Inmaculada SÁNCHEZ
Ninguno de sus cercanos tiene ya constancia
de que el presidente siga aprendiendo inglés, como en sus comienzos de
inquilino en La Moncloa. Es sólo un detalle. Pero ilustra la seguridad
que José María Aznar demuestra ahora cuando pisa suelo extranjero. Hasta
en el PSOE reconocen la metamorfosis: "Todos los presidentes terminan
aprendiendo el oficio, unos con más fortuna que otros', señala el portavoz
socialista de Exteriores, Manuel Marín.
Atrás quedaron los tiempos en que, como
reciente presidente de un PP por el que pocos apostaban se intentaba dar
a conocer en Europa y Ilegábamos a los sitios por el embarque normal de
los aeropuertos y teníamos que ir al AVIS de turno para alquilar un coche,.No
nos esperaba nadie y ni las embajadas ni los partidos hermanos nos hacían
caso", tal como rememora Francisco García Diego, asesor de prensa
de Aznar desde que aterrizara en Madrid, en el libro El sucesor,
de Raimundo Castro. Ahora, las preguntas sobre la sucesión en el poder
se refieren a él.
Si el presidente cumple su palabra y en
el 2004 se niega a ser el candidato del PP a las elecciones generales
entonces apenas tendrá 51 años y un brillante historial político a sus
espaldas. Nadie le ve retirado ‑continuará, en todo caso, como presidente
del Partido Popular‑ y muchos miran a Europa y a sus cargos como
destino preferente. Tampoco nadie sabe qué piensa el presidente respecto
a su futuro, pero sus movimientos ofrecen ciertos indicios. Uno de los
que ha pasado Prácticamente desapercibido ha sido la reorganización realizada
entre sus tradicionales asesores en materia exterior. Sólo quienes han
acompañado al presidente en sus viajes oficiales en esta segunda legislatura
han notado el cambio.
Durante sus primeros cuatro años de mandato
su compañía permanente en los viajes oficiales han sido el director del
departamento de Internacional y Seguridad del Gabinete de Presidencia,
Ramón Gil‑Casares, y, hasta la fallida tregua de ETA, el secretario
general de Presidencia, Javier Zarzalejos. Este último abandonó los viajes
cuando se volcó en la negociación con los etarras y aun después de roto
el alto el fuego. Desde entonces, el presidente, al margen de los desplazamientos
con otros ministros, se ha apoyado en el citado Gil‑Casares y en
un miembro del equipo de comunicación de Moncloa, Alfonso Nasarre, hoy
jefe del departamento de información de la Oficina del Portavoz, para
trasladar a la prensa la profundidad de sus pasos en suelo extraño.
Tras la mayoría absoluta del 12 de marzo,
sin embargo, este reparto de tareas ha cambiado. Ahora es un diplomático
de carrera ‑brillante y muy profesional, según distintas fuentes‑,
Fernando García Casas, quien apoya a Gil-Casares en la tarea de arropar
a Aznar en sus viajes oficiales, García Casas ha sido ascendido en esta
legislatura del departamento de Internacional del Gabinete presidencia¡,
donde ocupa despacho desde la época de los gobiernos del PSOE, hasta la
dirección del departamento de Estudios y Relaciones informativas del ministro
Portavoz.
"La creación de la estructura de apoyo
al nuevo ministro Portavoz, aunque ésta dependa de Presidencia, ha permitido
aumentar y mejorar el número y calidad de los apoyos al Presidente, tanto
en sus viajes internacionales como en funciones informativas en España",
reconocen en Moncloa.
García Casas no es el único miembro del
anterior gabinete de exteriores del gabinete monclovita que ha cambiado
de puesto y aumentado su rango y poder. También Alfonso Dastis ha sido
puesto al frente del Comité organizador de la Presidencia Española de
la Unión Europea, evento inédito para Aznar que tendrá lugar en el primer
semestre del año próximo. Y un tercer diplomático, crecido para el PP
en el gabinete de Moncloa, Alberto Carnero, ha sido ubicado en un área
de especial relevancia para Aznar: la dirección
general de Política Exterior para Iberoamérica del Ministerio de Asuntos
Exteriores.
Tras tan complejo tejido de cargos y jerarquías
se vislumbra una realidad más sencilla: los diplomáticos de confianza
del presidente, los que le construyeron el elástico lecho sobre el que
impulsarse hacia el exterior cuando acababa de llegar al cargo, han incrementado
y extendido su influencia.
Quien habla y conduce a la
prensa en los viajes presidenciales al exterior, le arregla citas y está
presente, incluso, en algunos de sus encuentros de alto nivel, es uno
de ellos. El que dirige los preparativos para la crucial Presidencia española
de la UE, es otro.
Y
también ha colocado a otro en el deslabazado Ministerio de Asuntos Exteriores
a cargo de Josep Piqué. Si a estos nombramientos se añade la desaparición
de la figura del antaño poderoso secretario de Estado de Cooperación Internacional
y para Iberoamérica, Fernando Villalonga, y el hecho de que su sucesor,
el también fuerte Miguel Angel Cortés, ha caído en desgracia por sus
enfrentamientos con Cultura, área que, por otra parte, es la que más le
interesa, las consecuencias del nuevo mapa son evidentes.
"Ya se veía venir cuando Aznar comenzó
la legislatura diciendo que España va a ser una potencia mundial y que
somos un país grande. Pero estas operaciones de grandeur tienen mejores
actores en nuestros vecinos y, además, ya no se llevan", señala un
miembro de la oposición que critica el papel representado por el presidente
en su reciente gira a Oriente Próximo. "No es usual que, después
de terminar un encuentro de alto nivel, entre presidentes, ya antes de
que el invitado dé sus explicaciones ante la prensa Mubarak diga que está
completamente descartada una nueva Cumbre de Madrid. Es una forma de hacer
ver que las expectativas trasladadas por Aznar con el viaje eran totalmente
irreales. Cuando preparas un viaje así, esto se sondea antes", añade.
Algunas de las fuentes diplomáticas consultadas, que coinciden en esta
visión bonapartista de buena parte de la política exterior de Aznar llegan
a señalar que ahora "puede que ni se deje asesorar”, a la vista del
patinazo de Egipto y supuesta la reconocida profesionalidad de sus actuales
consejeros.
Durante la legislatura pasada Aznar viajó
a más de un centenar de países y visitó oficialmente a todos los de Iberoamérica,
a excepción de Costa Rica, hueco ya cubierto en los primeros meses de
su nuevo mandato. No es previsible que el presidente aumente aún más este
ya de por sí abultado volumen de viajes oficiales ‑su objetivo era
conocer y ser conocido como nuevo mandatario español‑ pero no por
ello los próximos años van a tener menos brillo exterior para Aznar. Más
bien todo lo contrario. Entre las prioridades de su gabinete internacional
está la Presidencia española de la Unión Europea, que tendrá lugar los
primeros seis meses del 2002, con dos Consejos Europeos a celebrar en
Barcelona y Sevilla, y otro evento de rango mundial, la II Cumbre Unión
Europea‑América Latina‑Caribe que reunirá en Madrid a 54 jefes
de Estado en marzo del año próximo. No le faltarán, pues, a Aznar ocasiones
para lucirse en el escenario internacional en los próximos meses.
Un detalle más puede terminar de redondear
la carrera exterior de Aznar. La próxima cumbre de la internacional conservadora,
la IDC, este otoño, nombrará, con toda probabilidad, al presidente español
su nuevo líder tal como le ha pedido su actual presidente, Wilfred Martens,
sobre todo tras su aplastante triunfo el pasado 12‑M.