OPINIÓN E IMAGEN

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Trillo da marcha atras en la 'civilizacion' del ejército

Los militares reconquistan Defensa

El Ministerio de Defensa delPartido Popular gusta mucho más a los militares. En sus puestos clave, los de gestión politica, se sientan muchos más uniformes que en la pasada etapa socialista, empeñada durante años en desplazar sin traumas a los tradicionales cargos del Ejército y sustituirlos por civiles. Este goteo de militares, iniciado con Eduardo Serra y mantenido y acrecentado por el actual ministro, Federico Trillo, ha empezado ya a cambiar el semblante de un departamento de¡ que el PP sólo dijo que acabarla con la miliobligatoria. Cinco años después, la práctica totalidad de sus direcciones generales tienen a un militar a su frente.

Ana PARDO DE VERA
Defensa es de todos los ciudadanos", sostiene Jordi Marsal, portavoz socialista de la Comisión de Defensa en el Congreso de los Diputados, y, como tal, el peso de los altos cargos políticos en el Ministerio competente debe ser equilibrado entre civiles y militares, lo cual, en estos momentos, está bastante alejado de la realidad, con un peso más que significativo de estos últimos. La gestión por parte de militares es diferente a la de los mandos civiles, aunque no se trata de cuestionar la labor personal de cada uno, sino el equilibrio necesario en un departamento que debe dejar de dar la imagen conservadora y rigurosa que se vincula al Ejército. Sin embargo, los nombramientos que ha efectuado Federico Trillo en el ministerio que sorprendentemente le tocó gestionar -todas las quinielas lo vinculaban a la cartera de justicia- son, en su mayor parte, miembros de las Fuerzas Armadas, sin tener en cuenta aquellas designaciones de su antecesor, Eduardo Serra, que inclinaron la balanza de nuevo hacia el sector militar y que el actual titular de Defensa no ha hecho nada por enmendar. Preocupan especialmente a los partidarios de la "civilización' de Defensa las direcciones generales que implican responsabilidades politicas y que hoy ocupan en su totalidad, a excepción de la de Relaciones Institucionales, cargos uniformados.
Así, dentro de la Secretaría de Estado, los directores generales de Armamento y Material, de Asuntos Económicos y de Infraestructura, son, respectivamente, los generales de división Miguel Valverde, nombrado por Eduardo Serra; Carlos Valverde, nombrado por Trillo y Leonardo Larios, que conserva también su cargo desde el 96. Asimismo, han accedido a sus puestos por decisión de¡ actual ministro los direc
tores generales de Reclutamiento y Enseñanza Militar, el teniente general Gregorio López, y de Politica de Defensa, el vicealmirante Rafael Lorenzo. Un caso evidente en el que un civil debería ocupar el puesto regente es, según fuentes de la oposición, la Dirección General de Armamento, puesto que siendo un militar quien lo ocupa, en este caso el general de división Miguel Valverde, a la hora de distribuir los recursos como corresponde a su gestión, es lógico que este mando se decante por la cesión de los beneficios a su ejército, el del Aire en este caso. El escaso presupuesto agravaria la discriminación hacia los otros dos ejércitos, argumenta por otro lado la misma fuente. Otro aspecto que avala la política uniformada de Federico Trillo en Defensa es la tendencia a dar mayor capacidad material a los cuarteles generales, con un cuidado excesivo y conservador por las Fuerzas Armadas, a las que otorga un protagonismo innecesario y en los que prácticamente se hace imposible la inclusión de elementos civiles, informan las mismas fuentes.
A nadie le es ajena la vinculación de Federico Trillo con las Fuerzas Armadas, de la que él se siente más que or,ullo,o, como la demostrado en su discurso de toma de posesión del Ministerio de Defensa, teñido de emocionante reencuentro con una etapa de su vida anterior, antes de consagrarse a la política, que, en realidad, ha sido la que lo trajo a su ubicación actual. La conocida frase con que el ministro inauguró su gestión -"Soy uno de vosotros. Mis horizontes son vuestros horizontes. Mis valores son vuestros valores. Mis anhelos son vuestros anhelos"- ya daba una idea respecto a por dónde iban a tirar las preferencias de Trillo en su política de Defensa, sostiene la misma fuente, aunque en este departamento las cosas van muy despacio, precisamente por su estructura basada en lo militar, que ya dejó bien asentada Eduardo Serra después del proceso de desmilitarización iniciado por anteriores gobiernos, en donde la proporción del componente civil en los altos cargos era mayor y se iba acrecentando. Sin embargo, y a pesar del gusto común por los uniformes, que en el caso de Eduardo Serra parece que respondía más a una gestión empresarial en la que confluían intereses militares, Federico Trillo ha marcado distancias con la línea de su antecesor e, incluso, algunos nombramientos que Serra dejó dispuestos, el actual jefe de Defensa ha optado por no tenerlos en cuenta.
A pesar de todo, Trillo no hizo y deshizo todo lo que quisiera, apuntan desde el entorno de Defensa, y un caso evidente fueron los nombramientos simultáneos del almirante jefe del Estado Mayor de la Armada (AJEMA), Francisco Torrente, quien sustituyó al almirante Antonio Moreno Barberá, a su vez nombrado jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD). Aunque al primero lo propuso el propio titular de Defensa en Consejo de Ministros, el nombramiento de Moreno Barberá vino dado por el presidente del Gobierno, José María Aznar, lo cual dio al traste con los planes de Trillo, sostiene fuentes bien informadas, estaba dispuesto a ubicar en ese cargo a su actual director general de Personal en el ministerio, Joaquín Pita da Veiga, hijo de Gabriel Pita da Veiga, jefe del Estado Mayor de la Armada en 1972 y ministro de Marina en 1977. Sostienen, sin embargo, quienes le conocen que el talante del hijo "no tiene nada que ver con el franquísmo del padre".

Menor presencia civil. Desde el momento de su toma de posesión, Federíco Trillo ha efectuado únicamente cuatro designaciones de civiles en la cúpula de Defensa y, además, deberá llevar a cabo otra, no necesariamente civil, en un breve plazo de tiempo para cubrir la dirección de su Gabinete, hasta ahora ocupada por Jorge Hevia, que ha pasado a director general de Relaciones Institucionales, departamento inmerso en la Secretaría General de Política de Defensa (SEGENPOL), de nueva creación y a cuyo frente Trillo ha puesto a Francisco Javier liménez-Ugarte. Aparte de la SEGENPOL, todavía nacida el mes de enero pasado con rango de Subsecretaría, el titular de Defensa ha optado por Fernando Diez Moreno para la Secretaría de Estado, un hombre que, como el propio ministro aseguró el día que hizo público su nombramiento, en mayo del año pasado, fue propuesto por el vicepresidente segundo y ministro de Economía, Rodrigo Rato. Para la Subsecretaría de Defensa, Trillo optó esta vez por una persona de su absoluta confianza y nombró en la misma fecha que a Diez Moreno a Víctor Torre de Silva, que había sido jefe de su Gabinete en la Presidencia del Congreso de los Diputados durante la pasada legislatura.

La excepcion del CESID


El Centro Superior de Información de la Defensa, el CESID, será pronto la excepción que confirma la regla en cuanto a la militarización emprendida por el PP entre los cargos políticos del Ministerio de Defensa. El próximo mayo su actual director general, el teniente general Javier Calderón, dejará el cargo al cumplirse los cinco años de duración máxima de su mandato y el Gobierno lo sustituirá por un civil, tal como ha confirmado el propio presidente Aznar.
No se trata, sin embargo, de un empeño del actual ministro de Defensa, Federico Trillo. Es más, la reforma de los servicios secretos, objetivo del PP desde su programa electoral de 1996, lleva años siendo idóneo campo de batalla en la lucha de poderes entre Moncloa, Ministerio de Presidencia y Ministerio de Defensa. Estas tensiones, protagonizadas en la anterior legislatura por Francisco Álvarez Cascos y Eduardo Serra, entre otros motivos, han ido retrasando la anunciada reforma que, ya sí, parece va a realizarse en esta legislatura.
Lo que sí está claro es que Javier Calderón no verá la transformación del CESID ya que, a pesar de que, en un principio, las intenciones del Ejecutivo pasaban por mantenerle en el puesto hasta que se abordase la reforma, ésta se ha ido retrasando mientras la confianza de Aznar en el teniente general se iba deteriorando. Las recientes informaciones de El Mundo vertiendo sospechas sobre su posible responsabilidad en el intento de golpe del 23-F, críticas que Calderón viene soportando desde su llegada al cargo y publicadas, entre otras, por EL SIGLO, demuestran claramente esta distancia actual con el Gobierno.
En cuanto a su sustitución el pulso es, aunque todavía soterrado, bastante claro. Los más continuistas en Defensa apuestan por un director de tránsito mientras se aborda la reforma que debería ser un militar (se habla del teniente general en la reserva Carlos Herrera Ruiz, buen conocedor de "La casa"), opción que La Moncloa parece tener desestimada. Entre los posibles civiles, Defensa prefiere alguien distanciado de la pelea politica mientras que en Presidencia apuestan por un candidato de plena confianza.
I.S.

Comandante Trillo-Figueroa

"Soy uno de vosotros" y es que aunque el ministro de Defensa se retiró en 1989 del puesto de comandante que ostentaba en el Cuerpo Jurídico de la Armada, en dónde ingresó con el número uno de su promoción, se siente tan militar como los que en la actualidad están bajo su mando, y así lo confirmó en su discurso de toma de posesión del Ministerio de Defensa. No le son ajenos ni el uniforme, ni las condecoraciones, que incluso parece lucir en cada una de las celebraciones de las Fuerzas Armadas, se ha comentado en más de una ocasión al observar su porte erguido en los desfiles, y que no se remontan a su época en el ejército, sino a la de su familia, de tradición militar, pero también política, ambas heredadas por el ministro de Defensa. El padre de Federico Trillo fue militar y, además, alcalde de Cartagena, procurador en Cortes y gobernador civil de Teruel y de Burgos.

De raíces profundamente conservadoras, como demuestra su pertenencia al Opus Dei, que nunca ha desmentido, como una buena parte del sector uniformado, el ministro de Defensa y ex presidente del Congreso de los Diputados parecía destinado, sin embargo a ocupar la cartera de Justicia después de la victoria del PP en marzo de 2000, aparte de por ser abogado del Estado, por su pasado de asesor jurídico de los "populares". Algunas fuentes cercanas a La Moncloa, en contra de la opinión general que lo situaba favorito para este departamento en las quinielas, señalaban precisamente esta imágen conservadora de Trillo como el freno para llegar a dirigir un departamento, en la actualidad ocupado por Ángel Acebes, en el que José María Aznar pretendía dar una buena "pátina centrista".

Federico Trillo, auténtico azote de la oposición en la etapa que ésta la ocupaba el PP, pasó a moderar su tono como presidente de la Cámara Baja, tanto que, incluso, algunos compañeros de su partido criticaban las concesiones que Trillo le hacía al grupo socialista. Con un trato exquisito a los medios de comunicación, a los que siempre atendía con una sonrisa y saludaba sin reparo desde el sillón presidencial del hemiciclo, en su etapa del Congreso de los Diputados no paso desapercibido con su gran elocuencia. Expresiones como el "¡Manda huevos!", "¡Señorías, sosieguense!" o los irónicos pareados con los que desarmaba a los diputados parlanchines, así como su lucha encarnizada para que se prohibiesen los teléfonos móviles durante las intervenciones parlamentarias, le dieron el reconocimiento de la opinión pública, algo que agradecía, dicen quienes le conocen, por ser un gran cuidadoso de su imagen. Pero José María Aznar, que creyó conveniente que Trillo le ddedicase menos tiempo a Shakespeare, del que es un estudioso y entusiasta, le dio la cartera de Defensa el 27 de abril de 2000.