RAFAEL BLASCO CASTANY
Rafael Blasco. De antisistema a profesional del poder
El portavoz del PP en las Corts militó en el FRAP y ha sido siete veces conseller con cuatro presidentes y dos partidos.
La reunión se celebró en un bareto de Valencia. Corría la primavera del 85. En aquel contubernio ahumado en nostalgia de clandestinidad llevaba la voz cantante Vicente Pérez Plaza, persona a las órdenes de Rafael Blasco Castany (Alzira, 9 de febrero de 1945) en la Generalitat e ideólogo suyo desde que ambos militaron en el PCE (Marxista-Leninista). «Venancio Vega» — era el alias de Pérez— estaba en misión de conquistar almas del PSPV para un «blasquismo» que ganaba pujanza desde la Ribera. Todos quedaron embelesados con el consejo: «Si queréis entender la política, tenéis que ver El Padrino».
Los detractores del nuevo portavoz del PP en las Corts, que son legión, sostienen que aquel hijo de republicano liberal represaliado por Franco se ha inspirado en Puzo y Coppola porque tiene una enfermiza ambición que no repara en medios para lograr fines. Sus admiradores, que también abundan, destacan su gran capacidad de trabajo y la personalidad cautivadora de quien en el trato resulta cercano, afable y literalmente encantador.
Lleva 27 años —salvo un lustro de paréntesis—en el Consell con cuatro presidentes (Lerma, Zaplana, Olivas y Camps) y en partidos antagónicos, como el PSPV y el PP. Tiene más vidas que el malo de «El Cabo del miedo». Como el personaje de De Niro, el siete veces conseller (de palos tan distintos como Presidencia, Obras Públicas, Empleo, Bienestar Social, Territorio, Sanidad e Inmigración) ha sido políticamente dado por desaparecido varias veces. Y por muerto. Pero resucita. Porque a Blasco le das un palillo, lo dejas en medio del océano y flota. Blasco siempre flota.
Su alma de superviviente está en los genes de quien nació junto al Xúquer y de pequeño veía correr a la gente para salvar sus enseres de las riadas. El espíritu combativo se modeló en la lucha antisistema, a finales de los sesenta, en el PCE (Marxista-Leninista), que alumbró el Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico (FRAP). «Carlos», su nombre de guerra, estaba resuelto a instaurar la dictadura del proletariado a través de la lucha armada y la movilización de masas. Era tal su ortodoxia que, en 1977, decidió, con Venancio, expulsar a algunos correligionarios a los que acusaron de fraccionalistas por reclamar la puesta al día de la organización tras la muerte de Franco.
Blasco entendía de fracturas. A principios de los 70 protagonizó una escisión del Movimiento Comunista de España (MCE) para montar el MCE fracción marxista-leninista. Con esa marca entró en el PCE (M-L) y el FRAP. Es más, Blasco, Venancio y Josep Garés (fue tránsfuga socialista en las Corts) rompieron con el PCE (M-L) de Raúl Marco y Elena Odena y montaron nuevo partido que no cuajó. Sus ex compañeros los tildaban de «mencheviques sarnosos», pero ellos se proclamaban PCE (M-L) «auténtico» y luego se llamaron «La Causa», como su órgano de expresión.
Defender sus convicciones le costó la cárcel. Una vez fue detenido en la frontera de regreso de una reunión del exilio en Francia. El indulto tras la muerte de Franco le abrió la puerta de salida de la Modelo de Barcelona.
Superó el percance judicial
Su compromiso político arrancó estudiando Derecho. En el Sindicato Democrático Universitario, enfrentado al falangista SEU, contactó con un tal Ciprià Ciscar, que después se convirtió en cuñado. Porque a través de él conoció a Consuelo Ciscar, que sería su mujer. Antes fue secretaria personal del presidente Lerma. Por aquel entonces (1982-85), Blasco era subsecretario de Presidencia y, desde 1983, conseller de ese área.
«Lerma confiaba ciegamente en él», explica un dirigente socialista de la época. Todo cambió cuando, a finales de 1989 y siendo conseller de Obras Públicas y Urbanismo (Coput), estalló el caso Blasco. Una directora general suya, Blanca Blanquer, denunció en Fiscalía a dos funcionarios por ofrecerse, a cambio de 500 millones de pesetas, a reclasificar suelo en Calp. Se intervinieron teléfonos y se descubrió un posible amaño en la venta de una parcela de la empresa pública Ivvsa en Paterna. El 28 de diciembre de 1989, Lerma lo destituyó. Blasco y otras cinco personas se sentaron en el banquillo. El juez instructor era Juan Climent, el que presidiría el juicio a Camps si el Supremo levanta el archivo por el presunto cohecho en los trajes Gürtel. La Sala de lo Civil y Penal del TSJ —de la que ya formaba parte Juan Montero, único magistrado que se negó a archivar el presunto cohecho de Camps— anuló la cintas y, en julio de 1991, absolvió a los acusados.
Pero el caso Blasco tuvo mucho recorrido político. El PP ganó un aliado sólido por ese principio de política internacional según el cual el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Blasco se afilió al PP en julio de 2004, recién perdida la Moncloa, pero catorce años antes juró desprecio eterno al PSOE. Siempre sostuvo que Lerma lo aniquiló para eliminar competencia.
Echar al PSOE por principio
Primero atacó por el flanco nacionalista al impulsar, en 1993, Convergència Valenciana, intento fallido de aglutinar el regionalismo de Unión Valenciana con el nacionalismo fusteriano. Y en enero del 95 hizo su gran declaración de fe: «Estoy dispuesto a trabajar con cualquier partido para echar al PSOE».
Zaplana tomó nota y lo fichó. Nada más acampar en el Palau lo nombró subsecretario. El ex alcalde de Benidorm hizo un triple: incorporó a un profundo conocedor del enemigo o rival (socialistas y UV), se dio un barniz centrista para maquillar la imagen de derechona del PP y logró un aliado en un territorio, Valencia, en el que el ex presidente nunca fue uno de los nuestros para los poderes fácticos de la derecha. Siempre vieron en Zaplana a un arribista.
Hoy, Blasco ha consolidado un poso de admiración en las bases del PP. Para que no lo convierta en tropa, Camps no se ha atrevido a hacerlo secretario general. Máxime cuando ha sindicado acciones con el presidente provincial, Alfonso Rus. No tenía pedigrí popular —en privado hablaba de «los del PP», como si no se sintiera del clan—, pero, como profesional de la política, se ha aplicado en la defensa del partido y se le reconoce el mérito.
En Canal 9 sale más que el presentador para promocionar al PP y a sí mismo. Porque Blasco es un gran comercial. Y en su catálogo destaca el producto Rafael Blasco. No en balde, de joven se curtió vendiendo enciclopedias a domicilio. Él ha ayudado a hinchar leyendas sobre su figura construidas, eso sí, sobre certezas. La historia del hombre fuerte de Camps es como esas películas basadas en hechos reales, pero con un punto de ficción.
Él cocinó a Giddens para que Zaplana se proyectara como librepensador, con la ponencia La España de las oportunidades, en el congreso nacional del PP de 1999. En su tarjeta de visita aparece la palabra estratega. Impulsó la operación de fagocitar a UV para que el PP apuntalara una mayoría absoluta que que en junio cumplió diez años. Para ello, diseñó una estrategia de patrimonialización de las señas de identidad y hasta apropiación de la herencia política de Vicente González Lizondo, fundador de UV. La hegemonía social del PP se ha edificado sobre esa asociación identitaria metonímica entre la parte y el todo. Lo valenciano es el PP, como Pujol era Cataluña; Bono Castilla-La Mancha o Fraga, Galicia. El resto son traidores a la patria. Y en el resto está Zapatero, que margina a la Comunitat con su «valencianofobia», llegó a decir.
Siempre lo negó, pero consumadas sus operaciones para aglutinar a todo el centro-derecha, se atrevió a impulsar una formación para arañar votos al PSPV. El Partido Social Demócrata (PSD) se constituyó, en 2006, a partir del PSI de Alzira, formación creada por los blasquistas cuando Francisco Blasco —el mayor de la saga y ex presidente de la diputación— fue desalojado de la alcaldía en una moción de censura impulsada por su propio partido, el PSPV, tras el escándalo judicial de su hermano.
Del FRAP a la FAES
Es persona de acción, pero nunca descuida la teoría. Es uno de los puntales del mito. Igual regala a la prensa «No pienses en un elefante», de Lakoff, gurú de la izquierda norteamericana, que asiste a un curso de la fundación FAES, el «think tank» del ala más conservadora del PP, presidido por Aznar.
Obsesionado por gestionar poder, a la manera casi borgiana, ha actuado en áreas de influencia social como el fútbol. Forzó a Paco Roig a vender su parte del Valencia CF a Juan Soler y pirarse. Incluso intervino en el esperpéntico intento de la uruguaya Dalport de quedarse con el club de Mestalla.
La trayectoria de este albacea de las devaluadas acciones de Camps demuestra que quien acuñó el concepto erótica del poder pensaba en Rafael Blasco Castany. Se diría incluso que a veces ha transitado por el linde entre la erótica y la pornografía del poder.Mecenazgo filial cruzado en el IVAM
Ciscar y el presidente de un museo portugués promocionan a sus hijos
El Institut Valencià d'Art Modern (IVAM) y el Centro Cultural de Cascais, en Portugal, mantienen un fructífero convenio de colaboración que beneficia también a los hijos de los dirigentes de ambas instituciones. La Sala de la Muralla del IVAM inauguró el martes pasado una exposición a cuatro manos con la obra de dos artistas de vanguardia de Portugal, Ana Sério y Mónica Capucho, dos jóvenes de reconocible valor creativo aunque sin apenas nombre en el panorama artístico internacional. La exposición viene avalada por la Fundação D. Luís I de Cascais, que gestiona con el Ayuntamiento de la ciudad el Centro Cultural de Cascais, institución con la que el IVAM suscribió un convenio de colaboración.
El responsable del Centro Cultural de Cascais es el padre de Mónica Capucho
Rablaci es hijo de Consuelo Ciscar y del consejero Rafael Blasco
En apariencia todo correcto y puramente motivado por cuestiones artísticas. Hasta que alguien advierte que Mónica Capucho es hija del alcalde de Cascais, António d'Orey Capucho, a su vez presidente de la Fundação D. Luís I, luego máximo responsable de la sala portuguesa que promociona el arte en sincronía con el IVAM. Y si se tiene en cuenta que esta institución también ha expuesto la obra de Rafael Blasco Ciscar, hijo de la directora del IVAM, Consuelo Ciscar, y del consejero Rafael Blasco, la relación entre ambas instituciones se parece mucho a un curioso mecenazgo cruzado que favorece a los hijos de sus responsables.
Rablaci (Valencia, 1987), que firma con este acrónimo quizá para eludir la fuerza implícita de sus apellidos, participó en verano de 2008 en una exposición colectiva de seis artistas, titulada Private bodies 3 en el Centro Cultural de Cascais. Y aunque apenas tiene 22 años y todavía estudia la carrera de Bellas Artes, ya cuenta con exposiciones individuales en varias ciudades chinas (Hang Zhou, Su Zhou y Shanghai) en las que, cómo no, el museo valenciano ha estrechado lazos, tiene obra permanente en La Habana, y ha mostrado su obra en exposiciones colectivas en Valencia, París o varias ciudades portuguesas. Es más, hasta consiguió un accésit en la categoría de escultura, dotado con 6.000 euros, de los XXVI premios Bancaixa, unos galardones que se exponen cada año, también, en la propia sede del IVAM.
Lógicamente, estas coincidencias no desmerecen la creatividad de sus autores, que evaluarán los expertos. En cuanto a la de Capucho, se puede admirar en el IVAM hasta el 3 de enero.
www.elpais.es 15.11.09
Consuelo Císcar pone el Instituto Valenciano de Arte Moderno al servicio de la carrera de su hijo
Aunque solo tiene 22 años y no ha terminado la carrera de Bellas Artes, Rafael Blasco Císcar (también conocido como Rablaci) ya ha conseguido exponer en salas dentro y fuera de nuestro país, ha ganado importantes premios e incluso ha participado en bienales en el extranjero. El secreto de su éxito, por desgracia, no está –o al menos no sólo- en la calidad artística de sus trabajos, sino en sus importantes padrinos: su madre es Consuelo Císcar, directora del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM). Casualmente, la mayoría de exposiciones y premios logrados pro Rablaci tenían algún vínculo, más o menos directo, con el importante museo.
En cualquier oficio, tener padrinos y enchufes puede servir de gran ayuda, y en mundos como el del arte, a menudo accesibles sólo para una pequeña élite, puede convertirse en un empujón vital. Esto debe saberlo bien el joven artista Rablaci, Rafael Blasco Císcar, que con sólo 22 años, un currículum más bien escueto y una carrera de Bellas Artes por terminar ya ha conseguido incluso hacerse un hueco en el panorama internacional. Al margen de la calidad de sus obras, parece claro que Rablaci tiene mucho que agradecer a su madre, Consuelo Císcar, directora del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), y estrechamente vinculada a todos los ámbitos en los que está triunfando el artista.
Entramado político familiar
Parece que el joven no quiere pasar desapercibido en Valencia, donde su familia es muy conocida por su peculiar situación política. Consuelo Císcar, secretaria de Cultura del Ejecutivo de Camps, es hermana de Cipriano Císcar, un histórico del PSPV, ex consejero de Cultura y diputado nacional. Además, está casada con el ex socialista Rafael Blasco. Blasco ocupó varias Consellerias durante el mandato del PSOE en Valencia para, posteriormente, pasarse a las filas de Zaplana. Actualmente es consejero de Territorio y Vivienda del equipo de Camps.
Exposiciones en Portugal
Según recoge el diario Levante, la exitosa y rápida carrera de Rablaci está íntimamente ligada al IVAM. Su última exposición, por ejemplo, está en Portugal, en el Convento de Cristo Tovar, un centro de arte con el que el museo valenciano mantiene una colaboración estable. De hecho, ambas galerías intercambian exposiciones: en el centro luso expuso recientemente el escultor Ramón de Soto. Por su parte, el artista portugués Cuaresma ha tenido una estrecha relación con el IVAM y habría propiciado intercambios artísticos entre los museos.
Apoyo de De Soto
De Soto, que colaboró en los primeros programas culturales durante el mandato de Zaplana en la Comunidad, ha mantenido una estrecha colaboración con Císcar desde su llegada al mundo de la política, y fue él quién consiguió que Rablaci consiguiera su primera exposición en una galería privada en Madrid hace sólo unos meses, como el propio joven reconoció.
La Bienal de Cuba
El muchacho tiene además su propio catálogo, a pesar de su exigua trayectoria. Según Levante, fue el crítico Rafael Sierra, comisario del IVAM, quien le ayudó en esta tarea. Y una hazaña más sorprendente aún: Rablaci participó en la Bienal de Cuba junto con otros artistas en representación del arte español. Por su puesto, el IVAM participaba en la organización de la bienal, y llevaba una exposición del portugués Cuaresma. La participación del hijo de Císcar levantó una gran polémica y despertó las suspicacias en el sector.
Premios
El joven también ha recibido recientemente uno de los accésit de los premios de pintura y escultura que concede Bancaja. Entre los miembros del jurado se encontraba Sally Radic, cuyo marido, Kosme de Barañano, también ha sido director del IVAM. Por supuesto, es el museo el que alberga la exposición de las obras premiadas en el certamen.
Polémica con Cien Valencianos
La última polémica protagonizada por el joven artista está relacionada con el proyecto Cien Valencianos que promueve la Generalitat y que está dedicado a los jóvenes artistas. Aunque la lista de los integrantes aún no se ha hecho oficial, nadie duda de que Rablaci estará en ella, pese a que su propuesta como participante fue rechazada por varios de los seleccionadores, que consideraron que había otros muchos artistas con más méritos que el hijísimo.www.elplural.com 05.09.09
Blasco: "Estamos en una crisis de gobierno desde hace cuatro meses"
Malestar en Presidencia por unas manifestaciones del consejeroEscepticismo en la Generalitat, Bancaja y el Valencia sobre el grupo Dalport
El consejero de Inmigración, Rafael Blasco, participó el pasado jueves en una reunión con Víctor Vicente Bravo, presidente de Dalport Inversiones, la empresa uruguaya que se ha hecho con la mayoría de las acciones del Valencia CF, y con Vicente Soriano, el hombre de confianza de Bravo en el club valencianista. Durante la conversación, publicada ayer por el diario Levante-EMV y que Blasco circunscribió a su actividad privada, el consejero actuó como un asesor de Bravo y de Soriano.
Más allá de las cuestiones referentes al ámbito estrictamente futbolístico, Blasco realizó afirmaciones de contenido político. En una de ellas asegura: "Nosotros tenemos en este momento una crisis de gobierno desde hace cuatro meses por un señor que es presidente del gobierno regional que tiene que demostrar que ha pagado dos trajes que se ha llevado. No es que tengan que demostrar los demás que no los ha pagado. Llevamos cuatro meses intentando demostrar que ha pagado él sus trajes".
Blasco, durante toda la conversación, habla confiadamente con sus interlocutores, les aconseja y asesora sobre los pasos que deben dar para que su proyecto tenga visos de verosimilitud y sea creíble. Frases como "En la medida que se puedan adoptar las decisiones en los plazos conveniados, todo irá bien", "creo que es muy importante reforzar la imagen de que esto es en serio y que tiene credibilidad y que va adelante", "yo creo que lo que corresponde es que tú..." o "tenéis que hacer un requerimiento notarial" dan una idea de lo implicado que el consejero está en el proyecto.
Pero ni su implicación ni la afirmación de que el Consell está en crisis han gustado un pelo en Presidencia de la Generalitat con la que está cayendo sobre Camps.Rafael Blasco, que durante la conversación llegó a afirmar, que "el nivel de apoyo institucional se va a mantener", echó balones fuera durante su comparecencia en la rueda de prensa posterior al pleno del gobierno valenciano. El consejero negó haberse referido a un gobierno en crisis y se escudó en que el encuentro pertenecía a su vida particular para no responder a una pregunta que llegó a calificar de "insolente".
Pero el apoyo institucional al grupo uruguayo Dalport, que se ha hecho con la mayoría de las acciones del Valencia, sólo parece venir de Blasco. En la Generalitat están molestos por la inoportunidad de sus declaraciones, en Bancaja desconfían por completo de unos inversores a los que no conocen de nada pese a ser el principal acreedor del Valencia y por el método utilizado. "Nadie hace negocios de esta envergadura de esta manera. Lo normal es venir de la mano de un banco de negocios que garantice la solvencia de los inversores". Un ejecutivo de Bancaja, desde el escepticismo hacia la operación, apunta: "Si esto no sale bien, Soriano se tendrá que ir del país".
Una muestra más de la nula credibilidad que le merecen a Bancaja estos supuestos inversores fue la suspensión de la cena que, a primeros de esta semana, tenían prevista celebrar con el presidente de la entidad. José Luis Olivas excusó su asistencia tras recibir informaciones solventes sobre los socios de la empresa.
La desconfianza en la actual directiva del Valencia es absoluta. "Esto es muy triste" afirman desde la sede del club. Manuel Llorente, presidente valencianista, asegura que se encuentra muy tranquilo. "Seguiremos trabajando gracias a la legitimidad que nos otorgó la junta de accionistas. La ampliación de capital tiene que seguir adelante. Debe servir para democratizar el club. Es fundamental y necesaria".
Ni tan siquiera el ex vicepresidente del Valencia se fía de los de Dalport. Juan Soler ha vendido sus acciones, pero ha cobrado con pagarés de Ford EE UU, considerados en el mundo de las finanzas como bonos basura por su alto riesgo y escasa fiabilidad. Por eso el antiguo propietario reclama que esos pagarés que, supuestamente, están avalados por Caja Duero lo estén también por el Banco de Santander. Vicente Soriano, un especialista en alargar los tiempos, le ha pedido 15 días para lograrlo.
Pero, por si faltaba poco, la desconfianza se ha instalado entre los protagonistas de la reunión. Soriano, Bravo y Blasco se citaron a las 12.45 del jueves en el despacho de abogados Cuatrecasas donde dialogaron durante dos horas. Uno de los presentes grabó la reunión que se filtró de inmediato.
La reacción del bufete fue, tras confirmar la reunión, presentar una denuncia que ha sido admitida a trámite. Cuatrecasas precisa que la grabación se inició fuera de sus instalaciones y continuó en el interior del despacho. La firma de abogados aclaró que se limita a asesorar a su cliente, Vicente Soriano, en los aspectos técnico-legales de la operación de compraventa de sus acciones del Valencia CF.
Soriano también ha interpuesto una denuncia por considerar ilegal la grabación de un encuentro privado. Su denuncia, que ha sido admitida a trámite, solicita el secuestro de todas las publicaciones que se hagan eco de la transcripción y la recuperación de las cintas en poder de los medios de comunicación.
Blasco, por su parte, anunció que no piensa tomar ningún tipo de medida.
www.elpais.es 12.07.09
"SOY EL SEÑOR LOBO. SOLUCIONO PROBLEMAS"
Rafael Blasco, como Harvey Keitel (el señor Lobo en la película Pulp Fiction) siempre aparece como la solución divina en el momento más crítico. La tarjeta de presentación del personaje, especialista en gestionar embrollos muy pringosos, parece hecha a propósito para Blasco: "Soy el señor Lobo. Soluciono problemas".
El candidato a la presidencia a la Generalitat, Eduardo Zaplana, fue el primero que en 1995 recurrió a sus servicios. Blasco, arrancado de cuajo de la primera línea de la política del PSPV bajo la sombra de cohecho, conocía como la palma de su mano la selva y la fauna que Zaplana aspiraba a ocupar y someter si, como le decían las encuestas, ganaba las elecciones. El ex socialista obtuvo un pasaje a la rehabilitación a cambio de ayudarle en la campaña electoral y guiarle en el Palau de la Generalitat, en cuyo engranaje se convirtió en una pieza imprescindible. Lo fue tanto que se convirtió en el disco duro de Zaplana.
Pese a que su deuda había sido cancelada, en 2003 Francisco Camps lo nombró consejero de Territorio y Vivienda en su primer gobierno, una de las de mayor protagonismo político por la Ley de Ordenación del Territorio. Podía solucionarle problemas. Y no tardaría el momento. Blasco sería el primero en referirse públicamente a la conveniencia de que la presidencia del PP en la Comunidad Valenciana correspondiera al presidente de la Generalitat, y no a Zaplana, cuya relación quedó rota a partir de ahí. Blasco abrió el fuego y ayudó a Camps a recomponer la estructura de un partido que todavía estaba en manos de zaplanistas. Ahora el señor Lobo ha vuelto a ser requerido para marcar objetivos y argumentarios que rescaten a Camps del purgatorio en el que se ha metido.
(www.elpais.com, 23/03/09)
"CASO CALPE" Y "CASO BLASCO". A finales de noviembre de 1990, Blanca Blanquer (directora general de Urbanismo de Calpe, Alicante) denunció a altos funcionarios de la Consejería de Obras Públicas de Valencia por supuestos delitos de cohecho y maquinación para alterar el precio de las cosas.
Implicados: Rafael Blasco (consejero), Inmaculada Sancho (secretaria general de la Consejería), Rubén Muñoz (arquitecto y portavoz de la Comisión Territorial de Urbanismo de Calpe), José Muñoz (empresario) y Juan José Ortega Gironés (agente inmobiliario).
Al parecer, los acusados presionaron a los empresarios alicantinos Asensi Pastor y Javier García para que pagasen 300 millones por la reclasificación de unos terrenos en Las Salinas de Calpe y también ocultaron el anuncio de subasta en beneficio privado.
A raíz del "caso Calpe", Rafael Blasco fue investigado por otra presunta subasta irregular de terrenos, esta vez en la ciudad valenciana de Paterna ("CASO BLASCO"). Se cree que Blasco alejó a otros postores valiéndose de secretos oficiales y alterando el precio de las cosas.
Otros implicados, aparte de Blasco e Inmaculada Sancho: Juan Manuel Chuliá y José Antonio de Juan (arquitectos), Juan José Esturi (director del Instituto de Vivienda) y Jacques Lacroix (empresario francés e "intermediario" en la entrega de varios millones para decantar a su favor la subasta de los solares de Paterna).Del FRAP a los cursos de la FAES
Julio de 1999. En un solemne acto en el Palau de la Generalitat, los consellers del nuevo Gobierno de Eduardo Zaplana, el primero con mayoría absoluta, tomaban posesión de su cargo. Entre ellos, Rafael Blasco, que asumía una cartera de nueva creación, la de Empleo. El ex socialista volvía así a sentarse en el banco azul del Gobierno del que salió en enero de 1990 tras estallar el llamado caso Blasco, un escándalo de corrupción urbanística que marcaría su carrera política, pero que no le impedirá años después volver a la primera línea de la política.
De hecho, la incorporación de Blasco al nuevo Ejecutivo de Zaplana en 1999 no extrañó a nadie, ya que durante la anterior legislatura el alzireño había trabajado a las ordenes del presidente ocupando cargos del segundo escalón. En un círculo con periodistas, el recién nombrado conseller del PP comentaba divertido que el era el único político que había logrado formar parte de gobiernos de diferente signo político. Y añadía que sería un logro volver a formar parte de un futuro nuevo gobierno socialista. Ocho años después de este comentario, las urnas no han permitido que el PSPV reconquiste la Generalitat, pero Blasco sigue formando parte del Ejecutivo autonómico.
Si el hoy conseller de Inmigración y Ciudadanía, de 62 años de edad, logra agotar la legislatura habrá pasado veinte años de su vida siendo conseller y alcanzará la edad de jubilación en el cargo. Si en el cómputo se tiene en cuenta sus cargos en el segundo escalón (fue subsecretario con el PSPV y con el PP), Blasco puede celebrar de sobra sus bodas de plata en la Administración, un tercio de su vida con salario público.
Quienes han trabajado con él coinciden en que la clave de su permanencia radica en haberse convertido en el político profesional por excelencia. Autodisciplina, capacidad de adaptación y afán de poder. Tres características que el titular de Inmigración maneja a la perfección y que le han permitido sobrevivir a escándalos y a detractores y seguir siendo para muchos el mago de la política valenciana. Magia o habilidad lo cierto es que Blasco se subió al carro de la Administración en 1982 y todavía no se ha bajado. En suma, ha ocupado siete carteras bajo dos banderas (la socialista y la del PP) y con cuatro presidentes distintos: Joan Lerma, Eduardo Zaplana, José Luis Olivas y Francisco Camps.
Su permanencia en el nuevo Ejecutivo de Francisco Camps en una cartera «minimal» , según sus propias palabras, con escaso presupuesto y gestión se interpreta en algunos círculos del PP como el principio del fin de su carrera política, aunque no falta quienes creen que Blasco, sabrá sacar petroleo e inflar el globo de un departamento con escasas competencias. A ello contribuirá sin duda su preocupación, casi obsesiva, por figurar en los medios de comunicación.
Aunque Blasco se afilió en el Partido Popular en 2004, su perfil nunca ha acabado de encajar en un partido que además, ahora, parece haber acentuado su faceta más conservadora. En esta nueva etapa, algunos apuntan que la imagen del conseller puede servir de contrapeso, aunque su capacidad de influencia será menor.
Del FRAP a los cursos de la FAES
Rafael Blasco (Alzira, febrero de 1945) tiene a sus espaldas una dilatada trayectoria política e ideológica que arrancó en el marxismo y que ha desembocado en una defensa de posiciones social liberales en el PP que, sin embargo, no le impiden participar, como hará hoy, en un curso de la Fundación para el Análisis y Estudios Sociales (FAES), considerada del ala dura y neoconservadora del PP. Doctor en Derecho por la Universitat de València, en su juventud militó en la extrema izquierda del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico) de inspiración marxista-leninista. Al finalizar la dictadura, moderó su pensamiento hasta instalarse en la socialdemocracia del PSOE, partido al que se afilió a principios de los 80. Tras su sonada salida de la Generalitat, Blasco se entrega a la causa de impedir una nueva victoria del PSPV. Abre la brecha en La Ribera, con el Partido Independiente Socialista (PSI) y trata de configurar la Convergencia Valenciana. La operación fracasa, pero su conocimiento de los entresijos del partido regionalista de Lizondo le servirá posteriormente para ayudar a Eduardo Zaplana en la aniquilación de Unión Valenciana. Tampoco dudará en poner la información adquirida en su etapa socialista y como consecuencia de su círculo familiar (es cuñado de Ciprio Ciscar) al servicio de la causa popular. Su contribución a la ponencia «La España de las Oportunidades» que el ex presidente presenta en el congreso nacional del PP de 1999 y con la que trata de acentuar su imagen de centro, catapulta a Blasco con el sambenito de ideólogo de Zaplana, un papel, sin embargo, que algunos consideran sobrevalorado. «Es verdad que le pasaba papeles, pero nunca formó parte de la toma de decisiones», asegura un ex compañero de Blasco, hoy fuera del Ejecutivo. Desde 1995, Blasco ha participado en todas los programas electorales del Partido Popular.www.levante-emv.com 15.07.07
MAS INFORMACIÓN
Las chaquetas del consejero Rafael Blasco
Pedro Prieto y Manuel Talens
Rafael Blasco Castany es un personaje bien conocido en todos los ámbitos ideológicos del espectro político de la Comunidad Valenciana. En su juventud, durante el tardofranquismo, militó en la extrema izquierda del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico, de inspiración marxista-leninista). Más tarde, tras el fin de la dictadura, diluyó sus objetivos y se trasladó a la socialdemocracia del PSOE una vez que Felipe González la expurgó de cualquier rastro marxista. Allí empezó a destacar, pues durante seis años, entre 1983 y 1989, ocupó cargos importantes en la administración socialista del gobierno autonómico de la Generalidad Valenciana: consejero de Presidencia, secretario y portavoz del Consell y consejero de Obras Públicas, Urbanismo y Transportes, hasta que las querellas intestinas con el entonces presidente Joan Lerma le hicieron abandonar el barco. No se amilanó: prosiguió su andadura hacia la derecha y, desde 1995, ya instalado en el neoliberalismo triunfante y con el Partido Popular en el poder, ha venido ocupando puestos de primera fila, primero a las órdenes del presidente Eduardo Zaplana (coordinador del Programa de Administraciones Públicas y asesor ejecutivo del Presidente, director del Gabinete de Planificación, Estudios y Evaluación de la Consejería de Presidencia, subsecretario de Planificación y Relaciones Externas de la Consejería, consejero de Empleo y consejero de Bienestar Social) y, en la actualidad, con el nuevo presidente autonómico Francisco Camps, también del Partido Popular, es consejero de Territorio y Vivienda, lo cual equivale, para entendernos, a ministro regional de Medio Ambiente.
Durante las últimas semanas, a título de supuesto paladín ecológico y en calidad de defensor a ultranza del controvertido Plan Hidrológico Nacional –en particular en su aspecto más discutible, el trasvase del río Ebro hacia tierras valencianas–, Blasco ha mantenido con uno de nosotros un cruce de metralla verbal a través de las páginas de El País. El lector avisado que desee conocer mejor los pormenores de esta polémica puede consultarlos en el siguiente URL: www.manueltalens.com/ultima_hora/50polemica.htm .
El presente trabajo, que desborda la limitada capacidad de una columna periodística de opinión, busca neutralizar con mayor calado los sofismas de este aguerrido embaucador y desmontar la vaciedad de sus argumentos.
En sus dos simulacros de respuesta a los ataques que recibía a propósito del Plan Hidrológico Nacional (Engañifa, 21.11.2003 y ¡Voto a bríos!, 6.12.2003, ambos en El País-Comunidad Valenciana), Blasco ha dejado bien claro que el mayor peligro de algunos políticos neoliberales no es su vana dialéctica, sino su querencia por los medios de comunicación. Quizá a causa de un añejo fondo católico que sólo concibe la ética o el civismo en la soledad del confesonario, el consejero suele despotricar contra púlpitos y tarimas cuando se le ataca en público, sin darse cuenta de que el lugar desde donde contesta en El País se titula «Tribuna», plataforma ¿de predicación? que él utiliza cada dos por tres como arma de propaganda. Esta vez, empero, las flechas que se le lanzaron hicieron diana, porque se ha erizado como un gato ante perro rabioso.
Se escuda el consejero Blasco en que sus argumentaciones a favor de trasvasar el agua del Ebro a la Comunidad Valenciana «son compartidas por la mayoría de nuestros conciudadanos» y recuerda que en marzo de 2003 hubo en Valencia una manifestación multitudinaria a favor de dicho trasvase. Interesante. Por supuesto, olvida señalar que el Partido Popular organizó aquel evento con dinero público desde el poder y que, muy en el estilo de los plebiscitos franquistas en la madrileña Plaza de Oriente, no dudó en fletar centenares de autobuses para transportar «voluntarios» desde las comarcas, tras lo cual organizó una gran paella en el antiguo cauce del Turia, todo ello adobado con un gran despliegue propagandístico televisivo. Además, también olvida señalar que la cifra oficial de 800.000 manifestantes fue un enorme bulo desmentido por los ecologistas, que tras situar cámaras de vídeo en las entradas de la ciudad de Valencia, filmaron todos los autobuses, multiplicaron éstos por el número de pasajeros y llegaron a una cifra de 80.000 personas, diez veces menor. Sin embargo, tales detalles no son más que una pura anécdota a beneficio de inventario sobre las fullerías de la manipulación informativa, pues en realidad lo que nos interesa rebatir aquí es el fondo de la coartada argumentativa de Blasco, a saber, que nuestros conciudadanos comparten una opinión favorable al trasvase del Ebro. Si hiciésemos una encuesta entre los saharauis para saber si les vendría bien trasvasar a sus campamentos el agua del Nilo, y si encima les ofreciésemos una comilona gratis para que dijesen que sí, seguramente lo harían, sin que eso justificara en absoluto un cataclismo ecológico de tal calibre, ya que las cosas de la ciencia no se deciden por aclamación popular (de no ser el gran manipulador que en realidad es, Blasco debería reconocer este principio), sino de acuerdo con lo que opinen los científicos, que son quienes entienden de estos asuntos. Los científicos que no comen en el pesebre del Partido Popular han dicho que nanay al Plan Hidrológico Nacional.
Sigamos. A continuación de la falacia anterior, Blasco se explaya en las razones que, según él, hacen necesario el trasvase del Ebro:
1. La Comunidad Valenciana necesita agua. Mil millones de personas en el mundo la necesitan más que dicha Comunidad, sin que por ello se saquen de la manga negocios faraónicos. Se trata de una simpleza que no sirve para fundamentar ecuación alguna, pues enseguida surge la pregunta: ¿Por qué, señoría?
2. Todos los gobiernos democráticos han sido conscientes del déficit hídrico. En vez de indagar el porqué de dicha clarividencia gubernamental, Blasco apela al carácter «democrático» de los gobiernos y se queda tan fresco. La palabra democracia (y sus derivados) es un comodín que da para mucho en los mentirosos tiempos que corren. Ojo, los gobiernos dictatoriales también fueron conscientes de lo mismo. ¿Acaso a Franco no le decían Paco Rana porque se dedicaba a construir pantanos? ¿Qué diablos legitima el que cualquier gobierno haya sido consciente de un déficit hídrico, si todos ellos tuvieron y tienen sus pezuñas embarradas en el desarrollismo a ultranza, genitor de dicho déficit? ¡Menudo argumento!
3. El agua es necesaria en tres ámbitos, a saber: recuperación de zonas húmedas en el norte y el sur de la Comunidad Valenciana; mantenimiento del desarrollo socioeconómico de la Comunidad Valenciana, y refuerzo de los estándares de sostenibilidad establecidos por la Unión Europea. Veamos: a) ¿Por qué Blasco sólo se plantea la huida hacia adelante y no reflexiona sobre las razones de que esos humedales, tras miles de años de suficiencia, «ahora» necesiten agua? ¿Por qué no centra más bien el debate en averiguar cuántos lustros pasarán antes de que los humedales vuelvan a necesitarla, puesto que seguiremos con el mismo modelo desarrollista, consumidor insaciable de recursos y culpable en primer grado de esta sed repentina?; b) Si, cuando habla de «mantenimiento del desarrollo socioeconómico», Blasco pensase apenas un segundo en lo que dice, se daría cuenta de que equivale a afirmar que es necesario mantener el «grado de aceleración» de un vehículo, no su velocidad, mayor o menor y c) A pesar de que en columnas anteriores se le rogó a Blasco que suprimiese el blablablá, la cabra tira al monte y cayó de nuevo en conceptos ambiguos y oficinescos, refuerzo, estándares, sostenibilidad... Desde luego, dicha jerga no resiste el rigor de un análisis, pero como buen político profesional, nuestro adalid pretende con ella hacerse pasar por lo que no es ante el auditorio: un hombre juicioso y sensato, europeo, ecologista, defensor del medio ambiente y cumplidor de estándares de naciones avanzadas. ¡Casi ná!
4. El equilibrio entre la España seca y la España húmeda es un bien común inaplazable en su concreción. Este enunciado es un sofisma perfecto para enseñar en las escuelas, pues de una premisa verdadera (dos Españas climáticamente distintas) salta a una conclusión ilógica (la obligatoriedad de su equilibrio). Claro que hay una España seca y otra húmeda, pero de eso no se puede deducir que debamos enmendarle la plana a la Madre Naturaleza. A nadie se le ocurre «equilibrar» el Sahara con los lagos noruegos. Antes de llegar a tan sorprendente inferencia, se impone investigar el coste de ese nuevo equilibrio contra natura que se pretende instaurar. Nos referimos al coste ecológico y al energético, no al dinerario, que al fin y al cabo pagaremos los contribuyentes españoles y europeos, y ello a pesar de que muchos opinamos que el Plan Hidrológico Nacional terminará por tragarse asimismo la España húmeda.
Luego, pone la guinda sobre el pastel y añade triunfador: «Éstas son las necesidades». ¿En serio? Hay tantas necesidades como colores. El niño rico que pide juguetes caros a los Reyes Magos tiene una necesidad. Los parados pobres que exigen un trabajo digno tienen otra. Las necesidades a que alude Blasco sólo existen si se parte de la premisa de que el silogismo inicial es dogma de fe. Pero no lo es, se trata de una falsedad retórica.
Sin embargo, la mejor boutade viene después. Con razón Blasco nos advirtió de entrada en ¡Voto a bríos! que no se «ruborizaría por exponer lo que piensa y defiende». Es verdad, no se ruboriza al repetir por enésima vez el mismo eslogan publicitario, vacío de contenido: «La respuesta [al desequilibrio entre la España seca y la España húmeda es] un Plan Hidrológico aprobado por el Parlamento español y puesto en marcha por un gobierno, el del Partido Popular, que además de ser consciente del problema ha propuesto una solución adecuada y ajustada a la realidad». Acto seguido, hace una finta, elude añadir sustancia a dicho eslogan y se acoge a sagrado en textos escritos por individuos de su cuerda ideológica: «Considero que una lectura atenta de tales documentos ofrece las respuestas que [usted] exige a este quijote medioambiental». Sin saberlo, de manera incomprensible en un político de tan larga experiencia, Blasco ha caído en la ingenua trampa que se le tendió y se ha tomado en serio la ironía de creerse quijote, una chaqueta más de las muchas que tiene en su extenso guardarropa, la que luce cuando arremete con su lanza neoliberal –provocadora de entuertos ecológicos y esbirra fiel del capitalismo más depredador– contra los molinos de viento de la izquierda, sus antiguos compañeros de viaje.
La apoteosis: «Pero además, y aunque no sea mi general actuar, le rogaría que actuase como ciudadano responsable y si considera que ha habido un incumplimiento de la ley de incompatibilidades traspase el umbral de la columna y acuda a la esfera correspondiente».
Qué curioso, todo se contagia. Blasco cierra la regañina con el tic crispado de su jefazo Aznar y, antes de despedirse, se saca de la manga admoniciones y amenazas veladas. Traducimos: actúe usted como ciudadano responsable (pues al poner en duda lo que digo es usted un irresponsable) y, si ve que hemos hecho algo ilícito al nombrar Secretario de Estado de Aguas e impulsor del Plan Hidrológico Nacional al director de los servicios jurídicos de la compañía hidroeléctrica Iberdrola –la gran beneficiaria del trasvase del Ebro–, reclame al maestro armero y aparezca por el juzgado de guardia, que allí lo esperamos con nuestros imparcialísimos fiscales Fungairiño y Cardenal, los mismos que se opusieron al enjuiciamiento del general Pinochet.
He aquí un ejemplo paradigmático del estilo de la pepería, que bajo la apariencia de un debate entre caballeros, termina por dejar las cosas claras cuando el viejo talante derechoso se desborda y sale a la luz.Por último, hombre docto entre sus pares, a nuestro tribuno le encanta buscar apoyos ajenos para echar balones fuera. Cita, pues, unas palabras de Josep Ramoneda: «La cultura política es una cultura del prejuicio. Los buenos y los malos están previamente establecidos.»
Puestos a citar también, ya que es algo muy vistoso como traca final, nosotros preferimos a don Francisco de Quevedo: «No he de callar por más que con el dedo / ya tocando la boca ya la frente / silencio avises o amenaces miedo».
Pedro Prieto es colaborador habitual de «El Inconformista Digital» en temas de energía y coeditor del sitio web «Crisis Energética» (www.crisisenergetica.org).
Manuel Talens es escritor (www.manueltalens.com).
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