Zaplana DIXIT : " No comparto discursos que hablan de centrar el partido "

" En el PP no hay discurso no hay una dirección decidida, no hay un liderazgo que diga, ¡señores, por aquí!....si ganan, y a este paso no ganan, ¿por dónde irán?”
(Dixit Fedeguico  Jiménez Losantos .07.03.06)

 

Eduardo Zaplana, portavoz parlamentario del PP, protagonizó la conferencia de dos días que celebran los populares sobre el modelo de Estado. Zaplana, fuera de programa, hizo la siguiente reflexión personal sobre el debate interno que se vive en el propio PP, y en el que se le sitúa alejado de la línea oficial. "No comparto los discursos que hablan de centrar el partido, porque no tenemos que ir adonde ya estamos. Si otros se mueven, yo quiero estar donde siempre he estado y donde siempre he estado cómodo. Donde estoy y donde estaré".

Eduardo Zaplana incluso se permitió animar a los suyos a no dejarse llevar por el interés que tienen los rivales del PP en "confundir al partido" y reclamó, como hacía habitualmente José María Aznar, que los populares hagan su política "sin complejos".

Ninguno de los que le acompañaban en la mesa (Ángel Acebes, Esperanza Aguirre, Pío García Escudero o Soraya Sáenz de Santamaría) entraron a ese trapo lanzado por el portavoz en el Congreso, quien antes dijo: "Quiero decir algo, y que me perdonen mis compañeros, porque me apetece decirlo". También señaló que es falso que en todo este asunto del modelo de Estado el debate sea de "moderación o radicalidad".

Hace sólo una semana, el líder del PP, Mariano Rajoy, al comentar los resultados de la encuesta del CIS, muy positivos para su partido, habló de ese centro y de la moderación en un sentido distinto: "La encuesta me reconforta porque es el reconocimiento no sólo de que el Gobierno no hace las cosas bien, sino también de que el PP ha dado con la estrategia correcta y que la voluntad que yo llevo manifestando desde el verano de ser un partido abierto al conjunto de los españoles, piensen como piensen, de ser un partido que presenta alternativa, de ser un partido moderado, reformista y de centro, es lo que quiere mucha gente", señaló el líder.

El portavoz parlamentario elogió indirectamente al presidente de honor del PP, José María Aznar, a juzgar por cómo comenzó su análisis sobre el debate interno del PP: "Hay una cosa que me gustaría dejar bien clara esta mañana, es que no tenemos que tener ningún complejo, ningún complejo, en la defensa de nuestras convicciones. Ninguno absolutamente", dijo con tono muy serio y mirando a los suyos. Zaplana sostuvo además que él no ha cambiado de posición, que sigue en el centro del que vino: fue miembro de la UCD. "Si otros se mueven, yo quiero estar donde siempre he estado y donde siempre he estado cómodo. Donde estoy y donde estaré. Y mantener lo que he dicho siempre. Que en política ya llevo bastantes años, y una de las cosas que más orgullo me produce es poder defender las mismas ideas o los mismos principios que defendía en coyunturas distintas, bien distintas, hace algunos años", dijo Zaplana.

Con respecto al debate sobre el camino hacia el centro del PP, el número tres del partido, que no ha ocultado su oposición al pacto para reformar el Estatuto de Andalucía, y antes el de la Comunidad Valenciana, lo que le ha ocasionado una cierta distancia política del líder, insistió: "Hay que darse cuenta de que esos discursos son producto de la manipulación de nuestros rivales, con un interés claro por confundirnos". www.elpais.es 02.12.06

Zaplana: "No intento ganarle a nadie ni a aznarista, ni a marianista; me ganarán siempre"

Hasta ahora nadie había hablado públicamente en el PP de la existencia de dos sectores: los seguidores de Mariano Rajoy, el presidente, y de José María Aznar, el presidente de honor. Ayer lo hizo Eduardo Zaplana, el portavoz del partido en el Congreso, para responder ante la aparente distancia política entre él y Rajoy a cuenta del pacto del Estatuto andaluz. "No intento ganarle a nadie ni a aznarista, ni a marianista, porque seguro que en ambos casos me ganarán siempre", señaló el portavoz, interpelado sobre su reciente viaje a Colombia con Aznar y la FAES.

Las preguntas sobre cuestiones internas se resuelven habitualmente en el PP con una respuesta aséptica, inane. Pero el portavoz tenía ganas de entrar en faena. Primero en una entrevista a Onda Cero, donde se le preguntó directamente si iba a dejar la portavocía para trabajar en FAES, la fundación presidida por Aznar, y él se limitó a desmentir que tenga poca sintonía con Rajoy.

Más tarde, en el Congreso, Zaplana daba pábulo a la existencia de dos grupos, por la que nadie preguntó: "No me dedico a ver quién es más marianista, más aznarista, más no sé cuantos... porque eso ya lo he sufrido. Y no intento ganarle a nadie ni a aznarista, ni a marianista, porque seguro que en ambos casos me ganarán siempre". Reivindicó además, como aviso a navegantes, sus éxitos electorales: "Me dedico siempre a que el PP tenga los mejores resultados. Como todos mis compañeros. Pero yo he tenido la suerte de tener una hoja de servicios coronada por el éxito".

Zaplana presentó además una petición de comisión de investigación, sin muchas posibilidades de prosperar por la oposición del PSOE, para aclarar las responsabilidades en la posible falsificación del informe policial sobre la presencia de ácido bórico en una casa ocupada por los terroristas del 11-M.

En la reunión de maitines (la cúpula del PP), según fuentes cercanas a dos de los presentes, se trató este asunto. Allí quedó claro que esa comisión se pide en exclusiva para aclarar la falsificación de los archivos y la responsabilidad que pueda tener el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, pero no para recuperar la teoría conspirativa y la posible vinculación de ETA con el 11-M. El propio Ángel Acebes lo dijo en público: "Se pide sólo para aclarar la falsificación. No entramos en el contenido del documento". En la exposición de motivos ni siquiera se cita el atentado y mucho menos a ETA. Incluso el ácido bórico se transforma en "una sustancia".

Dirigentes cercanos a Mariano Rajoy señalan que da por agotado el asunto del 11-M, que nunca cita en sus mítines, aunque aceptó la comisión porque no tendría sentido dejar pasar la oportunidad de atacar al Gobierno cuando una juez ha imputado a cuatro mandos policiales por falsedad. www.elpais.es 14.11.06

Rajoy se aleja de Zaplana y buscará pactos con CIU

Mariano Rajoy manda en el PP. En su propio partido le han atacado siempre por no tomar decisiones. Deja hacer y espera a que el fuego se apague, dicen. Sin embargo, hace tres semanas se vio obligado a tomar una, tal vez la más trascendente de su mandato: aceptar o no la inclusión del término "realidad nacional" en el Estatuto andaluz. Optó por el sí, y todo cambió. El jefe de la oposición ha abandonado la ambigüedad que muchos achacan a su esencia gallega y no ha parado de mostrar en público su alejamiento del sector más duro del partido, contrario a apoyar las reformas estatutarias, para respaldar a los barones regionales más moderados.

Ahora, además, tras la formación de un nuevo tripartito catalán, Rajoy, según varios dirigentes de su entorno, tratará de buscar acuerdos con una CiU rabiosa contra el PSOE. El líder busca un perfil de centro, sabe que la mayoría absoluta es imposible y quiere combatir el mensaje más efectivo contra el PP: el de que está solo.

La cabeza visible de ese sector opuesto a los pactos estatutarios es Eduardo Zaplana. El portavoz parlamentario no ocultó su incomodidad incluso con el primer estatuto promovido por un presidente del PP, el valenciano Francisco Camps, su principal rival político. Sin embargo, muchos otros dirigentes apuntan hacia Esperanza Aguirre, presidenta de Madrid, como líder de ese sector que rechaza cualquier pacto con el PSOE e incluso un acercamiento a CiU. Aguirre ha renunciado a promover en Madrid un nuevo Estatuto, al contrario de lo que han hecho Camps o el balear Jaume Matas.

La política está hecha también de gestos y fotos. La semana pasada, Rajoy mostró públicamente su desencuentro con Zaplana sobre el Estatuto andaluz y forzó el cierre de filas interno con Josep Piqué y Javier Arenas, los moderados líderes de Cataluña y Andalucía. Este martes, mientras el portavoz parlamentario estaba de viaje en Colombia con el ex presidente José María Aznar y su fundación, la FAES, Rajoy viajó a Valencia para hacer un acto conjunto con Camps, y se atrevió incluso, en rueda de prensa, a entrar en una polémica interna del PP valenciano para la elaboración de listas, posicionándose sutilmente a favor de Camps y en contra del sector zaplanista.

Todos estos datos indicarían una importante distancia política entre ambos. Un dirigente muy próximo a Zaplana lo niega. "Eso no es cierto. Hablan todos los días varias veces. Simplemente han tenido un desencuentro por el Estatuto andaluz. Zaplana pensaba que era mejor no aceptar reformas estatutarias que el propio Rajoy ha definido como disparate. Y creía que si el PP andaluz se oponía con convicción, podría salir airoso. Pero Arenas convenció a Rajoy de que el PP andaluz quedaba fuera de juego con el no. No pasa nada, porque la coincidencia en otros asuntos es total", señala. Además, en el entorno de Zaplana sostienen que otros dirigentes como la propia Aguirre, o Ángel Acebes, el secretario general, piensan como él.

Sin embargo, prácticamente todos los dirigentes consultados para realizar este artículo -citados en masculino para evitar identificaciones sencillas- insisten en separar a Acebes y Zaplana, unidos por el cliché. El primero, aclaran, es un hombre de partido, ideológicamente muy conservador pero fiel a la jerarquía, sin deseos de tener una imagen pública diferenciada. Lo que le ha sucedido, dicen, es que el drama del 11-M le tocó de lleno y eso forzó que tuviera un tono más vehemente que Rajoy.

"Zaplana se está quedando solo, al menos públicamente, porque ha cometido un grave error", señala un diputado próximo al líder, "un portavoz parlamentario en la oposición no puede tener perfil propio ni liderar una corriente de opinión, nunca ha sucedido. Sí tendría sentido que lo hiciera algún barón regional y él pudiera sumarse, pero ser el abanderado nunca, porque no tiene campo de actuación". Salvo Alfonso Guerra, los personajes con perfil propio del PSOE, recuerda otro dirigente, eran todos líderes regionales. "Ha tocado techo, ha pisado demasiados callos", sentencia otro barón regional tradicionalmente enemistado con él.

Sin embargo, nadie prevé que la crisis llegue a mayores. "Zaplana no tiene un rival claro en el grupo parlamentario. No hay que olvidar que allí la mayoría somos novatos -hay un 50% de primerizos-, o viejas guardias que no interesan al perfil que buscaría Rajoy", sentencia un diputado. "A no ser que él quiera irse, y por eso esté mostrando públicamente sus discrepancias", concluye.

En cualquier caso, en el PP el dato de consumo interno más relevante salido de esta crisis es la consolidación de Rajoy como líder. Ya había dado un toque de atención cuando, hace un mes, en el anterior comité nacional, sentenció tajante: "Yo no me debo a nadie", a pesar de que fue elegido a dedo por Aznar. Pero la última reunión fue definitiva. "Rajoy siempre deja hacer. La prueba más evidente es el Estatuto de Castilla-La Mancha. María Dolores de Cospedal (líder del PP allí) ha firmado el fin del trasvase Tajo-Segura. Eso en el PP de antes no habría pasado. Pero cuando Rajoy tomó la decisión de apoyar a Arenas y Piqué frente a Zaplana, Aleix Vidal-Quadras y Aguirre, al fin vimos a Rajoy como lo que es, el jefe. Es lógico, este es un partido muy presidencialista, y lo único que ha hecho es ejercer el enorme poder que le da su cargo. Vistos los excelentes resultados, a partir de ahora es probable que lo haga más a menudo", señala un diputado con importantes atribuciones en la dirección de Génova. "Está muy fuerte y sabe que cuenta con los barones más importantes", concluye precisamente uno de esos líderes regionales y presidente autonómico.

¿Qué cambiará a partir de ahora en el PP? Desde luego, no lo hará el ataque diario al proceso de paz dirigido por José Luis Rodríguez Zapatero, cada día con palabras más gruesas. En este punto el partido es una piña. Incluso los más moderados culpan de ello al presidente del Gobierno porque cuando Rajoy le tendió la mano, en el debate sobre el estado de la nación, en julio, la respuesta fue la reunión de Patxi López, líder del PSE, con Batasuna, sin avisar al PP, y lo consideran una traición.

Sí cambiará, si se cumplen las previsiones del entorno de Rajoy, la actitud frente al juicio del 11-M. Ya lo dijo el propio líder en el anterior comité nacional: "Hay que preguntar cuando aparezcan novedades, pero no podemos hacer de eso el eje de nuestra política, hay que construir una alternativa".

"Nunca hicimos de él el eje", señala con enfado otro dirigente clave muy identificado precisamente con la teoría conspiratoria. La semana pasada, en un acto en Alcalá de Henares, Esperanza Aguirre, una de las que más insistió en los últimos meses en el mensaje del "¿quién ha sido?", rehusó entrar en ese asunto cuando un militante le pedía desde la platea que lo hiciera. "El 11-M está agotado, ha podido servir para garantizar en un primer momento la unidad del partido, para dar argumentos a la militancia, pero se ha agotado como referente político", sentencia un miembro de la dirección de Génova. Claro que nadie está dispuesto a garantizar que Rajoy bloqueará cualquier intento de otros dirigentes de devolver el 11-M al primer plano. Ahí se verá si ha cambiado o, como dicen sus críticos, sigue dejando que los fuegos se apaguen solos.

También cambiará la política de alianzas. La principal preocupación estratégica en la dirección del PP en este momento es que no tiene aliados. A Rajoy le gustaría encontrar puntos de acuerdo con CiU. Ésa era su apuesta en Cataluña, pero los números la han hecho imposible. Sin embargo, la reedición del tripartito, y la sensación de la dirección de CiU de haber sido engañada por Zapatero, a quien creían capaz de controlar al PSC, abren el camino. Todos los dirigentes consultados están encantados con los resultados catalanes. Algunos, porque creen que esto dará municiones al partido para cargar contra los socios independentistas del PSOE. Otros, más próximos a Rajoy, prefieren centrarse en que el aislamiento de Convergència i Unió puede llevarla a los brazos del PP.

"Todos sabemos que la mayoría absoluta es imposible. Ya se intentó el acercamiento como partido a Unió, como hicimos con UPN (marca del PP en Navarra), pero el problema, entre otras cosas, es que no se sabe qué peso electoral tiene. En algún momento ellos entenderán que tenemos perfiles de votantes muy similares, que estamos condenados a entendernos", señala un dirigente próximo a Rajoy, convencido además de que el nuevo tripartito "no va a molestar tanto como el otro" y de que "Cataluña está amortizada en la agenda nacional".

Los Presupuestos, y la posibilidad que tienen PP y CiU de unir sus fuerzas para vetarlos en el Senado, como sucedió hace dos años, serán la primera prueba de fuego de esta estrategia. "Todos sabemos que Rajoy quiere acercarse a CiU, pero ellos nos consideran unos leprosos y lo han dejado claro y firmado ante notario. Me parece un ejercicio inútil en este momento", señala otro presidente autonómico más escéptico. De hecho, está por ver si a CiU le interesa aparecer junto al PP. Su secretario general, Josep Antoni Duran, ya dijo el martes que no tendrán "complejos" en pactar con el PP en el Congreso, aunque también dejó claro que no variará su postura de apoyo al Gobierno en el asunto central, en el que el PP está y seguirá solo, pero muy unido, en su ataque: el proceso de paz. www.elpais.es 12.11.06

Preocupación por el 'efecto Ciutadans'

Hay quien ha mostrado públicamente su satisfacción por la aparición en escena de Ciutadans, como Esperanza Aguirre, presidenta de Madrid. Sin embargo, la mayoría de los dirigentes están preocupados por la división del voto del PP que ha supuesto, por primera vez, la irrupción de este partido. Entre 25.000 y 30.000 apoyos ha perdido Josep Piqué por su culpa, según los cálculos del partido en Cataluña. Los dirigentes más críticos con el líder catalán piensan que es culpa suya, por "estar todo el día demostrando que queríamos pactar con CiU en vez de hacer una campaña de ataque al nacionalismo obligatorio".

Piqué y su entorno achacan directamente el éxito de Ciutadans al apoyo brindado por la COPE y su locutor estrella, Federico Jiménez Losantos, que les apoyó. Éste se ha convertido en un auténtico quebradero de cabeza para el partido, aunque nadie, ni Rajoy, se atreve a citarlo en las reuniones internas por temor a que lo aproveche para atacarle.

Aún así, la extensión de Ciutadans preocupa sólo relativamente porque se analiza como un fenómeno puntual y catalán. Rajoy, de hecho, les ha augurado un final parecido al de Unidad Alavesa, el GIL o Mario Conde: su desaparición política. Pero sí parece inquietar algo más en el País Vasco. Ya hay intentos, señalan desde el PP de esta comunidad, para que socialistas alejados de la dirección como Rosa Díez formen una alternativa al PSE. En principio eso restaría votos a ese partido, pero la experiencia en Cataluña también surgió de la izquierda y ha quitado votos al PP.

En Madrid, la preocupación por Ciutadans es menor. "El partido de los ciudadanos en Madrid es el PP", dijo Aguirre. Sin embargo, la animadversión de Losantos hacia el alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, que ha acabado en los tribunales, hace temer a algunos dirigentes de Génova. Igual que la COPE logró miles de votos contra la Constitución europea en barrios conservadores de Madrid, a pesar de que Rajoy pidió el sí, ahora podría hacer daño a Gallardón.

En todo caso, en este partido creen que la clave de las autonómicas, que medirán el respaldo a Rajoy, estará en Navarra y algunas capitales de provincia, porque el PP cree que en Madrid "el PSOE se ha vuelto loco y prácticamente ganaremos por incomparecencia del rival".www.elpais.es 12.11.06
 

Rajoy fuerza el cierre de filas con Piqué y Arenas frente a las críticas de Zaplana  

Mariano Rajoy forzó ayer en el comité nacional del PP un cierre de filas en torno a dos de los principales barones del partido, el andaluz Javier Arenas y el catalán Josep Piqué. Ambos han recibido críticas, en sordina de algunos dirigentes contrarios al pacto estatutario andaluz, y públicamente en la Cope y El Mundo. El portavoz parlamentario, Eduardo Zaplana, crítico con ese pacto, no habló en la reunión, pero escribió en un artículo en ese periódico: "Son muchos los españoles que no ven la ganancia de este lío estatutario y que se sienten desapegados de las filigranas bizantinas". Rajoy respaldó a Piqué y Arenas.

Los miembros del comité nacional llegaron ayer a la reunión para valorar los resultados de las elecciones catalanas con el artículo de Eduardo Zaplana en la cabeza y las críticas por el pacto andaluz aún en los oídos. El texto también animaba a una "medida reflexión" para que el PP de Cataluña "tenga un apoyo mayor". Nadie se atrevió, sin embargo, a expresar sus dudas en público. Además de Piqué y el propio Arenas, sólo hablaron Manuel Fraga, Celia Villalobos y Rita Barberá, todos para cerrar filas.

Preguntado por el artículo, Rajoy se mostró molesto y recordó que Zaplana había votado el jueves, como todos los demás, a favor del Estatuto andaluz, pero dejó en evidencia su identificación con algunos barones. "En la reunión no hubo intervenciones en contra. Ha habido un respaldo claro tanto a Piqué como a Arenas, y eso a mí me reconforta mucho. Yo he apoyado su línea política y he tomado las decisiones relevantes, sobre todo la del Estatuto andaluz".

El líder admitió que en su partido hay división en este asunto, un reconocimiento poco habitual en el PP. "Es una buena decisión, la realidad nacional es sólo una expresión retórica. La gente puede ver las cosas de manera distinta. No hay decisiones por unanimidad. He visto en mi partido también el debate sobre el recurso contra el matrimonio homosexual, pero al final se traslada una sola decisión". Algunos de los presentes destacaban ayer que Zaplana no aplaudió el discurso de Piqué. Ninguno de los dos disimula ya su desencuentro.

Zaplana y su entorno no han ocultado su rechazo a los pactos estatutarios, compartido por dirigentes como Jaime Mayor Oreja, porque creen que no se puede entrar a pactar un proceso que Rajoy calificó de "disparate", según señalan en privado. Algunos incluyen en este grupo a Esperanza Aguirre, que ha aparcado la reforma del Estatuto madrileño. Pero el entorno de Zaplana insiste en que él acepta esta derrota puntual de sus planteamientos y no será desleal.

Espaldarazo

El compromiso de Rajoy con Piqué y Arenas quedó también en evidencia el martes cuando logró que la mayoría de los barones acudieran a apoyar al catalán en el mitin de cierre de campaña. En la reunión, según varios de los presentes, Arenas dio otro espaldarazo a Piqué y propuso que todos los dirigentes, incluido Rajoy, acepten la invitación del catalán para reunirse en Barcelona.

En el ambiente estaban también las críticas a Piqué y Arenas en El Mundo, y especialmente en la Cope, cuyo locutor estrella, Federico Jiménez Losantos, pidió el voto para Ciutadans, que ha robado unos 25.000 votos al PP.

"Lo que diga un medio de comunicación no nos afecta. Nosotros marcamos nuestra agenda política", sentenció Rajoy durante la reunión, después de pedir que nadie "magnificara" a Ciutadans y reconocer que Piqué "ha sufrido hostilidad política y mediática".

En este partido ya nadie niega que las críticas diarias de la Cope, ahora por el pacto andaluz, se han convertido en un problema de primer orden, porque generan división en su electorado natural. Aunque Rajoy no le da importancia a la posibilidad de que Ciutadans se presente en Madrid y, apoyado por la Cope, pueda quitar votos a Alberto Ruiz-Gallardón. Rajoy, sin embargo, mandó un mensaje a quienes apuestan por Ciutadans: "Es un partido de izquierdas, laico, que apoya la negociación con ETA-Batasuna" .www.elpais.es  04.11.06

El Mundo y la COPE, cada vez más cerca : Ensalzan a Zaplana y hacen duras críticas a Rajoy

Federico Jiménez Losantos ha dicho que Rajoy hizo ayer “el peor discurso de su carrera”, y “defendió lo indefendible” en el debate para la aprobación del Estatuto de Andalucía en el Congreso. Pedro J. ha coincidido con él en descalificar al líder de la oposición en su editorial de hoy, acusándole de tener un “problema de coherencia”. En cambio, ambos periodistas han estado de acuerdo en encumbrar al portavoz del PP en el Congreso, Eduardo Zaplana, un “político de raza” para Losantos al que El Mundo le presta su Tribuna Libre para criticar las reformas estatutarias. Mariano Rajoy, por su parte, ha replicado que el Estatuto andaluz también contó con el voto de Zaplana.

El portavoz popular ha asegurado en el texto que “el PP debe hacer en Cataluña una medida de reflexión sobre los pasos a seguir para que nuestras ideas en la Cataluña plural y el grave perjuicio que ha supuesto el Estatuto tengan un apoyo mayor”.

Losantos, de nuevo con El Mundo
Federico Jiménez Losantos se ha hecho eco de este artículo en su programa de hoy en la COPE, y ha alabado el “sentido común” de Zaplana al mostrar abiertamente su oposición a las reformas estatutarias. Para Losantos, el portavoz popular no sólo está criticando “a ese ectoplasma político que es Piqué”, sino también a Javier Arenas y a Mariano Rajoy por su “penosa” defensa del Estatuto andaluz ayer en el Congreso.

Contra Rajoy
Al parecer, para ambos medios el Partido Popular está dividido en buenos y malos: mientras Zaplana es puesto en portada y considerado un “político de raza”, Pedro J. y Losantos se han lanzado también hoy a descalificar a Mariano Rajoy por la defensa que hizo ayer en el Congreso del Estatuto de Andalucía.

“El peor discurso de su carrera”
El director de La Mañana, que no ha perdido oportunidad de criticar a Piqué y a Arenas, tanto en su programa de hoy como en su columna diaria en el periódico de Pedro J, ha asegurado que el líder del PP “hizo ayer el peor discurso de su carrera política con un discurso grotesco que defiende lo indefendible”.

Problema de “coherencia”
Pedro J. Ramírez también se ha unido en su editorial de hoy a estas críticas, y ha echado en cara al líder de la oposición que justifique un cambio de posición del PP. “El problema de Rajoy es de estrategia y, si se prefiere, de coherencia”, reza el editorial, que apunta también que el líder popular intenta hacer “digerible una alusión absurda”.

Rajoy responde
Varios periodistas han preguntado esta tarde en rueda de prensa al líder del PP su opinión sobre el artículo del portavoz de los populares. Rajoy no ha querio extenderse sobre el tema, pero ha recordado que el Estatuto andaluz se aprobó "con el voto del señor Zaplana", y ha asegurado que "el comité ejecutivo ha manifestado el pleno respaldo a estas decisiones".

www.elplural.com 03.11.06

Editorial el mundo :  EL RETO DE RAJOY NO ES HACER DIGERIBLE UNA ALUSIÓN ABSURDA

El Pleno del Congreso aprobó ayer por unanimidad la reforma del Estatuto andaluz, seis meses después de su entrada en la Cámara. El texto que ahora pasa al Senado es fruto del consenso logrado en la Comisión Constitucional por el PP y el PSOE. De hecho, en mayo, el Grupo Popular votó en contra de la toma en consideración, tras una durísima intervención de Mariano Rajoy en la que acusó a Zapatero de querer «tapar» con el Estatuto andaluz «el error garrafal» del catalán. En aquella intervención, el líder del PP fue muy explícito en su oposición a la inclusión del término «realidad nacional» para referirse a Andalucía, por considerar que es un concepto «vergonzante», sinónimo de «nación».

Rajoy volvió a salir ayer a la tribuna a defender la posición favorable de su grupo al texto pactado con el PSOE en la Comisión Constitucional y lo hizo con mucha convicción. Según el líder popular, el Estatuto andaluz es «bueno» porque «cierra el paso a cualquier veleidad nacionalista», y defendió el preámbulo en el que se ha incluido una alusión histórica a la «realidad nacional» andaluza, aunque admitió que la «alambicada fórmula» no «entusiasma a nadie». Rajoy justificó el cambio de posición del PP argumentando que el PSOE ha corregido «los disparates» y que se ha «suprimido hasta la última sospecha de inconstitucionalidad». Sin embargo, tal y como publicaba ayer este periódico, el Estatuto de Andalucía contiene competencias que el recurso presentado por el PP ante el Constitucional niega -a nuestro entender con toda la razón- a Cataluña. Zapatero no desaprovechó la ocasión para subrayar estas aparentes contradicciones del PP. Según el presidente del Gobierno, la oposición al Estatuto catalán responde a una estrategia «de corto plazo» del PP que «poco tiene que ver con el Estado de las Autonomías».

Es cierto que el texto del Parlamento andaluz ha sido ampliamente «cepillado» -como diría Alfonso Guerra- en la Comisión Constitucional. Pero esto no es lo más importante. El problema del PP no es que «la realidad nacional» andaluza haya quedado redactada de forma inocua, al margen de incorrecta desde el punto de vista gramatical. El problema de Rajoy es de estrategia y, si se prefiere, de coherencia en el mensaje. El problema del PP es que, tal vez arrastrado por los acontecimientos, ha entrado en el juego de Zapatero, que impulsó las reformas estatutarias para garantizarse el respaldo de los nacionalistas. Los presidentes regionales del PP -empezó Camps y han seguido todos los demás- se han sumado con entusiasmo a las reformas, pensando cada uno en sus propios intereses, sin tener en cuenta la opinión mayoritaria de sus votantes.

Rajoy logró que millones de ciudadanos -cuatro- le dieran su firma para oponerse al Estatuto catalán. Su reto no era convencerles a ellos y a sus casi diez millones de electores de que la «realidad nacional» andaluza es inocua. El auténtico reto del líder de la oposición es convencer a todos ellos de que tiene la fórmula para subsanar en el futuro la grave erosión de la España constitucional que alienta en estas reformas. www.elmundo.es 02.11.06

Las elecciones catalanas y la reforma de los Estatutos(*)

Acaban de celebrarse las elecciones autonómicas en Cataluña y, a falta de que se confirmen los pactos poselectorales, el mensaje de los ciudadanos ha sido claro: después de tres años anunciando los nuevos tiempos que traerá el Estatuto, todo sigue igual o incluso peor. Cataluña vuelve a optar por la incertidumbre y la indefinición, sin saber con qué carta política quedarse y, además, con el 43% de los ciudadanos al margen en estas elecciones.

Los resultados para el Partido Popular han sido los que se esperaban y, por tanto, caben interpretaciones en un doble sentido. Es moralmente obligado reconocer el ejemplo de coraje cívico y democrático que han demostrado durante toda la campaña nuestros militantes y simpatizantes en Cataluña. La verdad es que no han tenido razones para sentirse cómodos, como Rodríguez Zapatero, vista la violencia y el hostigamiento a que se les ha sometido. Esta ejemplaridad es la prueba de que tenemos un gran partido y que nada nos arredra.

Pero no cabe duda de que el PP debe hacer en Cataluña una medida reflexión sobre los pasos a seguir de ahora en adelante para que nuestras ideas acerca de la Cataluña plural y el grave perjuicio que ha supuesto el Estatuto, tengan un apoyo mayor. Igualmente, hay que lograr que cale nuestro discurso basado en las personas y no en los colectivos, el que venimos defendiendo como única fuerza de oposición hasta ahora en el Parlamento de la Ciudadela.

En estos comicios -la primera prueba electoral después de la aprobación minoritaria del nuevo Estatuto de Cataluña-, no se han confrontado programas, propuestas y soluciones a los problemas reales de los ciudadanos, sino que se han evaluado las actitudes de cada grupo político ante la propia reforma del Estatuto, elevado a la categoría de tótem al que todo se rinde y subordina.

Se ha entrado así en un juego incierto, de impredecibles consecuencias. Las opciones ideológicas ya no se definen por los baremos tradicionales. Ahora son «reaccionarios» -dicen algunos- los que no apoyan la desarticulación del Estado como garante de la solidaridad entre las regiones ricas y las menos ricas. Y en cambio se etiquetan de «progresistas» a los que sancionan la institucionalización por ley de las desigualdades entre personas y territorios.

De igual forma, ahora se tilda de «modernos» a quienes defienden el intrusismo de los poderes públicos en la esfera privada de las personas. Y se tacha de «conservadores» a los que exigen el máximo respeto del poder político hacia el espacio de las decisiones personales, tales como el que los niños puedan aprender en el colegio en el idioma oficial que elijan ellos o sus padres, o que los comerciantes y los hosteleros puedan escribir los anuncios o carteles de su establecimiento en el idioma que crean más oportuno.

Estos nuevos y extravagantes posicionamientos políticos son insólitos en el resto de Europa. Si aplicáramos en la Unión las varas de medir empleadas hoy en España para juzgar posturas políticas, la mayor parte de los europeos sería reaccionaria, extremista, radical y provocadora. Por la sencilla razón de que la inmensa mayoría de los europeos, sean izquierdistas, liberales o conservadores, apuestan en sus respectivos países por un Estado sólido y viable, no por un Estado residual e inviable.

Qué decir de los franceses, que defienden sin complejos su visión napoleónica y centralista del Estado. Qué decir de los italianos, que acaban de votar en referéndum en contra de transferir más competencias a las regiones. Qué decir de los alemanes, que están inmersos en plena reforma para reordenar el poder de los länder. ¿Acaso está toda Europa sometida al yugo de la extrema derecha, según la propia terminología del señor Rodríguez Zapatero?

Siempre me he considerado un acérrimo partidario del Estado autonómico, que defendí cuando más difícil era de aceptar por una gran parte de la población y más incomprensiones levantaba, y que me permitió ejercer como presidente de la Comunidad Valenciana. Este modelo territorial fue un acierto del conjunto de la sociedad española, que la UCD, a través de un consenso esencial, supo convertir durante la Transición en un modelo de cuyo éxito seguimos disfrutando. Como digno heredero de aquella Transición, el PP es sin duda el partido que mejor ha demostrado que es posible conjugar un gran proyecto nacional con grandes proyectos autonómicos.

Este Estado autonómico, que goza de muy buena salud y de un gran crédito por parte de la sociedad española, no era precisamente el problema del que los españoles estuvieran demandando ninguna solución. Nadie podrá convencerme de lo contrario. Los españoles no reclamaban ansiosamente este proceso de reforma estatutaria promovido, iniciado e impulsado por el presidente Zapatero.

La mayoría de los españoles ha valorado la descentralización y el autogobierno como uno de los instrumentos decisivos del progreso y el bienestar alcanzado en los últimos 30 años por nuestra nación. ¿Por qué nos hemos visto arrastrados a esta carrera frenética por dar carpetazo al éxito de la España autonómica?

No acepto que este proceso no tuviera alternativa, ni que se le conceda a nadie la patente de demócrata, centrista o enemigo del pueblo, según apoye o no este proceso, del cual se habla mucho, pero muy poco de las consecuencias de su desarrollo.

En 1978 se abordaron cuestiones muchísimo más complejas que las que ahora se han ventilado en las reformas estatutarias. Había planteado sobre la mesa el debate de una entera redefinición de España. Se trataba de pasar de un régimen dictatorial a un sistema democrático, y se dejaba atrás un modelo territorial centralista para asumir un modelo descentralizado que se articularía en comunidades autónomas. Y nadie se sintió nunca acomplejado por defender sus posiciones de partida. Todas eran igualmente legítimas. De lo que se trataba era de buscar una solución de consenso que no restara legitimidad a ninguna de las posibles alternativas.

Aquí se ha jugado a todo lo contrario, especialmente en el proceso más emblemático, como es el Estatuto catalán. El PSOE ha visto en él un instrumento en su estrategia de marginación del PP y de sus 10 millones de votantes, y de conformar una monolítica España de izquierda y nacionalismo.

La pobreza con la que se aprobó el Estatuto catalán es prueba de que, incluso el más mediático de estos proyectos de reforma, no ha logrado convencer de su necesidad a la mayoría de los ciudadanos. Quizá porque ni siquiera los catalanes han logrado vislumbrar qué beneficio pueda tener la Cataluña de ahora respecto a la de Pujol.

Éste ha sido el pecado original del proceso de reformas estatutarias promovido por Rodríguez Zapatero. Son muchos los españoles que no ven la ganancia de este lío estatutario por ningún lado y que cada vez se sienten más desapegados de estas filigranas bizantinas.

Los grandes retos que tiene planteados la sociedad española no entienden de preámbulos, de bilateralidades, de blindaje de competencias o de disposiciones adicionales. Tampoco entienden de proyectos federales o plurinacionales. Entienden de suma de esfuerzos y de voluntades, de ampliación de libertades y de apertura de mayores espacios a la iniciativa de la sociedad civil.

Las cuestiones como la inmigración, la inseguridad, los incendios o la corrupción urbanística necesitan respuestas nacionales. Lo estamos viendo a diario, en Canarias, en Cataluña, en Andalucía o en Galicia, por hablar de algunas comunidades que en los últimos tiempos se han visto desbordadas por estos problemas. El problema del agua, el de la vivienda, el del fracaso escolar o la violencia de género, exigen respuestas comunes. Por no olvidar los retos de la deslocalización y la competitividad, que se plantean a una escala que un gobierno autónomo tampoco puede afrontar en exclusiva. Una respuesta nacional a estos problemas es perfectamente compatible con el ejercicio del autogobierno de las comunidades autónomas, el más amplio que existe hoy en toda Europa.

Cada vez se hace más evidente que, en estos dos años y medio de legislatura, Zapatero ha confundido el problema y ha confundido también la solución. Este tiempo ha sido una oportunidad perdida para avanzar en un proyecto común que iba en muy buena dirección.

Sólo cabe desear que los políticos no caigamos en la melancolía de los ejercicios estériles a que puede conducirnos este proceso estatutario. Los españoles demandan que nos ocupemos de sus problemas con toda la energía y decisión, en el marco de la única España viable: la España plural y solidaria de la Constitución, que sigue siendo, por más que se empeñen algunos, la que más acuerdo concita, la que más españoles logra reunir.

En Cataluña ha quedado claro el grado de entusiasmo que despiertan entre los ciudadanos los proyectos disgregadores y excluyentes, y sobre todo ha quedado claro el gran éxito de quienes los promueven.

Eduardo Zaplana es portavoz del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso. www.elmundo.es 03.11.06

 

 


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