OPINIÓN E IMAGEN

EL UNGIDO: MAYOR, A TUMBA ABIERTA POR LA SUCESIÓN

Las atenciones de José María Aznar hacia los responsables de gestionar su política se limitan a pequeños guiños que unos y otros se desgañitan para descifrar, encima, con una mínima garantía de éxito. Sin embargo, en esta ocasión, el gesto del presidente señalando a Mayor Oreja como máximo responsable del Programa Marco para las municipales y autonómicas de 2003 ha ungido al ex ministro de Interior con el óleo más codiciado: el de la sucesión, un regalo nada envenenado que Mayor ha añadido con gusto a su cuidada estrategia parar hacerse con el sillón de La Moncloa

Por Ana Pardo de Vera

Decía Pedro J Ramírez en ‘El Mundo’ del pasado domingo 5 de mayo, con relación al tema de la sucesión de José María Aznar, que "la novedad es que, aunque estábamos donde estábamos, en el hermetismo de la Esfinge empiezan a producirse fisuras orientativas". Y una de ellas, según la opinión mayoritaria de los inquilinos de Génova 13, sede nacional del Partido Popular, es la sorpresiva designación de Jaime Mayor Oreja para hacerse cargo de la elaboración del Programa Marco para las elecciones municipales y autonómicas de 2003.

Sorpresiva, como se apunta asimismo desde Génova, porque nadie allí, salvo Aznar, como es de suponer, contaba con Jaime Mayor Oreja: todo estaba listo para abordar con la intensidad requerida un tema que trae de cabeza a la cúpula ‘popular’, al suponer, por un lado, la primera batalla masiva en las urnas contra la estrategia de la nueva Ejecutiva del PSOE, y por otro, porque a nadie es ajeno que los resultados de 2003 constituyen el ‘tarot’ de las primeras elecciones generales sin José María Aznar en 2004.

Y el plan para los comicios de 2003 se ‘filtró’ a algunos medios, aseguran desde el PP, para que se fuese conociendo la estrategia. Las informaciones, efectivamente, describían con todo lujo de detalles la que sería la campaña ‘popular’ para 2003: equipo, ideas, prioridades, algunos posibles candidatos, otros que dependerían de la esperada remodelación de Gobierno prevista para el verano,… Pero se precipitaron, porque el presidente José María Aznar decidió, contra todo pronóstico, que fuese Jaime Mayor Oreja, a quien nadie había mencionado porque no había ni un levísimo destello de su aparición, el que encabezase la elaboración del proyecto electoral 2003, algo que el presidente del Grupo Popular en el Parlamento de Vitoria aceptó encantado: tras un largo periodo en la sombra como jefe de la oposición vasca después de la derrota electoral del 13-M de 2001, el ex ministro de Interior vuelve con ímpetu a la política nacional.

Lo hizo, además, por la puerta grande: la que flanquean dos enormes leones en el Congreso de los Diputados. Jaime Mayor Oreja, tal y como publicó esta revista (EL SIGLO, núm. 506), decidió celebrar la primera reunión con el equipo responsable del Programa Marco 2003 en el Parlamento y no en la sede del partido, como correspondería. "Nada, un gustazo que se dio el ex ministro, que de ser por él, se llevaría un escaño debajo del brazo", bromean en las Cortes. Pero argumentan también los mismos, ya con seriedad, que no sólo es que Aznar le dé el puesto, sino que él pone todo su empeño en que así sea, con ésa y con otras "casualidades" no eventuales de reciente sucesión.

De "tercera" a primera. Estas eventualidades, al parecer, las constituyen hechos como el que, aunque oficialmente desde el PP se aseguró que Mayor asumía la responsabilidad de las elecciones de 2003 por sus conocimientos de política municipal y autonómica y porque disponía de más tiempo que los otros dos vicesecretarios generales del partido, Rodrigo Rato y Mariano Rajoy, lo cierto es que con la asunción de esta competencia nada trivial en el partido, el presidente honorífico del PP vasco da un paso adelante, desde la segunda fila de la política autonómica –"tercera fila, si tenemos en cuenta que la labor es opositora", matiza con ironía un ‘popular’- y se sitúa al mismo nivel que los dos vicepresidentes del Gobierno y candidatos, como Mayor Oreja, a suceder a José María Aznar. Una persona muy próxima al ex ministro reconoce que lo de que Mayor posee más tiempo que los demás vicesecretarios del PP para encargarse de los comicios del próximo año "no es cierto", y explica que el ex ministro de Interior está en Euskadi de lunes a viernes trabajando de forma frenética: "Nadie se imagina ni remotamente lo que es trabajar allí hasta que lo siente en sus propias carnes". La misma fuente aclara que, como mucho, el portavoz ‘popular’ en Vitoria podrá hacer alguna escapatoria entre semana, en el mismo día, a Madrid. "Mayor revisará los trabajos, y sin duda con la minuciosidad y el rigor que le caracterizan, pero se limitará a corregir y dar el visto bueno, esto último mayoritariamente, pues con Eugenio Nasarre al frente de la coordinación del Programa Marco todo está en excelentes manos". Con estas palabras de quien conoce muy de cerca y de muchos años al Mayor Oreja ministro y persona, se confirma una de las casualidades que resulta no ser tal.

José María Aznar, sin duda, ha ungido así a su ex ministro de Interior, si no con el óleo de la sucesión de momento, al menos sí con el del brillo del que fue, y parece que lo recupera, el político mejor valorado por la opinión pública. Las cenizas de Jaime Mayor Oreja, después del batacazo electoral del 13 de mayo de 2001 tras el que no pudo ni siquiera reprimir las lágrimas junto a sus más íntimos, se han volatilizado y han dado paso a la imagen de un hombre nuevo, con más peso político y, paradójicamente, beneficiado por ese aura de heroicidad que le ha otorgado la operación abandono del Ministerio de Interior, en su máxima etapa de esplendor político, para ser derrotado por el nacionalismo del PNV, del que es la "bestia negra" y que le dejó sepultado bajo la losa de sus propias palabras pocos días antes del fatídico 13 de mayo: "No ser ‘lehendakari’ podría ser el fin de mi carrera política".

La resurrección. Nada más lejos de la realidad, "y es que Mayor no podría dejar la política por nada del mundo", aseguran en el PP, y además, como escribió Pedro J en el artículo citado anteriormente, a coro con otros medios menos contundentes: "Querer lo que se dice querer, quien de verdad quiere es Jaime Mayor Oreja", aunque el ex ministro se niegue, naturalmente, a reconocer que su máxima aspiración sea ocupar el sillón que ahora calienta José María Aznar en La Moncloa. Sin embargo, el último sondeo realizado por Sigma Dos para el diario ‘El Mundo’ constituye sin duda una gran satisfacción para el potencial heredero del presidente del Gobierno al frente del PP: en éste, en resumen, Jaime Mayor Oreja figura como el favorito de los españoles para suceder a Aznar, especialmente entre las mujeres y los mayores de 45 años, y, lo que es más importante, es el candidato favorito para los ciudadanos que dicen haber votado al PSOE en las pasadas elecciones generales y, comparándole con Rodrigo Rato o Mariano Rajoy, es el que más votos recogería en un cara a cara con Rodríguez Zapatero. Aparte de los datos puramente técnicos de la encuesta de Sigma Dos, el periódico le dedica a Jaime Mayor Oreja un auténtico rosario de alabanzas, enumeradas y explicadas de forma exquisita, amparándose en la opinión de los ciudadanos y sobrepasando los límites de la pura objetividad, y es que según tuvieron que admitir las mismas fuentes próximas a Mayor, el enfoque y la extensión de esa información es otra de las "casualidades" no eventuales antes mencionadas: términos como honestidad, integridad, valentía, centrismo, liderazgo, eficacia, se unen a sintagmas como defensor de las libertades públicas, valiente líder antiterrorista o mejor dirigente de política Interior o, sorpresivamente, de relaciones internacionales.

Todo normal, se admite en el entorno de Mayor, si la cuestión fuese que el periódico considera la encuesta un ‘notición’ digno de portada y tres páginas, amén de la "Carta del Director. Pedro J. Ramírez", por ejemplo, si Jaime Mayor Oreja fuese ya el candidato oficial. Pero no es así, sino que se trata de una encuesta como la que el pasado 4 de enero Sigma Dos hizo con las mismas intenciones y que resultó con el estrellato indiscutible de Mariano Rajoy. ¿Por qué el tratamiento de la información entonces no tuvo el ‘glamour’ y la grandeza que se le dio el 5 de mayo a la ya ‘encuesta Mayor’? Para los más benévolos, el ‘sondeo Rajoy’ salió un viernes y el de Mayor Oreja, un domingo, día más propicio para agrandar este tipo de noticias, pero para las fuentes más cercanas al ex ministro de Interior, "éste está fraguándose su regreso a Madrid, aunque evidentemente desea una vuelta aplaudida". Los medios son el mejor instrumento de proyección, así que Mayor "procura" desde hace unos meses recuperar las páginas en donde "siempre hubo una palabra amable para él": concede más entrevistas a los medios; opina sobre todo tipo de temas políticos y, recientemente, el martes pasado, ha participado en un chat en la web del Partido Popular en el que no ha evitado responder, a ninguna de las preguntas de los internautas, es verdad que unas veces con más sutileza para sortear las preguntas comprometidas que otras.

Compromiso con Euskadi. La situación de Mayor Oreja, sin embargo, se bifurca en dos ramas: por un lado, el compromiso contraído con los votantes del PP en el País Vasco, cuando a pesar de la penosa derrota frente al PNV manifestó que seguiría luchando desde la oposición por la libertad de los vascos y el fin del terrorismo, y por otro, sus deseos por seguir en primera línea de política nacional –aunque él diga que la situación en el País Vasco ya es la primerísima línea de ésta- que, de momento, se ven satisfechos con la supervisión del Programa Marco 2003 del Partido Popular. Esa contradicción de responsabilidades, según la misma persona allegada al ex ministro, "podría no devolverlo al Gabinete Aznar si se acomete la previsible ‘crisis de Gobierno’ durante el verano". Naturalmente, existe una solución que podría satisfacer ambas ansias, colaborar en el proyecto ‘popular’ para Euskadi, centrado en el fin del terrorismo, y regresar al Consejo de Ministros: el regreso de Mayor Oreja al Ministerio de Interior, algo prácticamente inviable porque, aparte de que según Mayor, a quien precisamente se le preguntó en el chat si le gustaría repetir en Interior, "segundas partes nunca fueron buenas", según se pregunta la misma fuente: "¿Sacaría a Aznar a Mariano Rajoy de este departamento?". Otra posibilidad, sin embargo, que suena cada vez con más fuerza en medios políticos, es que Mayor Oreja sea ministro de la Presidencia y Juan José Lucas pase a presidir el Senado. Pero, insiste quien bien conoce la trayectoria del ex ministro de Interior: "Mayor Oreja no puede dejar tirada en el País Vasco a tantísima gente que ha confiado en él y en su claridad de ideas [para un miembro de la oposición, "falta de flexibilidad"] con respecto a lo que debe ser la política frente a ETA y la ambigüedad del nacionalismo. No puede, así que no me extrañaría nada que se quede en donde está, por lo menos, hasta que pasen los comicios del 2003".

Una parte del sector ‘popular’ vasco, sin embargo, confía en silencio en que Mayor Oreja se vuelva a Madrid lo más pronto posible para que las cosas vuelvan a ser como antes y gente como María San Gil o Carlos Iturgaiz recuperen el papel que se merecen, aquel que, sostiene un allegado del joven presidente del PP vasco, Mayor les arrebató sin ningún miramiento, acaparando el protagonismo de la política ‘popular’ en Euskadi, pero, eso sí, sin que por ello dejen de ser objetivo prioritario de los terroristas: "Llevado al plano nacional, es como si el portavoz socialista en el Congreso de los Diputados, Jesús Caldera, llevase la voz cantante de su partido por todo el territorio, y fuera de él, mientras José Luis Rodríguez Zapatero, ni pinchase ni cortase. Mayor fue candidato a ‘lehendakari’, pero eso ya es historia, porque no volverá a repetir y  porque ahora ocupa el cargo de portavoz de la oposición en el Parlamento de Vitoria, y no hay más, porque el cargo de presidente honorífico es eso, una distinción", concluye vehemente un partidario de que Iturgaiz retome activamente su puesto de ‘número uno’ en el PP de Euskadi

La devaluación de Mariano Rajoy. Hace cuatro meses, la misma encuesta con la que el pasado domingo 5 de mayo ‘El Mundo’ claudicaba a la unción que Aznar hizo de su ex ministro, Mariano Rajoy se veía en la misma situación: era el favorito para suceder a Aznar, el respetado por toda la clase política, incluida la oposición o el ministro mejor valorado, entre otras óptimas calificaciones que recibía de los ciudadanos españoles. Sin embargo, otra "casualidad" ha dañado esta imagen del gallego y favorecido la del vasco. De repente, y en muy poco tiempo las circunstancias de la vida social están minando la buena gestión del ministro que "sortea los charcos" y le está haciendo hundirse en ellos: la criminalidad ha crecido en España, una vez más, un 6% en el tercer trimestre del año; la política de inmigración parece no dar los resultados que se esperaban con la tan cacareada Ley de Extranjería y siguen llegando masivamente a las costas españolas extranjeros en pateras, si no mueren ahogados por el camino; el anteproyecto de la Ley de Prevención del Consumo de Alcohol, destinada especialmente a terminar con el fenómeno del ‘botellón’, empieza a ser cuestionado por la dureza de la normativa y la cuantía de las multas, o las críticas por las libertades que se les dan a los ‘ultras’ de algunos equipos de fútbol, aunque en realidad son responsabilidad de éstos, y que tanta violencia provocan, se achacan a la blandura de la política de Interior con ellos. Ello, sumado al tono contestatario, muy alejado de la ironía gallega que tanto divertía a los diputados, que ha adoptado el ministro Rajoy en algunas de sus intervenciones y que ya le han provocado un proceso de moción para pedir su reprobación en el Congreso de los Diputados por sus respuestas "jocosas", según el PSOE, al abordar un tema tan importante como es la seguridad ciudadana.

De momento, pues, Mariano Rajoy parece únicamente estar favorecido por la política antiterrorista, ya que las detenciones policiales y el intento de desmantelamiento de Batasuna, considerada uno de los núcleos de financiación de ETA, no han mermado en absoluto su consideración como buen estratega en política antiterrorista. Sin embargo, la misma encuesta que eleva a Mayor a los altares políticos, desciende al actual ministro de Interior al cuarto lugar de preferencia para suceder a Aznar, incluso después de Ruiz-Gallardón. ¿También "casualidad"?

El ‘clan’ de Mayor Oreja

Si hay algo que caracteriza al ex ministro de Interior y portavoz del Grupo Parlamentario Popular en Euskadi es que, desde que accedió al departamento más duro del Gobierno, ha mantenido a su gente y, aunque no ha podido llevársela al País Vasco, por decisión personal de sus colaboradores, éstos salieron de Interior en cuanto Mayor Oreja lo abandonó y ahora, tras su paso por la Dirección de Comunicación de Onda Cero, ocupan las mismas responsabilidades en Admira. En este caso, se trata de los incondicionales de Jaime Mayor Oreja, Cayetano González y Mauricio Fernández, que muy probablemente, si Mayor regresa al Gobierno, retomen sus lugares a su diestra. Tanto González como Fernández, ambos miembros del Opus Dei, han logrado que las relaciones del ex ministro de Interior con empresarios, políticos e intelectuales vinculados a La Obra sean inmejorables y ahí tiene Mayor Oreja un consolidado apoyo, ya que dentro del Gobierno del PP se ha dado cabida a un buen número de fieles ‘opusdeísticos’, que ocupan –como el ministro de Defensa, Federico Trillo-Figueroa o el portavoz parlamentario de Justicia e Interior, Andrés Ollero- o han ocupado –como Isabel Tocino, ex ministra de Medio Ambiente  y ahora presidenta de la Comisión de Asuntos Exteriores- puestos clave y en determinados momentos han desplegado toda su influencia para que se frenaran reformas legislativas en materia de aborto, parejas de hecho, etc. Todo este sector es de gran influencia para un potencial candidato del PP a la presidencia, máxime teniendo en cuenta que la red del Opus Dei se extiende, además de por La Moncloa, los ministerios, el Senado y el Parlamento, por los Tribunales de Justicia, muchas universidades y no menos colegios

Asimismo, e inesperadamente, pues también él era un posible sucesor de José María Aznar, a Jaime Mayor Oreja le ha salido, según publica ‘elconfidencial.com’ un aliado inesperado, Javier Arenas, que pugnará con uñas y dientes por que el ex ministro de Interior se haga con el puesto de Aznar. El secretario general del PP quiere que el sector ‘democristiano’, el suyo, tenga una importante asignación de poder de cara a la carrera sucesoria, así que, desistiendo de su propia lucha por ser el heredero, volcará todas sus fuerzas en que lo sea Mayor Oreja.

¿Democristiano o liberal?

Los orígenes y, más aún, las actuales fidelidades ideológicas de los posibles delfines de Aznar, también juegan en el tablero donde se disputa la compleja partida sucesoria. Así, aunque el hoy idolatrado presidente haya difuminado los límites de las distintas familias que conviven en el ancho "centro reformista" del PP éstas, aún vivas y coleantes, están comenzando a asomar en algunos momentos de la refriega.

Que la secretaría general del partido la ocupe un declarado democristiano como Javier Arenas coloca a este grupo en una posición de ventaja, según denuncian, todavía discretamente, algunas voces cualificadas del PP sobre todo en los centros de poder regionales, donde se puede hablar de Génova con mayor libertad. Es en este contexto en el que se citan los velados movimientos del secretario general a favor, por ejemplo, de que José María Alvarez del Manzano, otro destacado miembro de la familia democristiana popular, repita como candidato a la alcaldía de Madrid, codiciado puesto por el que compiten también las liberales Esperanza Aguirre y Mercedes de la Merced.

A pesar de que Jaime Mayor Oreja sea el único candidato a la sucesión que se aparta levemente de la línea ideológica aznarista ya que sus orígenes están también en la democracia cristiana y en su currículum político figuró antes la UCD que la antigua AP el indudable ascenso de este colectivo desde que Arenas controla Génova juega a favor del ex ministro en opinión de algunas voces populares.

Entre ellas, no obstante, también circula otro argumento de peso: para ascender en el PP de  hoy hay que ser liberal, como Aznar, antes que cualquier otra cosa y si Arenas está donde está es porque ha antepuesto la fidelidad a Moncloa a su sensibilidad democristiana, que quizá le iluminó su andadura por el Ministerio de Trabajo en la primera legislatura popular cuando el gobierno necesitaba de un cierto sentido "social" para driblar los múltiples problemas de un ejecutivo en minoría parlamentaria. Es por ello, por ejemplo, que, para asombro de muchos, se ha convertido en el ariete contra Celia Villalobos, opuesta a la feroz política cercana a la privatización de la sanidad que defiende el sector más liberal del partido (ver número anterior de El Siglo: "El PP contra Celia. Demasiado "roja" para Arenas").

Con Mayor Oreja las definiciones aún son más complejas ya que su experiencia como gestor, al haber ocupado hasta ahora únicamente el ministerio de Interior, no ha podido dejar ver más perfiles, al contrario que en el caso de Arenas, que el de un furibundo antinacionalista, más allá de su confianza en la gente del Opus Dei.

Sus discursos y reflexiones públicas también han discurrido siempre en el tema que más claramente lo define ideológicamente: su visión de la unidad de España, coincidente punto por punto con la del presidente Aznar. Y cuando han surgido disputas ideológicas dentro del gobierno él se ha apartado prudentemente dentro de su cuidada estrategia de imagen.

Incluso, resulta significativo que durante su estancia en Interior, en febrero del 99, cuando el Club Siglo XXI lo invitó a pronunciar una de sus conferencias, bajo el título, como no podía ser menos, de "El reto de la convivencia en el País Vasco", su presentador, el ex presidente Adolfo Suárez, con quien compartiera sus inicios en política lo definiera sin fisuras como "un liberal". "A través de todos los sucesos y circunstancias que ha debido afrontar y superar ha dejado muy claro su talante abierto, tolerante, humana y políticamente liberal", dijo. "El liberalismo –afirmaba don Gregorio Marañón- es siempre una conducta y por ello, es mucho más que una política. Esa ha sido la conducta de Mayor Oreja en todos sus largos años de servicio al Estado democrático", añadió, palabras que el propio Mayor Oreja dio por buenas en su agradecimiento posterior.

Habrá que esperar, pues, a que la carrera política de Mayor Oreja lo conduzca al puesto que alumbre con más claridad sus perfiles ideológicos. ¿Democristiano, liberal o simplemente antinacionalista?. Puede que, bajo su liderazgo, se esté gestando una nueva familia en el PP que, como es sabido, también tiene sus acólitos en el PSOE, tal como ha demostrado la reciente crisis de los socialistas vascos

13.05.02


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