JUAN IGNACIO BARRERO VALVERDE
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Nació en Mérida, el 29 de junio de 1943. Tras estudiar, con cierto detenimiento, la carrera de Derecho, obtuvo el título de Graduado Social. Sobre sus estudios académicos y los ligerísimos retrasos que sobre el ciclo natural de cinco años tuvo D. Juan Ignacio se ha creado una leyenda absolutamente malintencionada que mucho nos tememos ha sido jaleada desde determinados círculos próximos a nuestra organización. En realidad, en aras de ser ecuánimes, no fueron una docena (12) de años lo que tardó D. Juan Ignacio en finalizar sus estudios jurídicos sino tan solo una decena (10) de años. Como pude apreciar S. E la diferencia dice mucho a favor de la solvencia profesional de D. Juan Ignacio.
- Rumores sin confirmar aseguran que el Sr. Barrero ha ejercido en sus tiempos libres como abogado en Mérida y como profesor de Derecho Constitucional en la UNED (Centro Regional Extremeño). Esto último lo estamos confirmando, pero todo señala que los alumnos que tuvieron a D. Juan Ignacio como ¿profesor? Han constituido una Asociación de Damnificados que amenaza con hacer público, cualquier día de estos, un comunicado sobre los avatares académicos que, al parecer, sufrieron en las clases que a distancia ( la justa) les dió D. Juan Ignacio.
En cuanto a su trayectoria política, lo más sobresaliente ha sido:
En 1983, el Partido le designo candidato a la Alcaldía de Mérida (Badajoz). Lamentablemente, los resultados no estuvieron a la altura de lo deseable, y con dificultad obtuvo el escaño de concejal. Fue diputado de la Asamblea de Extremadura en la primera legislatura autónoma (1983-1987) y en la II legislatura, para el período 1987-1991.
En las elecciones generales de 1993 resultó elegido senador del Partido por Badajoz. Ese mismo año, en septiembre de 1993, por pura casualidad, fue designado presidente regional del Partido, debido a que su predecesor, el dicharachero de D. Luis Ramallo, tuvo que dimitir por ser incompatible este cargo con el de diputado del Congreso, según norma establecida por nuestro partido. Con anterioridad, a D. Juan Ignacio le nombramos presidente del partido en Mérida, presidente comarcal y vicepresidente provincial de Badajoz.
En las elecciones autonómicas del 28 de mayo de 1995 como estaba previsto, no logró derrotar al malvadillo candidato del PSOE, el tal Juan Carlos Rodríguez Ibarra, que una vez más conservó la Junta de Extremadura para el dichoso partido socialista. Eso sí, D. Juan Ignacio, encantado de haberse conocido, fue contando a todo el que quisiera escucharle ( los menos) que gracias a él se le impidió revalidar la mayoría absoluta. Humor nunca le ha faltado al Sr. Barredo.
En las elecciones generales del 3 de marzo de 1996 fue reelegido senador por Badajoz. Tras estas elecciones D. Juan Ignacio fue designado por S.E, en un claro gesto de bondad y solidaridad con el más débil, y de máximo respeto al prestigio de la Cámara. Superado el inicial y humano impacto emotivo y crematístico que su designación le provocó, el Sr. Barredo y señora, no dudaron ni un instante en aceptar la propuesta. Y ambos, como si en un lote se tratara, fueron elegidos Presidentes de la Cámara Alta.
Sobre su etapa al frente del Senado, sin animo de ser exhaustivos, le resumimos lo más ilustrativo de su gestión:
Al parecer, hay una cierta unanimidad en reconocer que D. Juan Ignacio tardó en"soltarse" en sus discursos públicos y ello, según se especulaba en los pasillos de la Cámara Alta, porque terminó por contratar asesores y redactores para sus alocuciones. Sobre el dominio de la oratoria se ha construido todo una leyenda que compite abiertamente con la facilidad
También tardó en aprender el manejo del sistema automático de votaciones con el que desde el asiento de la presidencia se cuentan las asistencias y votos de las sesiones plenarias. Para subsanar estas dificultades motrices, D.Juan Ignacio durante un tiempo, más o menos largo, tuvo que necesitar la ayuda de un funcionario de la Cámara que como se puede imaginar S.E se le ha concedido la baja por agotamiento físico y mental. Según los datos disponibles, el agotamiento justificado de este funcionario no es proporcional al que estos Plenos provocaron al Sr.Barrero: según los datos disponibles, hasta el 4 de Abril de este año, D. Juan Ignacio sólo había dirigido una quinta parte de la duración de las sesiones plenarias, dejando a su frente a alguno de los sufridos Vicepresidentes. Además, en las escasas ocasiones en que presidía los plenos, al parecer, el Sr. Barrero se evadía haciendo ejercicios de escritura inversa.
En su condición de Presidente de la Cámara Alta y dada su gran amor por la Naturaleza, no dudó ni un instante en aceptar una amable invitación del Canciller Ruso Igor Ivanov, para conocer "in situ" la flora y fauna soviética. El grave problema que se le presentó a D. Juan Ignacio, fue "no poder" negarse a liarse a tiros con los ositos rusos, lo que provocó una cierta polémica sobre las aficiones del Presidente Barrero. El siempre ha aclarado que se vió obligado para no molestar a las autoridades locales. En este dichoso viaje, el despistado de D. Juan Ignacio tuvo un lapsus y no le ocurrió otra cosa que ir acompañado nada más y nada menos que D. Pedro Román, uno de los principales socios de correrías inmobiliarias especulativas y de rápidos pelotazos urbanísticos, de nuestro buen amigo D. Jesús Gil y Gil en el Ayuntamiento de Marbella, del que fuera durante varios años su primer teniente de alcalde. En vista del lío informativo que se montó, el hábil comunicador Sr. Barrero lo intentó arreglar con una frase a todas luces desafortunada: " El Sr. Roman es un amigo de toda la vida". Un amigo que hoy día está en la cárcel y con el cual ha veraneado durante varios años en Marbella el Ex Presidente del Senado.
Otra faceta que ha caracterizado la etapa senatorial del expresivo de D. Juan Ignacio tiene que ver con conocida afición por los coches no utilitarios, por lo que nada más llegar a la Cámara Alta se percató de que el Mercedes "full equipe" que había heredado con el cargo, no estaba a la altura de "sus" circunstancias. Llegado este extremo, comparó con los vehículos de otras altas autoridades, .que si el del Presidente del Gobierno; que si el del Presidente del Congreso; que si el de Pujol; que si..., etc, etc, etc., y decidió que el suyo debía ser el mejor. Nada menos que un Mercedes S 600 L blindado último modelo (el mejor que le presentaron). El precio, al parecer, ascendía a un total de 70 milloncejos de pesetas. En vista de la polémica que se produjo, con la resignación que le caracteriza, renunció al dichoso vehículo Como dato complementario de hasta que punto un día los coches van a perder a D. Juan Ignacio le recordamos la anecdotilla que hace un tiempo protagonizó el Sr. Barrero: no se le ocurrió otra cosa que presentarse en una montería utilizando como vehículo un todo terreno lujoso de gran cilindrada que había sido requisado al narcotráfico.
Otro de los asuntillos que han provocado que D. Juan Ignacio haya sido noticia tiene que ver con sus retribuciones. La última ha consistido en aceptar con toda naturalidad los cerca de 2,5 milloncejos mensuales de indemnización durante los próximos dos años por haber sido Presidente del Senado. La polémica ha surgido, como era previsible, ya que para D. Juan Ignacio el cobro de este dinero es compatible con el hecho de que siga siendo senador y por tanto las retribuciones que como tal tiene mensualmente asignadas.
De su carácter, reproducimos párrafo literal de la Biografía que sobre D. Ignacio facilita nuestra Agencia de noticias EFE. Se comenta por sí solo:
" Hombre de carácter sosegado y, sobre todo negociador, se ha destacado por su moderación y por su labor en la dirección de centrar a su partido en una región donde el PSOE ha gozado de la mayoría absoluta hasta las pasadas elecciones autonómicas. A partir de 1993 fue formando un equipo propio regional y se convirtió en personaje clave de la política extremeña, que negoció con unos y con otros: los cargos de la Asamblea regional con Izquierda Unida y el presupuesto regional con el PSOE. Es el hombre de absoluta confianza de Aznar en Extremadura ".
En cuanto a sus aficiones, además de pasear por la calle Santa Eulalia de Mérida o tomar un cafelito en la plaza mayor, destaca sus aficiones deportivas tanto al tenis como al baloncesto. Pero sobre todo, D. Juan Ignacio, si por algo siente una pasión irrefrenable es por el mundillo de las inauguraciones. Por definición, todo es potencialmente objeto de inauguración si él y no otro es el encargado de inaugurarlo.
(Ver foto Inauguración funeraria)
Por último, D. Juan Ignacio está casado y tiene tres hijos. Como recordará S.E, su elegante esposa en los años 60 fue elegida Mis Badajoz. En estos momentos, salvo decisión en contrario, le tenemos presidiendo una empresa papelera pública. Casi nada. El sector no se lo puede ni creer.
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