OPINIÓN E IMAGEN

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PRIMERAS DESERCIONES POR LA AUTOSUFICIENCIA DE AZNAR

¡ATERRIZA!

22.10.01

Se van. Dos incondicionales del presidente del Gobierno, un batallador diputado desde 1989 y el decano del Congreso dan carpetazo final a su actividad en el Parlamento. Una "decisión personal" con la que justifican su marcha, que encaja perfectamente con el hartazgo de una inactividad decisoria que reconocen, por otro lado, en el ámbito privado. La burbuja que mantiene a José María Aznar alejado de una tumultuosa realidad política por la que no responde empieza a resultar muy molesta para el PP.

Ana PARDO DE VERA

Todavía no han presentado la baja en su escaño, pero José María Robles Fraga, Guillermo Gortázar, Fernando Fernández de Trocóniz y Manuel Núñez lo abandonarán  en las próximas semanas. La decisión ya está tomada y es prácticamente inamovible, de hecho, cada uno de ellos ya tiene ubicado su próximo destino, muy lejos del viejo caserón de San Jerónimo. Así, los cuatro diputados han iniciado las diligencias para incorporarse –en algunos casos, reincorporarse– en sus futuros cargos. Hasta que esto se produzca, ninguno de los parlamentarios desea hacer declaraciones sobre las razones que les impulsaron a abandonar las Cortes y subrayan que se trata únicamente de una "decisión personal", tal y como han hecho saber a esta revista fuentes oficiales del PP y del Grupo Popular en la Cámara Baja.

Sin embargo, sus señorías no han podido evitar la sorpresa que ha provocado tal resolución fuera de su entorno, especialmente en tres de los casos, puesto que Manuel Núñez, el único diputado que ha estado presente en el hemiciclo durante las siete legislaturas democráticas, tendría pendiente su incorporación en el Tribunal de Cuentas, sostienen en su entorno, "premiado por su larga y fiel trayectoria de parlamentario". El decano del Congreso de los Diputados es pues, el único que se retira relativamente satisfecho, sintiéndose correspondido por el partido y sus actuales mandatarios, aunque, según las mismas fuentes, "resultará muy extraño no ver a un hombre que, en contra de lo que es habitual y, desde luego, censurable, se caracteriza por su asistencia puntual a los plenos". También, sin duda, se le echará de menos entre los medios gráficos, pues su escaño del hemiciclo, situado justamente detrás de los sillones de los ministros, lo ha inmortalizado en un sinfín de imágenes y elevado así al "rango de histórico omnipresente", añade un popular con cariño.

Al parecer, no ocurrirá con Robles Fraga, con Gortázar o con Fernández de Trocóniz lo mismo que con Manuel Núñez, y ni habrá una compensación pública ni se producirá un alzamiento al podio de los fieles proporcionales a la incondicionalidad que mantuvieron con el jefe del Ejecutivo estos próceres del Partido Popular desde épocas pregubernamentales. Alguno de ellos ha llegado a reconocer a sus más allegados el hastío al que le ha llevado una situación en la que su actividad más emocionante es pulsar el botón correspondiente de las votaciones parlamentarias, algo muy significativo si se tiene en cuenta que dos de los desertores, José María Robles Fraga y Guillermo Gortázar, ocupan, aparte de su escaño de diputados nacionales, cargos importantes en el PP, cuyo abandono asimismo no ha sido confirmado, pero que tampoco se descarta con posterioridad a la celebración del próximo Congreso del partido, previsto para enero de 2002.

Antecedentes. Especialmente "sangrante", opinan en el entorno de Génova, es la situación de José María Robles Fraga, secretario de Relaciones Exteriores, miembro del Comité Ejecutivo Nacional del PP y diputado por Córdoba en las tres últimas legislaturas. A algunos de los inquilinos de la sede nacional del PP, les recuerda mucho el caso del que fuera asesor personal de Aznar en materia de Asuntos Exteriores durante su etapa en la oposición, al de Javier Rupérez, embajador de España en EE UU desde junio de 2000. Un amigo personal de Rupérez señala que éste, en realidad, se fue desentendiendo poco a poco de su actividad política desde que el PP alcanzó la mayoría absoluta el 12 de marzo de 2000. Así, en mayo del pasado año anuncia su dimisión como presidente de la Internacional Democristiana (IDC), que ocupaba desde 1998 y, días más tarde, abandona asimismo la presidencia de la Asamblea Parlamentaria de la OTAN. Su nombramiento como embajador en Washington supone finalmente que deje las Cortes españolas, harto, según confirma el mismo allegado de Rupérez, también ex diputado popular, de haberse convertido en una mera presencia en el Parlamento "en virtud de los que Aznar consideraba sus ‘nuevas estrellas’, Javier Arenas, Ángel Acebes o Rafael Hernando, entre otros". Para la misma fuente, el hoy embajador en EE UU no era el único que se sentía relegado por el presidente del Gobierno y él mismo se incluye en aquel grupo "más numeroso de lo que pueda parecer". En la línea de Rupérez, Robles Fraga ha aceptado ocupar la Embajada española en Rusia y está a la espera de que el Gobierno de Vladímir Putin le otorgue el plácet para presentar la baja de su acta de diputado y anunciar su nombramiento diplomático.

Aunque el responsable de Relaciones Exteriores del PP ha sufrido un pequeño susto cardiaco este verano, del que está felizmente recuperado, y en círculos próximos al diputado cordobés se apunta su necesidad de dedicarse a actividades más tranquilas que la política, lo cierto es que ejercer la máxima representación española en Rusia, en este contexto mundial tan conflictivo, no es precisamente sinónimo de relajación. Desde los pasillos del Congreso se precisa que Robles Fraga debería haber sido nombrado ministro de Asuntos Exteriores cuando el PP obtuvo la mayoría absoluta, y de hecho, sonaba como uno de los ministrables más seguros tras el triunfo absoluto del 12-M. Pero José María Aznar le dio "inexplicablemente" esta cartera a Josep Piqué y José María Robles, aunque nunca lo reconoció públicamente, vio truncadas sus expectativas.

Muy similar a la de Robles Fraga es la situación de Guillermo Gortázar, secretario ejecutivo de Documentación y Análisis del PP, miembro del Comité Ejecutivo Nacional y diputado nacional por Barcelona en las tres últimas legislaturas. El marido de la ministra de Educación y Cultura, Pilar del Castillo, está considerado uno de los ideólogos del partido que tuvo más influencia en la carrera política de José María Aznar, uno de los fontaneros que llevó a los populares a La Moncloa. De hecho, el contacto directo y su amistad personal con el jefe del Ejecutivo llevó, a él y a su mujer, a afiliarse al PP en 1990 y a convertirse Gortázar en el secretario de Formación, después de haber militado en Bandera Roja y en el PCE entre 1971 y 1975 y permanecer 15 años alejado de la política y dedicado de lleno a actividades docentes, éstas que le llevaron a EE UU en donde se empapó del liberalismo capitalista y que le devolvió a España convertido en un hombre de centro.

Semejante trayectoria, ligada personal y profesionalmente al líder popular, a lo que se suma la eventualidad de ser marido de ministra –él mismo sonó para formar parte del Gobierno Aznar, pero nunca se materializó esta posibilidad, dicen en el PP que no sin cierta decepción por su parte–, ha rodeado su renuncia al escaño de diversas interpretaciones, desde la de mayor peso, que apunta al mismo hartazgo de la actitud autosuficiente de Aznar que se le achaca a Robles Fraga –no hay más confianza que la que el presidente tiene en sí mismo–, hasta su necesidad como intelectual nato de volver a la universidad, pasando por una combinación de ambas. Lo cierto es que el eficiente y ¿fiel aznarista? Gortázar ha pedido su reincorporación a la universidad como catedrático de Historia, dejando en el aire, de momento, su salida o no del aparato central del Partido Popular.

El abandono, por otra parte, del diputado por Salamanca Fernando Fernández de Trocóniz, resulta menos insólito, pues el también ex alcalde salmantino siempre ha sido un hombre muy vinculado a actividades empresariales en su localidad. No deja de sorprender en su entorno, sin embargo, que el que ha sido diputado nacional desde 1989 de forma interrumpida por dos años, abandone el escaño con una trayectoria tan consolidada en las Cortes: fue azote implacable de los socialistas durante la "comisión Banesto" y en la Cámara Baja todos le reconocen una extraordinaria preparación que merece actividades de "mayor peso" que la de apretar un botón para votar las proposiciones correspondientes. Por eso se marcha, alegan, y aunque se sostiene que ha pedido su reincorporación a la Abogacía del Estado, sus compañeros habituales de las Cortes, mantienen que, en realidad, quiere volcarse en los negocios. "La más satisfecha con esta situación es Piluca (Pilar Tapia Alonso), su mujer, pues ahora le dedicará más tiempo a su familia", aseguran en medios salmantinos. Fernández de Trocóniz, un hombre introvertido miembro de una antigua familia de Salamanca, asistió en 1993 a la aprobación casi por unanimidad durante una sesión secreta del pleno del Congreso de un informe en el que se constataba su incompatibilidad al realizar trabajos remunerados para 19 ayuntamientos salmantinos y zamoranos, algo tajantemente prohibido por la Ley Orgánica de Régimen Electoral General (LOREG).

El "responsable directo". "Que nadie se engañe –sostienen fuentes muy cercanas a Génova–, el responsable directo de la sensación de orfandad y desconcierto que tiene el PP es José María Aznar".  El presidente del Gobierno aparenta estar más preocupado por su imagen exterior en todo lo que atañe a la guerra en Afganistán, especialmente en lo que a su amistad con el presidente Bush se refiere, una relación muy cuestionada por la oposición, que cree que no hay tal camaradería, que en los problemas internos de su partido. El nerviosismo imperante en Génova se filtra por todos los poros del edificio central del PP y las causas de esta inquietud van desde el escándalo Gescartera con sus múltiples ramificaciones, hasta la cuestión sucesoria, que, aun con formas muy difusas, va enfrentando a unos sectores del partido con otros y creando distintos núcleos de poder interno. A mayores, estos dos motivos principales del desasosiego popular encuentran un fuerte nexo de unión en la figura de Rodrigo Rato, por un lado, porque el vicepresidente segundo y ministro de Economía había sonado como número uno en la carrera sucesoria y, por otro, porque Rato ha sido el responsable del Gobierno más tocado por el escándalo de la agencia de valores. Los más agoreros en su entorno ya habían dado incluso una fecha para su dimisión, el lunes 8 de octubre.

Sólo Javier Arenas parece tratar de templar los ánimos, tanto en el Partido Popular como en el Grupo Parlamentario. Pero no es suficiente, la imagen malhumorada y de alejamiento de José María Aznar empieza a resultarles molesta incluso a los suyos, así que ya han trascendido la celebración este mes de varias reuniones internas en el partido; un inusitado encuentro de Aznar con el Grupo Popular celebrado en el Congreso de los Diputados con la presencia de medios de comunicación, y varios desayunos celebrados con algunos parlamentarios en La Moncloa a finales de septiembre, costumbre retomada después de cuatro años. Se intenta poner freno así a una imagen del presidente cada vez más distante y autosuficiente, que, no obstante, él ha contribuido a forjarse definitivamente con su ya famosa frase "Yo sólo confío en mí mismo". Algún popular ha llegado a decir de ella que no se puede afirmar semejante cosa cuando Aznar es perfectamente consciente de que "él solo nunca lo hubiera conseguido". Y ahora, algunos de los que le ayudaron a "conseguirlo" han decidido abandona

22.10.01


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