
" En el PP no hay
discurso no hay una dirección decidida, no hay un liderazgo que
diga, ¡señores, por aquí!....si ganan, y a este paso no ganan, ¿por
dónde irán?”
(Dixit Fedeguico Jiménez Losantos .07.03.06)
Eduardo
Zaplana, portavoz parlamentario del PP, protagonizó la conferencia
de dos días que celebran los populares sobre el modelo de Estado.
Zaplana, fuera de programa, hizo la siguiente reflexión personal sobre
el debate interno que se vive en el propio PP, y en el que se le sitúa
alejado de la línea oficial. "No comparto los discursos que hablan de
centrar el partido, porque no tenemos que ir adonde ya estamos. Si otros
se mueven, yo quiero estar donde siempre he estado y donde siempre he
estado cómodo. Donde estoy y donde estaré".
Eduardo Zaplana incluso se permitió animar a los suyos a no dejarse
llevar por el interés que tienen los rivales del PP en "confundir al
partido" y reclamó, como hacía habitualmente José María Aznar, que los
populares hagan su política "sin complejos".
Ninguno de los que le acompañaban en la mesa (Ángel Acebes, Esperanza
Aguirre, Pío García Escudero o Soraya Sáenz de Santamaría) entraron a
ese trapo lanzado por el portavoz en el Congreso, quien antes dijo:
"Quiero decir algo, y que me perdonen mis compañeros, porque me apetece
decirlo". También señaló que es falso que en todo este asunto del modelo
de Estado el debate sea de "moderación o radicalidad".
Hace sólo una semana, el líder del PP, Mariano Rajoy, al comentar los
resultados de la encuesta del CIS, muy positivos para su partido, habló
de ese centro y de la moderación en un sentido distinto: "La encuesta me
reconforta porque es el reconocimiento no sólo de que el Gobierno no
hace las cosas bien, sino también de que el PP ha dado con la estrategia
correcta y que la voluntad que yo llevo manifestando desde el verano de
ser un partido abierto al conjunto de los españoles, piensen como
piensen, de ser un partido que presenta alternativa, de ser un partido
moderado, reformista y de centro, es lo que quiere mucha gente", señaló
el líder.
El portavoz parlamentario elogió indirectamente al presidente de
honor del PP, José María Aznar, a juzgar por cómo comenzó su análisis
sobre el debate interno del PP: "Hay una cosa que me gustaría dejar bien
clara esta mañana, es que no tenemos que tener ningún complejo, ningún
complejo, en la defensa de nuestras convicciones. Ninguno
absolutamente", dijo con tono muy serio y mirando a los suyos. Zaplana
sostuvo además que él no ha cambiado de posición, que sigue en el centro
del que vino: fue miembro de la UCD. "Si otros se mueven, yo quiero
estar donde siempre he estado y donde siempre he estado cómodo. Donde
estoy y donde estaré. Y mantener lo que he dicho siempre. Que en
política ya llevo bastantes años, y una de las cosas que más orgullo me
produce es poder defender las mismas ideas o los mismos principios que
defendía en coyunturas distintas, bien distintas, hace algunos años",
dijo Zaplana.
Con respecto al debate sobre el camino hacia el centro del PP, el número
tres del partido, que no ha ocultado su oposición al pacto para reformar
el Estatuto de Andalucía, y antes el de la Comunidad Valenciana, lo que
le ha ocasionado una cierta distancia política del líder, insistió: "Hay
que darse cuenta de que esos discursos son producto de la manipulación
de nuestros rivales, con un interés claro por confundirnos".
www.elpais.es 02.12.06
Zaplana: "No intento ganarle a nadie ni a aznarista, ni a marianista; me
ganarán siempre"
Hasta ahora nadie había
hablado públicamente en el PP de la existencia de dos sectores: los
seguidores de Mariano Rajoy, el presidente, y de José María Aznar, el
presidente de honor. Ayer lo hizo Eduardo Zaplana, el portavoz del
partido en el Congreso, para responder ante la aparente distancia
política entre él y Rajoy a cuenta del pacto del Estatuto andaluz. "No
intento ganarle a nadie ni a aznarista, ni a marianista, porque seguro
que en ambos casos me ganarán siempre", señaló el portavoz, interpelado
sobre su reciente viaje a Colombia con Aznar y la FAES.
Las preguntas sobre
cuestiones internas se resuelven habitualmente en el PP con una
respuesta aséptica, inane. Pero el portavoz tenía ganas de entrar en
faena. Primero en una entrevista a Onda Cero, donde se le
preguntó directamente si iba a dejar la portavocía para trabajar en FAES,
la fundación presidida por Aznar, y él se limitó a desmentir que tenga
poca sintonía con Rajoy.
Más tarde, en el
Congreso, Zaplana daba pábulo a la existencia de dos grupos, por la que
nadie preguntó: "No me dedico a ver quién es más marianista, más
aznarista, más no sé cuantos... porque eso ya lo he sufrido. Y no
intento ganarle a nadie ni a aznarista, ni a marianista, porque seguro
que en ambos casos me ganarán siempre". Reivindicó además, como aviso a
navegantes, sus éxitos electorales: "Me dedico siempre a que el PP tenga
los mejores resultados. Como todos mis compañeros. Pero yo he tenido la
suerte de tener una hoja de servicios coronada por el éxito".
Zaplana presentó además
una petición de comisión de investigación, sin muchas posibilidades de
prosperar por la oposición del PSOE, para aclarar las responsabilidades
en la posible falsificación del informe policial sobre la presencia de
ácido bórico en una casa ocupada por los terroristas del 11-M.
En la reunión de
maitines (la cúpula del PP), según fuentes cercanas a dos de los
presentes, se trató este asunto. Allí quedó claro que esa comisión se
pide en exclusiva para aclarar la falsificación de los archivos y la
responsabilidad que pueda tener el ministro del Interior, Alfredo Pérez
Rubalcaba, pero no para recuperar la teoría conspirativa y la posible
vinculación de ETA con el 11-M. El propio Ángel Acebes lo dijo en
público: "Se pide sólo para aclarar la falsificación. No entramos en el
contenido del documento". En la exposición de motivos ni siquiera se
cita el atentado y mucho menos a ETA. Incluso el ácido bórico se
transforma en "una sustancia".
Dirigentes cercanos a
Mariano Rajoy señalan que da por agotado el asunto del 11-M, que nunca
cita en sus mítines, aunque aceptó la comisión porque no tendría sentido
dejar pasar la oportunidad de atacar al Gobierno cuando una juez ha
imputado a cuatro mandos policiales por falsedad.
www.elpais.es 14.11.06
Rajoy se aleja de Zaplana y
buscará pactos con CIU
Mariano Rajoy manda en el PP. En su propio partido le han atacado
siempre por no tomar decisiones. Deja hacer y espera a que el fuego se
apague, dicen. Sin embargo, hace tres semanas se vio obligado a tomar
una, tal vez la más trascendente de su mandato: aceptar o no la
inclusión del término "realidad nacional" en el Estatuto andaluz. Optó
por el sí, y todo cambió. El jefe de la oposición ha abandonado la
ambigüedad que muchos achacan a su esencia gallega y no ha parado de
mostrar en público su alejamiento del sector más duro del partido,
contrario a apoyar las reformas estatutarias, para respaldar a los
barones regionales más moderados.
Ahora, además, tras la
formación de un nuevo tripartito catalán, Rajoy, según varios dirigentes
de su entorno, tratará de buscar acuerdos con una CiU rabiosa contra el
PSOE. El líder busca un perfil de centro, sabe que la mayoría absoluta
es imposible y quiere combatir el mensaje más efectivo contra el PP: el
de que está solo.
La cabeza visible de ese
sector opuesto a los pactos estatutarios es Eduardo Zaplana. El portavoz
parlamentario no ocultó su incomodidad incluso con el primer estatuto
promovido por un presidente del PP, el valenciano Francisco Camps, su
principal rival político. Sin embargo, muchos otros dirigentes apuntan
hacia Esperanza Aguirre, presidenta de Madrid, como líder de ese sector
que rechaza cualquier pacto con el PSOE e incluso un acercamiento a CiU.
Aguirre ha renunciado a promover en Madrid un nuevo Estatuto, al
contrario de lo que han hecho Camps o el balear Jaume Matas.
La política está hecha
también de gestos y fotos. La semana pasada, Rajoy mostró públicamente
su desencuentro con Zaplana sobre el Estatuto andaluz y forzó el cierre
de filas interno con Josep Piqué y Javier Arenas, los moderados líderes
de Cataluña y Andalucía. Este martes, mientras el portavoz parlamentario
estaba de viaje en Colombia con el ex presidente José María Aznar y su
fundación, la FAES, Rajoy viajó a Valencia para hacer un acto conjunto
con Camps, y se atrevió incluso, en rueda de prensa, a entrar en una
polémica interna del PP valenciano para la elaboración de listas,
posicionándose sutilmente a favor de Camps y en contra del sector
zaplanista.
Todos estos datos
indicarían una importante distancia política entre ambos. Un dirigente
muy próximo a Zaplana lo niega. "Eso no es cierto. Hablan todos los días
varias veces. Simplemente han tenido un desencuentro por el Estatuto
andaluz. Zaplana pensaba que era mejor no aceptar reformas estatutarias
que el propio Rajoy ha definido como disparate. Y creía que si el PP
andaluz se oponía con convicción, podría salir airoso. Pero Arenas
convenció a Rajoy de que el PP andaluz quedaba fuera de juego con el
no. No pasa nada, porque la coincidencia en otros asuntos es total",
señala. Además, en el entorno de Zaplana sostienen que otros dirigentes
como la propia Aguirre, o Ángel Acebes, el secretario general, piensan
como él.
Sin embargo,
prácticamente todos los dirigentes consultados para realizar este
artículo -citados en masculino para evitar identificaciones sencillas-
insisten en separar a Acebes y Zaplana, unidos por el cliché. El
primero, aclaran, es un hombre de partido, ideológicamente muy
conservador pero fiel a la jerarquía, sin deseos de tener una imagen
pública diferenciada. Lo que le ha sucedido, dicen, es que el drama del
11-M le tocó de lleno y eso forzó que tuviera un tono más vehemente que
Rajoy.
"Zaplana se está quedando
solo, al menos públicamente, porque ha cometido un grave error", señala
un diputado próximo al líder, "un portavoz parlamentario en la oposición
no puede tener perfil propio ni liderar una corriente de opinión, nunca
ha sucedido. Sí tendría sentido que lo hiciera algún barón regional y él
pudiera sumarse, pero ser el abanderado nunca, porque no tiene campo de
actuación". Salvo Alfonso Guerra, los personajes con perfil propio del
PSOE, recuerda otro dirigente, eran todos líderes regionales. "Ha tocado
techo, ha pisado demasiados callos", sentencia otro barón regional
tradicionalmente enemistado con él.
Sin embargo, nadie prevé
que la crisis llegue a mayores. "Zaplana no tiene un rival claro en el
grupo parlamentario. No hay que olvidar que allí la mayoría somos
novatos -hay un 50% de primerizos-, o viejas guardias que no interesan
al perfil que buscaría Rajoy", sentencia un diputado. "A no ser que él
quiera irse, y por eso esté mostrando públicamente sus discrepancias",
concluye.
En cualquier caso, en el
PP el dato de consumo interno más relevante salido de esta crisis es la
consolidación de Rajoy como líder. Ya había dado un toque de atención
cuando, hace un mes, en el anterior comité nacional, sentenció tajante:
"Yo no me debo a nadie", a pesar de que fue elegido a dedo por Aznar.
Pero la última reunión fue definitiva. "Rajoy siempre deja hacer. La
prueba más evidente es el Estatuto de Castilla-La Mancha. María Dolores
de Cospedal (líder del PP allí) ha firmado el fin del trasvase
Tajo-Segura. Eso en el PP de antes no habría pasado. Pero cuando Rajoy
tomó la decisión de apoyar a Arenas y Piqué frente a Zaplana, Aleix
Vidal-Quadras y Aguirre, al fin vimos a Rajoy como lo que es, el jefe.
Es lógico, este es un partido muy presidencialista, y lo único que ha
hecho es ejercer el enorme poder que le da su cargo. Vistos los
excelentes resultados, a partir de ahora es probable que lo haga más a
menudo", señala un diputado con importantes atribuciones en la dirección
de Génova. "Está muy fuerte y sabe que cuenta con los barones más
importantes", concluye precisamente uno de esos líderes regionales y
presidente autonómico.
¿Qué cambiará a partir de
ahora en el PP? Desde luego, no lo hará el ataque diario al proceso de
paz dirigido por José Luis Rodríguez Zapatero, cada día con palabras más
gruesas. En este punto el partido es una piña. Incluso los más moderados
culpan de ello al presidente del Gobierno porque cuando Rajoy le tendió
la mano, en el debate sobre el estado de la nación, en julio, la
respuesta fue la reunión de Patxi López, líder del PSE, con Batasuna,
sin avisar al PP, y lo consideran una traición.
Sí cambiará, si se
cumplen las previsiones del entorno de Rajoy, la actitud frente al
juicio del 11-M. Ya lo dijo el propio líder en el anterior comité
nacional: "Hay que preguntar cuando aparezcan novedades, pero no podemos
hacer de eso el eje de nuestra política, hay que construir una
alternativa".
"Nunca hicimos de él el
eje", señala con enfado otro dirigente clave muy identificado
precisamente con la teoría conspiratoria. La semana pasada, en un acto
en Alcalá de Henares, Esperanza Aguirre, una de las que más insistió en
los últimos meses en el mensaje del "¿quién ha sido?", rehusó entrar en
ese asunto cuando un militante le pedía desde la platea que lo hiciera.
"El 11-M está agotado, ha podido servir para garantizar en un primer
momento la unidad del partido, para dar argumentos a la militancia, pero
se ha agotado como referente político", sentencia un miembro de la
dirección de Génova. Claro que nadie está dispuesto a garantizar que
Rajoy bloqueará cualquier intento de otros dirigentes de devolver el
11-M al primer plano. Ahí se verá si ha cambiado o, como dicen sus
críticos, sigue dejando que los fuegos se apaguen solos.
También cambiará la
política de alianzas. La principal preocupación estratégica en la
dirección del PP en este momento es que no tiene aliados. A Rajoy le
gustaría encontrar puntos de acuerdo con CiU. Ésa era su apuesta en
Cataluña, pero los números la han hecho imposible. Sin embargo, la
reedición del tripartito, y la sensación de la dirección de CiU de haber
sido engañada por Zapatero, a quien creían capaz de controlar al PSC,
abren el camino. Todos los dirigentes consultados están encantados con
los resultados catalanes. Algunos, porque creen que esto dará municiones
al partido para cargar contra los socios independentistas del PSOE.
Otros, más próximos a Rajoy, prefieren centrarse en que el aislamiento
de Convergència i Unió puede llevarla a los brazos del PP.
"Todos sabemos que la
mayoría absoluta es imposible. Ya se intentó el acercamiento como
partido a Unió, como hicimos con UPN (marca del PP en Navarra), pero el
problema, entre otras cosas, es que no se sabe qué peso electoral tiene.
En algún momento ellos entenderán que tenemos perfiles de votantes muy
similares, que estamos condenados a entendernos", señala un dirigente
próximo a Rajoy, convencido además de que el nuevo tripartito "no va a
molestar tanto como el otro" y de que "Cataluña está amortizada en la
agenda nacional".
Los Presupuestos, y la
posibilidad que tienen PP y CiU de unir sus fuerzas para vetarlos en el
Senado, como sucedió hace dos años, serán la primera prueba de fuego de
esta estrategia. "Todos sabemos que Rajoy quiere acercarse a CiU, pero
ellos nos consideran unos leprosos y lo han dejado claro y firmado ante
notario. Me parece un ejercicio inútil en este momento", señala otro
presidente autonómico más escéptico. De hecho, está por ver si a CiU le
interesa aparecer junto al PP. Su secretario general, Josep Antoni
Duran, ya dijo el martes que no tendrán "complejos" en pactar con el PP
en el Congreso, aunque también dejó claro que no variará su postura de
apoyo al Gobierno en el asunto central, en el que el PP está y seguirá
solo, pero muy unido, en su ataque: el proceso de paz.
www.elpais.es 12.11.06
Preocupación por el 'efecto Ciutadans'



Hay quien ha mostrado
públicamente su satisfacción por la aparición en escena de Ciutadans,
como Esperanza Aguirre, presidenta de Madrid. Sin embargo, la mayoría de
los dirigentes están preocupados por la división del voto del PP que ha
supuesto, por primera vez, la irrupción de este partido. Entre 25.000 y
30.000 apoyos ha perdido Josep Piqué por su culpa, según los cálculos
del partido en Cataluña. Los dirigentes más críticos con el líder
catalán piensan que es culpa suya, por "estar todo el día demostrando
que queríamos pactar con CiU en vez de hacer una campaña de ataque al
nacionalismo obligatorio".
Piqué y su entorno achacan directamente el éxito de Ciutadans al apoyo
brindado por la COPE y su locutor estrella, Federico Jiménez
Losantos, que les apoyó. Éste se ha convertido en un auténtico
quebradero de cabeza para el partido, aunque nadie, ni Rajoy, se atreve
a citarlo en las reuniones internas por temor a que lo aproveche para
atacarle.
Aún así, la extensión de Ciutadans preocupa sólo relativamente porque se
analiza como un fenómeno puntual y catalán. Rajoy, de hecho, les ha
augurado un final parecido al de Unidad Alavesa, el GIL o Mario Conde:
su desaparición política. Pero sí parece inquietar algo más en el País
Vasco. Ya hay intentos, señalan desde el PP de esta comunidad, para que
socialistas alejados de la dirección como Rosa Díez formen una
alternativa al PSE. En principio eso restaría votos a ese partido, pero
la experiencia en Cataluña también surgió de la izquierda y ha quitado
votos al PP.
En Madrid, la preocupación por Ciutadans es menor. "El partido de los
ciudadanos en Madrid es el PP", dijo Aguirre. Sin embargo, la
animadversión de Losantos hacia el alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, que
ha acabado en los tribunales, hace temer a algunos dirigentes de Génova.
Igual que la COPE logró miles de votos contra la Constitución europea en
barrios conservadores de Madrid, a pesar de que Rajoy pidió el sí, ahora
podría hacer daño a Gallardón.
En todo caso, en este partido creen que la clave de las autonómicas, que
medirán el respaldo a Rajoy, estará en Navarra y algunas capitales de
provincia, porque el PP cree que en Madrid "el PSOE se ha vuelto loco y
prácticamente ganaremos por incomparecencia del rival".www.elpais.es 12.11.06
Rajoy fuerza el cierre de filas con Piqué y Arenas frente a las críticas
de Zaplana
Mariano Rajoy forzó ayer
en el comité nacional del PP un cierre de filas en torno a dos de los
principales barones del partido, el andaluz Javier
Arenas y el catalán Josep Piqué. Ambos han recibido críticas, en
sordina de algunos dirigentes contrarios al pacto estatutario andaluz, y
públicamente en la Cope y El Mundo. El portavoz
parlamentario, Eduardo Zaplana, crítico con ese pacto, no habló en la
reunión, pero escribió en un artículo en ese periódico:
"Son muchos los españoles que no ven la ganancia de este lío estatutario
y que se sienten desapegados de las filigranas bizantinas".
Rajoy respaldó a Piqué y Arenas.
Los miembros del comité
nacional llegaron ayer a la reunión para valorar los resultados de las
elecciones catalanas con el artículo de Eduardo Zaplana en la cabeza y
las críticas por el pacto andaluz aún en los oídos. El texto también
animaba a una "medida reflexión" para que el PP de Cataluña "tenga un
apoyo mayor". Nadie se atrevió, sin embargo, a expresar sus dudas en
público. Además de Piqué y el propio Arenas, sólo hablaron Manuel Fraga,
Celia Villalobos y Rita Barberá, todos para cerrar filas.
Preguntado por el
artículo, Rajoy se mostró molesto y recordó que Zaplana había votado el
jueves, como todos los demás, a favor del Estatuto andaluz, pero dejó en
evidencia su identificación con algunos barones. "En la reunión no hubo
intervenciones en contra. Ha habido un respaldo claro tanto a Piqué como
a Arenas, y eso a mí me reconforta mucho. Yo he apoyado su línea
política y he tomado las decisiones relevantes, sobre todo la del
Estatuto andaluz".
El líder admitió que en
su partido hay división en este asunto, un reconocimiento poco habitual
en el PP. "Es una buena decisión, la realidad nacional es sólo una
expresión retórica. La gente puede ver las cosas de manera distinta. No
hay decisiones por unanimidad. He visto en mi partido también el debate
sobre el recurso contra el matrimonio homosexual, pero al final se
traslada una sola decisión". Algunos de los presentes destacaban ayer
que Zaplana no aplaudió el discurso de Piqué. Ninguno de los dos
disimula ya su desencuentro.
Zaplana y su entorno no
han ocultado su rechazo a los pactos estatutarios, compartido por
dirigentes como Jaime Mayor Oreja, porque creen que no se puede entrar a
pactar un proceso que Rajoy calificó de "disparate", según señalan en
privado. Algunos incluyen en este grupo a Esperanza Aguirre, que ha
aparcado la reforma del Estatuto madrileño. Pero el entorno de Zaplana
insiste en que él acepta esta derrota puntual de sus planteamientos y no
será desleal.
Espaldarazo
El compromiso de Rajoy
con Piqué y Arenas quedó también en evidencia el martes cuando logró que
la mayoría de los barones acudieran a apoyar al catalán en el mitin de
cierre de campaña. En la reunión, según varios de los presentes, Arenas
dio otro espaldarazo a Piqué y propuso que todos los dirigentes,
incluido Rajoy, acepten la invitación del catalán para reunirse en
Barcelona.
En el ambiente estaban
también las críticas a Piqué y Arenas en El Mundo, y
especialmente en la Cope, cuyo locutor estrella, Federico Jiménez
Losantos, pidió el voto para Ciutadans, que ha robado unos 25.000
votos al PP.
"Lo que diga un medio de
comunicación no nos afecta. Nosotros marcamos nuestra agenda política",
sentenció Rajoy durante la reunión, después de pedir que nadie
"magnificara" a Ciutadans y reconocer que Piqué "ha sufrido hostilidad
política y mediática".
En este partido ya nadie
niega que las críticas diarias de la Cope, ahora por el pacto andaluz,
se han convertido en un problema de primer orden, porque generan
división en su electorado natural. Aunque Rajoy no le da importancia a
la posibilidad de que Ciutadans se presente en Madrid y, apoyado por la
Cope, pueda quitar votos a Alberto Ruiz-Gallardón. Rajoy, sin embargo,
mandó un mensaje a quienes apuestan por Ciutadans: "Es un partido de
izquierdas, laico, que apoya la negociación con ETA-Batasuna"
.www.elpais.es 04.11.06
El
Mundo y la COPE, cada vez más cerca
: Ensalzan a Zaplana y hacen duras críticas a
Rajoy
Federico
Jiménez Losantos ha dicho que
Rajoy hizo ayer “el peor discurso de su
carrera”, y “defendió lo indefendible” en el
debate para la aprobación del Estatuto de
Andalucía en el Congreso. Pedro J. ha coincidido
con él en descalificar al líder de la oposición
en su editorial de hoy, acusándole de tener un
“problema de coherencia”. En cambio, ambos
periodistas han estado de acuerdo en encumbrar
al portavoz del PP en el Congreso,
Eduardo Zaplana, un “político de raza”
para Losantos al que El Mundo le presta
su Tribuna Libre para criticar las
reformas estatutarias. Mariano Rajoy, por su
parte, ha replicado que el Estatuto andaluz
también contó con el voto de Zaplana.
El portavoz popular
ha asegurado en el texto
que “el
PP debe hacer en
Cataluña una medida de
reflexión sobre los
pasos a seguir para que
nuestras ideas en la
Cataluña plural y el
grave perjuicio que ha
supuesto el Estatuto
tengan un apoyo mayor”.
Losantos, de
nuevo con El Mundo
Federico
Jiménez Losantos se ha
hecho eco de este
artículo en su programa
de hoy en la COPE, y ha
alabado el “sentido
común” de Zaplana al
mostrar abiertamente su
oposición a las reformas
estatutarias. Para
Losantos, el portavoz
popular no sólo está
criticando “a ese
ectoplasma político que
es Piqué”, sino también
a Javier Arenas y a
Mariano Rajoy por su
“penosa” defensa del
Estatuto andaluz ayer en
el Congreso.
Contra Rajoy
Al parecer, para ambos
medios el Partido
Popular está dividido en
buenos y malos:
mientras Zaplana es
puesto en portada y
considerado un “político
de raza”, Pedro J. y
Losantos se han lanzado
también hoy a
descalificar a Mariano
Rajoy por la defensa que
hizo ayer en el Congreso
del Estatuto de
Andalucía.
“El peor
discurso de su carrera”
El director de
La Mañana, que
no ha perdido
oportunidad de criticar
a Piqué y a Arenas,
tanto en su programa de
hoy como en su columna
diaria en el periódico
de Pedro J, ha asegurado
que el líder del PP
“hizo ayer el peor
discurso de su carrera
política con un discurso
grotesco que defiende lo
indefendible”.
Problema de
“coherencia”
Pedro J. Ramírez
también se ha unido en
su editorial de hoy a
estas críticas, y ha
echado en cara al líder
de la oposición que
justifique un cambio de
posición del PP. “El
problema de Rajoy es de
estrategia y, si se
prefiere, de
coherencia”, reza el
editorial, que apunta
también que el líder
popular intenta hacer
“digerible una alusión
absurda”.
Rajoy responde
Varios periodistas han
preguntado esta tarde en
rueda de prensa al líder
del PP su opinión sobre
el artículo del portavoz
de los populares.
Rajoy no ha querio
extenderse sobre el
tema, pero ha recordado
que el Estatuto andaluz
se aprobó "con el voto
del señor Zaplana", y ha
asegurado que "el comité
ejecutivo ha manifestado
el pleno respaldo a
estas decisiones".
www.elplural.com
03.11.06
Editorial el mundo : EL RETO DE RAJOY NO
ES HACER DIGERIBLE UNA ALUSIÓN ABSURDA
El Pleno del
Congreso aprobó ayer por unanimidad la reforma
del Estatuto andaluz, seis meses después de su
entrada en la Cámara. El texto que ahora pasa al
Senado es fruto del consenso logrado en la
Comisión Constitucional por el PP y el PSOE. De
hecho, en mayo, el Grupo Popular votó en contra
de la toma en consideración, tras una durísima
intervención de Mariano Rajoy en la que acusó a
Zapatero de querer «tapar» con el Estatuto
andaluz «el error garrafal» del catalán. En
aquella intervención, el líder del PP fue muy
explícito en su oposición a la inclusión del
término «realidad nacional» para referirse a
Andalucía, por considerar que es un concepto
«vergonzante», sinónimo de «nación».
Rajoy volvió a salir ayer a la tribuna a
defender la posición favorable de su grupo al
texto pactado con el PSOE en la Comisión
Constitucional y lo hizo con mucha convicción.
Según el líder popular, el Estatuto andaluz es
«bueno» porque «cierra el paso a cualquier
veleidad nacionalista», y defendió el preámbulo
en el que se ha incluido una alusión histórica a
la «realidad nacional» andaluza, aunque admitió
que la «alambicada fórmula» no «entusiasma a
nadie». Rajoy justificó el cambio de posición
del PP argumentando que el PSOE ha corregido
«los disparates» y que se ha «suprimido hasta la
última sospecha de inconstitucionalidad». Sin
embargo, tal y como publicaba ayer este
periódico, el Estatuto de Andalucía contiene
competencias que el recurso presentado por el PP
ante el Constitucional niega -a nuestro entender
con toda la razón- a Cataluña. Zapatero no
desaprovechó la ocasión para subrayar estas
aparentes contradicciones del PP. Según el
presidente del Gobierno, la oposición al
Estatuto catalán responde a una estrategia «de
corto plazo» del PP que «poco tiene que ver con
el Estado de las Autonomías».
Es cierto que el texto del Parlamento andaluz ha
sido ampliamente «cepillado» -como diría Alfonso
Guerra- en la Comisión Constitucional. Pero esto
no es lo más importante. El problema del PP no
es que «la realidad nacional» andaluza haya
quedado redactada de forma inocua, al margen de
incorrecta desde el punto de vista gramatical.
El problema de Rajoy es de estrategia y, si se
prefiere, de coherencia en el mensaje. El
problema del PP es que, tal vez arrastrado por
los acontecimientos, ha entrado en el juego de
Zapatero, que impulsó las reformas estatutarias
para garantizarse el respaldo de los
nacionalistas. Los presidentes regionales del PP
-empezó Camps y han seguido todos los demás- se
han sumado con entusiasmo a las reformas,
pensando cada uno en sus propios intereses, sin
tener en cuenta la opinión mayoritaria de sus
votantes.
Rajoy logró que millones
de ciudadanos -cuatro- le dieran su firma para
oponerse al Estatuto catalán. Su reto no era
convencerles a ellos y a sus casi diez millones
de electores de que la «realidad nacional»
andaluza es inocua. El auténtico reto del líder
de la oposición es convencer a todos ellos de
que tiene la fórmula para subsanar en el futuro
la grave erosión de la España constitucional que
alienta en estas reformas.
www.elmundo.es
02.11.06
Las elecciones catalanas y la reforma de los
Estatutos(*)
Acaban de celebrarse las elecciones autonómicas
en Cataluña y, a falta de que se confirmen los
pactos poselectorales, el mensaje de los
ciudadanos ha sido claro: después de tres años
anunciando los nuevos tiempos que traerá el
Estatuto, todo sigue igual o incluso peor.
Cataluña vuelve a optar por la incertidumbre y
la indefinición, sin saber con qué carta
política quedarse y, además, con el 43% de los
ciudadanos al margen en estas elecciones.
Los resultados para el Partido Popular han sido
los que se esperaban y, por tanto, caben
interpretaciones en un doble sentido. Es
moralmente obligado reconocer el ejemplo de
coraje cívico y democrático que han demostrado
durante toda la campaña nuestros militantes y
simpatizantes en Cataluña. La verdad es que no
han tenido razones para sentirse cómodos, como
Rodríguez Zapatero, vista la violencia y el
hostigamiento a que se les ha sometido. Esta
ejemplaridad es la prueba de que tenemos un gran
partido y que nada nos arredra.
Pero no cabe duda de que el PP debe hacer en
Cataluña una medida reflexión sobre los pasos a
seguir de ahora en adelante para que nuestras
ideas acerca de la Cataluña plural y el grave
perjuicio que ha supuesto el Estatuto, tengan un
apoyo mayor. Igualmente, hay que lograr que cale
nuestro discurso basado en las personas y no en
los colectivos, el que venimos defendiendo como
única fuerza de oposición hasta ahora en el
Parlamento de la Ciudadela.
En estos comicios -la primera prueba electoral
después de la aprobación minoritaria del nuevo
Estatuto de Cataluña-, no se han confrontado
programas, propuestas y soluciones a los
problemas reales de los ciudadanos, sino que se
han evaluado las actitudes de cada grupo
político ante la propia reforma del Estatuto,
elevado a la categoría de tótem al que todo se
rinde y subordina.
Se ha entrado así en un juego incierto, de
impredecibles consecuencias. Las opciones
ideológicas ya no se definen por los baremos
tradicionales. Ahora son «reaccionarios» -dicen
algunos- los que no apoyan la desarticulación
del Estado como garante de la solidaridad entre
las regiones ricas y las menos ricas. Y en
cambio se etiquetan de «progresistas» a los que
sancionan la institucionalización por ley de las
desigualdades entre personas y territorios.
De igual forma, ahora se tilda de «modernos» a
quienes defienden el intrusismo de los poderes
públicos en la esfera privada de las personas. Y
se tacha de «conservadores» a los que exigen el
máximo respeto del poder político hacia el
espacio de las decisiones personales, tales como
el que los niños puedan aprender en el colegio
en el idioma oficial que elijan ellos o sus
padres, o que los comerciantes y los hosteleros
puedan escribir los anuncios o carteles de su
establecimiento en el idioma que crean más
oportuno.
Estos nuevos y extravagantes posicionamientos
políticos son insólitos en el resto de Europa.
Si aplicáramos en la Unión las varas de medir
empleadas hoy en España para juzgar posturas
políticas, la mayor parte de los europeos sería
reaccionaria, extremista, radical y provocadora.
Por la sencilla razón de que la inmensa mayoría
de los europeos, sean izquierdistas, liberales o
conservadores, apuestan en sus respectivos
países por un Estado sólido y viable, no por un
Estado residual e inviable.
Qué decir de los franceses, que defienden sin
complejos su visión napoleónica y centralista
del Estado. Qué decir de los italianos, que
acaban de votar en referéndum en contra de
transferir más competencias a las regiones. Qué
decir de los alemanes, que están inmersos en
plena reforma para reordenar el poder de los
länder. ¿Acaso está toda Europa sometida al yugo
de la extrema derecha, según la propia
terminología del señor Rodríguez Zapatero?
Siempre me he considerado un acérrimo partidario
del Estado autonómico, que defendí cuando más
difícil era de aceptar por una gran parte de la
población y más incomprensiones levantaba, y que
me permitió ejercer como presidente de la
Comunidad Valenciana. Este modelo territorial
fue un acierto del conjunto de la sociedad
española, que la UCD, a través de un consenso
esencial, supo convertir durante la Transición
en un modelo de cuyo éxito seguimos disfrutando.
Como digno heredero de aquella Transición, el PP
es sin duda el partido que mejor ha demostrado
que es posible conjugar un gran proyecto
nacional con grandes proyectos autonómicos.
Este Estado autonómico, que goza de muy buena
salud y de un gran crédito por parte de la
sociedad española, no era precisamente el
problema del que los españoles estuvieran
demandando ninguna solución. Nadie podrá
convencerme de lo contrario. Los españoles no
reclamaban ansiosamente este proceso de reforma
estatutaria promovido, iniciado e impulsado por
el presidente Zapatero.
La mayoría de los españoles ha valorado la
descentralización y el autogobierno como uno de
los instrumentos decisivos del progreso y el
bienestar alcanzado en los últimos 30 años por
nuestra nación. ¿Por qué nos hemos visto
arrastrados a esta carrera frenética por dar
carpetazo al éxito de la España autonómica?
No acepto que este proceso no tuviera
alternativa, ni que se le conceda a nadie la
patente de demócrata, centrista o enemigo del
pueblo, según apoye o no este proceso, del cual
se habla mucho, pero muy poco de las
consecuencias de su desarrollo.
En 1978 se abordaron cuestiones muchísimo más
complejas que las que ahora se han ventilado en
las reformas estatutarias. Había planteado sobre
la mesa el debate de una entera redefinición de
España. Se trataba de pasar de un régimen
dictatorial a un sistema democrático, y se
dejaba atrás un modelo territorial centralista
para asumir un modelo descentralizado que se
articularía en comunidades autónomas. Y nadie se
sintió nunca acomplejado por defender sus
posiciones de partida. Todas eran igualmente
legítimas. De lo que se trataba era de buscar
una solución de consenso que no restara
legitimidad a ninguna de las posibles
alternativas.
Aquí se ha jugado a todo lo contrario,
especialmente en el proceso más emblemático,
como es el Estatuto catalán. El PSOE ha visto en
él un instrumento en su estrategia de
marginación del PP y de sus 10 millones de
votantes, y de conformar una monolítica España
de izquierda y nacionalismo.
La pobreza con la que se aprobó el Estatuto
catalán es prueba de que, incluso el más
mediático de estos proyectos de reforma, no ha
logrado convencer de su necesidad a la mayoría
de los ciudadanos. Quizá porque ni siquiera los
catalanes han logrado vislumbrar qué beneficio
pueda tener la Cataluña de ahora respecto a la
de Pujol.
Éste ha sido el pecado original del proceso de
reformas estatutarias promovido por Rodríguez
Zapatero. Son muchos los españoles que no ven la
ganancia de este lío estatutario por ningún lado
y que cada vez se sienten más desapegados de
estas filigranas bizantinas.
Los grandes retos que tiene planteados la
sociedad española no entienden de preámbulos, de
bilateralidades, de blindaje de competencias o
de disposiciones adicionales. Tampoco entienden
de proyectos federales o plurinacionales.
Entienden de suma de esfuerzos y de voluntades,
de ampliación de libertades y de apertura de
mayores espacios a la iniciativa de la sociedad
civil.
Las cuestiones como la inmigración, la
inseguridad, los incendios o la corrupción
urbanística necesitan respuestas nacionales. Lo
estamos viendo a diario, en Canarias, en
Cataluña, en Andalucía o en Galicia, por hablar
de algunas comunidades que en los últimos
tiempos se han visto desbordadas por estos
problemas. El problema del agua, el de la
vivienda, el del fracaso escolar o la violencia
de género, exigen respuestas comunes. Por no
olvidar los retos de la deslocalización y la
competitividad, que se plantean a una escala que
un gobierno autónomo tampoco puede afrontar en
exclusiva. Una respuesta nacional a estos
problemas es perfectamente compatible con el
ejercicio del autogobierno de las comunidades
autónomas, el más amplio que existe hoy en toda
Europa.
Cada vez se hace más evidente que, en estos dos
años y medio de legislatura, Zapatero ha
confundido el problema y ha confundido también
la solución. Este tiempo ha sido una oportunidad
perdida para avanzar en un proyecto común que
iba en muy buena dirección.
Sólo cabe desear que los políticos no caigamos
en la melancolía de los ejercicios estériles a
que puede conducirnos este proceso estatutario.
Los españoles demandan que nos ocupemos de sus
problemas con toda la energía y decisión, en el
marco de la única España viable: la España
plural y solidaria de la Constitución, que sigue
siendo, por más que se empeñen algunos, la que
más acuerdo concita, la que más españoles logra
reunir.
En Cataluña ha quedado claro el grado de
entusiasmo que despiertan entre los ciudadanos
los proyectos disgregadores y excluyentes, y
sobre todo ha quedado claro el gran éxito de
quienes los promueven.
Eduardo Zaplana es
portavoz del Grupo Parlamentario Popular en el
Congreso.
www.elmundo.es
03.11.06