OPINIÓN E IMAGEN
Cañuelo

DEL JOVEN FALANGISTA INDEPENDIENTE

Amando de Miguel, que en algún tiempo –más bien ya remoto–, gozó de acreditada aureola de sociólogo progresista, ha escrito Retrato de Aznar,  libro que, según los síntomas, es otro más de los dedicados al actual presidente del Gobierno para su mayor honra y gloria. Amando de Miguel, tras su conversión al conservadurismo, redactó con José Luis Gutiérrez un libro en torno a Felipe González, en el que éste aparecía con un marcado perfil cesarista. El de Aznar parece hagiográfico. Hace unos días, El Mundo reprodujo un capítulo de esta obra, que ha publicado La Esfera de los Libros, que es la empresa editora del diario de Pedro J. Se trata de una conversación entre el autor y el jefe de la derecha española. Incluye una pregunta desde luego interesante. La respuesta lo es aún más.

"Me intriga saber –asegura De Miguel– qué piensa Aznar de una cierta imagen crítica que tiene en la prensa, no sólo la que podríamos considerar como adversaria. Acepta la premisa. Da una respuesta entre resignada y defensiva". "Es el precio que hay que pagar –argumenta Aznar– por no haber tenido un pasado marxista. No se perdona que un joven de derechas tenga éxito. Así que cuento con ello. Por otra parte, opino que la simpatía no es el rasgo decisivo del buen político. Prefiero la independencia".

No veo la posición pretendidamente defensiva o resignada de Aznar por parte alguna. Más bien cabría decir que contesta al contraataque y, como es su costumbre, alude implícitamente a su antecesor, que sí tuvo en los sesenta y primeros setenta un pasado marxista –aunque templado– y, ciertamente, era simpático. Alardea, en cambio, de independiente, vocablo que llena de gozo a la derecha, como el de apolítico. Habrán reparado mis pacientes lectores en que los periodistas próximos al PP, por ejemplo, siempre presumen de independientes incluso cuando formaron la AEPI (Asociación de Escritores y Periodistas Independientes), a la que se adscribió, si mi frágil memoria no me traiciona, el mencionado De Miguel. La AEPI se creó para combatir –clamaban ufanos sus componentes– los recortes a la libertad de expresión efectuados por el PSOE. En la actualidad, el habitante de La Moncloa ejerce de Censor Mayor del Reino: apenas nada se divulga o se propaga sin su plácet, aunque gracias a los dioses de la libertad no faltan las rendijas, mientras que algunas empresas y bastantes periodistas le plantan cara.

Este diagnóstico, escasamente favorable a la política de Aznar sobre los medios de comunicación, fue reiterado recientemente por Antonio Franco, director de El Periódico de Catalunya. El 12 de mayo, este diario informaba de unas jornadas sobre economía organizadas en Solsona por La Caixa de Catalunya. En las mismas participó Antonio Franco. Ésta es la breve crónica de su alocución: "Antonio Franco (...) reflejó cómo en los últimos años del Gobierno del PSOE ‘el PP tomó buena nota de que fueron los medios quienes crearon conmoción por los escándalos políticos, y no la oposición’. Por ello, según Franco, Aznar ‘tiene obsesión intervencionista en los medios’ y por crear ‘mamotretos empresariales’ para neutralizar a los grupos progresistas". Uno de mis viejos amigos de la República, un catalán de pro, Joan Vivó Pagans, se apresuró a enviarme este recorte desde Badalona, donde  él reside, conocedor de mi labor como veterano (demasiado veterano ya, tendré que jubilarme pronto, definitivamente) articulista de EL SIGLO.

Aznar, en todo caso, atribuye las desdichas periodísticas respecto a él a su pasado no marxista. Tácitamente, alude a una especie de conspiración judeo-masónica-mayo del 68-rojo-separatista, tendente a ningunear a los que nunca fueron marxistas. Aparte de que, si así fuera, sus ministros Josep Piqué, Anna Birulés y Pilar del Castillo, como mínimo, vivirían envueltos en la nube del elogio permanente, pues los tres militaron en partidos comunistas. Aznar olvida que gentes de la derecha no franquista, que se incorporaron antes o después a la batalla pacífica por la democracia, cosecharon el respeto y el afecto de las izquierdas, por cierto, no todas de raíz marxista ni de lejos. La ignorancia de Aznar es asombrosa. Prefiere la simplificación al matiz. Hace honor a sus orígenes: él procede, sí, de la derecha, pero de la derecha típicamente franquista, con la que nunca se ha decidido a romper.

Lo que apunto no constituye ningún ejercicio de dimensión demagógica. Es fiel reflejo de la verdad. Aznar no fue sólo un "joven de derechas", sino un joven falangista. Él mismo se autorretrató a los 16 años mediante una carta remitida al director de la revista SP, Rodrigo Royo, que era una publicación falangista, en un tiempo en el que se podían leer, cuando no eran secuestradas por la Administración, Cuadernos para el Diálogo, Triunfo o el verpertino Madrid. Por cierto, Cuadernos no la impulsó, contra viento, Fraga Iribarne y marea, ningún marxista, sino un honesto democristiano, Joaquín Ruiz Jiménez, desengañado de la Dictadura, de la que había sido ministro de Educación. Y el Madrid, cerrado por Franco, estaba promovido por relevantes miembros del Opus liberal, que no eran en absoluto marxistas, como Antonio Fontán –que ha acabado militando en el PP– y Rafael Calvo Serer. El mismo Don Juan de Borbón, padre del Rey –que de marxista tenía lo que yo puedo tener de mormón– era, en aquella época, un símbolo de esperanza para todos los demócratas.

Día 1 de julio de 1969. La revista SP inserta la siguiente carta: "Muy señor mío: El motivo que me ha obligado a escribirle esta carta es el de hacer una serie de puntualizaciones sobre la carta de don Ildefonso Martínez, titulada Falangistas independientes, aparecida (...) el pasado día 21. Cuando a las manos de un joven como yo –16 años– llega un ejemplar de las Obras Completas de José Antonio y, como tal, siente la ‘imperiosa necesidad de hacer rápidamente algo útil’, a este joven se le presentan dos posibles caminos. El primero consiste en llevar una vida cómoda, fácil y sin complicaciones, alistado o ‘apuntado’ en una organización del Movimiento. En el segundo, se trata de tomar una decisión tan compleja como costosa. Es la de militar al lado de los ‘falangistas independientes’, como el señor Martínez los llama. El estar a su lado no es, de ningún modo, vivir como convidados, sino todo lo contrario. Es el vivir muchas veces en contra de la ‘esencia de la propia ordenación familiar’; es vivir en sacrificio, austeridad y peligro constante; es ser una barca, una tabla de salvación, en medio de un mar tempetuoso y hostil que te ataca por todos los lados y que trata de hundirte a cualquier precio; es, en una palabra, el vivir la vida de ‘monje y soldado’, que decía José Antonio. El vivir en contra de la ordenación familiar no es tan sencillo como el señor Martínez cree, ni mucho menos. Si mi caso fuese único, pecaría de inmodesto, pero como da la casualidad de que dentro de los ‘independientes’ hay casos como el mío y bastante peores, todo queda aclarado. Al decir el Sr. Martínez que los ‘falangistas independientes’ viven como convidados no le tuvo Dios de su mano. Permítame Sr. Director realizar una pregunta: ¿No cree usted que, teniendo un apellido de gran fuerza política como el que tengo, teniendo familiares como tengo en los más altos cargos políticos de la Nación, prácticamente; teniendo un historial falangista en mi familia como el que poseo: no cree usted, repito, que para mí hubiese sido más fácil irme al Movimiento y estar de convidado que el estar listo para militar al lado de los ‘falangistas independientes’? Repito que hay casos peores (...). Los jóvenes falangistas están cansados de dar y no recibir, están cansados de escuchar promesas y recibir fracasos; están cansados de escuchar ‘bonitos discursos’ que sólo sirven para crear más confusionismo del que ya hay (...). Yo, como joven, y habiéndome llegado un ejemplar de las Obras Completas, ya he tomado mi decisión, que usted ya habrá adivinado (...)".

Así era, de joven, José María Aznar. Unos años más tarde, menos de diez, sus comentarios en La Nueva Rioja, cuyos contenidos merecen ser analizados con cuidado porque reflejan no pocos de sus comportamientos actuales, demuestran que ya había perdido entonces la rebeldía joseantoniana de su adolescencia y se había convertido en un conservador nostálgico del franquismo. Tal como certifica el texto transcrito, Aznar no faltó a la verdad cuando manifestó a De Miguel que, como político, prefería la independencia a la simpatía. Ya de jovencito era un entusiasta militante del ¡falangismo independiente! l

26.05.02

 


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