Inmaculada SÁNCHEZ
La política hace extraños compañeros de cama. Así
lo piensa más de uno de los que asisten, perplejos, a los últimos
movimientos de dirigentes tan destacados como el vicepresidente económico
o el ministro de Fomento. los mensajes cifrados, los guiños con
intención y los signos secretos proliferan en este PP pre-sucesorio
en el que Aznar no ha logrado imponer la calma. Y buena parte de ellos
se están dando entre la calle de Alcalá y la Puerta del
Sol de Madrid.
'La amistad de Rodrigo y Alberto es de muchos años", explican
ahora quienes tratan de lógico este acercamiento entre el ministro
de Economía y el presidente madrileño, a pesar de que ambos
han tenido serios enfrentamientos por el control del partido en la capital
y por estrategia y protagonismo político cuando uno era el portavoz
de¡ partido en el Congreso y el otro en el Senado.
La evidencia de la nueva situación llegó a los puestos de
mando del PP el pasado 19 de febrero, justo dos semanas antes de que Pedro
J. Ramírez desvelara que "Rodrigo no quiere" y se autoexcluía
de la carrera sucesoria. El desencuentro de¡ ministro con Aznar
estaba ya llegando a su cima, según fuentes bien informadas, y
Rato utilizó una cita institucional con Ruiz-Gallardón para
demostrar su independencia de La Moncloa. Entonces, aquel acto pasó
desapercibido, pero desde hace días se lo señala con un
círculo en algunos despachos ministeriales.
Rato estaba invitado a la presentación del libro La economía
de Madrid según la tabla input-output de 1996, que radiografiaba
la economía madrileña y ofrecía al presidente Gallardón
la posibilidad de presentar unos buenos datos y presumir de gestión,
lo que nadie esperaba es que la presencia protocolaria del ministro se
transformara en un acto de apoyo al controvertido presidente madrileño.
"Madrid ha liderado el crecimiento español y ha sido una de
las comunidades que mejor ha aprovechado las condiciones generales de
la economía", dijo Rato. Su encendido elogio a la gestión
de Gallardón culminó con un "felicito a los responsables
políticos de la Comunidad de Madrid porque han situado a esta región
en la cabeza de la economía nacional". Para dotar a su gesto
de más contenido político si cabe respaldó expresamente
a Gallardón en su conflicto con el pequeño comercio al apostar
por las medidas liberalizadoras tomadas por éste en materia de
distribución.
"Esta actitud de Rato sentó fatal en La Moncloa", asegura
una fuente del PP de Madrid que conoce las habituales tensiones entre
Ruiz-Gallardón y Aznar. Dos semanas después, el artículo
de Pedro J. Ramírez daba carta de naturaleza a la retirada de Rato
y, citando a los posibles sucesores, volvía a llamar la atención
sobre el posible "peligro Gallardón", un dirigente considerado
muerto políticamente para el entorno aznarista, respecto al que,
además, alertaba de la importancia que tendría en su resurrección
la actitud de Rato. "Sin la autoritas de Rato como elemento
de interposición, no hay que descartar siquiera que Ruiz-Gallardón,
percibido desde La Moncloa como el Mordred de esta Mesa Redonda, pueda
intentar sublevar a sus cuadros madrileños y plantear un desagradable
asalto frontal a Camelot", decía el director de El Mundo.
El movimiento de estas huestes gallardonistas, cada vez más menguadas,
sobre todo desde que Aznar ganase por mayoría absoluta hace ahora
un año, había hecho cierto ruido en las semanas previas
a la crisis de Gobierno que iba a plantear la marcha de Mayor Oreja como
candidato a lehendakari. "Aunque pueda resultar increíble,
quizá vieron que, al haber un hueco en el Gobierno, podían
tener alguna posibilidad. De hecho, en muy poco tiempo, el Gobierno Gallardón
cerró varios temas polémicos, como el conflicto con los
discapacitados o el del Pinar de Chamartín, para evitar quejas
en la calle", asegura un diputado autonómico madrileño
no gallardonista.
En otros ámbitos del PP de Madrid se matiza la inesperada aproximación
del ministro de Economía. "Rato es el que ha movido pieza,
pero nadie sabe muy bien hasta dónde llega su autoexclusión",
señala un alto cargo del partido. "Lo que sí parece
una evidencia, tal como se ve ahora al ministro con RuizGallardón,
es que si éste definitivamente no opta a la sucesión, podría
apoyar alguna operación en la que esté Alberto", añade.
Otras fuentes, más entusiastas, apuntan a la suma de sus fuerzas
de cara a uno de los dos como candidato o a un tercero que tuviera que
tenerlos en cuenta. Soñar es gratis y las cábalas sobre
el futuro de esta incipiente agrupación son tantas como escasos
los dirigentes que están en sus claves. Más complejas se
tornan éstas si, además, hay que añadir al tercer
dirigente que está dando qué hablar en las últimas
semanas en los cenáculos populares: el ex vicepresidente y ex secretario
general del partido Francisco Álvarez Cascos.
"Los ves comiendo juntos, no sólo en el despacho por temas
institucionales, sino en restaurantes. Y no parece importarles que les
vean", aseguran en el PP madrileño sobre el presidente Gallardón
y el ministro de Fomento. Aunque nunca ha existido una especial amistad
entre ambos dirigentes -al contrario de Rato- tanto Cascos como Gallardón
comparten orígenes políticos en la AP de Fraga y una especial
relación con el fundador. Si Cascos fue, en su día, la cuña
del "patrón" en la Ejecutiva de Aznar cuando éste
fue el designado para pilotar el refundación, de Gallardón
se llegó a decir que era el "tapado de Fraga" si el elegido
Aznar no conseguía vencer a los socialistas.
Aunque la autoridad actual del presidente de la Xunta nada tiene que ver
con la de otros tiempos, tanto Cascos como Gallardón se reconocen
a sí mismos como damnificados no sólo del líder supremo,
Aznar, sino también de su guardia pretoriana, el en tiempos conocido
como Clan de Valladolid. Contra él chocó en múltiples
ocasiones Cascos cuando era el secretario general en Génova, y
contra él se estrelló Gallardón cuando coordinó
la investigación interna en torno al caso Naseiro.
Dado que el presidente de Madrid ha hecho bandera de su gestión
a la consecución en tiempo y forma de las nuevas infraestructuras
de transporte de la región -en la anterior legislatura fue el Metro
de la capital y en ésta será su ampliación a los
municipios del Sur en el megaproyecto conocido como Metrosur- Cascos ha
encontrado en él un idóneo aliado para intentar mantenerse
a flote desde un departamento destinado, básicamente, a la dotación
cle infraestructuras. "Se diría que Cascos quiere imitar el
modelo Gallardón para conseguir los aplausos que siguen a la inauguración
de las obras', critica un dirigente de la oposición madrileña
para quien no ha pasado desapercibido que el ministro de Fomento ha acompañado
recientemente al presidente de Madrid en varios cortes de cintas.
Esta embrionaria entente ya empieza a ser conocida en algunos circuitos
populares como la de los "agraviados por Aznar" dado que los
tres dirigentes que pueden formarla han sido alejados de la confianza
del presidente, aunque con muy distinto nivel y antigüedad. Si Ruiz-Gallardón
nunca ha contado con la simpatia del presidente, Cascos data su divorcio
político con Aznar en el anterior congreso, en febrero de 1999,
cuando fue sustituido por Javier Arenas en la Secretaría General
del partido, mientras que Rato apenas lleva el año transcurrido
de esta legislatura y, sobretodo, los últimos meses, en el pelotón
de los "quemados".
La baza que podría jugar su unidad en el futuro tiene demasiadas
variables pero todas las fuentes consultadas coinciden en que la llave
la tiene Rato. El vicepresidente es el único que aún tiene
una cercanía tangible a Aznar y, con ella, la información
necesaria para calibrar sus movimientos. "Todo dependerá de
lo que haga Rato", sentencia un alto cargo que reduce al mínimo
la capacidad de maniobra de Gallardón y Cascos. Y que duda que
éste se ponga enfrente de Aznar.
Mientras en el PP se espera la decisión del presidente -en ese
lejano 2003 citado por él mismo- nadie se queda quieto y los movimientos
del trío citado están chocando ya con la autoridad de quien
cada vez es más fuerte en Génova, el coordinador de organización
y también presidente del PP de Madrid, Pío García
Escudero. La cercanía y fidelidad a Aznar son las bases del poder
que exhibe discretamente el en otro tiempo colaborador del presidente
en sus años en Valladolid. No son pocos los que esperan que, si
la operación quemados pasa a mayores será Pío el
primero en actuar contra ella.
No es fácil, sin embargo, que ésta avance más allá
de un acercamiento estratégico entre tres dirigentes "faltos
del cariño de La Moncloa", como los define un ex alto cargo
madrileño. La culpa de ello, básicamente, la tendría
Alberto Ruiz-Gallardón, quien, a pesar de haberse replegado en
los últimos años a su escenario local, ha retornado, más
recientemente, a irritar al presidente con sus apuestas políticas
enfrentadas. La más llamativa, según explican fuentes de
su entorno, sería el anuncio de que la privatización de
Telemadrid, la cadena de televisión autonómica, se haría
mediante subasta, en plena polémica sobre la adjudicación
por concurso de las licencias de UMTS realizadas por el Gobierno de Aznar.
La siguiente, el nombramiento de Francisco Giménez-Alemán
como director general de la misma cadena.
A pesar de que la fulminante destitución de Silvio González
en ese puesto, tras la emisión de un documental sobre Euskadi considerado
no beligerante contra ETA pudo parecer, en un principio, un gesto de Gallardón
hacia la estrategia del Gobierno Aznar en el País Vasco, la elección
de su sustituto ha sido entendido en La Moncloa como una afrenta: el conocido
periodista fue desplazado de la dirección de ABC dentro de una
operación apoyada por el Gobierno para convertir al diario en un
fiel aliado de su política con José Antonio Zarzalejos,
un periodista mucho más cercano, en la dirección.
Más recientemente, la Ley de Extranjería criticada desde
la oposición ha sido negada desde el Gobierno de RuizGallardón
en una "Carta de derechos y deberes de los inmigrantes en la Comunidad
de Madrid", aprobada el pasado febrero en la que se les reconocen
los derechos de reunión, asociación, sindicación
y huelga que les niega le ley de Aznar.
Estos enfrentamientos de Gallardón con La Moncloa venían
mermando su base de apoyo en el partido -dentro de su propio Gobierno
algunos consejeros ya han hecho "el trasvase hacia Pío",
según fuentes solventes- pero la autoexclusión de Rato parece
haber removido todo el panorama. Nadie sabe cuál será el
dibujo definitivo de la situación, pero todos andan ojo avizor.
"Si Aznar sigue sin aclarar la sucesión esto, cada dia, será
más complicado", sentencia un viejo militante.