OPINIÓN E IMAGEN

LA CONCEJALA : 'Gallardonista' de conveniencia, ‘manzanista’ de corazón

Después de seis meses al frente de la concejalía de Empleo y Servicios al Ciudadano, la esposa del presidente del Gobierno, Ana Botella, ya ha empezado a ser reconocida como edil del Ayuntamiento de Madrid. En todo este tiempo, sus apariciones públicas, sus discursos y los programas contemplados en los presupuestos para el próximo año han comenzado a definir su perfil político que, lejos de responder a la imagen liberal que pretende transmitir Alberto Ruiz-Gallardón, recuerda significativamente a épocas pasadas. Dicen de ella que se ha convertido en la abanderada de los valores tradicionales que tanto gustaban al anterior alcalde, José María Álvarez del Manzano. Que como él, tiene un perfil político bajo, y que al igual que el anterior equipo de Gobierno, gestiona los servicios sociales como si se trataran de un acto caritativo. Estas críticas no son gratuitas. Sus decisiones e intervenciones públicas la delatan.

Por Virginia Miranda

Ana Botella es una política privilegiada. Hace un año, Alberto Ruiz-Gallardón, por entonces candidato a alcalde de Madrid y posible sucesor de Aznar, la cortejaba públicamente para acompañarle en su aventura municipal, una perita en dulce a la que fue incapaz de resistirse en vista de su anunciada despedida del Palacio de La Moncloa. Después de patearse toda la ciudad visitando los centros de los Servicios Sociales como número tres de la lista electoral, llegó la recompensa: el 25 de marzo se asomaba triunfal al balcón de Génova arropada por su marido y jefe del Ejecutivo, José María Aznar, y el nuevo alcalde de la capital española por mayoría absoluta, Alberto Ruiz-Gallardón. Aquella noche nacía la edil Ana Botella, una concejala novata sobre la que recaían todas las miradas, entre curiosas y expectantes, para descubrir, ahora sí, el verdadero perfil político de la mujer del presidente.

Hoy, seis meses después de que tomara posesión de su cargo al frente del área de Empleo y Servicio al Ciudadano (antiguos departamentos de Asuntos Sociales, Educación, Igualdad y Empleo e IMEFE) en el Ayuntamiento de Madrid, ya se puede hablar de cómo es la Ana Botella concejala.

Desde un punto de vista personal, fuentes municipales dicen que su trato es correcto y suele ser muy agradable con sus compañeros de trabajo, sean del grupo político que sean. Incluso se la suele ver en el patio de la Plaza de la Villa charlando animadamente con cuantos se le acercan, algunos de ellos, cuentan en el Consistorio, atraídos por la irresistible tentación de conversar nada menos que con la mujer del presidente. Las mismas fuentes advierten también sobre ciertas actitudes complacientes sujetas aún a su condición de segunda dama. Sin ir más lejos, durante la investidura de Gallardón, la edil y tercera teniente de alcalde fue objeto de un besamano por parte de algunos de los allí presentes y son muchos los que se dirigen a ella como “doña Ana”, a pesar de que ningún otro concejal recibe este tratamiento.

Este no es el único tratamiento especial destacable en el corto periplo municipal de Ana Botella. Dicen en el Ayuntamiento que antes de que se instalara en su nuevo despacho, se dio orden de pintar las paredes, que ahora son de color crema, y cambiar las alfombras, algo que no ocurría desde hacía años. Sin embargo, parece que no ha quedado satisfecha. Recientemente se ha sabido que la Concejalía de Empleo y Servicios al Ciudadano se trasladará a Ortega y Gasset, 100, una calle mucho más selecta y exclusiva que la castiza carrera de San Francisco. La versión oficial es que el Consistorio se va a gastar tres millones de euros en acondicionar el inmueble para acoger todos los despachos de las nuevas dependencias del departamento de Ana Botella. Aunque hay quien dice que a la edil no le gusta la ubicación de su despacho y que el alcalde no ha pasado por alto este pequeño detalle. 

Por lo demás, y salvo estos detalles, la nueva vida de la esposa del presidente no dista mucho de la del resto de sus compañeros. Eso sí, podría decirse incluso que se ha convertido en una mujer todoterreno, porque aunque ha reducido considerablemente su agenda institucional de segunda dama, aún debe compatibilizar estos quehaceres con intensas jornadas de trabajo. A las 8:30 de la mañana llega en un Audi 6 a su despacho. Allí despacha sobre los temas relacionados con su área con su jefe de Gabinete, Pedro Landeras, y con algunos de sus directores gerentes para ajustar la agenda de trabajo. Prácticamente todos los días tiene que desplazarse para acudir al menos a un acto, relacionado bien con educación, servicios sociales o empleo, y además de estos compromisos, suele acudir a reuniones privadas con representantes de asociaciones y fundaciones para escuchar sus demandas. Por si fuera poco, mantiene una reunión semanal con todos los directores gerentes de su departamento para tratar los temas que competen a la concejalía y, como el resto de ediles de la corporación municipal, asiste los viernes a la Comisión de Gobierno con el alcalde.

Es a lo largo de estas jornadas de trabajo cuando se puede comprobar lo que da de sí la nueva edil madrileña en la arena política. Y aquí, a Ana Botella, se le mide con el mismo rasero que al resto de sus compañeros, aunque en su caso, debido a la atención que despierta, se ve sometida a una observación crítica mucho más concienzuda de la que no sale precisamente bien parada.

Las declaraciones de la edil. Los discursos, programas y apariciones públicas de Ana Botella son un buen indicador con el que medir la talla y talante político de la concejala. Una de las cosas que ha dejado clara recientemente es que va a resultar difícil pillarla en un renuncio desacreditando al alcalde. La polémica subida de impuestos de Gallardón, que finalmente tuvo que rectificar (en parte, precisamente la más difícil de aplicar), tuvo como respuesta la inquebrantable adhesión de su concejala. En una entrevista concedida a El País el pasado 9 de noviembre (antes de que el primer edil diera marcha atrás), Ana Botella aseveró: “Yo soy leal a Alberto Ruiz-Gallardón, porque creo en su política, creo en lo que va a hacer, comprendo por qué se ha tenido que producir una subida de impuestos, pero al mismo tiempo tengo una lealtad al PP y a todos sus dirigentes, como la tiene también Ruiz-Gallardón”. Conclusión: la concejala se ha aprendido bien la lección de la disciplina de partido. De hecho, fuentes municipales aseguran que a los plenos municipales se presenta con la lección bien aprendida y no se distancia ni un ápice del discurso oficial del Partido Popular. Aunque no siempre lo consigue.

Hace tan sólo unos días se acabó saliendo del guión. El Pleno del Ayuntamiento iba a proceder a una votación no vinculante propuesta por el PSOE sobre el matrimonio de los homosexuales, y Pedro Zerolo, concejal del grupo socialista, hacía un emotivo alegato sobre los derechos constitucionales de gays y lesbianas. El edil inició un diálogo con Ana Botella, que a respuesta de que los homosexuales no caben en su modelo social, contestó: “sí cabe. Lo que pasa es que los procesos son procesos en los que hay que llegar a un consenso. Y ahora es el proceso de la historia”. Según algunos de los concejales presentes consultados, la respuesta de Ana Botella llegó a incomodar a algunos de sus compañeros de filas, “porque muchos de ellos no comulgan con sus ideas de derechas”.

Esta actitud conservadora recuerda a la del ex alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano. Desde que saliera de la política municipal, Ana Botella ha tomado su testigo para, según Zerolo, abanderar la defensa de los valores tradicionales. Aunque si hay que destacar una similitud por encima del resto, sin duda hay que hacer referencia al profundo sentimiento religioso de los dos políticos. El pasado día 7, durante la presentación de presupuestos, Julio Misiego, de IU, dijo que el PP quiere convertir los servicios sociales en “asistencialismo con olor a incienso” porque “delega la realización de programas sociales a distintas órdenes religiosas como las Damas Apostólicas o las Hijas de la Caridad”. Ante tales afirmaciones, Ana Botella contestó que “la realidad es que muchos servicios sociales los gestionan entidades religiosas. Y gracias a ellas funcionan cosas como el albergue de San Isidro. Eso no es asistencialismo”. Pero esa no es la realidad. La realidad es que en dicho centro trabajan 100 empleados municipales y sólo seis monjas, dedicadas a las labores de enfermería. Esto, según fuentes del consistorio, denota no sólo su desconocimiento del área que dirige; también su concepción de los servicios sociales como actos de caridad y su pronunciado clericalismo. Incluso, dicen, “ya se ha llevado a Gallardón a misa en La Almudena”.

Presupuestos de la concejalía. Los presupuestos y los programas del área de Empleo y Servicios al Ciudadano para 2004, presentado el pasado día 7, son otro baremo con el que valorar el perfil político de Ana Botella. Según la oposición, la mayoría de los proyectos son una continuación de los ya existentes y se han diseñado bajo un criterio más parecido a una labor caritativa que a unos verdaderos servicios sociales.

Según la Concejalía, la dotación para la atención social crece un 46,53%, y el presupuesto para el IMEFE se incrementa en un 14,6%. De este modo, se ha pasado de gestionar un presupuesto en 2003 cercano a los 160 millones de euros a los más de 218 millones que se invertirán en 2004.

Para financiar el programa Cooperación al Desarrollo se ha destinado una partida presupuestaria cercana a los 17 millones de euros

El programa Madrid Acompaña es uno de los proyectos estrella del área que dirige Ana Botella, aunque lo ha heredado de su antecesora. En 2004, el Ayuntamiento pretende conectar a una central a 16.500 hogares de ancianos, para lo que se han presupuestado 58 millones de euros.

Para mejorar la atención en los centros de mayores, la Concejalía de Empleo y Servicios al Ciudadano asegura haber incrementado la partida presupuestaria un 168%, lo que se traduce en once millones de euros. Con este dinero, dice que aumentará el número de plazas disponibles en más de un 30%.

Al área dedicada a Infancia y Familia, el Ayuntamiento de Madrid destinará cerca de 14 millones de euros, un 61% más que el año pasado, para prevenir y tratar “situaciones de crisis familiares”. 

Asimismo, para la atención a personas sin hogar, se han destinado más de 7,5 millones de euros, un 30,6% más que en 2003. Según las previsiones de la concejalía de Ana Botella, el próximo año se iniciarán las trabajos para la creación de  un nuevo Centro de Acogida.

El apartado dedicado a los discapacitados contará por primera vez un programa de ayuda a domicilio destinado a 827 personas. En él se contempla la realización de un catálogo de prestaciones “de atención social básica”, Según las cifras que maneja el área de Empleo y Servicios al Ciudadano, el programa se financiará con ocho millones de euros, cantidad que representa un incremento del 90,83% respecto a la que en 2003 se destinó a este tipo de proyectos.

Respecto a la atención al colectivo de inmigrantes, cerca de seis millones de euros servirán para costear varias iniciativas, como son el Plan Local de Integración Social de Nuevos Ciudadanos, el Observatorio Municipal de la Inmigración, y el apoyo al Programa de Voluntariado.

El Samur Social es uno de los proyectos que más se publicitaron durante la campaña electoral de las pasadas municipales y, prácticamente, es la única novedad que introduce el Gobierno de Alberto Ruiz-Gallardón en el área de Empleo y Servicios al Ciudadano. Comenzará a funcionar el próximo año y estará dotado de dos unidades móviles de intervención inmediata, que se encargarán de atender en el menor tiempo posible emergencias individuales, como puede ser casos de violencia doméstica, de falta de alojamiento o de mayores que vivan solos, o las de carácter colectivo. Para su puesta en marcha contará con dos millones de euros.

En el apartado de Educación, con seis millones de euros se financiará, fundamentalmente, la apertura de los colegios fuera de los horarios habituales.

Dentro de este mismo ámbito de actuación, se incluye una dotación para ofrecer ayudas y subvenciones “a entidades privadas que impulsen tanto la construcción de nuevas escuelas infantiles como la renovación de instalaciones ya existentes.

Para propiciar la igualdad de oportunidades se financiará con 4,5 millones de euros un programa destinado a mejorar las condiciones de las mujeres en el mundo laboral. Otro proyecto específico, dotado con cerca de ocho millones de euros, incluye medidas para la promoción social de mujeres en situación de especial dificultad.

Un Plan de Juventud, basado en la información, la gestión de ocio alternativo y la formación para el empleo, es otra de las actuaciones que se llevarán a cabo a partir de 2004. Para su financiación se han presupuestado cerca de 2,5 millones de euros.

Por último, el antaño conflictivo Instituto Municipal de Empleo y Formación Empresarial (IMEFE), que será sustituido por la Agencia para el Empleo de Madrid, se estructurará en 2004 en cinco programas dotados con 57 millones de euros, un 14,6% más que el año anterior.

La oposición no está en absoluto de acuerdo con las bondades presupuestarias de las partidas destinadas a financiar los proyectos de Empleo y Servicios al Ciudadano. Según su valoración, todo depende del cristal con que se mire. Dice que la cantidad se queda corta en los presupuestos globales del consistorio, que son antisociales y que representan una continuación de la política practicada por el equipo de Gobierno de Álvarez del Manzano. Por ejemplo, respecto al apartado relativo a mayores, dicen que han incumplido su programa electoral porque prometieron crear 42 centros de día y el presupuesto no lo contempla, porque el anunciado aumento de plazas se conseguirá concertándolas con entidades privadas y porque no se ha previsto la construcción de centros en los barrios que no disponen de ellos.

De las partidas destinadas a Infancia y Familia dicen otro tanto de lo mismo. El grupo municipal socialista asegura que han disminuido en varios distritos.

Respecto a Cooperación y Desarrollo, dicen que el programa de la Concejalía de Ana Botella mantiene el ya existente desde 1995 y de Educación, reconocen que se ha producido un incremento de la partida presupuestaria, pero que los más beneficiados son los centros privados en detrimento de un mayor número de trabajadores sociales para evitar el absentismo escolar. Asimismo, aseguran que el área de juventud no recibe dinero para financiar alternativas culturales y de ocio y que la de discapacitados cuenta con recursos insignificantes para eliminar las barreras arquitectónicas.  Por último, el concejal del grupo municipal socialista, Pedro Zerolo, se lamenta de que no haya ni un solo programa para eliminar la homofobia que siguen sufriendo los gays y lesbianas de la ciudad.

Conservadurismo, perfil bajo, continuismo y abuso de la caridad. La concejala Ana Botella deberá trabajar duro para quitarse el sambenito de ‘sucesora de Manzano’ si, en un futuro incierto, quiere dar el salto a una carrera política de más altos vuelos.

Sus poderes

Áreas a su cargo: Empleo, políticas laborales, mayores, mujer, igualdad, infancia y familia, educación y juventud, inmigración, prostitución y cooperación y voluntariado.

Organismos que dependen de ella: IMEFE

Presupuesto que maneja: 218 millones de euros

Equipo directo:

—Jefe de gabinete: Pedro Landeras

—Delegado de Empleo y Servicios al Ciudadano: Antonio de Guindos Jurado

—Gerente IMEFE: Mª Dolores Flores Cerdán

—Director gerente de Mayores: Florencio Martín

—Directora gerente de Educación y Juventud: María Fuster Cavestany

—Directora gerente de Infancia y Familia: Esperanza García García

—Directora gerente de Igualdad: Asunción Miura Biendicho

—Director gerente de Inmigración, Cooperación al Desarrollo y Voluntariado: Tomás Vera Romeo

—Director gerente de Servicios Sociales: Roberto Collado

Pío, el escudero…

Dicen en el Ayuntamiento de Madrid que son uña y carne. Que entre ellos hay una sólida amistad que no se percibe con otros ediles del grupo municipal del PP y que ni siquiera el alcalde goza de semejante complicidad. Ana Botella ha encontrado en Pío García Escudero, el concejal de Urbanismo, a su fiel protector en el Consistorio de la capital.

La relación entre ambos ediles desde luego no es nueva. García Escudero es uno de los hombres de confianza de Aznar ya desde su etapa en Valladolid. Desde entonces, ha demostrado su fidelidad al jefe del Ejecutivo, y junto a Ana Mato, ha sido uno de sus respaldos más importantes para llegar a La Moncloa. Es más, el concejal de Urbanismo figura en todas las decisiones del partido tomadas desde que Aznar sustituyó a Fraga.

Precisamente ha sido en Génova donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera política. Ha sido coordinador de Organización del PP y presidente regional de la formación en Madrid, hasta que en una nueva demostración de abnegada lealtad al presidente dejó el partido para asumir el área de Urbanismo de Ayuntamiento madrileño. Es desde esta concejalía y desde su asiento en el Pleno municipal a la izquierda de Ana Botella desde donde arropa y respalda a la concejala novata.

…Y Lola, la fiel amiga

Echando un vistazo al organigrama de la Concejalía de Empleo y Servicios al Ciudadano, el nombre de María Dolores Flores nos llama poderosamente la atención. Lola, como así la conocen sus más allegados, es una de las más antiguas amigas de Ana Botella, con la que mantiene una estrecha relación desde que coincidieron en el colegio de las Irlandesas, donde también compartieron pupitre con la presidenta de la Asamblea de Madrid, Concepción Dancausa. Su carrera ha estado estrechamente ligada a la Administración. Después de ostentar el cargo de jefa de servicio del Instituto de Consumo pasó a trabajar en la empresa privada,  recaló en el Instituto de la Mujer y después pasó al Ayuntamiento de Madrid, de donde salió para encargarse de la Dirección General de Salud Pública con Celia Villalobos. Allí no ha dejado una buena impronta. De hecho, antiguos compañeros recuerdan que no sabía manejarse en el Ministerio de Sanidad y su mala actuación acabó siendo un lastre para titular de la cartera. Tras su cese, pasó una temporada dirigiendo el Instituto de Consumo, hasta que su amiga Ana  Botella la llamó para tenerla cerca de ella, nada menos que como gerente del IMEFE.

Ana Botella no es una concejala cualquiera. Y no sólo por lo obvio. Ninguno de sus compañeros en el Consistorio madrileño goza de las mismas medidas de protección que acompañan día y noche a la edil de Empleo y Servicios al Ciudadano en sus desplazamientos. La inquilina del Palacio de La Moncloa dispone del dispositivo de seguridad que ofrece el Estado a los presidentes de Gobierno y sus familias, mientras que el resto de concejales tienen a su servicio un policía municipal de paisano que les acompaña exclusivamente a lo largo de su jornada laboral y de un coche oficial para facilitar sus desplazamientos. No siempre fue así. Antes sólo disfrutaban de este privilegio el alcalde y algunos concejales de la corporación municipal y muchos de los ediles tenían que compartir vehículo. Fue después de las amenazas de ETA contra los representantes del Consistorio madrileño (no sólo los del equipo de Gobierno, también los del resto de grupos políticos) cuando decidieron ampliar a todos ellos las medidas de protección.

Ahora bien, el caso de Ana Botella, incluso cuando su marido abandone la jefatura del Gobierno, seguirá siendo excepcional. Todos los ex presidentes disponen de dispositivo de protección y coche oficial cuando abandonan el poder. Sin embargo, el gabinete de Comunicación de La Moncloa se muestra receloso para facilitar más datos sobre un tema tan delicado como el de la seguridad y no aclaran si sus esposas también gozan de este privilegio. A pesar de ello, parece poco probable que la concejala de Empleo y Servicios al Ciudadano continúe desarrollando su actividad pública con la única compañía de un policía municipal.

17.11.03


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