Operación Botella

Ni los ministros, ni el secretario general, mucho menos los vicesecretarios y ni siquiera el presidente del partido y del Gobierno, su marido: la verdadera protagonista del XIV Congreso del PP ha sido Ana Botella, una baza política imposible de descartar en el juego de los populares tras la anunciada retirada de José María Aznar en 2004. De momento, la esposa del jefe del Ejecutivo milita sin modestia en su partido y se deja querer por sus, cada vez más, enfervorizados incondicionales

Por Ana Pardo de Vera

La presentación en el madrileño hotel Palace del libro Mujeres, que incluye una larga entrevista realizada por la periodista Esther Esteban a Ana Botella, recordó a muchos de los asistentes otro acto similar, pero, en este caso, siendo el entrevistado un ministro y, además, vicepresidente segundo del Gobierno. Entonces, Rodrigo Rato, a quien la periodista Carmen Tomás preguntó sobre cuestiones económicas para escribir su libro Las Claves de la Economía Actual, no logró convocar ni a la tercera parte de los asistentes al acto que protagonizó Ana Botella. Y eso, sin contar la presencia institucional que, en el caso del ministro de Economía, se limitó a la asistencia del titular de Administraciones Públicas, Jesús Posada, que, además, acudió únicamente a hacerse la foto inicial sin quedarse a la presentación, y el diputado del PP Teófilo de Luis, incondicional de Rato. No fue el caso de la mujer de José María Aznar, que contó con el apoyo de la mitad del Gobierno, de un altísimo despliegue de periodistas y de incontables personalidades e invitados de distintos ámbitos.

"Ana Botella se está convirtiendo en un auténtico fenómeno mediático, el partido en el que milita lo sabe y no puede, ni debe, ignorarlo", aseguraba hace unos meses una persona destacada del entorno de Génova. Y no sólo le gusta salir en los medios, pues su temprano interés por la política –militaba en el PP antes que Aznar– ya suponía un buen augurio de la que podría ser su futura actividad política. De hecho, según publicó El Siglo ya en 1998 (núm. 315, Ana Botella se infiltra en el Gobierno), tan interesada se halla en la actividad gubernamental que llegó a exigir una copia de informes a los que sólo tienen acceso el presidente y los vicepresidentes. Hoy, estos signos suponen la confirmación de que en el PP ya se habla de un ajetreo in crescendo que situaría a Ana Botella en la línea de salida hacia un destacado cometido político después de que Aznar cumpla su palabra y abandone La Moncloa en 2004. Ella misma, aunque descarta dedicarse a la política mientras su marido ocupe el cargo que ocupa, no desecha, sin embargo, la idea de introducirse en la actividad pública después de 2004 y, en consecuencia, de forma independiente, pues al fin y al cabo, el estrépito de su militancia actual se debe a su rol de presidenta consorte. "Sin restarle mérito, pues allí donde va, triunfa", asegura una de sus incondicionales.

En efecto, el Partido Popular, según fuentes solventes de Génova 13, se mueve de cara a 2004 contando con la posibilidad de que se dedique plenamente a la política "una de sus militantes más activas", en palabras del secretario general, Javier Arenas, quien en al menos cuatro entrevistas concedidas la semana pasada, elogiaba el potencial político de Ana Botella y no descartaba en absoluto que lo explotase en el futuro en beneficio del PP. Las opciones entonces, si Ana Botella no reingresa en el funcionariado (ver recuadro, Experta en excedencias), pasan por una alta responsabilidad en el Partido Popular –dentro de Coordinación de Área u ocupando alguna de las secretarías ejecutivas–; un escaño en el Parlamento, aunque Ana Botella parece no barajar esta posibilidad, pues, aseguran expertos monclovitas, "el brillo de La Moncloa no existe en el Parlamento", aparte de que, según otras fuentes más maledicientes, "ella no soportaría verse en la misma situación que Carmen Romero, al igual que su marido evita en lo posible asemejarse en algo a su antecesor", el ex presidente Felipe González, o, directamente, una función pública en un posible Gobierno popular salido de las elecciones generales de 2004. "Nada puede ser descartado para este filón de votos del PP: ni una Secretaría de Estado ni un Ministerio", es más, en Génova empiezan a preguntarse si no será ella La Sucesora dada su insistencia en lo mucho que le gustaría que fuese el PP quien inaugurase en España las candidaturas femeninas a la Presidencia del Gobierno. Aunque, es verdad, ella lo niega, riéndose de que pueda únicamente apuntarse semejante posibilidad.

Para algunos miembros del entorno de La Moncloa, no es exagerado decir que "más del 50% de su actual proyección internacional, Aznar se la debe a otros", y entre estos otros –grupo en el que figuran el yernísimo ya oficial Alejandro Agag o el fontanero y diplomático Ramón Gil-Casares– se encuentra la mujer del presidente. Ana Botella, con su estilo simpático y dicharachero, del que Aznar carece, procura ganarse a todos los jefes de Estado y de Gobierno, y a sus respectivas, que pasan por La Moncloa o a los que ellos visitan en sus países. Ya es conocida, por ejemplo, la buena dosis de culpabilidad de Ana Botella en las óptimas relaciones que la familia Aznar mantiene con los Blair y que se afianzaron especialmente cuando Tony Blair y los suyos fueron a Doñana invitados por el presidente del Gobierno, pero sin prever la fría climatología de esos lugares. Los Blair se quedaron encantados entonces con la disposición de la señora de Aznar, que abrió los armarios de su familia y repartió ropas de abrigo. Algo muy similar a lo que ocurrió con el entonces primer ministro portugués, Antonio Guterres, abrumado por la enfermedad de su esposa, que finalmente falleció en 1998, y a quien Ana Botella se encargaba de llamar regularmente, muy preocupada por el doloroso trance.

La mujer de José María Aznar no sólo es una entusiasta de que las relaciones internacionales de su marido sean lo más cordiales posibles, tanto política como personalmente, sino que ella misma se trabaja las suyas amistosas con las consortes de los jefes de Estado o de Gobierno. Así, acompaña a su marido en todos los viajes internacionales e intenta llevarse bien, más allá de la pura oficialidad, con las esposas de los homólogos de Aznar mientras se forja un papel de eficiente y popular segunda dama participando activamente en todos los acontecimientos internacionales, políticos o no, a los que se le invita. Incluso, la semana pasada en el programa radiofónico matinal de la Cadena Ser Hoy por Hoy, "El Búho" dejaba caer una revelación que confirma el creciente protagonismo de Ana Botella. Al parecer, según las fuentes de este confidente de la emisora, a lo largo de los seis meses que dura la presidencia española  de la UE, se celebraría una reunión informal sobre la igualdad de la mujer, el tema favorito de la esposa de Aznar, auspiciado por Loyola de Palacio y por Juana Borrego, presidenta de la Federación Nacional de la Mujer Rural (FEMUR), y en el que casi con toda probabilidad, Ana Botella contaría con un papel relevante.

Así, "sin prisa pero sin pausa", como describen en Génova la trayectoria de la ya llamada presidenta, Ana Botella Serrano (Madrid, 1953) se habría diseñado una estrategia, con la eficiente colaboración del PP, que pasaría por tener una imagen pública consolidada en España, que ya tiene; una imagen menos fuerte, pero lo suficientemente amable y conocida, en Europa y en América Latina; demostrar –cuantas más, mejor– inquietudes sociales, que ya ostenta, pues acude a cuantos actos benéficos es reclamada y preside honoríficamente la ONG Mensajeros de la Paz; participar en mítines y actos del partido de ámbito local –su colaboración en la campaña electoral del PP en Galicia el pasado mes de octubre fue muy sonada y no menos se reconoce su actividad decisiva en las generales de 2000, que le dieron la victoria absoluta al PP–, y, en definitiva, colocarse en la línea de salida de su esposo, y de entrada para ella, con el suficiente peso específico como para desempeñar un cargo político relevante en 2004.

Eso, sin olvidar su faceta literaria: como referente público en el libro Ana Botella. La biografía, escrito por los periodistas Beatriz Pérez-Aranda y José Luis Roig; como coautora del libro de cuentos infantiles comentados Érase una vez…, o como protagonista absoluta e ideal de opinión femenina en el libro Mujeres. Ana Botella dialoga con Esther Esteban. Precisamente, en la presentación de éste, de la editorial Temas de Hoy, perteneciente al Grupo Planeta, su presidente, José Manuel Lara Bosch, le sugirió a Ana Botella la posibilidad de llevar a cabo más proyectos conjuntos, seguramente, consciente de la proyección y la repercusión futura de esa mujer, de la que dicen que es "políticamente perfecta".

EXPERTA EN EXCEDENCIAS

Ana Botella ha estado toda su vida laboral ligada a al Administración, sin embargo, esa relación ha sido como el Guadiana, plagada de entradas y salidas, excedencias y reingresos. Actualmente disfruta de una de esas excedencias desde 1996, coincidiendo con el año en el que José María Aznar ganó las elecciones generales

Botella  es Técnico de Administración Civil, oposición que aprobó poco después de licenciarse en Derecho. Su primer trabajo fue en el Ministerio del Interior en Madrid, aunque estuvo solo un año, ya que en 1978 se trasladó a vivir a Logroño junto a su marido. Allí trabajó un año en el Gobierno civil, para pedir una excedencia de tres años hasta que regresó a Madrid y entró en la asesoría jurídica del Ministerio de Obras Públicas, donde estuvo hasta 1987, momento en el que se trasladó a Valladolid tras ser elegido Aznar presidente de la Comunidad de Castilla y León. Allí se reincorporó en la Administración, esta vez en la delegación provincial del Ministerio de Hacienda. En 1989 volvió a pedir una excedencia que mantuvo hasta su reingreso en el Ministerio de Hacienda en Madrid en 1991, donde ocupó una jefatura de área –nivel 28– en la Dirección General del Patrimonio del Estado. Tras un periodo de permiso sin sueldo, Botella pidió la excedencia que aún hoy disfruta cuando Aznar ganó las elecciones en 1996

En estos más de cinco años de segunda dama a tiempo completo, Ana Botella ha visto como el reglamento de situación administrativa de los funcionarios se modificaba para eliminar el límite de tiempo que antes pesaba sobre las excedencias. En la actualidad, puede reingresar en la Administración en el momento que quiera, sólo tiene que solicitarlo. Sin embargo, el tipo de excedencia al que podría estar acogida, "por interés particular", no conlleva la reserva de plaza, con lo que le sería ofrecida una plaza vacante entre las de su misma categoría, prioritariamente en Madrid, pero no necesariamente. De reincorporarse, Ana Botella, como funcionaria de Grupo A ganaría un sueldo base de 167.699 pesetas, más un complemento de destino, que en el caso de un nivel 28 es de 126.532, al que habría que añadir trienios –6.442 cada uno–, más el complemento especifico –varía según la plaza, pero un caso medio cobra unas 150.000– y la productividad, que también varía pero que en una jefatura de área es de unas 70.000 pesetas. En definitiva, en torno a los siete millones de pesetas brutas anuales. Ya en euros, 42.070,85

Aunque Ana Botella aseguró en más de una ocasión que "todos nos sentimos orgullosos de la reina Sofía", también son conocidos, según fuentes muy cercanas, sus tejemanejes privados para tratar de acaparar, además del apelativo ‘presidenta’, que le encanta, el papel de ‘primera dama’, que corresponde en nuestro país a la reina Sofía. Y, según fuentes muy solventes del entorno real, a ésta no le son ajenas las ansias protagonistas de la mujer de Aznar –equiparables a las de su marido en relación con las funciones del rey Juan Carlos, Jefe de Estado, expuestos por esta revista (ver, Ninguneado, núm. 467)– "y le desagradan sobremanera", aseguran las mismas fuentes.

‘Presidenta’ y ‘primera dama’

Así, Ana Botella no dudó en ejercer de homóloga de la Primera Dama estadounidense y mujer del presidente de este país, Laura Bush, acompañándola en su breve visita cultural por Madrid, para acudir una hora después a un conocido restaurante madrileño en donde les aguardaba desde hacía unos minutos la Reina.

No era la primera vez, sin embargo, que la mujer de Aznar se adjudicaba funcionalmente el papel de ‘primera dama’, pues en 1999, Ana Botella realizó una visita que hubiera sido del gusto de la Reina, y por la que la mujer de Aznar posó muy sonriente para la revista Hola. Tal y como entonces recogió El Siglo, Ana Botella acudió a Atenas a inaugurar la exposición Pablo Picasso-Estudios para el Guernica, una muestra de dibujos de la colección permanente del Centro de Arte Reina Sofía, cedida temporalmente por el Ministerio de Cultura al Museo de Arte Cicládico de la capital griega. El Reina Sofía aclaró entonces que Ana Botella "fue enviada por el Gobierno". La acompañaba en su periplo el entonces secretario de Estado de Cultura, Miguel Ángel Cortés

LA ADVERSARIA INVISIBLE

Si hay alguien opuesto a Ana Botella dentro del amplio plantel de rostros vinculados, directa o indirectamente, a la política es, precisamente, su "adversaria": Sonsoles Espinosa, casada con el líder de la oposición, José Luis Rodríguez Zapatero. Y es que frente a la extroversión, el gusto por la política, la militancia en el PP y el afán de protagonismo, especialmente mediático, de Ana Botella, la esposa del secretario general del PSOE no disimula su timidez, no tiene absolutamente ningún interés por la política, no milita en el PSOE y huye de los medios como de la peste, porque no soporta el rol de señora de.

De hecho, ninguna presa fue tan codiciada por los periodistas después del 35 Congreso del PSOE como Sonsoles Espinosa, que tras la elección entonces de su marido como secretario general socialista, intuyó –con la razón que le daría el tiempo– que tendría su cruz particular en los medios de comunicación. Eso, sin embargo, no le impide ser amable con ellos, aunque se niega a dar entrevistas, y, si no hay más remedio, dedicarles unas palabras, como hizo en la presentación del libro biográfico sobre su marido, escrito por el periodista de El Mundo Óscar Campillo, en el que muy sonriente, pero escueta, hizo sus declaraciones para el programa televisivo Caiga Quien Caiga.

Sonsoles Espinosa, profesora de canto y dueña de una excelente voz de soprano, se casó con Rodríguez Zapatero en 1990 y tienen dos hijas en común, Laura y Alba. Aunque apoya a su marido en todo lo que éste se proponga, el hecho de tener que irse a vivir a Madrid después que su marido se erigiese como nuevo líder del principal partido de la oposición, fue un trago muy duro, pues le obligó a dejar su tranquila vida en León y a introducirse en la vorágine de la capital, máxime al pasar de ser una completa desconocida a convertirse en un personaje que despierta, como mínimo, la curiosidad de la opinión pública y, en consecuencia, en un objetivo prioritario para la prensa.

En los mentideros políticos, por lo tanto, se asegura que Ana Botella y Sonsoles Espinosa son todavía más diferentes de lo que lo son la esposa de José María Aznar y Carmen Romero, esposa del ex presidente Felipe González, ya que, al menos, a esta última le apasiona la política y se dedica a ella como diputada nacional por Cádiz. Y en realidad, sostienen en el mismo entorno, las mujeres de los que fueron presidentes españoles siempre se han caracterizado por su discreción. Tanto Amparo Illana, difunta esposa de Adolfo Suárez, como Pilar Ibáñez, esposa de Leopoldo Calvo-Sotelo, o Carmen Romero –aunque ésta, durante un tiempo, continuó dando clases en un instituto público al que acudía rodeada de su enorme despliegue de seguridad, lo que, en cierta manera, atentaba contra la discreción–, no tuvieron –ni desearon– la relevancia pública de Ana Botella, que hace un papel de esposa de presidente más "a la americana", sin despreciar ni un ápice de popularidad

Nº 493 - 28 de enero 2002

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