OPINIÓN E IMAGEN
Cañuelo

De información y opinión en los medios aznaristas

Se explaya Nicolás Redondo Terreros en La Razón, conversando con Carmen Gurruchaga. El periódico que dirige Luis María Anson, con pérdidas cuantiosas que enjuga Lara Bosch, cuya aventura en Antena 3 es, por otra parte, socialmente tormentosa y económicamente inquietante, acoge con especial mimo a los heterodoxos activos del PSOE, como el ex secretario general de los socialistas vascos, o como Cristina Alberdi, la ex ministra de Felipe González, que desde hace meses lancea cuanto puede a su partido. Desde que consumaron la traición, Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez también han sido tratados por este rotativo cual si fueran estadistas de gran relevancia y no menor prestigio. “La culpa de la derrota no es toda de Simancas, es de todo el partido”, advierte Redondo Terreros en la entrevista citada. “IU puede pactar con nosotros, pero no jugar con nosotros. Si hacen un pacto con nosotros en Madrid y otro con el PNV en el País Vasco, están jugando con nosotros, siendo el centro y teniendo la iniciativa”, añade.

Le pregunta Gurruchaga por el episodio de haber presentado él a Jaime Mayor Oreja en el Club Siglo XXI, lo que provocó un cierto escándalo en las filas del PSOE, más incrementado a la vista del auditorio y todavía más al contemplar las imágenes, ambos fundidos en un grandilocuente, enorme, abrazo. Gurruchaga se limita a subrayar que el hecho “molestó en su partido”. Y le interroga así “¿Lo sabía o le daba igual?”. La respuesta es clarísima: “Me da igual y sabía que iba a molestar, porque cada vez están reduciendo más el campo de sus reflexiones y acciones (...) Que se molesten porque yo presente a una persona como Mayor Oreja me preocupa más que me sorprende (...) No tuve ningún inconveniente en presentarle y me entristece que algunos se preocupen por esto”.

Maravillosa razón, disputándole sin tregua al diario ABC tanto lectores como adhesiones inquebrantables al PP y a José María Aznar. Anson predica con el ejemplo. Cuando Mariano Rajoy fue nombrado digitalmente sucesor, exhumó sus artículos, que llevan siempre el título genérico de Canela fina, en los cuales había elogiado antes al delfín colmándolo de elogios. Con motivo del triunfo de Esperanza Aguirre ha hecho lo mismo. La entradilla justificatoria de tal reproducción, en este caso de un solo comentario, no tiene desperdicio. Reparen en lo que dice el aludido periodista de la derecha de toda la vida: “Nunca me he encaramado en el carro del vencedor. El Periodismo es un contrapoder y, además de para informar, lo ha creado la sociedad para que elogie al poder cuando el poder acierte, lo critique cuando se equivoque, lo denuncie cuando abuse. El 9 de febrero de 1999, cuando Esperanza Aguirre fue destituida como ministra, cuando muchos creían que había caído en desgracia, escribí la canela fina que reproduzco íntegra a continuación sin cambiarle una coma”.

Conmueve, efectivamente, que Anson proclame que él “nunca (se ha) encaramado en el carro del vencedor”. No es fácil encontrar un ejercicio de cinismo de mayor osadía en este género de cuestiones. Como no debe asombrar a nadie, a la vista de cómo actúa Anson, su afirmación de que “muchos creían que (Esperanza Aguirre) había caído en desgracia”. Todo el Madrid mínimamente informado sabía por aquellas fechas, febrero de 1999, que no había caído en desgracia, que iba a ser nombrada presidenta del Senado y que mantenía fluidas vinculaciones personales con José María Aznar y con Ana Botella. Pues bien, algunas de estas cosas escribió el hombre fuerte de La Razón sobre la nueva presidenta actualmente de la Comunidad de Madrid: “Sus buenas maneras, su capacidad de trabajo, su sentido común, la convirtieron en una concejala especialmente querida por la opinión pública durante su gestión municipal. Esperanza Aguirre es la inteligencia política y la simpatía incansable (...) Justo es reconocer, frente a olvidos e ingratitudes, que Esperanza ha sido la canela fina de un Gobierno que, a pesar de algunos fallos incuestionables, resplandece desde hace tres años con el fulgor del éxito”.

Esperanza continúa en racha. El Mundo de Pedro J. Ramírez llegó a pronunciarse pidiendo el voto a su candidatura a través de un editorial. En ABC ha contado con todo tipo de apoyos. No ha habido apenas fisuras en la prensa de la derecha, según es ya tradición inveterada, porque en Madrid se jugaba mucho el PP. La reacción a posteriori ha sido de general alivio y de extraordinaria satisfacción. Sin dismulos y, de acuerdo con la consigna moncloíta, sin complejos. Las lisonjas dedicadas a Aguirre son desbordantes. En la tercera de ABC, Benigno Pendás se deshace en elogios y rezuma optimismo: “Paradojas de la política: se acabó la historia interminable. Ganan Madrid, el proyecto del Partido Popular y Esperanza Aguirre. Pierden todos los demás. Unos más que otros. En presencia de la virtud cívica, nunca falla la lógica implacable del sentido común: por definición, el culpable paga sus errores”.

Ganan los buenos, pierden los malos. Como en los cuentos de hadas o en las viejas películas del Oeste americano. Vaticina Pendás: “La próxima presidenta de la Comunidad madrileña ha roto muchos tópicos y superado no pocas malevolencias. En un régimen representativo, el prestigio se adquiere con el ejercicio de la confrontación ante el ‘tribunal de la opinión pública’; poco importan las chanzas ingrávidas y melifluas de intelectuales sedicentes (...) Cuenta a su favor con una notable capacidad de trabajo y sacrificio, así como con esa sabia querencia liberal que ayuda a no perder la brújula ante la tentación intervencionista”. Este profesor de Historia de las Ideas Políticas no desaprovecha la ocasión para rendir pleitesía a Rajoy: “Primera victoria del candidato Rajoy. Todo muy a su gusto; triunfo nítido, sin caer en excesos retóricos ni en promesas infundadas. Balcón de Génova sin Aznar, pero plagado de aznarismo. La continuidad del proyecto empieza con paso firme y una imagen de concordia imprescindible porque el elector español es muy exigente con la armonía interna de los partidos (...) El éxito del Partido Popular refuerza el acierto de una sucesión por ahora modélica, aunque no conviene confiarse ya que las circunstancias no siempre van a ser tan propicias”.

 “Aquí corren peligro los socialistas”, precisa Pendás por si alguno de sus lectores no se hubiera dado cuenta de por dónde van sus razonamientos. Lo explica así: “Ha perdido Simancas; mal asunto si pierde también Maragall, signo probable de crisis interna; pero si gana, se vigilará con lupa en el conjunto de España cada uno de sus gestos en relación con la vertebración territorial del Estado”. En consecuencia: si Maragall resulta derrotado, malo para el PSOE. Si vence, también. España puede tambalearse, se le pondrá en cuarentena y, si se pasa un milímetro en favor del catalanismo, le estarán esperando para dispararle a la cabeza o a la de Rodríguez Zapatero, que es la que buscan.

César Alonso de los Ríos lanza el botafumeiro del feminismo bien entendido y eficaz. Aguirre, la mujer y la derecha, titula el comentario. “Lo que no perdona la izquierda, afirma De los Ríos, es que las ejecutivas de la derecha sean capaces de reconciliar la ambición de poder con las concesiones a lo tradicional, incluido lo familiar”. “El triunfo de Esperanza Aguirre (...), puntualiza, es la última prueba de que la derecha española se ha puesto definitivamente a la vanguardia de la liberación de la mujer (...) A partir de esta oleada de políticas se viene abajo el tópico de la izquierda como garantía del feminismo”. Por su parte, Alfonso Ussía se mofa con bromas de mal gusto, muy propias de este cortesano, de Gaspar Llamazares. Jaime Campmany se muestra encantado y rotundo: “Madrid a salvo”. El antiguo franquista la emprende contra Rafael Simancas. Ussía va a la yugular de Llamazares. Campmany, a la de Simancas. Se reparten el juego. “Todo empezó al situar a Rafael Simancas a la cabeza de la candidatura. La estatura intelectual, moral, cultural y política de Simancas no llega siquiera al nivel de su estatura física”, insulta Campmany. Alaba a Esperanza: “Ha hecho una campaña ejemplar, ejemplar sobre todo para sus adversarios, que no quisieron aprender la lección (...) Ante la provocación continuada, no perdió la compostura, ni la firmeza, ni la mesura, ni la elegancia. Los incendiarios se han hundido ellos solos. Madrid se ha salvado de la quema”. Se rasga una vez más las vestiduras: “Y los sótanos de corrupción que han quedado al descubierto en la Federación Socialista Madrileña suponen un nuevo pozo fétido que arrojará sin remedio a muchos miles de socialistas honestos del respeto al partido”. Suerte que ahora los que se vayan del PSOE podrán afiliarse a Nuevo Socialismo, el tingladito de Tamayo.

Sería muy pedagógico efectuar una encuesta entre las 150.000 personas que el 26 de noviembre se abstuvieron en Madrid y no votaron al PSOE sin ni siquiera apoyar a IU. Convendrá preguntarles, a propósito de por qué no fueron a depositar su voto, si siguen de cerca los medios en la órbita del PP. Si no lo hacen, su abstención sería disculpable, pues cabría esgrimir el atenuante de la ignorancia. Pero si leen, oyen o ven, con cierta frecuencia, los medios cercanos a la derecha, que son mayoría, el único atenuante que se me ocurre es el de masoquismo o estulticia, lo que es bastante más grave. Porque el mayor incentivo para seguir respaldando a la izquierda se halla en la forma de informar y de opinar que emplea habitualmente la derecha. Información, igual a desinformación. Opinión, igual a vituperio.

03.11.03


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