OPINIÓN E IMAGEN

FRAGA SE REVUELVE

11.03.02

El presidente gallego aún tiene mucho que decir en el partido y por el partido. Y lo dice. También la impenetrable cuestión de quién será el elegido de Aznar para sucederle debe contar con la opinión y el veredicto de Manuel Fraga, él lo quiere así y, ante claros indicios que apuntan a que el presidente español había decidido apartarlo de tal resolución, el León de Vilalba lanza zarpazos a Génova en forma de propuestas regionalistas que meten el dedo en la llaga popular: el afán centralista del presidente Aznar.

 

Por Ana Pardo de Vera

Manuel Fraga es el invencible presidente de la Xunta de Galicia, allí lleva gobernando doce años y desde allí otea la realidad de España. Pero sigue siendo el presidente fundador del Partido Popular y, por si a alguien le quedaba algún resquicio de duda, ha decidido hacerse notar o, más aún, lanzarle una advertencia a José María Aznar reivindicando su papel protagonista en la resolución sucesoria que, según el parecer general del PP, el presidente del Gobierno elucubra en voluntaria soledad.

"Todo empezó con el XIV Congreso del PP, Fraga llegó, vio pero no venció y su propuesta de lograr un mayor ámbito de decisión de las Comunidades Autónomas en la UE fue rechazada", asegura una persona muy cercana a la dirección del Partido Popular de Galicia (PPdeG). Sin embargo, la polémica estaba servida y el goteo de contradicciones del presidente fundador del PP con su sede central de la calle Génova sólo acababa de empezar, pues después vendrían una petición de una comisión permanente de Autonomías, apoyando al presidente andaluz socialista, Manuel Chaves, que Aznar rechazó, y otra de reforma del Senado, previa modificación constitucional, que sentaría aun peor en las primeras filas de un PP nacional "erigido, tras su Congreso nacional de finales de enero, como estandarte de patriotismo constitucional", sostiene la misma fuente. Sin olvidar, la última perla del presidente gallego que, en esta ocasión, ya no sólo ha incomodado al PP y a La Moncloa, sino que ha dejado "absolutamente perplejo", manifiestan desde O Hórreo, sede del Parlamento de Galicia, a buena parte del sector político de la comunidad: la posibilidad de un pacto de Gobierno entre PPdeG y el BNG si es necesario para garantizar el mejor estado de bienestar de los gallegos. Aclaran, asimismo, que el delfín tan cuestionado de Fraga y conselleiro de Política Municipal, Obras Públicas e Vivenda, Xosé Cuíña "ya se ha apresurado a desmarcarse de Fraga en su romance con los nacionalistas, pues todo es ganar puntos a los ojos de la dirección general en Madrid en su incansable pugna por presidir algún día la Xunta de Galicia" (ver El Congreso galleguista).

Pero la interpretación de la actitud del presidente gallego va más allá de un simple "quedarse en paz consigo mismo en su último mandato y lograr el mayor protagonismo posible para su Galicia". Manuel Fraga no está dispuesto a permitir que José María Aznar prescinda de su veredicto en una cuestión tan importante para el partido que él fundó como es la sucesión del propio jefe del Ejecutivo, equiparable sin remedio a la que Fraga protagonizó en 1989 cediéndole el relevo a José María Aznar al frente de un refundado Partido Popular. Entonces, además, Fraga respaldó a un Aznar que ni siquiera constituía su prioridad, ya que el presidente de la Xunta se inclinaba para sustituirle por la que sería ministra de Medio Ambiente en la primera legislatura popular, Isabel Tocino. Pero durante la famosa reunión en su casa de Perbes, el 26 de agosto del 89, Juan José Lucas y Federico Trillo-Figueroa, le hicieron ver al entonces presidente de Alianza Popular (AP) que la opción de Aznar sustituto era la más adecuada –también frente a la presentada por Rodrigo Rato, que se inclinaba por Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, según recoge Raimundo Castro en su libro El sucesor, para encabezar la lista por Madrid y auparse desde ahí a la presidencia del PP–.

La cuestión, que todavía hoy sigue planeando por muchas cabezas populares, es: "¿Por qué no se decantó entonces Manuel Fraga por Alberto Ruiz-Gallardón, su protegido?". Sólo se apunta la juventud del presidente madrileño y en consecuencia, su falta de rodaje político como obstáculos –tenía 30 años en 1989 frente a los 35 de Aznar–. Y se confirman en la teoría de que el presidente de la Comunidad de Madrid es, en realidad, el sucesor de José María Aznar que don Manuel elegiría ahora, "aun con plena conciencia de que es una baza inviable", al menos, en estos momentos. El enfrentamiento de Ruiz-Gallardón con la sede central del Partido Popular le está haciendo pasar malos momentos, según fuentes de la propia Asamblea de Madrid, que detectan en las formas del jefe del Ejecutivo madrileño "un desgaste progresivo": sus intervenciones en los plenos autonómicos apenas levantan aplausos, que, por otro lado, proceden de apoyos firmes cada vez más escasos, y sus discursos denotan un afán por morderse la lengua, pues de polémicas con el partido ya está sobrado y aparenta no desear ninguna más. "Si Aznar permitiese que Fraga interviniese en la resolución sucesoria, el nombre de Ruiz-Gallardón estaría sin duda sobre la mesa, incluso por encima del de Mariano Rajoy. Otra cosa es que lo permita", aseguran fuentes populares.

Giro de 180 grados. La actitud de Fraga, hoy en abierta contradicción con su partido en cuestiones puntuales, comenzó a dar un giro de 180 grados prácticamente la misma noche de las elecciones autonómicas del pasado 21 de octubre. Claramente satisfecho, pero con humildad, ofreció "diálogo" a las fuerzas de la oposición que, en el caso extremo del Bloque Nacionalista Galego (BNG), no conocían otro tono de voz del mandatario gallego que el que empleaba cuando les lanzaba fuertes improperios, eso sí, correspondidos de la misma forma. Un apretón de manos y una comida con el líder del BNG, Xosé Manuel Beiras, "y ahora todo son flores a Manuel Fraga, y viceversa", apuntan desde Galicia. Incluso, aunque él lo niega, se baraja la posibilidad de que el cordial almuerzo que celebraron Beiras y Fraga y su suave entendimiento actual sea motivo de cuestión de la autoridad de Beiras en el seno de su propio partido, especialmente dentro de su sector más radical, Unión do Pobo Galego (UPG).

Y a finales de enero, el PPdeG acudió al XIV Congreso del Partido Popular con una propuesta que reclamaba mayor protagonismo de las comunidades autónomas en la Unión Europea, proposición que no contó con la aprobación del resto del partido "porque no era el momento de plantearla", según justificó entonces el propio Manuel Fraga, debido a lo reciente del planteamiento del PNV sobre una representación directa de las comunidades autónomas en la UE. A pesar de este razonamiento, el malestar en un Congreso que si de algo se jactaba, era de unidad de ideas, se dejó traslucir enseguida y la propuesta de Fraga, en evidente contradicción con los postulados de su partido, dio que hablar durante varios días. Los justos para que Fraga volviese a la carga con otra propuesta que, en este caso, respaldaba claramente la del presidente de la Junta de Andalucía, el barón socialista y presidente del PSOE, Manuel Chaves. El mandatario gallego y el andaluz reivindicaron en la reunión del Comité de Regiones (CdR) de la UE del pasado 6 de febrero la necesidad urgente de que el presidente español se reuniese con el de las Comunidades Autónomas para debatir sobre la presencia de las regiones en los órganos de la UE. Pero el Gobierno Aznar, en boca del ministro de Asuntos Exteriores, Josep Piqué, descalificó esta idea y dio por zanjado el asunto, "aunque si lo que pretendía era silenciar a Manuel Fraga, les salió el tiro por la culata", aseguran fuentes muy cercanas a Génova.

Sólo pasaron cuatro días y el León de Vilalba volvió a revolverse en su guarida. Desde el periódico compostelano O Correo Galego, el presidente de la Xunta aseguraba en una entrevista que era el momento para una reforma parcial de la Constitución para acometer otra más urgente del Senado, prevista ya por los populares aunque sólo desde el punto de vista del Reglamento de la Cámara Alta. Pero Fraga, precisamente uno de los Padres de la Constitución del 78, iba más allá y pedía la reforma de algunos aspectos de la Carta Magna. Esta vez, haciendo oídos sordos a las alabanzas y los aplausos socialistas y nacionalistas a la propuesta fraguista, fue el propio presidente Aznar quien contestó a don Manuel: llevar a cabo su propuesta sería correr un "riesgo innecesario", por lo que no habrá cambios. Asimismo, José María Aznar viendo que el presidente de la Xunta de Galicia no iba a desistir en su empeño de tratar de obtener más protagonismo regional en la UE le pidió durante una conversación telefónica, que el propio Fraga desveló, que aplazase este debate hasta después de la Presidencia española en la UE, que concluye en julio, algo que al jefe del Ejecutivo gallego le pareció razonable.

Sin tregua. Pero si Aznar pensó que su antecesor al frente del PP se iba a recoger silenciosamente en su Pazo de Raxoi con el aplazamiento del debate regionalista, seguramente se equivocó. Apenas diez días después, en otra entrevista publicada esta vez por El País –otra cuestión a tener en cuenta, pues Fraga nunca fue muy pródigo en entrevistas–, el presidente de la Xunta insistía en que había que reformar la Constitución y añadía más metralla: él estaba dispuesto a pactar con el BNG si era necesario para Galicia. Y volvió el caos a los despachos de Génova, dando la cara en esta nueva ocasión de respuesta non grata para Fraga el secretario general del PP, Javier Arenas, quien aseguraba que a pesar de no desear polémica con el presidente gallego, no compartía su opinión sobre el BNG. Tampoco sobre el PNV, de quien Fraga, en la misma entrevista, aseguraba vislumbrar actitud de diálogo, cuando para Arenas, el PNV tiene "una posición más radical que hace seis meses".

Tal es el afán, según algunos sectores del PP, por advertir a Aznar de que él existe "y mucho", que ha llegado a manifestar su desacuerdo con que la final de la Copa del Rey entre Real Madrid y Deportivo de A Coruña se celebrase en el madrileño estadio Santiago Bernabeu. Lo hizo apoyando las declaraciones del técnico del equipo coruñés, Javier Irureta, que denunciaba así la presión que suponía para los jugadores gallegos enfrentarse al Real Madrid en la capital y en plena celebración del Centenario del equipo merengue. Casualidad o no, el presidente de la Xunta hizo estas declaraciones días después de que Aznar se declarase hincha del Real Madrid desde jovencísimo.

Pero el único objetivo de Manuel Fraga, según quienes le conocen, no es el de obtener mayor protagonismo regional en Europa, ni siquiera lograr la reforma de la Carta Magna o del Senado, "que también le interesan, eso es innegable". Incluso, lo del pacto PPdeG-BNG sólo es una posibilidad esbozada, muy probablemente, para alabar las buenas relaciones entre el Gobierno gallego y la oposición, "con la que ahora todo es posible". Lo que quiere Fraga es su justo protagonismo en el debate de la sucesión de Aznar: él tiene derecho a proponer a su candidato o candidatos "porque sin él no habría PP, no habría un presidente Aznar, no habría Gobierno popular y no habría nada", señalan con contundencia las mismas fuentes. Para ello, el presidente de la Xunta apela, como hizo asimismo en el XVI Congreso del PP, el ministro de Fomento, Francisco Álvarez-Cascos (ver Por derecho), al espíritu de partido como ente unitario que debe debatir todas las decisiones que le atañen, más si se trata de sustituir a su candidato a la Presidencia del Gobierno. Pero Fraga va más allá y asegura, para que no queden dudas, que "si alguien sabe lo que piensa el PP, ése es su fundador".

Pero la incógnita sucesoria continúa, con Fraga o sin él, avivada ahora con un posible regreso de Jaime Mayor Oreja al Gabinete Aznar y una boda, la de Ana Aznar Botella y Alejandro Agag, que podría dar alguna pista sobre por dónde van las querencias del presidente del Gobierno.

El Congreso galleguista

Esta semana, los días 15 y 16, se celebra el XI Congreso del Partido Popular de Galicia (PPdeG) y lo hace en medio de la tranquilidad de la que goza el partido en la comunidad gallega, que logró por cuarta vez la mayoría absoluta el 21 de octubre de 2001, y de los quebraderos de cabeza que su número uno, el presidente de la Xunta, le está dando a la Dirección Nacional en Madrid. De las cuatro ponencias previstas, la que ha levantado mayor expectación es la de El Galleguismo del siglo XXI, puesto que recoge las propuestas de Manuel Fraga que tanto han dado que hablar desde la celebración del XIV Congreso nacional del PP a finales de enero: la adaptación del Senado a la realidad autonómica, previa reforma constitucional para modificar asimismo la Cámara Baja; la creación de la Conferencia de presidentes autonómicos y que éstos tengan presencia en el Consejo Económico y Social de la Unión Europea.

Con el lema Un nuevo impulso a la acción galleguista, el Partido Popular de Galicia se hace eco de las propuestas de Manuel Fraga que pretende el mayor protagonismo posible para la comunidad autónoma que gobierna por última vez. Además, el marco de este congreso ordinario no puede ser más dulce para los populares, pues sus relaciones con los nacionalistas de la oposición no tienen precedente en cuanto a suavidad y buenas maneras. Tanto, como para que el jefe del Ejecutivo gallego se plantee la posibilidad de llegar a un pacto de Gobierno con el BNG.

Sin embargo, aseguran en Galicia, que, en este sentido, Manuel Fraga cuenta con la oposición, una vez más, del PP nacional, al que le ha salido un inesperado aliado la semana pasada: el polémico conselleiro de Política Territorial, Xosé Cuíña. Ante la posibilidad de que su presidente pueda pactar con el BNG, Cuíña aseguró en el Parlamento que "nunca" tendría "nada que ver" con los nacionalistas gallegos, desmarcándose claramente de Fraga. "La ambición de Cuíña está por encima de fidelidades y otros sentimentalismos –aseguran fuentes muy cercanas al PPdeG– y si él cree que alejándose de don Manuel gana puntos en la sede central de Génova para ser el sucesor gallego, pues se alejará sin ningún tipo de remordimiento".

La cuestión sucesoria gallega es otra de las sombras que planeará este fin de semana sobre el Congreso ordinario del PPdeG, pero no se tiene pensado abordarla en absoluto. Tan sólo se designará al secretario general del PP gallego y Xesús Palmou, el eficiente número dos del partido en Galicia, tiene todas las papeletas para repetir en el cargo

Por derecho

En sus veladas reivindicaciones de protagonismo "por derecho", según reconocen personas cercanas al presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga no está solo. Y no lo estuvo tampoco en el XIV Congreso del PP, en donde el ministro de Fomento, Francisco Álvarez-Cascos, fue el otro discrepante con la línea unitaria del partido al presentar una enmienda relativa al papel del partido a la hora de que se limiten o no los mandatos de sus candidatos a la Presidencia, aun cuando José María Aznar no deseaba, y así lo pidió al PP, que el tema de su sucesión se tocase en la convención popular.

Francisco Álvarez-Cascos introdujo así el debate sobre lo que ahora Fraga reclama: el papel del partido a la hora de tomar decisiones, máxime si éstas atañen a quiénes han de ser sus futuros dirigentes,  frente al papel monolítico que parece imprimirle la figura del presidente del Gobierno, máxime si éstas atañen a quiénes han de ser sus futuros dirigentes. Durante la celebración del Congreso, Álvarez-Cascos concedió una entrevista a CNN+ en la que aseguraba con contundencia que los congresos están para que se hable en ellos, para que de estas convenciones surjan ideas y para que todos los que integran el partido tengan voz y voto.

Sin embargo, la intencionalidad que algunos populares le achacan a Francisco Álvarez-Cascos cuando presentó su enmienda en el XIV Congreso no tiene nada que ver con la que ahora parece alterar la vida política de Fraga, y mucho más la de la Dirección General del PP. Así, explican que mientras el deseo del titular de Fomento no era otro que el de que Aznar repitiese, asegurándose, según el mismo entorno, su propia continuidad en futuros gobiernos, el deseo del presidente de la Xunta es el de intervenir en el debate sucesorio, "un debate que, en realidad, no existe ni existirá, pues con toda probabilidad, José María Aznar propondrá su candidato a la cúpula del partido y ésta dirá amén".

11.03.02


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