OPINIÓN E IMAGEN

Sus cortesanos : Los que acompañarán a Aznar en su retirada

 

2004: el jefe del Ejecutivo se va, deja La Moncloa y la candidatura del PP a la Presidencia del Gobierno. Pero no se va solo, la corte que le ha apoyado incondicionalmente, ligando tan estrechamente su carrera política a la de José María Aznar que sin éste, aquélla no tiene continuidad, le acompaña. Hombres como Francisco Álvarez-Cascos, la fidelidad más íntegra, o Josep Piqué, apuesta exclusiva de Aznar que incumplió las expectativas, no tienen sitio en el partido si el presidente no vela por ellos.

Por Ana Pardo de Vera

El futuro de algunos altos cargos del Gobierno actual y responsables del Partido Popular, sin duda, depende del sucesor de Aznar, pero también involuntariamente del propio Aznar, que, al irse, los arrastra consigo, pues a él consagraron su carrera política o por él consiguieron hacerla, de forma más o menos convincente. Eso, descartando a aquellos que, aun llegando al PP de la mano del presidente del Gobierno, han logrado fraguarse un camino propio que les descarta de la estampida de altos cargos –ministros, secretarios de Estado o asesores de Aznar– que puede suponer la salida del actual jefe del Ejecutivo.

El PP, y en particular, el heredero de José María Aznar, casi con toda probabilidad no contará con estos responsables políticos en la nueva etapa del partido y, si alcanza la victoria en 2004, en una andadura más de Gobierno popular. Pero no sólo eso, matiza un responsable político del entorno de Génova, sino que "algunos de estos fieles de Aznar se irán por decisión propia. Saben que más vale una retirada digna que conformarse con las migajas que les echen el partido o el sucesor". Es el caso del ministro de Fomento, Francisco Álvarez-Cascos, cuya carrera política está dando los últimos coletazos con la proyección exterior del presidente de Gobierno, en busca de los mejores posicionamientos para obtener una alta responsabilidad internacional a partir de 2004. Pero Álvarez-Cascos está en una situación inmejorable para dar el salto a la empresa privada, destino más habitual de los jubilados políticos: el departamento de Fomento, con todos los ámbitos que éste abarca, como carreteras, ferrocarriles, urbanismo, marina o aviación. "¿Qué gran empresa de las que ejecutan este entramado se negaría a tener entre sus puestos más destacados al ex ministro de Fomento?", se pregunta un empresario vinculado al PP.

Francisco Álvarez-Cascos, aunque llegó a la antigua Alianza Popular de la mano de Manuel Fraga, que tenía depositada en él toda su confianza, accedió a la secretaría general antes del Congreso llamado de la "refundación", cuando Aznar ocupaba el cargo de vicepresidente de AP. Ahí surgió la amistad de ambos y la fidelidad absoluta que Álvarez-Cascos siempre tuvo con el presidente, sólo comparable a la de Miguel Ángel Rodríguez, el ex portavoz del Gobierno. De hecho, tanto MAR como el ministro de Fomento encabezaron la etapa más agresiva del PP, la de una oposición empeñada en sacar con fórceps al PSOE de La Moncloa. Esta estrategia, sin embargo, imprescindible en su momento para el PP, le costó el puesto a Miguel Ángel Rodríguez y el brillo de las primeras filas políticas a Francisco Álvarez-Cascos, las dos bestias negras del PP, cuando Aznar, una vez conseguido el Gobierno, fue untando el partido de una espesa pátina centrista colocando a gente como Javier Arenas, Ángel Acebes, Josep Piqué o Pío Cabanillas. Hoy, el titular de Fomento permanece en la sombra apacible que le otorgan una gestión satisfactoria de su Ministerio y una de las treinta y seis vocalías electas del Comité Ejecutivo Nacional del PP, hasta 2004, cuando Aznar se vaya de La Moncloa y Álvarez-Cascos le siga.

También les acompañará, sin duda, el fontanero mayor de La Moncloa, Carlos Aragonés, miembro del clan de Valladolid –un grupo de jóvenes populares que Aznar se llevó consigo a Madrid desde Castilla y León, entre los que están Miguel Ángel Cortés, José María Michavila, Guillermo Gortázar, Ana Mato o Jesús Sepúlveda, entre otros–, director del Gabinete de la Presidencia y hombre por el que pasan todos y cada uno de los asuntos del presidente. Sin embargo, la discreción  y el mutismo de Aragonés, rasgos innatos a su personalidad y acentuados desde que se situó a la diestra de José María Aznar ya en el Gobierno de Castilla y León, le han impedido erigirse como figura política, tanto de partido como de Gobierno. Su futuro, puesto que aparte de la eficiencia que ha demostrado siempre llevando los asuntos de Aznar, no se le conoce otra labor en la que destaque, es más incierto que el de Álvarez-Cascos. Y sus licenciatura en Filosofía y especialidad aznarista poco pueden aclarar de lo que espera a Carlos Aragonés después de 2004, aunque es verdad que en algunas empresas no se dudaría en ficharlo sólo por ser quién es. Sin embargo, los más observadores de la sede central de Génova no descartan que siga en el partido –actualmente es vocal electo del Comité Ejecutivo Nacional– o, con un puesto más adecuado a sus deseos de pasar desapercibido, en la macrofundación popular, de la que podría incluso ser el director. Así se explicaría, además, que José María Aznar aún no haya señalado al ocupante de este cargo. Y Aragonés permanecería también al lado de su actual novia, Lucía Figar, una de las figuras emergentes de Nuevas Generaciones (NN GG), miembro del clan de Becerril y directora del Gabinete del secretario de Estado de Organización Territorial del Estado, Gabriel Elorriaga. "En cualquier caso, lo que sí le lloverán a Aragonés –aseguran en Génova– son ofertas para escribir sus memorias", pues su trayectoria está unida indisolublemente a la de José María Aznar y el director del Gabinete de la Presidencia es probablemente el hombre que más secretos conocerá del interior de La Moncloa, y del propio Aznar, cuando llegue 2004.

Un caso similar al de Carlos Aragonés es el del gran gurú Pedro Arriola, encargado de realizar el minucioso y complejo oficio de pronosticar los resultados electorales, cuya relación con Aznar se inicia en 1989 cuando el marido de Celia Villalobos se compromete a que la empresa que dirige, el Instituto de Estudios Sociales, asesore al PP. Arriola y el presidente del Gobierno gozan de una gran complicidad, pero el primero no tiene muchas simpatías en el partido, por lo que seguramente la etapa de asesoría popular del Instituto de Estudios Sociales no renueve su contrato anual en 2004, aunque nadie pueda negarle la efectividad de su trabajo.

Fiascos. Aunque pudiera parecer lo contrario al hablar de figuras como Álvarez-Cascos o Carlos Aragonés, el no tener una larga trayectoria política al lado de Aznar no es necesariamente sinónimo de permanencia en el partido o en futuros posibles Gobiernos y viceversa. Existen dos casos concretos en el actual Ejecutivo popular que fueron en su día apuestas exclusivas del presidente, pero que no han cubierto las expectativas previstas, por lo que, con toda probabilidad, saldrán por la misma puerta y en el mismo momento que Aznar cuando éste se retire. Son el ministro de Asuntos Exteriores, Josep Piqué, y la ministra de Ciencia y Tecnología, Anna Birulés. Especialmente esta última ha supuesto un auténtico fiasco para el Gobierno de Aznar, que vio en la figura de una brillante empresaria, directora general de Retevisión, la mejor candidata para gestionar una cartera de nueva creación, como la que en 2000 se llamó de Ciencia y Tecnología, que elaboró ambiciosos planes ejecutados con mucho retraso o de forma incompleta en el mejor de los casos, además de ser acusado de obviar el apartado de Industria, dependiente de este departamento (ver, El Siglo núm. 487, "Fracaso Birulés"). Con estas credenciales, la ministra catalana tiene todas las papeletas para regresar a sus quehaceres privados en 2004, de donde, según sus detractores, "nunca debería haber salido, pues es una excelente empresaria pero una política más que cuestionable", aunque su paso por la Consejería de Industria de la Generalitat catalana entre 1986 y 1990 fuera, en cambio, muy elogiada.

Por su parte, el ministro Piqué, que además compartió militancia con Birulés en el Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) y mantiene una excelente relación personal con ella, fue otra gran apuesta centrista de José María Aznar cuando, aun sin ser miembro del Partido Popular, en el que ingresó en 1999, le nombró ministro de Industria y Energía en 1996 y portavoz del Gobierno en 1998, tras la dimisión de Miguel Ángel Rodríguez. Sin embargo, Piqué fue muy cuestionado, incluso en el seno de su partido, por el llamado caso Ercros y acusado por los partidos de la oposición de supuestos delitos económicos cometidos durante su etapa en esa empresa, lo que dio lugar a la apertura de una investigación en el Congreso de los Diputados y de dos procesos judiciales (caso Ertoil y caso Ercros). Tras varios procedimientos, en 2001, la Junta de Fiscales de la sección encargada del caso Ertoil en el Tribunal Supremo decidió, por diez votos a dos, que el ministro de Asuntos Exteriores desde 2000 debía ser citado como imputado por delitos de apropiación indebida, alzamiento de bienes y delito fiscal. El fiscal general del Estado, Jesús Cardenal, sin embargo, reunió a la Junta de Fiscales de Sala y decretaron que el Tribunal Supremo no asumiría el ya caso Piqué porque no había indicios contra él. Sin embargo, la gran apuesta de Aznar empezó a hacer aguas y la posibilidad barajada de que Piqué asumiese la candidatura del PP catalán en octubre de  2003 para derrocar al delfín de Pujol, Artur Mas, se ha ido difuminando. Hoy, aparte de un Aznar mucho menos entusiasmado con él, el ministro de Asuntos Exteriores no cuenta con apoyos explícitos en el PP, lo que le augura una retirada de La Moncloa simultánea a la del presidente del Gobierno.

Asesores de Aznar. Con no tantas probabilidades como los anteriores, pero sí con muchas posibilidades de que así sea, hay cuatro nombres en el Consejo de Ministros que sólo lo estarán hasta 2004 porque su designación dependió única y exclusivamente del criterio de José María Aznar, incluso, en algún caso, con el descontento, no manifiesto públicamente pero sí conocido, de otros miembros del Gobierno. Fue la situación por la que pasó en su día el nombramiento del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, que pasaba a encabezar un departamento que, además, había sido hasta 2000 secretaría de Estado dependiente del Ministerio de Economía. La decisión de Aznar de darle a Montoro su propio cantón se interpretó como un recorte de poder a Rodrigo Rato, el titular económico durante las dos legislaturas del PP, y desde entonces es un secreto a voces, desmentido siempre por sus protagonistas, que las relaciones entre Montoro y Rato no pasan de la pura corrección.

Cristóbal Montoro conoció a Aznar a través del actual secretario de Estado de Industria, Energía y PYMES, José Folgado, y éste pasó a ser su colaborador en materia económica, llegando incluso a dar clases al entonces futuro ex presidente y convirtiéndose más tarde en uno de sus asesores fijos. Sin embargo, aparte del apoyo de José María Aznar, Montoro no cuenta con excesivas simpatías en el partido, lo que le llevaría a dar carpetazo a su actividad política en 2004, tocado además en su impecable trayectoria técnica por el escándalo Gescartera pues fue su número dos, el secretario de Estado de Hacienda, Enrique Giménez-Reyna, quien dimitió ante las cada vez mayores responsabilidades y protagonismo, aún no aclarados, que se le achacaban en la agencia de valores, incluida la presidencia que ostentaba su hermana Pilar. Algunas fuentes sostienen que Montoro "se libró de dimitir porque el nombramiento de Enrique Giménez-Reyna no dependió de él, sino que vino directamente del presidente Aznar".

También José Folgado, el todopoderoso secretario de Estado, calificado así por el volumen de las competencias que se aúnan en su cargo, casi comparables a las de un Ministerio, tiene muchas opciones para retirarse con Aznar en 2004. Folgado, también asesor del jefe del Ejecutivo en materia económica y empresarial, conoció al presidente del Gobierno a través de Pedro Arriola y entre ambos surgió una relación que iba más allá de la pura corrección. Pero nunca llegará a ser ministro, aunque se cree en Génova que podría haberlo sido si tuviese más ambición política, porque con toda probabilidad abandonará su cargo cuando el heredero de Aznar ocupe su trono.

Colaboración incondicional. También los ministros de Trabajo y Administraciones Públicas, Juan Carlos Aparicio y Jesús Posada, respectivamente, podrían no repetir alto cargo en el potencial Gobierno popular. Su trayectoria política, ligada sin remedio a la de José María Aznar y muy distante de la sede central de Génova, en donde se cuece ahora todo el futuro, les convierte en lacayos del presidente para realizar su salida sin retorno de La Moncloa.

Juan Carlos Aparicio, compañero de Aznar en su presidencia de Castilla y León, en donde le hizo primero consejero de Presidencia y después vicepresidente, estableció además unas excelentes relaciones personales con el presidente, a quien le es absolutamente fiel y de quien goza de su absoluta confianza. La salida de Aparicio de La Moncloa para no repetir no se descarta que se produzca, incluso, antes de 2004, concretamente, según publicaba elconfidencial.com, en la remodelación que se tiene previsto que haga Aznar en otoño. Como causa, el mismo medio apunta el pulso que existe entre los departamentos de Rato y Montoro y el de Aparicio, ya que el ministro de Trabajo parece haberse convertido en un detractor de las medidas liberales que propugnan los titulares de Economía y Hacienda en sus acuerdos con los sindicatos.

Jesús Posada, por su parte, aunque no cuenta con opositores en el Partido Popular o en el Gobierno Aznar, tampoco tiene apoyos explícitos que pudieran mencionarlo para ocupar algún Ministerio en un futuro Ejecutivo popular de 2004. Su trayectoria política, de hecho, viene condicionada por su colaboración incondicional con José María Aznar, algo que demostró especialmente en dos ocasiones, sin interés aparente, pero por lo que el presidente del Gobierno supo recompensarle: cuando estando Posada de consejero de Fomento en el Ejecutivo regional presidido por Aznar, cedió su cartera dócilmente y sin emitir queja alguna al firmarse el pacto de legislatura con el CDS, por lo que Aznar le cedió la presidencia castellanoleonesa al irse él a Madrid de presidente nacional del PP, y cuando quiso presentarse a la reelección a presidente regional en 1991 pero desistió al comprobar que Aznar se decantaba por Juan José Lucas. El presidente le premió con dos ministerios: el de Agricultura y Pesca, cuando Loyola de Palacio se encaminó a Europa, y el de Administraciones Públicas, con la victoria absoluta del PP en 2000.

Otro que podría dar por cumplidas sus expectativas políticas en 2004, vinculadas desde el principio a las decisiones de José María Aznar, aunque de él pueda decirse que conserva una personalidad política muy suya, es Federico Trillo-Figueroa. Discípulo de Manuel Fraga, que veía en él una de sus mejores bazas, entabló una excelente relación con José María Aznar y Alberto Ruiz-Gallardón, pero vivió una etapa de segundo plano en el partido con la presidencia de AP de Hernández-Mancha, hasta que Fraga organizó la que sería la refundación del partido. En la famosa reunión de Perbes de 1989, Trillo-Figueroa y Juan José Lucas fueron los valedores más entusiastas de José María Aznar y éste se convirtió en presidente del nuevo Partido Popular. La primera victoria del PP en 1996 le llevó a la Presidencia del Congreso de los Diputados, en donde dejó muy buen recuerdo por su talante dialogante y su sentido del humor. Ya en 2000, Aznar lo nombró ministro de Defensa, aunque desde Génova se filtró que él aspiraba a ocupar el Ministerio de Justicia, por lo que la decisión del presidente, a quien tanto había apoyado, le decepcionó mucho. Sin embargo, Trillo-Figueroa es un hombre de Aznar confeso y esto, tal vez, le lleve a retirarse de la política en 2004, no se descarta en su entorno que voluntariamente, aunque si le volviesen a ofrecer la Presidencia de la Cámara Baja, tendría serias dudas

 

Arenas, la gran incógnita

Si el secretario general del PP pretendía enturbiar aún más sus posibilidades de futuro político a partir de 2004, sin duda lo consiguió con su discurso en el XIV Congreso del PP celebrado a finales del pasado mes de enero. Javier Arenas, en medio de su discurso de exaltación al líder, José María Aznar, dejó caer que su trayectoria estaba estrechamente vinculada a éste, dando lugar a un torbellino de interpretaciones sobre su situación que todavía no han cesado. Desde la que le aúpa como sucesor, al interpretarse que la vinculación implica la herencia, hasta la que le augura una retirada política simultánea a la del jefe del Ejecutivo. Sin olvidar la que le lleva a la candidatura a la presidencia de la Junta de Andalucía en los comicios regionales que tendrían lugar en 2004, coincidiendo con las generales en las que ya no estará Aznar.

Sin embargo, en la sede central del PP, no se cree que Arenas abandone el partido, aunque también ven difícil que el secretario general del PP vuelva a ocupar un Ministerio. La posibilidad de que sea el sucesor cada vez se tiene menos en cuenta, y en cuanto a su marcha a Andalucía para intentar derrotar a Manuel Chaves al propio interesado no le hace ninguna gracia, por lo que Javier Arenas se ha convertido en una auténtica incógnita para quienes intentan dilucidar algo sobre un futuro PP.

El perfil de Javier Arenas no coincide en absoluto con el de José María Aznar, pero éste cree en las habilidades políticas y en la inteligencia del sevillano, aparte de que desde Génova se apunta que, a pesar de algunas tensiones del pasado, precisamente por sus talantes tan distintos, Arenas y Aznar han acabo acoplando sus maneras políticas y esto ha resultado beneficioso para el partido, que las considera absolutamente complementarias. Un alto cargo popular ha llegado a decir de ellos que en política, "no hay un aznar sin su arenas ni un arenas sin su aznar correspondiente".

1 de marzo 2002


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