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LAS OPINIONES QUE DESAGRADAN A ESPE Y ALREDEDORES

" Está comprando el discurso socialista "

La extrema derecha prefiere una España genovesa a una España roja

Juan Ramón Calero, que llegó a ser portavoz del Grupo de AP en el Congreso de los Diputados, rompió con su partido hace unos ocho años en los tiempos en los que el PP de Aznar más se caracterizó por transmitir a la ciudadanía el mensaje de que era un partido, sobre todo, centrista y reformista. “Incluso de centro-izquierda”, según aseguró uno de sus líderes probablemente con más alcohol en el cuerpo del aconsejable.

Era la época en la que Aznar –experto en disfraces variopintos- se nos hizo, ¡válgame Dios!, azañista. Citaba a Azaña cada dos por tres y siempre en positivo. Cortejaba a Rafael Alberti, todavía vivo. Y declaró solemnemente que “todos somos Federico”, no por Jiménez Losantos, sino por García Lorca, cuando se cumplió el cincuenta aniversario de su fusilamiento. Es decir, de su asesinato, perpetrado vilmente por falangistas y guardias civiles en el verano de 1936. Lo mataron por rojo y por maricón, que nadie se engañe.

Con Arafat
En aquel tiempo pasó Aznar –junto a su señora, Ana Botella- una o dos nochebuenas con Yasser Arafat y su mujer Suha, en Jerusalén, los dos matrimonios oyeron la misa del gallo en una iglesia católica. Su amigo extranjero era el laborista Tony Blair, al que exhortó a seguir dialogando con el IRA a pesar de que se acababa de producir un atentado de grandes dimensiones con muchos muertos.

El presidente pacificador
A ETA la llamaba Movimiento Vasco de Liberación Nacional y levitaba pensando que podría pasar a la historia como el presidente pacificador. No liberador, entiéndase bien. En esos momentos la paz era una palabra admitida y no proscrita por la derecha. Hizo todo y más por granjearse la simpatía de los terroristas, aunque en la actualidad se enteste en negar la evidencia.

“Nacional, social y cristiano”
Calero montó, pues, su chiringuito al que denominó Partido Demócrata Español, que se definía como “nacional, social y cristiano”. No ha conseguido implantarse en las urnas y va tirando como puede. Roba votos que apenas le sirven para algo. Así se encuentran, en situación parecida, los diversos partidos de carácter absolutista o, sencillamente, neofascista. El PP enterró su fantasía centrista muy pronto. Su moderación fue una anomalía pasajera. El voto útil de la extrema derecha es votar al PP. Antes genovesa que roja, deben de pensar los líderes del facherío. Y, por supuesto, las bases de esos partidos ultras.

A la casa común
El PADE ha optado por regresar, de hecho, a la casa común conservadora. La operación retorno ha pasado en su primera fase por pactar con Esperanza Aguirre. Su precedente fue la segunda vuelta de las anteriores autonómicas madrileñas. Tras el tamayazo, llegó el calerazo. Jorge Cutillas, secretario general del partido escindido, ha manifestado: “Hay que ser sensatos y el PADE lo es, por lo que si conseguimos los 15.000 o 20.000 votos obtenidos en otras elecciones a lo mejor nosotros no conseguimos mucho, pero para Aguirre pueden ser necesarios”.

“Sin complejos”
Aguirre se ha quitado del todo su careta de liberal, de la que tanto presume. A nadie puede sorprender esta jugada de atraerse votos ultramontanos. No hace otra cosa que virar cada vez más hacia posiciones de derecha radical, muy en línea con las que defiende, “sin complejos”, su amigo Aznar. Si alguien pone en duda este diagnóstico, que vea regularmente Telemadrid. Es decir Teleespe. Los desmanes, las censuras, los despidos están a la orden del día. Los periodistas de la derecha civilizada se han ido a la calle.

La realidad es tozuda
El acuerdo formal entre Aguirre y el PADE certifica la deriva del PP hacia la derecha extrema. Rajoy puede mirar hacia otro lado, puede cantar misa en la COPE o puede tomar el pelo a los ingenuos o a los tontos, que los hay en todas partes. Pero la realidad es tozuda. El PP está en las antípodas de lo que cabe describir como centrismo. El mismo Rajoy ha perdido su aureola –que se ha revelado falsa- de moderación y equilibrio.

Demasiadas cosas en juego
En las autonómicas madrileñas se juegan demasiadas cosas como para que la izquierda no se movilice y desperdicie su mayoría sociológica. La Comunidad de Madrid es de izquierdas. No se merece una presidenta que alcanzó el poder gracias a un golpe de estado encubierto o un pucherazo mayúsculo y que se refuerza por el flanco más conservador. Por algo será que quienes la aplauden cada día son Jiménez Losantos y compañía. Esperanza, dime con quien vas y te diré quién eres.

E.S.
 

(*) Publicado en www.elplural.com 12.02.07

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