OPINIÓN E IMAGEN

COLEGAS: LA IRRESISTIBLE ASCENSIÓN DE AZNAR A LA VERA DE BUSH

10.02.03

Lejos queda ya ese "Anzar" con el que George W. Bush llamara al presidente español en su primera visita oficial a nuestro país, hace menos de dos años. En ese tiempo, el presidente norteamericano no sólo ha aprendido a pronunciar perfectamente el nombre de su colega español sino que no duda en llamarle "mi amigo personal", en permitirle poner junto a él los pies encima de la mesa en un encuentro informal del G-8 y en apoyarle públicamente en los peores momentos de la crisis del Prestige articulando ante las cámaras el famoso "nunca máis". Semejante cercanía, nunca vista con otro presidente español, bien merece el apoyo sin fisuras del Gobierno al ataque a Irak. ¿La entrada de España en el selecto club del G-8? ¿Apoyo a una futura carrera política internacional por definir?… Nadie sabe lo que el presidente español recogerá a cambio, pero de momento, Aznar se ha hecho un inesperado hueco entre los contados aliados incondicionales de Bush en la Unión Europea

Por Inmaculada Sánchez

Señora presidenta, señorías, señor presidente de los Estados Unidos para Europa". Este era el irónico saludo con el que el coordinador general de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, iniciaba su intervención en el pleno del pasado miércoles, en el que el presidente Aznar daba cuenta de la posición de su Gobierno en el conflicto abierto con Irak.

Llamazares fue el más directo pero no el único. La práctica totalidad de los portavoces de la oposición, además de manifestarse en contra del recurso a la fuerza contra Irak en estos momentos, reprocharon al Gobierno su seguidismo hacia los Estados Unidos. "El consenso que usted propone es "lo que diga el señor Bush", le dijo Rodríguez Zapatero. "Nosotros somos patriotas españoles en tanto que patriotas europeos", le espetó José Carlos Mauricio, portavoz de Coalición Canaria. "La voz de su amo", le llamó el portavoz del BNG, Guillerme Vázquez. Y hasta el más comedido discurso del portavoz de CiU, Xavier Trias, se salió del guión repartido a la prensa para afearle a Aznar su fervor norteamericano: "No se puede apoyar tan entusiásticamente una acción bélica".

A pesar de las críticas que pudiera causarle, los pasos dados por José María Aznar en política exterior han tenido entre sus objetivos básicos la proyección internacional de la figura del presidente, principalmente entre los países de mayor peso en el concierto mundial, y es por ello que, sobre todo en ésta su anunciada última legislatura, ha reforzado su equipo personal de política exterior (Más información en El Siglo del 26 de febrero de 2001: Aznar prepara su destino en lo universal).

La llegada de Bush hijo a la presidencia de los Estados Unidos después de años de discretos y oficiales contactos con el demócrata Bill Clinton –y eso que éste tuvo el detalle de entrevistarse con él en una de sus visitas a España cuando aún estaba en la oposición, gesto que su sucesor no ha tenido con Rodríguez Zapatero– le proporcionó la oportunidad tanto tiempo deseada de intentar el asalto a la Casa Blanca.

En noviembre de 2000 Aznar recibió a Bush padre en La Moncloa con ocasión de una visita privada del ex presidente a nuestro país. El presidente español ya le conocía, puesto que había logrado hacerse una foto con él seis años antes, cuando aún era un desconocido aspirante a desbancar al internacionalmente acreditado Felipe González, en un encuentro en Buenos Aires. Pero, sobre todo, su hijo, George W. Bush, se encontraba en plena campaña electoral. Dos meses más tarde se convertía en presidente de los Estados Unidos y en junio de ese mismo 2001 visitaba oficialmente España con su esposa Laura.

Ejercer de anfitriones de parejas presidenciales es la especialidad de los Aznar para disgusto de Zarzuela, desde donde, tal como ha contado puntualmente El Siglo, se ha visto relegado el papel de la Reina en favor de Ana Botella en más de una ocasión. Y ésta fue una de ellas.

El presidente Bush, antes de tomar el avión hacia España y haciendo bueno el sambenito de "ignorante" que se ganara en la campaña electoral norteamericana, dijo en un balbuceante castellano "Es un gran honor viajar a la España y visitar con el Rey y también el presidente Anzar". Horas después era recibido en Madrid donde, tras los actos protocolarios previstos, Aznar lo llevó a la finca toledana de Quintos de Mora donde, en mangas de camisa y ambiente informal, departieron durante toda una jornada. Ana Botella llevó a su esposa Laura a visitar el Prado e hicieron esperar a la Reina Sofía en la puerta del restaurante Casa Lucio, para compartir con ella un típico almuerzo madrileño. Bush no volvería a olvidarse de cómo era el apellido del presidente español.

Cinco meses después, en noviembre, era Aznar quien viajaba a Washington, donde era afectuosamente recibido por Bush en el despacho oval de la Casa Blanca. Los medios norteamericanos aún no debían tener claro el espacio que su presidente tenía reservado al mandatario español puesto que de entonces data el famoso episodio de la NBC.

Aznar iba a ser entrevistado por uno de los presentadores estrella de la cadena en un programa de máxima audiencia. En España trascendió que iba a dársele un tratamiento "de lujo", con entrevista en directo de más de diez minutos de duración. La realidad fue una espera del presidente español de más de una hora para unas preguntas que apenas duraron cuatro minutos.

Solventado el trago –y el ridículo– Aznar encaró su semestre de mayor gloria, el que ponía a España como presidente de turno de la Unión Europea. Fue entonces cuando la apuntada amistad norteamericana terminó de fraguar. En mayo, en la cumbre anual Estados Unidos-UE, Aznar pudo despachar con Bush a un mayor nivel y el presidente norteamericano tuvo el gesto de compartir personalmente con él y su esposa una jornada en su residencia de verano de Camp David. Aznar y Bush volvieron a ser fotografiados juntos en atuendo informal y sus consortes volvieron a visitar museos juntas –en esta ocasión Laura Bush acompañó a Ana Botella a ver la exposición Imágenes de mujer que reunía en la Nacional Gallery de Washington obras de Goya llegadas de, entre otros sitios, el Prado–.

Sólo quedaba un mes para el momento cumbre de la aproximación al presidente de los Estados Unidos. En junio se reunían en Canadá representantes de los ocho países más industrializados del planeta, el conocido G-8. La UE, nuevamente, contaba con José María Aznar como su representante. Una vez concluida, la oportuna filtración de unas fotografías del encuentro en sus momentos más informales y publicadas en España por el diario El Mundo ofrecieron a todos los españoles la imagen de su presidente fumando un puro, con los pies encima de la mesa, a la vera del líder norteamericano. De lo que hablaban en tan distendido momento junto a otros líderes mundiales lo explicó el propio Aznar al poco: discutían sobre quién corría más en su diario entrenamiento. El presidente español llegó a bromear al respecto afirmando que su marca era bastante mejor que la de Bush y, por tanto, por una vez, España superaba a Estados Unidos en algo.

Todo discurría según los propósitos de Moncloa: el acercamiento político venía acompañado por un mayor calor en el trato personal. Aunque esta última condición no es fundamental en las relaciones internacionales, no hay que olvidar que el presidente Aznar ha hecho gala de la mezcla de amistades personales y políticas en no pocas ocasiones. La última y más sonada: la boda de su hija Ana, en la que ejercieron de testigos los primeros ministros de Italia, Silvio Berlusconi, y Gran Bretaña, Tony Blair, cuyos gobiernos, precisamente, forman con el español el principal triángulo de apoyo de Bush en la UE para sus propuestas bélicas.

Tampoco es irrelevante, según diversos analistas internacionales consultados, el papel que el premier británico Blair haya ejercido en el acercamiento Madrid-Washington. Blair ha construido una sólida amistad con Aznar, que alcanza a sus esposas, desde que ambos ocupan el poder en sus respectivos países y a pesar de pertenecer, en teoría, a espacios enfrentados ideológicamente. Edad, estilo y química personal han creado una complicidad que, en estos difíciles momentos de la crisis iraquí, ha facilitado el encuentro en las posiciones de ambos países cuando la de España podía haberse hallado más cerca de la de Francia, por ejemplo, con el partido de cuyo gobierno el PP de Aznar comparte espacio en el Parlamento Europeo. Blair también es consciente de ello y el pasado 30 de enero, antes de ir a Washington, hizo un viaje relámpago a Madrid para encontrarse y hacerse una foto con el presidente español en los jardines de La Moncloa.

"Aznar quiere situar a España como un socio privilegiado de Estados Unidos en Europa. Y eso es una estrategia. Pero es que ese sitio lo tiene ocupado Gran Bretaña desde hace muchos años", comenta uno de los analistas citados. Aznar, además, se enfrenta a una resistencia dentro de su propio país mucho mayor de la que cualquiera otro de los que apoyan el conflicto bélico con Irak. Según un sondeo dado a conocer la semana pasada por Gallup Internacional entre 39 países España era el que más alto porcentaje de rechazo sumaba entre sus ciudadanos. Nada menos que un 74,2% de encuestados respondía "en ningún caso" a la pregunta de si estaría a favor de una acción militar contra Irak. Y un escaso 13,2% admitía el ataque "sólo con aprobación de la ONU".

A pesar de ello, el presidente español lideraba la carta-manifiesto del pasado día 30 de enero en la que ocho países europeos (Gran Bretaña, Italia, Portugal, Hungría, Polonia, Dinamarca y la República checa junto a España) defendían la propuesta bélica de los Estados Unidos. Se redactó desde Moncloa y Aznar, además, por contar con un apellido iniciado con la primera letra del alfabeto –y aunque le siga la última–, tenía el privilegio de firmar el primero. Un mes antes el mismísimo George W. Bush se había  deshecho en elogios al líder español en su segunda visita a la Casa Blanca. "Quiero dar la bienvenida a un amigo personal y gran amigo de Estados Unidos, a uno de los líderes más fuertes cuando se trata de nuestra preocupación común de mantener la paz y combatir el terrorismo", afirmó el presidente norteamericano mientras hacía entrar a Aznar en su despacho. No sólo eso. En la comparecencia posterior con la prensa, Bush llegó a entrar en un asunto de política interna española, algo nada habitual en este tipo de encuentro y alabó "el liderazgo", según dijo, del presidente español en la catástrofe del Prestige. "El presidente español ha dicho "nunca máis" y yo le creo", añadió haciendo un nuevo esfuerzo idiomático al decir, sin apuntador, las dos palabras en gallego.

Algunos medios –elconfidencial.com el primero– han apuntado a una futura entrada de España en el G-8 como recompensa a Aznar por su inquebrantable apoyo a las tesis norteamericanas en la crisis con Irak. Aún es pronto para evaluar el día después de una guerra que, aunque anunciada, todavía no tiene fecha de inicio ni de conclusión. Además de Estados Unidos, en el grupo del G-8 cuentan importantes países a los que ni Bush ni Aznar han conseguido, por el momento, embarcar en la corriente bélica.

Este miércoles, día 12, los inspectores de la ONU presentarán su segundo informe y, a partir de entonces, se sabrá si se requiere una segunda resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, como parece apuntar ahora la doctrina norteamericana, y cuál es la definitiva ubicación de cada país. Entonces se podrá atisbar si la estrategia pro-Bush de Aznar le puede costar algún puesto en el liderazgo europeo que ahora se le permite al presidente español. Y a España.

Ana Palacio, ¿ministra de paja?

El nombramiento de Ana Palacio como titular de Asuntos Exteriores fue la sorpresa de la última remodelación del Gabinete Aznar. Cuando se especulaba con dirigentes de la talla de Rodrigo Rato o algún otro de similar peso cuya llegada a la cartera los reforzara para la ya cercana era "post-Aznar" el presidente optó por una hermana de Loyola de Palacio, diligente eurodiputada y con un perfil más técnico que político.

Las dudas sobre su peso y talla dentro del Ejecutivo no han hecho más que crecer desde entonces cuando se han ido viendo los nombramientos en su equipo. Desde su jefa de gabinete, Victoria Morera, hasta el considerado número dos del departamento, el secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Ramón Gil-Casares, son varios los puestos claves ocupados por personas llegadas directamente del gabinete de Moncloa que, hasta entonces, había asesorado personalmente al presidente en política exterior.

El caso de Gil-Casares es paradigmático, ya que lleva desde 1996 en Moncloa junto al presidente y se le considera un hombre de su absoluta confianza en materia exterior. El hoy secretario de Estado llegó al gabinete de Presidencia, curiosamente, desde Nueva York, donde ejercía su carrera diplomática como cónsul general adjunto de España hasta que Aznar le llamara para convertirse en su sombra en todos sus viajes internacionales. No es raro, pues, que en algunos círculos populares se haya empezado ya a descontar a la ministra en posibles gobiernos futuros del PP e, incluso, a hablar sobre posibles desencuentros entre la ministra y el presidente, quien está decidido a liderar personalmente momentos tan críticos en la escena mundial.

La Revisión Estratégica de la Defensa, a la medida de Bush

El presidente Aznar no sólo apoya en este momento a la Administración Bush en su propuesto ataque a Irak, sino que también prepara un cambio a medio plazo y de hondo calado en nuestras fuerzas armadas que, según sus críticos, está diseñado pensando en mantener a nuestro Ejército a disposición de los intereses de los Estados Unidos.

Las líneas generales de este cambio se encuentran en el documento denominado Revisión Estratégica de la Defensa, que comenzará en breve su debate en el Congreso de los Diputados y que el Ministro de Defensa, Federico Trillo, presenta este jueves, 13 de febrero, a los medios de comunicación españoles, con la significativa presencia del secretario general de la OTAN, Lord Robertson, quien realiza una oportuna visita a Madrid . El Siglo ya adelantó en su número de la pasada semana (ver el dossier Defensa mira al exterior) los contenidos más polémicos del plan, que algunos sectores políticos y militares han criticado por su excesiva dependencia de la voluntad de Estados Unidos. Entre sus criterios básicos, aplicables en un plazo de 15 años, la revisión aboga por la estandarización de los equipos, suministros y procedimientos para cumplir con los que, dice, son los principales objetivos que se deben fijar los países europeos: ser capaces de operar de forma efectiva con Estados Unidos. El proyecto del  Ejecutivo español llega incluso a decir, respecto a las diferencias tecnológicas existentes entre la Unión Europea y el país norteamericano, que los países europeos deben esforzarse en reducirlas. El documento sigue dando la impresión de estar redactado a la medida de los intereses de Bush en los siguientes párrafos, donde dice que la operación conjunta sobre los sistemas de mando, control e información debe permitir a las naciones europeas operar de forma conjunta "tomando como referencia a Estados Unidos".

Por G. S.

El Consejo de Seguridad sigue dividido

Oficiales de la Administración estadounidense ya habían avisado que Colin Powell, secretario de Estado del Gobierno Bush, no presentaría pruebas del "arma humeante", es decir, de las supuestas armas de destrucción masiva que posee el régimen de Saddam Hussein. Aún así las calificaban de "directas, graves y apremiantes", pese a lo cual la exposición multimedia de casi hora y media realizada por Powell ante el Consejo de Seguridad de la ONU en una esperadísima sesión no logró convencer a ninguno de los países hasta ahora reticentes con las tesis estadounidenses, es decir, todos excepto Reino Unido, España y Bulgaria.

Colin Powell mostró fotografías por satélite, grabaciones, mapas y dibujos –e incluso, en un golpe de efecto, un pequeño tubo de ensayo con una cantidad de ántrax–, en su esfuerzo por convencer no sólo al resto del mundo sino también a los ciudadanos estadounidenses, del peligro que representa Saddam Hussein y de la necesidad de intervenir militarmente en Irak. Según el secretario de Estado estadounidense, que contó con la presencia y el respaldo del director de la CIA, George Tenet, Hussein dispone de laboratorios móviles para producir armas biológicas, cientos de toneladas de agentes químicos y está trabajando en obtener capacidad nuclear, además de engañar y ocultar información a los inspectores y amenazar de muerte a los científicos iraquíes para evitar su colaboración.

Además, y pese a los informes de los servicios secretos estadounidenses, Powell aseguró que el régimen iraquí ha mantenido y mantiene lazos con la red terrorista Al Qaeda y con otras organizaciones terroristas. Uno de los lugartenientes de Ben Laden, según el secretario de Estado, ha estado alojado en Bagdad y dirige campos de entrenamiento especializados en explosivos y venenos en la zona kurda al noreste de Irak, donde hay un grupo terrorista vinculado con Al Qaeda en el que Bagdad tiene un agente.

Basándose en ocasiones en interrogatorios de detenidos o en informaciones de servicios secretos occidentales, pero con datos también inverificables, las "pruebas" presentadas por Estados Unidos no lograron hacer cambiar de opinión a ningún país. Reino Unido, España y Bulgaria mantuvieron sus afirmaciones de que Saddam ha violado la resolución 1.441, el primero asegurando que el 14 de febrero –cuando Blix y El Baradei presentarán un nuevo informe al Consejo– es una "fecha definitiva", mientras que Ana Palacio declaraba que "no tiene sentido" esperar más tiempo.

China, Rusia y Francia, los otros tres miembros permanentes del Consejo –junto con EE UU y Reino Unido–, y por tanto, con derecho de veto, mostraron sus reticencias ante las pruebas, de las que Rusia dijo que había que informar a los inspectores. Los tres apostaron por concederles más tiempo, e incluso Francia fue más allá al decir que se debía reforzar este equipo, para lo que ofreció asistencia francesa.

Los restantes miembros no permanentes, Alemania, Siria, Pakistán, Chile, México, Camerún, Guinea y Angola, mantuvieron sus dudas. Alemania afirmó que la situación "está en manos de Irak", y que, a pesar del carácter "terrible" de su régimen, deben continuar las inspecciones para conseguir su desarme total y duradero, posición apoyada por los otros países. Hay que recordar que para sacar adelante una resolución en el Consejo de Seguridad es necesario el voto favorable de al menos nueve miembros, entre los que tienen que estar todos los permanentes.

Si Estados Unidos decide seguir dentro del mecanismo de la ONU, tendrá que seguir trabajando para modificar algunas de estas posiciones, que ya estaban establecidas antes del discurso de Powell, sobre todo las de Francia y Rusia. Estos países en alguna ocasión han insinuado una posible flexibilización de sus opiniones, pero tanto para ellos como para el resto de la comunidad internacional el factor decisivo será el nuevo informe que hagan Blix y El Baradei el viernes. De momento el segundo ha pedido a Bagdad "un cambio drástico" de actitud para evitar la guerra.

 Por T. L

 

Ayudante del ‘Sheriff’

Manuel Marín, responsable de Política Internacional del PSOE, advirtió el otro día a la ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio –embelesada ante Colin Powell desde que con motivo del Perejil lo conociera como Árbitro Supremo de los Protectorados de España y de Marruecos–, que las pruebas contra Saddam había que examinarlas con lupa. Marín –que es un brillante parlamentario– procura exhibir siempre una erudición por encima de la media, lo que conjuga con una notable mordacidad dialéctica. Lo demostró  de nuevo en su confrontación con la ministra.

Evocó Marín la tradición norteamericana de fabricar pruebas con el fin de justificar algunas de sus guerras. Tan sugestiva intervención era recordada oportunamente por www.diariodirecto.com, el miércoles 5 de febrero, fecha de la presencia por fin en el Congreso de  Aznar. Y, asimismo, de la comparecencia de Colin Powell ante el Consejo de Seguridad de la ONU. O sea, de igual a igual. Por cierto, este diario digital, que dirige Fernando Jáuregui, también está siendo sometido, como El Siglo, a graves y desproporcionados riesgos judiciales por lo que me complace citarlo y, para lo que sirva, solidarizarme con él.

Marín mencionó la verdadera crónica de El Álamo, popularizada parcialmente por el cine. "Hubo un acontecimiento –dijo–, allá por el año 1886, donde un aventurero para los mejicanos, que se llamaba David Crockett, montó un cierto altercado en un sitio que se llamaba El Álamo, lo cual provocó una guerra, ¿se acuerda? (...) Este David Crockett, aventurero para los mejicanos, gran patriota para los norteamericanos, luego descubrió que, en realidad, de lo que se trataba era de apoderarse de Tejas, de Arizona, de Nuevo Méjico, de Nevada y California". Marín, asimismo, aludió al incidente –"una gran mentira", según el Washington Post– del Golfo de Tonkín, el 2 de agosto de 1964, "que provocó una guerra espantosa: la guerra de Vietnam". Y Marín tampoco olvidó recordar el 15 de febrero de 1898, cuando se produjo el hundimiento/montaje del  Maine, que desencadenó la guerra de Cuba, promovida por el magnate Hearst contra España, con la patriótica y honorable finalidad de vender más ejemplares de su sensacionalista The New York Journal.

Pues bien, Aznar  –quien tantos recursos derrochara para conmemorar el centenario del 98– parece querer ahora pasar a la historia como el primer gobernante español que consigue formar parte del selecto estado mayor de Estados Unidos en la hora suprema de una nueva guerra. La España de Aznar, por consiguiente, ha dejado de ser aquel caduco país  –víctima hace más de un siglo de los desmanes político/periodísticos de EE UU– para ocupar un lugar de honor en la costelación de colonias preferentes de Bush II. No le importa a Aznar, por supuesto, repetir como un lorito las pruebas contra Bagdad –más o menos amañadas, más o menos verosímiles– que acuña la CIA o, directamente, Donald Rumsfeld y sus mentirosos a sueldo, o la ex paloma Powell, o incluso el staff más vinculado a Bush.

Está encantado Aznar en su papel de ayudante del Sheriff, secundado  por Tony Blair y por Silvio Berlusconi, quizás el premier británico con un galón de más. Pretende hacernos creer Aznar que una sangrienta aventura colonial –con el petróleo como botín–  es una bella historia de héroes y malvados. Entre los héroes de la libertad, figuran Bush y él. Entre los malvados, Saddam, como si su condición –por otra parte, innegable– de dictador cruel fuera la causa, digamos noble, de la guerra.

Enric Sopena


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