OPINIÓN E IMAGEN

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AZNAR MARGINA AL REY: NINGUNEADO

Junio 01

El presidente del Gobierno asume cada vez con más frecuencia las funciones que constitucionalmente corresponden a la Jefatura de Estado. La primera y reciente visita del presidente de EE UU, George Bush, sólo es un ejemplo más de la sombra que José María Aznar proyecta sobre el Rey y que no pasa desapercibida para la opinión pública ni, mucho menos, para el entorno de la Casa Real, que también ha recibido con disgusto algunos comentarios del presidente, públicos y privados, dirigidos al Monarca.

Al rey Juan Carlos no se de le otorgó el papel que le correspondía durante la primera visita a España de su homólogo norteamericano como jefe de Estado, George Bush, o, al menos, ésa es la opinión de quienes tratan con asiduidad o conocen al Monarca y las costumbres protocolarias. Y no es la primera vez, pues, tal y como publicó esta revista en su día -ver EL SIGLO, 11-17 de octubre de 1999-, durante la visita del presidente de la República francesa, Jaques Chirac, en octubre de hace dos años el jefe del Ejecutivo, José Maria Aznar, y su esposa, Ana Botella, recibieron al jefe de Estado francés contradiciendo el protocolo, que recomienda la bienvenida por parte del homólogo. Entonces, según fuentes muy cercanas a Zarzuela, don Juan Carlos se sintió molesto por la usurpación que hizo Aznar de su cargo.

En esta ocasión, con motivo de la primera visita a España del recién electo presidente de EE UU y de su esposa Laura el pasado 12 de junio, sólo hubo un encuentro oficial del Rey y de la reina doña Sofía con el matrimonio Bush. Éste tuvo lugar en el Palacio de la Zarzuela y se produjo inmediatamente después de que aterrizase en el aeropuerto madrileño de Barajas el Air Force One en el que viajaba el matrimonio Bush y fuera recibido efusivamente por el ministro de Asuntos Exteriores, Josep Piqué, en el Pabellón de Estado del citado aeródromo. Tras la audiencia de los Reyes a George y Laura Bush en el Palacio de la Zarzuela, el presidente norteamericano partió hacia la finca estatal toledana de Quintos de Mora para reunirse y almorzar con José María Aznar, algo que se consideró en círculos cercanos al monarca como una suplantación inadecuada, pues era a don Juan Carlos a quien le debería corresponder la presidencia del primer almuerzo de George Bush en nuestro país. Al malestar creado por esta situación se suma el hecho de que fuese Ana Botella y no la Reina la que acompañase a la primera dama de los EE UU durante su visita al Museo del Prado y a la Biblioteca Nacional. Poseriormente, ambas se dirigieron en un llamativo Cadillac negro con matrícula americana a un conocido restaurante madrileño a almorzar con doña Sofía, que ya aguardaba allí, y con Rakela Cerovic, esposa del embajador español en Washington, Javier Rupérez. La sensación de que el papel de don Juan Carlos y doña Sofía quedó relegado a un segundo plano por el que hizo suyo el matrimonio Aznar durante la visita de veinticuatro horas de los Bush a España se evidencia aún más si se tiene en cuenta que el Monarca ya había estado en la Casa Blanca, la sede de la presidencia de EE UU, a finales del pasado mes de marzo y que sus relaciones con el actual mandatario norteamericano eran muy cordiales, además de las fluidas que, desde hace muchos años, los Reyes mantienen con el padre de Bush, el ex presidente, George Bush. Los portavoces de la Casa Real, consultados sobre si don Juan Carlos se había sentido desplazado por Aznar durante la visita de George Bush, sostienen que es una información competencia del Ministerio de Asuntos Exteriores.

La escasa sintonía personal entre don Juan Carlos y el presidente José María Aznar no constituye una novedad, sino que se arrastra desde hace tiempo y ha sido confirmada y comentada en varias ocasiones tanto por miembros del restringido entorno del Rey como por los del círculo de La Moncloa. En concreto, ya en verano de 1998, durante el encuentro habitual del matrimonio Aznar con don Juan Carlos y doña Sofía en el palacio mallorquín de Marivent, el Rey le manifestó su disgusto al presidente por el modo en el que estaba transcurriendo el caso Gal y que llevó por esas mismas fechas a prisión al entonces ex ministro de Interior, José Barrionuevo, y al ex secretario de Estado para la Seguridad, Rafael Vera -ver EL SIGLo, 21 de septiembre de 1998-. Hoy, cuando el Gobierno del PP que encabeza José María AzrTar goza de la mayoría absoluta de la que entonces carecía, las diferencias personales entre el jefe de Estado y el jefe del Ejecutivo han dado paso a una actitud de ninguneo al Rey por parte de José María Aznar y que se ha reflejado en distintas situacion con el consecuente descontento de d Juan Carlos, confirmado a esta revista por gente de su limitado entorno.

Muy criticadas en círculos monárquicos y un profundo malestar le causaron al Rey, según sus allegados, declaraciones que en tono exhortativo hizo José María Aznar a la cadena Cope en octubre de 1998, cuando le preguntaron por las fechas del viaje de Don Juan Carlos a Cuba. Entonces el presidente del Gobierno respondió "cuando toque" y explicó que eran muchas las personas que, como el Rey deseaban ir a Cuba, aunque explicó que no se trataba de "razones de deseo", sino de "decisión política y oportunidad". Estas palabras serían matizadas momentos después por el portavoz del Grupo Popular en el Congreso de los Diputados, Luis de Grandes cuando aclaró que la expresión "cuando toque" de José María Aznar sólo constituía "el preludio de que va tocar pronto y de que vlveremos a la normalidad con una tirrra entrañable". El viaje a Cuba de los Reyes se produjo un año después de estas declaracion en noviembre 1999, con motivo de la Cumbre Iberoamericana celebrada en La Habana y a la que también asistieron el presidente español y su esposa. También en esta ocasión se consideró inadecuado e irrespetuoso hacia el Monarca un detalle del comportamiento de José María Aznar, cuando el Rey, el propio Aznar, Fidel Castro y otros asistentes a la Cumbre Iberoamericana visitaron La Habana Vieja. Debido a las altas temperaturas, y a pesar de que don Juan Carlos aguantaba el calor sin quitarse la chaqueta, las cámaras de todo el mundo mostraron al jefe del Ejecutivo español en mangas de camisa a su lado y con la chaqueta del traje colgada al hombro.

A Polonia. No hace mucho, un episodio de carácter similar, si bien en el marco de una conversación privada, dejó estupefactos a los que asistían a ella por lo inesperado y las formas del comentario que salió de José Mana Aznar. Según ha podido saber esta revista, la escena tuvo lugar en el transcurso de la recepción ofrecida por los grandes duques de Luxemburgo en El Pardo, lugar de alojamiento de éstos durante la visita que el pasado mes de mayo hicieron a España, y entre los invitados, lo más selecto del panorama público español, se encontraban diversas personalidades del ámbito aristocrático, político y periodístico. Ya en la privacidad del encuentro, posterior al recibimiento y salutación inicial de los grandes duques de Luxemburgo y de los Reyes de España que recogió un gran despliegue de medios de comunicación, se produjo una incómoda conversación en un grupo en el que se hallaban don Juan Carlos, José María Aznar y algunos periodistas. Comentaban entre ellos el viaje que el jefe del Ejecutivo iba a realizar a Moscú unos días después, cuando éste, en un tono irónico que dejó perplejo al resto del grupo y que puso nervioso a más de uno, sin saber adónde mirar después de lo violento de la salida del presidente, señaló al Rey con el dedo e indicó a su reducido auditorio: "Y a éste lo mando a Polonia". Se refería así a la segunda visita a este país que los Reyes realizaron una semana después de la estancia de los grandes duques de Luxemburgo en España y que hicieron acompañados por el jefe de la Diplomacia española, Josep Piqué. Este viaje oficial de los Reyes no se realizó en el mejor de los momentos por cuanto a las relaciones España-Polonia se refiere, y así lo confirmó el Gobierno polaco cuando, en boca de su ministro de Asuntos Exteriores, Wladyslaw Bartoszewski, manifestó su preocupación por la postura del Ejecutivo español en las negociaciones para la ampliación de laUnión Europea, que creían que podrían retrasar el ingreso de Polonia en la UE, algo que les resultaría "muy incómodo".

Tampoco el Rey ha ahorrado en alguna ocasión comentarios dirigidos irónicamente al presidente del Gobierno delante de otras personas. En el recuerdo de todos los asistentes, está la recepción oficial en 1999 de la Pascua Militar, cuando don Juan Carlos desconcertó a los presentes al contradecir el sentido de las palabras pronunciadas unos minutos antes por José María Aznar ante un amplio grupo de periodistas. Entonces, ETA había abandonado las armas en una tregua que rompería en noviembre de ese mismo año, pero que la violencia callejera no acató nunca. Unas horas antes de esta celebración el 6 de enero, una treintena de encapuchados de la kale borroka había lanzado más de 40 cócteles molotov contra las viviendas de la Guardia Civil en el municipio vizcaíno de Getxo y Aznar aprovechó su comparecencia ante los medios para lanzar una "advertencia muy seria" a los radicales y a Euskal Herritarrok (EH), que intermediaba en los contactos entre el Gobierno y la banda terrorista, asegurando que no eran compatibles "el diálogo y la participación en las instituciones democráticas con la violencia". Todavía estaba hablando el presidente del Gobierno, cuando entró el Rey y le espetó en tono bromista, pero que apocó a Aznar, según algunos de los asistentes, que diese una noticia, porque nunca decía "nada" e inició su mensaje a los medios lanzando una recomendación totalmente opuesta a la del presidente: defendía la continuidad de "los contactos", algo que reiteró después en las distintas conversaciones que mantuvo con periodistas mientras se tomaba con ellos el vino que sirvieron en el Salón de Columnas del Palacio Real. Mientras, José María Aznar, en otros corrillos de comunicadores, mantenía firme la postura contraria. Algunos asistentes a esta recepción han señalado el esfuerzo por parte de La Moncloa y de la Casa Real para frenar el eco informativo de esta actitud contradictoria entre el jefe de Estado y el del Ejecutivo en un tema tan delicado como el terrorismo etarra, pero no lograron evitar que algunos medios, como el diario El Mundo, la recogiesen al día siguiente en portada con todo lujo de detalles.

Esta tensión entre ambos mandatarios estaría deteriorando, además, la figura del monarca. Si el presidente Aznar reduce al mínimo la presencia del Rey en actos oficiales, señalan quienes critican este ninguneo, don Juan Carlos se ve abocado a aparecer ante los españoles, a través de los medios de comunicación, cada vez más a menudo en ambientes desenfadados. En próximas fechas, precisamente, se volverá a ver al Rey y su familia en escenas habituales a bordo del velero Bribón en pantalón corto y camiseta con el estampado del logo publicitario del patrocinio correspondiente. Hace escasamente un año la Casa Real ya hubo de hacer frente a una agria polémica con motivo del regalo del yate Fortuna al Rey por parte de empresarios baleares; donación que fue interpretada por buena parte de la opinión pública como una utilización "publicitaria" de la figura real para promocionar las islas turísticamente. Esta proyección pública del Rey y su familia no es del agrado de la Casa Real ni de los partidarios de dar una imagen de la Monarquía totalmente contraria a la de frivolidad que estas imágenes consiguen.

La sombra de la sucesión. La actitud del presidente del Gobierno respecto al papel de don Juan Carlos y la escasa simpatía que se profesan ambos sólo es un aspecto más de la situación difícil a la que se enfrentan los Reyes y, en consecuencia, la Monarquía española, cuyos derechos y deberes están de plena actualidad por el supuesto noviazgo del Príncipe heredero, don Felipe de Borbón, y la modelo noruega Eva Sannum, un tema que trae de cabeza a sus padres. Fuentes muy próximas a la Casa Real sostienen que la ruptura del romance se producirá en breve, lo que dará pie, y a la Casa Real no le es ajeno, a una situación posterior similar a la que se creó tras el abandono de don Felipe de la relación con Isabel Sartorius, con quien mantuvo un romance que no fue compartido por sus padres. Ahora, la posibilidad de un matrimonio del Heredero no aprobado plantearía asimismo un problema sucesorio, ya que, incluso en el restringido círculo de la Casa Real hay quien se ha preguntado: "¿Se imagina alguien a Jaime de Marichalar como rey de España?". Por no hablar del rechazo generalizado que ha surgido en la más alta aristocracia con sólo el apunte de que se pudiera producir esa boda y que ha provocado en alguna conocida aristócrata lanzar advertencias del tipo "¡Me hago republicana!", si se consuma el polémico matrimonio.

Pero el Rey, que no desea abordar de forma agresiva con su hijo el tema de la sucesión si se casa con Eva Sannum, lanza consejos al Príncipe de Asturias a través de escritores periodistas o expertos en temas monárquicos, que, además, le son absolutamente fieles. En concreto, según han informado a EL SIGLO desde el mismo entorno de la Casa Real, tres artículos publicados en la prensa constituyen sendos mensajes encubiertos de don Juan Carlos a don Felipe. En Los deberes de un Príncipe (Abc, 20 de abril de 2001), el escritor José Luis de Vilallonga, escribe sobre lo que él -el Rey, según las fuentes de esta revista- considera un adecuado matrimonio del heredero de la Corona y sostiene que "la gente sencilla, poco al tanto y aún menos preocupada por estos asuntos, suele animar al Príncipe a seguir los dictados de su corazón sin tener en cuenta que desgraciadamente para él, el Príncipe no es un hombre cualquiera". En este caso, la claridad abrumadora de la opinión de Vilallonga desató un rumor tan fuerte de que éste era un vocero del punto de vista del Rey que la Casa Real se vio obligada a enviar una carta a Abc 13 días después, firmada por el vizconde del Castillo de Almansa afirmando que "La Casa de Su Majestad desea manifestar que las opiniones en él el artículo de José Luis de Vilallonga contenidas son sólo sus propias opiniones y que nadie ha autorizado a sugerir que éstas sean compartidas por Su Majestad el Rey o Su Casa".

Sin embargo, el Monarca continuó su labor educadora a través de otros dos textos, el titulado Privilegio y deber (ABC, 29 de abril de 2001), del académico de la Historia, Carlos Seco Serrano, y Bodas Reales (El Mundo, 2 de mayo de 2001), que firmaba el cate,drático de Derecho Constitucional miembro del Consejo Editorial de El Mundo, Jorge de Esteban. Seco Serrano, incluso haciéndose eco de las palabras de la Reina, en las que aseguraba dar verdadera importancia a que la mujer de don Felipe tuviese "el mismo nivel de educación, los mismos valores", sostenía que el Príncipe heredero debería elegir "a la que ha de compartir con él el Trono de manera que esté a la altura de moral de ese incomparable privilegio". Jorge de Esteban iba más allá y calificaba de "instrumento clave" el matrimonio del Heredero, asegurando que debe contraer un matrimonio adecuado que asegure tanto la sucesión, como la permanencia y la respetabilidad de la Monarquía". Añadía que 1a mujer destinada a ser Reina", además de garantizar su fertilidad, debe poseer también "una serie de atributos que faciliten su papel institucional".

ANA BOTELLA, "PRIMERA DAMA"

Cuando se habla del ninguneo al Rey por parte de José María Aznar, esta actitud se hace extensiva a su esposa, Ana Botella, respecto a las funciones de la reina doña Sofía. La mujer de presidente del Gobierno, amiga de aparecer en los medios y opinar sobre los distintos avatares de la vida política de su esposo, incluida su sucesión como candidato popular a la presidencia del Gobierno, ha figurado en varias ocasiones en el lugar que, según el protocolo, le correspondería ocupar a la reina doña Sofía. También ejerció de homóloga de la primera dama estadounidense y mujer del presidente de este país, Laura Bush, acompañándola en su breve visita cultural por Madrid, que incluyó la asistencia de ambas a la Biblioteca Nacional y al Museo del Prado con la consecuente aparición pública de las dos mujeres ante las cámaras que aguardaban a la salida. Una hora después se dirigieron en un impresionante Cadillac negro a un conocido restaurante madrileño, de donde bajaron muy sonrientes, y en donde les aguardaba desde hacía unos minutos la Reina, que había llegado sin retraso.

La misma situación se había repetido años atrás, cuando en 1999 Ana Botella realizó una visita que, según fuentes cercanas al entorno de la Casa Real, hubiera sido del gusto de la Reina, y por la que la mujer de Aznar posó muy sonriente para la revista Hola! Tal y como entonces recogió esta revista -ver EL SIGLO del 11-17 de octubre de 1999-, Ana Botella acudió a Atenas a inaugurar la exposición Pablo Picasso Estudios para el Guernica, una muestra de dibujos de la colección permanente del Centro de Arte Reina Sofía, cedida temporalmente por el Ministerio de Cultura al Museo de Arte Cicládico de la capital griega. El Reina Sofía aclaró entonces que Ana Botella "fue enviada por el Gobierno". En esa ocasión, además, fue acompañada por el entonces secretario de Estado de Cultura, Miguel Ángel Cortés.


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