LOS DOSSIERES

No están todos los que debían estar, pero menos da una piedra. En nuestro afán de ser más tolerantes que nadie a nuestra derecha, os hemos seleccionado estos breves dossiercillos que los enemigos de España publican en libelos social comunistas. Te los dejamos leer. Luego si te han gustado da las gracias a los de la revista El Siglo y los de Interviú. Son de lo que ya no quedan.

EL ÚLTIMO MOHICANO: CUEVAS SOBREVIVE A LOS POLÍTICOS DE LA TRANSICIÓN

Camino de los 20 años como presidente de la CEOE y cumplido el cuarto de siglo desde que asumió la Secretaría General de la patronal, José María Cuevas continúa participando en la política nacional diaria mientras que el resto de grandes dirigentes se han apartado de la escena política o están a punto de hacerlo. Jordi Pujol, tras 23 años en el Gobierno catalán, ha dicho adiós; Felipe González no se presentará a diputado, Xabier Arzalluz asiste a la designación de su sucesor en el PNV, y con la disolución de las Cortes, numerosos políticos de larga trayectoria dejarán sus escaños. Mientras, Cuevas sigue en primera línea y con un peso mucho mayor que el que mantiene a duras penas el otro superviviente durante todos estos años, Manuel Fraga, cuya capacidad de influencia a nivel nacional se ha convertido en anecdótica.

Por Vera Castelló

En nada se parece ya el panorama político actual al reinante en los primeros años de la Transición. Los grandes líderes nacionalistas como Jordi Pujol, que ha cedido los trastos a Artur Mas, Xabier Arzalluz, con el PNV a punto de elegir oficialmente a su sucesor, o Xoxé Manuel Beiras, fuera ya de la Secretaría General del BNG, han puesto el punto y final a la política activa. Unas bajas a las que en tan sólo unos días, cuando se disuelvan las Cortes, se sumarán otros muchos hombres y mujeres que después de años de dedicación plena a la política emprenden su retirada. Entre ellos, dos presidentes del Gobierno, Felipe González, que ha decidido no renovar su acta de diputado, y José María Aznar, que cumplirá su anunciado adiós.

Todos se marchan. Todos menos uno, José María Cuevas, que sigue en la política activa desde un puesto, el de presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), que trasciende ampliamente el área económica para entrar de lleno en el ámbito de la pura política. Si no, no se entendería que el patrón de patrones siga demostrando públicamente sus preferencias o recelos ante nuevos gobiernos –el catalán– o sus amenazas, Constitución en mano, a aquellos que "ponen en peligro la unidad de España" con el Plan Ibarretxe, lo que le valió, en este caso, las protestas de la patronal vasca, Confebask.

No han sido éstas sus primeras intromisiones políticas. Cuevas ha tenido tiempo de sobra para, desde que asumió la Secretaría General de la CEOE hace 25 años, o casi 20 en la Presidencia, haber participado o incluso iniciado debates transcendentes para el país.

Este licenciado en Derecho, proveniente del sindicalismo vertical –primero en el Sindicato Español Universitario (SEU), donde coincidió con Rodolfo Martín Villa, y posteriormente en el Sindicato de Papel y Artes Gráficas–, consiguió meter la cabeza –era presidente de la Asociación Nacional de Fabricantes de Pasta-Papeleras, Papel y Cartón– en la comisión gestora de la primera gran patronal de la Transición. Su papel como padre de la CEOE primero fue reconocido con la Comisión de Relaciones Laborales y en diciembre de 1978 con la Secretaría General. Seis años después, en 1984, cumplidos los dos mandatos de tres años de Ferrer Salat, saltó a la Presidencia de la que nadie ha conseguido apearle. Cuevas le cogió pronto gusto al sillón. Cuando iba a finalizar su segundo mandato de tres años cambió los estatutos de la CEOE para poder perpetuarse y alargar los mandatos a cuatro años. Desde entonces gobierna la gran patronal sin ninguna oposición relevante.

Sorprendió a todos cuando su antecesor le propuso para sucederle en la Presidencia. Cuevas era absolutamente opuesto a Ferrer Salat. Un empresario sin empresa, de origen modesto, castellano y con imagen de españolito de a pie, sustituía a un empresario propietario, de la burguesía, catalán y de elegante planta. Por entonces la patronal ya participaba activamente en la política. Es difícil olvidar aquella campaña electoral andaluza en la que los empresarios utilizaron la imagen del gusano y la manzana, en la que el fruto era Andalucía o España y el animal una izquierda a punto de gobernar. De cara a las elecciones generales de 1982 la CEOE hizo público un informe en el que se calificaba a los socialistas de partido cercano al marxismo de la Europa del Este.

Si las recientes declaraciones sobre el "Plan Ibarretxe" o el gobierno tripartito catalán no fueron las primeras declaraciones políticas, tampoco serán las últimas. Desde la patronal se asegura que, acercándose las elecciones, "no vamos a decir que somos neutrales, porque no lo somos, pero ahora toca perfil bajo y total asepsia". Sin embargo, sus defensores afirman que Cuevas siempre ha defendido "su derecho a la crítica y, además, en todo momento. Si se impone una crítica, José María la hace y punto", afirma un colaborador.

Ese talante independiente y de superviviente lo ha demostrado en múltiples ocasiones. No por su ideología conservadora a Cuevas le han dolido prendas al dar rapapolvos al PP cuando lo ha  creído conveniente. Lo hizo, de hecho, apenas un año después de llegar José María Aznar a La Moncloa, cuando acusó a los populares de aprobar unos presupuestos de la Seguridad Social que son "un ataque directo a la capacidad de generar empleo", el gran problema de la época.

Cuando llegó a la Presidencia de la CEOE no dudó en apadrinar desde la sombra diversas operaciones tendentes a agrupar en una sola fuerza a la oposición conservadora, capaz de hacer frente a la solidez socialista. Cuevas y Aznar se conocieron en 1982 cuando el actual presidente del Gobierno, por entonces ya apadrinado por Manuel Fraga, acudía a la sede de la CEOE a tomar datos y le pidió ayuda al entonces secretario general de la patronal con los empresarios de Ávila, provincia por la que se iba a presentar en las listas de AP.

Desde ese momento, los desencuentros entre ambos dirigentes fueron tan numerosos como los encuentros. Unas relaciones que siempre estuvieron marcadas por el apoyo que el patrono otorgó a su amigo Rodolfo Martín Villa como candidato a la Presidencia de Castilla y León, en detrimento de Aznar. Sólo cuando éste logró la Presidencia de la comunidad autónoma ambos personajes encontraron inevitable la reconciliación. La tregua la firmaron en Riaza, el refugio segoviano de Cuevas que tantas reuniones políticas ha albergado a lo largo de los años.

Otro punto de fricción entre Cuevas y Aznar fueron las relaciones con los sindicatos. Al poco de entronarse como líder del PP, Aznar demostró que quería tener su relación propia tanto con UGT como con CC OO, independiente de la CEOE. Pero lo que realmente distanció durante mucho tiempo a ambos fue el papel clave que jugó José María Cuevas a la hora de impulsar a Mario Conde en su salto a la política. De hecho, en el libro El sucesor, de Raimundo Castro, se apunta a Cuevas como el principal promotor de los contactos mantenidos entre Aznar y Conde hacia el otoño de 1991. Era la época en la que Cuevas tenía muchas dudas sobre la forma de hacer oposición de Aznar y apoyaba al hoy encarcelado presidente de Banesto, cuyo banco y corporación de empresas tenían un gran peso dentro de la CEOE, hoy absolutamente diluido.

La afición a la política de Cuevas no siempre gustó al líder el PP. En El sucesor el propio líder del PP afirma que "en nuestra casa las decisiones las tomamos nosotros. Y nadie más. No admitimos presiones ni de ahí (de la CEOE) ni de ningún otro sitio. Hubo un momento en que se produjeron desavenencias muy claras en 1992 y la consecuencia fue una fuerte confrontación entre el PP y la CEOE".

Lo cierto es que a Cuevas le costó confiar en Aznar y el PP como una alternativa creíble. "Yo no soy tan de derechas como algunos creen. Lo que ocurre es que la CEOE durante algunos años jugó el papel de oposición frente al PSOE porque no había oposición", afirmó al inicio de su quinto mandato, en febrero de 1998, intentando desmarcarse de sus conocidas preferencias ideológicas.

Tras un largo período de encuentros y desencuentros, a mediados de 1992 fue cuando José María Cuevas y su tocayo Aznar firmaron definitivamente la paz y aceptó que el líder del PP jugara a una oposición "dura e inmisericorde". A partir de ahí la colaboración entre la CEOE y el PP ha sido total, comenzando porque dos hombres claves entonces en la patronal y hoy en el Gobierno, Cristóbal Montoro como director del Servicio de Estudios del Instituto de Estudios Económicos –dependiente de la CEOE–, actualmente ministro de Hacienda, y José Folgado, en 1992 director de Economía de la patronal, hoy secretario de Estado de Economía, fueron los encargados de impartir enseñanzas al popular de cara a las elecciones de 1993. De hecho, Cuevas y la plana mayor del PP fueron invitados a La Moncloa sólo seis días después de la llegada de Aznar a su nueva residencia.

Pero las relaciones entre Cuevas y Aznar no se quedan ahí. El patrono, junto a Fabián Márquez, también proveniente del sindicalismo vertical, fueron los socios elegidos por Pedro Arriola para montar su empresa de asesoramiento GADES, empresa que en un principio trabajó para la CEOE y posteriormente para el propio Aznar y el PP, convirtiéndose el marido de Celia Villalobos en asesor áulico en la sombra del presidente.

Los socialistas fueron su auténtica bestia negra y no escatimó ataques ni críticas durante sus 13 años de gobierno, ni siquiera cuando González salió de la presidencia. "Tú y yo podríamos tener buenas relaciones, incluso colaborar muy estrechamente. Pero no me fío de ti", le dijo Felipe González al inicio de su primera legislatura en La Moncloa a Cuevas, a lo que éste le contestó: "Haces muy bien, porque yo tampoco me fío de ti". Esa desconfianza vertebró los años de convivencia entre ambos. De hecho, pasaron largos períodos sin dirigirse la palabra, como aquellos doce meses que tardó en perdonarle González por haber comparado España con una república bananera.

Con los socialistas su principal caballo de batalla fue la política fiscal. "Los ciudadanos que pagan están pagando más de lo que tenían que pagar. Se nos está estafando; por los que cobran y por los que no pagan", llegó a afirmar.

Cuando comenzó a atisbar la recuperación de la derecha, Cuevas solicitó una y otra vez la convocatoria anticipada de elecciones generales, incluso llegó a lamentarse de que no pudiera convocarlas el Rey.

Con Almunia como candidato volvió a erigirse en protagonista de una campaña electoral. En una reunión entre el líder socialista y un grupo de empresarios organizada por el semanario El Nuevo Lunes en 2000, le espetó un "no me venga con milongas" o un "¿qué coño va a hacer?" en referencia a la intención de Almunia de reforzar la independencia del Tribunal de Defensa de la Competencia.

Cuevas ha conseguido jubilar incluso a su despreciado/querido José María Aznar. Con su tocayo fuera de la primera plana política, ahora el presidente de la CEOE tantea cómo serán sus relaciones con el actual candidato popular a La Moncloa, Mariano Rajoy.

A Cuevas le ha costado hacerse a Rajoy. A principios de septiembre sufrió un auténtico "shock" cuando José María Aznar desveló el nombre de su sucesor. El patrono no sólo estaba convencido de que Rodrigo Rato iba a ser el elegido, sino que incluso en las horas más bajas del ministro de Economía, cuando dudaba si participar en la carrera sucesoria, animó públicamente a Rato para que concurriera.

Repuesto de la amarga sorpresa, Cuevas recibió en la CEOE al nuevo secretario general del PP durante hora y media y no se ha perdido ninguno de los actos en los que el candidato ha esbozado sus propuestas económicas. Sin embargo, puede que aquella desconfianza hacia José María Aznar mantenida durante años amenace con repetirse, ya que calificó de propuesta de "aficionado" la idea esbozada por Rajoy de crear un nuevo contrato fijo a tiempo parcial. Algo parecido a aquel "José María Aznar es un sabio gobernante, pero no entiende nada de convenios colectivos".

Manuel Fraga, el otro superviviente

No es el presidente de la CEOE el único político activo durante el cuarto de siglo democrático, y aun mucho antes. Se puede decir que con el presidente de la Xunta de Galicia forma una buena pareja de luchadores por mantenerse en la primera línea política, aunque José María Cuevas vaya a cumplir en mayo la friolera de veinte años en el mismo e influyente puesto y en ningún momento se le haya pasado por la cabeza entregar el testigo.

En cambio, la actividad política de quien es ex ministro de Franco y padre de la Constitución ha fluctuado por caminos de distinta categoría política. Manuel Fraga parece, y conviene resaltarlo, que verá este año cómo se dirime –en tercera persona– su relevo al frente del Partido Popular de Galicia (PPdeG), pues desde la misma sede de la calle Génova se apunta que, aunque se escuchará atentamente la opinión de su presidente fundador, quien tiene la última palabra es el nuevo jefe, Mariano Rajoy.

Nadie en la CEOE, en cambio, podría imaginarse a un Cuevas ajeno a su proceso de sucesión.

La influencia de don Manuel no es ni mucho menos la del sustituto de Carlos Ferrer Salat al frente de la patronal. Desde que Alianza Popular fue refundada en el Partido Popular que hoy gobierna y José María Aznar tomó las riendas, su autoridad ha quedado encerrada entre las fronteras gallegas durante los 13 años que hace que accedió a la Presidencia de Galicia. Eso sí, allí renovó la mayoría absoluta contra viento y marea, incluida la negra que, en 2002, trajo a las playas del Norte el hundimiento del petrolero Prestige frente a las costas gallegas. Este desastre fue señalado en el entorno de Fraga como el peor de todos los tragos "para el presidente y para el gallego", aunque finalmente, en las municipales de 2003, las urnas no se hicieron eco de las masivas protestas ciudadanas al grito de "Nunca Máis". Pero fue a partir de ahí –se ha reconocido incluso desde el PpdeG– cuando Fraga tiró la toalla y entregó a Rajoy el mando de los populares gallegos, a los que el sucesor de Aznar vigila con mimo y escrupulosidad desde el búnker madrileño.

Durante el Gobierno de mayoría absoluta del PP, el presidente de la Xunta ha intentado en diversas ocasiones imponer su criterio en las directrices del PP –reforma del Senado previa reforma constitucional, aumento del papel de las comunidades autónomas en la UE...–, aunque, de momento, no ha tenido éxito. La despedida política de Fraga parece que está, pues, muy cerca, aunque algún dirigente popular todavía diga: "El sucesor de Fraga en las autonómicas de 2005 será Fraga".

La sucesión que no llega

La sensación general es que ésta va a ser la definitiva. En 2008, con 70 años cuando finalice su sexto mandato, el presidente de la patronal hará sus maletas.

Para algunos, Cuevas sigue en su puesto porque no hay recambio de general aceptación. Pocas veces ha aparecido un candidato a las claras para disputarle el sillón, si acaso la primera vez, cuando Ferrer Salat le señaló con el dedo para sucederle. Por entonces, hablamos de 1984, el presidente de CEIM, la patronal madrileña, José Antonio Segurado, se mostró decidido a pastorear a los empresarios. Lo dijo en público, y eso acabó de un manotazo con todas sus aspiraciones.

El patrono andaluz, Rafael Álvarez Colunga, tampoco ocultó su decepción hace dos años cuando abandonó la Confederación de Empresarios Andaluces (CEA). Le hubiera gustado ocupar el puesto de Cuevas, al que, por cierto, criticó por haber eliminado la limitación de mandatos.

Pero el hombre que lleva años a las puertas de lograr liderar a los empresarios españoles –su intento más claro fue en 1998, con el apoyo del Instituto de la Empresa Familiar– es Joan Rosell, vicepresidente de CEOE y presidente de Fomento del Trabajo, la patronal de las grandes empresas en Cataluña. En la sede de Diego de León es el único nombre que hay en la quiniela, sin que eso signifique que cuente con un apoyo sin fisuras. Si bien nadie duda en el de Fomento del Trabajo es el hombre de Cuevas en Cataluña, es precisamente su catalanidad lo que no convence en Madrid.

Pero lo cierto es que Cuevas y el presidente de la patronal catalana han tenido una relación agridulce. La tensión se escenificó hace sólo unas semanas cuando Rosell, junto al resto de organizaciones empresariales locales, se desmarcó claramente de las declaraciones del presidente de la CEOE acerca del Gobierno tripartito. El presidente de Fomento, quien en un principio mostró sus reticencias a que los independentistas de ERC desembarcaran en la Generalitat, ha recogido carrete una vez formado el Gobierno y ha prestado públicamente su apoyo al Ejecutivo Maragall y Carod-Rovira. Tras la arremetida de Cuevas a Almunia, Rosell también se distanció públicamente de su jefe.

Publicado en El Siglo. 12.01.04

 

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