OPINIÓN E IMAGEN

LOS SOCIALISTAS DE AZNAR

Nicolás Redondo Urbieta, padre del ex secretario general de los socialistas vascos y ex líder de la UGT, no acudía por primera vez a Moncloa en la famosa comida que le ha costado el cargo a su hijo. El sindicalista ha aceptado la invitación de Aznar alrededor de una decena de veces. Y no es el único. El presidente gusta compartir comida, café, puro y conversación con personalidades del mundo de la izquierda y, especialmente, con socialistas que no ponen reparos en ofrecerle sus opiniones. Antinacionalismo, presencia institucional y, también, prebendas económicas acompañan a estas secretas tertulias que tanto Aznar como su esposa, Ana Botella, cuidan con  mimo

Por Inmaculada Sánchez

E l siempre tuvo muy buena relación con Aznar", argumenta la secretaria del ex secretario general de la UGT Nicolás Redondo después de confirmar que, en efecto, el veterano sindicalista habrá acudido "una vez al año, o alguna más" a Moncloa desde que el palacio presidencial está ocupado por el matrimonio Aznar, invitado "a tomar café o a comer" por el presidente.

Otras fuentes, más precisas, sitúan en cerca de diez el número de estas invitaciones –el propio Redondo Urbieta ha preferido no dar más explicaciones a El Siglo sobre sus encuentros monclovitas–. Sean diez o sean ocho, el caso es que la relación tiene una periodicidad que ni el triunfo por mayoría absoluta del PP, hace ahora cerca de dos años, ha distorsionado.

Ya desde que Aznar peleara por ganar a Felipe González en las urnas fue tratado con consideración desde la central sindical socialista. UGT fue el primer sindicato que invitó al PP, como partido de la oposición, a uno de sus congresos siendo Redondo su secretario general, una costumbre que se ha afianzado posteriormente. Hoy, tanto UGT como CC OO invitan a dirigentes del PP a sus cónclaves del mismo modo que los populares reservan un lugar destacado en la clausura de los suyos a los líderes de ambas centrales.  

Aznar no ha descuidado la relación ni un momento, a pesar de la marcha de Redondo de la UGT, y el primer año que ocupó el Gobierno, 1996, le concedió la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo que le entregó personalmente en un solemne acto durante el aniversario de la Constitución.

"Aznar es muy hábil intentando tener contactos con personas de izquierda", asegura un experto en sociología política que también frecuenta La Moncloa. "Es la misma estrategia que adopta con Blair: acercarse a gente que legitime su apertura ideológica", añade. "Su gran éxito ha sido abrir espacios para el PP", concluye.

En el caso del ex líder sindical no ha sido, obviamente, ni la edad ni la afinidad generacional, como sí ocurrió en la relación con el dirigente británico, la que ha ejercido de puente entre ambos, sino el "antifelipismo", en un primer momento, y, más recientemente, el antinacionalismo que puedan compartir.

"Nicolás vive en Euskadi, pero es un hombre muy al día en política y, sobre todo, en el País Vasco", confirma su secretaria. "No hay nada que ocultar: intercambian opiniones y eso es todo", concluye. Por eso, quienes conocían estos encuentros no se sorprendieron de los dos acompañantes que llevó a ver al presidente en la ya famosa comida del verano pasado. "Fue el padre el que llevó al hijo, y no al revés", aseguran quienes los conocen. Redondo Terreros era la primera vez que pisaba Moncloa en visita privada, pero su estrategia política en Euskadi, coincidente en buena parte con la del PP, era de sobra conocida. Como también la creciente coincidencia con el presidente del tercer invitado, el actual Defensor del Pueblo y ex ministro de Justicia socialista, Enrique Múgica.

"La marcha de Aznar (en 2004) es una decisión que le honra y que demuestra la confianza que tiene en los ciudadanos y en sus compañeros de partido". Esta elogiosa frase no pertenece a uno de los muchos dirigentes del PP que halagaron a Aznar en su reciente congreso sino al mismo Enrique Múgica en una entrevista concedida hace unas semanas a la revista Tiempo. Algunos de sus antiguos compañeros del PSOE –el ex ministro entregó su carné de militante cuando aceptó el puesto de Defensor del Pueblo– no han necesitado escucharle frases como ésta para situarle.

Su negativa a presentar recurso de inconstitucionalidad contra la Ley de Extranjería y sus reiterados ataques contra el PNV y apoyando estrategias del Gobierno del PP le han hecho objeto de numerosas críticas desde el PSOE que el hecho de haber perdido un hermano a manos de ETA hace unos años apenas han podido mitigar.

Es en la envenenada vida política vasca en la que Aznar ha encontrado caldo en el que cultivar sus amistades de izquierdas. Ya en su día, la creación del Foro de Ermua, tras el asesinato del concejal popular Miguel Ángel Blanco, sirvió de instrumento para conducir la indignación de no pocos intelectuales progresistas hacia un rechazo al nacionalismo que tanto Aznar como el PP han sabido canalizar (Ver recuadro Progresistas contra el nacionalismo).

Pero no todos los secretos encuentros de Moncloa tienen al País Vasco en su punto de mira. El presidente no da puntada sin hilo y del mismo modo que, en su día, cuando agonizaba el gobierno de Felipe González y Aznar, en febrero de 1996, presentaba solemnemente su programa económico con el sorprendente apoyo y presencia del primer ministro de Economía del PSOE, Miguel Boyer, hoy no descuida otras relaciones que le pueden ayudar a afrontar esta legislatura de desaceleración económica, como la del secretario general de Comisiones Obreras, José María Fidalgo.

El pasado mes de noviembre El Siglo revelaba detalles esclarecedores de la relación entre el sucesor de Antonio Gutiérrez y el presidente Aznar (Número 485: Coquetean. Fidalgo se desmarca de Cuevas y Méndez y se entiende con Aznar). Fidalgo mantuvo uno de esos encuentros secretos en Moncloa que tanto gustan al presidente en el mes de octubre, justo cuando se estaba negociando a tres bandas un futuro pacto sobre la negociación colectiva y, tras él, tanto UGT como la misma CEOE, que prefería que el gobierno se mantuviera al margen de la negociación, forzaron un cambio de rumbo en las conversaciones.

"¿Cómo te fue con el presidente?", llegó a espetarle José María Cuevas a Fidalgo en una de sus muchas reuniones de fin de año cuando la cita llegó a sus oídos. Hoy, tres meses después, el líder de Comisiones ha tenido que hacer frente a una crisis sin precedentes después de que su número dos, Rodolfo Benito, le criticara su estrategia de excesiva complacencia con el Gobierno.

Quienes conocen al líder del primer sindicato del país, al que siempre se consideró el auténtico ideólogo de la transformación de CC OO realizada por Antonio Gutiérrez, explican que el encuentro con Aznar y parte de sus tesis es la desembocadura natural del visceral pragmatismo del sindicalista y le atribuyen afirmaciones privadas de este corte: "No me importa que gobierne el PP si, con él, hay menos parados". Otras opiniones, menos condescendientes, hablan de un simple "posibilismo" que llevará a Comisiones a la confrontación interna y al abismo.

No obstante, ese abismo que se abre en determinados contactos con el poder no deja de ser placentero para algunos. El ya citado Miguel Boyer, que hubo de pedir su baja en el PSOE, donde militaba desde 1960, en febrero del 96 después de su sonoro apoyo al programa de Aznar, fue nombrado en julio de 1999 presidente de la Compañía Logística de Hidrocarburos, del grupo Repsol. La petrolera acababa de completar  su privatización ese mismo mes y la presidía, entonces y ahora, Alfonso Cortina, directivo propuesto por el Gobierno del PP para el cargo nada más llegar al poder y cuando la compañía aún estaba en la órbita del sector público.

Hoy, Boyer tampoco se mantiene muy alejado del entorno del PP y ha sido llamado en alguna ocasión por la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES) para participar en sus seminarios (mayo de 2000, Globalización y concentración del poder económico).

Al ambiente político y económico de las tertulias monclovitas hay que añadirle el de la cultura, elemento fundamental del escenario con que los Aznar han querido adornar el frío palacio presidencial. Muchos han sido los que han compartido mesa y mantel con el matrimonio presidencial algún viernes, día de la semana fijado por los anfitriones para charlar con escritores, pintores o cineastas en almuerzos más o menos numerosos. Los hay invitados ocasionales pero también asiduos e, incluso, favorecidos con el encuentro en petit comité.

Entre estos últimos ocupan lugar destacado los situados en el mundo de la izquierda política. Según confirman distintas fuentes, uno de ellos es el director de cine José Luis Garci, de quien El Siglo ya informó en 1998 sobre sus privilegiados contactos con Aznar y su Gobierno (Ver número 353).

En aquel reportaje, esta revista informaba de que Garci había retrasado unos días el estreno en Madrid de su última película, You are the one, para que pudiera acudir el presidente Aznar. La relación se mantiene viva –el director de cine mantiene su programa en TVE Qué grande es el cine– y hace unos meses volvió a comer en Moncloa acompañado de actrices como Ana Fernández o María Galiana, y artistas como Emilio Botero o Eduardo Arroyo.

Este último, precisamente, es, según coinciden en afirmar distintas fuentes, quien en los últimos tiempos ha ocupado un lugar de privilegio entre los frecuentados por el matrimonio Aznar. Pintor y escultor de renombre internacional, exiliado en Francia durante el franquismo y Premio Nacional de las Artes Plásticas en 1982, el primer año de gobierno del PSOE, apoyó públicamente en su día a los socialistas y nunca ocultó su voto a Felipe González.

Hoy no oculta su admiración por el presidente Aznar. "Mi relación con él es muy positiva, porque es una persona a la que le gusta el arte", dijo hace unos meses a la Agencia Efe. Y, aunque lamenta que se le pregunte qué tal lleva su presencia en España con un gobierno del PP porque no advierte "ningún tipo de regresión de las libertades en este país", al que encuentra "democrático, constitucional y europeo", eso no significa que, después de haber votado al PSOE, "haya cambiado de bando".

Argumentos de tamaña distancia con la ideología de izquierdas o de derechas son los que encandilan a los Aznar.  "Un cuadro, una sinfonía o una película tienen su valor intrínseco al margen de la ideología de su creador", sostiene el presidente en privado según sus hagiógrafos José Díaz Herrera e Isabel Durán.

También así debe pensar Ana Botella, que el año pasado no desperdició la oportunidad de apoyar al artista con su presencia en su última exposición en Madrid y dar oficialidad a su relación personal con él.

"Ella influye determinantemente en la gente que pasa por Moncloa", señala un asesor consultado en ocasiones por el gabinete presidencial. "Tiene ese sexto sentido para la gente que está en la calle y con quién conviene verse", añade.

En este mismo grupo de elegidos se encuentra otro pintor antaño ubicado claramente en el entorno del PSOE, Eduardo Úrculo, asturiano, aunque residente en Madrid, y que, desde la victoria del PP frecuenta reiteradamente las cercanías del poder tanto en la capital como en Oviedo, donde las compras de sus obras por parte del Ayuntamiento gobernado por Gabino de Lorenzo ya han dado lugar a más de una polémica.

"En los últimos años el ayuntamiento del PP ha comprado a Úrculo tres monumentales esculturas al aire libre además de un lienzo que fue cartel de unas fiestas por los que ha pagado más de 120 millones de pesetas, una cifra que un consistorio como el de Oviedo nunca se había gastado en artista alguno", critica Alberto Mortero, concejal socialista en Oviedo.

La última escultura adquirida, sin duda, ha sido la que más polémica ha suscitado. Titulada Culus monumentabilis representa un enorme y estilizado trasero colocado por el ayuntamiento enfrente del teatro Campoamor, en un entorno que, según la oposición, rompe toda la estética de la calle. En Madrid, el año pasado, Úrculo inauguró su primera retrospectiva en el municipal Centro Cultural Casa de Vacas.

También el año pasado Eduardo Arroyo consiguió una de las 16 medallas de Oro del Mérito en las Bellas Artes que concede el Consejo de Ministros, número que dio de sí para observar una vez más la amplia gama de registros que se tienen en cuenta desde el Gobierno y que abarca desde al productor Elías Querejeta hasta el director del Teatro Español Gustavo Pérez Puig.

Arroyo también ha tenido el privilegio de entrar en la selección realizada por el Ministerio de Asuntos Exteriores entre "los grandes de la creación en España" del siglo XX para dar a conocer nuestra cultura, con exposiciones individuales y rotatorias por distintos países de Europa, Iberoamérica y Oriente Medio, con motivo de la presidencia española de la UE

Progresistas contra el nacionalismo

Dentro de la apropiación que viene haciendo el PP, desde que Aznar lo lidera, de determinadas pautas consideradas tradicionalmente de izquierdas, se encuentra un cuerpo ideológico alternativo al nacionalismo periférico –básicamente catalán y vasco– al que se han sumado, si no lo han creado antes de que los populares lo apadrinaran, significados intelectuales de izquierda.

La evolución del filósofo Fernando Savater o del actual director del Instituto Cervantes, Jon Juaristi, es emblemática en este sentido. Sus, en más de una ocasión, incendiarias declaraciones contra los nacionalistas –Savater ha llegado a poner en duda los títulos de la universidad vasca tras el reciente escándalo de la cátedra de Edurne Uriarte– poco ayudan, en opinión de una parte del socialismo vasco, a la pacificación.

Aznar ha sabido hacer buen uso de este ambiente y, a través de su fundación, la ya citada FAES, se ha ido acercando a los pensadores progresistas que han defendido el carácter cívico-político de la Constitución frente a las prebendas históricas de los nacionalismos.

FAES ha invitado en más de una ocasión a debatir en sus seminarios a la conocida profesora de Ciencia Política de la Universidad vasca, Edurne Uriarte, militante del PSE-PSOE y antiguo cargo del partido, recientemente despojada de la cátedra que le ganó el pasado octubre a Francisco Letamendia, ex diputado abertzale en las Cortes Constituyentes de 1977, tras un recurso de éste tomado en consideración por el rectorado. Fundadora del Foro de Ermua en un polémico libro titulado Los intelectuales vascos ya defendía tesis como la de que la intelectualidad nacionalista escasea porque "la dinámica propia del trabajo intelectual se define por la libertad y la crítica de los dogmas". Precisamente, el seminario de FAES en el que participó a finales de 2000 versaba sobre Nación española y nacionalismos y contaba también entre sus participantes con Enrique Múgica.

Otro pensador menos significado que Uriarte, tradicionalmente ubicado en la zona de influencia del PSOE –colabora habitualmente con la Fundación Pablo Iglesias– y cuyo trabajo reflexivo está siendo utilizado por el PP como base para su nuevo "patriotismo constitucional" es el catedrático de Teoría de Estado de la UNED, Andrés de Blas.

También participante, e incluso ponente, de algunos de los seminarios de FAES en torno al nacionalismo, Andrés de Blas señalaba hace un mes en uno de los debates de El Siglo (Ver en número 492 Los debates: Patriotismo constitucional) que "lo que el patriotismo constitucional pretende es edificar, dar cuerpo a una identidad cívica compatible con unas identidades culturales que se producen en España y que generarían un patriotismo de tipo comunitario, abierto al conjunto de la sociedad española como comunidad de ciudadanos sobre los que se asienta nuestro Estado". "Esa idea ni debe ser objeto de una división de izquierdas y derechas, ni creo que se esté produciendo", añadía

25.02.02


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