznar".

Para lanzar estos mensajes, Zapatero ha elegido a Camen Chacón como portavoz del comité electoral. Chacón cuenta con la confianza de Zapatero y con el aval del hombre fuerte del PSC, José Montilla. La ejecutiva está convencida de que Chacón transmitirá el fondo de su mensaje con las formas adecuadas y acabará con las dudas que generaba hasta ahora José Blanco en algunos sectores. Blanco tampoco será, además, el coordinador el programa electoral, una misión encomendada a Jesús Caldera. No son pocos los que piensan que estas dos decisiones no son casuales y están destinadas a "limitar" el poder del secretario de Organización tras las últimas crisis del partido.

Otro problema de la estrategia socialista, según reconocen algunas fuentes, es la férrea unidad que está demostrando el PP en todo el proceso, que no ha sorprendido a la dirección socialista pero que sí perjudica la labor de desgaste que pretenden ejecutar. Además, en Ferraz son conscientes de que esa unidad podría incluso volverse en su contra si alguno de los barones cuestionara la estrategia de Zapatero en pleno periodo electoral, una posibilidad que un dirigente socialista descarta: "La cumbre de Santillana ha acabado con cualquier peligro de división interna en torno a los temas con los que de manera más sucia nos ataca el PP. Hemos llegado a un consenso sobre el modelo de Estado que defiende el PSOE en el marco de la Constitución y Bono, Maragall, Ibarra o Chaves tienen un discurso común". Otros no son tan optimistas y temen que cualquier discrepancia entre sus líderes territoriales sea magnificada y ponga en cuestión el liderazgo de Zapatero y su capacidad para mantener la unidad del PSOE en torno a un proyecto común.

Las elecciones catalanas serán la primera gran prueba que tendrá que superar la unidad salida de Santillana y ratificada en el último comité federal. La ejecutiva es consciente de que en Cataluña, los socialistas se juegan mucho más que el PP, que ha situado a Pasqual Maragall en el centro de la diana. Y para demostrar que el candidato a la Generalitat comparte el proyecto del PSOE y viceversa, los principales barones visitarán Cataluña en las semanas previas a las elecciones.

Zapatero cree que el PP utilizará las elecciones en Cataluña como banco de pruebas de su liderazgo en el PSOE y se volcará en la campaña: sobre todo porque la victoria de Maragall sería el gran triunfo que anhelan en Ferraz para enfrentarse a las legislativas después de la previsible derrota de la izquierda en la repetición de las elecciones en Madrid. Un miembro de la ejecutiva federal es contundente: "Al PP le importa poco España y que por primera vez una nacionalidad histórica sea gobernada por los socialistas y no por los nacionalistas. Prefieren que gobierne CiU antes que el PSC: su candidato es Artur Mas, ni hablan de Piqué".

En el caso de Madrid pocos en el PSOE son optimistas: "La crisis de Madrid y la comisión de investigación nos han hecho daño", reconoce un dirigente nacional del partido que augura una alta abstención entre los votantes de izquierdas. Desde la ejecutiva federal se confía en que "los cheques no derroten a la democracia" y los votantes acudan a las urnas. A pesar de todo, la de Madrid es la primera cita electoral del ciclo y el PSOE tratará de presentar durante la campaña los ejes de su programa para las generales: democracia, bienestar social e innovación. En esas ideas ya trabajan más de 500 personas de todos los ámbitos distribuidas en 70 grupos de trabajo. Los socialistas, eso sí, se niegan a considerar las autonómicas de Madrid como una primera vuelta de las generales y apenas modificarán la lista.

Sin embargo, antes de las elecciones los socialistas deberán cerrar otra profunda herida: la dimisión de Cristina Alberdi por discrepancias con la línea marcada por Simancas y Caldera. "Parece imposible cerrar la crisis de la FSM", reconoce un diputado, que lamenta la actuación de la ex ministra. "No parece razonable que actúe así y critique tan duramente al partido cuando ella fue la máxima responsable de la FSM durante cuatro años", añade. Otro diputado afirma que "algunas de las críticas de Alberdi las comparte buena parte del grupo parlamentario. Pero sus formas son inaceptables: no es el momento de romper la unidad y cuestionar el liderazgo de Zapatero". Alberdi, expedientada, seguirá en el Congreso. "La elaboración de las listas está muy cerca y hay muchos en el partido que están muy nerviosos" advierte una fuente del grupo. "Sobre todo entre la vieja guardia".

(*) Publicado en El Siglo.08.09.03


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