OPINIÓN E IMAGEN

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Rato, Gallardón y Cascos se acercan de cara a la sucesión
Operación quemados
El vicepresidente económico Rodrigo Rato, el presidente de la Comunidad de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, y el ministro de Fomento, Francisco Alvarez Cascos, protagonizan desde hace unas semanas un acercamiento inédito hasta ahora en el PP. Se ven más, en público y en privado, se dedican elogios mutuos y están dejando que dentro del partido se hable del nuevo túo como un posible e inesperado elemento a tener en cuenta de cara a la sucesión de Aznar. Quienes saben de estos movimientos citan el distanciamiento de los tres dirigentes con el presidente como una de sus claves, pero también el giro que La Moncloa estaría dando hacia un nacionalismo económico menos liberal que en la anterior legislatura.
Inmaculada SÁNCHEZ
La política hace extraños compañeros de cama. Así lo piensa más de uno de los que asisten, perplejos, a los últimos movimientos de dirigentes tan destacados como el vicepresidente económico o el ministro de Fomento. los mensajes cifrados, los guiños con intención y los signos secretos proliferan en este PP pre-sucesorio en el que Aznar no ha logrado imponer la calma. Y buena parte de ellos se están dando entre la calle de Alcalá y la Puerta del Sol de Madrid.
'La amistad de Rodrigo y Alberto es de muchos años", explican ahora quienes tratan de lógico este acercamiento entre el ministro de Economía y el presidente madrileño, a pesar de que ambos han tenido serios enfrentamientos por el control del partido en la capital y por estrategia y protagonismo político cuando uno era el portavoz de¡ partido en el Congreso y el otro en el Senado.
La evidencia de la nueva situación llegó a los puestos de mando del PP el pasado 19 de febrero, justo dos semanas antes de que Pedro J. Ramírez desvelara que "Rodrigo no quiere" y se autoexcluía de la carrera sucesoria. El desencuentro de¡ ministro con Aznar estaba ya llegando a su cima, según fuentes bien informadas, y Rato utilizó una cita institucional con Ruiz-Gallardón para demostrar su independencia de La Moncloa. Entonces, aquel acto pasó desapercibido, pero desde hace días se lo señala con un círculo en algunos despachos ministeriales.
Rato estaba invitado a la presentación del libro La economía de Madrid según la tabla input-output de 1996, que radiografiaba la economía madrileña y ofrecía al presidente Gallardón la posibilidad de presentar unos buenos datos y presumir de gestión, lo que nadie esperaba es que la presencia protocolaria del ministro se transformara en un acto de apoyo al controvertido presidente madrileño.
"Madrid ha liderado el crecimiento español y ha sido una de las comunidades que mejor ha aprovechado las condiciones generales de la economía", dijo Rato. Su encendido elogio a la gestión de Gallardón culminó con un "felicito a los responsables políticos de la Comunidad de Madrid porque han situado a esta región en la cabeza de la economía nacional". Para dotar a su gesto de más contenido político si cabe respaldó expresamente a Gallardón en su conflicto con el pequeño comercio al apostar por las medidas liberalizadoras tomadas por éste en materia de distribución.
"Esta actitud de Rato sentó fatal en La Moncloa", asegura una fuente del PP de Madrid que conoce las habituales tensiones entre Ruiz-Gallardón y Aznar. Dos semanas después, el artículo de Pedro J. Ramírez daba carta de naturaleza a la retirada de Rato y, citando a los posibles sucesores, volvía a llamar la atención sobre el posible "peligro Gallardón", un dirigente considerado muerto políticamente para el entorno aznarista, respecto al que, además, alertaba de la importancia que tendría en su resurrección la actitud de Rato. "Sin la autoritas de Rato como elemento de interposición, no hay que descartar siquiera que Ruiz-Gallardón, percibido desde La Moncloa como el Mordred de esta Mesa Redonda, pueda intentar sublevar a sus cuadros madrileños y plantear un desagradable asalto frontal a Camelot", decía el director de El Mundo.
El movimiento de estas huestes gallardonistas, cada vez más menguadas, sobre todo desde que Aznar ganase por mayoría absoluta hace ahora un año, había hecho cierto ruido en las semanas previas a la crisis de Gobierno que iba a plantear la marcha de Mayor Oreja como candidato a lehendakari. "Aunque pueda resultar increíble, quizá vieron que, al haber un hueco en el Gobierno, podían tener alguna posibilidad. De hecho, en muy poco tiempo, el Gobierno Gallardón cerró varios temas polémicos, como el conflicto con los discapacitados o el del Pinar de Chamartín, para evitar quejas en la calle", asegura un diputado autonómico madrileño no gallardonista.
En otros ámbitos del PP de Madrid se matiza la inesperada aproximación del ministro de Economía. "Rato es el que ha movido pieza, pero nadie sabe muy bien hasta dónde llega su autoexclusión", señala un alto cargo del partido. "Lo que sí parece una evidencia, tal como se ve ahora al ministro con RuizGallardón, es que si éste definitivamente no opta a la sucesión, podría apoyar alguna operación en la que esté Alberto", añade. Otras fuentes, más entusiastas, apuntan a la suma de sus fuerzas de cara a uno de los dos como candidato o a un tercero que tuviera que tenerlos en cuenta. Soñar es gratis y las cábalas sobre el futuro de esta incipiente agrupación son tantas como escasos los dirigentes que están en sus claves. Más complejas se tornan éstas si, además, hay que añadir al tercer dirigente que está dando qué hablar en las últimas semanas en los cenáculos populares: el ex vicepresidente y ex secretario general del partido Francisco Álvarez Cascos.
"Los ves comiendo juntos, no sólo en el despacho por temas institucionales, sino en restaurantes. Y no parece importarles que les vean", aseguran en el PP madrileño sobre el presidente Gallardón y el ministro de Fomento. Aunque nunca ha existido una especial amistad entre ambos dirigentes -al contrario de Rato- tanto Cascos como Gallardón comparten orígenes políticos en la AP de Fraga y una especial relación con el fundador. Si Cascos fue, en su día, la cuña del "patrón" en la Ejecutiva de Aznar cuando éste fue el designado para pilotar el refundación, de Gallardón se llegó a decir que era el "tapado de Fraga" si el elegido Aznar no conseguía vencer a los socialistas.
Aunque la autoridad actual del presidente de la Xunta nada tiene que ver con la de otros tiempos, tanto Cascos como Gallardón se reconocen a sí mismos como damnificados no sólo del líder supremo, Aznar, sino también de su guardia pretoriana, el en tiempos conocido como Clan de Valladolid. Contra él chocó en múltiples ocasiones Cascos cuando era el secretario general en Génova, y contra él se estrelló Gallardón cuando coordinó la investigación interna en torno al caso Naseiro.
Dado que el presidente de Madrid ha hecho bandera de su gestión a la consecución en tiempo y forma de las nuevas infraestructuras de transporte de la región -en la anterior legislatura fue el Metro de la capital y en ésta será su ampliación a los municipios del Sur en el megaproyecto conocido como Metrosur- Cascos ha encontrado en él un idóneo aliado para intentar mantenerse a flote desde un departamento destinado, básicamente, a la dotación cle infraestructuras. "Se diría que Cascos quiere imitar el modelo Gallardón para conseguir los aplausos que siguen a la inauguración de las obras', critica un dirigente de la oposición madrileña para quien no ha pasado desapercibido que el ministro de Fomento ha acompañado recientemente al presidente de Madrid en varios cortes de cintas.
Esta embrionaria entente ya empieza a ser conocida en algunos circuitos populares como la de los "agraviados por Aznar" dado que los tres dirigentes que pueden formarla han sido alejados de la confianza del presidente, aunque con muy distinto nivel y antigüedad. Si Ruiz-Gallardón nunca ha contado con la simpatia del presidente, Cascos data su divorcio político con Aznar en el anterior congreso, en febrero de 1999, cuando fue sustituido por Javier Arenas en la Secretaría General del partido, mientras que Rato apenas lleva el año transcurrido de esta legislatura y, sobretodo, los últimos meses, en el pelotón de los "quemados".
La baza que podría jugar su unidad en el futuro tiene demasiadas variables pero todas las fuentes consultadas coinciden en que la llave la tiene Rato. El vicepresidente es el único que aún tiene una cercanía tangible a Aznar y, con ella, la información necesaria para calibrar sus movimientos. "Todo dependerá de lo que haga Rato", sentencia un alto cargo que reduce al mínimo la capacidad de maniobra de Gallardón y Cascos. Y que duda que éste se ponga enfrente de Aznar.
Mientras en el PP se espera la decisión del presidente -en ese lejano 2003 citado por él mismo- nadie se queda quieto y los movimientos del trío citado están chocando ya con la autoridad de quien cada vez es más fuerte en Génova, el coordinador de organización y también presidente del PP de Madrid, Pío García Escudero. La cercanía y fidelidad a Aznar son las bases del poder que exhibe discretamente el en otro tiempo colaborador del presidente en sus años en Valladolid. No son pocos los que esperan que, si la operación quemados pasa a mayores será Pío el primero en actuar contra ella.
No es fácil, sin embargo, que ésta avance más allá de un acercamiento estratégico entre tres dirigentes "faltos del cariño de La Moncloa", como los define un ex alto cargo madrileño. La culpa de ello, básicamente, la tendría Alberto Ruiz-Gallardón, quien, a pesar de haberse replegado en los últimos años a su escenario local, ha retornado, más recientemente, a irritar al presidente con sus apuestas políticas enfrentadas. La más llamativa, según explican fuentes de su entorno, sería el anuncio de que la privatización de Telemadrid, la cadena de televisión autonómica, se haría mediante subasta, en plena polémica sobre la adjudicación por concurso de las licencias de UMTS realizadas por el Gobierno de Aznar. La siguiente, el nombramiento de Francisco Giménez-Alemán como director general de la misma cadena.
A pesar de que la fulminante destitución de Silvio González en ese puesto, tras la emisión de un documental sobre Euskadi considerado no beligerante contra ETA pudo parecer, en un principio, un gesto de Gallardón hacia la estrategia del Gobierno Aznar en el País Vasco, la elección de su sustituto ha sido entendido en La Moncloa como una afrenta: el conocido periodista fue desplazado de la dirección de ABC dentro de una operación apoyada por el Gobierno para convertir al diario en un fiel aliado de su política con José Antonio Zarzalejos, un periodista mucho más cercano, en la dirección.
Más recientemente, la Ley de Extranjería criticada desde la oposición ha sido negada desde el Gobierno de RuizGallardón en una "Carta de derechos y deberes de los inmigrantes en la Comunidad de Madrid", aprobada el pasado febrero en la que se les reconocen los derechos de reunión, asociación, sindicación y huelga que les niega le ley de Aznar.
Estos enfrentamientos de Gallardón con La Moncloa venían mermando su base de apoyo en el partido -dentro de su propio Gobierno algunos consejeros ya han hecho "el trasvase hacia Pío", según fuentes solventes- pero la autoexclusión de Rato parece haber removido todo el panorama. Nadie sabe cuál será el dibujo definitivo de la situación, pero todos andan ojo avizor. "Si Aznar sigue sin aclarar la sucesión esto, cada dia, será más complicado", sentencia un viejo militante.

                   ¿ Quién es más liberal?
Aznar siempre se ha definido como liberal y su guardia pretoriana, el en otro tiempo unido Clan de Valladolid, hacían del liberalismo su seña de identidad. Sin embargo, importantes decisiones del Gobierno en la presente legislatura han sembrado la inquietud en determinados círculos económicos sobre la evolución de este pretendido liberalismo. Es más, la fase final del desencuentro entre el presidente y su ministro de Economía es situado por una mayoría de fuentes en la frustrada fusión entre Endesa e lberdrola, operación sobre la que es sabido que Aznar apoyaba y Rato disentia.
Esta falta de sintonía en política económica es también una de las bases del acercamiento entre Rato, Gallardón y Cascos.
Quienes están en el entorno de la operación se atribuyen sin reparo representar a 'lo más moderno y lo más liberal" del PP. Significativamente, en las ya citadas declaraciones de apoyo de Rato a la política de Gallardón el énfasis estuvo en sus liberalizaciones: 'Madrid ha apostado por la liberalización sin caer en políticas proteccionistas y corporativistas de determinados colectivos", dijo el ministro ante el presidente de la comunidad.
Quienes siguen con preocupación el progreso de esta confrontación de pareceres dentro del PP buscan con interés a los que ahora están más cerca del presidente Aznar tras el alejamiento de Rato como asesor económico. En esta búsqueda ha pasado desapercibido un significativo cambio en la dirección del departamento de Economía del Gabinete de la Presidencia. Si durante toda la legislatura anterior tan sensible puesto lo ocupó Baudilio Tomé, fiel representante del espíritu liberal del Clan de Valladolid, tras el 12-M y el ascenso de Tomé a secretario de Estado de Telecomunicaciones, el cargo pasó a Román Escolano. Se trata de un joven técnico comercial -35 años- que no lleva el sello de liberal escrito en la frente como su antecesor y, de hecho, antes de entrar en la Moncloa fue fichado para el PP como asesor por Javier Arenas cuando era ministro de Trabajo, precisamente uno de los dirigentes populares que no reniega de su adscripción democristiana ni de la porción socialdemócrata que nutre su ideario.