AZNAR Y SU HOMENAJE PARTICULAR A LA CONSTITUCIÓN

Los otros holocaustos

La ya archifamosa serie televisiva "Holocausto" basada en la obra del mismo título, ha originado una fuerte polémica no sólo en España, sino en todos los países en los que ha sido proyectada. Como era de esperar, la generalidad de las reacciones, lejos de intentar una aproximación histórica medianamente rigurosa, se han movido entre la repulsión las más de las veces y las acusaciones de propaganda enmascarando los sucesos. Se me antoja muy curioso, a la vista de estas y otras reacciones, el observar cómo somos capaces los hombres de justificar los hechos en función de nuestro interés y, por qué no decirlo, de nuestra propia posición política. En esto lo refiero a este holocausto, a otros que no han sido y a los que, ¡ay!, aún faltan por venir.

 El paraíso

 Hace años, con ocasión de un viaje a Alemania, tuve la oportunidad de visitar los dos sectores de Berlín: el oriental o comunista y el occidental. Tal vez no exista ninguna ciudad en el mundo en la que puedan apreciarse la libertad y la tiranía tan nítidamente como en la antigua capital alemana. En el sector oriental y, guiados por una funcionaria debidamente aleccionada, sólo se permite al turista realizar dos visitas: al monumento al soldado ruso, típico ejemplar de arquitectura totalitaria, y al único hotel decente que existe en la ciudad. Luego, desde un autocar, pude ver los antiguos Ministerios del Aire y de Propaganda, de Goering y Goebbels, así como una pequeña colina cubierta de verde, debajo de la cual se encuentra el búnker en el que murió Adolfo Hitler. El lugar en el que me hospedaba, en el sector occidental lindaba justamente con la alambrada de separación entre ambos sectores. (No hay muro solamente, sino también alambradas). A continuación, se veían vedas de ocho metros de campos de minas; una visión de los "topos" patrullando día y noche acompañados por perros especialmente educados en la caza de aquellos que pretenden huir del aparato. Una atardecer, contemplando esta escena un alemán me dijo: son nuestros hermanos. También ellos son alemanes, pero estamos separados". La emoción de este hombre era grande. ¡Qué difícil es la libertad!, pensó. Y ahora, ¿cuántos holocaustos de separación, marginación, crueldad, violencia y opresión existen hoy en el mundo? ¿Acaso no es esto también?

 Los otros holocaustos

 Para algún necio, que siempre los hay, aclararé que no me une nada absolutamente nada con la ideología nacionalista, como no sea mi modesta afición por la Historia. No veo la diferencia entre los seis millones de judíos que Hitler exterminó, y los millones y millones de criaturas que liquidaron Stalin y sus compadres del terror rojo, que por los demás ahí siguen. Sin embargo, debe de haber diferencias. El asesinato en Nicaragua de un periodista norteamericano es noticia de primera página. Los "desaparecidos" chilenos o argentinos también. Las atrocidades nazis otro tanto. Muy bien. ¿Pero quién se ocupa de esos miles y miles de vietnamitas famélicos y desesperados que mueren como chinches buscando un refugio o un pedazo de pan? Esos hombres también huyen del terror y del exterminio. ¿Por qué unos holocaustos sí y otros no?

¿Y nuestro holocausto? Porque también nosotros tenemos nuestros terribles Weiss que se llaman Araluca, Berazadi, Ybarra, Portell, los laboralistas de Atocha, los policías y guardias civiles asesinados por cientos por los Heydrich Dorff o Haltenbrunner de turno, que implacablemente los sentenciaron a muerte, como en sus magnífica crónica semanal recordaba Pedro J. Ramírez en "ABC' 

¿No lo contemplamos ya como algo normal? Así vamos, denunciando unos holocaustos, silenciando otros. Escandalizándonos de lo que unos hombres fueron capaces de hacer y no queriendo contemplar lo que nosotros hacemos hoy por acción u omisión. Y vendrán otros holocaustos en esta o en otras formas. Vendrán porque mientras sigamos valorando la vida en función de nuestro interés tendrán que venir, para que nos sirva de justicia y de escarmiento. Hasta que aprendamos.

José María Aznar

Artículo publicado en "La Nueva Rioja"(08-07-79)

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