OPINIÓN E IMAGEN

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Iglesia, militares y "sindicato" piden mano dura

Los halcones se rebelan

Los balcones del Partido Popular no han querido dar un año de gracia al nuevo Gobierno de José María Aznar. Desde que en marzo pasado consiguiera la mayoría absoluta le están presionando para que haga uso de ella, cumpla promesas y vuelva a tratar al PSOE con la dureza de antaño. En los últimos meses sus presiones se han redoblado y ministros considerados "blandos" como Celia Villalobos, Federico Trillo o Ángel Acebes están en el objetivo de sus ataques. La prensa más antisocialista también reclama a Aznar que se deje de contemplaciones con Zapatero.

Inmaculada SÁNCHEZ

De poco le ha servido a Aznar la limpieza realizada a finales de 2000 entre sus cargos provinciales ‑un 62% de sus presidentes y un 74% de sus comités fueron sustituidos en los congresos de otoño‑. Lo del "centro reformista" parece estar asumido dentro del Partido Popular como marca electoral pero muchos de los que le han impulsado a su segunda victoria vuelven a reclamar ‑esta vez con m s razón, según entienden, al disponer de mayoría absoluta‑ el cumplimiento de promesas electorales y, sobre todo, un manejo del poder que se deje de "excentricidades progresistas".

Bien lo sabe la ministra de Sanidad, Celia Villalobos, quien viene sufriendo, mucho antes de que su actuación en el caso de las vacas locas la entregase sin defensas a sus enemigos (Ver recuadro Celia se hunde sola), el acoso de lo más rancio de la derecha popular. Estos sectores ya acogieron con recelo y estupor su nombramiento como ministra pero sus temores se vieron confirmados cuando Villalobos permitía la legalización de la píldora LRU para interrupciones del embarazo dentro de los casos permitidos por la ley.

La entrada en España de la llamada "píldora abortiva" ha puesto en pie de guerra contra Villalobos ‑y contra Aznar por haberla designado ministra‑ a la jerarquía católica. El presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Rouco Varela, evidenció este malestar la pasada Vigilia de la Inmaculada (8 de diciembre) cuando, por primera vez, realizaba unas manifestaciones abiertamente críticas contra el Gobierno. "Desanima y desilusiona el ritmo tan tímido y lento de lo que debería ser la puesta en marcha de una política familiar digna de tal nombre", decía el cardenal. A continuación se refirió a la polémica píldora como una de las principales afrentas del actual Gobierno contra los católicos.

El mensaje del presidente de los obispos españoles contenía, sin embargo, más reproches. Los mismos que, sin dilación, expuso en una agresiva portada el diario editado por Luis María Anson, La Razón, pocos días antes de concluir el año 2000. Entre ellos, el incumplimiento de las promesas en torno a la educación: todavía no se ha incluido a la religión entre las materias evaluables en la puntuación final del curso ‑aunque en la reforma de la LOGSE se le trata mejor que a la música o la plástica, tal como han denunciado los sindicatos‑ ni se ha ido todo lo lejos que desearía la Iglesia en cuanto a la 1ibre elección de colegio por parte de los padres", fórmula habitual para designar la reducción de exigencias por parte de la Administración a los colegios privados concertados con el sector público.

Las críticas a Villalobos, sistemáticamente dirigidas desde el citado La Razón y desde la emisora Radio Intereconomía, presidida por Julio Ariza y bien relacionada con el Opus Dei, han sido la punta de lanza de unas presiones que, también desde la Cope, la cadena de la Conferencia Episcopal, han alcanzado otros ámbitos, como el del reparto del pastel mediático que, hasta ahora, ha dejado sin licencia de televisión digital a los obispos en el único concurso resuelto hasta el momento (El Mundo‑Recoletos y el Abc se llevaron las licencias concedidas).

También se quejan los sectores más reaccionarios del catolicismo de la laxitud del PP con actitudes que, desde su punto de vista, atacan los cimientos de la familia. Así, también está recibiendo presiones el barón territorial más puntero del partido, el presidente de la Generalitat valenciana, Eduardo Zaplana. Desactivado durante la anterior legislatura Alberto Ruiz‑Gallardón, el presidente de la Comunidad de Madrid al que despiadados ataques dirigidos desde Génova aconsejaron alejarse del escenario nacional, es ahora el dirigente valenciano quien intenta despuntar con iniciativas pioneras dentro del agitado delfinario aznarista aún por definir, Sólo así entienden distintas entes del PP la ley de parejas de hecho aprobada por su Gobierno y a la que las críticas de su antaño aliada mediática periodista María  Consuelo Reyna, hoy directora del agresivo Diario de Valencia obligaron a revisar parte de  su redacción final, aunque mantuvo su objetivo final de reconocer legalmente a todo tipo de pa­rejas no casadas, incluidas las homosexuales. El arzobispo de Valencia también emitió un comunicado en contra de la iniciativa.

 El vuelo de los halco­nes populares no se que­da, sin embargo, en el campo de la moral cató­lica. 0tro compañero de  gabinete de la ministra  Villalobos, el titular de Defensa, Federico Trillo, está recibiendo inespera­dos varapalos a pesar de su conocida adscripción al Opus Dei y su condi­ción de militar. Su delito: no haberse mantenido fir­me cuando, nada más lle­gar al cargo, el tradicional desfile del Día de las Fuerzas Armadas, pactado por su antecesor para desarrollarse en Barcelona, modificó su trazado para no discurrir por los ejes centrales de la ciudad, según exigencia del presidente de la Generalitat, Jordi Pujol.

Aquel "vergonzoso" desfile, según le calificó buena parte de la derecha del PP, ha dejado marcado a Trillo y, ahora que ha de hacer frente a la conocida crisis del síndrome de los Balcanes, está recibiendo más ataques desde algunos periódicos afines que desde los considerados hostiles.

Sólo así explican las fuentes consultadas las agresivas informaciones del rotativo de Luis María Anson, convertido ya en la voz oficial de los halcones del PP tras la "reconversión” del Abc al "centro reformista" de Aznar de la mano de Nemesio Fernández‑Cuesta, contra Trillo. La semana pasada La Razón titulaba su portada con un Defensa fue alertada en julio sobre el síndrome de los Balcanes pero no tomó ninguna medida, acompañada de una foto del ministro. Ya en páginas interiores editorializaba sobre "el departamento de Trillo" que "había sido incapaz de obtener la credibilidad necesaria para evitar el desasosiego de más de 32.000 militares españoles". Dos días después, otra información señalaba que "Trillo tiene que recurrir al Defensor del Soldado para informarse sobre las muertes", después de que "el ministro afirmara que esta organización difundía información que no se correspondía con la realidad".

Dentro del agitado PP que aún bascula sobre la promesa de abandono de su presidente en las próximas elecciones, a nadie se le escapa la presencia, cada vez más importante ‑su colaboración semanal ha pasado a ser diaria‑ del ex secretario de Estado de Comunicación, Miguel Ángel Rodríguez, en La Razón. Ya en sus primeros artículos el conocido MAR aconsejaba a su presidente y todavía amigo que no tuviese complejos en hacer uso de la mayoría absoluta que acababa de conseguir. Semejante mensaje ha llegado a convertirse en pieza identificativa de la mayoría de los comentarios de Rodríguez.

Hace apenas unos días, MAR decía: "Se ha instalado en la mayor parte del Ejecutivo una consigna maldita que ordena: “mejor no hacer nada que equivocarse". Sucumbir a la inacción es lo peor que puede pasarle a un grupo político, y lo peor para el político es decidir no hacer nada porque le están adulando. La fuerza que los españoles dieron al PP está clara en el Parlamento, pero diez meses después, el hecho de tener la mayoría absoluta en el Congreso no significa tener la calle".

Esta supuesta "debilidad" del Ejecutivo es la que, tímidamente, intentó conjurar el propio Aznar en su reciente entrevista en Antena 3 TV, rompiendo por primera vez su ausencia ante las cámaras desde que ganara las elecciones.

Pero no sólo el presidente parece comenzar a ser vulnerable al vuelo raso de los halcones. El polémico indulto concedido a Javier Gómez de Liaño, ariete de los sectores más duros del PP contra Jesús Polanco y Prisa, podría ser fruto de estas presiones que, en este caso concreto, han tenido al otro rotativo más afín al Gobierno, El Mundo de Pedro J. Ramírez, como principal conductor.

El ministro de justicia, Angel Acebes, también considerado un "blando" por los sectores del PP ya citados, viene recibiendo sordas criticas desde su nombramiento debido a su inicial inclinación al consenso dentro del complejo mundo de la judicatura. Incluso después de la concesión M indulto el más moderado Abc recogía en sus páginas de opinión un reivindicativo, artículo de Manuel Martín Ferrand, miembro también del hoy desdibujado colectivo de periodistas conocido como "el sindicato del crimen", en el que señalaba que la más grave de las cuestiones pendientes en la vida española es la de la justicia". Martín Ferrand apuntaba claramente a la ya citada debilidad del ejecutivo al señalar que "media España" estaba "políticamente activa' en la persecución a Liaño "mientras la otra media, la platónica, ve crecer el césped de sus jardines centristas y no centrados". ¿Más claro?

Para Anson esta supuesta impotencia del Gobierno de Aznar es muy peligrosa: "La debilidad de algunos colaboradores del presidente ha envalentonado a Polanco. El magnate, después de triturar a Cascos, se ha sentido con fuerzas para enfrentarse directamente con Aznar. Y en eso estamos", sentenció también la pasada semana al calor de la polémica del indulto.

Otros ministros, tan cercanos a Aznar y al estilo centrista con el que quiere barnizar su gestión como el vicepresidente Rajoy, han llegado a sentirse "tocados" por estos mensajes y, poco antes de la firma del Pacto Antiterrorista con el PSOE atacaba en un lenguaje inusual en él al primer partido de la oposición cuando presentó al Gobierno una propuesta frente a ETA. Sólo la firma del pacto ha suavizado el tono de estas descalificaciones pero no la de las alertas que los grupos más antisocialistas están lanzando sobre Aznar.

Incluso el diario El Mundo, que hasta ahora trata al nuevo líder socialista con un mimo que aventa sospechas y discusiones dentro del PSOE, ha comenzado a lanzar tímidos mensajes a La Moncloa. Así, la reciente información firmada por Lucía Méndez, antigua mano derecha de Miguel Ángel Rodríguez, que desvelaba la supuesta “ayuda" de Aznar a Zapatero para que algunos de sus ministros, principalmente los de Defensa, Exteriores e Interior, le preparasen en cuestiones de Estado, ha sido interpretada dentro del PP como un claro aviso. Tras la noticia, la mayor parte de sus comentaristas han criticado tamaña "generosidad" del presidente del Gobierno.

"Si lo que pretende Aznar es prepararlo para ganar el poder y no para heredar su Administración, sobran paseos por cuarteles y aeródromos militares y no hacen falta feroces madrugones para fotografiarse a primera hora de estos días helados apoyando la mano sobre un cañón con evidente peligro de sabañones. La mano se entiende, no el cañón". Tal era la sentencia del periodista Federico Jiménez Losantos en El Mundo el pasado martes en su artículo titulado irónicamente "ZaPPatero".

Aznar, por el momento, sólo percibe las llamadas, las alertas, el sordo zumbido del vuelo de los halcones. Los picotazos son para otros. Como, además de los citados, la ministra de Educación y Cultura, Pilar del Castillo, otra "roja reconvertida' que permite que los escritores del antiguo régimen socialista" continúen campando a sus anchas (Ver más información en el número 442 de EL SIGLO: El asalto a Cultura). La crisis de las vacas locas ha dejado a los pies de los caballos a una de las víctimas de las rapaces, la ministra Villalobos. De cómo Aznar la apoye o deje caer y de su actitud en el todavía abierto caso Liaño se podrán sacar conclusiones respecto a toda la legislatura. Y del éxito del vuelo de los halcones.


CELIA SE HUNDE SOLA

Desde la formación del actual Gobierno, hace ya diez meses, ninguno de sus miembros había recibido tan unánimes criticas y peticiones de dimisión. Las confusas, desinformadas y alarmistas declaraciones de la titular de Sanidad, Celia Villalobos, en torno a la crisis de las vacas locas, han permitido a sus críticos, dentro y fuera del PP, cebarse con ella.

Han pedido su dimisión formalmente tanto el PSOE como IU y desde todos los medios de comunicación afines al Gobierno se la ha pedido que se marche. La Razón titulaba un editorial de la semana pasada Una ministra que no da la talla, el Abc, después de semanas de criticar su silencio ha dejado vía libre a sus comentaristas que, en los últimos días decían cosas como "contra el mal de las ministras charlatanas ¿quién nos previene?".