OPINIÓN E IMAGEN

EL OTOÑO DEL PATRIARCA : LA CRISIS DEL ‘PRESTIGE’ ACABA CON EL MITO DEL ‘FRAGUISMO’

Con la Dirección Nacional del PP invadiendo su feudo regional, un Ejecutivo autonómico divido y enfrentado, una oposición que coincide por primera vez al censurarlo en el Parlamento y un pueblo otrora entregado y hoy furibundamente desencantado, el presidente de la Xunta de Galicia ve apagarse la luz de su propio mito: una mayoría absoluta imbatible en 13 años de Gobierno. Aunque Manuel Fraga anunció que ésta sería su última legislatura, la convicción general era de que si podía, se volvería a presentar, aun con 83 años. Hoy, en Galicia y en el PP dan carpetazo a su continuidad.

Por Ana Pardo de Vera

Cuando le pedí al taxista que me trajese a San Caetano, me espetó: ‘O Fraga do Prestige non é o noso Fraga’.

—Yo quisiera ser ‘o seu Fraga’ y que quedase en la memoria como un hombre que hizo mucho por Galicia (...)". El inicio de la entrevista que el diario La Voz de Galicia hizo al presidente de la Xunta –la única que concedió a un medio de comunicación que no fuese TVG, la televisión autonómica– es un ejemplo elocuente del vuelco que ha dado la sociedad gallega desde el pasado 13 de noviembre. "O seu Fraga" ha dejado de serlo desde el mismo momento en que no acudió a la primera línea del litoral cuando desde el Prestige se lanzó el primer S.O.S; cuando se supo que había ido estado de cacería mientras el petrolero se resquebrajaba y su veneno negro enfilaba hacia la Costa da Morte; cuando lo negó en el Parlamento y acusó a la oposición de inventarse la información; cuando después se vio obligado a rectificar y a reconocer que sí había estado cazando, y así un largo etcétera que los gallegos consultados por esta revista no acaban de enumerar. Entre estos gallegos, además, están muchos votantes del PP, que se expresan exactamente igual que otros que reconocieron en la primera y multitudinaria manifestación convocada por la plataforma Nunca Máis que habían "votado a Fraga", pero que no lo volverían a hacer.

Además, en el seno del PP gallego se mira con inquietud a esta Galicia, la más numerosa, que da la espalda a su presidente por entender que ya no le sirve tras dejarla sola en el desastre más grave ocurrido en mucho tiempo. "Es muy difícil que los gallegos perdonen u olviden", reconoce un popular de la región y, por ello, se teme lo peor: el partido queda irremediablemente tocado a partir de ahora, Fraga gobernará su última legislatura con la pesada losa del Prestige y en 2005 habrá un cambio de rumbo de los populares gallegos, que se gestará desde mucho antes y, lo que es más importante, llevará el sello de la Dirección Nacional del PP, decidida a terminar con la autonomía de la fracción gallega del partido. Hasta ahora, esta independencia se justificaba sotto voce con una mayoría absoluta garantizada por el fraguismo imperante en la comunidad gallega, pero hoy, el mito se apaga. Y el riesgo consecuente no es otro que la pérdida de votos, por lo que hay que poner remedio desde ahora.

De momento, el secretario general del PP, Javier Arenas, planea reunirse con su homólogo gallego, Xesús Palmou, y frenar así los afanes de quien ha puesto todo su empeño en sustituir a Fraga, el conselleiro de Obras Públicas y Política Territorial, Xosé Cuiña. Aunque al cierre de esta edición no había una fecha concreta para este encuentro, fuentes no oficiales del Partido Popular sostienen que se trata de diseñar una estrategia conjunta que ponga final al frente abierto en el Ejecutivo de Galicia entre dos sectores del PP regional. Además, se podría abordar la próxima remodelación del Gobierno Fraga prevista para enero de 2003 con motivo de las elecciones municipales de mayo, que destinan a la conselleira de Asuntos Sociales, Corina Porro, y a la de Familia, Manuela López, a las alcaldías de Vigo y Lugo respectivamente.

En la central de Génova se baraja la posibilidad de aprovechar los cambios en el Ejecutivo gallego para hacer salir a Cuiña, una opción, reconocen, no exenta de riesgo electoral, pues el polémico conselleiro es la araña tejedora de una potente red de influencias económicas y empresariales en Galicia que podrían abandonar al PPdeG junto a Cuiña.

Éste, mientras tanto, contempla los afanes de Madrid para apartarlo del poder gallego mientras pergeña su propia estrategia en el seno del Ejecutivo autonómico para hacerse con las riendas que, ahora prácticamente sin posibilidades de marcha atrás, dejará Fraga en 2005. El conselleiro de Obras Públicas no está solo, pues cuenta con dos influyentes aliados: el conselleiro de Cultura, Xesús Pérez Varela, y el de Agricultura, Juan Miguel Diz Guedes. Sobre todo Pérez Varela supone una valiosa ayuda para Cuiña, pues el responsable de Cultura –y del célebre error con el que confundió la cantata Carmina Burana del compositor alemán Carl Orff con la inexistente cantante gallega "Carmiña Burana"– se encarga de coordinar las labores de información de la Xunta de Galicia, uno de los aspectos más criticados de la ‘crisis del Prestige (ver El caos informativo).

Estos tres titulares del Gobierno de Fraga protagonizaron el pasado 1 de diciembre un violento encontronazo de posiciones con el sector que encabeza el conselleiro de Economía, Antonio Orza, y a quien respaldan el titular de Pesca, Enrique López Veiga, y el de Medio Ambiente, Carlos del Álamo. Los tres comparten las tesis de Madrid que representan en Génova los gallegos Mariano Rajoy y José Manuel Romay Beccaría.

Aunque en la entrevista de La Voz de Galicia el presidente Fraga calificó este enfrentamiento entre los asistentes de "diversidad de opiniones", en el PP gallego son conscientes de la jugada de Cuiña, que trató de convencer a Manuel Fraga de que había que tomar las riendas del desastre, desligándose de los dictados de Madrid.

Fue la primera aportación del conselleiro a la crisis del Prestige. O la segunda, pues del entorno de los populares gallegos ha salido la convicción de que suya es la filtración sobre la fatídica cacería de Manuel Fraga, que "para qué engañarnos, hizo quedar como un mentiroso al presidente ante sus ciudadanos", reconoce un popular gallego en privado. Y ella ha influido también en la doble moción de censura presentada por la oposición gallega, del BNG y del PSdeG, unidas desde hace mucho tiempo en una misma causa, contra la Xunta de Galicia. Los dirigentes nacionalista y socialista, Xosé Manuel Beiras y Emilio Pérez Touriño, cuyas formaciones se apoyaron mutuamente en sus respectivas mociones, coincidieron también en pedir la dimisión de Fraga por algo tan grave como "darle la espalda a Galicia". Esta frase, sostienen en el entorno del león de Vilalba tuvo que "haber dolido al jefe".

La intención de Cuiña, ahora volcado en las tareas de suministro y organización de medios para paliar los estragos de la marea negra en las costas gallegas, ha sido la de intentar demostrar que bajo su batuta el Gobierno marcha mucho mejor que dejándose aconsejar por Rajoy, de quien por cierto, se ha llegado a asegurar que le muda el rostro con sólo oír hablar del de Lalín. Por lo mismo, demostrar que sin él la región va por el  mal camino, se explican también en Galicia su sorprendente ausencia durante los primeros días de la crisis, en pleno auge de confusión, declaraciones contradictorias y falsos presagios de minimización del gran desastre que ha resultado ser el hundimiento del Prestige.

Mientras tanto, Manuel Fraga permanece en su despacho de Presidencia sin salir apenas. Unos dicen que volcado en la tarea de arreglar el desastre lo máximo que sea posible y otros, que sin atreverse a dar la cara ante un pueblo que tiene mucho que reprocharle, especialmente entre los que le dieron su voto en octubre del año pasado, una mayoría más que considerable. Don Manuel es consciente de la fisura que se ha abierto en el PPdeG, también de las presiones que recibe del sector afín a Rajoy para que se deshaga en enero de Cuiña y los suyos.

Además, y ahora que es consciente de la merma de credibilidad entre sus incondicionales ciudadanos, debe agachar la cabeza ante la irrupción de la gente de Rajoy en su Administración, pues en la reunión de trabajo que el pasado 7 de diciembre mantuvo el presidente del Gobierno con el vicepresidente primero del Gobierno, los ministros de Exteriores, Defensa, Medio Ambiente y Fomento, y el secretario de Estado de Comunicación, se acordó que el director de Gabinete de Mariano Rajoy, el también gallego Francisco Villar, y la directora de Información, Belén Bajo, se trasladasen a Galicia para situarse al frente del operativo que desde allí se lleva a cabo para la coordinación de actuaciones, en el caso de Villar, y para abrir una Oficina de Información en la que colaboran la Xunta y el Gobierno central, para facilitar la atención a los medios de comunicación. Muy probablemente, apuntan desde el entorno de la Xunta, esta decisión se tomó a la vista de las críticas que estaba recibiendo el Gobierno gallego en esta materia, entre otras, por tratar de impedir que se fotografiase la realidad más dramática o de evitar los términos "marea negra" en las informaciones sobre el vertido del Prestige.

Rajoy y las sucesiones. La crisis por la que atraviesa el Gobierno gallego, que con más estruendo que nunca ha traspasado las piedras del Pazo de Raxoi, a la que se suma la "diversidad de opiniones", según Fraga, y el "enfrentamiento a tumba abierta", según el otro extremo, entre los sectores de Cuiña y de Orza, este último que es el brazo de Rajoy en Galicia, ha dado un vuelco al otro proceso sucesorio que marcha paralelo al de Aznar.

Por un lado, está Xosé Cuiña, erigido a sí mismo como sucesor natural de Don Manuel, lo que le ha llevado a trabajarse afanosamente una amplia cuota de poder, para lo cual, según sus detractores, le ha sido de gran utilidad la Consellería que encabeza, el equivalente al Ministerio de Fomento español. Ahora, la cuestión está en si el sector de Orza es capaz de lograr que Fraga prescinda de su hasta ahora delfín, aunque son conscientes de la influencia del conselleiro de Obras Públicas en Galicia.

Con todo esto, ahora más que nunca se reclama desde un sector del PP gallego, también in crescendo, que sea Mariano Rajoy quien suceda a Fraga, siempre y cuando el vicepresidente gallego no sea el sucesor de José María Aznar en 2004, una opción también bien vista por buena parte del PP gallego, que creen que de esta forma Galicia pasaría a tener un plano de mayor relevancia en la Administración central. De todos es conocida la pasión auténtica de Rajoy por su tierra.

En cuanto a la posición de Rajoy en la sucesión de Aznar, tras su actuación al frente de la tragedia del Prestige se barajan dos opiniones encontradas. Así, hay quienes sostienen que Aznar quemó a su vicepresidente como candidato a sucederle colocándolo en primera línea de actuación y al frente de una actuación tan cuestionada, aunque la mayoría afirma que, lejos de quemarse, Mariano Rajoy ha salido reforzado. Pero no del todo, matizan, pues aunque su partido no dudó en aplaudirle literalmente en la reunión de la Junta Directiva del PP del pasado martes tras los contundentes elogios de Aznar a su labor, la opinión entre la ciudadanía oscila entre el respeto al único miembro del Gobierno que dio la cara en todo momento, aunque fuese con equivocaciones, y el rechazo al responsable que fue incapaz de predecir el desastre, a pesar de las previsiones que llegaban desde Portugal y que acabaron mostrándose como las más acertadas. Anecdótico es el apodo que se ha colocado a Rajoy en los pasillos del Congreso, El señor de los hilillos, y que responde a sus declaraciones negando una marea negra y admitiendo la salida de "hilillos" de fuel del buque hundido.

Pero en el PP de Galicia no afín a Cuiña se están barajando todas las posibilidades, y quienes se mueven en él, sostienen que Manuel Fraga no descarta otra opción: si Rajoy se convierte finalmente en el sucesor de José María Aznar, nada mejor que su mano derecha para gobernar al pueblo gallego, la ministra de Sanidad y gallega de adopción, Ana Pastor.

EL CAOS INFORMATIVO

La política informativa del Gobierno conforma la parte más oscura de cuantas han afectado a su gestión durante los primeros momentos de la crisis del Prestige. Cuando el pasado 9 de diciembre el presidente José María Aznar reconocía en la televisión pública la posibilidad de haber cometido "algún error", no sólo estaba minimizando la desastrosa descoordinación entre administraciones públicas, técnicos, voluntarios y Ejército que ha quedado patente a lo largo del primer mes de catástrofe, sino que además, pasaba por alto las numerosas denuncias que su equipo ha recibido por intentar censurar informaciones, ocultar datos, dificultar las tareas de los periodistas y confundir con declaraciones oficiales contradictorias. Este afán propagandista ha provocado un clima de total desconfianza entre la opinión pública y ha cosechado multitud de críticas en medios europeos y nacionales, incluso en algunos tradicionalmente afines al Ejecutivo. Por eso, no son pocos los expertos que afirman que la gestión de la comunicación en torno al vertido de petróleo le va a pasar una agria factura al Partido Popular en las próximas elecciones municipales y autonómicas o incluso, en las generales de 2004.

Esta intoxicación oficial comenzó en los primeros días de la catástrofe a través de diversas declaraciones públicas realizadas por los distintos responsables gubernamentales y ampliamente difundidas en medios públicos que día a día se encargaban de echar por tierra la implacable fuerza de los hechos y el buen hacer periodístico de medios independientes. Frases como "Probablemente el fuel no toque la costa gallega", "Ya ha pasado el peligro más grave", "Todo el fuel derramado que tenía que llegar a la costa ya ha llegado", "Afortunadamente, la rápida intervención de las autoridades españolas alejando el barco de las costas ha permitido que no tengamos una catástrofe ecológica ni grandes problemas para los recursos pesqueros" o "Estamos seguros de que el Prestige no vierte, pese a lo que diga Portugal. Nosotros tenemos mejores medios técnicos" –pronunciadas respectivamente por Arsenio Fernández de Mesa (delegado del Gobierno en Galicia), Manuel Fraga (presidente de la Xunta de Galicia), Enrique López Veiga (conselleiro de Pesca de la Xunta), Miguel Arias Cañete (ministro de Agricultura y Pesca), Mariano Rajoy (vicepresidente del Gobierno y encargado de gestionar la crisis)– son sólo algunos ejemplos de este desastre informativo gubernamental.

A las erróneas declaraciones oficiales, han venido a sumarse los intentos de censura y ocultación de informaciones en los medios públicos controlados por las diferentes administraciones afectadas. De un lado, las denuncias de manipulación han salpicado tanto al Centro Territorial de RTVE en Galicia como al ente autonómico CRTVG (Compañía de Radio Televisión de Galicia). En la primera, el Comité Intercentros pidió hace semanas el cese de su director Octavio Rodríguez por considerar que éste había presionado a los trabajadores para que no se refirieran al Prestige como un caso de "marea negra" y el pasado día 12 secundó un paro de dos horas como forma de protesta. En la segunda, el Comité Interempresas ha solicitado por idéntico motivo la dimisión del director general, Francisco Campos y de todo su equipo. Junto a ellos también se ha visto afectado el Centro Territorial de RTVE en Cataluña, cuyo Comité de Empresa impidió el pasado 28 de noviembre que se censurase la emisión a nivel nacional del programa El Escarabajo Verde (realizado en ese centro) que contenía un reportaje con el título Marea da Morte.

Por otra parte, también ha sido criticado el comportamiento del director de Informativos de RTVE, Alfredo Urdaci: según un informe elaborado por el PSOE, de las once horas que los telediarios de TVE habían dedicado a la catástrofe hasta el pasado 9 de diciembre, sólo 13 minutos (un 2%) se dedicaban a recoger las voces discrepantes con la política del Gobierno, y sólo poco más de tres minutos (un 0,5%) a las opiniones de los colectivos afectados por la tragedia. Además, los socialistas también han criticado duramente la entrevista descafeinada que Urdaci realizó el pasado lunes a Aznar y han solicitado al director general del Ente, José Antonio Sánchez, que dedique el mismo espacio a entrevistar al líder de la oposición, José Luis Rodríguez Zapatero.

Junto a todo ello, en TVE también ha cosechado críticas el programa especial Todos somos Galicia, presentado por Pedro Ruiz, ya que muchos gallegos consideraron que se les trató como si fueran del Tercer Mundo y sienten que lo que les hace falta es más Gobierno y menos limosnas. Ha sido en la región en donde las críticas se han dejado oír con más fuerza: el pasado 5 de diciembre el Colegio Profesional de Periodistas de Galicia denunció en un comunicado que los profesionales gallegos eran víctimas de un "apagón informativo decretado por las autoridades" y ese mismo día, 200 personas se encerraban en la Escuela de Imagen de A Coruña para protestar contra la "censura" y la "desinformación" a la que Xesús Pérez Varela, conselleiro de Cultura y encargado de la coordinación informativa de la Xunta, sometía a los medios locales. Esta mala gestión ha afectado también a los medios nacionales. Como contaba Rafael Manzano, El Búho, en la Cadena Ser, el secretario general de Asuntos Exteriores y ex embajador en Alemania admitía: "Me he enterado de la verdadera dimensión de la catástrofe en Galicia por la televisión alemana" y una periodista de TVE veía cómo dos pescadores, que llevaban a varios compañeros de la Ser para facilitar sus tareas informativas, argumentaban la discriminación de no llevarla a ella con un escueto "Ellos sí cuentan lo que está pasando". La prensa, incluso medios tradicionalmente afines al Gobierno como ABC, El Mundo o La Razón, han criticado en sus Editoriales la actuación del Ejecutivo.

En el plano internacional, rotativos tan influyentes como el francés Le Figaro, el alemán  Frankfurter Allgemeine Zeitung o el americano Wall Pret Journal han sacado los colores a nuestros gobernantes: el primero, al denunciar los intentos de minimizar el vertido y alabar el papel del rey Juan Carlos en la crisis; el segundo, al tachar a Aznar de arrogante y poco inteligente; y el último, al adjudicarle "una aparente falta de agilidad política" y relatar las críticas vertidas en España contra su Gobierno. Más lejos aún llega la cadena France 2 afirmando: "Este hombre, José María Aznar, quiere ser presidente de Europa. Hay que cerrarle el camino".

Por Fermín Núñez

FRANCISCO VÁZQUEZ, EN UN CONTROVERTIDO PAPEL DE ÁRBITRO

El alcalde de A Coruña resulta siempre, cuando menos, controvertido en sus declaraciones y en sus actos. También en su manera de abordar la crisis del Prestige que, como alcalde de una ciudad que se alza inclinada sobre el mar, le ha tocado vivir muy de cerca. De momento, el regidor tiene el Acuario de A Coruña en situación de emergencia con la llegada del temido chapapote a la costa herculina. Pero desde el principio, Vázquez ha hecho gala de un talante muy moderado y ha intentado situarse, no se sabe si voluntaria o involuntariamente, en el punto intermedio de los extremos que van entre el PPdeG y el PSdeG (nunca del BNG, pues el alcalde no ahorra críticas con los nacionalistas).

Sin embargo, los socialistas no parecen muy satisfechos con la postura del alcalde de su partido que no ha dudado en criticar, en declaraciones a Antena 3 Televisión, la moción de censura que el PSdeG iba a presentar el pasado 12 de diciembre contra la Xunta de Galicia, a pesar de que diez días después del hundimiento del Prestige, Vázquez evitaba valorar la citada moción señalando que se trataba "de un debate político propio de un Parlamento".

La visita del Rey, sin embargo, no pudo contar con la presencia de Vázquez. Para el alcalde de A Coruña, supuso un "desaire institucional" que no se le hubiese convocado a tiempo, ya que desde la Consellería de Pesca únicamente le enviaron un fax a última hora de la tarde anterior a la visita del Monarca a la localidad coruñesa de Muxía y que él no recibió hasta la mañana siguiente. Aquí las críticas del regidor, muy molesto, cayeron sobre el Gobierno gallego.

El pasado 9 de diciembre Vázquez hacía otra dos propuestas: primero, que la crisis del Prestige habría que llevarla a la Unión Europea (UE) y que actuase Inglaterra, y segunda, llegar a una "tregua política" para hacer frente al desastre del Prestige, considerando absolutamente necesaria la unidad de todos los partidos políticos para luchas contra la catástrofe ecológica que daña de muerte a Galicia. Con más contundencia, instaba a Aznar a dar "un puñetazo en Europa", sabiendo que "en ese puño vamos todos: socialistas, nacionalistas y populares diciendo: ‘Esto no se puede consentir’".

Su "tregua política" le ha llevado incluso, y según publicaba a finales de semana el diario digital gallego Xornal.com, a cenar con Manuel Fraga en Santiago de Compostela, en la residencia oficial del presidente de la Xunta. El periódico gallego asegura que "Fraga no está solo. (...) ha encontrado en el alcalde de A Coruña un hombro sobre el que apoyarse. Paco, tan institucional como siempre, se fue a Compostela a cenar con Fraga en un ambiente complicado por las circunstancias, pero del que salieron cosas que ya se irán sabiendo".

16.12.02


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