De un interesante artículo en ‘El Mundo’ de Lucía Méndez
Cuando leo en El Mundo a Lucía Méndez, que suele publicar un artículo o columna cada sábado, me parece una especie de bendición celestial en medio de tanto desafuero como aparece en el periódico que dirige Pedro J. Ramírez. El 20 de enero Isabel San Sebastián volvía de nuevo a la carga más grosera contra el presidente del Gobierno, y Pedro G. Cuartango obsequiaba a sus lectores con uno de sus ejercicios presuntamente históricos en los que tiende a mezclar el culo con las témporas o al revés, comparando a Diego López Garrido con Oliver Cromwell. Cuartango aventuraba reflexiones irónicas como ésta: “Cromwell impulsó la creación de un comité en el Parlamento para impulsar la propagación de los himnos religiosos. López Garrido debería crear una comisión para cantar loas a Zapatero, la paz y el diálogo. Sonsoles, la mujer del presidente, podría dirigir el coro. Claro, que nada de polifonía: todos a una sola voz, como Dios manda.”. Sostiene el tal Cuartango que el PP ha sido excluido, por el acuerdo conjunto del PSOE con sus socios o aliados, “de la vida parlamentaria”. Algo que, por cierto, unos días antes fue calificado por el editorialista de El Mundo de práctica similar a la que llevaban a cabo los nazis con los judíos. Debe de creer Cuartango que también son homologables los socialistas de Zapatero con los nazis de Adolfo Hitler.
Isabel San Sebastián azotaba a Zapatero e insistía en el tema ya aludido: “Si Zapatero y el PSOE creyeran de verdad en la democracia y la Constitución no amordazarían al PP en el Parlamento, para mayor gloria del proceso de paz que se mantiene vigente a pesar de los muertos de Barajas, aunque vuelva a ser secreto”. Añadía: “Si Zapatero tuviese como finalidad aislar a los criminales etarras y no a su rival en las urnas, que es lo que persigue de verdad, no cultivaría la relación con el autor del Plan Ibarretxe ni pondría todas sus esperanzas en ese PNV cuya vigente “Propuesta por la Paz y la Normalización” subraya la existencia de un “conflicto político no resuelto” y compromete al partido a luchar por “defender la identidad nacional de Euskal Herria y el derecho a decidir del pueblo vasco”. O sea, exactamente lo mismo que persigue ETA. ¿Lo mismo que ETA? Hasta cierto punto sí, pero con una diferencia abismal que silencia San Sebastián con alevosía: sin matar una mosca. ¿Le parece poco a esta profesional del victimismo?
En cambio, Lucía Méndez, quien arranca su comentario citando a Schopenhauer en una de las estrategias que él enumera en el intento de que nos den la razón en las discusiones que mantenemos. Es la última y el filósofo alemán la describe como la que el interesado adopta “un tono ofensivo, insultante, áspero”. Schopenhauer puntualiza: “Del objeto de la contienda se pasa al contendiente y se ataca a la persona”. Méndez sostiene que “Mariano Rajoy ha puesto en práctica esta última estratagema contra José Luís Rodríguez Zapatero: el ataque a la persona”. Advierte la periodista del riesgo añadido que corre la oposición utilizado estos recursos dialécticos y proclamando de un modo u otro “que Zapatero es tonto”. Los once millones de españoles que le votaron podrían darse por aludidos y nadie en el mundo está dispuesto a reconocerse como tonto. La gente, además, suele tener un respeto para las autoridades, se lo merezcan o no. “Si ha llegado tan lejos, tan tonto no debe ser”. El discurso faltón y antipático del PP no es adecuado para ganarse al personal. Se han desahogado a gusto, dejando escapar vivo el único problema del Gobierno: el fallo de los aparatos de información del Estado, del que alguien tiene que ser responsable. Un fallo que incluso podría haber quebrado la confianza entre el presidente del Gobierno y su ministro del Interior”.
He aquí, pues, un modelo de crítica al Gobierno y a su presidente que está bien construido, planteando una de las incógnitas más graves y, si se quiere, inquietantes que siguen revoloteando por encima del atentado del 30 de diciembre pasado. Y ello sin necesidad de adentrarse en el universo de las descalificaciones, los insultos, las mentiras y todo el ristre de despropósitos que exhibe con frecuencia casi cotidiana la derecha de este país. Es significativo por lo demás que Lucía Méndez mencione un artículo de Juan Luis Cebrián en El País señalando que también este “prohombre del Grupo Prisa” había despojado a Zapatero de su condición de liderazgo. Interesante observación. ¿Qué le pasa últimamente a El País que mantiene en sus editoriales sobre todo una postura hipercrítica en relación a Zapatero, aunque salga peor parado Rajoy? ¿Qué ocurre en Prisa?. Nº 726 - 29 de enero de 2007
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