FIDALGO SE DESMARCA DE CUEVAS Y MÉNDEZ Y SE ENTIENDE CON AZNAR

“ Durante el Gobierno de Aznar el diálogo con los agentes sociales tuvo una época muy brillante ”
( Dixit Fidalgo del susodicho.Julio 2006 )

CARTA DE ANTONIO GUTIÉRREZ A JOSE Mª FIDALGO

El secretario general de Comisiones Obreras, José María Fidalgo, se entiende con el presidente del Gobierno, José María Aznar, mejor de lo que nunca lo había hecho ningún otro líder sindical. Así, al menos, lo atestiguan tanto desde UGT como desde la patronal CEOE, donde hace unas semanas se sorprendieron al descubrir un encuentro secreto entre ambos en plena refriega de la reforma de la negociación colectiva y donde ya se conoce al líder de Comisiones como el "coleccionista de pactos".

Cómo te fue con el presidente ?". Fue el propio Cuevas, el líder de la patronal, quien le hizo la pregunta a Fidalgo en privado poco antes de que ambos,  junto con Méndez, el secretario general de UGT, comparecieran ante la prensa para explicar que la reforma de la negociación colectiva iba a ser cosa, a partir de ese momento, de los interlocutores sociales.

El veterano dirigente empresarial preguntaba no sin cierta sorna ya que, según las fuentes consultadas, la intención del líder de Comisiones en el descubierto encuentro en La Moncloa era que Aznar hiciera valer su capacidad de presión sobre la CEOE para que ésta se aviniera a negociar la reforma de los convenios con la participación del Gobierno. Sabido es que Cuevas, después de espetar a Aznar que "sabrá de otras cosas pero de convenios no tiene ni idea", ha hecho todo lo posible por apartar al Gobierno de la negociación, algo que, finalmente, ha conseguido, curiosamente, con el apoyo de la UGT.

"El secretario general se ve con quien quiere, como todo el mundo", señala un portavoz oficial de CC OO como única explicación a tan embarazoso encuentro no publicado. Fidalgo, según versión de los presentes –el secretario de comunicación del sindicato, Rodolfo Benito, no ha querido dar explicaciones a El Siglo para este reportaje, aludió a su interés por desactivar la beligerancia del Gobierno en la citada reforma sin dar más detalles sobre la cita.

La reciente visita de Fidalgo a La Moncloa –sólo había acudido al palacio presidencial en solitario tras ser elegido nuevo líder de CC OO, en abril del año pasado– no es más que un detalle de la inflexión que el sindicato, a juicio de críticos internos y observadores externos, estaría afrontando desde que este médico que roza los dos metros de altura cogiera el timón de la central.

Este giro se resumiría, de acuerdo con las mismas fuentes, en un intento de acercamiento al Gobierno como estrategia sindical para dulcificar, en lo posible, sus intenciones contra los trabajadores, según los más comprensivos, o para conseguir un mejor trato institucional y mediático, según los más críticos.

Quienes así argumentan citan no sólo el famoso acuerdo de las pensiones, suscrito por Comisiones el pasado abril con el Gobierno y la CEOE con la airada ausencia de UGT, sino otros intentos del sindicato de Fidalgo por conseguir acuerdos con el Ejecutivo de Aznar que se han visto frustrados por la negativa tanto de los ugetistas como de los empresarios, cuyas relaciones con La Moncloa no pasan por su mejor momento.

Ejemplo de ello fue el desarrollo del Plan Nacional de Acción contra los Accidentes de Trabajo o, incluso, el desarrollo reglamentario de la controvertida Ley de Extranjería, a la que se han opuesto frontalmente tanto UGT como CC OO. "Comisiones quería que se negociara y se firmara con el Gobierno, algo inaudito dada la categoría del contenido de los posibles acuerdos y la oposición que teníamos todos a la Ley de Extranjería", señala uno de los habituales en las negociaciones con el Ejecutivo. "Fue Cuevas, otra vez, quien se negó en redondo y señaló a los hombres de Fidalgo que el valor de la firma de los interlocutores sociales residía en reservarla para cuestiones de gran trascendencia", añade.

"Sólo hemos firmado lo de las pensiones", se defiende un alto cargo del sindicato que ve mucho más interés en desacreditar a su nuevo líder que realidad en las críticas recibidas.

Otros dirigentes de Comisiones sitúan la evolución de la central mucho más atrás y recuerdan que el auténtico ideólogo de la etapa de Antonio Gutiérrez era José María Fidalgo, durante años miembro de la ejecutiva federal y encargado de las relaciones institucionales de la central.

"Tras la última huelga general convocada por los dos sindicatos, en enero del 94, que ya suscribió a regañadientes Gutiérrez, se decidió un cambio de estrategia", recuerda un veterano dirigente de Comisiones. "Muy pronto, se analizó entonces, va a gobernar la derecha, el capitalismo se recompone y la estructura laboral española cada vez va a poner más difícil movilizar a los trabajadores. Por tanto, vamos a sacar lo más que podamos sin movilizar y participar al máximo en lo que proponga el Gobierno para modificar en lo posible sus tiros", explica. "Lo único que pasa ahora es que eso se está siguiendo a rajatabla por quien lo diseñó", concluye.

Sin embargo, hay algún elemento más que explicaría lo que está pasando dentro del primer sindicato del país –900.000 afiliados y  más de 100.000 delegados–. Por un lado, la estrategia de su principal compañero de viaje en la última década, la UGT, es interpretada interesadamente, desde que el PP gobierna, como aliada política del PSOE en la oposición, crítica que, sin embargo, no ha hecho a Méndez retroceder en sus directrices. Precisamente, la evolución de Comisiones hacia una política más "pactista", según la definen en UGT, les ha dejado un hueco al que no están dispuestos a renunciar para regocijo del corazoncito socialista que late en buena parte de sus afiliados.

Marcar distancias con CC OO, por tanto, a pesar de la necesidad que ambos sindicatos tienen de la unidad de acción, lleva tiempo siendo argumento habitual en la sede central ugetista tal como El Siglo adelantó en su número 344, de diciembre de 1998, (Réquiem por la unidad sindical).

Por otro lado, Fidalgo se está viendo más señalado que antes debido, en buena parte, a la tirantez en que se desarrollan actualmente las relaciones entre la patronal y el Gobierno. Si en su primera legislatura Aznar mantuvo las formas y los contactos con los apoyos que sostenían a su gobierno en minoría, la mayoría absoluta de la que goza desde hace año y medio le ha hecho distanciarse de todos, incluidos los empresarios, amén de su propio partido.

"Lo que Cuevas recrimina a Aznar es que se inmiscuya en las negociaciones de sindicatos y empresarios, y en la reforma de los convenios se trataba de una intromisión intolerable", explica uno de los negociadores de esta reforma que debe dar resultados al mes que viene.

La CEOE también ha visto mermada su capacidad de maniobra con el Gobierno desde que Rato ha perdido su influencia en La Moncloa. El vicepresidente económico ha sido, desde siempre, el puente habitual entre empresarios y ejecutivo –de hecho, su secretario de Estado de Economía, José Folgado, ha sido durante años uno de los hombres de confianza del equipo técnico de Cuevas– y su delicada situación política en los últimos tiempos no ha ayudado a que la patronal y el presidente limaran sus diferencias.

Así las cosas, la actual negociación entre patronal y sindicatos para crear una nuevo marco de negociación colectiva de cara al año próximo está soportando más tensiones de las habituales. Tanto CEOE como UGT, las que impulsaron que el Gobierno se apartara y las dejara negociar solas, lanzan mensajes tranquilizadores y señalan que es factible llegar a un acuerdo antes de fin de año. Mientras, CC OO, defensora de que el acuerdo se hiciera con la participación del Ejecutivo, se muestra mucho más escéptica y exigente.

Aunque en este posible pacto sólo se contengan recomendaciones –"el Gobierno, en cualquier caso, puede legislar siempre que quiera", recuerdan en Comisiones– la distancia entre la central de Fidalgo y la de Méndez ha vuelto a aflorar. Mientras UGT pide una subida salarial para el año próximo que podría superar el 3 % –de la suma del aumento de la productividad y la inflación previsible, que no la prevista por el Gobierno– en CC OO, de momento, se ciñen a las previsiones oficiales de inflación y rebajan la cifra, aunque explicando que "dependiendo de los sectores: no pediremos lo mismo en construcción, que crece al 10 %, que en el sector aéreo, lo importante es conservar el empleo".

De las consecuencias de esta mesa dependerá en buena parte la posible conflictividad social de 2002, un año nada tranquilizador en cuanto a crecimiento económico. Tanto en Comisiones como en UGT andan con pies de plomo sobre ella. Si Méndez pende de sus resultados la posible convocatoria de una huelga general tal como viene anunciando desde comienzos de año, a pesar de que ésta se viene desinflando cada mes que pasa, el líder de CCOO tiene puesta a prueba  parte de su estrategia.

"Fidalgo no es Antonio y si hemos cambiado en algo es en que agotamos hasta el límite todas las vías de negociación", explica un dirigente cercano al secretario general.

La frase, propia en otros tiempos de los sindicalistas de UGT, tampoco levanta entusiasmos en el seno de Comisiones Obreras, donde su tradicional sector crítico aún mantiene cerca de un 30 % en todas las votaciones del consejo confederal. "La mayoría, que mantuvo a Gutiérrez y pactó la llegada de Fidalgo, aunque siga votando en bloque, está empezando a cuartearse", augura un veterano.

"Involucrar al Gobierno en la mayor parte de las negociaciones y moverse entre grandes acuerdos nacionales es la estrategia que siguen los sindicatos nórdicos", explica otro dirigente sindical cercano a Fidalgo. Claro que, desde otras sedes sindicales señalan que no sólo el clima separa a España del norte de Europa.

Noviembre 2001

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