¿ ARDE GALICIA ?
Dos conselleiros amenazan con dimitir si Fraga cesa a PalmouLejos de cerrarse, la crisis en el PP gallego se ha tensado en las últimas horas. Dos conselleiros de Fraga han amenazado con irse si finalmente cae el "número dos" del PP gallego, el secretario general José Palmou, como exigen los rebeldes ourensanos
El relevo de Palmou podría costarle caro al Ejecutivo de Manuel Fraga, ya que junto con el "número dos" del PP gallego podrían irse el conselleiro de Pesca, López Veiga, la titular de Familia, Pilar Rojo y el propio Palmou, que ocupa la cartera de Justicia.
El próximo capítulo será el martes, día previsto por Fraga y Palmou para reunirse antes de que el comité ejecutivo refrende el miércoles los nombramientos del congreso de la semana pasada, el cónclave que eligió a Palmou como secretario general del PP gallego. Aunque es poco probable que el presidente fundador determine el cese de su secretario general, elegido en el último congreso del PP gallego, fuentes populares reconocen que, pese a las presiones de la dirección nacional, la continuidad de Palmou como "numero 2" en Galicia a medio plazo es imposible, porque su defenestración es una de las condiciones impuesta por los rebeldes ourensanos, Baltar, Cuiña.
Ayer, el presidente del partido, Mariano Rajoy, lanzó varios avisos al presidente de la Xunta sobre la necesaria continuidad de José Palmou como secretario general del PP en Galicia, y sus advertencias tuvieron respuesta. Fraga le contestó veladamente diciendo que agradece a Rajoy sus opiniones, pero que espera la misma actitud por su parte.
El fundador del PP reconoció que ya había hablado con el presidente del partido de este tema y dejó entrever que la dirección nacional conocía ya su intención de cesar a Palmou, por lo que la salida de éste parece cuestión de tiempo. (*) Publicado en LA CADENA SER.01.11.04
Fraga admite el posible relevo del hombre de Rajoy en el PP gallego
Manuel Fraga dio ayer un nuevo paso en su distanciamiento de la dirección nacional del PP para asumir las principales demandas del sector crítico del partido en Galicia. El presidente de la Xunta admitió la posibilidad de que "en cualquier momento" reclame su abandono del cargo al secretario general del PP gallego, Xesús Palmou, ratificado hace sólo seis días en el congreso regional del partido.
Frente a la postura de Fraga, Palmou volvió a recibir ayer el respaldo pleno del presidente nacional del partido, Mariano Rajoy, a quien ha permanecido fiel en todas las disputas internas. El sector crítico asegura que ha logrado un acuerdo con Fraga para relevar al secretario general antes de fin de año. El sustituto sería Xosé Crespo, alcalde de Lalín (Pontevedra).
La confesión de Fraga de que está meditando el relevo del secretario general reelegido el pasado domingo en una candidatura que logró el apoyo del 95,3% de los compromisarios al congreso, sembró el estupor en el sector del PP gallego afín a la dirección nacional. Dentro del propio Gobierno de Fraga, el consejero de Pesca, Enrique López Veiga, advirtió tácitamente de que se plantearía la dimisión en caso de que se pruebe que el presidente ha cedido ante los críticos. "Creo que eso será fruto de un acuerdo entre el señor presidente de la Xunta y el señor Palmou. Si fuese por presiones de otro tipo, a mí me pondría en una situación muy difícil".
Desde Biarritz (Francia), donde intervino en una conferencia junto al primer ministro galo, Nicolas Sarkozy, Rajoy fue muy claro al expresar su apoyo a Palmou: "Ha sido y es un extraordinario secretario general, y un hombre de enorme tradición en el partido. Yo estuve en el congreso y tuve la sensación de que la mayoría del PP gallego quiere que siga Palmou. Y estoy convencido de que es también lo que quiere Fraga". Rajoy había dedicado a Palmou palabras muy parecidas durante su intervención en la clausura del congreso del PP gallego, cuando fuentes del sector crítico ya aseguraban que habían alcanzado un acuerdo con el presidente para relevar al secretario general.
Pese a las declaraciones de Rajoy, Fraga no sólo no desmintió el pacto que invocan los críticos, sino que admitió la posibilidad del cese de Palmou, quien también es consejero de Justicia de su Gobierno. Aunque precisó que "de momento, no hay nada decidido", el presidente de la Xunta aludió a que las responsabilidades de Palmou en su Gabinete le pueden obligar a dedicarse por entero a la negociación de un pacto local con los ayuntamientos de la comunidad. "Es muy posible que yo exija a todos ahora dedicación más especial a un cargo principal, empezando por mí mismo", concedió Fraga, antes de agregar: "Es absolutamente obvio que una persona puede, en cualquier momento, dimitir, sobre todo si tiene que dedicarse a otro asunto".
El presidente confesó que no sabe si Rajoy entendería el relevo en la secretaría del PP gallego. Palmou, objetivo predilecto de los críticos desde hace meses, se fue ayer de viaje privado y no quiso hacer declaraciones, aunque fuentes próximas a él recordaron que ya ha pedido a Fraga en varias ocasiones que lo releve.
El presidente de la Xunta tampoco cedió en el pulso con la dirección nacional del PP sobre el procedimiento por el que se elegirá a su sucesor en el momento que corresponda. Fraga apoya que su sustituto como cabeza de lista electoral del PP gallego lo designe la organización regional en un congreso extraordinario, pese a que el secretario general, Ángel Acebes, advirtió hace unos días de que se trata de una competencia exclusiva de los órganos nacionales. Fraga admitió que la dirección nacional del partido siempre tendría la última palabra, pero matizó que si un congreso gallego tomase una decisión "clara y unánime", Rajoy no podría más que respaldarla. "Y mientras yo viva, procuraré que sea así", sentenció.
Los críticos reclaman ese congreso extraordinario para el momento en que se deba relevar a Fraga, próximo a cumplir los 81 años, con el propósito de presentar la candidatura de Xosé Cuiña, antiguo delfín del presidente de la Xunta y enfrentado desde hace tiempo a Rajoy.
De todos los políticos que Manuel Fraga ha conocido en su dilatada carrera, ninguno le ha resultado más digno de admiración que Joaquín Balaguer, ex ministro del dictador dominicano Rafael Trujillo y luego presidente democrático de ese país. Balaguer, que permaneció en el poder hasta los 89 años, cuando ya estaba casi ciego e inválido, es el "modelo a seguir", según declaró ayer Fraga durante un acto de hermanamiento con la ciudad dominicana de Santiago de los Caballeros.
Fraga, informa Europa Press, dijo admirar a Balaguer por "un conjunto de razones", entre las que citó "la grandeza extraordinaria de un hombre que superó los límites de la edad y de la salud para seguir sirviendo a su pueblo". Publicado en El Pais.30.10.04
Los rebeldes de Baltar apuestan por Cuiña como sucesor de Fraga
El Congreso del PP de Galicia que revalidó a Manuel Fraga como presidente del partido no resuelve la crisis interna. Un día después del Congreso, el sector rebelde ha lanzado la candidatura de Cuiña a la sucesión de Manuel Fraga. Su nombre no estaba entre los “referentes” del PP gallego de los que ayer habló Mariano Rajoy al proclamar candidato a Manuel Fraga.
Sólo han tenido que pasar 24 horas del Congreso que el PP gallego trató de definir como el de la unidad para que Baltar, presidente del PP de Orense y origen de la crisis interna que ha amargado a Manuel Fraga en las últimas semanas, vuelva a poner sus cartas sobre la mesa. En declaraciones a la SER asegura que su candidato para suceder a Fraga es Xosé Cuiña, y ya ha pedido a los demás sectores que también muestren sus preferencias y se sometan a un congreso extraordinario cuando toque.
Las declaraciones del presidente de la Diputación de Orense llegan un día después de que el presidente del PP, Mariano Rajoy, lanzara varios mensajes contundentes al sector crítico que representan Baltar y Cuiña. En su discurso de clausura del congreso gallego, Rajoy anunció que va a ejercer “sus responsabilidades” y que nadie en el PP “tiene el derecho de veto”. Para los que aún no tenían clara la preferencia de la dirección nacional del partido, Rajoy señaló al secretario general, Xesús Palmou y a los dos vicepresidentes de la Xunta, Xosé Manuel Barreiro y Alberto Núñez Feijoo como “los referentes del PP de Galicia" después de Fraga.
Ni una referencia hizo al diputado Xosé Cuiña, la baza del sector crítico del PP gallego, que tras el congreso está convencido de que Rajoy fue a Galicia a excluirles del liderazgo. Pero Baltar no está dispuesto a callarse ante las proclamas de Génova y asegura que tanto él como Ciuña asumen “los riesgos” que puedan correr en un congreso en el que se hable de la sucesión de Fraga. “¿Quién le tiene miedo al congreso?”, se preguntaba el líder del sector rebelde para a continuación contestar que sólo puede tener miedo alguien que no cuenta con el apoyo de la militancia, y cuya única posibilidad para convertirse en candidato sea la de la designación a dedo por parte de la dirección nacional.
El presidente del PP de Orense ha reconocido además que Xesús Palmou no era su candidato a ocupar la secretaría general de la formación y admite que ha tenido que aceptarlo porque así lo han pedido los otros tres presidentes provinciales y el propio Fraga.
Durante la entrevista en la Cadena SER, Baltar ha recordado en varias ocasiones sus resultados electorales y advierte de que si no hay consenso con Madrid en los temas que afectan directamente a Galicia, la última palabra la debe tener el PPdG. Sobre las listas electorales de Orense, Baltar ha asegurado que como siempre, las debatirá con el presidente de la Xunta. (La Cadena SER.24.10.04)
La conjura de los virreyes
Un aire tedioso de bostezos y sudores gravitaba, el pasado 13 de junio, sobre los colegios electorales de las ciudades y las villas costeras de Galicia. Los ciudadanos de la franja urbana de la comunidad, la más próspera, joven y activa, teóricamente también la más europeísta, buscaron el alivio del mar en ese domingo caluroso y se desentendieron de la suerte del Parlamento de la Unión Europea. Mientras la Galicia desarrollada se daba a la molicie, las colas ante los colegios hervían en lugares como Nogueira de Ramuín, en la Ribeira Sacra del río Miño, entre Ourense y Lugo, un municipio de 2.500 habitantes desperdigados en un sinfín de aldeas y con una edad media de 53 años. En Nogueira, donde empezó su carrera política José Luis Baltar, presidente del PP de Ourense, las elecciones europeas prendieron el fervor popular. Siete de cada 10 inscritos en el censo acudieron a las urnas. El 77% de ellos votó al PP.
El fenómeno se repitió en Ourense y Lugo, las dos provincias más rurales y con menor renta de Galicia, donde los índices de participación el 13-J superaron hasta en 20 puntos porcentuales a los de las ciudades, siempre con resultados abrumadores a favor del PP. Ese domingo de playa para tantos miles de gallegos no se detuvieron las maquinarias electorales de Baltar o del presidente de la Diputación de Lugo, Francisco Cacharro. En cada pueblo se puso en marcha la flotilla de coches para "sacar votos de debajo de las piedras", como dice a menudo el presidente de la Xunta, Manuel Fraga. "Nuestros coches facilitan el transporte a los electores que viven en lugares aislados y que, en muchos casos, son ancianos e impedidos", explica un dirigente de Ourense. "El PSOE y el Bloque tratan de hacer lo mismo, pero la gente, que vota lo que quiere, no se sube con ellos".
A esa modalidad de transporte electoral se le llama carrexo, acarreo, un vocablo clásico del diccionario político de Galicia. O Carrexa decía llamarse el hombre que hace un par de años fue introducido por el entonces alcalde del PP en O Porriño (Pontevedra), José Manuel Barros, a un locutor de la radio pública autonómica durante la retransmisión en directo de una romería.
-¿Y qué carrexa usted -preguntó el locutor.
-Normalmente, muertos, porque tengo una funeraria. Pero en elecciones, también carrexo vivos.
-Para todos los partidos, supongo.
-De eso nada. Sólo para el Partido Popular.
Procesos judiciales
El carrexo ha originado unos cuantos procesos judiciales. Para ilustrar las denuncias, los interventores socialistas y nacionalistas acuden a los colegios de algunas zonas provistos de equipos de fotografía. En las autonómicas de 2001, el entonces presidente del PP de Lugo, José Luis Iravedra, les amenazó durante un mítin: "Que se anden con cuidado, a ver si les rompen las cámaras".Después de que su ejército de agentes electorales peinase hasta la última pista forestal de la provincia de Ourense, Baltar presentó la noche del 13-J el mejor resultado del PP en las cuatro circunscripciones gallegas, el 55,86% de los sufragios, 10 puntos porcentuales más que en Pontevedra, el feudo del presidente nacional del partido, Mariano Rajoy. Con ese "zurrón cargado de votos", como lo describe él mismo, se presentó Baltar ante Fraga, hace un mes, para anunciarle que iba a dejar el partido, harto del acoso de "los de Madrid" y del sector del PP gallego aglutinado en torno a Rajoy, la facción que uno de los colaboradores del líder ourensano describe como "los que van a pedir el voto a la aldea calzando zapatos de 300 euros". El gesto de Baltar sirvió para escenificar descarnadamente ante el público el cisma interno del PP gallego y para corroborar que la última columna que sostiene el entramado, Manuel Fraga, es un hombre de 81 años, sin sucesor a la vista y debilitado política y personalmente. Todo un sistema de poder, forjado en la transición, parece haber entrado en crisis.
"Yo no creo en el voto cautivo, hay carrexo porque la gente se deja carrexar", precisa Carlos Mella, economista, que fue vicepresidente de la Xunta en un Gobierno encabezado por Alianza Popular. "Pero esto, sin duda, es una forma de caciquismo. La crisis afecta a un partido que entiende la política a la antigua, a una concepción del poder como dispensador de favores y a un electorado que decide su voto en función de pequeños regalos particulares". El diagnóstico sólo difiere en su caracterización técnica del que suscribe Ramón Maiz, decano de Ciencias Políticas de Santiago y estudioso del fenómeno: "Más que caciquismo, que es propio del siglo XIX, esto es un ejemplo clásico de clientelismo partidista. Lo propicia la falta de desarrollo y de atención de los poderes públicos, y echa raíces en comunidades pequeñas, donde es muy fácil identificar el sentido del voto de cada uno".
Las apelaciones al clientelismo son constantes estos días, incluso entre comentaristas próximos a las tesis oficiales del PP gallego. Se habla de un partido, el de Rajoy, renovado, moderno y liberal, espejo de la Galicia urbana del siglo XXI y víctima de la conjura de los viejos barones rurales que ven amenazados sus privilegios. Dos mundos que han colaborado desde 1981, cuando los populares consiguieron en los comicios autonómicos gallegos su primera victoria electoral en toda España, y que no siempre han sido tan distintos. Entre los aliados de Rajoy ha habido gente como José Castro, ex alcalde de Ponteareas (Pontevedra), inhabilitado por repartir ilegalmente decenas de puestos de trabajo entre militantes del PP, o Romay Beccaría, ex ministro de Sanidad, quien en sus tiempos de consejero de Agricultura iba por los pueblos para entregar personalmente, talón en mano, las ayudas a los labradores.
Sobre unos y otros ha reinado Fraga desde 1989, cuando llegó a Galicia para sofocar un conflicto interno "en una derecha en desbandada, que suspiraba por un jefe", como recuerda Mella. Un reinado indiscutible, a condición de compartir el poder con una especie de virreyes territoriales crecidos en una comunidad donde la dispersión poblacional siempre ha propiciado el localismo. Un sistema que el portavoz del BNG en el Parlamento autónomo, Xosé Manuel Beiras, definía hace unos días dirigiéndose a Fraga: "Usted es como un rey de la Alta Edad Media, cuando el poder estaba en los feudos y lo tenían los señores feudales. El rey era uno de ellos, sólo que lo escogían como árbitro de sus disputas".
El clientelismo, explica Maiz, fue el "instrumento político que adoptaron los notables locales de la derecha en Galicia" tras la caída del franquismo. Muchos de ellos se adhirieron a Fraga, quien en sus peores momentos de impopularidad durante la transición lograba en su tierra de origen la mitad de la representación parlamentaria de AP en toda España. Cuando retornó a Galicia en 1989 para recuperar el poder perdido durante dos años por la fractura interna que había derivado en una moción de censura, Fraga entendió que la paz no se lograría sin preservar los derechos territoriales de los barones. Uno de ellos era Cacharro Pardo, senador en todas las legislaturas desde 1979 y presidente de la Diputación de Lugo. Cacharro negó al fundador del partido el deseo expresado públicamente de encabezar la lista de las autonómicas de 1989 por su provincia natal, Lugo. "Es mejor que don Manuel vaya por A Coruña", aconsejó Cacharro. Cuatro años atrás, ya había alterado a última hora y sin previo aviso la candidatura provincial elaborada por la dirección del partido. José María Ruiz-Gallardón fue entonces a verle como emisario de Fraga. "Lo mandé al carallo", relataría Cacharro, años después, al periodista José de Cora. "Le dije: 'Me puedes abrir siete expedientes, que me trae sin cuidado".
La peor situación que encontró Fraga estaba en Ourense, donde competían la derecha clásica de AP y la plataforma ruralista político-empresarial de Eulogio Gómez Franqueira, fundador de las cooperativas agrarias Coren, la primera industria de la provincia. Franqueira, galleguista en su juventud, había estado en UCD y, tras la desintegración, fundó Coalición Galega, "un partido que se decía nacionalista y en él que no veías un nacionalista ni de coña", ironiza Mella, uno de sus dirigentes.
-¿A ti de dónde te viene el galleguismo? -preguntó un día Mella a un compañero.
-Pues de que antes tenía 30.000 pollos y ahora 300.000.
José Luis Baltar, un maestro rural que se pagó la carrera trabajando de revisor de autobús y de vendedor de piensos y gaseosas, llegó a la política a través de Coren, para la que dirigió una granja en Nogueira de Ramuín. Ascendió de alcalde a presidente de la Diputación, y a partir de 1991, cuando negoció el ingreso en el PP de su partido, Centristas de Galicia, último residuo de la herencia de Franqueira, vivió sus años de esplendor a la sombra de Fraga. Hoy, sólo uno de sus 17 diputados provinciales no tiene algún hijo trabajando para la institución, codiciada fuente de empleo en una provincia donde una de cada cuatro personas ocupadas cobra del sector público. Entre las conquistas de Baltar están las mayores marcas electorales del PP gallego, el no perderse ni un entierro en la provincia o las nutridas colas de ciudadanos que acuden a solicitarle favores. "Hay veces que atiende en cuatro despachos a la vez", dice un colaborador. "Él sabe escuchar, y la gente le pide ayuda hasta para curar una vaca enferma".
En los años dorados del fraguismo, Baltar hizo causa común con Cacharro y con Xosé Cuiña, el hombre al que el presidente entregó la secretaría del PP gallego. "Yo tuve que ganármelo todo. Mi padre era molinero, no presidente de una Audiencia o de una Diputación", solía decir Cuiña a sus amigos, en alusión inequívoca a los orígenes familiares de sus rivales Rajoy y Romay. Cuiña empezó de concejal en su pueblo, Lalín (Pontevedra), y acabó a la diestra de Fraga con ambiciones de sucederle. En el pináculo de su poder se permitió marginar a Rajoy, quien ya era un miembro destacado de la dirección nacional del PP, proclamar la soberanía de la organización regional y exacerbar el mensaje galleguista de Fraga hasta situarse "al borde de la autodeterminación". Con Cuiña al mando y repartiendo inversiones desde la consejería de Obras Públicas, los virreyes estaban a gusto, y la maquinaria regional del partido sólo aparecía para imponer disciplina y organizar las elecciones.
Todo el mundo se acordó de Cuiña cuando estos días, en medio de la crisis, el consejero de Pesca, Enrique López Veiga, afín al sector de Rajoy, aludió a compañeros de partido que "se han enriquecido en paralelo a la política". Las noticias sobre el crecimiento exponencial del holding de empresas de Cuiña, dedicado a la venta de materiales para la construcción, se conocían desde hace una década por diversos reportajes de prensa. En el PP no hubo respuesta hasta diciembre de 2002, con el nunca máis resonando multitudinariamente, cuando Cuiña trató de distanciarse de la gestión del Gobierno de Aznar ante la catástrofe del Prestige y, en medio de una disputa interna que paralizó a Fraga, reavivó sus ambiciones sucesorias frente a los hombres de Rajoy. En esos días, la cadena SER divulgó que una de sus empresas había vendido una partida de botas de agua, por un valor de 45.000 euros, para la limpieza del chapapote. El consejero de Obras Públicas no se lo creía cuando Fraga, en contacto con Rajoy, le forzó a dimitir. Tampoco Baltar, quien argumentó: "Con todo lo que ya se sabía de antes, no se entiende que ahora le hagan esto por 45.000 euros". Y previno a los suyos: "Atentos, que vienen con la segadora".
En aquellos días, Fraga sufrió la primera gran batalla interna y también su primer desvanecimiento en público. Desde entonces, la fractura no ha hecho más que agravarse hasta poner al partido al borde de la escisión. La crisis se ha resuelto momentáneamente con un acuerdo que es un arcano, tras algunas citas nocturnas en coches o en lugares desconocidos, con ese tipo de diálogos entre gente que se conoce desde hace mucho y está en condiciones de advertir del riesgo que corren los navegantes solitarios. "Pero el partido está roto por dentro", sostiene Nieves Lagares, profesora de Políticas en Santiago y autora de una tesis doctoral sobre el PP gallego. "Lo que falta por ver es cómo se materializa la ruptura".
Medio año atrás, en un mitin de la campaña del 13-J, Fraga evocaba el himno del PP gallego, una canción de Juan Pardo titulada Xuntos, para mandar un aviso a los suyos: "Juntos seremos siempre fuertes. Separados nos vamos al carallo".
Un sitio distinto para el PP
LA SEMILLA DE LA DISCORDIA estaba plantaba desde su nacimiento en el PP gallego. Según el diagnóstico de la profesora Lagares, la crisis que estalla ahora es sólo la manifestación de las "tensiones originarias" latentes durante años. "Hay una tensión organizativa, porque el modelo de desarrollo del partido desde su nacimiento fue territorial", apunta Lagares. "También de liderazgo, al flaquear la figura de Fraga como punto de equilibrio entre tendencias; e ideológica, ya que aparecen dos grupos con intereses distintos que defienden, por ello, ideas distintas, unos más galleguistas, otros más centralistas".
Lagares certifica la ruptura interna, aunque considera difícil que el escenario sea el del congreso regional que se celebra el próximo fin de semana y en el que deberían plasmarse algunos de los acuerdos, hasta ahora ignotos, alcanzados entre Fraga y lo que él mismo, tras sofocar la revuelta, ha calificado de "ejemplar grupo orensano". El precario equilibrio se pondrá a prueba en esa cita y, un año más tarde, en la elaboración de las listas para las elecciones autonómicas. Siempre que a Fraga no le fallen "el ánimo y las fuerzas", como ha dicho Rajoy, para ser candidato a la presidencia de la Xunta en 2005.
Otro profesor de Políticas de Santiago, Pedro Puy, que es director general en la Consejería de Presidencia de la Xunta y ha trabajado en los documentos para el inminente congreso del PP, no niega la crisis, pero le resta dramatismo. "El PP agrupa todo el espacio del centro-derecha en Galicia, con sus distintos matices, y es lógico que se produzcan tensiones, que se discuta si debe haber más o menos autonomismo", argumenta. "Pero estos sectores son perfectamente capaces de convivir". La imagen de un partido troceado en feudos territoriales personalistas es, según Puy, la de la etapa anterior a la llegada de Fraga.
Para Puy, hablar del poder del clientelismo es "poner en duda la soberanía de los votantes. Lo que ocurre es que las otras fuerzas políticas no han podido competir con la maquinaria de partido del PP y con liderazgos tan próximos al ciudadano como los suyos". Otro factor que apunta Puy es la asunción de un tipo particular de galleguismo, "que no es patrimonio de ningún sector, sino de todo el partido, y que ha hecho del PP de Galicia un modelo propio de entender el Estado de las Autonomías y adaptarse a una nacionalidad histórica".
Con todo, los analistas del PP gallego no ocultan que el partido está en claro retroceso entre el electorado joven y urbano.
(*) Publicado en Suplemento dominical El País.17.10.04
VEIGA ACUSA A LOS REBELDES DEL PP GALLEGO DE ENRIQUECERSE CON LA POLÍTICA
El presidente del PP de Ourense y líder de un grupo de rebeldes orensanos que han organizado una crisis en el Gobierno gallego ha abierto hoy la posibilidad de dar marcha atrás en las pretensiones que ha planteado al presidente de la Xunta, Manuel Fraga, si se queda si apoyos entre los alcaldes de su provincia. Por su parte, el conselleiro de pesca, Enrique López Veiga, ha asegurado que “muchos” de los que están en “todo este proceso” han visto aumentado su patrimonio “paralelamente a su vida política" y que han planteado la crisis por “motivos personales y no ideológicos”, y eso "la gente lo sabe".
"Si no tengo apoyo, no me quedará otra que dar marcha atrás", ha dicho Baltar. Es la primera vez que el presidente del PP ourensano reconoce que podría ceder en esta crisis que ha abierto entre los populares gallegos. Y lo hace aludiendo claramente a los alcaldes de la provincia, algunos de los cuales ya se han puesto públicamente de su lado. En todo caso, ha querido dejar claras dos cosas. La primera, que “las negociaciones” con Manuel Fraga “van por buen camino” pese a las diferencias. Y la segunda, que “nadie va a ir contra Fraga” en el congreso regional del partido, que se celebrará después del Congreso nacional del PP que se celebra este fin de semana. "Es evidente que si Fraga decide una lista, a los demás no nos queda más remedio, porque sabemos que además hay que aceptarla porque si votamos en contra vamos a perder", ha dicho. Ayer ya dejó claro que no cuestiona a Fraga como líder del partido en la región, sino que pedía “democracia y consenso de Fraga para abajo”.
Críticas a los rebeldes
Las declaraciones de Baltar se producen al mismo tiempo que las del conselleiro de Pesca, Enrique López Veiga, que ha criticado sin mencionarlos a los diputados rebeldes. Veiga ha asegurado que, al contrario que él, “otros” han experimentado aumentos de su patrimonio desde que ostentan cargos oficiales. Veiga respondía así a Baltar, que ha achacado la defensa de Fraga que ha hecho Veiga estos días a que veía “en peligro” su puesto de conselleiro. “Yo soy de los que no tengo miedo", ha dicho, recordando que en los puestos de Gobierno "se está para servir y no enriquecerse". “Los que no hemos tenido ningún proceso de enriquecimiento paralelo a nuestra vida política no tenemos ningún problema, mientras que otros han experimentado un notable aumento del patrimonio", ha dicho en referencia a los rebeldes, que a su juicio, actúan por motivos "que no tienen nada de ideológico, sino personal".
Aunque no lo ha mencionado, Veiga podría referirse al ex secretario general del PP gallego, Xosé Cuiña, única víctima política del hundimiento del Prestige tras conocerse que empresas de su familia obtuvieron negocio de la limpieza del fuel. Cuiña acompañó por sorpresa el lunes a Baltar a una reunión con el presidente Fraga en un nuevo intento por zanjar la crisis. Cuiña, llamado a ser el delfín de Fraga, fue obligado a dimitir a raíz del hundimiento del petrolero. Desde ese momento, los barones regionales del PP consideraron que se habían quedado sin su hombre fuerte, mientras que se dio entrada en la Xunta a dos personas vinculadas al actual líder del PP, Mariano Rajoy.
Finalmente, el conselleiro ha insistido en que Manuel Fraga cuenta con el apoyo de 35 ó 40 diputados. "El resto no es democracia, el resto se llama de otra manera", ha sentenciado López Veiga, que entiende que la revuelta es cuestión de la "opinión de cuatro o cinco".
(*) Publicado en El País.30.09.04
Los rebeldes del PP de Ourense mantienen firme su amenaza de romper con el partido
Las Jóvenes promesas PPopulares
El futuro del PP y del Gobierno de Galicia pende del hilo sobre el que hoy se deslizarán dos hombres a punto de romper una amistad personal y una alianza política que duró 15 años. Para el presidente de la Xunta y fundador del PP, Manuel Fraga, será una cita casi dramática porque está en juego el modo en qué concluirá su vida política. Fraga tendrá que convencer a su interlocutor, el líder del PP de Ourense, José Luis Baltar, de que desista de abandonar el partido para fundar una nueva formación política regionalista.
Anoche, más allá de los mensajes optimistas que se transmitían desde algunos medios oficiales para minimizar el alcance mediático de la crisis, en la dirección del PP de Ourense aseguraban que se mantenían firmes en su pulso.
Sometido desde hace una semana a las presiones contrapuestas de los barones provinciales del PP gallego, que desean forzar una salida pactada, y a la voluntad de la dirección nacional del partido de no ceder ante los rebeldes, Fraga huyó durante el fin de semana del viciado aire que se respira estos días en Santiago. Pasó el viernes y el sábado de cacería en Palencia y ayer, a su regreso, reanudó los contactos políticos para preparar la reunión de hoy con Baltar, cuando termina el ultimátum del PP de Ourense. Baltar ya le había anunciado a Fraga el pasado lunes que se disponía a abandonar el partido porque consideraba que la dirección del PP y los aliados gallegos de su secretario general, Mariano Rajoy, le estaban arrinconando. Ante la insistencia de Fraga, el líder de los populares de Ourense y presidente de la Diputación Provincial concedió una semana de plazo antes de confirmar públicamente la escisión.
Fraga se reunió ayer por separado con sus dos vicepresidentes. Ambos, también por separado, habían mantenido en los últimos días contactos personales con Baltar. Los dos, nombrados hace tres semanas, no representan la misma línea política en el PP gallego. El primero, Alberto Núñez Feijoo, está plenamente identificado con la dirección nacional del partido y sus adversarios lo consideran el hombre de Rajoy en la crisis, en la que ha asumido un gran protagonismo. El segundo, Xosé Manuel Barreiro, es más proclive a un entendimiento con los barones provinciales, en cuyo entorno comenzó su carrera política, y ha actuado desde un segundo plano.
Según fuentes del PP de Ourense, las gestiones de Barreiro y Núñez Feijoo ante Baltar no ofrecieron resultado. La misma versión asegura que el encuentro con Núñez contribuyó a tensar más el clima. Mientras Baltar guarda silencio, en su entorno aseguran que su postura es firme, ya que piensa que Fraga no tendrá margen de maniobra para ofrecerle una satisfacción suficiente. Algunas fuentes de la Xunta y de la dirección del partido transmitían, por el contrario, que el acuerdo aún es posible y que a los rebeldes les están fallando los apoyos. Pero también en estos medios se hacían confesiones pesimistas desde el anonimato. La versión sí era coincidente al asegurar que la dirección del PP no está dispuesta a hacer más concesiones que garantizar la cuota territorial de Baltar y prometer que no habrá represalias.
El propio Rajoy, en una entrevista en Abc, advirtió ayer de que "el peor coste" para el PP no sería la ruptura sino "no hacer aquello que los ciudadanos perciban como serio".
(*) Publicado en la edición digital de El País.27.09.04
EL PP DE FERROL, MANUEL FRAGA IRIBARNE Y ROMAY BECCARIA
Juan Juncal Rodríguez, el nuevo presidente del PP local de Ferrol, agradeció al ex presidente del PP de A Coruña, José Romay Beccaría, su apoyo y dijo "estar donde está" gracias a él. Sin embargo negó que Romay Beccaría impulsase su candidatura. Como se recordará en el reciente Congreso del PP de Ferrol, Juncal Rodríguez derrotó a Gonzalo Antón, el candidato que contaba con el apoyo del aparato del partido y al que Manuel Fraga había señalado públicamente como su preferido. De los cuatro congresos locales celebrados hasta el momento tan sólo Juan Juncal ha logrado derrotar al candidato oficial. "Lo importante no ha sido la diferencia de votos, sino contra todo lo que tuvimos que luchar porque en la lista oficial estaba toda la gestora y otros cargos públicos", comentó Juncal Rodríguez, un día después de haber conseguido el puesto (Junio 2000).
CACHARRO DIXIT
El presidente de la Diputación de Lugo y senador popular, Francisco Cacharro Pardo, denuncia que fue víctima de una campaña de crítica "desde algún ámbito del partido de Madrid" para conseguir que no se presentase a la reelección como máximo dirigente de los populares lucenses, en el Congreso que se celebrará el próximo día 7 de octubre. En una entrevista periodística afirma que tomó la decisión de no seguir como presidente provincial del PP -cargo que ocupó de forma ininterrumpida desde 1985- tras una conversación que mantuvo con el ex secretario general del PPdeG y conselleiro de Política Territorial, Xosé Cuiña, "por encargo" de Manuel Fraga. En este sentido, manifestó que mantuvo previamente conversaciones con Javier Arenas y Xesús Palmou -ambos secretarios general del PP nacional y el gallego- pero "no se llegó a ninguna conclusión". Según dijo, optó por proponer el "tándem" formado por José Luis Iravedra y José Manuel Barreiro para dirigir el partido, tras el encuentro con Cuiña. Cacharro Pardo considera que es una "injerencia" que le obliguen a renunciar a la presidencia del PP de Lugo al imponer una incompatibilidad que "está al margen de los estatutos" del Partido. También denunció que se produjeron "determinadas filtraciones" desde el PP de Madrid, "interesadas, en tono de crítica y de deterioro" contra él, como sucedió "con Cuiña y José Luis Baltar", presidente del PP de Ourense, que se presentará a la reelección. Advirtió que no tiene "muy buena opinión de los renovadores, porque siempre hablan de renovar a los demás pero no se aplican el cuento a sí mismos". Finalmente, apostó "dentro del panorama político gallego y del PP", por el actual conselleiro de Política Terriotorial, Xosé Cuiña, como el dirigente más cualificado que hoy tiene el PP" para la sucesión de Manuel Fraga (Septiembre 2000).
FRANCISCO CACHARRO ADMITE QUE "NO SE HABLA" CON EL PRESIDENTE DEL PP DE LUGO
La tirantez de las relaciones en la cúpula del Partido Popular de Lugo toman carácter oficial. El presidente de la Diputación, Francisco Cacharro, admitió la "escasa comunicación" que mantiene con el máximo responsable del partido en la provincia, José Luis Iravedra. Hasta ahora, tanto la dirección provincial como la ejecutiva regional intentaron mitigar las discrepancias, limitándolas a meras diferencias que se producen en los debates internos de todo partido. Pero ahora, Cacharro reconoció sin lugar para las dudas la trinchera que le separa de Iravedra: "Mantengo poca comunicación con él y él conmigo". "Una cosa es no hablar y otra no hablarse. Yo no me hablo con él, pero últimamente hablamos poco o casi nada", añadió el presidente de la Diputación. Francisco Cacharro no quiso además desvelar si en el próximo congreso provincial del partido, que se celebrará posiblemente en abril, apoyará la reelección de José Luis Iravedra. Argumentó, para no dar explícitamente su respaldo, que todavía no se ha abierto el plazo para la presentación de candidaturas. Iravedra, que fue secretario de Organización cuando Cacharro presidía el PP lucense, lo relevó en el cargo cuando éste, por mandato del partido, se vio obligado a elegir entre la presidencia de la Diputación o la de la formación porque no podía sumar los dos cargos al de senador.
Como se recordará, las diferencias entre ambos quedaron patentes en las pasadas elecciones autonómicas, cuando el PP de Lugo celebró la noche electoral dos fiestas distintas por la mayoría absoluta revalidada por Manuel Fraga. En una, Iravedra sólo estuvo acompañado por apoderados mientras que en la de Cacharro, todos los candidatos le arroparon en un restaurante a las afueras de Lugo (Enero 2002).
EL PP EXPULSA A UNA EDIL QUE DENUNCIÓ CORRUPTELAS DE UN ALCALDE GALLEGO
El comité de garantías del PP gallego expulsa del partido a la edil de Sada (A Coruña) Elena Ramallo, quien denunció supuestas corruptelas en la gestión del alcalde de esa localidad y senador popular, Ramón Rodríguez Ares. Ramallo presentó el 23 de marzo una querella en el Supremo contra Rodríguez por los delitos de prevaricación y malversación de caudales públicos. La edil lo acusa de pagar con fondos públicos gastos de viajes particulares suyos, de una de sus hijas y de otros ediles del PP. El PP imputa a Ramallo 'varias infracciones muy graves y graves', al 'desobedecer' las directrices del partido y actuar 'de forma contraria a sus principios y programas'. '¿En alguna parte de los estatutos del PP dice que hay que amparar la corrupción?', señaló la edil tras conocer su expulsión (Abril 2002).
JESÚS ALMUIÑA PLANTEA A LA PRESIDENTA DEL PP LOCAL DE A CORUÑA QUE DEJE EL CARGO
El presidente provincial del PP de A Coruña, Jesús Almuiña, le ha planteado a Belén Docampo la conveniencia de que renuncie a la presidencia de la agrupación local del partido en la cuidad de A Coruña. En el transcurso de una conversación informal, Almuiña le ha trasladado el malestar que existe por la gestión del partido en los últimos tres años. Como Belén Docampo, que en el último congreso regional del PP perdió su condición de vocal en la ejecutiva gallega, no tiene pensado dimitir, el presidente provincial tiene la intención de convocar a la dirección provincial para disolver la agrupación y nombrar un gestora hasta la celebración del próximo congreso local, previsto para el próximo año.
Jesús Almuiña quiere cuanto antes conformar un equipo a su medida y ello pasa por apartar a Belén Docampo, que encabeza el partido en la ciudad más importante de a provincia y la segunda Galicia. Desde la dimisión de Romay como presidente provincial, el PP de A Coruña se ha visto inmerso en continuas refriegas internas (Junio-Julio 2002).
NOSOTROS VAMOS A POR MÁS Y TU?
© Copyright. 1998 - 2004. www.losgenoveses..net. Ningún derecho reservado. Aquí es todo de gratis y sin comisiones
( Página diseñada para ver con Explorer 5 o superior a 1024 x 768 píxeles )