OPINIÓN E IMAGEN

 

CUESTIONADO: REUNIONES Y CABILDEOS EN EL PP PARA CRITICAR AL LÍDER

 

"Se busca cabeza visible y activa para partido de Gobierno". Así podría rezar un cartel que colgase de las dependencias ‘populares’ de la calle Génova o del Congreso de los Diputados si muchos de los miembros del PP hiciesen público su descontento con quien se erige como líder único e incuestionable. Pero José María Aznar sí está en cuestión, y en su propio partido, pues hace tiempo que su perfil de dirigente se difumina al mismo tiempo que se consolida el del líder de la oposición. El PP reivindica por ello una solución de emergencia: la designación del sucesor en un plazo de dos meses.

Por Ana Pardo de Vera

Tras el varapalo sufrido con la inesperada intervención de José Luis Rodríguez Zapatero en el Debate de Presupuestos 2003, en el seno del PP, y ante la desprotección que admiten que siente el partido, comienzan a oírse cada vez con más fuerza las voces populares que le piden a Aznar la designación de su sucesor, como muy tarde, tras las navidades de 2002. Eso supondría adelantar diez meses los planes del presidente del Gobierno, pero el partido se siente desamparado ante una oposición cada vez más consolidada y empieza a estar harto de la sensación de permanente ausencia que transmite José María Aznar ante los embates de Rodríguez Zapatero y los suyos.

El descontento de los populares se viene gestando desde hace unos meses, pero la gota que colmó el vaso ha sido el salto del secretario general del PSOE a la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados el pasado martes 22 de octubre. Casi todos coincidían en el Parlamento, también fuentes del Grupo Parlamentario Popular, muy a su pesar, en que Aznar no consiguió disimular su sorpresa; que Rato ni lo intentó, dada su expresión de pasmo; que sólo ese movimiento de Zapatero logró sacar a Rajoy de su sueño reparador en el sillón azul, y que Montoro únicamente acertó a pedir un vaso de agua al ujier, "consciente de que se le avecinaba una buena". Pero ninguno dijo nada y ésa, según algunos –bastantes– populares, no fue la respuesta de un presidente de Gobierno, mucho menos la del líder de un partido.

De hecho, y según ha podido saber esta revista de fuentes muy cercanas al PP, ésa fue una noche triste para los diputados que encabeza en la Cámara Baja el portavoz popular Luis de Grandes. Concretamente, un grupo de unos 15 parlamentarios jóvenes, con edades comprendidas entre los 30 y los 45 años, acudieron al refugio Casa Manolo, el restaurante que hace las veces de extensión del Congreso para encuentros informales, a descargar ante una copa su impaciencia y su descontento, en este caso, contra el papel efectuado por el jefe del Ejecutivo esa tarde de sobresalto. José María Aznar, argumentaban, "tenía que haber hecho la réplica a Zapatero, para eso están los líderes", pero lejos de eso, el presidente popular "parece un fantasma, y es que ya está en otra cosa. Se ha ido", concluían.

Para este grupo, una pequeña fracción de una gran realidad en el partido, resulta desolador que el líder desaparezca sin dejar a nadie en su lugar que dé la cara por el PP y asuma las funciones de cabecilla con perspectiva de futuro. Otra fuente del Grupo Parlamentario Popular, partidaria como tantos de saber quién será el heredero de Aznar en diciembre de este año, asegura que "ésta no es la única reunión en la que el tema de la sucesión se reconoce como un problema para nosotros. Ha habido y hay muchos encuentros en los que se admite que estamos sin líder, que la oposición lo sabe y que acabarán por ignorar a Aznar. ¿De qué sirve pedirle explicaciones o hacer planteamientos sobre temas a resolver en un futuro a un presidente que se va?".

Y en la misma línea, aunque barriendo para casa, se expresaban los diputados más jóvenes reunidos en Casa Manolo y que, al parecer y según apuntan otras fuentes, continuaron su crítica y constructiva retahíla de reproches al comportamiento de Aznar a la hora de la cena en un restaurante próximo a las Cortes. Porque ellos, entienden, serán los más perjudicados con este éxodo de Aznar que puede dar al traste con la renovación de la mayoría absoluta en las elecciones generales de 2004 y "si perdemos –vaticinaban los diputados–, nos quedamos sin agenda". Efectivamente, esta generación de populares vería interrumpida su fulgurante carrera, pues muchos de ellos, que cuentan con cargos importantes en la Administración y no en la empresa privada, provienen desde no hace mucho de Nuevas Generaciones y suponen el relevo del relevo, que empezaría a fraguarse como alternativa a la sombra del sucesor de Aznar. Pero dicho reemplazo no se conoce y mientras, en el PP se ven obligados a admitir que la oposición va minando a un partido sin líder tangible –"diríamos que virtual, un término tan actual"–, un partido que corre el peligro de finalizar su ciclo político antes de tiempo, en ocho años, gracias a su presidente, cuando dichos periodos suelen durar de diez a 14 años, tal y como ocurrió con el PSOE de Felipe González.

Los jóvenes responsables del Partido Popular también barajaron la posibilidad de pactar con Convergència i Unió (CiU) en caso de que se perdiese la mayoría lograda en 2000, pero la opción no les convence. El nacionalismo catalán no es lo que era –ahora exige un Estatuto para Cataluña similar al vasco, según adelantó Artur Mas la semana pasada– y "si hay que gobernar con CiU y darle los ministerios más lúcidos, tampoco tendría la cosa mucho futuro", auguran con pesimismo.

Para el miembro del Grupo Parlamentario Popular, sin embargo, la cosa no es tan preocupante. "Al fin y al cabo, ¿cómo sabemos nosotros que Aznar no está haciendo lo correcto dejando la designación del sucesor para otoño de 2003?", y es que el mito que se ha creado el presidente del Gobierno de haber resuelto siempre las cuestiones internas de PP y de Ejecutivo con acierto –aún está reciente la sorpresa Gallardón– no deja hueco a la duda en algunos sobre si también está obrando correctamente en materia de sucesión. Estos mismos defensores de las decisiones del presidente reconocen, sin embargo, que el PP, en su doble vertiente partidista y parlamentaria, está pasando por malos momentos, aunque argumentan que, sobre todo en el caso de la representación en el Congreso, "la política es un vaivén incontrolable y se pasa de la euforia a la depresión con una facilidad asombrosa. Bien es verdad que ahora estamos en una etapa baja". Pero a la pregunta de si les falta el consuelo del líder, la mayor parte de ellos prefieren el silencio por respuesta y se limitan a concluir, de puertas adentro –no es conveniente significarse–, que hay que forzar a Aznar para que dé a conocer el sucesor, como muy tarde, tras las vacaciones de Navidad.

En la misma línea marcaron sus objetivos los diputados reunidos en Casa Manolo en la noche del que en el PP empieza a conocerse como 22-O: no importa quién sea el sucesor, pero que éste se materialice de una vez y a partir de ahí, se puedan definir los apoyos y las estrategias a seguir. Si no, se sienten perdidos.

La otra opción. Por su parte, y a la vista de que todos ellos suman la máxima potencia e influencia en la cuestión sucesoria, los tres candidatos naturales a coger el relevo de Aznar –los vicesecretarios populares Rajoy, Rato y Mayor Oreja– junto a quien desea arrimarse al que lo sea para garantizarse, al parecer, una vicepresidencia si se repitiese la victoria –el secretario general, Javier Arenas–, han decidido unirse en este tiempo de elucubraciones sucesorias y decantarse ellos por un relevo que salga de entre los tres vicesecretarios con Arenas como árbitro conciliador de posiciones. Con esta información confirmaba el diario El Mundo el domingo 20 de octubre la estrategia que ya se venía fraguando desde hacía ocho meses, tras sucesivos encuentros privados de los cuatro protagonistas. Arenas, Mayor, Rato y Rajoy le presentarán a Aznar su propuesta para la sucesión, uno de ellos, que podrá o no coincidir con la opción del presidente del Gobierno, hasta ahora, considerada como la única existente y en consecuencia, válida.

Esta determinación tomada por los pesos pesados populares sólo viene a confirmar el enrarecido ambiente que se respira en el seno del PP y que admiten todas las fuentes consultadas de este entorno: Aznar pierde liderazgo, primero, porque no lo ejerce, ocupado como está con su retirada y, segundo, porque ya empieza a vérsele como parte del presente-pasado del PP, glorioso, pero pasado, al fin y al cabo. El partido se ha dado cuenta, y así lo conciben muchos de sus representantes, que reconocen que ante un PSOE balbuceante en su liderazgo y poco convincente en sus planteamientos, "poco importaría mantener este largo paréntesis para resolver la sucesión". Pero Zapatero está ahí, se ha consolidado y no tiene adversario, así que hay que buscárselo ahora. Y parece que con Aznar o sin él.

Descontento en la prensa afín

Por F. N. A.

La incomodidad con algunas actuaciones del Gobierno que comienza a fraguarse desde hace días entre las filas del PP, ha sido provocada en gran medida por el giro que gran parte de la prensa considerada "afín" ha experimentado en su tradicional política de apoyo sin fisuras al Ejecutivo de José María Aznar.

Todo comenzó a principios de septiembre con el singular enlace matrimonial entre Ana Aznar, hija del presidente, y Alejandro Agag, el joven ex secretario general del PP Europeo. El planteamiento del evento convertido en boda de Estado y la subsiguiente mezcla entre lo público y lo privado, así como el descortés trato prestado a los Reyes en la ceremonia, supusieron un punto de inflexión en cuanto al tradicional apoyo sin fisuras que la prensa considerada afín al Gobierno venía dando a las actuaciones de José María Aznar. Diarios tan poco proclives a las críticas al Ejecutivo como el del Grupo Correo ABC señalaban: "el enlace (...) dista bastante en su concepto del proyecto ideológico que el presidente del Gobierno ha sostenido durante una década larga de contención, equilibrio y mesura" ("Entre el ‘BOE’ y el ‘Hola’, Ignacio Camacho, 6-9-2002). Al lunes siguiente a la boda era su director, José Antonio Zarzalejos quien se distanciaba y reconocía la dureza de las críticas: "Si erró, como muchos piensan y no seré yo quien mantenga lo contrario, el castigo no ha sido benigno". A su vez, el rotativo El Mundo, dirigido por el otrora complaciente Pedro J. Ramírez, hacía otro tanto en editoriales como el titulado Más que una boda familiar (7-9-2002) o el aún más explícito Esta boda es un error (Manuel Hidalgo, 6-9-2002). Incluso el diario presidido por Luis María Anson, La Razón, en su crónica sobre el acto firmada por Antonio Pérez Henares, aseguraba: "La boda como tal se ha ido un bastante de madre y de padre".

Desde entonces, El Mundo y ABC han protagonizado un manifiesto giro crítico con algunas de las actuaciones gubernamentales. El pasado 13 de octubre era el propio Ramírez, en su muy leída Carta del director, quien abría el nuevo frente al enfrentarse de forma directa a la política mediática de Aznar, a la que calificaba de decepcionante y "fruto de un grave desenfoque". El texto aludía una y otra vez al presidente, sobre el que el periodista descargaba su artillería pesada: "nada se ha hecho en estas dos últimas legislaturas por fomentar el pluralismo informativo" o "el panorama mediático no puede ser más desolador". Pese a todo, avisaba Pedro J., su pretensión no era irritar, sino dar fe de "la sensación de engaño y sereno cabreo que se nos queda a quienes habiendo conseguido la confianza del público o incluso el liderazgo en los mercados menos intervenidos de la comunicación (...) no hemos obtenido de un poder político clientelarmente miope ni siquiera la oportunidad de asomar la cabeza para poder competir en igualdad de condiciones con nuestros rivales...".

Después de ello, una nueva noticia procedente del PSOE ha servido de casual revulsivo al nuevo comportamiento: el 22 de octubre el líder de la oposición José Luis Rodríguez Zapatero protagonizó en el Congreso el debate de los Presupuestos al intervenir por sorpresa en una dura réplica al ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. Entre los miembros del Gobierno –muchos de los cuales habían criticado a Zapatero el no atreverse a participar en el debate–, creció el desánimo al leer las portadas de sus diarios de cabecera al día siguiente: titulares como Zapatero sorprende al Gobierno (ABC), Zapatero protagoniza por sorpresa un vibrante debate presupuestario (El Mundo) o Zapatero sorprende al PP y protagoniza el debate presupuestario (La Razón). Aznar y el PP veían cómo los editoriales de la prensa afín coincidían unánimemente en dedicar piropos a su contrincante: "Lo de ayer en el Congreso tuvo arte" (Victoria Prego en El Mundo) y fue "un golpe efectista (...) que participa de lo pícaro y lo solemne a la vez" (César Alonso de los Ríos en ABC). Sólo gracias al editorial de La Razón ("Un buen golpe de efecto, pero poco más que eso...") volvían a obtener un respiro. El descontento mediático, contagiado a las filas del PP, tenía un mensaje crítico oculto: Aznar no debería hacer subestimado a su adversario y tendría que haberle plantado cara en aquel debate.

Algunas fuentes afirman que todas estas críticas han hecho mella en la familia Aznar, que ya ha comenzado a reaccionar. De hecho, las aguas más bravas parecen haber regresado a su cauce: por un lado el 28 de octubre Pedro J. Ramírez aprovechó su asistencia a la presentación del nuevo libro de Federico Jiménez Losantos (su antiguo compañero de batallas a favor del PP y contra el "felipismo"), para justificarse de sus anteriores críticas. A pesar de que el título del volumen, Con Aznar y contra Aznar, era lo suficientemente explícito como para que ningún miembro del Gobierno asistiera al acto y resume perfectamente los contradictorios sentimientos que aquejan a muchos supervivientes de aquella vieja guardia mediática, el director de El Mundo se apresuró a afirmar que "hay más motivos para estar con Aznar que contra Aznar" y "sólo los lacayos o los sicarios están al 100% con un gobernante". Por otra parte, los actos de celebración del vigésimo aniversario de la primera victoria del PSOE han servido para poner de nuevo en guardia a la prensa afín, que les ha dedicado perlas como: "Zapatero y el felipismo rendido" (La Razón) y "Zapatero falsifica la Historia y reabre las dudas sobre el PSOE", "El felipismo rehabilitado", "Mito, timo y rito del 28-O" (El Mundo).

¿A qué se debe este retroceso en las críticas? Aznar podría haber comenzado a dar un toque de la atención a sus medios, y las primeras amenazas han recaído sobre El Mundo. Según El Confidencial.com (diario digital liderado por Jesús Cacho, otro periodista ferozmente anti-PSOE) Jaime Castellanos, presidente del grupo Recoletos (propietario del 30% de la cabecera a través del británico Pearson), ha encargado recientemente al banco de inversión Dresdner Kleinwort un informe de valoración sobre su empresa que cuestiona la utilidad empresarial del rotativo, señalando que "el comportamiento del 30% de El Mundo es uno de los principales quebraderos de cabeza en Recoletos. Sin control de la gestión, el aumento de tirada, objetivo último perseguido (...) no se ha traducido en la creación de valor para el accionista." Junto a ello, el pasado 4 de octubre el Gobierno aprobó una modificación de la Ley de Televisión Privada que permitirá a un único accionista controlar el 100% de una cadena, al suprimir el actual tope del 49%. Ya hay quien augura que esta medida puede permitir al presidente Aznar tomar de nuevo el control sobre los medios a través de amigos como el presidente italiano Silvio Berlusconi o el magnate de la comunicación Rupert Murdoch. El primero es dueño a través de Mediaset de un 40% de la cadena Telecinco, que tiene en venta otro 25% (perteneciente al grupo alemán Kirch, y otro 10% en el fondo de inversión holandés ICE Finance (sobre el que Mediaset tiene derecho preferente de compra). Con ambas participaciones, Berlusconi podría hacerse con el 75% de la cadena y, por tanto, con la gestión de la misma. Otras fuentes apuntan que Gianni Agnelli –responsable del Il Corriere de la Sera y, a través de éste, de El Mundo–, pasa por apuros económicos, y no descartan que sea Berlusconi quien acuda en su ayuda, y de paso, asuma el control sobre el rotativo español. Por último, también se señala a Rupert Murdoch como posible aspirante a entrar en el mercado español. Este otro magnate europeo de medios, que estuvo presente en la boda Aznar-Agag, solventó las condiciones impuestas por el Gobierno italiano a la fusión de su canal Stream con Telepiú comprando ésta a Vivendi y haciéndose con la gestión de la nueva plataforma digital. Ahora podría estar interesado en la fusión digital española entre Canal Satélite (Sogecable) y Vía Digital (Telefónica), como ha señalado recientemente uno de sus hombres de confianza, Abraham Peled, en una entrevista a El Mundo. El presidente de la empresa de descodificadores de Murdoch NDS afirmaba que éste "puede estar interesado en Canal Plus (que participa en Sogecable), aunque otras fuentes apuntan a que lo que en realidad podría interesarle sería la participación perteneciente a Telefónica. Si tal inversión se llevara a efecto, el solvente Murdoch podría convertirse en el socio fuerte de la fusión para que Aznar recuperara el dominio sobre la misma cedido a Prisa. Sobre todo cuando, como afirma Peled: "le disgustan las participaciones accionariales pequeñas" y que prefiere "controlar las compañías donde invierte". Una tercera baza de Aznar es el empresario español José Manuel Lara, responsable de Planeta y al que se le atribuyen intereses sobre el grupo Zeta, en donde la muerte de su presidente Antonio Asensio ha desatado múltiples peleas internas

4.11.02


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