OPINIÓN E IMAGEN

ATRAPADO: MARGINADO POR AZNAR Y RECLAMADO POR LA OPOSICIÓN

El Rey ha roto su forzado silencio para referirse a una guerra que está siendo duramente contestada en la calle y en el Parlamento, y a la que se ha llegado sin que el monarca hubiera tenido oportunidad de pronunciarse ante un José María Aznar que se ha encargado, una vez más, de demostrar que él está por encima de don Juan Carlos. Esta situación ha colocado al Rey en la disyuntiva de ejercer sus funciones constitucionales protagonizando un intento de consenso entre el Gobierno y la oposición o permanecer al margen haciendo oídos sordos, tal y como preferiría el Ejecutivo, al tremendo debate que hay en la sociedad española y ante quienes reclaman un posicionamiento claro del monarca.

Por Vera Castelló

El Rey ha hablado. Ha decidido romper su llamativo silencio durante la crisis prebélica para mandar un mensaje sobre la guerra, medido en apariencia, pero que ha provocado distintas interpretaciones, y recibir a José Luis Rodríguez Zapatero en La Zarzuela. De esta forma don Juan Carlos trata de desmarcarse de la marginación a la que le ha estado sometiendo el presidente del Gobierno y que se ha plasmado en la significativa falta de intervenciones públicas, tal y como reclamaba buena parte de la sociedad, en torno al duro debate que se ha generado ante la crisis internacional. Una marginación resaltada en numerosas ocasiones por El Siglo y que ha tenido su última plasmación en el reportaje Marginado. Aznar olvida el papel del Rey en la crisis de Iraq publicado el pasado 3 de marzo y que se hacía eco de las numerosas voces que cuestionaban el invisible papel desarrollado hasta el momento por el jefe de Estado, aislado por Aznar en La Zarzuela, máxime cuando la Constitución en su artículo 63.3, determina que "Corresponde al Rey, previa autorización de las Cortes generales, declarar la guerra y hacer la paz".

El Rey rompió su tenso silencio el pasado viernes 21 de marzo, un día después del comienzo de los bombardeos, y no lo hizo con un mensaje ex profeso sobre la guerra, como algunos esperaban, sino dentro de su discurso con motivo de la entrega de los Premios Nacionales del Deportes y con mensajes que han provocado todo tipo de interpretaciones. Para unos, el monarca no se ha extralimitado ni un ápice de los términos que le marca la Constitución, para otros han sido unas palabras que pese a llegar tarde contienen más intención de la que parece a primera vista.

En su declaración, don Juan Carlos evita la palabra guerra y se refiere al "conflicto en Iraq". Tras los buenos deseos –que "concluya cuanto antes con un mínimo de pérdidas humanas y de sufrimiento y de que pronto se logre la paz"–, el monarca pasa a solicitar a "las fuerzas democráticas un esfuerzo de diálogo y entendimiento", el mismo deseo que había expresado a ciertos miembros de la oposición en una conversación privada durante la cena de gala al presidente de El Salvador el pasado mes de enero, cuando ya estaban muy claras las posturas de unos y otros ante la crisis iraquí.

Pero sin duda las palabras de su discurso que más han llamado la atención de los analistas políticos son las que se referían a que ha "seguido con gran preocupación el desarrollo de esta crisis, de la que estoy siendo permanentemente informado, escuchando las distintas opiniones que suscita". Ahí el monarca asume su papel de Rey de todos los españoles resaltando, de alguna manera, que le consta la importante oposición que la mayoría de la sociedad ha demostrado ante esta guerra. Lo que no desvela don Juan Carlos es cómo esta siendo "permanentemente" informado ¿a través del presidente del Gobierno? ¿A través de la oposición? ¿O, quizás, mediante los medios de comunicación?

De hecho, tal y como confirmaron a El Siglo, hasta principios de marzo el monarca no tuvo ningún encuentro específico con José María Aznar para tratar de la posible guerra. Ha sido sólo después, con el conflicto bélico a punto de iniciarse, cuando La Moncloa ha confirmado una reunión y una conversación telefónica y, desde la Casa Blanca, una llamada de George Bush.

En el discurso pronunciado el pasado 21 de marzo, el Rey aprovechó también para recordar y ratificar el papel integrador de la Corona, asegurando que "respaldará en todo momento a las distintas instituciones del Estado en el ejercicio de las competencias que les atribuye nuestro ordenamiento jurídico" en una alusión implícita al Parlamento, más allá de la posición del Gobierno, y respetará "el pluralismo social y los debates", en nueva alusión a las diferentes posiciones de los ciudadanos.

El mensaje fue recibido por José María Aznar con cierta frialdad. "Como toda intervención del Rey, debe ser analizada teniendo en cuenta la función institucional que representa", dijo posiblemente molesto por un paso emprendido por el Rey que aunque necesario no deseado por el Gobierno.

Tampoco le ha sentado bien al PP el encuentro que mantuvieron el Jefe del Estado y el líder del PSOE. Una reunión que tuvo lugar a instancias de La Zarzuela después de que el líder socialista y don Juan Carlos conversaran brevemente el pasado 24 de enero durante la cena de gala ofrecida al presidente de El Salvador y acordaran la conveniencia de mantener un encuentro. La cita tuvo lugar el 19 de marzo, por la mañana, horas antes del inicio de los bombardeos. El líder del PSOE le trasmitió al Rey que el Gobierno está cometiendo un gravísimo "error histórico", tesis con la que don Juan Carlos se mostró muy respetuoso, según el líder socialista.

La reunión mantenida por ambos parece que ha encabritado a más de uno y por diversas razones. Javier Arenas fue uno de los primeros en criticarlo, argumentando que los líderes políticos y los gobernantes "no deben comentar sus conversaciones" con el Rey "nunca", olvidando quizás que desde La Moncloa se había informado de que José María Aznar había mantenido una reunión con el monarca el pasado 17 de marzo para darle cuenta de las decisiones tomadas en la Cumbre de las Azores y que también La Moncloa había confirmado que el presidente del Gobierno telefoneó a Su Majestad para informarle del inminente comienzo de la guerra, unas horas antes.

Fuentes de la Casa Real aseguraron a El Siglo que no es política de La Zarzuela difundir los encuentros que mantiene el Rey con los líderes políticos, sino que normalmente es la otra parte la que, en todo caso, decide informar de las reuniones "ante lo que la Casa no tiene nada que objetar". Sin duda, el interés con el que la sociedad española está viviendo esta crisis llevó a Rodríguez Zapatero a difundir su encuentro con el Rey.

Dicha reunión también ha sido criticada desde la oposición. Tanto Izquierda Unida como el PNV desvelaron que nacionalistas y partidos de izquierdas estudiaban solicitar un encuentro conjunto con don Juan Carlos para informarle directamente de su posición contraria al conflicto.

Precisamente pudo ser esa cuestión lo que llevó a Iñaki Anasagasti a mostrar su cara más exaltada en una reciente intervención en el Parlamento. El portavoz nacionalista arremetió duramente contra la figura y la actuación del Rey en el conflicto de Iraq con un discurso claramente antimonárquico cuando se acerca la significativa fecha del 14 de abril, fecha conmemorativa de la proclamación de la República. El vasco criticó que "en la Casa Real existe el criterio de que el artículo 1.3 de la Constitución española, el que dice que la forma política del Estado español es la monarquía parlamentaria, cuando habla del Parlamento sólo se refiere a dos partidos. La Constitución, para la Casa real, al parecer, sólo es una monarquía bipartidaria" y se opuso a que"el Rey siga a pies juntillas lo que dictan desde La Moncloa", para terminar con un mensaje muy directo: "Como dicen los castizos, que con su pan se lo coman".

Lo cierto es que al Rey se le ha reclamado desde los sectores políticos más insospechados. Han sido reiterados las invitaciones por parte de Izquierda Unida para que el Jefe del Estado se pronunciara sobre la guerra, e incluso en el recurso ante el Tribunal Constitucional que prepara la coalición aparece la figura del Rey, ya que según el razonamiento esgrimido por Gaspar Llamazares, y que El Siglo previamente había resaltado en su reportaje publicado el pasado 3 de marzo, la decisión del Gobierno de enviar tropas a la zona supone una declaración de guerra y según el artículo 53.3 de la Constitución "Al Rey corresponde, previa autorización de las Cortes Generales, declarar la Guerra y hacer la paz".

El PNV ha sido el otro grupo de la oposición más contundente a la hora de reclamar un posicionamiento por parte de don Juan Carlos, incluso Iñaki Anasagasti, portavoz del partido nacionalista, que había espetado que "el Rey no está solo para poner la cara en los sellos de correos" reclamó "un mensaje más claro contra la guerra, máxime cuando se trata de una declaración conjunta", después de las declaraciones del coronado del día 21 de marzo.

Y el diputado de la Chunta Aragonesista, José Antonio Labordeta también ha criticado que el monarca está "metido en una burbuja de cristal como si fuera el brazo incorrupto de Santa Teresa" y que "en una guerra hay que tomar decisiones y él debería decir algo, debería tener un papel más activo del que está teniendo".

Cambio de planes. El inicio del conflicto ha supuesto algunos cambios en la agenda de los miembros de La Zarzuela. El príncipe Felipe se encontrada de viaje oficial en Alemania y regresó a Madrid un día antes de lo previsto "a la vista de las circunstancias actuales del momento internacional". Tampoco los Reyes emprenderán el viaje oficial a Bulgaria y Rumania que estaba previsto para el 30 de marzo, evitando así que el monarca se viera obligado a afrontar nuevos pronunciamientos sobre la guerra en las distintas intervenciones públicas que requiere este tipo de viajes.

De la misma forma, la presidenta de Filipinas, Gloria Macapagal, decidió hace unos días aplazar el viaje a España el pasado 24 de marzo. En el programa estaba previsto que acudiera junto a los Reyes a la inauguración de la sede oficial de Casa Asia, una iniciativa integrada por el Ministerio de Asuntos Exteriores, la Generalitat de Catalunya y el Ayuntamiento de Barcelona,  que se enmarca dentro de los objetivos establecidos en el Plan Marco Asia-Pacífico, aprobado por el Gobierno en el año 2000, y dentro de la estrategia para Asia de la Unión Europea. Finalmente, la inauguración solemne por parte de la Casa Real también se ha aplazado.

Sí, la Casa Real ha dado algunos pasos al cambiar la agenda debido a la guerra, pero resultan muy insignificantes si se compara con las iniciativas que se emprendieron con motivo de la invasión de Kuwait y la posterior Guerra del Golfo. El Rey no sólo conversó en diversas ocasiones con distintos líderes claves en el conflicto como los reyes de Arabia Saudí, Jordania o Marruecos, y el emir de Kuwait, para intercambiar puntos de vista sobre la crisis, sino que el príncipe Felipe viajó a la zona para visitar los tres buques de guerra españoles que participaron en el bloqueo naval a Iraq. Sin embargo, el actual conflicto presenta unas características bien distintas, ya que no cuenta con el respaldo generalizado de la población lo que desaconseja, en principio, que el heredero hiciera ahora una visita de esas características. De hecho, desde La Zarzuela se asegura que no hay nada previsto en ese sentido.

Además, dado que aquel conflicto contó con el respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU, el Rey no eludió en sus discursos referirse a la crisis internacional desencadenada ni desear a las tripulaciones que zarparon hacia el Golfo que "cumplan con éxito sus objetivos de restablecer el orden".

El apoyo que Aznar se ha empeñado en dar a esta guerra, pone en otro brete a don Juan Carlos, ya que las principales amistades monárquicas de nuestro Rey están en el mundo árabe y en países que hoy viven muy de cerca la guerra contra Iraq y no precisamente apoyando la intervención armada.

 En el trato personal, nuestro monarca hace años que eligió a tres íntimos: los reyes de Marruecos, Jordania y Arabia Saudí, no necesariamente en ese orden. Una estrecha relación que Juan Carlos ha tratado de mantener con los herederos tanto de Mohamed VI como de Hussein tras sus fallecimientos.

En el caso de Hussein, la amistad se remontaba a décadas atrás. Don Juan Carlos y doña Sofía hicieron escala en Jordania durante su viaje de novios, y precisamente éste fue uno de los primeros países en ser visitados por los Reyes al poco de asumir el Trono.  Viaje que tuvo lugar tan solo unas semanas después de que Hussein perdiera, en accidente de helicóptero, a su primera esposa. Cuentan los cronistas que durante la cena de gala el monarca jordano levantó su copa y dirigiéndose a nuestros Reyes dijo: "Majestad, hermano; Majestad, hermana". La relación se fue fortaleciendo con el tiempo a traves de numerosas visitas oficiales y privadas en ambos sentidos, hasta el punto que Hussein regaló al monarca español la que es hoy residencia privada de los Reyes en Lanzarote, y don Juan Carlos fue uno de los asistentes a la celebración privada que organizó el Rey de Jordania para celebrar el 20 aniversario de su matrimonio con su esposa Noor, tan solo unos meses antes de fallecer.

A los funerales acudieron la familia real española en pleno y don Juan Carlos, muestra de su aprecio, afirmó al llegar a Aman que era "una gran pérdida personal". El actual regente jordano, Abdalá también recordó en su última visita a Madrid hace un año –España fue el primer país europeo visitado por el nuevo monarca– "el afecto personal" que su padre sentía por los reyes después de que don Juan Carlos acudiera personalmente a recibirle a Barajas.

Tal solo unos meses antes, el príncipe Felipe, visitó Jordania para trasmitir al nuevo Rey el apoyo español a la sucesión y llevarle "los mejores recuerdos de su hermano", refiriéndose a don Juan Carlos.

Con Hassan II la amistad fue incluso más estrecha. En el recuerdo de todos aún permanece la imagen de don Juan Carlos llorando junto al heredero Mohamed ante el féretro del Rey fallecido. "Lo mismo que hace 15 días vine para cumplimentar a mi hermano mayor el rey Hassan II por su 70 cumpleaños, ahora vengo a cumplimentar en unos momentos tristes a mi hermano joven", afirmó nuestro Rey en aquella ocasión.

La cercanía con Mohamed VI no es tan estrecha como con su padre, pero ambos monarcas han aprovechado su cercanía personal para intentar desbloquear la crisis recientemente vivida entre ambos países y las alusiones a la mutua amistad siguen siendo una constante en sus mensajes de carácter privado.

En cuanto al rey Fahd de Arabia Saudí, contrario hoy a la guerra contra Iraq, el propio don Juan Carlos explicaba en el libro El Rey, de José Luis de Vilallonga, que su amistad se remonta a cuando ambos eran príncipes herederos. Una amistad que sirvió incluso durante los últimos años del franquismo para superar una crisis petrolera después de que Arabia, a instancias del rey español, enviara el crudo necesario.

Es siempre muy comentado que don Juan Carlos acuda a dar la bienvenida y despedir al rey Fahd cuando éste pasa una temporada en su despampanante casa de Marbella rodeado de su desmesurado séquito y haciendo ostentación de su riqueza. Encuentros que, pese a su carácter privado, son difundidos por la Casa Real española, con foto incluida de ambos monarcas rindiéndose pleitesía. Él fue quien, a título personal, regaló al Rey en 1976 el primer yate Fortuna que ha disfrutado la familia real en sus vacaciones.

La amistad de don Juan Carlos con el rey Fadh ha sido aprovechada en alguna ocasión por el Gobierno español. Sin ir más lejos, hace año y medio, cuando Aznar se encontraba inmerso en diversas gestiones diplomáticas internacionales encaminadas a reforzar la coalición internacional contra el terrorismo, el Ejecutivo se sirvió de las excelentes relaciones entre ambos monarcas para enviar a través de Josep Piqué un mensaje en nombre de don Juan Carlos al Rey saudí. El mensaje reconocía el papel fundamental de Arabia Saudí en la crisis internacional derivada del 11-S y llegaba pocos días después de que aquel país rechazara que los aviones estadounidenses utilizasen sus bases aéreas para atacar Afganistán.

Reclutas de medio pelo

Uno de los factores más curiosos de los tres dirigentes que han desatado la guerra en Iraq es que su entusiasmo por desatar un conflicto bélico contra el régimen de Saddam Hussein para "cumplir la legalidad internacional" contrasta con el escaso fervor militar que les caracterizó en su juventud, ya que ninguno puede presumir de una trayectoria castrense muy honorable.

Nuestro presidente estudió la carrera de Derecho en la Universidad Complutense madrileña, argumento utilizado para hacer uso de sucesivas prórrogas que evitaron su incorporación a filas. Aznar se licenció y se dedicó a estudiar la oposición para el cuerpo de inspectores de Finanzas del Estado hasta que consiguió sacar la plaza. Cuando en 1979 finalizaban sus prórrogas y debía cumplir con el "servicio a la Patria", José María Aznar argumentó que era el sustento económico de su familia. En aquel entonces, una ley permitía la exención de la incorporación a filas para evitar que quedasen "en desamparo económico personas que habrían de estar a cargo de los que tienen obligación de cumplirlo [el servicio militar]" siempre que la familia dependiente del supuesto recluta no mantuviera unos ingresos superiores al salario mínimo interprofesional.

El recurso utilizado, sin embargo, tenía truco. Aznar estaba casado desde dos años antes con Ana Botella, que trabajaba en el Gobierno Civil de Logroño con unos ingresos muy superiores a dicho salario mínimo. Sin embargo, en 1979, poco después del nacimiento de su primer hijo, Ana solicitaba una excedencia de tres años que de esa manera permitió al actual presidente acogerse a este supuesto y eludir el cumplimiento del paso por el Ejército.

El principal inductor de esta guerra, George Bush, cuenta con una trayectoria militar bastante discutida en su propio país. Mientras su padre puede presumir de haber luchado en la Segunda Guerra Mundial como piloto, sobreviviendo incluso al derribo de su avión, el actual presidente americano optó por alistarse en la Guardia Nacional, un cuerpo auxiliar que actúa dentro del territorio estadounidense. En EE UU el servicio militar fue obligatorio desde su incorporación a la Segunda Guerra Mundial, en 1942, hasta mediados de los años 70, lo que incluye todo el período de la guerra de Vietnam. En 1968 Bush firmó un contrato de seis años con el cuerpo aéreo de la Guardia Nacional, y en ese tiempo se le han discutido varias cosas: que pudiera volar como piloto nada más salir de la academia militar, sin apenas experiencia, que se le concedieran numerosos permisos para participar en varias campañas electorales, que fuera licenciado ocho meses antes de que concluyeran los seis años, pero principalmente que durante un año, entre 1972-73, no haya ninguna constancia de que cumpliera con sus obligaciones militares.

Esta "desaparición" durante un año y el cuerpo militar escogido, considerado por muchos como un "refugio" al que se acogían los hijos de familias poderosas para evitar ir a Vietnam, le han valido cuantiosas críticas. Lo más curioso es que otros importantes cargos de su gobierno, como el vicepresidente Cheney o el fiscal general John Ashcroft, e incluso su propio hermano Jeb, gobernador de Florida, eludieron tomar las armas.

El primer ministro Tony Blair es el único que puede presentar un argumento un poco más sólido. En el Reino Unido el servicio militar es voluntario desde los años 50, por lo que tendría que haber optado por una carrera profesional, y el joven Blair andaba muy lejos de tener ningún ardor bélico. Estudiante de Derecho en Oxford, Blair descubrió una fe religiosa que le llevó a confirmarse en la iglesia anglicana. Tras la universidad pasó un período sabático mientras intentaba alcanzar el éxito con un grupo donde tocaba la guitarra, pero el fracaso de su incipiente carrera musical le inclinó a decidirse por la práctica de la abogacía, y poco después, por una trayectoria política en el Partido Laborista.

Por T.L.

Aza apuesta por los suyos

Con el anuncio de la próxima llegada del diplomático Juan González Cebrián para sustituir en mayo a Asunción Valdés como portavoz de la Casa Real, Alberto Aza termina de configurar el nuevo equipo que le arropará en sus funciones como jefe de la Casa del Rey. A diferencia de Valdés, que lleva en el cargo desde enero de 1993, su próximo sustituto no es periodista, aunque acredita cierta experiencia a la hora de tratar con los medios de comunicación, cosechada en su trabajo como uno de los responsables de la Oficina de Información Diplomática dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores que dirigía Alberto Aza antes de incorporarse a La Zarzuela.

El nuevo responsable de Comunicación es gallego, licenciado en Derecho y diplomado en Estudios Internacionales por la Escuela Diplomática. En su carrera ha pasado por la embajada en Brasil, Cuba, Italia y Reino Unido.

Con este fichaje, Aza ha vuelto a buscar en el ámbito diplomático a los miembros de su aparato ya que el número dos de la Casa, el secretario general Ricardo Díaz Hochleitner, también es diplomático de carrera. En sus manos estará continuar con la estrategia de educada opacidad informativa imperante hasta ahora o emprender una nueva filosofía.

31.03.03


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