OPINIÓN E IMAGEN

El San Pedro del PP

Al ministro de Interior y vicepresidente primero del Gabinete Aznar no hay cerradura que se le resista. A los encargos del presidente responde siempre con celeridad y eficacia, pero además, ha logrado que una buena parte de la oposición valore positivamente su gestión. Mientras Aznar se halla inmerso en sus prioridades exteriores, Rajoy hace y deshace en La Moncloa y en el Partido Popular y, aunque sus detractores lo tachan de "conservador y reaccionario", lo cierto es que sobre él aterrizan más flores que dardos

Por Ana Pardo de Vera

Allí donde José María Aznar necesita un éxito o, simplemente, poner orden sienta a Mariano Rajoy. El "ministro impasible" –como se le conoce, entre otros calificativos, en círculos monclovitas porque siempre camina "de perfil sorteando los charcos"– saca su llavero, abre una puerta y ventila el salón del Consejo de Ministros. Lo hizo, por ejemplo, poniéndose al frente de la coordinación de los departamentos implicados en el caos de las vacas locas y, para bien o para mal, del tema ya casi no se habla; o, últimamente, sentado en el sillón de coordinador de la comisión delegada del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), el renovado CESID, "a pesar de Federico Trillo-Figueroa, que deseaba todo el dominio", sostienen en el entorno del Gobierno; pero, sobre todo, lo hizo como número uno del Ministerio de Interior, en donde pasó a sustituir a Jaime Mayor Oreja en la cartera más complicada e intensa del Gobierno cuando aquél se convirtió en candidato a lehendakari y marchó –algunos dicen "casi desapareció"– a Euskadi. Mariano Rajoy abordó la gestión de Interior en silencio, de forma distinta a su antecesor y en una etapa nada fácil, pues el enfrentamiento entre el Ejecutivo vasco y el central había alcanzado sus cotas máximas, lo que muchos, incluso dentro del PP, achacan a la propia estrategia de Mayor. En palabras de una persona muy cercana a Mariano Rajoy, resulta que "hoy es posible dialogar con Balza [consejero de Interior del Gobierno vasco] y se descubre que la Ertzaintza no era una sucursal terrorista", algo que el propio ministro de Interior ratificó en el Senado cuando aseguró que los atentados acontecidos en Bilbao contra el cuerpo de Seguridad del País Vasco constituían una "demostración inequívoca" de que la Ertzaintza "no le hace el juego a ETA", un sentimiento que sí planeaba sobre la opinión pública en la etapa Mayor.

En cuanto a las relaciones entre el vicepresidente primero y el consejero de Interior vasco, no tienen parangón con las de Mayor Oreja y Javier Balza, envueltas siempre en la descalificación y el desencuentro. Prueba de ello son las declaraciones que Balza realizó al diario El País hace un mes elogiando la labor del actual Ministerio de Interior: "Tengo que reconocer que desde los últimos meses encuentro una voluntad política muy distinta por parte del vicepresidente primero (…). Cuando me hice cargo del departamento me encontré con una situación, que también tuvo que soportar mi antecesor: que no se intercambiara la información entre las policías, ni tan siquiera la información sobre la seguridad de personas. Hoy esa aberración ya no existe y la información se transmite en horas". Efectivamente, aparte del día a día, en la primavera del año recién concluido Rajoy y Balza llegaban a dos acuerdos fundamentales: protección compartida entre las Fuerzas de Seguridad estatales y la Ertzaintza de ediles y cargos públicos del PP y PSOE en Euskadi y colaboración de las primeras en las labores de seguridad y amparo durante la pasada campaña electoral vasca previa a los comicios del 13 de mayo.

Sin embargo, Javier Balza no es el único que tilda de correcta la política de Mariano Rajoy. También en privado, según fuentes muy cercanas a la dirección socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba reconoce el buen hacer del ministro de Interior y, sobre todo, la cercanía que transmite "porque siempre está disponible". Rubalcaba es el miembro del PSOE que está más en contacto con el vicepresidente primero, pues pertenece a la Comisión de Seguimiento del Pacto Antiterrorista y ha sido uno de los principales artífices de su redacción. Además, y porque el ex ministro socialista suele encargarse en el seno del PSOE de la materia antiterrorista, suena como potencial titular de Interior en un posible Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Las mismas fuentes aseguran que el talante de Rajoy es irreprochable en cuanto a las formas y, en cualquier momento, está dispuesto al diálogo. "Tanto es así, que aunque José María Aznar no quiso hablar por teléfono con el secretario general del PSOE a su regreso de Marruecos el pasado mes de diciembre, sí lo hizo Mariano Rajoy, que llamó a Zapatero una hora después de que éste intentase hablar con el presidente", aunque esta conversación se desarrollara en el ámbito privado.

Al presidente del Gobierno no le son ajenas las simpatías que despierta su segundo y, lejos de enorgullecerse por haberle colocado acertadamente en la Vicepresidencia Primera, prefirió hacer público el pasado mes de marzo que ésta se la ofreció a Rodrigo Rato, pero que el ministro de Economía la había rechazado prefiriendo seguir en la Vicepresidencia Segunda. "Un desaire gratuito que Rajoy no se merecía –señalan fuentes de Génova–, claro que entonces, al autodescartarse Rato como sucesor de Aznar, el hoy ministro de Interior pasaba mecánicamente a ocupar el puesto oficioso de potencial candidato". Pero al margen del debate sucesorio del que Mariano Rajoy –"nosotros a lo nuestro"– no quiere saber nada, pues cree que sus expectativas políticas están sobradamente cumplidas, uno de los ministros más influyentes del Ejecutivo reconoce en privado que "hoy, Rajoy es el que está más cerca de Aznar", el que goza de su absoluta confianza ganada a pulso con sus éxitos a los ojos del presidente. Eso, sin embargo, según otras tesis populares relativas al infranqueable muro de la resolución sucesoria, habrá desgastado a Mariano Rajoy, le habrá restado la frescura suficiente como para ser el heredero de Aznar en 2004, si bien "con tan buena prensa, resulta imposible descartarlo ahora". Por lo que se refiere a la cuestión gallega, la de sus orígenes, el vicepresidente primero se encuentra trabajando enfervorizadamente para lograr que Fraga tenga un relevo que ni sea Xosé Cuíña ni lo devuelva a él a tierras de Galicia (ver. Cerco a Cuíña), de donde se fue, recordó en una entrevista el presidente de la Xunta, después de que él le aconsejara casarse –lo hizo con la pontevedresa Elvira Fernández Balboa en 1996, durante una celebración por todo lo alto en la capilla de As Conchas, en A Toxa (Pontevedra)–; darse una vuelta por Madrid –de la que no regresó ni, al parecer, tiene intención de hacerlo–, y estudiar el idioma de Galicia –esto no lo hizo, aunque lo habla con la soltura suficiente que se le reclama al gallego con más poder, junto al lucense Francisco González, presidente único y único presidente no vasco del BBVA desde el pasado mes de diciembre–.

Por otro lado, también los datos oficiales de la lucha antiterrorista están de parte del ministro español del ramo, puesto que ya en noviembre las cifras de comando etarras desarticulados en 2001 superaban los de cualquier año anterior –el balance del Ministerio de Interior registra un total de 135 miembros de ETA y 18 terroristas islámicos detenidos durante 200–. Y eso no es todo, pues Rajoy cerró el año 2001 brindando por la inclusión de KAS, Xaki, Ekin, Jarrai-Haika-Segi y Gestoras Pro Amnistía, así como de tres miembros de Batasuna como "activistas de ETA" en la lista de grupos terroristas elaborada por la Unión Europea (UE) con el consenso de los 15 países miembros.

Amable y conservador. ¿Qué tiene Mariano Rajoy para contar con el raro beneplácito de propios y extraños a pesar de ser tachado por otros de "reaccionario"? "Sin duda –señala alguno de sus allegados–, su talante moderado y amable en las formas, que le da el visto bueno de la oposición, y su fondo conservador sin fisuras, que cuenta con la aprobación del presidente Aznar y del PP". También en general, del ministro de Interior y vicepresidente primero se puede decir, simplemente, que cae bien a los españoles. De hecho, la última encuesta del CIS, lo situó como segundo líder mejor valorado por los españoles, detrás de José Luis Rodríguez Zapatero y delante del propio Aznar. Mariano Rajoy es un hombre cercano y accesible, que no duda en actuar de extra en una conocida serie de televisión o en radiar como comentarista deportivo algún evento ciclista, y eso, señalan en su entorno, se agradece cuando la relación entre las autoridades públicas y el pueblo al que gobiernan es cada vez más distante y fría.

Mariano Rajoy tiene las premisas de relativizarlo todo, "como el más gallego que es de entre todos los gallegos", sostienen sus paisanos, y de escuchar más que hablar, máxima que comparte con el presidente Aznar, de quien también en La Moncloa destacan el hermetismo, aunque carece de la sutil ironía y el sentido del humor de Mariano Rajoy. Y especialmente derrocha ambas aptitudes en algunas de sus intervenciones parlamentarias, en el transcurso de las cuales no es raro escuchar las carcajadas de los diputados de ambos lados del hemiciclo, ya que, señala un miembro de la oposición, "Rajoy tiene la capacidad de rebatir las críticas a su labor sin esfuerzo, porque todos lo pasamos muy bien con lo que dice y por cómo lo dice. No hay quien le gane a la hora de devolver la tortilla, aunque la suya no lleve huevos".

El vicepresidente gallego, según quienes le conocen bien, es una persona autocrítica, reflexiva, prudente, tímida y pudorosa, que no soporta los alardes, y mucho menos en política. La afición por ésta la heredó de su abuelo y en ella empezó muy joven, pues con 26 años ya era diputado del Parlamento gallego, de donde pasó a presidir la Diputación de Pontevedra y a ocupar la Vicepresidencia de la Xunta de Galicia. Con el cargo de secretario general de AP-Galicia (1988) cerró su trayectoria política en su tierra natal y empezó el ascenso meteórico desde que llegó a la sede central del PP como vicesecretario general de Organización en 1990. En ese puesto, fue el principal responsable de las dos victorias electorales del PP desde 1996 y, además, ha ocupado cuatro ministerios y la vicepresidencia primera en cuatro años, un auténtico récord político.

A pesar de todo, el registrador Mariano Rajoy (Santiago de Compostela –A Coruña–, 1955) sigue siendo una persona de costumbres sencillas, que escapa en cuanto puede de la actividad pública. Fue un buen estudiante y parte de esta etapa la pasó con los jesuitas. Sus amigos son los de siempre, de su juventud en Pontevedra que nada tienen que ver con el entorno laboral del vicepresidente –aunque los tiene buenos en el ámbito político– y con ellos viaja, visita aldeas perdidas, que le encanta, o comparte sus escasos momentos de ocio. Hijo de un ex magistrado de la Audiencia Provincial de Pontevedra y de doña Olga Brey, que falleció a los 61 años, la profesión de su padre le obligó a habitar distintas ciudades españolas. Hasta los tres años y medio vivió en el pueblo ourensano de Carballiño y de allí marchó a Oviedo, en donde permaneció dos años, hasta que él y su familia, sus padres y tres hermanos más pequeños, se instalaron en León durante diez años. Entonces, Mariano Rajoy, además de pasarse horas entretenido con un tren eléctrico, su juguete por excelencia, comenzó su reconocida devoción por el ciclismo, viendo pasar por allí a los pelotones de competición, afición que le dura hasta hoy, si bien, en realidad, el ministro de Interior es un gran entendido en varios deportes y tiene como ídolos a Indurain y a Pelé. Fue jugador de baloncesto en su juventud, hasta que en 6º de Bachillerato lo eximieron de Gimnasia por una larga temporada debido a una fiebre reumática y a una aguda apendicitis. Tal vez entonces nació su afición por el ajedrez, que aún conserva, aunque también es un gran futbolero, como constata el hecho de que esté abonado al Real Madrid, sea socio del Pontevedra, accionista del Celta de Vigo e hincha del Deportivo de A Coruña. Además, su hijo Mariano, fruto de su matrimonio con Elvira Fernández Balboa, es socio del Barça, aunque Rajoy siempre se apresura a aclarar que es así porque un amigo del vicepresidente, directivo del equipo catalán, lo hizo socio y él debe mantenerlo hasta la mayoría de edad, en la que Mariano Rajoy junior deberá elegir si sigue o no apoyando a los culés.

La educación de su hijo es su prioridad absoluta e intenta que el niño crezca en un ambiente lo más normal posible, alejado del bullicio que supone la actividad de su padre. Aunque no siempre lo consigue. Sin ir más lejos, el pasado mes de agosto la Guardia Civil advirtió a Mariano Rajoy que debía cambiar de residencia en su lugar de veraneo de Sanxenxo (Pontevedra), puesto que la ubicación del inmueble no reunía las condiciones adecuadas para la vigilancia. Las pretensiones del ministro de Interior de seguir fiel a su tradición –veranea en Sanxenxo desde hace más de 20 años– y de huir de un tratamiento especial chocan con el altísimo despliegue de seguridad que exige su cargo y que, en consecuencia, resulta enormemente molesto para los vecinos de apartamento del vicepresidente, uno más de un gigantesco bloque situado en primera línea de playa, a quienes los escoltas de Rajoy han de identificar una y otra vez en medio del ajetreo habitual y masivo de esos lugares en la época veraniega.

El titular de Interior es enormemente feliz cuando llega el verano y puede irse de vacaciones, aunque en 2001 le tocase hacer guardia y quedarse en Madrid, pudiendo aprovechar sólo los fines de semana para, entre otras cosas, ir a nadar a la playa pontevedresa de A Lanzada, dar largos paseos de una hora diaria como mínimo, escuchar música de los 70, leer a Ortega y Gasset y a Pérez Galdós o ver películas como Memorias de África y Gorilas en la Niebla, sus favoritas.

Un episodio, que pudo haber terminado en tragedia fatal, ensombrece la corta pero intensa trayectoria biográfica de Mariano Rajoy: un gravísimo accidente de tráfico sufrido en 1979, cuando el coche del ministro de Interior cayó por un barranco en el municipio lucense de Palas de Rei. El fuerte impacto destrozó el rostro de Rajoy que tuvo que someterse a una intervención quirúrgica de seis horas a manos del doctor Zaera, un cirujano plástico de Lugo, pero desde entonces nunca ha abandonado su paternal imagen barbada. Como también se niega a prescindir de su afición por los habanos –fuma cerca de diez diarios–, a pesar de que Manuel Fraga se lo aconsejó en un acto público, al mismo tiempo que le entregaba una considerable caja del supuesto veneno

Cerco a Cuíña

Xosé Cuíña, el polémico conselleiro de Obras Públicas de la Xunta de Galicia, era quien sonaba con más fuerza como potencial sucesor del presidente gallego, Manuel Fraga. Y lo era, aunque sigue sonando débil e inevitablemente, hasta que se decidió a darle una entrevista al diario El País confesando que se sentía con la sensibilidad suficiente como para gobernar a los gallegos. Entonces, según fuentes muy solventes cercanas a la Xunta, se encendieron todas las alarmas en Génova, especialmente en el despacho de Mariano Rajoy, y la entrevista de Cuíña autoproclamándose relevo idóneo de don Manuel se le volvió en contra. En medios populares gallegos se afirma que las pretensiones del "conselleiro incompatible", como se le conoce entre los miembros de la oposición gallega, pasaban primeramente por ser vicepresidente de la Xunta, algo que no se ha cansado de pedir en privado al presidente. Fraga, antes de los comicios gallegos del pasado mes de octubre, que ganó por cuarta vez con mayoría absoluta, no descartaba la posibilidad de crear una o, incluso, dos vicepresidencias, aunque no sea éste un puesto que cuente con todo su agrado.

Pero el jefe del Ejecutivo gallego no sólo no nombró a Cuíña su segundo, al parecer por indicación expresa de Aznar y Rajoy, sino que con la formación del nuevo Ejecutivo, le recortó los poderes propios de su Consellería en beneficio del nuevo y flamante titular de Pesca, Enrique López Veiga, recién llegado de Bruselas para ocupar, un mes antes de las elecciones gallegos, el puesto del dimitido titular autonómico de Pesca, Amancio Landín. El conselleiro López Veiga aunó en su cartera, aparte de las competencias de Pesca en la anterior legislatura, una gran parte de las de puertos y gestión de aguas que con anterioridad ostentaba Pepe Cuíña.

Las relaciones entre Fraga y su delfín ya habían empeorado visiblemente desde que se destaparon las presuntas incompatibilidades empresariales del conselleiro poco antes de los comicios, pero este descontento del presidente con Cuíña no hizo más que acrecentarse cuando, según cuentan en el propio PPdeG, en el transcurso de una cena privada el presidente de los populares de Ourense, Xosé Luís Baltar, incondicional de Cuíña, adelantó que la próxima Xunta la harían el propio Cuíña, el presidente de la Diputación de Lugo, Francisco Cacharro, y él mismo, "los tres caciques", como se les conoce en buena parte de la región y fuera de ella.

Ahora, desde Génova, Rajoy se ocupa "personalmente", según fuentes populares, de buscarle un sucesor a Fraga, que no sea Cuíña y, a ser posible, y si Aznar no se empeña en ello, que no sea él mismo, muy satisfecho con su vida de ministro en Madrid.

Y si el conselleiro de la discordia no se recupera del batacazo de su recorte de poderes, dos serán los nombres que, a falta de novedades, ocuparán los puestos de salida principales para la carrera de sucesión de Fraga: el del ya veterano potencial heredero, el secretario general del PPdeG, Xesús Palmou, que cuenta con el apoyo de Rajoy y de Aznar por su eficaz y discreto liderazgo del partido en Galicia, y el que hoy parte como favorito, Enrique López Veiga, apoyado desde la sede nacional, de brillante currículum político y con el tiempo suficiente para consolidarse como líder

7.01.02


 volver