OPINIÓN E IMAGEN
Cañuelo
DE MARIANO, LA SÍNTESIS ENTRE CÁNOVAS Y SAGASTA
Albricias!, o sea, buena nueva en árabe, con perdón. Señala Luis María, en su Razón del domingo 31 de agosto: "Éxito periodístico de Antena 3, TVE y EFE, que adelantaron la noticia de la elección de Mariano Rajoy como sucesor de Aznar". Y lo celebra publicando fotos de Gloria Lomana, otra conversa; Alfredo Urdaci, el condenado por la Audiencia, y Miguel Platón, quien lanzó desde Época la primera piedra, en la durísima ofensiva de 1996 contra Prisa, por encargo moncloíta. La primera es responsable de los informativos de la televisión privada del PP, ahora vía Lara Bosch y el propio Anson; el segundo, de los informativos de TVE, el boletín audiovisual del aznarismo, y el tercero, de los de la agencia EFE, que parece haber vuelto a los tiempos tenebrosos, cuando fue fundada por los sublevados de 1936. Sentencia este maestro de periodista: "Antena 3 y TVE y EFE se anotaron ayer un importante tanto informativo con la noticia de la elección del vicepresidente Mariano Rajoy como futuro candidato a la Presidencia del Gobierno por el Partido Popular. Los tres medios compartieron la exclusiva de adelantar una de las noticias más esperadas de los últimos años como era la del sucesor de José María Aznar (...)".
Orgasmo colectivo entre los periodistas del Régimen. La elección de Aznar, filtrada a los medios más fieles, menudo scoop este reconocimiento público a la sumisión permanente, ha sido saludada con gozo infinito, con descomunales loanzas, con ditirambos excelsos. Ha vuelto el ¡cierren filas, ar! "Palabra de Aznar, te alabamos, Señor." Luis María llega a reproducir hasta seis artículos suyos, desde 1998 hasta 2002, bautizados como Canela fina, todos favorables a Rajoy. La introducción a semejante antología de la adulación, y de la autoadulación, la titula El ministro diez y dice así: "En los cinco años que tiene de vida este periódico he dedicado una docena de canelas a Mariano Rajoy, uno de los pocos políticos que creyó en el éxito de La Razón, mientras algunos de sus compañeros de Gobierno nos perseguían como a ratas y hacían todo lo posible para hundirnos. Su nombramiento como sucesor, tan lógico, tan normal, tan prudente como todo lo que hace Aznar, me induce a reproducir, con sus títulos y fechas, varios de estos comentarios que dediqué a Rajoy, al que, sin dejar de subrayar algunos aspectos negativos de su gestión, califiqué en reiteradas ocasiones de ministro diez".
Éstas son, pues, algunas de las lisonjas a Rajoy de Anson, siempre con el nihil obstat de su hermano Rafael. 23.11.98: "No tiene nada de tópico gallego. Es claro, clarificador, abierto y rotundo. Le dieron un ministerio envenenado. Una trampa para elefantes. Está haciendo una gestión inteligente, flexible, acertada. Y, sobre todo, eficaz. El joven Mariano Rajoy es el ministro eficacia. Tiene el pulso firme que precisa el trato con las autonomías voraces. Las debilidades vienen de otros sitios. Rajoy es cauteloso cuando conviene, flexible en el momento necesario, defensor siempre de los intereses de España sobre los partidistas. (....) La opinión pública no sabe cuántos problemas de gravedad para España ha resuelto Rajoy en el silencio de su despacho, sin solicitar cámaras de televisión que aireen su figura". 5.3.1999: "Rajoy sacó a manos llenas el estiércol de los establos políticos autonómicos e instaló en ellos la racionalidad. Aznar sabe bien el acierto de su ministro en la gestión encomendada. Por eso le trasladó a la otra plaza con dificultades insalvables: la educación, la cultura, la ciencia, el deporte. En unas semanas, Rajoy se ha sentado con los cátedros, les ha hablado en su idioma, ha negociado con la Iglesia perpleja por la equiparación de la Religión con el parchís; ha abordado la manipulación de las clases de Historia con que se intoxica en las autonomías a los niños españoles (...)". 6.12.2000: "Durante la primera legislatura de Aznar escribí varias veces que Mariano Rajoy era el ministro diez. Se ha convertido en el vicepresidente primero del Gobierno, claro. Continúa siendo el político-eficacia (...) Se le ve poco, pero interviene en casi todo con acierto sostenido. Ha dicho que ETA y el PNV tienen los mismos fines con distintos métodos. Es verdad. No toda la verdad, porque algunos dirigentes peneuvistas comparten con los etarras fines y medios". 28.8.2001: "Desde Julio César a Napoleón, se ha venido afirmando lo que significa el factor suerte en la acción política (...) Nuestro ministro diez, Mariano Rajoy, es un ministro de suerte (...) Ojalá no le abandone a tenor de la última declaración del ayatolá Arzallus, Rajoy es ya el primer objetivo de los etarras (...)". 17.2.2002: "La cumbre de Barcelona era la prueba del algodón para Mariano Rajoy (...) Mariano Rajoy ha superado el examen de Barcelona con matrícula de honor. Supo prever, acertó a disuadir, fue capaz de organizar un gigantesco aparato de seguridad (...) para blindar la ciudad". 5.12.2002: "Es un hecho que Aznar acertó al llevar al Prestige a alta mar para que allí se hundiera. Acertó también al poner al frente de la crisis, alarmado por las piruetas de algún ministro, a Mariano Rajoy que ha dado una vez más muestras de eficacia y buen sentido. El vicepresidente es el Zidane del Gobierno, aunque barbado (...)".
Más comedido, José Antonio Zarzalejos, director de ABC, también exultaba tras el ascenso de Rajoy al paraíso. En la tercera del día siguiente, titulaba su artículo: Rajoy, un valor seguro. "Y es que Mariano Rajoy en la juventud senatorial que le adorna, siempre ha estado ahí, con un extraordinario sentido de la oportunidad, de ese que están dotados aquellos que pueden presumir de instinto político. El vicepresidente primero es un conservador liberal (...) Todos estos perfiles otorgan a Mariano Rajoy eso que se denomina flexibilidad que es lo que el presidente Aznar parece que ha buscado en el sucesor (...) Es ese valor que los analistas bursátiles prudentes califican de seguro (...) Un personaje Mariano Rajoy que garantiza, además, lo esencial: que sin alteraciones aunque con un previsible estilo propio, conservará el proyecto que ha impulsado José María Aznar. El lógico margen de maniobra de que debe irremediablemente disponer, el estilo personal en los ritmos y en las decisiones, las distintas perspectivas en las que pueda matizar e incluso diferir con el presidente, son todas ellas de matiz, de tono, de coloratura, pero nunca lo han sido de fondo. Mantendrá Rajoy –solo y en compañía de otros puntales del PP– las tres variables de los logros de la derecha democrática en estos casi ocho años: claros criterios sobre la cohesión nacional; una política económica rigurosa y progresivamente liberalizadora con los acentos asistenciales que requieren sociedades maduras como la española y una política exterior atlantista que se atendrá a los graves compromisos asumidos por el Gobierno en los últimos tiempos y que han puesto en valor la posición internacional de España".
Todos.No podía faltar ni siquiera el disidente, Pedro J. Ramírez. "El más centrista de los posibles", titulaba Ramírez su homilía del 31 de agosto. Ramírez ahora es marianista, por descontado. Él estuvo allí y lo intuyó nítidamente. "El 31 de agosto de 2002 –precisa el director de El Mundo– fue un día especialmente importante para mí (...) Esa noche Ana Botella y el presidente Aznar tuvieron el gesto de invitarme a cenar en La Moncloa junto con Ágata Ruiz de la Prada, tal y como en otras ocasiones han hecho con otros responsables de medios de comunicación. Pero la cena en el jardín –"venid con ropa informal"– no fue para cuatro, tal como yo creía que iba a suceder, sino para seis. En el último momento se nos unieron un Mariano Rajoy sin tiempo siquiera para quitarse la corbata y su mujer, Elvira Fernández Balboa. Después de más de diez años de relación, era la primera vez que el presidente incorporaba a un miembro de su Gobierno a una cena de esas características. Nada se dijo esa noche que adquiera hoy un sentido premonitorio, pero conociendo ya con cierto detalle la compleja personalidad de un Aznar que nunca da puntada sin hilo, entendí inmediatamente el mensaje –"Éste es mi vice muy amado en quien tengo puestas todas mis complacencias"– y desde ese momento transmití a mis compañeros y colaboradores la sensación de que el vicepresidente primero iba a ser el sucesor".
Se le apareció, por tanto, Mariano en carne mortal a Pedro José, una noche de verano en los jardines de La Moncloa, venid con ropa informal, pero él, no, llevaba corbata. Intuyó el periodista independiente por antonomasia, tras más de diez años de relación con Aznar, que Mariano sería el escogido por el dedo del Sumo Hacedor para sustituirlo en el titánico empeño de sacar a España del rincón de la Historia e incluirla en el selecto grupo de naciones que cuentan, que deciden, que bombardean a los malos para proteger a los buenos. Lo supo sin necesidad de más explicaciones. A la gente inteligente le basta con la mirada. "Cualquiera de los tres (...) hubiera sido un buen candidato pero si ponderamos tanto su talante como sus posiciones en los asuntos clave, el más centrista de los tres y por lo tanto de los posibles –detrás, por supuesto, en ese ranking de Gallardón y Zaplana– era Rajoy", apostilla Ramírez.
"Mariano, la derecha de seda", opina otro independiente como Raúl del Pozo, del PCE al PP, del PP al PCE, y tiro porque me toca. "Mariano Rajoy –escribe complacido Del Pozo– es tan moderado y tolerante que le gusta la tortilla sin cebolla (...) Ajeno a la mala saña, a la demagogia sin venas hinchadas en el cuello". "Se ha hecho realidad la síntesis entre Cánovas y Sagasta, sin salirse de las pautas del partido conservador", añade. Aznar, Cánovas; Rajoy, Sagasta. El PP ha ido más lejos que los caciques de las Restauración alfonsina. Ni siquera el relevo se hace ahora a través de las urnas de entonces, controladas, eso sí, por el pucherazo de turno. Funciona el dedo, y punto. Cuando los mexicanos vuelven del PRI, la derecha española camina hacia el PRI. Esto recuerda el Movimiento. También ahí había halcones y aperturistas, y hasta legítima concurrencia de criterios. Que dicen que Girón va a organizar la de Dios es Cristo. Que Arias Navarro es un traidor. Que Fraga pesca con Solís y conspiran en el barco. En aquellos años, Emilio Romero (que en paz descanse) era también un periodista independiente. Como Jaime Campmany, que lo sigue siendo. Y tantos otros, felices y contentos. Olfatean que hay PP para décadas. Ahora toca Cánovas y Sagasta a la vez.
(*) Publicado en El Siglo 08.09.03