OPINIÓN E IMAGEN

OPERACIÓN PERBES II

Estarían los mismos que el ya histórico 26 de agosto de 1989 y algunos más. Serían entre veinte y treinta los que se reunirían en torno al presidente del PP, que además es presidente del Gobierno, para decidir quién será el candidato a sucederle. Podría ser en Quintanilla de Onésimo, Valladolid, en vez de en Perbes, A Coruña, aunque el lugar elegido para este encuentro sería anecdótico. Lo importante es participar y de eso se trata. Desde el XIV Congreso del PP del pasado mes de enero, los históricos del partido se revuelven en sus puestos temerosos de que José María Aznar no cuente con su opinión a la hora de designar a su heredero y se han puesto manos a la obra para forzar una consulta del jefe del Ejecutivo a un comité de sucesión integrado por ellos que podría ver la luz tras los comicios de 2003.

Por Ana Pardo de Vera

Empezó el presidente fundador del PP, Manuel Fraga, lanzando mensajes a Génova 13 que contradecían la línea del partido: más protagonismo de las Comunidades Autónomas en la Unión Europea; reforma del Senado previa reforma de la Constitución; el BNG ya no es un lucifer nacionalista, sino el hijo pródigo que vuelve al redil; Ibarretxe está más receptivo que nunca... Pero había un mensaje subliminal en esa aparente insurrección del León de Vilalba, de la que informó El Siglo en su día (ver núm. 499, Se revuelve. Fraga le discute la sucesión a Aznar), que venía a decir algo como "Yo te nombré a ti y yo debo intervenir en tu elección, porque sin mí, tú no estarías aquí". ‘Yo’, naturalmente, es Manuel Fraga y ‘tú’ corresponde a José María Aznar.

Don Manuel no fue el único que dio la voz de alarma sobre que la elección del sucesor de José María Aznar se estaba fraguando como una decisión personal del que en 2004 será sucesor de Fraga y antecesor del designado. Durante el XIV Congreso del Partido Popular, celebrado los pasados 25, 26 y 27 de enero, una voz, hasta entonces entregada al mutismo en el Ministerio de Fomento, hizo tambalearse la línea unidireccional del Congreso. Francisco Álvarez-Cascos reivindicaba el papel del partido a la hora de establecer o no la limitación de mandatos, así como de elegir un sucesor. Sus aspiraciones, sin embargo, no contaron con apoyos. Al menos, explícitos, porque diez meses después del último Congreso del PP con José María Aznar al frente, esta vez ha sido el ministro de Defensa, Federico Trillo-Figueroa quien ha alzado sutilmente la voz reclamando, en esta ocasión, el protagonismo de los dirigentes históricos del PP, entre los que se encuentra.

La respuesta de Aznar no se ha hecho esperar y se ha limitado a repetir lo que ya se sabía: la Junta Directiva Nacional del PP está perfectamente capacitada para decidir quién será el sucesor. La puntualización que se hace sotto voce desde el partido, y a la que desde luego todos los indicios señalan, es que "la Junta Directiva Nacional elegirá el sucesor a propuesta de Aznar". No habría pues, una consulta previa a la decisión, sino una decisión previa a la consulta. Y en esa conjetura se amparan los históricos para hacer notar su papel.

¿Quiénes deberían constituir ese comité de sucesión que proponga a Aznar el nombre del candidato? Por supuesto y en primer lugar, el comité oficioso que lo eligió a él para suceder a Manuel Fraga, aun en contra de la propuesta de éste –la ex ministra de Medio Ambiente, Isabel Tocino–: Francisco Álvarez-Cascos, Rodrigo Rato, Federico Trillo-Figueroa y Juan José Lucas.

"Alguno más" que los reunidos en Perbes, sin embargo, cree el ministro de Defensa que deben integrar el segundo comité sucesorio, tal y como manifestó el pasado 12 de noviembre en sus polémicas declaraciones a la cadena COPE: "Entonces éramos los secretarios generales los que habíamos impulsado la refundación. Hoy tendrían que ser aquéllos y alguno más incorporado en la consolidación de la refundación, quienes previamente se pongan de acuerdo con Aznar para proponerle a su vez a la Junta Nacional un candidato con el aval de todos". En total, en el seno del Partido Popular se barajan más de 20 nombres y menos de 30 como protagonistas de esta histórica decisión, pues como reconoce en estas misma páginas la autora de Pacto de Caballeros. Las claves de la sucesión de Aznar, Cristina de la Hoz, se trata de un proceso "inédito" en la historia política de España, pues "hablamos del partido que está en el Gobierno, cosa que no ocurría con los socialistas, y que además, quiere garantizarse seguir estándolo".

Los notables. Con este nombre empieza a conocerse al grupo de dirigentes populares que deben tener voz y voto en la toma de decisiones del PP, máxime en una tan trascendental como la del sucesor de Aznar. Aparte de los cinco protagonistas de Perbes I, incluido Manuel Fraga, en el seno del partido del Gobierno, aunque no existe una lista de notables o históricos como tal, se van salpicando los nombres que deberían conformar el segundo comité de decisión del partido. Es el caso de Loyola de Palacio, Juan Carlos Aparicio, Feliciano Blázquez, Alberto Ruiz-Gallardón, Javier Zarzalejos, Gabriel Cisneros, Jorge Fernández Díaz, Luis de Grandes, Teófila Martínez, Rita Barberá, Jesús Posada, José Manuel Romay Beccaría, Ana Mato, Pío García-Escudero, Ricardo Romero de Tejada, Javier Rupérez o Celia Villalobos.

Tanto Juan Carlos Aparicio como Feliciano Blázquez, especialmente este último, han mostrado una fidelidad a Aznar a prueba de bomba, en su etapa de presidente de Castilla y León, de la que son en parte responsables, y del Gobierno. Fuentes muy cercanas al PP entienden por ello que "al menos, debería consultárseles si desean opinar sobre la sucesión de Aznar. La discreción de ambos puede incluso llevarles a no querer tomar parte". El mismo aval de fidelidad, además de su lucha en el partido durante los durísimos comienzos, debe hacer a Aznar contar con la opinión, o por lo menos, escucharla, de Teófila Martínez, De Palacio, Gabriel Cisneros, Romay, Romero de Tejada, Mato, García-Escudero, Rupérez, Barberá o Villalobos. El caso de Rupérez, aunque pueda resultar chocante por su práctica ausencia total del partido, viene justificado porque fue un gran activo del PP en sus inicios y representaría en buena parte la importantísima cuota democristiana del partido.

Por su parte, sobre el tesón de Ana Mato y Pío García-Escudero para apoyar a José María Aznar hasta La Moncloa, casi sobran los comentarios, pues figuran en todas y cada unas de las decisiones importantes del partido tomadas desde que AP se hizo PP y el hoy presidente del Gobierno ocupó el lugar de Manuel Fraga.

Otros, como Jorge Fernández Díaz, Javier Zarzalejos y Luis de Grandes, además de contar con la confianza de Aznar, aunque salvo en el caso de Zarzalejos, el contacto directo con él es mínimo, han estado en el partido desde el principio y han colaborado muy activamente en su refundación. Luis de Grandes abandonó a Óscar Alzaga en 1989 tras la disolución del PDP y emprendió al aventura política con el PP. Hoy es el portavoz del partido en el Congreso de los Diputados desde 1996 y desde allí cumple de principio a fin los dictados del partido. Por su parte, el actual secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, el catalán Jorge Fernández Díaz, fue uno de los candidatos a ocupar la Secretaría General del refundado PP en lugar de Francisco Álvarez-Cascos. No alcanzó el puesto, pero eso no le ha impedido trabajar por el partido, desde 1996 también por el Gobierno, con una inmensa entrega.

Sobre el presidente madrileño y candidato a la alcaldía de Madrid ya se pronunció el propio Trillo: debe estar en el grupo que proponga a Aznar un candidato. Además, y como es lógico, deberían estar en este comité, aquellos que de darse este caso serían juez y parte, es decir, las personas de la máxima confianza de Aznar en la actualidad, "excepto –entienden en el PP– Carlos Aragonés": el secretario general del PP, Javier Arenas; los tres vicesecretarios generales, Jaime Mayor Oreja, Mariano Rajoy y Rodrigo Rato (también incluido en el comité de Perbes); el ministro de Trabajo, Eduardo Zaplana, y el de Interior, Ángel Acebes. Carlos Aragonés ha quedado fuera de un posible comité de sucesión, lo que no significa que Aznar no le pida o le haya pedido ya orientación sobre las líneas sucesorias. Para el PP, Aragonés es eso, única y exclusivamente un hombre de Aznar, eficacísimo, pero que se ha desentendido de Génova si no es en cuestiones que afectan al presidente directamente. Se entiende pues, que Aznar le pregunte, pero no el resto del partido, mucho menos los históricos. La actividad política de Aragonés, fuera de la fontanería en La Moncloa, terminará con Aznar casi con toda probabilidad. El máximo responsable del Gabinete del presidente se irá con éste a la FAES. Muy ilustrativa es la definición que de Carlos Aragonés hacen en las proximidades de La Moncloa: "Existe por y para Aznar" y, precisamente, el comité de sucesión desea ser creado porque una destacadísima fracción del partido cree que el relevo del presidente del Gobierno y del PP no es una cuestión sólo de Aznar.

Salvo los de estos últimos, son varios los nombres que se barajan en el PP, para unos imprescindibles y para otros, en cambio, absolutamente al margen. No se sabe si por solidaridad o por deferencia a tantos años de puesto institucional, algún popular incluye al alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano, en la lista de notables que deberían tener algo que decir en materia de sucesión. La obviedad de que, sin embargo, el regidor madrileño no estaría de constituirse el comité de sucesión saltó hace unos meses con la designación de Alberto Ruiz-Gallardón como su relevo: "Ni siquiera se le consultó su propia sucesión", admiten sin reservas.

Entre la espada y la pared. Cuando en 1989 Manuel Fraga buscaba a su sucesor, fue muy claro en sus declaraciones sobre cómo debería ser el proceso de relevo: "Se trata de buscar personas con una cierta preparación adecuada; personas que teniendo alguna experiencia no estén demasiado gastadas; persona o personas que tengan capacidad de resistir un debate parlamentario y una campaña; personas que tengan un atractivo suficiente en este mundo de la televisión y los medios". En ningún momento de ese decisivo año 89 Don Manuel se planteó tomar la decisión por su cuenta.

Previamente consultó a mucha gente y fue por eso por lo que se le hizo cambiar de opinión y decantarse por Aznar en lugar de por Tocino. Además, en otras declaraciones había aclarado que, reuniendo esas cualidades antes enumeradas, cualquier persona del partido tendría su oportunidad: "Yo no quiero privar a nadie de sus posibilidades, de buscar sus contactos, de moverse antes de la reunión de la Junta Nacional. Todos van a tener su oportunidad, vicepresidentes o no. Yo también quiero opinar, pero se hará con todas las garantías para todos los que tengan alguna legítima aspiración. Lo que no se aceptarán son piruetas", sentenciaba en 1989 el hoy presidente de la Xunta, que, además, hacía extensible públicamente la toma de una decisión sobre quién sería llamado a sucederle a los "órganos de dirección".

Precisamente en estos últimos se situaría ahora, con toda probabilidad, una de los momentos más complicados para los vicesecretarios generales del PP, candidatos favoritos a suceder a José María Aznar. Jaime Mayor, Mariano Rajoy y Rodrigo Rato, que sin discusión alguna de hacerse efectivo deberían formar parte del comité de sucesión, serían a la vez juez y parte. A cuál de los otros dos apoyaría cada uno de ellos es la pregunta que surge sin remedio cuando se expone tal posibilidad. Pero en el entorno del PP parecen tenerlo claro: Mayor Oreja cuenta con el respaldo de Arenas, fuera de la carrera sucesoria, y los otros dos se apoyarían entre ellos, esto es, Rato a Rajoy y Rajoy a Rato.

Los llamados candidatos de ‘segunda fila’, por su parte, no lo tienen tan claro. Sí Zaplana, que siempre en el sector liberal, apoyaría a Rato. Acebes no tiene intereses personales, ni siquiera por ser él mismo el sucesor; Ruiz-Gallardón se situaría con la opción que considere más factible y que, siguiendo las encuestas, sería el portavoz del PP en el Grupo Parlamentario Vasco, Jaime Mayor, y Loyola de Palacio, podría decantarse por cualquiera de las tres: es amiga de Rato desde que empezó en política, se encuentra muy unida al País Vasco por sus orígenes familiares sitos en Euskadi y le encanta Galicia, adonde va todos los veranos con visitas constantes a su también amigo Mariano Rajoy.

La polémica está servida y aunque oficialmente desde el PP se descarta que la haya, lo cierto es que son innegables los movimientos de los históricos para situarse en un lugar destacado en la toma de decisiones del partido, mucho más en aquella que afecta históricamente al PP. Por otro lado, desde el entorno de La Moncloa se apuntan una de las razones por las que Aznar no es partidario del citado comité, tal vez la de más peso. Esta representación, mucho menos numerosa que la de la Junta Directiva Nacional del PP, se vería seguramente condicionada por intereses personales: "Seguro que el sucesor, sea quien sea y aún pudiendo ser uno de ellos, contará en su cúpula política y en los puestos de máxima responsabilidad, con gente como Rato, Mayor o Rajoy. También con Zaplana o con Acebes, son imprescindibles. Sin embargo, no es tan seguro que se cuente con Lucas, con Álvarez-Cascos o con Trillo".

Cristina de la Hoz, periodista y autora de ‘Pacto de Caballeros. Las claves de la sucesión de Aznar’

La periodista Cristina de la Hoz ha decidido meter el dedo e indagar en la llaga del PP: ha publicado un exhaustivo y actualizado análisis sobre el proceso de sucesión de José María Aznar al frente del partido gobernante. Con el libro Pacto de Caballeros. Las claves de la sucesión de Aznar (Editorial Belacqva), de cuyo éxito da cuenta ya una segunda edición, queda despejado un camino que, como reconoce la autora, culminará "en otoño de 2003 o, tal vez, el próximo verano" con el rostro del nuevo candidato del PP a la Presidencia del Gobierno.

—¿No es muy arriesgado escribir un libro sobre la trama de la sucesión de Aznar?

—Sí, es arriesgado porque hablamos de algo que va a pasar, no que ya ha pasado. Es un asunto muy abierto, con muchas incógnitas que no se resolverá hasta otoño de 2003 o, tal vez, el próximo verano. Además, es un tema que está siempre ahí y que requiere un actualización constante.

—¿Es excesivo el respeto, diría mejor el temor, que existe en el PP a la hora de hablar de la sucesión?

—Es un proceso inédito. Las sucesiones siempre han sido muy distintas en otras formaciones políticas. Algunas, incluso, traumáticas, como la del PSOE. Para el PP es una decisión histórica, pues hablamos del partido que está en el Gobierno, cosa que no ocurría con los socialistas, y que además, quiere garantizarse seguir estándolo.

—¿Cree que Aznar es capaz de descartar a un buen candidato, o al candidato ideal, sólo porque éste se postule como tal?

—Desde luego, no debería ser así. La ambición política es buena mientras no se base en dar puñaladas por la espalda y si alguien se quiere postular, está en su legítimo derecho de hacerlo. Eso no debería colocar a ningún candidato en un plano de inferioridad ni, mucho menos, crearle una situación incómoda.

—¿No se postuló Alberto Ruiz-Gallardón y fue automáticamente relegado del núcleo de poder de Génova?

—A Ruiz-Gallardón se le sumaron más factores, entre ellos un claro elemento de desafío. Él mismo, tras las elecciones generales de 2000, se dio cuenta de que no podía seguir manteniendo ese mecanismo de reto.

—¿Qué limitaciones tiene cada uno de los vicesecretarios como sucesor?

—De Mayor Oreja se dice que es un hombre que se identifica exclusivamente con la política del País Vasco, al que resulta muy difícil imaginar hablando de las grandes líneas macroeconómicas o del actual hundimiento del Prestige en Galicia, por ejemplo. Rato, y lo reconocen algunos de sus compañeros de partido, siempre tendrá el flanco abierto del tema empresarial de su familia y del caso Gescartera, ahora reabierto. Rajoy se ha escudado continuamente en una excesiva discreción y en una escasa proyección pública, aunque hoy lo está paliando como portavoz del Gobierno.

—¿Y los llamados candidatos de segunda fila, Acebes, De Palacio, Ruiz-Gallardón y Zaplana?

—Acebes es un hombre muy parecido a Aznar y de su absoluta confianza, aunque tiene una escasa proyección pública. Sin embargo, hay que tenerlo en cuenta, sea o no el sucesor. Loyola de Palacio, que cumple en 2004 sus funciones en la UE y no quiere repetir allí, está bastante alejada del panorama político nacional. Ruiz-Gallardón ha establecido un nuevo estado de relaciones con su partido desde que es candidato a la alcaldía de Madrid, pero no se trata únicamente de ganar las elecciones en 2004, sino de ser el futuro líder del partido. En este sentido, creo que Ruiz-Gallardón tiene aún elementos de incertidumbre en el PP. Y Zaplana se encuentra en pleno apogeo mediático, con una presencia constante desde que es ministro de Trabajo y con propuestas muy populistas en materia social. Lo rentabilizará, sin duda, aunque él mismo ha reconocido que no aspira a ser el sucesor, sino a seguir siendo ministro. Aspira a estar, sin más.

—¿Descarta entonces definitivamente a Javier Arenas de la carrera sucesoria?

—Sí, porque creo que él es absolutamente sincero cuando dice que no aspira a ella. Se ha situado fuera de ella de manera muy rotunda. Le creo de la misma forma que muy poca gente lo hace cuando dice que abandonará la política, pues ésta le gusta mucho.

—Sin embargo, en su libro le otorga un papel fundamental en el proceso sucesorio...

—Lo tiene. Es una de las personas fundamentales a la hora de pulsar la opinión del partido, tanto en el proceso sucesorio como con posterioridad para conseguir una unidad firme en torno al nuevo candidato. Estoy segura de que una vez conocido el nombre del sucesor, al día siguiente todos los dirigentes regionales del PP saldrán con el mismo mensaje, les guste más o menos el elegido.

—Federico Trillo ha hecho unas polémicas declaraciones sobre el papel que deberían tener los "notables" del PP a la hora de elegir al sucesor. Éstas iban, además, en la línea que reivindicó, durante el XIV Congreso del PP, Francisco Álvarez-Cascos sobre el papel que debe jugar el partido en el proceso sucesorio. ¿Cree que Aznar tendrá en cuenta la relevancia de esos "notables"?

—Creo que Aznar escuchará la opinión de algunos dirigentes del partido, entre ellos, los que formaron Perbes. Tal vez con esas declaraciones, Trillo expresó una duda personal y manifestó el temor de no ser él consultado. Aznar no puede tomar una decisión en contra del sentir del PP.

—Pero, ¿Aznar consultará al partido y tomará una decisión o tomará una decisión y consultará al partido?

—Creo que consultará primero, aunque no tanto sobre nombres como sobre perfiles. Una persona del partido dice de Aznar que cuando te convoca a La Moncloa, vas todo emocionado pensando: "Qué bien, me voy a enterar de todo lo que piensa Aznar" y después es al revés: el convocado habla y Aznar, sobre todo, escucha.

—¿Ruiz-Gallardón sigue siendo el candidato favorito de Manuel Fraga?

—Fraga tiene en el presidente madrileño a su hijo político, pero respetará mucho la decisión de Aznar. No se la discutirá en ningún momento.

—Pero quiere participar en esa decisión...

—Desde luego, querrá participar y querrá opinar.

—¿Fraga quiere a Rajoy en Galicia?

—Ese proceso ya tuvo su momento. Rajoy ocupó muchos y muy importantes cargos en la Administración gallega y ya no forma parte de este otro proceso sucesorio. Por otro lado, no creo tampoco que Rajoy quiera irse de Madrid.

—¿Se respeta la posibilidad de que Rodríguez Zapatero sea el sucesor?

—El primero que se dio cuenta del potencial que suponía José Luis Rodríguez Zapatero fue Rajoy: "Bono es peligroso para nosotros a corto plazo, pero Rodríguez Zapatero lo es más a largo plazo". En el PP empieza a ver la asunción, desde luego, de que no es un dirigente menor. Es un adversario a tener muy en cuenta.

—Y la pregunta del millón: ¿Quién cree que va a ser el sucesor?

—La esperaba [se ríe] y creo sinceramente que ni Aznar tiene una decisión tomada. Tal vez tiene una idea o se inclina más por uno que por otros, pero nada más

25.11.02


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