OPINIÓN E IMAGEN

 

BOTÍN DE GUERRA: LO QUE AZNAR SACARÁ DE BUSH

Le costará un disgusto en las municipales, tal vez otro a su sucesor en las generales, pero José María Aznar sigue en sus trece: apoyará las tácticas belicistas de Bush en Irak sin remedio. Pero no sin compensaciones, porque una considerable lista de trofeos, para España, para el propio Aznar o para ambos, puede ser el as en la manga que guarda el jefe del Ejecutivo, por el que ha puesto en un brete hasta a su partido, en donde muchos de sus miembros no alcanzan a comprender la postura inamovible –sumisa, llegan a decir– de Aznar con respecto a la Administración de EE UU. El Siglo expone, en estas páginas, los trofeos que lucirían en la vitrina del presidente del Gobierno si, finalmente y como parece lo más creíble, triunfa la opción Bush: la guerra.

Por Ana Pardo de Vera

Antes del 11-S, EE UU conocía el terrorismo etarra de oídas, y poco. Después de esa fatídica fecha, la política antiterrorista se ha convertido en el centro de la agenda internacional". Ése es, en palabras de un experto en política internacional, el motivo fundamental por el que José María Aznar se ha aliado incondicionalmente con George Bush: ha hecho suya la batalla del mandatario norteamericano, pues ya antes de los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York era su prioridad lograr situar en un primer plano de la política internacional el peor mal de la española: el terrorismo.

Para un destacado dirigente del PP, además, que habló oficiosamente con esta revista, el tema de la seguridad, española primero y mundial después, es la única razón por la que Aznar apoya la postura de George Bush, que, encima, es la de nuestro presidente: hay coincidencias entre ambos mandatarios, argumenta esta fuente gubernamental, no acatamiento de uno –el español– de las tesis del otro –el estadounidense-. "Por tanto –entiende este destacado popular–, no habrá contrapartidas para Aznar como resultado del apoyo a Irak. El apoyo que pueda haber de EE UU a España no depende de que ambas administraciones mantengan la misma postura ante la crisis de Irak, sino de las buenas relaciones en general".

Sin embargo, y aunque el Gobierno y su entorno se empeñen en negar la búsqueda de intereses por parte de Aznar con su apoyo a las tesis de Bush, rechazadas, por otro lado, por la mayor parte de los ciudadanos españoles –incluida una fracción considerable del PP–, hay una serie de objetivos, a corto y medio plazo, que, si no certifican la existencia de un botín para el presidente del Gobierno en caso de producirse el ataque a Irak, sí corroboran una casual influencia de los EE UU en su muy posible consecución.

Por un lado, la colaboración de los EE UU en la lucha antiterrorista española no es nueva, aunque muy puntual y poco significativa: algunos aparatos de última tecnología, que los norteamericanos envían a España en cuanto son solicitados, y ciertas conversaciones entre Suramérica y Euskadi detectadas por los sistemas de espionaje norteamericanos concernientes a la banda etarra, que inmediatamente son remitidas a las Fuerzas de Seguridad españolas.

Uno de los ministros más influyentes del Gabinete Aznar aseguraba no hace mucho, de forma extraoficial, que la colaboración para la lucha antiterrorista "no son sólo las detenciones fuera del territorio español [en referencia a Francia]. La tecnología es cada vez más importante. La colaboración de EE UU se ha intensificado a partir del 11 de septiembre". El mismo integrante del Consejo de Ministros reconocía, acto seguido, que, sin embargo, sigue siendo más importante la colaboración de Francia que la de EE UU en materia antiterrorista, aunque en nada perjudicarán a la colaboración hispanofrancesa los distintos puntos de vista del presidente galo, Jacques Chirac, y del español, José María Aznar, en la crisis de Irak, "porque el fin es el mismo: lograr el desarme de Saddam Hussein y la paz mundial".

Los sistemas de Seguridad del Estado volcados en cuerpo y alma en este tema, fundamentalmente Policía y Guardia Civil, además de algún miembro del Pacto Antiterrorista, informado puntualmente sobre estos temas, aseguran que no hay nada nuevo en relación a la ayuda estadounidense, como se ha querido dar a entender en varios medios, que hablaban de nueva colaboración estadounidense lograda gracias a apoyo de Aznar a Bush en la crisis iraquí. Lo cual no significa, admiten, que ésta no esté por llegar, como regalo del amigo americano a José María Aznar por su respaldo frente a la mayoría europea. Por ejemplo, en forma de sistema de espionaje vía satélite, como la controvertida red Echelon, promovida por las agencias gubernamentales de EE UU, Canadá, Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda.

Una gran oreja y un reactor nuclear para España. La red Echelon –también conocida como gran oreja o gran hermano– está considerada el gran sistema de espionaje a escala mundial. Se trata de un sofisticado y potente programa que permite interceptar en todo el planeta comunicaciones transmitidas vía satélite. Si con la necesaria colaboración de EE UU, España se hiciese con las funciones de este gran hermano –programado para interceptar en sólo media hora hasta cerca de mil millones de mensajes–, lograría una potente arma para la lucha antiterrorista, pues ésta y la batalla contra narcotráfico fueron los fines por los que nació Echelon. Esta red, según el diario alemán Frankfurter Allgmeine Zeitung, ya había dado pistas de un posible ataque al Worl Trade Center antes del 11 de septiembre de 2001, aunque las discrepancias en cuando a los métodos a utilizar para evitar el ataque impidieron tomar medidas para que éste no tuviera lugar.

La forma de actuar de esta potente gran oreja se consigue a base de sofisticados rastreos automatizados de todo tipo de comunicaciones (fax, teléfono, e-mail, telefonía móvil o satélites), para cuyo análisis se recurre a potentes ordenadores que, con base a filtros, deciden qué palabras son sospechosas y dignas de análisis y cuáles no.

Sin embargo, la red de macroespionaje, como tal, no ha dejado de generar controversia. Aunque los estadounidenses no reconocían la existencia de Echelon, el Parlamento Europeo (PE) la daba por cierta en septiembre de 2001, en un informe aprobado por amplia mayoría. Entonces, la eurocámara concluía que no era Echelon la única gran oreja, que otros países, incluso miembros de la UE, como Francia y Rusia, son capaces de mantener sistemas comparables al de Echelon, a pesar de que no se haya demostrado.

También, hace unos años, el Gobierno español admitía su existencia e insistía en su utilidad para la lucha antiterrorista, aunque aceptaba la peligrosa indiscriminación del sistema, que debido a su potencia, podía espiar a diestro y siniestro. De hecho, según publicaba el británico The Guardian, durante la visita de Bush a España, éste le habría ofrecido a Aznar la red Echelon para la lucha contra ETA a cambio del apoyo al escudo antimisiles. Hoy, la gran oreja podría ser una realidad para terminar con ETA, otro fruto del apoyo incondicional de Aznar a Bush en la guerra de Irak.

Pero el gran hermano no sería el único trofeo de última tecnología incorporable al botín de guerra de José María Aznar. El ambicioso proyecto del  Reactor Experimental Termonuclear Internacional (ITER), que podría emplazarse en Vandellòs, Tarragona, sería, con la ayuda de EE UU, un tanto más que considerable para el Ministerio de Ciencia y Tecnología, la gran apuesta de Aznar cuando decidió su creación en la segunda legislatura de Gobierno del PP.

Sin embargo, la ubicación del ITER aún está por determinar, aunque cuando el Gobierno español presentó su candidatura en abril del pasado año, se determinó que ésta se decidiese a finales de 2002. Finalmente, va con retraso y ya se apunta el verano como data límite para tomar la importantísima decisión. "No es tan fácil decidirse, hace falta tiempo, porque son muchos factores a tener en cuenta", ha reconocido a El Siglo el director del Laboratorio Nacional de Fusión del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT), Carlos Alejaldre, responsable del proyecto ITER en España.

Con Vandellòs compiten otra candidatura europea, la de Caradache, al sur de Francia, además de las de Clarington, en Canadá, y la de Rokkasho-Aomori, en Japón. Sin embargo, Alejaldre se muestra optimista, pues cree que Vandellòs cuenta con más posibilidades que el resto de los aspirantes. "Hay diferencias entre la candidatura española y las demás, que constataron científicos internacionales en su última visita a la localidad tarraconense y que nos benefician claramente", argumenta.

Alejaldre sabe que es inevitable buscarle la connotación política al concurso, que la actual situación de apoyo incondicional de Aznar a Bush –cuya administración confirmó el pasado mes de enero, junto a Rusia y China, su participación en el proyecto ITER sin presentar candidatura–, podría verse como una razón de peso, la más poderosa, para que Vandellòs se haga finalmente con el reactor, cuya sola instalación supondría una inversión de unos 4.500 millones de euros, de los que España pagaría 450 millones. Los 30 años estimados de construcción y operación del ITER podrían alcanzar los 10.000 millones de euros.

Sin embargo, el director general del CIEMAT razona que se trata de un proyecto de hace 30 años, "no vinculante al proceso político actual". Recuerda Carlos Alejaldre la visita a Washington del secretario de Estado de Política Científica, Pedro Morenés, en noviembre de 2002, para recabar el apoyo de la Administración Bush. El Gobierno español decidió optar a ser sede de este reactor porque, al margen de su gran valor científico, sería un motor industrial de alta tecnología del que se beneficiará la industria, pero también una notable fuente de puestos de trabajo y de desarrollo económico en la zona donde se construya.

Es verdad, Pedro Morenés allanó el camino, pero José María Aznar remató la faena un mes después, cuando visitó la Casa Blanca en diciembre de 2002, y confirmó su petición de respaldo a George Bush para que el ITER se instalase en Vandellòs. El propio ministro de Ciencia y Tecnología, Josep Piqué, no tuvo reparos en admitir que la elección final del emplazamiento del ITER se decidiría "por motivos políticos", aunque buenas razones respaldaran la candidatura de Vandellòs, como "una buena ubicación desde el punto de vista geográfico y un entorno con una tradición nuclear y química, la proximidad de universidades y centros de investigación, así como la calidad de vida que puede ofrecer".

La influencia del país más importante del mundo en Investigación y Desarrollo (I+D), EE UU, será, sin duda, decisiva a la hora de decidir el emplazamiento del ITER. En caso de que sea Europa quien albergue el proyecto, algo que deberá decidir en breve la Comisión Europea, EE UU tendrá que optar entre el respaldo a la candidatura francesa (Caradache) o la española (Vandellòs). En la cabeza de Aznar está, sin duda, el apoyo incondicional que le está prestando a George Bush en la crisis de Irak, algo que no puede decirse del otro aspirante a alojar el ITER, el Gobierno francés.

A las puertas del G-8. Cuando José María Aznar, en el último mes de su Presidencia de turno de la Unión Europea (UE), acudió como representante de ésta en junio del año pasado a la Cumbre del G-8 (los siete países más industrializados del mundo más Rusia) en la localidad canadiense de Kananaskis, expresó su satisfacción porque era entonces la primera vez que un español participaba en el G-8. Además, vaticinó que no sería la última: "No estoy llamando a la puerta, pero pronto llamaremos", aseguró el presidente español a los jefes de Estado y de Gobierno asistentes a la reunión, pues argumentó José María Aznar que resultaba absolutamente normal tal aspiración para "una de las economías más importantes del mundo, como es la española".

Hoy, la entrada de España en el G-8 –entonces G-9– se da por hecho en buena parte del seno popular. Ése sería otro de los trofeos que Aznar luciría en su vitrina de ex presidente del Gobierno, gracias a su apoyo a las tesis belicistas de George Bush. Le guste o no a la oposición, que cree que el fin (un G-9 con España) no justifica el medio (guerra en Irak), fuentes del PP aseguran que ya hay compromiso por parte del presidente de EE UU de que España contará con su apoyo para estar con los países más ricos del mundo.

No será, sin embargo, tarea fácil, pues existe otro candidato con argumentos más poderosos que los de nuestro país, esto es, con más potencia militar y económica: China. Pero en el país asiático pesa una inmensa losa que le impedirá tener el apoyo de la potencia estadounidense, el régimen comunista, mitigado, pero estricto y perdurable. Al apoyo de EE UU a la candidatura española para entrar en el G-8 se unirían además, los respaldos de los países iberoamericanos. La oposición a que España entrase en el G-8 vendría, sin duda, de la mano del eje franco-alemán, compensado en el otro lado de la balanza con el apoyo de los amigos inglés e italiano, los primeros ministros de Gran Bretaña e Italia, Tony Blair y Silvio Berlusconi.

También el peñón de Gibraltar es, para algunos, uno de los trofeos que busca Aznar en su apuesta belicista, a pesar de la conveniencia, desde el punto de vista estratégico, de que su soberanía se mantenga compartida. Sin embargo, un experto en materia internacional consultado por esta revista, se muestra tajante: "No habrá logro mientras Gran Bretaña esté ahí". Otro, por su parte, asegura que no cree que se haga nada con Gibraltar, "pues cualquier movimiento en este terreno llevaría irremediablemente al brote de la cuestión sobre Ceuta y Melilla", que Marruecos reclamaría enseguida. EE UU tiene más comprometido su papel de favorecedor a las tesis de Aznar, pues sus relaciones con el país de Mohamed VI son excelentes.

¿A dónde va el ex presidente? José María Aznar ha tocado techo en su carrera política nacional y, después de anunciar su retirada, sin duda su destino a partir de las generales de 2004 es una cuestión que le mantiene ocupado. Como recuerda Federico Quevedo, barajando estas tesis en su crónica de esta semana de El Nuevo Lunes, "dos secretarías generales de vital importancia en el marco de la geopolítica se quedarán vacantes en los próximos meses", la de la OTAN, que dejaría George Robertson en julio de este mismo año y la de la ONU, pues el relevo de Koffi Annan está previsto para 2005.

En realidad, hasta hace unos meses, cuando la crisis de Irak, como mucho, se avecinaba, la aspiración de Aznar era situada por sus más cercanos colaboradores en la presidencia de un Consejo de la Unión Europea, órgano cuya futura creación aplauden con entusiasmo los Quince. Sin embargo, como recuerda Quevedo en El Nuevo Lunes, al presidente del Gobierno no le es ajeno que esta aspiración contará con la oposición, casi segura, de los máximos opositores a las pretensiones bélicas de Bush en Irak, el presidente de Francia, Jacques Chirac, y el canciller de Alemania, Gerard Schröder, "aunque lo más probable es que sea la segunda la que lo vete, ya que no sería lógico que un Gobierno de derechas como el de Francia se opusiera a su elección".

Se descarta, asimismo, la presidencia de la Comisión Europea, pues teniendo en cuenta que en estos momentos está liderada por un "candidato del ‘Sur’", el italiano Romano Prodi, Alemania exigirá un "candidato del ‘Norte’" para sustituir a Prodi. ¿Qué le queda a José María Aznar? Pues ni más ni menos que la Secretaría General de la OTAN y la de la ONU. La primera, argumenta el cronista, contando con que Robertson aplace su marcha hasta 2004, para que entonces Aznar, "de la mano de su amigo Bush", accediese al cargo. Hay una mancha en el alto cargo de la OTAN que hace a Aznar desearlo, pero no tanto, aunque es cierto que recibiría grandes apoyos: el hecho de que este mandado lo haya asumido ya un español, a la sazón, socialista, que fue ministro, pero no presidente del Gobierno, Javier Solana.

La Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sería, entonces, el gran trofeo del jefe del Ejecutivo español, a lo que se suma el hecho de que Koffi Annan abandona el cargo en 2005, dándole a José María Aznar unos plazos perfectos para incorporarse a la máxima autoridad de la ONU. "En marzo de 2004 –continúa Quevedo–, son las elecciones generales y, gane quien gane, él abandonará la Presidencia del Gobierno dos meses después, por lo que tendrá por delante otros seis meses de campaña para defender su candidatura a la Secretaría general de las Naciones Unidas". Una vez más, con el apoyo y el aplauso de su colega George Bush.

A éste se suman, además, el respaldo que la fracción iberoamericana añadiría a la candidatura del entonces ex presidente del Gobierno, "que verían con bueno ojos un secretario general español". Habría también apoyos llegados de Europa y de buena parte de África, pues muchos de los países de este continente miran a EE UU en busca de atenciones que les permitan continuar su desarrollo. Nada les haría, pues, oponerse a la gran potencia norteamericana.

Habría tal vez, un inconveniente: el continente asiático, pero ahí está el otro amigo, el inglés, para interceder. El primer ministro británico, Tony Blair, convencería "a los países de la órbita de la Commonwealth –India, principalmente– y del propio Bush –quien probablemente habrá salido reelegido como presidente de los EE UU– para convencer al mundo árabe moderado".

Si Aznar consigue su botín, aunque sólo sea buena parte de él, habrá algunos que, seguramente, aunque en silencio, le felicitarán por su ambición.

10 de Marzo 2003


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