OPINIÓN E IMAGEN

LAS CLAVES POLÍTICAS DE LA PELEA ALIERTA-PEDRO J.

Justamente cuando el presidente Aznar se encuentra en su momento de máximo esplendor político –con la recién estrenada Presidencia europea y la inminente celebración del Congreso del PP–, César Alierta, el ejecutivo al que colocó en la presidencia de Telefónica, y Pedro J. Ramírez, el periodista que le ayudó a llegar al Gobierno, se han enzarzado en una agria pelea. Un enfrentamiento que ha abierto un inoportuno frente político para Aznar de magnitudes impredecibles. Ambos contendientes hablaron con el presidente antes de hacer sus movimientos, y éste, según todas las informaciones, prefirió distanciarse de ambos. Sin embargo, el uso que haga el PSOE del caso podría obligarle a decir de qué lado está

La crisis abierta en los medios de Telefónica desde principios de año por el pulso entre el presidente de la operadora, César Alierta, y el director del diario El Mundo, Pedro J. Ramírez, amenaza con convertirse en un auténtico problema político para La Moncloa. De momento, el asunto ya ha empezado a poner en apuros al presidente Aznar, que si bien hasta ahora ha logrado permanecer discretamente alejado del mismo, se va a encontrar en una difícil situación.

Las acusaciones de Ramírez han dado motivos al PSOE para volver a criticar la política de privatizaciones del PP en un momento especialmente delicado para Aznar, que acaba de estrenar la Presidencia Europea y cuyo partido se enfrenta a la inminente celebración de su Congreso (del 25 al 27 de este mes). Los socialistas se han encontrado con una veta en la que rascar después de que el PP cerrara en falso la Comisión Gescartera, aunque, según fuentes cercanas a Zapatero, el PSOE estaría estudiando manejar el asunto con cautela, ya que "nuestra estrategia no es la de Pedro Jota", en palabras de una fuente de Ferraz.

De momento, la semana pasada los socialistas solicitaron la comparecencia en la Diputación Permanente del Congreso del presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), Blas Calzada. El PP, con el apoyo de CiU y CC, votó en contra.

Rechazada esta posibilidad, el PSOE podría solicitar la creación de una comisión de investigación cuando se reanuden las sesiones del Parlamento el próximo febrero, aunque "no tiene por qué ser la única vía", añaden desde Ferraz. Su estrategia concreta está aún por definir, aunque en todo caso buscará reactivar el asunto Gescartera señalando las graves deficiencias de una política de privatizaciones que ha entregado en bandeja las grandes empresas públicas a amigos del Gobierno a través de intervenciones o preguntas parlamentarias.

El PP tendrá de nuevo la llave para abrir o cerrar los procesos que pidan los socialistas, lo que pondrá a Aznar en una terrible disyuntiva: dar luz verde a los mismos y colocarse en contra de Alierta, o darle carpetazo y enfrentarse a un director de El Mundo cargado de dossieres.

Las últimas dos semanas han sido de infarto: frustradas las aspiraciones de Ramírez por conseguir el control total sobre Onda Cero (ver el reportaje Estalla la guerra entre Alierta y Pedro Jota en El Siglo de la semana pasada), el periodista descargó todo el arsenal de su cabecera contra Alierta, con el objetivo de implicarle directamente, a través de informaciones y editoriales, en un presunto uso de información privilegiada cuando estaba al frente de Tabacalera (ver Delito difícil de probar). El día 9 de enero, El Mundo amanecía en su portada con el titular Un sobrino de Alierta ganó 309 millones en seis meses con acciones de Tabacalera cuando su tío la presidía. Desde entonces, el rotativo ha activado una campaña de ataque al responsable de Telefónica.

¿Por qué este ataque abierto por El Mundo? Algunas fuentes aseguran que Pedro J. Ramírez, una vez abordada Onda Cero gracias al acuerdo entre la misma, Recoletos y El Mundo, aspiraba a comprar la cadena de radio. Sin embargo, la situación económica de Unedisa, la editora de El Mundo no debería permitir tales dispendios.

Según fuentes bien informadas, Ramírez pretendía hacerse con la emisora prácticamente gratis aprovechando la incomodidad que para la Telefónica de Alierta suponen los deficitarios medios heredados de Villalonga. Sin embargo, la estrategia del actual presidente de la operadora, aunque pretende que sus participadas de medios dejen de costarle dinero no pasa, en ningún caso, por regalar nada. Es más, el giro de timón dado por Alierta en Admira al responder a Ramírez abre una nueva etapa en la que la venta de sus filiales estaría descartada, según informaciones procedentes de la operadora.

La negativa de Alierta habría desatado la tempestad que el director de El Mundo lanzó gracias a una información que guardaba celosamente desde hacía varios meses.

De hecho, el mismo PSOE había lanzado algunas claves sobre el caso en la Comisión Gescartera: el pasado 3 de octubre, en la comparecencia ante la citada comisión del ex secretario general de la CNMV, Alonso Ureba (hoy secretario general de Telefónica ), el diputado socialista Juan Fernando López Aguilar le preguntó si conocía al presidente de la operadora privatizada y "si nunca había hecho gestiones cerca de César Alierta por algún otro motivo" dentro de una batería de preguntas que intentaban relacionar a la CNMV con presuntas prácticas beneficiosas para los "amigos del PP".

Incluso Pedro J.Ramírez ha llegado a admitir en la cadena Cope que había obtenido esa información hacía tiempo: "El Mundo tiene acceso al origen de esta información hace aproximadamente siete u ocho meses, y hemos estado investigando este asunto hasta intentar conseguir las pruebas de que los hechos eran tal y como nos los había contado una fuente".

La respuesta de Alierta tampoco se hizo esperar. La fulminante destitución de los responsables de Admira, y de los de algunas de las empresas de la filial, puede ser sólo el primer asalto de una batalla que –aseguran fuentes cercanas a la operadora– Alierta se ha planteado a muerte, como demuestra el hecho de que haya nombrado en dos puestos clave de Admira a dos reconocidos "antipedrojotistas": el nuevo vicepresidente de la compañía, Luis Blasco, y el flamante consejero delegado de la misma (a la par que responsable máximo de Onda Cero), Juan Kindelán (ver Cúpula de confianza).

Ambos contendientes habían puesto sobre aviso al presidente Aznar de sus movimientos y, según fuentes cercanas a uno y otro bando, Aznar, había "dejado hacer" con lo que todos están pudiendo atribuirse cierto apoyo monclovita.

Sin embargo, este aparente distanciamiento del presidente está siendo interpretado de muy distinta manera por una mayoría de fuentes cercanas al PP y al Gobierno, que quieren ver en él un interés de Aznar en que alguien "le baje los humos" a Ramírez.

Para argumentarlo, señalan el disgusto que arrastra Moncloa desde el último pulso entre Aznar y Pedro J. que tuvo lugar hace apenas dos meses, cuando se puso en práctica el acuerdo firmado entre Recoletos, El Mundo y Onda Cero.

Como se recordará, la subdirectora de información política del periódico, Victoria Prego, en su nueva calidad de directora del programa de Onda Cero, La Brújula, proponía una lista de contertulios en la que entraban periodistas como María Antonia Iglesias, Julia Navarro o Enric Sopena, de conocida trayectoria progresista que fue vetada por Telefónica en lo que muchos consideraron una maniobra dirigida desde La Moncloa. El pulso acabó en tablas tras aceptar Prego abrir la puerta a sus tertulias únicamente a María Antonia Iglesias, directora de los informativos de RTVE en la etapa socialista.

Pese a estos roces, Aznar no ha querido decantarse claramente en contra de quien fuera su delfín en los medios ni pararle los pies cuando le comunicó sus intenciones respecto a Alierta. Fue durante la celebración del partido entre el Real Madrid y el Deportivo de La Coruña el pasado día 5 de enero, cuando Aznar y Ramírez se encontraron en el palco del Bernabéu. Algunas fuentes aseguran que en tal encuentro Pedro J. se acercó al presidente del Gobierno, le comentó la existencia de las informaciones sobre Alierta, y le consultó sobre qué hacer con ellas. Otras fuentes, sin embargo, sitúan la confidencia incluso antes, en los prolegómenos de la entrevista que Casimiro García-Abadillo, Victoria Prego, Marisa Cruz y el propio Ramírez hicieron al presidente en Moncloa y El Mundo publicó el 23 de diciembre. En ambos casos, todas las fuentes consultadas afirman que Aznar no se decantó ante Ramírez.

Ante esta aparente pasividad de Aznar, El Mundo sí intentó, al menos, hacer ver que Alierta no contaba  con la simpatía del Ejecutivo: el día 14 de enero, publicaba la noticia Preocupación y malestar en el Gobierno con Alierta, poniendo en boca de fuentes cercanas al Ejecutivo que el presidente de Telefónica "no avisó a los accionistas ni a nadie que tenía ese caso en su pasado cuando aceptó sustituir a Villalonga" y "no es buena esta incertidumbre en la primera empresa del país".

Por su parte, Alierta habría interpretado el silencio de Aznar como un salvoconducto para su estrategia de defensa.

Fuentes bien informadas añaden una nueva explicación, con evidentes consecuencias políticas, a la distante actitud del presidente. "En realidad, a Alierta lo ha colocado Rato, y Rato ya está amortizado por Aznar", afirman, para señalar que Aznar no se implicará, si no es absolutamente neceario, porque puede creerse inmune a la pelea. Apoyaría este análisis el hecho de que, hasta el cierre de esta edición sólo haya sido el vicepresidente segundo y ministro de Economía, Rodrigo Rato, quien se haya manifestado sobre el asunto. El artífice del nombramiento de Alierta al frente de Telefónica afirmó en una entrevista publicada por el diario Expansión el pasado día 16 que "no tenía una opinión política al respecto" y, sobre todo, que no se arrepentía de sus nombramientos de responsables de empresas públicas luego privatizadas.

Otra declaración más firme y de mayor calado apunta contra Ramírez desde las cercanías del Gobierno. Es la que hizo el que va a ser nombrado nuevo presidente de Endesa, Manuel Pizarro, en El Primer Café de Antena 3. Pizarro, mentor de Alierta ante Aznar, cuando éste le confió la presidencia de Telefónica, opinaba sobre el caso preguntado, precisamente, por el adjunto al director de El Mundo, Casimiro García-Abadillo: "yo, mientras no se pruebe lo contrario, creo en la probidad de la gente. Hay una presunción de inocencia también aplicada en su periódico con ocasión de célebres montajes...". El futuro responsable de la compañía eléctrica hacía una arriesgada referencia al escandaloso vídeo sexual con el que se pretendió manchar la reputación de Ramírez, (cuyo juicio está previsto que comience el próximo 12 de junio), e implícitamente, al apoyo que el Gobierno dio al periodista en ese amargo trance. Así se lo hizo ver Pizarro a García-Abadillo fuera de antena, una vez terminado el mismo, según confirman fuentes cercanas al encuentro.

Alierta, seguro de su defensa y de que, en este caso, El Mundo no cuenta con el apoyo de Moncloa, como tuvo en su día en el caso Villalonga que sí consiguió llevarse por delante a su antecesor en Telefónica, va a utilizar todos los resortes legales contra Pedro J.

Mientras, por un lado, estudia presentar una demanda civil por la vulneración del derecho al honor o una querella criminal por haberle atribuido un delito de forma falsa, su equipo más cercano ya analiza con lupa el contrato que El Mundo y el presidente de Recoletos, Jaime Castellanos, firmaron hace ahora un año con Onda Cero.

Fuentes conocedoras de sus detalles señalan el carácter "leonino" que éste tendría para Telefónica, que en él entregó prácticamente los servicios informativos de la cadena a cambio de nada. Entre las posibilidades que se barajan en la operadora estaría denunciarlo apelando al modo en que El Mundo ha publicitado en Onda Cero su recién estrenada colección de vídeos, que luego han sido vendidos con los ejemplares que contenían informaciones ofensivas para Telefónica y su presidente.

Otra vía, mucho más arriesgada, que también se está barajando desde Telefónica tiene como ejes a los grupos de prensa extranjeros Pearson y Rizzoli, los actuales dueños mayoritarios de El Mundo. Alierta viajó nada más producirse los ataques de Ramírez a Londres para entrevistarse con la primera ejecutiva de Pearson, Marjorie Scardino, a fin de conseguir un respaldo del grupo inglés ante las informaciones de El Mundo (diario del que Pearson controla un 30% a través de Recoletos, en donde tiene la práctica totalidad de las acciones y del que Telefónica posee, a su vez, el 5 %). El día 14, sin embargo, Scardino aseguraba en un comunicado que Recoletos y su presidente, Jaime Castellanos, tenían "su respaldo absoluto" para el desarrollo de la estrategia del grupo en España y otros mercados de habla inglesa y portuguesa.

No obstante, la tibieza del comunicado ha hecho ver a quienes siguen de cerca el caso que Pearson también quiere jugar y sacar algo del enfrentamiento. Estas fuentes señalan que Pearson quiere salir de España, ya que no ha sacado los resultados esperados de su operación con Recoletos y El Mundo y podría estar utilizando la pelea para sacar rentabilidad a esta deseada venta. Si Alierta quiere controlar a El Mundo, que nos compre nuestra participación en el diario a cambio de su parte en nuestra central, un 5% que tampoco interesa ya a Telefónica, sería el argumento manejado por Scardino.

De esta manera, Telefónica sería dueño directo del grupo Español y del 30% de El Mundo. El único problema está en que la máxima responsable de Pearson estaría proponiendo un canje económicamente perjudicial a Telefónica ya que las acciones de Pearson valen mucho más que las de Recoletos-El Mundo.

Pese a esto, Alierta aún no podría controlar el diario, del que el grupo italiano Rizzoli posee un 45%. Pero las mismas fuentes aseguran que que Telefónica podría comprar también a Agnelli, dueño último de Rizzoli su 40 % de El Mundo ofreciéndo al magnate italiano acuerdos en negocios comunes de los móviles.

Que Alierta utilice o no semejante artillería depende de hasta dónde quiera llegar Ramírez en sus ataques y de la evolución política del escándalo. De momento, El Mundo ha rebajado la tensión y el caso, al menos al cierre de esta edición ya no ocupaba su portada.

La tensión, no obstante, se palpa en cada contacto entre ambos bandos. El mismo Juan Kindelán, incluso, llegó a llamar por teléfono a Victoria Prego al término de La brújula de la semana pasada, en la que Ramírez habló del caso, para mostrarle su disconformidad con la forma y el contenido del programa. La clave, pues, puede estar en que El Mundo consiga nuevos apoyos en los que seguir sustentando sus ataques

DELITO DIFÍCIL DE PROBAR

Al margen de las motivaciones que han llevado a Pedro J. Ramírez a imputar en su diario una presunta irregularidad cometida por Alierta como presidente de Tabacalera, los hechos objetivos dejan muy poco margen a la evidencia del delito y a la implicación directa del presidente de Telefónica en el mismo. En primer lugar, la supuesta utilización de información privilegiada corresponde al sobrino de Alierta, Luis Javier Placer. El Mundo ha denunciado que el 19 de agosto de 1997 Placer comenzó a comprar acciones de Tabacalera, justo antes de que por diversos motivos, esas acciones se revalorizaran espectacularmente, con lo que más tarde obtendría un 309 millones de ganancia. También según El Mundo, fue el propio Alierta quien fundó la sociedad Creaciones Baluarte (mediante la cual se hicieron las operaciones de compraventa) y quien obtuvo el crédito suficiente para poderlas llevar a cabo. Sin embargo, fuentes cercanas a Telefónica afirman que en los casos típicos de pelotazo bursátil, las operaciones de compraventa de acciones se hacen en días o semanas, mientras que en este caso, Placer conservó las acciones durante al menos seis meses. Además, afirman que en ese tiempo, aún con la subida del tabaco y la adquisición de la compañía norteamericana de puros Havatampa, Tabacalera no obtuvo una revalorización demasiado por encima de la del resto de grandes empresas. Lo cierto es que, según los datos aportados por la Bolsa, desde agosto del 97 a marzo del 98, el crecimiento de las cotizaciones de Tabacalera-Altadis (124%) rebasa con diferencia al del IBEX 35 (52%), Telefónica (70%), o el Banco Santander-BSCH (77%). Esas fuentes afirman también que lo que Alierta obtuvo fue en realidad una línea de crédito, y que informó al Banco que la concedió del cambio de titular cuando fue a utilizarla su sobrino. Las nuevas condiciones hicieron necesarios nuevos avales de decenas de millones de pesetas, que Alierta aceptó cubrir.

NUEVA PELEA EN EL SINDICATO

Domingo 13 de enero de 2002. Palco del estadio Santiago Bernabéu, Madrid, al filo de las ocho de la tarde. Dos viejos amigos, ambos afamados periodistas, habían acudido a ver el partido que disputaban el Real Madrid y el Valencia, invitados por el presidente del equipo local, Florentino Pérez. Se trataba del director del diario El Mundo, Pedro J. Ramírez, y el director y presentador del programa La Mañana (de la Cadena COPE), Luis Herrero. Pero el encuentro, que se preveía en principio cordial, se convirtió pronto en una conversación subida de tono. Dados los últimos acontecimientos, no era difícil intuir de qué hablaban, aunque por si no quedó suficientemente claro, fuentes presentes en la escena han confirmado que mencionaron a "Alierta". Las informaciones de El Mundo han hecho saltar chispas en aquel grupo de periodistas que reunidos en torno a la Asociación de Escritores y Periodistas Independientes (AEPI) ayudó a Aznar a conseguir el Gobierno hace seis años. El último atrevimiento de Pedro J, uno de los fundadores de la misma, puede dar definitivamente al traste con la confianza que le profesan antiguos compañeros como el propio Luis Herrero, Manuel Martín Ferrán, Pablo Sebastián, Federico Jiménez Losantos o José María García. Máxime cuando no es la primera vez que, por culpa de Pedro J, se plantean disputas en el seno de lo que sus adversarios bautizaron como el "sindicato del crimen". La última gran trifulca entre estos periodistas tuvo lugar precisamente cuando, a raíz de otras supuestas irregularidades publicadas por El Mundo, el anterior presidente de Telefónica, Juan Villalonga, tuvo que dejar el cargo.

Durante los últimos días, los supervivientes de este grupo, afincados sobre todo en la cadena COPE, han cargado las tintas contra lo que en mayor o menor medida consideran como una maniobra de Ramírez para no perder el control de Onda Cero. Tres días antes del enfrentamiento del palco, el propio Luis Herrero, en su tertulia de La Mañana había mantenido ya una discusión con Pedro J. sobre sus intenciones a la hora de sacar las informaciones sobre Alierta, que el periodista de la COPE calificó como un posible "chantaje" y que ya habían sido criticadas en la tertulia del día anterior. Ramírez contestó que le dolía especialmente que se le hubiera criticado en los micrófonos de la COPE: "Parece mentira que con todo lo que hemos vivido juntos, con todos los episodios en los que hemos compartido puntos de vista, hemos corrido riesgos juntos, con Antonio Herrero... Me parece injusto que se ponga en duda cuál puede ser la motivación de nuestro periódico". Avanzada la conversación, Luis Herrero afirmó rotundo: "te digo por mis fuentes y bajo mi responsabilidad que sí hay una lucha de poderes [en Onda Cero]... Es un secreto a voces que hay una cierta lucha por el control de los medios de comunicación de Telefónica..."

Periódicos como Abc, La Razón o Estrella Digital, en los que escriben algunos de estos periodistas, también han criticado, aunque menos explícitamente a Pedro J., arremetiendo sobre todo contra el destituido equipo gestor de Admira, al que han acusado de facilitar a Ramírez el control sobre los informativos de Onda Cero sin haber obtenido una contrapartida razonable.

UNA FILIAL INCÓMODA Y CON PÉRDIDAS

Junto a la recomposición de su esquema directivo, el presidente de Telefónica, César Alierta, ha comenzado a mover piezas para recomponer un imperio mediático del que, según fuentes cercanas a la operadora, no está dispuesto a desentenderse, por muy deficitario que sea en la actualidad. Lo cierto es que el balance de la filial de medios durante los últimos nueve meses del pasado año ha sido desastroso, y Alierta deberá reorientar sus empresas si, como ha anunciado, pretende sacar a Bolsa a Admira este mismo año. La filial de medios perdió en los primeros nueve meses de 2001 un total de 206,1 millones de euros (43.000 millones de pesetas), un 153% más que en el mismo periodo de 2000. Estas pérdidas se han debido a los malos resultados de algunas empresas del grupo, como Vía Digital, que pierde 102,8 millones de euros en ese periodo, o la televisión Antena 3, que ha disminuido sus beneficios a 16,4 (un retroceso del 51,4% respecto al ejercicio anterior, en el que consiguió 33, 9). Esta caída en los resultados, junto al déficit que arrastra Onda Cero (105) y las pérdidas en las demás empresas (incluida la emisora) que suman otros 26,1, restan importancia a los buenas cifras de la productora de contenidos Endemol, que finalizó el periodo con ganancias por encima de los 648 millones de euros, un 62,8% más que en el anterior ejercicio.

La compra de Onda Cero por parte de Antena 3 fue enmarcada por Telefónica como una operación de ingeniería financiera destinada a recomponer los activos de Admira y sanear sus cuentas. Del mismo modo, Vía Digital ha vendido a la propia Admira su canal Gran Vía, por 248 millones con el mismo motivo. Otras posibles operaciones que se barajan son el cierre de la plataforma por satélite Vía Digital o su posible venta a su competidora Canal Satélite (del Grupo PRISA) y la venta de contenidos audiovisuales a la televisión digital Quiero TV.

CÚPULA DE CONFIANZA

Tras una etapa en la que ha preferido dejar pasar el tiempo sin abordar decisiones de gran calado, Alierta ha decidido ahora cortar por lo sano y abrir una nueva fase, destituyendo a la cúpula gestora de la filial de medios. Aunque las fuentes oficiales de la operadora aseguran que estos cambios se barajaban desde hace tiempo debido a discrepancias financieras, lo cierto es que los ya ex responsables de Admira, Onda Cero y Vía Digital han tenido durante su mandato una estrecha relación con El Mundo, y que algunos de los entrantes, además de tener el beneplácito de La Moncloa y la confianza de Alierta, no simpatizan con el director de la cabecera.

La cabeza del equipo saliente era Juan José Nieto, llegado a Telefónica en 1996 de la mano de su amigo Villalonga, con el que había trabajado en Bankers Trust, y que un año después recibió el encargo de dirigir, como consejero delegado, la por entonces deficitaria televisión Antena 3. Nieto se vio amenazado en varias ocasiones por las famosas rotaciones de cargos del anterior presidente de la operadora, pero logró mantenerse gracias al apoyo del BSCH, que veía cómo Antena 3 se convertía en una máquina de ganar dinero. Nada más llegar al cargo, en el verano de 2000, Alierta le nombró presidente ejecutivo de Telefónica Media, puesto que ha ocupado hasta el pasado día 11. Su sustituto, Luis Abril, será el encargado de sanear y reorientar los medios de la operadora desde la dirección general y la presidencia en funciones de Admira, y también mantendrá su responsabilidad como director general y secretario general de la Presidencia de Telefónica. Antes de entrar en otoño con esos cargos en la operadora, Abril había sido director general del Banco Santander Central Hispano (BSCH), después de haber sido director de Tesorería y responsable de la secretaría técnica del Banco de Vizacaya, haber dirigido las divisiones de Banca Privada y Gestión de Activos del Grupo BBV, y haber dirigido las divisiones de Estudios y Comunicación del BSCH.

Por debajo de Abril, como vicepresidente de Admira, Alierta ha designado a Luis Blasco, un hombre de su entera confianza desde los tiempos en que presidió Beta Capital y enfrentado a Pedro J. Ramírez desde que ambos coincidieran en Grupo 16 (Blasco como vicepresidente de Información Económica y Financiera, SA (INFIESA), editora de las publicaciones económicas del grupo, y Ramírez como director del diario). Como consejero delegado y miembro de la comisión permanente de la filial de medios, ha nombrado a Juan Kindelán, que también sustituye a Javier Gimeno en la presidencia de Onda Cero. Kindelán, un histórico de la prensa económica española, fue uno de los fundadores del Grupo Recoletos, del que precisamente salió tras las desavenencias surgidas con su actual presidente, Jaime Castellanos, por el acuerdo que éste propicio con Pedro J. Ramírez, mediante el cual Recoletos adquirió el 30% de El Mundo (reportándole de paso al director del diario unos pingües beneficios).

Tras la renuncia de Juan Ruíz de Gauna, Carlos Lavilla (el hasta ahora director financiero de Admira), ha asumido el cargo de consejero delegado de Vía Digital, y será el encargado de mantener a flote a la compañía más deficitaria de Admira.

La recomposición directiva de Alierta no ha afectado por ahora a Antena 3, en la que permanecen Enrique Álvarez como presidente y Luis Velo como consejero delegado

21.01.02


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