OPINIÓN E IMAGEN

La carrera

El adiós definitivo de José María Aznar al PP ha abierto ya sin tapujos ni pudores la gran carrera por su sucesión. Los mínimos movimientos registrados en el reciente Congreso del partido no aciertan a señalar un único elegido sino varios, entre los que se encuentran no sólo los tres vicesecretarios, Rato, Mayor Oreja y Rajoy, sino también el secretario general, Arenas, y el presidente del comité electoral, Acebes, al que Aznar no quiso dar nuevo cargo para no dar pistas. Difícilmente el elegido estará fuera de este quinteto que ya concita enemigos y aliados en el PP del postaznarismo.

 

Por Inmaculada SÁNCHEZ

No habrá otra vez, ésta es la última". Estas palabras de Aznar ante los más de 3.000 compromisarios del PP retumbaron como un disparo de salida en más de un oído. Ya no hay en el Partido Popular quien piense que podría convencerse al presidente de que reconsidere su promesa de no volver a presentarse como candidato a La Moncloa por el PP. Incluso, convencido de que la bicefalia sería nefasta, también abandonará la presidencia del partido. El poder, pues, queda libre. Y habrá que ocuparlo.

Tras el XIV Congreso, la asamblea más presidencialista que hayan conocido los populares en su corta historia como partido, la lista de candidatos parece haberse reducido respecto a quinielas anteriores –ya nadie cuenta con ningún barón territorial antes muy nombrado– aunque no tanto como para sólo dar cabida en ella a los tres vicesecretarios generales, como han querido apuntar distintos medios.

Aznar no ha querido dar pistas –le quedan dos años al mando y quiere administrar a su gusto las noticias y las sorpresas– y, por ello, después de permitir que se dejase abierto el número de vicesecretarías generales mantuvo a Ángel Acebes, en quien se pensaba para la nueva, en su actual puesto. Sin embargo, ello no ha modificado, en absoluto, la querencia del presidente por su delfín más cercano.

Los aznarólogos más finos apuntan que el mantenimiento de Acebes al frente del comité electoral, dependiendo directamente del presidente, no ha hecho más que apuntalarle en un papel decisivo de cara a la sucesión sin exponerle al desgaste de la primera línea. De hecho, bajo su batuta se confeccionarán las listas a las trascendentales autonómicas y locales del año próximo, con lo que tendrá a su alcance la posibilidad de aupar a aliados y, sobre todo, de capitalizar un posible éxito para el partido. El presidente no da puntada sin hilo y tal como El Siglo ya expuso en su número 476 (Ver Angel "sí señor", el tapado) el ministro de Justicia es el dirigente del PP más cercano y fiel y, como tal, goza de sus preferencias en la carrera sucesoria aunque en el congreso haya decidido guardarlo en la reserva a la espera de cómo se desarrollen los acontecimientos.

Estos, imprevisibles de aquí al otoño del 2003, fecha fijada por el propio Aznar para que se produzca la ansiada designación, pueden ser decisivos, y, ni el mismísimo presidente y líder, aclamado hasta la saciedad hace dos fines de semana, puede tenerlos absolutamente controlados. Así, la predilección de Aznar por Acebes choca con la escasa autoridad del ministro en el partido, condición que, aunque muy relativizada por el actual hiperliderazgo del presidente, puede dar lugar a imprevistos como ha demostrado Álvarez-Cascos en el reciente congreso.

El presidente ya dio muestras de considerar esta condición como relevante cuando, tras la llegada al poder y la asunción de Cascos, entonces secretario general, de la vicepresidencia, puso a Acebes en un transitorio e inédito puesto de "coordinador general" del partido. Esa etapa es la que le valió al actual titular de Justicia para hacerse reconocer desde Génova ya que hasta ese momento sólo había sido en el PP poco más que "el alcalde de Ávila".

Mientras Acebes vela armas, los tres más señalados por los focos del congreso han iniciado su particular carrera. Y quien más espacio ha recorrido en menos tiempo ha sido, sin duda, Rodrigo Rato. Apenas unos días: el pre y el postcongreso, le han valido al devaluado ministro de Economía para volver a brillar como antaño. Los aplausos y el calor de los compromisarios del congreso lo hicieron ver rápidamente, y la prensa más cercana al PP así lo ha recogido (Ver en páginas siguientes La Noria de los Candidatos: Los medios apuestan por Rato).

Pasado el temporal Gescartera y aunque los negocios familiares continúen lastrando su velocidad, la candidatura de Rodrigo Rato ha vuelto, fulgurantemente, a ocupar el sitio que tuvo al final de la pasada legislatura: la de obvio, lógico e indiscutible sucesor. Su antigüedad en el partido, su autoridad en él, su cintura política y calidad oratoria y su cualificación como gestor económico le habían aupado a un pedestal del que sólo Aznar le echó.

Esa distancia con el presidente es su principal problema aunque ésta, sabiamente dosificada por Aznar, se estira y se encoge, como el dicho, a gusto de quien la controla según el momento. A día de hoy, tras el Congreso en el que se vio a Rato tan suelto y brillante como solía, ésta parece haber vuelto a estrecharse. Las palabras del ministro pretendiendo mantenerse al margen de una carrera en la que lleva el dorsal puesto desde antes de que se iniciara no son utilizadas ya para descartarle sino más bien para lo contrario.

Mariano Rajoy, por su parte, también se llevó su parte de calor y adhesiones en el cónclave popular, aunque su talante y disposición no le permitan rentabilizarlas en el corto plazo. Sin embargo, a pesar de su aparente desapego a la competición, el vicepresidente primero no sólo se alimenta de ese primer puesto tras el líder que Aznar le concedió en esta legislatura sino, principalmente, de la cartera de Interior a la que llegó forzado tras la marcha de Mayor Oreja a la campaña vasca.

Como claramente se ve en la evolución del barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), los españoles dotan con un plus de imagen al titular de Interior, el mismo que encumbró en su día a Jaime Mayor Oreja y ahora le tiene desabastecido en Vitoria.

Rajoy ha mejorado claramente su posición de la anterior legislatura y, tal como también ha señalado esta revista (Ver número 490 El San Pedro del PP: Rajoy maneja todas las llaves del Gobierno y el partido) su versatilidad y experiencia le colocan en una situación que pocos hubieran adivinado hace unos años.

Su antecesor en Interior, sin embargo, ha visto palidecer su estrella según se alejaba de Madrid. Su sacrificio político, exigido por Aznar para intentar el asalto a Ajuria Enea, le está pasando factura en estos primeros meses de 2002 (Ver su cambio de valoración en el barómetro del CIS en el cuadro de Los aspirantes).

A pesar de ello, o, quizá por ello, Jaime Mayor Oreja no ha desistido un ápice en sus aspiraciones. Quienes le siguen de cerca aseguran que, aunque "recluido" en el Parlamento de Vitoria "es el que más se mueve" en la carrera, en palabras de una fuente bien informada de esos movimientos. El actual portavoz de los populares en el Parlamento vasco siempre ha cuidado sobremanera su reflejo en los medios de comunicación y, según las fuentes citadas, prepara cuidadosamente su regreso.

Este podría producirse en la esperada crisis de gobierno que Aznar estaría reservando para el otoño, una vez concluido el semestre de presidencia española de la UE. En el entretanto, Mayor Oreja estaría preparándose para lucir su más reconocida pose, la de azote del terrorismo vasco. En este sentido, fuentes políticas vascas señalan que, ante la posibilidad de una tregua de la banda terrorista de cara a las próximas municipales –de la que ya se habla en determinados círculos políticos nacionalistas– el portavoz del PP estaría volviendo a su discurso de la "tregua-trampa" que tanto rédito público le granjeó.

Estos esfuerzos, sin embargo, estarían viéndose contrarrestados por otros elementos en su contra como la crisis de los socialistas vascos. La marcha de Nicolás Redondo Terreros, partidario de la colaboración con el PP ante el acoso etarra, estaría dejando a Mayor Oreja más solo en su trinchera, y esto, según distintas fuentes, ya se notó, incluso, en el transcurso del Congreso del PP, donde su discurso, excesivamente centrado en la cuestión vasca, resultó el más flojo de los tres vicesecretarios generales.

Quien sí tuvo su gloria en el cónclave fue Javier Arenas, a quien no descartan distintas fuentes del PP como posible sucesor –o al menos como participante en la carrera–. El secretario general consiguió las alabanzas públicas del jefe –Aznar sólo citó expresamente a los tres vicesecretarios, a Arenas y a Acebes– y su permiso para ampliar su control del aparato (Ver recuadro: Más poder para Arenas).

Esta ampliación de su capacidad de maniobra en Génova es la que citan quienes le conocen como su principal arma de cara al futuro. Aunque el propio Arenas ha querido ligar su destino al de Aznar –"No sólo estoy aquí por un compromiso con el partido sino personal con el presidente y lo que haga en el futuro tendrá todo que ver con el presidente", dijo ante los compromisarios– sus palabras no han cerrado la puerta a nada. "No ha querido decir que se va con Aznar, como ha dicho claramente Cascos, sino que hará lo que el presidente diga", explican en el PP.

La decisión de Aznar de mantenerle como secretario general, concediéndole esa ampliación de poder que le había requerido, ha hecho que se le vuelva a colocar en la carrera, aun en contra de una mayoría del partido, que continúa juzgándole como un aznarista sin más y de cuyos orígenes democristianos recela.

Para ir dando oxígeno o poniendo zancadillas en la competición el presidente cuenta con la previsible crisis de gobierno que todo el PP da por descontado para finales de año. Aunque no sólo.

El retorno de Mayor Oreja al Gobierno sería un síntoma de que su estrella aún tiene luz propia, pero hay otras posibles llegadas que generan más inquietud en el partido. La crisis puede ser la prueba de fuego de hasta dónde alcanza el nivel del nuevo grupo de poder nacido al calor del liderazgo de Aznar: el ya conocido por todos como Clan de Becerril.

Estos jóvenes entre 30 y 45 años que el presidente reúne cada verano en el municipio madrileño de Becerril de la Sierra ya tienen caras conocidas y puestos en Génova de los que Adolfo Suárez Illana y el futuro yerno del presidente, Alejandro Agag, no son más que los más famosos.

Los puestos, de primer o segundo nivel que puedan alcanzar los miembros de este clan –que aspira a sustituir al ya desdibujado Clan de Valladolid a pesar de sus declaraciones en contra– despejarían algunas de las incógnitas del postaznarismo y, sobre todo, señalaría si este grupo debe ser tenido en cuenta por los aspirantes a la sucesión, a pesar de no contar con un candidato propio.

El reparto de candidaturas para las autonómicas y municipales también forzará a Aznar a mover piezas y dejar libres bancos en el Consejo de Ministros . El titular de Medio Ambiente, Jaume Matas, se apunta como posible candidato a la presidencia balear, el de Fomento, Álvarez-Cascos, a la asturiana, e, incluso, algunas fuentes apuntan que Piqué, tras la presidencia de la UE, puede verse obligado por Aznar a acudir a su reclamo catalán, aunque el candidato siga siendo Alberto Fernández.

Las elecciones también moverían otros puestos de grueso calibre. Si la candidata a la alcaldía de Madrid es Esperanza Aguirre quedaría libre la presidencia del Senado, que podría ser ocupada por Pío García Escudero, viéndose obligado éste a dejar el cargo de coordinador de organización en Génova y la presidencia del partido en Madrid, lo que podría dar lugar a distintas carambolas. Mercedes de la Merced, única aznarista de peso que ha salido del comité ejecutivo en el reciente congreso, espera su llamada para entonces tal como le ha prometido Aznar aunque aún no sabe si ésta la conducirá a un ministerio o a luchar por ser la sucesora de Álvarez del Manzano, a quien lleva sosteniendo varios años desde su puesto de primera teniente de alcalde de Madrid.

¿O quizá esté reservada para dirigir la nueva macrofundación FAES donde el mismísimo Aznar piensa ubicar su futuro? El retraso en la designación de este relevante cargo también tiene en vilo a quienes aspiran a jugar algún papel en el futuro mapa de poder del partido. Un mapa que, si una inesperada resurrección del partido, tal como predica Cascos, no lo impide, llevará la única firma de José María Aznar

ÁNGEL ACEBES

Edad: 43 años.

Lugar de nacimiento: Ávila.

Estado civil: Casado, dos hijos.

Formación: Abogado.

Orígenes ideológicos: Comienza su actividad política en las Juventudes de UCD.

Experiencia de partido: Se afilia a Alianza Popular en 1985. Presidente provincial en Ávila (1994-96). Coordinador general del Partido Popular (1996-99). Actualmente es presidente del Comité Electoral Nacional (desde enero 1999).

Experiencia de gobierno: Alcalde de Ávila (1991-95). Ministro de Administraciones Públicas (enero 1999-marzo 2000). Actualmente es ministro de Justicia (desde abril de 2000).

Poder territorial en el PP: Escaso. Circunscrito a Ávila, se extendería a Castilla y León.

Imagen pública: Discreta. El barómetro del CIS le otorgó una valoración máximo de 4,6 y un mínimo de 4 como responsable de Administraciones Públicas, mientras que en Justicia ha logrado un aprobado (5,16), que ha llegado al mínimo de 4,3. El último barómetro (octubre 2001) le daba un 4,53.

JAVIER ARENAS

Edad: 44 años.

Lugar de nacimiento: Sevilla.

Estado civil: Casado, dos hijos.

Formación: Abogado.

Orígenes ideológicos: Demócrata cristiano. Militó en UCD, siendo presidente de sus Juventudes, y en el PDP, donde llegó a ser presidente de Andalucía. Además fue portavoz de la Agrupación Democracia Cristiana.

Experiencia de partido: Se incorporó al PP tras el congreso de la "refundación" (febrero 1989). Presidente del partido en Andalucía (1993-99). Vicesecretario general (1991-99). Actualmente es secretario general (desde enero de 1999).

Experiencia de gobierno: Teniente de alcalde en el Ayuntamiento de Sevilla (1983-87). Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales (mayo 1996-enero 1999)

Poder territorial en el PP: Su influencia está en Andalucía, donde ha presidido el partido durante seis años.

Imagen pública: Como ministro el barómetro del CIS le dio una puntuación cercana al aprobado (entre 4,7 y 4,9). Una encuesta reciente en un medio de comunicación le situaba en el cuarto lugar en la opinión de los lectores sobre los posibles sucesores a Aznar, por detrás de los tres vicesecretarios generales.

JAIME MAYOR OREJA

Edad: 50 años.

Lugar de nacimiento: San Sebastián.

Estado civil: Casado, 4 hijos.

Formación: Ingeniero agrónomo.

Orígenes ideológicos: Demócrata cristiano. Ingresó en UCD en 1977 hasta 1983, luego militó en el PDP.

Experiencia de partido: Se incorporó al PP también tras el congreso de 1989. Presidente en el País Vasco desde 1990 hasta 1996 (desde entonces es presidente honorífico). Actualmente es vicesecretario general (desde 1996).

Experiencia de gobierno: Consejero de Turismo (1980). Delegado del Gobierno en el País Vasco (1982). Ministro del Interior (mayo 1996-febrero 2001).

Poder territorial en el PP: Ceñido al País Vasco. Presidió el partido en Euskadi durante 6 años e impuso a su heredero, Carlos Iturgaiz.

Imagen pública: Como ministro del Interior obtuvo las mejores valoraciones de todo el Gobierno, Aznar incluido, en el barómetro del CIS, con resultados el 5,4 y el 6,2. Recientemente apareció en una encuesta de un medio privado en segundo lugar entre los candidatos a suceder al presidente.

MARIANO RAJOY

Edad: 46 años.

Lugar de nacimiento: Santiago de Compostela.

Estado civil: Casado, un hijo.

Formación: Licenciado en Derecho. Registrador de la propiedad.

Orígenes ideológicos: Ingresa en AP en 1981.

Experiencia de partido: Presidente en Pontevedra. Secretario general en Galicia (1988-90). Actualmente es vicesecretario general del PP (desde 1990). Se encargó de dirigir las dos campañas electorales que dieron la victoria al PP, en 1996 y 2000.

Experiencia de gobierno: Vicepresidencia de la Xunta de Galicia (1986-87). Ministro de Administraciones Públicas (mayo 1996-enero 1999). Ministro de Educación y Cultura (enero 1999-abril 2000). Vicepresidente 1º y ministro de la Presidencia (abril 2000-febrero 2001). Ahora es vicepresidente 1º y ministro del Interior (marzo 2001).

Poder territorial en el PP: Su principal influencia está en Galicia, donde mantiene buenas relaciones con Manuel Fraga, pero su papel como coordinador electoral le ha tejido una amplia red de buenas relaciones en todo el territorio.

Imagen pública: En sus dos primeras etapas ministeriales el barómetro del CIS le daba en torno al 4,5. En sus dos últimos mandatos en cambio ha pasado del 5, y en el último barómetro ha logrado la nota más alta, un 5,05.

 

RODRIGO RATO

Edad: 52 años.

Lugar de nacimiento: Madrid.

Estado civil: Casado, 3 hijos.

Formación: Licenciado en Derecho.

Orígenes ideológicos: De tendencia liberal, ingresa en AP en 1979.

Experiencia de partido: Secretario general adjunto de AP. Dos años después volvió a ser secretario general adjunto, así como responsable del Área Electoral. Actualmente es vicesecretario general (desde 1996).

Experiencia de gobierno: Vicepresidente segundo y ministro de Economía y Hacienda (mayo 1996- marzo 2000). Actualmente es vicepresidente segundo y ministro de Economía (desde abril 2000).

Poder territorial en el PP: Domina claramente el partido en Madrid, a pesar de algunas diferencias con Ruiz-Gallardón, y tiene un amplio apoyo en las bases y cuadros de todo el partido.

Imagen pública: Ha ocupado una destacada segunda posición en la valoración pública de los ministros, por detrás únicamente de Mayor Oreja, superando también en ocasiones al propio presidente Aznar. El año pasado llegó a ser el más valorado tras la marcha de Mayor Oreja, pero el escándalo Gescartera le ha afectado de manera importante y en octubre de 2001 fue suspendido con su nota más baja, un 4,68.

Javier Arenas se hace

con Génova

Aunque el XIV Congreso del PP transcurrió prácticamente sin dejar traslucir el desenlace último de la principal incógnita implícita, la sucesión de José María Aznar en 2004, sí se produjeron algunos cambios en la formación del nuevo Comité Ejecutivo Nacional (CEN) que, cuando menos, serán condicionantes de la elección final, puesto que del CEN, casi con toda probabilidad, surgirá en 2003 el heredero, el cual, aunque habrá de contar con la aprobación de la Junta Directiva Nacional, es más que esperable que sea propuesto por Aznar.

Sin embargo, y a petición personal al presidente del Gobierno, el secretario general del PP, Javier Arenas, ha sido quien ha jugado más bazas en las entradas y salidas del Comité Ejecutivo Nacional, logrando de esta forma, hacerse con un equipo de Coordinación del PP prácticamente a su imagen y semejanza. Así, salvo el responsable de Organización y presidente del PP madrileño, Pío García Escudero, hombre de La Moncloa y de absoluta confianza de José María Aznar, los otros tres coordinadores de Área pertenecen al entorno de Javier Arenas. Tanto Rafael Hernando, responsable de Comunicación; como Ana Mato, de Participación y Acción Sectorial, se han mantenido en sus anteriores puestos, a pesar de que del primero se especulaba con su salida antes de la celebración del Congreso. Junto a ellos, Eugenio Nasarre, nuevo responsable de Formación y Estudios y anterior secretario ejecutivo de Estudios y Programas, conforma el núcleo pesado del PP. Nasarre, que goza simultáneamente de la confianza de Arenas y del fontanero de La Moncloa, Carlos Aragonés, sustituye en su puesto a la primera teniente alcalde de Madrid, Mercedes de la Merced, que permanece en el Comité Ejecutivo sólo como vocal, a la espera de que Aznar le dé las "buenas noticias" que le prometió públicamente en el XIV Congreso.

Otro aspecto a destacar en la formación de la Ejecutiva es la dedicación exclusiva al partido de sus miembros, eliminando la doble actividad que ejercieron en la anterior Ejecutiva algunos de ellos, como José María Robles Fraga, ex secretario de Relaciones Internacionales, ex portavoz de la Comisión de Asuntos Exteriores en el Congreso de los Diputados y hoy embajador de España en Moscú. Su cargo en el partido, como responsable de Relaciones Internaciones, lo ha asumido Jorge Moragas, mientras que el del Parlamento recayó hace unos meses en Gustavo de Arístegui. Moragas, diplomático de 36 años, es una de las novedades de la Ejecutiva que procede del Clan de Becerril, el grupo de jóvenes promesas del partido que encabeza el futuro yerno de Aznar y secretario general de PP Europeo, Alejandro Agag.

Otras novedades en las secretarías ejecutivas del Comité han sido los responsables de Política Autonómica, Jesús Merino; de Política Municipal, Rosa Romero; de Nuevas Tecnologías, responsabilidad de nueva creación que ha asumido el ex presidente de Nuevas Generaciones, Juan Manuel Moreno; de Análisis y Seguimiento, Juan José Matarí; de Igualdad de Oportunidades y Educación, Sandra Moneo; de Participación Ciudadana y relaciones con los Movimientos Asociativos, Julio Sánchez Fierro, y de Política Económica y Empleo, Vicente Martínez-Pujalte. Además, salvo este último, hombre de la máxima confianza de Rodrigo Rato, el resto pertenecen, como Hernando, Nasarre y Mato, al entorno de Arenas.

Asimismo, José María Aznar ha designado directamente a algunos de los nuevos vocales (35) que integran el Comité Ejecutivo y que siempre han gozado de su máxima confianza, como Pilar del Castillo, Gabriel Elgorriaga, Elvira Rodríguez, Alejo Vidal-Quadras –para muchos, una de las designaciones más sorprendentes del presidente– y Adolfo Suárez Illana, hijo del ex presidente de UCD.

En cuanto a la Junta Directiva Nacional, el máximo órgano directivo del partido y que será quien decida en último término quién va a sustituir a Aznar al frente de la candidatura del PP, cuenta entre sus 30 vocales con representantes de todas las generaciones populares, desde el ex ministro de Estado para la Administración Territorial con UCD, Rodolfo Martín Villa, hasta el delegado del Gobierno del Plan Nacional sobre Drogas, Gonzalo Robles, otro de los pesos pesados del Ejecutivo surgido de Nuevas Generaciones, de las que fue presidente en 1983.

Por A. P. V.

La soledad

de Álvarez-Cascos

El ministro de Fomento no tuvo reparos en presentar una enmienda relativa al papel del partido a la hora de que se limiten o no los mandatos de sus candidatos a la Presidencia, a pesar de la negativa de Aznar a debatir sobre su sucesión durante el XIV Congreso. Aunque dicha enmienda fue acallada con otra transaccional que contó con el beneplácito del enmendante y le llevó a retirar la suya, Álvarez-Cascos se siente satisfecho por haber provocado el debate en el seno del PP, pues, tal y como manifestó al pasado sábado 26 de enero en una entrevista televisada en CNN+, "los congresos están para que hablemos". Sin embargo, una enmienda como la presentada por el ministro de Fomento no debería dar lugar, según éste, a tanto revuelo y si ha sido así, continuó en la misma entrevista, es porque "me han dejado solo" e ilustró esta convicción asegurando que "en un mar de silencios el vuelo de una mosca hace mucho ruido" y, en realidad, en esta 14ª convención popular, "no ha habido demasiadas iniciativas que cobrasen interés, ni en los medios ni en la calle".

De esta forma, Francisco Álvarez-Cascos, muy moderado en su discurso respecto a su etapa de secretario general, reclamaba veladamente el protagonismo central del papel del partido frente al de su líder, José María Aznar, a la hora de tomar decisiones sobre su futuro, máxime cuando el jefe del Ejecutivo ha anunciado su retirada. Para el titular de Fomento, según sostuvo en CNN+, "sin caer en el materialismo histórico, que pertenece a la izquierda, pero sí apelando al sentido común, yo no creo que pueda haber ideas en cuerpos muertos". "Un modelo de partido vivo, que se renueve con cada Congreso –continuó–, pasa por tener ideas" y "para los que no tenemos una misión redentora en la política, sino que creemos que debemos representar la opinión de la mayoría, lo más satisfactorio" son resultados como los provocados por su enmienda relativa a la sucesión.

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