Un secreto a voces

La noticia aparece casi inadvertida, perdida en la maraña de la actualidad. La veo de soslayo sólo en El País, difuminada en la página 36. Resulta que la mayoría de la plantilla de TVE en Extremadura secundó el día 3 de diciembre una huelga “por la dignidad profesional”. La huelga fue organizada, según los trabajadores, porque la dirección ha “trasgredido los principios ideológicos que debe regir el funcionamiento de RTVE”. Quedan, por consiguiente, y afortunadamente, adorables ingenuos en RTVE. En esta ocasión han sido localizados en Mérida y, al parecer, es la primera vez que hay paro en el Ente por semejante motivo. Los sindicatos consideran que el director de RTVE en Extremadura no se ajusta a “la objetividad, la imparcialidad y el respeto al pluralismo político y social como principios básicos inspiradores de lo que debe ser un medio público”. En diez meses han presentado ya su dimisión dos jefes de Informativos y  hasta la Junta Electoral “en el último proceso electoral autonómico y municipal condenaba al centro territorial de RTVE en Extremadura por parcialidad informativa dentro de la campaña electoral”, según han resaltado los sindicatos.

No hay ya capacidad para la ira. Crece imparablemente la náusea. Esto supera el NO-DO. Situación sin precedentes. No es un problema específico de Extremadura, lo que sería ya, en sí mismo, muy grave. RTVE hace tiempo que cruzó todas las barreras y se encuentra en caída libre, incrustrada en el barrizal de la manipulación informativa. Alfredo Urdaci, el director supremo de los Informativos, lee con sarcasmo y desdén una sentencia de la Audiencia Nacional condenando a TVE por manipulación a raíz de la huelga general de junio de 2002. Pero nada ocurre, no sucede nada, esto es surrealista, dónde nos hallamos, qué extremo de insensibilidad generalizada nos entumece, qué Gobierno irresponsable nos aflige.

La Audiencia incluso aplaude, menudo escarnio, sigue saliendo Urdaci por la pequeña pantalla, como si este país fuera Jauja o la Nicaragua de Somoza.  Sonríe Urdaci con rostro de joven funcionario de la CIA local, o de la KGB de Prado del Rey, si se prefiere, Urdaci tiene perfil de aparato. Como Sánchez, de nombre José Antonio, el director general de esta inmensa televisión basura, repleta de deudas que abonamos los contribuyentes y, además, a rebosar de mentiras favorables siempre al PP, naturalmente. Sánchez, de nombre José Antonio, condecorado por Su Santidad, él dijo en los periódicos que Su Santidad le pone más que su mujer, lo dijo, sí, así mismo o muy parecido. Sánchez, de nombre José Antonio, defiende a Urdaci, defiende a Aznar. Consiente encantado que Sánchez Dragó haga apología de Primo de Rivera, de nombre José Antonio, y replica en el Congreso de los Diputados que para apología la que hicieron de Primo de Rivera, de nombre José Antonio, los socialistas en Informe Semanal de no recuerdo qué año dijo. La culpa la tuvo el PSOE, mantiene este Sánchez.

Cerca de 2.000 periodistas de toda España han firmado un escrito contra los oprobiosos despidos en Antena 3. Este suceso de depuración caciquil, o franquista, ha ocupado mi modesta atención con alguna reciente frecuencia. En la protesta, ciertamente, no he estado solo. Pero también en este capítulo parece que dé lo mismo. Lara Bosch y, por supuesto, el ministro de Trabajo, Zaplana, que ha otorgado el placet a la escabechina, están más anchos que largos. Satisfechos, encantados de ser tan importantes. El Aznarato es una autocracia y, si no fuera por el Rey, una república bananera. El Rey se desmarca cuando puede. Le cuesta. No le dejan. Lo tiene el ex falangista Aznar, de nombre José María, atado. A pesar de ello, el otro día, en la recepción de la Constitución, Juan Carlos de Borbón quebró el protocolo y abrazó a Santiago Carrillo, el líder comunista que regresó a España con peluca, disfrazado, y al que esta democracia nuestra le tiene tantas y tantas cosas que agradecer. Aznar hubiera hecho lo propio, pero con Julio Anguita, el líder comunista al que la derecha del PP le tiene también tantas y tantas cosas que agradecer. Gracias en parte a Anguita, Aznar ha llegado donde ha llegado. Ha llegado, por ejemplo, hasta a ser amigo de Bush, “el fracasado miserable”, según internautas norteamericanos justicieros. No le debió de producir, por cierto, placer especial alguno a Aznar la frase del Rey, en el mensaje solemne a causa del 25º aniversario de la Constitución, cuando dijo que nadie debía apropiársela. Es lo que ha hecho el presidente del Gobierno, evidentemente.

Y ahora Cataluña. “Sólo nos queda rezar”, escribe Carlos Dávila en La Razón, donde ha sido acogido por Anson tras haber permanecido una larga temporada en el ABC de Zarzalejos. Este hooligan de Aznar, que tan bien recompensado ha sido por RTVE, desde Mónica Ridruejo a Sánchez, de nombre José Antonio, desde 1996 hasta hoy,  señala que “en Cataluña hay quien sostiene que esta larga negociación (se refiere a la de ERC con CiU y con el PSC) es un gran simulacro, una mentira, una añagaza de trilero, porque, desde el principio, ERC ya sabía que su pacto sería con el PSC”. Dávila vaticina: “Lo cierto es que, pase lo que pase, el Principado está siguiendo una corriente de radicalización creciente que proviene del enchufe que ajusta la ERC de Carod-Rovira”. Arremete contra Zapatero: “Desde Madrid, Zapatero las ve venir porque no ha sido capaz de soportar el envite desesperado de un político como Maragall, que o entra esta vez en la Generalitat o se marcha definitivamente a casa. Los líderes se fijan en los momentos complicados y, en éstos, Zapatero no está dando la talla. Alguien aduce que si el secretario socialista se hubiera plantado ante Maragall, como González se plantó ante el marxismo, con puñetazo en la mesa incluido, habría salido propulsado a chorro hacia La Moncloa. Pero no ha sido capaz”. ¡Oh qué tiempos, los actuales, cuando Dávila es capaz de ensalzar, indirectamente al menos, a González con el único fin, claro, de darle un sopapo a Zapatero!

Las fijaciones de esta derecha vienen de antaño. Rojos y separatistas, fuera; al paredón, como Tarancón, que era un obispo en exceso heterodoxo. Hasta en la sección de Deportes, La Razón dedica espacio a la moralina conservadora. No desperdicia nada Luis María. Lo hace semanalmente Miguel Ors, un histórico de aquella TVE franquista que tanto se asemeja a la de ahora. Comenta “lo del himno de Riego de Melbourne”. Ors defiende la actitud del secretario de Estado para el Deporte, Juan Antonio Gómez Angulo: “Actuó con dignidad y honor”. Añade, en tono piñarista, ¿o aznarista?, lo siguiente: “Ya, ya sé que los símbolos en España para los “progresistas” (vaya jarca poco fiable) y los demócratas de toda la vida, son un valor rancio. Sube lo sórdido y lo estulto y baja lo bello: eso es a veces progresía (...) Muy bien Gómez Angulo, y allá los “progres” (¿de qué?) que prefieren el ruido a Mozart o la hepatología a lo hermoso”.

Leo a Gonzalo Aragonés, corresponsal de La Vanguardia en Moscú sobre las elecciones rusas del domingo 7 de diciembre: “Que la máquina del Estado se puso al servicio del Kremlin y de Rusia Unida para lograr un excelente resultado (...) era un secreto a voces. Los países europeos, a través de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), y Estados Unidos denunciaron (...) esta situación señalando especialmente al trato que han recibido los partidos de la oposición en la televisión rusa durante la campaña electoral. Según la OSCE, que envió a las elecciones medio millar de observadores, los resultados electorales han sido ‘abrumadoramente deformados’. Esta afirmación se basa en el control de la televisión estatal y el mal uso de los recursos oficiales. EE UU también mostró (...) su preocupación. Ambas voces se unen a las de Gennadi Ziuganov, el líder del Partido Comunista, que ha sufrido un fuerte varapalo”

¿Cuándo serán invitados a una apasionante estancia en España los responsables de la OSCE y sus enviados especiales? ¿Para los comicios generales de marzo? ¿O es que RTVE y Antena 3 no funcionan, día sí, día no y el de en medio también, como las televisiones rusas en manos de Vladímir Putin? Sería asimismo muy ilustrativo, para las gentes de la OSCE, darse una vueltecita por la Italia de Berlusconi. En España, como en Italia, todo esto es también “un secreto a voces”. Como en Rusia.

15.12.03

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