"Ángel sí señor", el tapado

Su perfil político, que le convierte casi en un clónico del presidente del Gobierno, su falta de negativa a cualquiera de los mandatos de Aznar y su eficacia para resolver las encomiendas de éste, erigen a Ángel Acebes como el candidato idóneo para suceder al líder popular. Además de una trayectoria ligada estrechamente a la del jefe del Ejecutivo, en el Partido Popular ya le señalan como el ministro favorito de José María Aznar

Ana PARDO VERA

Es el que reúne más papeletas para ser el heredero del imperio monclovita tras el batacazo del que partió siempre como favorito, el ministro de Economía y vicepresidente segundo, Rodrigo Rato, profundamente tocado por el escándalo Gescartera al producirse la dimisión de la presidenta de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), su protegida Pilar Valiente. Más aún, fuentes cercanas al presidente del Gobierno aseguran que “a no ser que ocurriese algo inesperado, similar a la crisis desencadenada por la agencia de valores, Ángel Acebes tiene el 80% de posibilidades de suceder a Aznar”. Eso significa, además, para la misma fuente, que Aznar no tiene intención alguna de repetir mandato, sino que pretende situarse estratégicamente en la cúspide del Partido Popular y seguir organizándolo políticamente, tanto en Génova 13 como en La Moncloa si gana. En el primer caso, con el actual ministro de Justicia, no habrá problemas, pues el “sí señor” de Acebes –latiguillo que se le adjudica sin remedio en el ámbito político, incluido el popular– continuará tan vivo como hasta ahora. “Aznar seguiría gobernando en la sombra si el PP volviese a lograr la victoria en 2004”, algo, por ejemplo, que no ocurriría si el sucesor fuese el presidente de la Generalitat Valenciana, que también se encuentra en la línea de salida para la carrera sucesoria, aunque su brillo independiente de los dictados de la sede central popular le hace perder posiciones. Eduardo Zaplana, sostienen en su entorno, ganaría las próximas elecciones generales sin problema, pero ahí se pondría el punto y final al liderazgo de José María Aznar, que pasaría a ser “patrimonio histórico del partido, el hombre que llevó al PP al Gobierno”. El jefe del Ejecutivo valenciano reúne las cualidades del presidente y aquéllas de las que éste carece; es frío, calculador, constante en su trabajo y “terriblemente ambicioso”, pero, además, posee carisma, “mucho”, no tiene la sequedad castellana de Aznar, que le hace perder simpatías incluso en su propia formación, y goza de una impecable imagen de líder “cercano y moderno”. Tal vez, se apunta desde el mismo contexto, carezca de la discreción hermética que le ha garantizado el éxito al presidente del Gobierno, y ahora, a mayores, se ha visto tocado también por el escándalo Gescartera, al haber sido imputado su ex asesor artístico, el cantante Jaime Morey.

Ángel Acebes es, en estos momentos, el hombre de José María Aznar, aunque el ministro de Justicia no quiere ni oír mencionar el tema cuando se le apunta como heredero. Pero el presidente ha reconocido en privado, que “de todos los ministros, Ángel es el que más se parece a mí” y nadie en La Moncloa, aun con la sorpresa que provocó tal comentario, duda ni de la sinceridad de Aznar ni de la posibilidad de que haya querido arrojar algo de luz sobre la incógnita central del próximo congreso popular, su sucesión, aunque en el PP todavía se duda de que sea entonces, en enero de 2002, cuando Aznar dé el nombre del elegido. Efectivamente, Ángel Acebes reúne las mismas características que José María Aznar: trabajador incansable, eficaz, frío, discreto, “más bien gris y sin carisma”, a lo que se une una fidelidad incuestionable al presidente, en la línea del ministro de Fomento, Francisco Álvarez-Cascos, pero sin la agresividad de éste. Tiene el talante moderado por el que José María Aznar apostó cuando, tras ejercer una oposición despiadada para derrotar al Gobierno socialista y cumplir los objetivos, se vio obligado a prescindir de las tácticas radicales del entonces portavoz Miguel Ángel Rodríguez y del propio Álvarez-Cascos, que, aunque mantuvo la Vicepresidencia Primera hasta la segunda legislatura del PP en el poder, abandonó la Secretaría General del partido después de haber cumplido sobradamente su función allí. Entonces les tocaba el turno a los Piqué, a los Pío Cabanillas, a los Arenas o a los Acebes, la imagen amable de los “niños bien” del centro-derecha.

Sin prisa pero sin pausa. Ángel Jesús Acebes Paniagua (Ávila, 1958), que conoce a Aznar desde los primeros años de éste en la provincia castellano-leonesa, cuando despuntaba tímidamente en política como delfín de Manuel Fraga, nunca le ha dicho “no” al presidente y siempre se ha mostrado dispuesto a asumir cualquier papel en cualquier momento. Ya en 1991, dos años después de que Fraga le cediese a Aznar la presidencia del Partido Popular tras el congreso de la Refundación en 1989, el ministro de Justicia cedió a las peticiones del entonces jefe de la oposición y se presentó como candidato popular a la alcaldía de Ávila. No le decepcionó y obtuvo la mayoría absoluta, convirtiéndose, con 32 años, en el regidor más joven de España, desde 1991 cuando tomó posesión en presencia, entre otros, de José María Aznar, hasta que en 1995 accedió a senador electo por la misma provincia y empezó su carrera política nacional a la sombra del jefe del Ejecutivo. Su nombre empezó a hacerse conocido entre la opinión pública durante el caso Gal, con la ponencia encargada de investigar las responsabilidades políticas derivadas del mismo.

Cuando el PP alcanzó el Gobierno en 1996, Ángel Acebes sonaba como uno de los ministrables, por eso sorprendió que Aznar no lo incluyese en su primer Gabinete, pero aquello tenía su explicación y el propio Aznar se la transmitió al senador abulense en los pasillos del Congreso de los Diputados: aunque a él le gustaría hacerle ministro, lo necesitaba para otro cargo, la de coordinador general del PP, un puesto que apareció y desapareció con el propio Acebes, únicamente para templar los ánimos populares en Génova, un tanto revueltos entonces. El secretario general del partido era en aquel momento Francisco Álvarez-Cascos, pero fue nombrado vicepresidente y volcó su actividad en ese cargo, quedando Acebes al frente de la madrileña sede central en la calle Génova, hasta que Álvarez-Cascos fue sustituido por Javier Arenas. El hoy ministro de Justicia cumplió su cometido con más éxito del esperado en una etapa especialmente delicada para el partido, que, además del cambio de estrategia que comenzaría a abordar Aznar para borrar la imagen del PP de derechona agresiva adquirida en la oposición, soportó la mayor ofensiva de ETA contra concejales del Partido Popular. Murieron en atentados terroristas siete ediles populares, entre ellos Miguel Ángel Blanco, en 1997, y a Ángel Acebes le tocó la dura tarea de acompañar a Jaime Mayor, ministro de Interior, a visitar y dar el pésame a las familias de las víctimas. De ahí surgió su amistad con el presidente del Partido Popular en Euskadi, Carlos Iturgaiz, otro de los incondicionales de José María Aznar. Ángel Acebes es el padrino del segundo hijo de Iturgaiz y Lorena, su mujer, al que llamaron Mikel en homenaje a Blanco. Finalmente, en 1999, al abordar la primera remodelación de su Gobierno, Aznar premió a Acebes con el tan ansiado Ministerio, el de Administraciones Públicas, y ya en 2000, alcanzada la mayoría absoluta, con la cartera de Justicia en sustitución de Margarita Mariscal de Gante.

Diálogo y tolerancia. Puesto a enumerar las virtudes que le gustaría alcanzar, “tanto en el plano personal como en el privado” y en las que centra todo su esfuerzo, el ministro de Justicia apunta “la capacidad de diálogo y de tolerancia”. Y al menos la primera, se la reconocen incluso sus adversarios políticos, después de que Ángel Acebes lograse alcanzar con el PSOE un Pacto de Estado “histórico”, según José María Aznar: el de la reforma de la Administración de la Justicia, que se selló en La Moncloa a primeros de junio con las rúbricas de los secretarios generales de PP y PSOE, Javier Arenas y José Luis Rodríguez Zapatero, respectivamente, y bajo la atenta mirada de José María Aznar como maestro de ceremonias. Los artífices de la negociación del Pacto, aunque no figuraran en la foto oficial de la firma, fueron los que se llevaron todos los elogios por el buen fin del acuerdo. El ministro de Justicia y el secretario de Libertades Públicas y Desarrollo de la Ejecutiva socialista –ministro de Justicia potencial en un también potencial Gobierno Zapatero–, Juan Fernando López Aguilar, tras un tira y afloja de varios meses, pero sin estridencias ni enfrentamientos, culminaron el Pacto convencidos de que se había logrado un buen trabajo y, sobre todo, con el reconocimiento personal de cada uno por la labor del otro. López Aguilar no dudó en destacar el talante dialogante de Acebes, aunque precisamente, todavía sostienen en algún sector del PSOE, fueron las buenas maneras del titular de Justicia las que llevaron a la oposición a aceptar las premisas de una reforma en un principio impensable. Eso y la “inestimable ayuda” de su brazo derecho, el secretario de Estado de Justicia, José María Michavila, que, según los socialistas, es otro punto positivo de Acebes, pues “demuestra que sabe rodearse de gente valiosa, lo que dice mucho a su favor”.

Aparte de la fidelidad al líder y de su perfil político muy similar al de José María Aznar, Acebes cuenta con otra cualidad en su palmarés de aspirante primero al trono popular. De momento, su nombre no aparece vinculado a ninguna crisis o escándalo relacionados con el Partido Popular. Ni siquiera el último y más grave, el caso Gescartera, ha puesto a Acebes en el punto de mira de la oposición, que, especialmente en el caso de Izquierda Unida, barajó los nombres de prácticamente todos los ministros como posibles citados a declarar en la comisión de investigación del Parlamento. Incluso Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda, el tecnócrata que parecía intocable en su austero perfil de hombre de José María Aznar, ha visto mermado su prestigio a pasos agigantados según se va desenredando la madeja de la estafa de la agencia de valores. “Pero no hay duda de que aquí, el que sale peor parado es Rodrigo Rato”, aseguran en círculos cercanos a La Moncloa y es que el vicepresidente y ministro de Economía ya no tiene muros de contención de responsabilidades entre los encargados directos de Gescartera y su propio departamento (ver, Rato, sin escudo), y Montoro no está dispuesto a cargar con el muerto, que en realidad, tras la dimisión de Valiente, ya son dos, “uno para Montoro [el ex secretario de Estado de Hacienda, Enrique Giménez-Reyna] y otro para Rato”, la ya ex presidenta de la CNMV.

Así, mientras la mayor parte del Gabinete Aznar se sume en la incertidumbre de si habrá una remodelación inminente que limpie cualquier atisbo de la ya larga lista de crisis y enfrentamientos pasados (un pastel de vacas locas, Tireless, orujo, caso Formentera, peste porcina, caso Ercros, legionella, derrota en Euskadi, falta de acuerdo pesquero,…, aderezado con la guinda envenenada de Gescartera), Ángel Acebes se mantiene al margen con sus éxitos profesionales a cuestas –aparte del Pacto de Estado para la Justicia, en su corta etapa al frente de Justicia, ha logrado poner en marcha la Ley de Enjuiciamiento Civil, la Ley Penal del Menor y las reformas legales para luchar contra la violencia doméstica y para reforzar la lucha contra ETA y su entorno– y disfrutando del mayor tiempo posible, que no es mucho, en su vida privada. El ministro de Justicia, que considera a su familia su mayor apoyo, está casado y tiene una hija y un hijo, de 15 y 12 años respectivamente. Algo “soso y monótono” en cuanto a aficiones y costumbres, entre las que destacan la lectura, las largas conversaciones con sus amigos, el tenis o el mus, sus allegados destacan su timidez, su gran sentido del humor y su prudencia. Por eso, añaden, detesta que le señalen como posible sucesor de José María Aznar, es más, niega tajantemente que exista algo similar a una carrera sucesoria en el Partido Popular, “como si no fuese con él o no se enterase de nad

El “factor Blázquez”

Dicen de Feliciano Blázquez, diputado del PP por Ávila, que todo lo que toca lo convierte en oro. Este Midas del PP aconsejó e impulsó a José María Aznar cuando éste despegó en Ávila en 1982, con 29 años y recientemente investido delfín de Manuel Fraga. Creyó en él desde el primer momento y se convirtió en su mentor político, pues, aunque entonces Blázquez se limitaba a ejercer su profesión de médico como jefe del Servicio de Reanimación del Hospital Nuestra Señora de Sonsoles, de Ávila, accedió a la petición de Aznar de hacerse con el mando del partido y de nombrarlo presidente provincial de la entonces Alianza Popular (AP). Quedaba mucho por hacer, porque entonces los afiliados populares en Ávila no llegaban a las doscientas personas. A partir de ahí, Blázquez creyó en el futuro Aznar, para el que auguraba grandes éxitos políticos, y Aznar confió en Blázquez, que le orientó hasta que accedió a la Presidencia del Gobierno en 1996. Hoy, la amistad entre el jefe del Ejecutivo y el médico abulense continúa inquebrantable y, de vez en cuando, a José María Aznar le apetece regresar a Ávila e invitarlo junto a su mujer, Elena Sánchez, a comer en el restaurante El Rastro.

Pero Feliciano Blázquez también apoyó y aconsejó al hoy ministro de Justicia en sus inicios y en esta inclinación, incluso entre compañeros de su propio partido, se ve una señal indiscutiblemente premonitoria del ascenso de Ángel Acebes hasta La Moncloa. El propio Blázquez nunca lo ha descartado, pues cree en el éxito imparable del titular de Justicia como en su día creyó en el de un jovencísimo José María Aznar, que empezó a ganarse los votos de los ciudadanos repartiendo papeletas con su foto en El Barco de Ávila. Todos los líderes del PP, sin excepción, reconocen la influencia de Blázquez sobre José María Aznar e, incluso, Francisco Álvarez-Cascos, llegó a decir de él que “cuando el presidente me encarga algún asunto y me dice que lo ha propuesto Feliciano, cumplo sus órdenes sin rechistar”. 

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