OPINIÓN E IMAGEN

BODA REGIA: AZNAR CONVIERTE EL ENLACE DE SU HIJA EN UNA APOTEOSIS DE PODER

2.09.02

Sus Majestades los Reyes de España, los presidentes de los gobiernos de Gran Bretaña, Italia, Portugal o El Salvador, además de otros muchos dirigentes políticos europeos y americanos, y las cabezas de las más altas instituciones españolas, desde el Tribunal Constitucional hasta el Congreso y el Senado, pasando por el Defensor del Pueblo o el Consejo de Estado, amén de todos los ministros y numerosos presidentes autonómicos, diputados y senadores. Está previsto que asistan todos este jueves a la boda de la hija del presidente del Gobierno, Ana Aznar, con Alejandro Agag, que oficiará la cabeza de la Iglesia católica en España, el presidente de la Conferencia Episcopal, cardenal Rouco Varela, en el monasterio de El Escorial. Tamaña apoteosis de poder ha sido buscada deliberadamente por el matrimonio Aznar que, lejos de pretender una ceremonia discreta, ha querido hacer saber hasta dónde llega su autoridad a dos años vista de la retirada del presidente

Lejos quedan los tiempos en que Aznar llegara tarde a una foto oficial con sus colegas de la Unión Europea y su ausencia no llamara la atención. Hoy, con su retirada anunciada para 2004, y todo su partido, además de la oposición, pendientes de a quién designará sucesor, el presidente del Gobierno ha querido lanzar un claro mensaje con motivo de la boda de su hija mostrando el poder que atesora.

La voluntad de convertir la ceremonia, un acontecimiento en principio privado para la familia Aznar, en un evento político y mediático quedó clara en cuanto la pareja se puso a elegir lugar y oficiante para la boda. No será ningún sacerdote amigo o conocido de la familia, profesión reconocida en el círculo de relaciones de los católicos Aznar, quien case a la única hija del presidente, sino el máximo representante de la Iglesia católica en España, el cardenal Antonio María Rouco Varela, actual presidente de la Conferencia Episcopal.

El cardenal Rouco no oficia ceremonias habitualmente, como es lógico, y sólo preside alguna cuando tiene una petición acorde con la representación que ostenta, al margen de solicitudes personales de amigos o familiares. La de los Aznar no puede entrar en esta última categoría ya que es conocida la tirantez por la que han discurrido en los últimos tiempos las relaciones entre el presidente y el cardenal (Ver recuadro A regañadientes) y sólo el origen monclovita del requerimiento puede justificar la disposición del arzobispo de Madrid.

El sí de Rouco proporcionará a la boda un oropel digno de acontecimientos de Estado. Como es sabido, el cardenal ha bautizado a los cinco nietos de los Reyes en el Palacio de la Zarzuela, aunque las bodas de las dos infantas fueron oficiadas en su día por los obispos de las diócesis donde tuvieron lugar las ceremonias. Monseñor Amigo, en Sevilla, casó a doña Elena y Monseñor Carles, en Barcelona, a doña Cristina.

Ana Aznar, sin embargo, tendrá el privilegio de ser casada por el más importante cardenal de España que, incluso, ha sido citado en ocasiones como posible sucesor del Papa. Su condición cardenalicia, además, impone a la ceremonia un mayor rango al ser asistido por varios concelebrantes. Sus asistentes en los bautizos de los nietos de los Reyes, por ejemplo, han sido el arzobispo castrense, José Manuel Estepa, y el capellán del Palacio de la Zarzuela y prelado de honor del Papa, Federico Suárez. En el caso de la boda Agag-Aznar habrá nada menos que seis concelebrantes, según confirman los padres agustinos del monasterio de El Escorial, que estos días han visto perturbada su tranquila vida por los preparativos del majestuoso enlace. Entre ellos, posiblemente se encuentre algún obispo auxiliar de los que suelen acompañar a Rouco y está por decidir la participación en la ceremonia del prior de los agustinos.

El lugar, también escogido por los novios, acompaña a la perfección la mesura con que se ha preparado el acontecimiento. En un principio, la pareja barajó la iglesia de San Francisco El Grande, en pleno Madrid de los Austrias, pero las medidas de seguridad que requerirían los previstos invitados aconsejaron el cambio hacia un enclave menos céntrico. Perdida la ubicación de San Francisco, éstos fueron rápidamente sustituidos por la grandeza del monasterio de El Escorial, cuya situación, en la sierra madrileña, permitía un mejor dispositivo policial y un más sencillo traslado de los casi mil invitados al posterior convite, previsto en la finca Los Arcos, a escasos kilómetros del monasterio.

"Los contrayentes querían otro día, que ya estaba ocupado, y tuvieron que quedarse con el jueves 5", explica el monje responsable de las muchas bodas que se celebran allí cada año para intentar separarse de las acusaciones de privilegio que rodea al enlace, aunque reconoce que su cuadernillo de horarios también se adapta a las circunstancias "cuando viene una autoridad superior, como el cardenal Rouco, o vienen personalidades, como los reyes".

"No se va a cortar ninguna calle", se apresuran también a justificar en el Ayuntamiento de San Lorenzo de El Escorial, regido por el alcalde del PP, José Luis Fernández Quejo del Pozo, aunque reconocen que el dispositivo estará en manos de las fuerzas de seguridad del Estado "con las que colaborará la policía local".

El número y categoría de personalidades a las que este dispositivo habrá de proteger pocas veces se ha dado en España, salvo en muy solemnes ocasiones en las que los Reyes han asistido a actos institucionales en las Cortes. Incluso, la boda de Ana Aznar superaría la citada concentración de representantes políticos españoles ya que sus invitados extranjeros la han dotado, además, de una pátina de "cumbre" internacional que permitirá a su padre rememorar momentos de gloria como presidente de turno de la Unión Europea y jugar con la incógnita de su futuro político, que más de uno ve en la presidencia de la Comisión.

La pareja que, sin duda, mayor atención protocolaria y de seguridad requerirá es la formada por don Juan Carlos y doña Sofía, que han confirmado ya su asistencia al enlace. Algunas informaciones previas apuntaron la posibilidad de que fuera el príncipe Felipe quien acudiera en representación de sus padres, pero la invitación de Moncloa ha conseguido que fueran los monarcas en persona quienes asistan tanto a la ceremonia como al posterior convite.

"También los Aznar fueron invitados a los bautizos de los hijos de las infantas", señalan en Zarzuela para dotar de normalidad la asistencia de los Reyes. Sin embargo, es conocida, y El Siglo ha informado con detalle de ella en distintas ocasiones, la tensión que circula entre Zarzuela y Moncloa, sobre todo debido al perfil público de Ana Botella y a su interés en ocupar un espacio que, hasta ahora, había estado reservado en exclusiva a la reina (Ver recuadro Juntos pero no revueltos). "Las relaciones personales no tienen nada que ver. El Rey y el presidente, sean quien sean, saben sus obligaciones", sentencia una fuente cercana al monarca para zanjar el asunto.

La gran baza de la asistencia de don Juan Carlos y doña Sofía ha encarrilado otras muchas de representantes de altas instituciones del Estado. Si van los reyes, que no pueden incluirse en el círculo de amistades personales de los Aznar, pocos podrían decir que no a una invitación que logrará reunir a prácticamente todas las patas del poder del país: legislativo, ejecutivo y judicial. No es de extrañar que la primera lista superara los 1.100 invitados, cifra que sólo la personal decisión de Aznar ha logrado reducir a "más de 900 y menos de 1000", según los últimos datos. Quizá superar el millar pareciera al presidente un signo de exageración que no quería mostrar.

Con lo que, sin embargo, no ha pretendido tener ningún cuidado el presidente es con la interrupción de su trabajo que supondrá la boda. Moncloa ya ha informado que Aznar no acudirá a la Cumbre de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, la conocida como "Cumbre de la Tierra" que se celebra en la capital de Suráfrica, Johannesburgo, debido a su "agenda privada". El tramo ministerial de la misma se inaugura este lunes y concluye el miércoles 4, un día antes de la boda. Aznar no quiere faltar de casa en momentos tan importantes. A la cumbre asistirán más de 100 jefes de Estado y de Gobierno, once de ellos europeos, incluidos Jacques Chirac, Gerhard Schröder, Tony Blair y Silvio Berlusconi, estos dos últimos también invitados a la boda del año en España.

El hecho de que el evento tenga lugar en un día laborable, jueves, –¿será cierto que los agustinos no pudieron ceder su monasterio el día que la pareja nupcial había elegido en primer lugar?– aumenta, si cabe, el alarde de poderío que Aznar realizará con la boda. Tanto Blair como Berlusconi tendrán que trasladarse a Madrid apenas unas horas después de haber llegado de Johannesburgo y en un día en el que, previsiblemente, habrán tenido que anular su agenda política nacional ya que ambos ya han retornado de sus vacaciones oficiales.

Los dos primeros ministros serán las estrellas de la comitiva internacional que asistirá al enlace. Ambos son amigos personales de los Aznar y actuarán, incluso, de testigos tal como se ha anunciado. Silvio Berlusconi ha llegado a alardear de su relación personal con Aznar bromeando con la prensa italiana sobre el traje que se estaba haciendo para la boda y sus intenciones de adelgazar con tal motivo.

Blair, de muy distinto estilo, no se ha permitido comentarios en su país sobre su asistencia a la ceremonia, pero su sola presencia, junto a su mujer, Cherie, aparcará cualquier especulación sobre sus relaciones con Aznar. Ambos, a pesar de pertenecer, teóricamente, a espectros ideológicos enfrentados, han coincidido desde  la Semana Santa de 1998, cuando tuvo lugar su primer contacto informal en Doñana.

El escaso entendimiento entre Blair y Felipe González, cuando el hoy premier británico era todavía un aspirante a ocupar Downing Street, facilitó después el acercamiento con Aznar quien, junto a su mujer, Ana Botella, han sabido jugar sus cartas desde que viven en la Moncloa para granjearse amistades en el circuito internacional.

La fe cristiana que ambos matrimonios profesan –aunque Blair sea anglicano, su esposa es devota católica– ha sido uno de los elementos de unión, además del hecho de pertenecer a la misma generación y a que ambos hayan protagonizado una refundación en sus respectivos partidos políticos.

El factor religioso no es ajeno al brillo de la boda. Que se trate de un enlace católico, oficiado por un cardenal y con todas las necesarias condiciones de la clásica boda –ya hubo petición de mano oficial con intercambio de regalos y ágape en Moncloa el pasado junio y este mismo lunes habrá despedida de solteros de los novios en una de las discotecas más conocidas de Madrid, Gabana 1400- ayuda a redondear el cuadro en el que el Blair padre puede sentirse cómodo al tiempo que hace un favor político a su amigo Aznar con su presencia.

A Silvio Berlusconi no le supondrá ninguna incomodidad acudir a la boda. Ya ha compartido días de vacaciones y encuentros privados con los Aznar desde hace tiempo. Incluso el hijo mayor del presidente español ha veraneado en Italia y compartido yate y crucero con un hijo del mandatario italiano con quien tiene amistades comunes.

También el propio novio, Alejandro Agag, como secretario general del Partido Popular Europeo, puesto al que llegó designado por su futuro suegro, conoce personalmente a Berlusconi, al que preparó la entrada de su partido, Forza Italia, en el grupo parlamentario de Estrasburgo por indicación de Aznar.

Junto a ellos acudirá, previsiblemente, Antonio Guterres, ex primer ministro portugués y socialista con el que los Aznar también comparten una amistad similar a la de los Blair desde sus tiempos de dirigente de su país y desde su conocida fe católica. Ello no impedirá que asista, asimismo, el actual premier portugués, José Manuel Durao Barroso, oponente de Guterres, y líder del partido hermano del PP en Portugal.

Otro presidente de Gobierno más completará la lista de invitados de postín al enlace. Se trata de Fernando Flores, presidente de El Salvador. También desde Iberoamérica, donde Ana Botella ha hecho tan buenas migas con las consortes de sus dirigentes en las conocidas "Conferencias de esposas de Jefes de Estado y de gobierno", se trasladará Andrés Pastrana, ex presidente de Colombia. Otro importante dirigente americano amigo de los Aznar podría haber adornado la lista de invitados, pero la coyuntura política no lo ha permitido. La crisis argentina impedirá a su presidente Antonio Duhalde venir a la boda . "La situación no aconseja el traslado el presidente", afirman en su embajada en Madrid.

Junto a ellos, otros invitados extranjeros de menor rango, pero de indudable representación política tendrán un sitio reservado en la Real Basílica del Monasterio de El Escorial tales como Wilfred Maertens, presidente del PP europeo y ex presidente de Bélgica; Mario Monti, comisario europeo dela Competencia o Pierr Ferdinando Cassinni, presidente de la Cámara de Diputados italiana, número dos del poder italiano y potencial sucesor de Berlusconi.

La lista de españoles es innumerable. Los presidentes del Tribunal Constitucional, Manuel Jiménez de Parga, del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, Francisco Hernando y del Consejo de Estado, Iñigo Cavero, están invitados, así como el Defensor del Pueblo, Enrique Múgica. También, obviamente, las presidentas del Congreso y del Senado, Luisa Fernanda Rudí y Esperanza Aguirre, con lo que Aznar no deja un hueco, con la presencia de los Reyes, en el escalafón del poder nacional tal como lo describe la Constitución.

Completan el mismo todos los actuales ministros y los ex ministros del PP, además de los ex presidentes Adolfo Suárez, ya definitivamente instalado en el círculo aznarista tras el desembarco de su hijo en las candidaturas del PP, y Leopoldo Calvo Sotelo. Presidentes autonómicos y alcaldes de renombre del partido, entre los que se encuentran desde Alberto Ruiz-Gallardón y José María Álvarez del Manzano hasta Eduardo Zaplana o Manuel Fraga, complican estos días la vida a los servicios de protocolo de Moncloa que habrán de ubicar adecuadamente a tanta representación institucional.

Nombres del mundo de la economía, como Miguel Blesa, presidente de Cajamadrid, o Florentino Pérez y Juan Abelló, presidente y vicepresidente del Real Madrid,  también estarán presentes además de Alicia Koplowitz, Plácido Domingo o Julio Iglesias, quien ha llegado a suspender un anunciado concierto en Alcorcón para no perderse la boda. Periodistas como el director de Hola, Eduardo Sánchez Junco, o de El Mundo, Pedro J. Ramírez, junto a los directores de los principales medios públicos sumarán su peso mediático al acontecimiento.

Será a las siete de la tarde y la joven novia, de apenas 20 años, habrá de superar una presión de miradas a la que su condición de estudiante de Psicología no la debe tener preparada por mucho que su padre sea el presidente del Gobierno. No es de extrañar que la inicial intención de que la agencia Efe cubriera la ceremonia en exclusiva para surtir después al resto de medios se esté reconsiderando. Al parecer, y según la prensa rosa, que ha tenido asediada a la pareja de novios este verano, Ana no quiere fotógrafos dentro de la Basílica porque no desea "que la vean llorar".

Quien sí asume y tiene claro el nivel del acontecimiento es la diseñadora de su vestido, la modista de toda la vida de Ana Botella, Avy Güemes, quien habría dicho a Hola que el traje que lucirá Ana Aznar el jueves es "un secreto de Estado". L

JUNTOS, PERO NO REVUELTOS

Que sean los reyes, y no el Príncipe Felipe, como se había especulado en algunos medios, quienes asistan en persona a la boda de la hija del presidente Aznar ha sorprendido a más de uno de quienes conocen la línea por la que discurren las relaciones entre Moncloa y Zarzuela desde la llegada del PP al poder.

Aunque nunca esta línea ha llegado a rebasar lo oficialmente correcto, los detalles que han evidenciado el desencuentro entre el matrimonio real y el presidencial no han dejado de salpicar los últimos años. Desde la visita del presidente francés, Jacques Chirac, a España en 1999, recibido antes por Aznar que por el Rey a pesar de su condición de jefe de Estado, hasta la persistente demora de Moncloa en aprobar el deseado viaje de los Reyes a Cuba no son pocos los datos que jalonan la distancia en que se mueven sus relaciones.

Pero es el decidido interés de Ana Botella por ocupar un relevante puesto en la vida pública del país el que más choques ha provocado con Zarzuela. Desde que las tradicionales audiencias de verano entre presidente del Gobierno y monarca en el palacio de Marivent se hicieran acompañar por una cena entre ambos matrimonios con foto incluida debido al interés de Ana Botella, varios han sido los episodios en los que la agenda de la Reina ha coincidido, cuando no colisionado, con el de la esposa del presidente, sobre todo en los viajes internacionales y, especialmente, en Suramérica, donde la figura de la "primera dama" del país es seguida atentamente por los medios, un puesto reservado en exclusiva a la discreción de la reina Sofía hasta que Ana Botella llega a Moncloa.

Los años trascurridos desde la primera victoria del PP, en 1996, hasta el actual 2002 no han resuelto el problema –Ver en marzo de este mismo año en el nº 501 de El Siglo Toque de atención. El Rey compensa los excesos de Aznar– pero han suavizado sus aristas.

La cena de Marivent también ha tenido lugar este verano, aunque ningún medio nacional, centrados estos días en las consecuencias de la ilegalización de Batasuna, ha publicado la tradicional foto de los dos matrimonios sonrientes en las escalinatas del palacio.

La invitación nupcial de los Aznar ha vuelto a poner a Zarzuela en un escenario poco cómodo para el Rey de todos los españoles. La situación no podía resolverse de otra manera. Los reyes asistirán al enlace y regalarán generosamente el oropel de su presencia al presidente Aznar y a su familia. Quizá no haya otra ocasión de aquí a 2004.

A REGAÑADIENTES

Monseñor Rouco Varela, el cardenal arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), será quien oficie, junto a seis concelebrantes, la misa de la boda de Ana Aznar Botella y Alejandro Agag Longo. A muchos ha extrañado que monseñor Rouco accediese tan fácilmente a celebrar el enlace religioso, y no es para menos, pues es un secreto a voces que las relaciones entre la máxima autoridad eclesiástica en España y el Gobierno popular no son precisamente afables. La cúpula de la Iglesia española se las prometía muy felices con la llegada del PP al Gobierno en 1996, pues el talante conservador de sus dirigentes, sin duda, pensaban, favorecería las pretensiones de las autoridades eclesiásticas.

Pero no ha sido así y, especialmente a partir de la mayoría absoluta del PP lograda en 2000, en numerosas ocasiones se ha podido comprobar cómo el talante conservador de monseñor Rouco en particular y de la CEE en general, chocaron con la sumisión institucional plena que pretendía obtener Aznar de las autoridades de la Iglesia católica española.

Sin embargo, y al parecer, a petición propia de la esposa de José María Aznar, Ana Botella, será el cardenal Antonio María Rouco Varela quien case a su hija con Alejandro Agag y no precisamente por amistad personal, razón por la cual, excepcionalmente, los prelados aceptan oficiar este tipo de ceremonias, junto a las ocasiones en las que el rango de los contrayentes lo exige, que no es el caso. Pero resulta evidente que una negativa del arzobispo de Madrid, tal y como hubiese sido su deseo, era inviable y habría levantado una polvareda entre la opinión pública mayor que la extrañeza que ha provocado el oficio nupcial de manos de la máxima autoridad de la Iglesia española, sobre todo teniendo en cuenta las citadas tirantes relaciones. Pero estando invitados los máximos representantes de los poderes españoles, incluidos los Reyes, que han confirmado su asistencia, debía ser la cabeza del poder eclesiástico la que solemnizase el evento. Y así ha sido, aun con el disgusto del cardenal a quien no agradan en absoluto este tipo de celebraciones desmesuradas.

Como contó El Siglo en su día (ver núm. 458, La Iglesia no se somete), basándose en el testimonio de una persona muy cercana al arzobispo de Madrid, a éste le desagradan muchos de los aspectos de la política, en su fondo y en su forma, de José María Aznar. Así, para Rouco Varela el presidente del Gobierno representa una derecha autoritaria y reprueba su intento de "poner a todas las instituciones de su parte". Además, el presidente de la CEE no confía en Aznar, especialmente después del episodio de filtración al diario El Mundo de la noticia que aseguraba que las autoridades eclesiásticas españolas pretendían excomulgar a ETA, información que sólo pudo proceder de La Moncloa y que la CEE negó tajantemente. Además, monseñor Rouco Varela cree que Aznar es un "nacionalista español" y ha dejado a la Iglesia en evidencia en demasiadas ocasiones, con sus críticas a los obispos y sacerdotes vascos por sus opiniones respecto a ETA, haciéndolas extensivas, en ocasiones, a todas las autoridades eclesiásticas. Y, para ello, cree Rouco que Aznar realiza una manipulación mediática sin precedentes. Pero el cardenal gallego casará a Ana Aznar con Alejandro Agag el jueves en la basílica del monasterio de San Lorenzo del Escorial, no le queda más remedio.

DE YERNO A "YERNÍSIMO"

Alejandro Agag, el joven de 31 años que comenzó su carrera política en las Nuevas Generaciones del PP, continuó en La Moncloa a la sombra del presidente Aznar y se fue a Europa como secretario general de la formación popular en Bruselas, ha elevado su trayectoria, voluntaria o involuntariamente, con un gran golpe de efecto: casarse con Ana, la hija de José María Aznar y Ana Botella, once años más joven que el impulsor del exclusivo clan de Becerril.

Mientras estuvo en Europa, además, Alejandro Tarik Agag Longo –el segundo nombre, que raras veces se cita, le viene de su ascendencia argelina, ya que es hijo de un belga de origen argelino que en su juventud perteneció al Frente de Liberación Nacional de Argelia (FLN) y fue directivo del Banco Nacional de ese país– se procuró grandes e influyentes amistades, como la del primer ministro italiano Silvio Berlusconi, a quien apoyó sin ambages para que el partido político que presidía el magnate, Forza Italia, entrase a formar parte del Partido Popular Europeo (PPE); la del ex presidente belga, Wilfred Maertens, y hoy presidente del PPE; la del número dos italiano y presidente de la Cámara de Diputados de esta República, Pierre Ferdinando Cassini, o la del comisario europeo de la Competencia, Mario Monti, entre otros. Hoy está previsto que todos ellos asistan al enlace del yernísimo con Ana Aznar Botella, ahora, además, también como amigos del padre de la novia, pues Agag nunca dejó de trabajarse, paralelamente a las suyas, unas óptimas relaciones entre su mentor y suegro inminente y sus importantes amigos.

Tras su regreso de Europa en diciembre de 2001, que en principio parecía vacacional, Alejandro Agag dio la primera campanada: se casaría con Ana Aznar Botella y así se lo hizo saber a los padres de ésta durante las vacaciones que compartían en Baqueira Beret. Entonces, inevitablemente, se dispararon las críticas y los términos "trepa" y "ambición política" se empezaron a oír cada vez más alto y con mayor frecuencia en todos los mentideros políticos, también y con especial intensidad en el seno del PP. Pero el yernísimo, a quien nadie le niega el oportunismo y la capacidad de sorprender, casi en línea con la de Aznar, dio el segundo campanillazo: dejaba la política porque no quería perjudicar ni a su novia ni a sus futuros suegros.

Nadie pudo negar tampoco la, al menos, aparente generosidad del gesto, sobre todo teniendo en cuenta el brillante porvenir político que se le auguraba al líder del clan de Becerril, como tampoco nadie puede descartar –ni él mismo lo hace– que regrese al papel activo en el PP cuando su suegro abandone la Presidencia del Gobierno y del partido, como ha dicho que haría en 2004.

Mientras tanto, Alejandro Agag se ha cubierto bien las espaldas a la sombra de los Aznar, tal y como publicó esta revista (ver El Siglo, núm. 518: El yernísimo): entró como asesor del Consejo de Administración de un holding portugués llamado Sociedad Lusa de Negocios (SLN), vinculado al Partido Socialdemócrata (PSD), que gobierna en Portugal de la mano de José Manuel Durao Barroso (otro de los invitados al enlace del jueves), y que agrupa, entre otras empresas, al Banco Portugués de Negocios (BPN). De la expansión de este último en España y en Brasil se encarga Alejandro Agag, como hombre fuerte que, sin embargo, no tiene despacho oficial en la capital española, por lo que su vida transcurre entre Lisboa y Madrid. O al menos, eso consta oficialmente, aunque no hay evento social publicado en la prensa del colorín en los últimos meses en el que Alejandro Agag, acompañado de su prometida o de su futura suegra, no haya sido fotografiado.

Además, para que no quede ningún cabo suelto de la, desde el jueves, economía familiar, el yerno de más relumbrón del año también se ha hecho con su negocio particular, la gestión de dos chiringuitos financieros domiciliados en Sevilla, Titalbe, S.A. y Columela, S.A., que Alejandro Agag creó, junto a su tío, Alberto Longo Álvarez de Sotomayor, y a su amigo de la infancia, Jacobo Gordon, dos meses después de anunciar su retirada de la política.

De momento, Alejandro Agag dará el "sí, quiero" a la hija del presidente del Gobierno este jueves, atravesando, por fin, el umbral que le coloca como yerno oficial de José María Aznar. Su futuro es una incógnita, al igual que el de su suegro, pero, según quienes le conocen, el holding portugués sólo es una transición y "sin duda, no dejará de sorprendernos" antes o después, una vez más, como su suegro.


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