Luis G. del Cañuelo
De ‘MAR’, de televisiones y de teológicas polémicas
Miguel Ángel Rodríguez colabora diariamente en La Razón. Hace unos días arremetió contra Iñaki Gabilondo a propósito del caso Carod. Estaba enojado el ex alter ego de Aznar (¿ex, en verdad?) porque, escribía, “ya se han sacado de la manga la cosa de que el CNI está a las órdenes del Gobierno y que sus informes son dados a conocer cuando un asunto afecta a la Seguridad Nacional”. Rodríguez intentó acorralar dialécticamente a Gabilondo –físicamente lo intentó hace menos de ocho años no ya con Gabilondo, sino con el Grupo Prisa en su conjunto– empleando estos argumentos: “Dice Iñaki Gabilondo que el Gobierno no debía utilizar los informes del CNI, pero no aporta pruebas de que el mensajero sea el Gobierno. Gabilondo debería tener en cuenta que Carod-Rovira estaba negociando con ETA en qué lugar debería poner las bombas: quizás su casa esté dentro del área de acción si vive en Madrid. Y no parece que con diálogo se les quite de la cabeza la idea de matarle”.
La respuesta la dio Gabilondo al día siguiente a través de los micrófonos de la SER. Yo no la escuché, pero un resumen de la misma fue divulgado a través de Internet, de modo que uno de mis nietos, que lo leyó, se apresuró a traerme una copia en papel a mi casa. “Cuando este señor –manifestó el periodista– no sabía juntar la letra e, la letra t y la letra a, nosotros ya luchábamos contra el terrorismo (...) No me des lecciones de periodismo y dedícate a ganar dinero con tus empresas, que es lo que haces”. Ahora, efectivamente, el tal MAR, como se le conoce en el argot periodístico, lo que hace con primor no es juntar letras, sino millones. Ha pasado a ser un afortunado hombre de negocios, acostumbrado a los pelotazos.
Pontifica en La Razón, donde actualmente se explaya, gracias al accionista mayoritario de ese invento, que es Lara Bosch, y al cerebro digamos periodístico, que es Luis María Anson. Se mueve entre la publicidad, como jefe casi supremo de Carat, y el periodismo, presunto en su caso. Mueve los hilos de sus influencias con el poder político y maneja productos televisivos muy bien retribuidos a través de sus productoras, o las de sus amigos, productos que tiene colocados sin demasiado esfuerzo. Tal es, a grandes rasgos, la historia de este personaje, que se mantiene en tinieblas, a media luz, luz mortecina, un secreto a voces, sin embargo, en este Madrid de las mil maravillas, conquistado desde hace mucho tiempo por Aznar y su cuadrilla de amigos y paniaguados. La prehistoria de MAR, por otra parte, nos conduce a los años en los que puso en práctica con éxito su incipiente vocación hacia los negocios paralelos. Las andanzas al respecto de Rodríguez fueron aireadas precisamente en El Siglo.
Rodríguez , desde su cercanía al Sumo Hacedor, recondujo RTVE por el túnel del tiempo y la fue convirtiendo en el NODO de la actualidad. Conviene puntualizar, no obstante, que no actuó MAR en solitario, ni mucho menos. El control desde Moncloa de RTVE, así como el de Antena 3, entre otros muchos medios, no es mérito exclusivo de Rodríguez. Lo comparte con una nutrida lista de censores, todos ellos generosamente pagados durante el desempeño de sus cargos o, en algunas ocasiones, después. La TVE del PP recuerda la TVE del franquismo, cuando el progenitor de Gabriel Elorriaga, sí, el atildado gurú de Mariano Rajoy, director de su campaña electoral, leía editoriales después de los telediarios, cantando las excelencias del Régimen del 18 de julio, de la paz y del desarrollo económico y social, así como de la unidad de España, aludiendo habitualmente a otras zarandajas hueras y demás tópicos de la época, con Fraga Iribarne de ministro de Propaganda y Turismo, y que han vuelto a ponerse ahora de moda, recuperadas sus esencias por el PP. Gabriel Elorriaga senior predicaba por TVE junto a otros apóstoles del falangismo cuyos nombres no recuerdo, aunque creo que me baila por la cabeza el del ínclito Emilio Romero y no sé si algún monseñor o cardenal incluso. Todo era entonces en blanco y negro, tenebroso. Como tiende a ser ahora, salvadas sean las distancias que cada uno considere pertinente salvar.
Si gana Mariano, el sucesor a dedo, ya se ha comprometido a proteger a los menores frente a la telebasura de las televisiones. Ha anunciado que creará el Consejo del Audiovisual, promesa que El Mundo, pues es hora ya, y urgente, de cerrar filas y de acallar discrepancias, saludaba recientemente con singular alborozo, calificándola de “especialmente interesante y novedosa porque trata de dar respuesta a una inquietud social muy extendida: cómo preservar a los menores de la telebasura”. Aparte que organismos como éste no tienen nada de novedosos, pues funcionan desde hace tiempo en algunas comunidades de España y, desde luego, en Francia y otros países, con la particularidad que cada vez que la izquierda ha intentado que se pusiera en marcha a nivel nacional ha sido el PP quien lo ha venido impidiendo, habrá que añadir que los Consejos del Audiovisual no sólo tienen como misión la benemérita protección de los menores, sino que procuran además combatir otras lacras como, sobre todo, la manipulación informativa.
Denunciaba la manipulación informativa, con su descaro característico sólo superado por su clarividencia, Carlos Boyero, insólito crítico de televisión y digo lo de insólito atendidas sus vinculaciones contractuales con El Mundo. Quizás Boyero sea fruto de “las cosas de Pedro”. Lo cierto, no obstante, es que sostiene teorías como éstas referidas a Alfredo Urdaci, el director de los Informativos de TVE: “Lo que (...) me provoca rubor es ver la más desvergonzada propaganda política vestida de periodismo, degradando el género de la entrevista. O sea, a Urdaci cruzando los deditos, grumosamente tenso, abrumado por la responsabilidad del soldadito con ambiciones de practicar en vivo y en directo el onanismo mental hacia su recio y endosiado general. Juro que escuché esta incisiva y compleja pregunta del jefe de la guardia pretoriana al sabio emperador que va a abandonar el trono: “¿Por qué la alianza y la vecindad de España con Estados Unidos, porque nos ayudan en los temas terroristas, porque nos ayudan en asuntos económicos, porque nos ayudan en asuntos estratégicos, porque nos ayudan en la seguridad de nuestro entorno?” (...) El interrogado sentando cátedra y el preguntador con expresión de orgasmo. Ojalá que Rajoy se busque un muñeco ligeramente más sutil, visible y audible que esta aberrante mezcla de comisario mezquino y seminarista triste”.
El Consejo de Europa ha llegado a criticar, negro sobre blanco, la manipulación de TVE. Envidia cochina, propia de librepensadores volterianos. Ya les gustaría a ellos tener a Urdaci. O haber tenido en sus filas, y seguir teniendo, al multimillonario Rodríguez. En la España del PP donde no llegan tales esbirros, llegan los prelados. Dos arzobispos invitan a sus fieles a votar al PP estas elecciones, titulaba el 1 de febrero el periódico de Pedro J. Ramírez. Con este subtítulo: “García Gasco (Valencia) apoya la enseñanza de la religión y Cañizares (Toledo), la unidad de España”. ¿Únicamente dos arzobispos? Parecen, por el momento, pocos. Ya se irán incorporando a la procesión conservadora, tácitamente o directamente, otros jerarcas eclesiásticos. Donde no alcance el hombre, alcanzará Dios.
Por cierto, no quiero terminar mi Curioso impertinente de hoy sin agradecer la réplica de Rafael Termes Carreró, publicada en el número anterior de esta revista, a mi comentario de hace unas semanas, que era muy crítico contra su postura de condenar las doctrinas del teólogo Hans Küng. Algunos amables lectores recordarán probablemente este artículo mío y probablemente también hayan leído la réplica de tan ilustre conciudadano. Se la agradezco porque, más allá de diversas y todas ellas, por lo general, muy positivas consideraciones, Termes Carreró se centra en argumentos para él de fondo y evita cuidadosamente cualquier descalificación personal. Si hubo alguna en mi escrito, o si así pudo interpretarlo él, le ruego sinceramente que me disculpe. No era tal mi intención, sino simplemente la de situar ante mis lectores al autor del artículo aparecido en El País. Este género de polémicas, si fueran más abundantes, pienso que acaso contribuirían, siquiera modestamente, a mejorar el ecosistema mediático actual. Mi gratitud, por tanto, profesor Termes Carreró.
09.02.04
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