OPINIÓN E IMAGEN

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Refuerza su equipo personal de Política exterior

AZNAR PREPARA SU
DESTINO EN LO UNIVERSAL

Para José Maria Aznar ésta no es una legislatura más. Es, según su reiterada Promesa, la última consecutiva de su estancia en el poder. Es por ello que, en esta ocasión, no ha querido descuidar su Proyección exterior y, sin ruido ni flashes, ha reorganizado a su equipo de asesores de política internacional ubicando a algunos de ellos en puestos clave de cara a sus eventos exteriores previos al 2004. Mientras el peso específico del ministro Piqué languidece en un ministerio que escapa a su control, el hombre Más cercano a Aznar en el terreno internacional, Ramón Gil­Casares Satrústegui, se está convirtiendo en la mano derecha del presidente cuando sale de nuestras fronteras.

Inmaculada SÁNCHEZ

Ninguno de sus cercanos tiene ya constancia de que el presidente siga aprendiendo inglés, como en sus comienzos de inquilino en La Moncloa. Es sólo un detalle. Pero ilustra la seguridad que José María Aznar demuestra ahora cuando pisa suelo extranjero. Hasta en el PSOE reconocen la metamorfosis: "Todos los presidentes terminan aprendiendo el oficio, unos con más fortuna que otros', señala el portavoz socialista de Exteriores, Manuel Marín.

Atrás quedaron los tiempos en que, como reciente presidente de un PP por el que pocos apostaban se intentaba dar a conocer en Europa y Ilegábamos a los sitios por el embarque normal de los aeropuertos y teníamos que ir al AVIS de turno para alquilar un coche,.No nos esperaba nadie y ni las embajadas ni los partidos hermanos nos hacían caso", tal como rememora Francisco García Diego, asesor de prensa de Aznar desde que aterrizara en Madrid, en el libro El sucesor, de Raimundo Castro. Ahora, las preguntas sobre la sucesión en el poder se refieren a él.

Si el presidente cumple su palabra y en el 2004 se niega a ser el candidato del PP a las elecciones generales entonces apenas tendrá 51 años y un brillante historial político a sus espaldas. Nadie le ve retirado ‑continuará, en todo caso, como presidente del Partido Popular‑ y muchos miran a Europa y a sus cargos como destino preferente. Tampoco nadie sabe qué piensa el presidente respecto a su futuro, pero sus movimientos ofrecen ciertos indicios. Uno de los que ha pasado Prácticamente desapercibido ha sido la reorganización realizada entre sus tradicionales asesores en materia exterior. Sólo quienes han acompañado al presidente en sus viajes oficiales en esta segunda legislatura han notado el cambio.

Durante sus primeros cuatro años de mandato su compañía permanente en los viajes oficiales han sido el director del departamento de Interna­cional y Seguridad del Gabi­nete de Presidencia, Ramón Gil‑Casares, y, hasta la fallida tregua de ETA, el secretario general de Presidencia, Javier Zarzalejos. Este último abandonó los viajes cuando se volcó en la negociación con los etarras y aun después de roto el alto el fuego. Desde entonces, el presidente, al margen de los desplazamientos con otros ministros, se ha apoyado en el citado Gil‑Casares y en un miembro del equipo de comunicación de Moncloa, Alfonso Nasarre, hoy jefe del departamento de información de la Oficina del Portavoz, para trasladar a la prensa la profundidad de sus pasos en suelo extraño.

Tras la mayoría absoluta del 12 de marzo, sin embargo, este reparto de tareas ha cambiado. Ahora es un diplomático de carrera ‑brillante y muy profesional, según distintas fuentes‑, Fernando García Casas, quien apoya a Gil-Casares en la tarea de arropar a Aznar en sus viajes oficiales, García Casas ha sido ascendido en esta legislatura del departamento de Internacional del Gabinete presidencia¡, donde ocupa despacho desde la época de los gobiernos del PSOE, hasta la dirección del departamento de Estudios y Relaciones informativas del ministro Portavoz.

"La creación de la estructura de apoyo al nuevo ministro Portavoz, aunque ésta dependa de Presidencia, ha permitido aumentar y mejorar el número y calidad de los apoyos al Presidente, tanto en sus viajes internacionales como en funciones informativas en España", reconocen en Moncloa.

García Casas no es el único miembro del anterior gabinete de exteriores del gabinete monclovita que ha cambiado de puesto y aumentado su rango y poder. También Alfonso Dastis ha sido puesto al frente del Comité organizador de la Presidencia Es­pañola de la Unión Europea, evento inédito para Aznar que tendrá lugar en el primer se­mestre del año próximo. Y un tercer diplomático, crecido para el PP en el gabinete de Moncloa, Alberto Carnero, ha sido ubicado en un área de especial relevancia para Aznar: la dirección general de Políti­ca Exterior para Iberoamérica del  Ministerio de Asuntos Exteriores. 

Tras tan complejo tejido de cargos y jerarquías se vislumbra una realidad más sencilla: los diplomáticos de confianza del presidente, los que le construyeron el elástico lecho sobre el que impulsarse hacia el exterior cuando acababa de llegar al cargo, han incrementado y extendido su influencia.

Quien habla y conduce a la prensa en los viajes presidenciales al exterior, le arregla citas y está presente, incluso, en algunos de sus encuentros de alto nivel, es uno de ellos. El que dirige los preparativos para la crucial Presidencia española de la UE, es otro.

 Y también ha colocado a otro en el deslabazado Ministerio de Asuntos Exteriores a cargo de Josep Piqué. Si a estos nombramientos se añade la desaparición de la figura del antaño poderoso secretario de Estado de Cooperación Internacional y para Iberoamérica, Fernando Villalonga, y el hecho de que su sucesor, el también fuerte Miguel Angel Cortés, ha caído en desgracia por  sus enfrentamientos con Cultura, área que, por otra parte, es la que más le interesa, las consecuencias del nuevo mapa son evidentes.

"Ya se veía venir cuando Aznar comenzó la legislatura diciendo que España va a ser una potencia mundial y que somos un país grande. Pero estas operaciones de grandeur tienen mejores actores en nuestros vecinos y, además, ya no se llevan", señala un miembro de la oposición que critica el papel representado por el presidente en su reciente gira a Oriente Próximo. "No es usual que, después de terminar un encuentro de alto nivel, entre presidentes, ya antes de que el invitado dé sus explicaciones ante la prensa Mubarak diga que está completamente descartada una nueva Cumbre de Madrid. Es una forma de hacer ver que las expectativas trasladadas por Aznar con el viaje eran totalmente irreales. Cuando preparas un viaje así, esto se sondea antes", añade. Algunas de las fuentes diplomáticas consultadas, que coinciden en esta visión bonapartista de buena parte de la política exterior de Aznar llegan a señalar que ahora "puede que ni se deje asesorar”, a la vista del patinazo de Egipto y supuesta la reconocida profesionalidad de sus actuales consejeros.

Durante la legislatura pasada Aznar viajó a más de un centenar de países y visitó oficialmente a todos los de Iberoamérica, a excepción de Costa Rica, hueco ya cubierto en los primeros meses de su nuevo mandato. No es previsible que el presidente aumente aún más este ya de por sí abultado volumen de viajes oficiales ‑su objetivo era conocer y ser conocido como nuevo mandatario español‑ pero no por ello los próximos años van a tener menos brillo exterior para Aznar. Más bien todo lo contrario. Entre las prioridades de su gabinete internacional está la Presidencia española de la Unión Europea, que tendrá lugar los primeros seis meses del 2002, con dos Consejos Europeos a celebrar en Barcelona y Sevilla, y otro evento de rango mundial, la II Cumbre Unión Europea‑América Latina‑Caribe que reunirá en Madrid a 54 jefes de Estado en marzo del año próximo. No le faltarán, pues, a Aznar ocasiones para lucirse en el escenario internacional en los próximos meses.

Un detalle más puede terminar de redondear la carrera exterior de Aznar. La próxima cumbre de la internacional conservadora, la IDC, este otoño, nombrará, con toda probabilidad, al presidente español su nuevo líder tal como le ha pedido su actual presidente, Wilfred Martens, sobre todo tras su aplastante triunfo el pasado 12‑M.

EL HOMBRE CLAVE

Ramón Gil‑Casares Satrústegui tiene la misma edad que el presidente del Gobierno. Fueron compañeros de colegio, y de curso, en el famoso colegio de El Pilar, aunque nunca llegó a la relación del otro conocido "compañero de pupitre" que tantos quebraderos de cabeza le dio hace un año, el ya ex presidente de Telefónica, Juan Villalonga.

Gil‑Casares hacía años que no veía a Aznar cuando recibió una llamada de Moncloa a su casa de Nueva York, donde continuaba su carrera diplomática como cónsul general adjunto de España después de haber pasado por Guinea Ecuatorial, Uruguay y Filipinas. Era mayo del 96, el PP había ganado las elecciones y el nuevo presidente buscaba con quién ocupar sus preciados puestos de asesores en el naciente Gabinete de Presidencia, A su frente, sin duda alguna, se situaba Carlos Aragonés, hombre de confianza de Aznar desde sus comienzos en la Junta de Castilla y León y miembro destacado del entonces todavía fuerte `Clan de Valladolid". Este grupo de jóvenes liberales que se instaló a la vera de Aznar e hizo con él el tortuoso camino hacia el poder tenía candidatos para casi todos los puestos del gabinete. Salvo para el área de Internacional. Y de un listado de diplomáticos más o menos afines ideológicamente que le pasaron eligió a su antiguo compañero de colegio.

"Hombre, tú eres GilCasares, ¡el famoso Gil-Casares!". Así cuentan [sabe¡ Durán y José Díaz Herrera en su libro Aznar, la vida desconocida de un presidente el encuentro entre el diplomático y dos de los miembros del gabinete dirigido por Aragonés. Aznar, por lo visto, les había hablado de las cualidades del elegido antes de su llegada. El reencuentro entre el ya presidente y el diplomático se inició con la típica conversación sobre los cambios que la edad había producido en cada cual, especialmente en Gil­Casares, que ya lucía una llamativa calvicie que contrastaba con la poblada cabellera de Aznar.

 El director del departamento de Internacional y Seguridad del Gabinete fue el único extraño al Clan que se asentó en el gabinete monelovita, pero lejos de amilanarse fue cimentando la confianza que Aznar había depositado en él `Se ha ganado su confianza a lo largo de la primera legislatura, con su estilo profesional en cada uno de sus viajes", aseguran en Moncloa. Hoy es el único que mantiene su puesto a la vera del Presidente en cada uno de sus desplazamientos.

 Sobrino del conocido dirigente monárquico‑liberal exiliado por Franco Joaquín Satrústegui y primo de Miguel Satrústegui, hoy alto cargo del grupo Prisa, muchos de sus conocidos alaban su buen talante, su espíritu de equipo, su calidad humana y su perfil más profesional que político. Otros que también han ratado con él en sus numerosos viajes junto a Aznar apuntan a su confianza con el presidente, al que acompaña en todas las reuniones, como la clave de su éxito, ya que su supuesta brillantez profesional apenas se deja entrever en sus intervenciones públicas.

Alto, elegante, como todo buen diplomático, conocedor de distintos idiomas, ojos claros y con una barba recortada que intenta suplir la falta de cabello, Gil-Casares continúa soltero y afirma pasar más horas en el Palacio de Moncloa que en su propia casa.

Poco a poco, su influencia ha ido desplazando a la de otros, en principio destinados a ese puesto tan cercano al presidente, como el diputado popular José María Gil Robles, sobrino de Fraga, también diplomático y desde hace tiempo encargado de las relaciones internacionales del partido.

Él era quien, en sus inicios como líder del PP acompañaba a un inexperto Aznar e, incluso, le hacía de traductor. Hoy, sin embargo, aunque mantiene su puesto en Génova y es portavoz del partido en la comisión de Exteriores nadie le concede una influencia especialmente relevante ante el Presidente. Nunca ha tocado poder en el Ministerio de Asuntos Exteriores y su relevancia, actualmente, se centra en las relaciones con el resto de partidos de la órbita conservadora y, especialmente, la IDC, de la que Aznar será su próximo líder.

Dado el desconocimiento de Aznar del mundo diplomático ha sido Gil-Casares quien, personalmente, ha elegido a su equipo de asesores, salvo contadas excepciones, tanto en ésta como en la anterior legislatura, Con él permanecen en el Gabinete Ricardo López Aranda, joven diplomático en la treíntena encargado en la actualidad del área de Iberoaméríca, y Juan José Urtasum, cercano a los cincuenta años, especializado en Oriente Medio, llegado a Moncioa desde Brasilia después de haber pasado por un destino en la ONU.

Tras los ascensos ya citados de García Casas ‑el único procedente de la asesoría de Felipe González que permanece‑, Alfonso Dastis y Alberto Carnero, y la marcha de José María Areilza, el único del equipo no diplomático y que al concluir la legislatura retornó al mundo académico (hoy da clases en el Instituto de Empresa), además del prematuro fallecimiento de José Luis Antón, Gil‑Casares ha vuelto a nutrir su equipo con un nuevo quinteto de diplomáticos: María Jesús Figa, procedente de México, María Victoria Morera, destinada anteriormente en Bruselas, Rafael Rech, situado personalmente por el presidente, de quien ejercía de asistente personal en la anterior legislatura, Rafael Miralles, conocido novelista, y Miguel Papí, único no diplomático procedente del mundo universitario.


El séquito del presidente

"El séquito es del Rey, los que viajamos con Aznar somos la delegación oficial", explican en Moncloa. Al margen de denominaciones existen una serie de personas que llevan cerca de cinco años siguiendo al presidente Aznar y a su esposa -ésta le acompaña habitualmente siempre que el viaje se prolongue más de 24 horas- en sus viajes oficiales al extranjero.

Entre ellas se encuentra, sin duda, el ya citado Ramón Gil-Casares, director del departamento de Internacional de su Gabinete, y, desde esta nueva legislatura, Fernando García-Casas, diplomático que ha suplido y especializado las habituales funciones de Miguel Ángel Rodríguez, en su día, o Pedro Antonio Martín Marín cuando eran secretarios de Estado de Comunicación. Junto a ellos y al eventual ministro o cargo político que pueda incorporarse siempre se repiten las mismas personas.

Fernando Arias, director general de protocolo, además de acudir al país anfitrión un mes antes para los preparativos, siempre realiza el viaje con su subdirector u otro miembro del departamento para supervisar todo. Bajo su custodia, por ejemplo, se encuentra el habitual maletín con dinero efectivo para hacer frente a los gastos de la delegación que no hayan podido satisfacerse con tarjetas o a cualquier otra eventualidad.

Imprescindibles, también, son los miembros del dispositivo de seguridad que dirige el teniente coronel de la Guardia Civil Javier Ara y que se reparten a partes iguales entre la Policía y la Benemérita.

Dos personas, a cargo de Isidro Pinilla, forman el gabinete de comunicaciones encargados de que esté donde esté el presidente pueda hablar con cualquier parte del mundo. También un médico y una enfermera -habitualmente el jefe del servicio sanitario de Moncloa, el doctor José Miguel Esteban- acompañan a la pareja presidencial y su séquito con todo lo necesario, incluida una pequeña UVI móvil -"Normalmente usamos más sus servicios el resto de la delegación que el propio Presidente, que disfruta de una salud de hierro", aseguran-.

A todos estos servicios portátiles se añaden entre 35 y 40 periodistas habituales que suelen alojarse en el mismo hotel que el presidente siempre que éste no cuente con una residencia oficial ofrecida por el país anfitrión.

Ana Botella cuenta con un asistente personal encargadoi de su agenda paralela a la oficial del presidente, Antonio Cámara, antiguo miembro del equipo de asesores de Aznar desde que tenía su despacho en Génova.

Ni la señora del presidente ni él llevan en sus viajes a ningún peluquero ni encargado de sastrería. Suelen utilizar los servicios de la embajada española en el país visitado o los de peluquerías nacionales. En último caso tambien se pueden peinar ellos mismos. Aunque de lo que no puede prescindir Aznar es de los traductores. No los suele utilizar en francés, que habla bastante bien, ni en italiano, idioma que entiende y en el que le entienden si no se trata de conversaciones muy específicas. Pero sí resultan imprescindibles en el habitual inglés -"una cosa es que se levea por la tele hablar en un descanso o un pasillo con Tony Blair, conversación que no pasa del cómo estás y cuánto tiempo llevamos reunidos, y otra concretar cosas", asegura una persona que lleva años acompañándole en sus viajes- Para ello están los del servicio de Asuntos Exteriores, entre ellos la habitual Susana Miñaruelo.