OPINIÓN E IMAGEN

CONTRAATAQUE

Ya está hecho. El grueso de la guerra en Iraq ha concluido, la ayuda humanitaria enviada por España está en el campo de batalla y toca luchar en casa. Consciente del riesgo que ha supuesto su jugada personal de categórico apoyo a George Bush, José María Aznar, junto a su fiel ejecutor, el secretario general del PP, Javier Arenas, ha diseñado un intenso plan de contraataque, que capitaneará personalmente, para tratar de neutralizar, en poco más de un mes, la ventaja de los socialistas de Rodríguez Zapatero constatada en las encuestas.

Por Ana Pardo de Vera

El presidente del Gobierno ha retomado la agenda electoral que la guerra de Iraq había interrumpido bruscamente. La esperanza de los responsables populares empieza a aflorar tras los rostros sombríos que marcaron las reuniones de PP y de Gobierno en el último mes. “No está todo perdido”, se dicen los unos a los otros. Queda sólo un mes para las elecciones municipales y autonómicas del 25 de mayo, pero si el plan es bueno, puede dar mucho de sí. Sobre todo, si Aznar está al frente del mismo, siempre con la inestimable colaboración de su mano derecha, Javier Arenas, cuya presencia irá unida sin remedio a la del jefe del Ejecutivo hasta el próximo 25 de mayo.

Además, y bajo la tutela directa de José María Aznar, dos hombres serán clave en la campaña: Pío García Escudero, presidente del PP de Madrid y responsable de campaña del Partido Popular, que deberá concentrar ésta en un tiempo de récord y lograr que los candidatos desvíen la atención de los ciudadanos del conflicto en Iraq a las propuestas del PP en materia fiscal, de seguridad, social, de infraestructuras, de educación, de vivienda o de sanidad, y Jaime Mayor Oreja, que abanderará la unidad de España, uno de los puntales del plan de Aznar.

La idea de García-Escudero es demostrar a los ciudadanos –también a los votantes del PP que estén decepcionados con el partido por el apoyo a la guerra– que el único programa electoral que les resolverá el día a día lo tiene el PP. De hecho, los populares tratarán de demostrar que ni PSOE ni IU tienen alternativas. La semana pasada, por ejemplo, dos importantes iniciativas han sido esgrimidas por los populares para demostrar que, mientras “PSOE e IU alimentan la crispación” –una de sus frases favoritas, que no dejará de oírse en la campaña–, ellos se ocupan del bienestar de los españoles: el Metrosur del presidente de la Comunidad de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, que se inauguró el pasado 11 de abril como la obra civil más importante de Europa, y la iniciativa salario joven del candidato a la presidencia de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps, que pretende facilitar a los recién licenciados la adquisición de experiencia laboral.

Por otro lado, el término “coalición radical” para referirse a la connivencia que, según el PP, han mantenido PSOE e IU con el tema de la invasión de Iraq, ya es una recurrencia para los populares, desde que su secretario general lo acuñó y lo lanzó al ruedo de campaña. El PP tratará de convencer a sus votantes de que Rodríguez Zapatero no es más que un apéndice de Gaspar Llamazares, una marioneta que se ha dejado llevar por la radicalidad de los de IU. Y todo ello, razonan desde Génova, ha degenerado en cócteles molotov, boicots y agresiones contra el PP.

Precisamente, la denuncia a los ataques a las sedes del PP (180, de los que 150 han sido denunciados judicialmente, según los populares) y a sus candidatos, convirtiendo en héroes a los sufridos protagonistas, ocupará un puesto destacado en cada uno de los mítines y actos electorales populares de aquí a mayo. El pasado 5 de abril, en un acto en Santiago de Compostela al que asistió José María Aznar y que inauguró, en cierta manera, la corta campaña electoral, se mostró por vez primera un vídeo que recogía con todo lujo de detalles los ataques a las sedes populares y a sus responsables. Este vídeo acompañará a Aznar en todas sus apariciones y se verá incrementado si continúan los ataques al PP. De hecho, en el mitin del partido en Segovia del sábado 12 de abril, el vídeo ya era más largo que hacía una semana.

El presidente del Gobierno piensa asistir, y así lo está haciendo, a cuantos actos electorales le sea posible hasta el 25 de mayo. Tenía previsto hacerlo antes de que estallase la guerra, pero lo suspendió debido a su dedicación internacional, oficialmente hablando, ya que el episodio del mitin de Arganda, en el que el discurso de José María Aznar se vio interrumpido por un chico que le gritó “No a la guerra, señor Aznar”, le produjo tal malestar, según admiten sus colaboradores, que decidió cancelar todos sus actos electorales previstos entonces. Aunque ahora, los ha retomado, porque uno de sus objetivos prioritarios es animar a los suyos, consciente del daño que les ha hecho su apuesta personal por la guerra.

El jefe del Ejecutivo y el secretario general del PP creen que la posibilidad de que el PSOE se haga con el voto de castigo a la formación es muy remota y que la abstención será la alternativa de los votantes del PP que estén radicalmente en contra de la guerra, aunque no ocultan su temor a que la considerable abstención del voto de centro (voto de castigo para el PSOE) de las pasadas elecciones regrese a los socialistas el 25 de mayo y, sobre todo, en 2004. Por eso, no cejan en su empeño de convencer a los electores de la radicalidad de Zapatero y los suyos, además de su matrimonio con IU, con mensajes como la responsabilidad de PSOE e Izquierda Unida en los ataques a las sedes del PP o el disgusto de ambos partidos por un fin tan rápido de la guerra. Aznar y Arenas se han marcado así un objetivo claro: asegurarse al votante susceptible de abstenerse e, incluso, hacerse con el voto de quien ya se abstuvo en anteriores comicios por descontento con el PSOE, que se presentó a las generales de 2000 garantizando el pacto postelectoral con IU.

Para reforzar el mensaje, la precampaña del PP prescindirá de mucha de la “publicidad externa, a través de vallas y medios de comunicación” para realizar una actividad “puerta a puerta”, tal y como confirmaron el pasado martes Pío García-Escudero y la coordinadora de Participación y Acción Sectorial del PP, Ana Mato. “No va a haber ningún sector de la sociedad que no reciba la visita de los candidatos del Partido Popular”, insistieron, pues para ellos, se trata de que los ciudadanos se enteren de qué “se están jugando el 25 de mayo”, dejando a un lado las “cuestiones internacionales”.

Otros pilares estratégicos de la precampaña diseñada por Aznar y Arenas son la renovación en las listas populares, aunque sean ganadoras; el incremento de la presencia de mujeres en las mismas; los fichajes estrella, como el de Ana Botella en la lista de Madrid o el del ex funcionario de prisiones secuestrado por ETA, José Antonio Ortega Lara, en la lista de Burgos. O la plena cobertura de las listas de Euskadi, con el propio José María Aznar cerrando la de Bilbao, y los independientes Edurne Uriarte, presidenta de la Fundación para la Libertad; Jon Juaristi, director del Instituto Cervantes; Vidal de Nicolás, miembro del Foro de Ermua, y los escritores Germán Yanke e Iñaki Ezquerra, en la candidatura popular al Consistorio bilbaino, o con Jaime Mayor Oreja cerrando la lista de Vitoria, acompañado de fichajes como la hija del presidente de la patronal vasca Confebask, Pilar Knörr –sobrina del secretario general de Eusko Alkartasuna, Gorka Knörr–, o la directora de la revista Papeles de Ermua, Inmaculada Castillo.

Proteger a España de la fragmentación. Por su parte, Jaime Mayor Oreja se centrará en la competencia que parece que le es propia desde que el PP ganó con mayoría absoluta en 2000 y pudo prescindir de los pactos de Gobierno con CiU y PNV: convencer a los ciudadanos del peligro nacionalista, también del de los otrora amigos de CiU, al que ahora se ha sumado otro candidato demonizado por el PP, el aspirante socialista a la Presidencia de la Generalitat de Cataluña, Pasqual Maragall.

Para José María Aznar, que ha ungido al ex ministro de Interior para que enarbole la bandera –“exclusiva del PP”, subrayan en Génova– de la unidad de España, es fundamental que los españoles entiendan que, si los populares no ocupan La Moncloa, el país corre el peligro de romperse en pedazos. Aunque esta es una estrategia con vistas a 2004 y diseñada para que la abandere el sucesor de José María Aznar, cuyo nombre debería conocerse en septiembre, aunque podría adelantarse si los resultados del 25-M son muy malos para el PP, el presidente del Gobierno quiere que Mayor Oreja se ocupe ya de ella, salpicando con esta premisa la precampaña para las elecciones de mayo.

Para Aznar, a quien Mayor Oreja ha dado la razón rápidamente –de hecho, el mensaje de la maldición nacionalista empezaba a parecer una obsesión personal del portavoz popular en el Parlamento de Vitoria, según apuntaban, incluso, en su partido–, el problema de España va mucho más allá de la ofensiva soberanista del PNV. La decisión del nacionalismo catalán de proponer una reforma estatutaria en Cataluña, apoyado por el PSC de Pasqual Maragall, confirman a José María Aznar en su plan de empuñar la bandera garante del marco constitucional. Ahí tienen la partida ganada a Zapatero.

Por todo ello, el presidente del Gobierno le ha encargado a Mayor Oreja que no se limite a denunciar las maniobras rupturistas del PNV, sino que advierta también del peligro de las de CiU y PSC. Si además, como auguran buena parte de los sondeos, Pasqual Maragall llega a presidir la Generalitat catalana y promueve junto a ERC una reforma estatutaria, el sucesor de José María Aznar tendría una buena prueba del afán fragmentador de los socialistas. Por otro lado, el peligro de CiU frente al del PNV, según los populares, es que los vascos pueden ser neutralizados con la existencia de ETA, mientras que CiU no aguantaría la misma objeción si presenta una propuesta aprobada mayoritariamente por el Parlament catalán.

Javier Arenas, por su parte, aprovechando su condición de ministro de Administraciones Públicas, no ha tardado en apoyar la ofensiva antinacionalista de Aznar y Mayor Oreja. Durante la presentación de un balance sobre la evolución del Estado autonómico el pasado 10 de abril, el secretario general del PP advirtió de que las reformas estatutarias propuestas desde Cataluña por todas las fuerzas políticas menos el PP (CiU, PSC, ERC e IC-EV) amenazan con derrocar la actual Constitución y construir una nueva. Se entiende, pues, que para Aznar y para Arenas, sólo el PP podrá salvar el marco constitucional actual.

Lavar la imagen internacional. A Aznar no le es ajeno que, tras la guerra de Iraq, que él ha apoyado aun en contra de los grandes de los Quince, Francia y Alemania, su imagen internacional ha quedado tocada, y los ciudadanos lo saben. Además, las tradicionales buenas relaciones de España con el mundo árabe han quedado seriamente perjudicadas, por lo que el presidente del Gobierno se ha propuesto emprender un profundo saneamiento de su imagen internacional. Y que los votantes valoren estos esfuerzos en las urnas.

Por un lado, José María Aznar ha dispuesto los preparativos para la celebración de una cumbre bilateral con Mohamed VI, rey de Marruecos, después del verano. Pero antes de que se produzca este viaje del presidente del Gobierno a Rabat, vendrán a Madrid el ministro delegado de Asuntos Económicos, Abderazzak el Mossadeq, cuya visita está prevista para esta semana, que será recibido por su homólogo en España, el titular de Economía, Rodrigo Rato. Posteriormente, vendrá el ministro de Asuntos Exteriores, Driss Jettu, aunque ambas visitas se efectuarán para potenciar la cordialidad. La tensión entre España y Marruecos ha ido cediendo desde que Mohamed VI decidió renovar las licencias de pesca de los buques gallegos afectados por la crisis del Prestige. Por su parte, la ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio, respaldó un documento de Marruecos sobre la lucha contra la inmigración ilegal en la reunión celebrada en los últimos días en la Costa Azul del llamado grupo del ‘Diálogo mediterráneo 5 más 5’ (Francia, España, Italia, Malta y Portugal, junto a Marruecos, Túnez, Argelia, Mauritania y Libia). Sin embargo, las manifestaciones contra la guerra en Iraq han sido muy numerosas e intensas en aquel país. Los marroquíes culparon a Washington y a Londres del conflicto, pero sobre todo y muy especialmente al presidente del Gobierno español, José María Aznar, cuya postura, que no entendieron, no tenía nada que ver con la de su ciudadanía, mayoritariamente opuesta a la guerra.

Ahora, se trata de buscar una solución a las fricciones que provocan en las relaciones hispano-marroquíes el conflicto del Sáhara Occidental, la inmigración ilegal, el tráfico de drogas o a la reivindicación de Ceuta y Melilla. Cuestiones delicadas a las que tiene previsto hacer frente Aznar después del verano, en un esfuerzo por intentar mejorar las relaciones con el mundo árabe, lo cual, sin embargo, se vería truncado si EE UU decide emprender una nueva guerra preventiva en Siria.

En Damasco, precisamente, se juega Aznar su papel de diplomático de la Administración Bush, asignado a dedo, pues el presidente de EE UU le ha pedido la semana pasada, en una conversación que duró 40 minutos, según fuentes de La Moncloa, que acuda a Siria a presionar al Gobierno, convencido como está el mandatario norteamericano de que el líder sirio Bahar el Asad da cobijo a “elementos indeseables” del régimen de Saddam Hussein y desarrolla armas químicas. El presidente del Gobierno, que al cierre de esta edición aún no sabía cuándo acudiría a Damasco, se juega, una vez más debido al apoyo incondicional a Bush, su credibilidad frente al mundo árabe y, por extensión, frente a los españoles, pues en todas las mentes planea el recuerdo de que lo que empezó como una advertencia de Bush a Saddam Hussein terminó en guerra en Iraq. De momento, la ministra Ana Palacio ha negado tajantemente la posibilidad de otro conflicto armado en Siria.

También en Europa, José María Aznar se esfuerza en lavar su imagen. No desea que los electores españoles, mucho menos lo que votan al PP, le vean como el culpable de la grave fractura de la UE, tal y como le censura la oposición, al optar por las tesis belicistas de Bush en lugar de las de sus socios Francia o Alemania. El jefe del Ejecutivo tratará de convencer a sus votantes de que la seguridad mundial depende de EE UU y, sobre todo, de la unión entre el país de Bush y la Unión Europea. Cuando EE UU y la UE van de la mano, “el mundo es más seguro”, aseguró José María Aznar en una entrevista publicada el jueves por el vespertino francés Le Monde.

Mientras tanto, por si a alguien le quedaba alguna duda, Aznar muestra sus inquietudes europeístas trabajando por el Tratado Constitucional de la UE. Su última propuesta, que el Partido Popular presentó el pasado 11 de abril, pretende que la Carta Magna europea se someta a referendo entre los ciudadanos. Esta consulta, que sería simultánea en toda la UE, podría celebrarse coincidiendo con las elecciones europeas de 2004. José María Aznar cree que la Constitución Europea es de suma importancia, mucho más que crear nuevas instituciones de la UE, ya que lo que se necesita es que las ya existentes sean más fuertes y eficaces, con un equilibrio entre sus funciones. Además, su vértice político debe ser el Consejo Europeo, con un presidente estable que, a propuesta del PP, se elija mediante un método que respete la igualdad entre los Estados. Las presidencias rotatorias semestrales del Consejo deberían ser sustituidas por otras colectivas, formadas por cinco países y con un mandato de dos años. Aznar propone, asimismo, que se amplíen los poderes del Parlamento Europeo y se refuerce el derecho de iniciativa de la Comisión, cuyo presidente debería ser elegido por la Eurocámara a propuesta del Consejo Europeo, que lo decidirá por mayoría cualificada, teniendo en cuenta los resultados de las elecciones europeas. Por otro lado, el presidente del Gobierno aboga por la creación de la figura de un ministro de Asuntos Exteriores de la UE.

 21 de Abril 2003


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