DE CUNERO POR ÁVILA A PRESIDENTE DE LA JUNTA   

Para lograr este objetivo, comienzo a diseñar y ejecutar una eficaz política de acercamiento a los dirigentes provinciales, empresariales y mediáticos de la región, pero sobre todo decido apoyarme en personajes que dicen son de dudosa trayectoria pero con tirón electoral en determinadas ciudades de la C. Autónoma (León, Burgos, etc). En este contexto tuve un enfrentamiento con Rodolfo Martín Villa , entonces del PDP, por su intento de ser candidato a la Presidencia de Castilla y León. Menos mal que estaba por allí mi buen amigo José Mª Cuevas que en el conflicto no duda en mediar a mi favor. Siempre le quedaré agradecido y él lo sabe.

Tras este atajo apañado con propios y extraños tuve que sortear con imaginación y complicidad
el Estatuto de Autonomía de Castilla y León que exigía estar empadronado en alguno de los municipios  para poder adquirir la condición política de castellano-leonés . Con mi astucia proverbial no se me ocurrió otra que empadronarme en la ciudad de Ávila que por otro lado conocía a través de sus famosas yemas. Dicho y hecho .De acuerdo con el no menos astuto alcalde de la ciudad Mario Galán Pérez, se me extendió un certificado de empadronamiento con domicilio en la Plaza Santa Teresa 11, 3º sede de Alianza Popular en Ávila, que como cualquier persona con sentido común podría demostrar no era mi domicilio familiar . Por aquel entonces, yo y la parienta vivíamos en la ciudad de Madrid  1

Una vez lograda el empadronamiento y la nominación, accedo a la Presidencia de la Junta en julio de 1987, tras lograr resolver el desempate en escaños con el PSOE gracias al apoyo desinteresado de dos diputados del Grupo Mixto- uno del PDP y otro de S. Independiente de la provincia de Burgos - y la abstención del CDS.

Mi discurso de investidura.

El 20 de julio de 1987 pronuncie mi discurso de investidura. Como os podéis imaginar, además de obviedades , me propuse ofrecer todo aquello que había anunciado en mi campaña electoral :austeridad y ahorro en gasto público corriente, máxima profesionalización de la función pública, dotándola de independencia, neutralidad y eficacia, mínima centralización necesaria, mayor descentralización posible.

Anuncié un buen número de Proyectos de Ley que regularan todos los sectores que se me ocurrieron: 

Para que no se me pudiera criticar por ausencia de promesas, prometí impulsar y compartir cuantas acciones fueran necesarias para el fortalecimiento de la actividad parlamentaria, y manifesté mi voluntad de ampliar el techo competencial de la Comunidad mediante la reforma del Estatuto

Una vez que pasé el tramite de la investidura, me propuse lo más complicado: consolidar mi imagen pública.

Con este propósito, se multiplicaron los medios humanos y materiales puestos para la promoción de mi imagen:

  1. Vuelvo a crear la Oficina del Portavoz de la Junta, suprimida por los sociatas en 1987.

  2. Centralizo en Presidencia el gasto en publicidad y promoción de las diferentes Consejerías. Para ello tuve que hacer unos pequeños desvíos de programas de promoción de las actividades de la Junta (en turismo, cultura, conciencia regional, etc) hacia la promoción de mi figura como Presidente.

  3. Duplico en 2 años el gasto del área del Presidente.

Como os imaginareis esta política de imagen fue extraordinariamente eficaz, y me sitúo en la primera línea de la atención pública nacional, aunque me produjo numerosos conflictos políticos y profesionales.

El que más me dolió fue cuando tuve que cesar a mi Portavoz , Miguel Ángel Rodríguez, después de que todos los grupos parlamentarios, incluido el mío, firmaran un escrito reprobándole por causa de una ligera campaña - dicen que injuriosa - contra un procurador del PDP.

Con el tiempo, Miguel Ángel Rodríguez se vio envuelto con posterioridad en otros dos asuntos desagradables: la confección de unas supuestas "listas negras" de periodistas, y la edición de una novela suya para adultos dentro de una colección de novelas infantiles de una editorial beneficiada con diversos contratos de la Junta.

Al servicio de esta estrategia de consolidación de mi imagen pública, lanzamos algunas medidas espectaculares y quizá algo demagógicas en materia de contención de gasto público: la congelación de sueldos de los altos cargos y la supresión de las "Visas Oro".

En cuanto a la supresión del pago de gastos de representación mediante tarjetas de crédito, la medida fue muy comentada aunque se reveló pronto como carente de contenido profundo, ya que mientras el sistema de abono del gasto mediante tarjeta permitía un control exhaustivo del pagador y del motivo, el nuevo sistema que se nos ocurrió, permitió algunas arbitrariedades, entre las que no eran las menores las de asunción por altos cargos de gastos realizados por otras personas, o las de simultaneidad en el cobro de dietas y cargo de gastos de comidas u hoteles al mismo tiempo. Descubrimos, aunque ni se nos pasó por la cabeza denunciarlo, que , por ejemplo, que algunos de mis Consejeros cobraban dietas por sus desplazamientos a Fuensaldaña en coche oficial (sede de las Cortes, a 7 Km de la sede de la Junta en Valladolid), o, posteriormente, que cobraban dietas por asistencia a reuniones de sociedades integrantes de la Administración Institucional de la Junta.

En pesetas tampoco la medida fue demasiado eficaz. Con los socialistas se presupuestaron 18.861.000 ptas. En 1989, presupuestamos 19.855.000 pesetas.

Por otro lado, junto a las anteriores, mis primeras medidas se encaminaron al cumplimiento de aquellas promesas legislativas que suponían desmantelar el modelo de Administración Socialista. Lo primero suprimir los tres organismos autónomos creados en la legislatura anterior. Mas dificultades tuve, sin embargo, para presentar los diez proyectos que anuncie a bombo y platillo, y que pretendían regular de forma efectiva la actuación de la Comunidad en el ejercicio de sus competencias. Tan sólo se pudo aprobar uno: la ley de Acción Social y Servicios Sociales.

Pero para dificultades, las que me creo el proyecto de Ley de Presupuestos Generales de la Comunidad para 1988. Por primera y única vez en la historia de la Comunidad, y en una situación sin precedentes en España, un Proyecto de Ley de Presupuestos fue devuelto al Gobierno al prosperar una enmienda a la totalidad. No os quiero ni contar lo que me desagrado. Me vi obligado a alcanzar un acuerdo con los del CDS que pudiera salvarme la cara.

Otro de los escollos que tuve que superar, era todo lo relacionado con mi presencia en el Parlamento Regional. No me apetecía nada. Siempre he creído que es una perdida de tiempo. Creo sinceramente que el control por el Parlamento de la acción de Gobierno es una sobrecarga innecesaria. Ya se que no se debe decir, pero mi experiencia de estos años me lo confirma.

Durante el tiempo en que fui Presidente de la Junta de Castilla y León, hice todo lo posible por no comparecer ante el Pleno de la Cámara para celebrar un debate del Estado de la Región. Y el hecho cierto que así fue., a pesar de ser requerido insistentemente para ello por todos los Grupos Parlamentarios de la Oposición que ingenuamente pensaban que iba hacer lo que había prometido.

En esta misma línea, tampoco presenté comunicaciones específicas de la Junta, que posibilitaran debates globales y profundos sobre los temas de la Región, limitando mis intervenciones a la clausura de algunos debates sectoriales, cuando ya no existía por parte de los grupos parlamentarios posibilidad de interlocución o réplica. Así, además del imprescindible debate de investidura, mis dos años de Presidencia ocuparon en los diarios de sesiones de las Cortes de Castilla y León exactamente diez páginas y media, lo que equivaldría a una hora y media en total de intervenciones parlamentarias. Creo que por el momento no ha habido nadie que haya sido capaz de superarme.

Pero como es natural, algo tenía que hacer para ocupar el tiempo y que mejor- pensé- que dedicarme algo que siempre me ha atraído y además creo que tengo especiales virtudes: organizar a mi Partido y a la derecha regional según mis intereses. Y en eso no tengo rival.

Para que os podáis situar, cuando fui designado candidato a Presidente de la Comunidad Autónoma de Castilla y León, la situación interna de mi Partido era un tanto complicada: en León y en Burgos, intentábamos prescindir de los alcaldes Morano y Peña. En Palencia habíamos decidido sustituir como candidato a Francisco Jambrina, procesado por el secuestro y amenazas a un concejal del grupo Mixto.

El caso de la ciudad de Burgos era el que más me preocupaba ya que habíamos presentando una candidatura distinta a la de José Mª Peña en las elecciones municipales y esa circunstancia no me favorecía. Peña se presentó por un partido fantasma, Solución Independiente, (SI), que concurrió asimismo a las elecciones autonómicas. Me vi obligado a forzar la retirada de la candidatura municipal de mi propio partido en contra de la voluntad de los candidatos de AP, e impuse el apoyo a la lista de Peña.

Después de las elecciones, "SI" obtuvo un procurador por Burgos. La retirada estratégica de nuestra candidatura me obligó a buscar el apoyo del Partido de Peña que finalmente apoyó mi investidura , y más tarde se integró en nuestro Grupo en de las Cortes.

Desde entonces, este apoyo nada más que me ha dado quebraderos de cabeza. Y todo por la presencia y la participación de una persona, el constructor burgalés Antonio Miguel Méndez Pozo, quien se reunió varias veces conmigo y me vi obligado a pactar con el cuestiones que por poco me cuestan un serio disgusto político.

Como recordareis, el citado Méndez Pozo acabó siendo el principal acusado en el denominado " Caso de la Construcción ". Juicio que estuvo a punto de acabar con mi carrera política.

Pero no acabaron aquí mis compromisos con los " Independientes de Burgos ". Obligué a AP de Burgos a romper el acuerdo que manteníamos con CDS y PSOE en la Diputación Provincial, para forzar un acuerdo de gobierno con los hombres de Peña.

En León, tampoco las cosas fueron fáciles. Mi apuesta era el Independiente Juan Morano en contra de la opinión de mi Partido. Me costo lo mío conseguir que cambiaran de opinión. Pero al final se impuso mi lógica y Morano con el tiempo acabó siendo Alcalde y además Diputado al Congreso.

En otras provincias - Segovia, Salamanca, etc- me propuse el mismo objetivo. Recomponer como fuera y al precio que hiciera falta a toda la derecha regional,

En estas provincias ,Zamora me dio algunos problemas extras. En su Diputación Provincial, tuvimos que fichar a un tránsfuga, que nos garantizó la Presidencia de la Diputación. Si pudiera rebobinar , visto la que después se ha liado, no dudaría en hacerlo. Siempre he pensado que si pactas acuerdos inconfesables lo sensato y lo prudente es no dejar rastro. Y mucho me temo que en Zamora dejé demasiados.

En todo caso, estos dos años son decisivos para mi estrategia política. No pierdo el tiempo y logro que Fraga se fije en mi como posible candidato a la Presidencia del Gobierno, máxime considerando que la efímera y conflictiva experiencia de Antonio Hernández Mancha como Presidente Nacional no dio buen resultado.

Continua....

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