Luis G. del Cañuelo
Del Gobierno catalán
El diario La Razón tituló el 10 de diciembre en portada: El Partido Socialista, con tal de llegar al poder, pacta con quien sea. La foto recoge los rostros sonrientes de Carod-Rovira y Pasqual Maragall, juntos. Los subtitulares y otras imágenes pertenecen, asimismo, al género de productos informativos perceptiblemente manipulados, que tal es la tónica de ese rotativo, descrito hace unos días por Xavier Vidal-Folch en El País con somera exactitud: “Huelga comentar conclusiones torticeras como las de un diario madrileño de capital catalán”. El artículo de Vidal-Folch, por cierto, es un encomiable ejercicio del mejor periodismo anglosajón, aquel que se sustenta sobre pruebas y no sobre presunciones, sobre hechos y no sobre apriorismos, sobre la realidad y no sobre el sectarismo. Desarrolla la tesis de que resulta falaz comparar a Maragall con Ibarretxe, lo que certifica analizando textos programáticos y actitudes de fondo. En el panorama de la prensa diaria de ámbito nacional, este planteamiento viene a constituir la excepción a la regla. Por suerte, hay más excepciones, que se encuentran en el periódico de Prisa y en algunos islotes aislados más bien exóticos.
La carga del batallón de caballería adscrito a la Brunete Mediática vuelve por sus fueros. Pase que el sol de España se pusiera hace siglos en Flandes, pero seguirá refulgente en Euskadi y, por supuesto, en Cataluña. Resuena con tonos apocalíticios el legendario: ¡”A por ellos!”. El PP ha convertido el antiguo ruedo ibérico en un arrollador mitin, siempre abierto, siempre funcionando, ni un solo día de solaz o descanso. El cornetín de órdenes advierte incansablemente a la tropa periodística. No hay un solo enemigo y no es precisamente exterior, al margen de Alemania, de Francia y, cuidado, de Italia también. Los verdaderos enemigos de España habitan en su interior, según el diagnóstico no lejano de la clarividente pitonisa Ana Palacio. Ojo avizor que abundan los quintacolumnistas. Nuestro caballo de Troya, felón por naturaleza, galopa en dirección a Madrid y su arco pretende alojar la flecha envenenada, ponzoñosa, tan querida por progres y separatistas. Ha caído prisionero Saddam, en vano agazapado en su madriguera, pero no han caído todavía, ya llegará, Arzallus, Ibarretxe, Atutxa, Maragall, Carod-Rovira, Saura y compañía.
Ruge la marabunta, que equivale, según una de las acepciones admitidas por la Real Academia de la Lengua Española, a “conjunto de gente alborotada y tumultuosa”. Son periodistas, tertulianos, opinadores; especialistas en el arte del peloteo, petimetres de la comunicación; sobrecogidos algunos desde su independencia que la definen más que como firme, como pétrea. Ruge la marabunta, avanza irrefrenable, ¡ay del que ose oponerse, lo pagará muy caro! Admonición cesaralonsista (por De los Ríos, ex PCE, ex PSOE, doctor honoris causa en españolidad entusiasta, fervoroso aznarista): “Se habla de ‘Gobierno de izquierdas’ pero más allá del rótulo ¿hay algo que pueda demostrar que el Gobierno de Pasqual Maragall tiene el comportamiento propio de un partido socialista? De hecho, las negociaciones entre los dos partidos tienen un carácter ‘territorial’. Les importa la conquista del cupo económico, el distinto tratamiento fiscal (...) En definitiva, la institucionalización de la insolidaridad y el privilegio”.
Xavier Pericay, recién converso, todavía catecúmeno, en ABC: “No se llamen a engaño: la izquierda no ha ganado (...) Me explicaré. Gracias al pacto de Gobierno alcanzado por ERC y PSC tras un rosario bochornoso de negociaciones (...) todo indica que Pasqual Maragall podrá acabar su carrera política investido como presidente de la Generalitat (...) Otra cosa es si el partido y el socialismo han salido ganando, aunque el partido, a Maragall, siempre le ha importado bien poco, y el socialismo no mucho más (...) El gran ganador de este vía crucis poselectoral ha sido el nacionalismo. En sólo tres semanas, ERC ha sido capaz de arrancar a los socialistas tantas concesiones que el pacto resultante coincidirá de cabo a rabo con el programa de la formación independentista”.
El mismo Pericay, el 11 de diciembre, dos días después del artículo anterior, asimismo en ABC, levita al comprobar que, según su ardorosa intuición de recién llegado al sanedrín pepero, las profecías de Jaime Mayor Oreja en torno a las herencias de ETA y de Pujol se van cumpliendo. Todo es lo mismo, metámoslo en el mismo saco. Apoteosis del simplismo: “Veamos. Parece evidente que aquello que conecta a ETA con Pujol es el nacionalismo. En este sentido, poco importa si estamos ante un nacionalismo del mismo pelaje, o si responde, como es el caso, a un corte radicalmente distinto; la conexión existe, y de eso se trata”. Impecable conclusión detectivesca de este nuevo aprendiz de brujo. Pericay avisa que lo de Cataluña es más grave que lo del País Vasco. Adelante, pues: “Porque, y con esto volvemos al paralelismo trazado hace más de un mes por Mayor Oreja, lo que está ocurriendo estos días en Cataluña no es, ciertamente, como lo del País Vasco; es mucho más grave –dejando a un lado el terrorismo, por supuesto–. Así como en el norte ya tienen plan y también oposición, en el noreste todavía no tienen plan –aunque están en ello– y la oposición no parece que vaya a quitarles el sueño, dado que hasta se olvidan de su existencia (...) No, la vía que han tomado las cosas en Cataluña no es la vasca, en efecto. Y, por desgracia, cabría añadir. Porque la vasca, a pesar de los pesares, es una vía clara, en la que ya nadie engaña a nadie, mientras que la catalana cada vez resulta más turbia”. La sangre de los asesinados por ETA, ciertamente, es roja, rotunda, a veces brota a borbotones: a nadie engaña.
Germán Yanke, también en ABC, horas antes de haberse consumado el pacto, alarmado: “Su posible pacto (el de Maragall) con Esquerra desbarata cualquier apelación al pasado y el ‘triunfo’ de Maragall se convertiría en un baldón para las perspectivas electorales el próximo mes de marzo y, desde luego, para las postelectorales. El PSC haciendo carantoñas a los nacionalistas republicanos es, sin duda, otro síntoma de debilidad”. Antonio Pérez Henares, en La Razón (no en El Mundo Obrero del que fuera director in illo tempore): “Maragall será el presidente de la Generalitat, pero Zapatero pierde con ello casi la totalidad de las pocas opciones que tenía de lograr La Moncloa. Cataluña le manda no uno, sino dos mortíferos torpedos a la línea de flotación que muy bien pueden acabar por hundirlo y hasta que, por ejemplo, se lo lleve al Tajo. Un PSOE prisionero del independentismo de Carod-Rovira ya es un buen lastre, pero si encima se ha logrado cabrear hasta los tuétanos a CiU, cuyos votos en el Congreso resultarían en cualquier caso imprescindibles (...), más nublado ya no puede estar el panorama”.
Cristina Alberdi ya se ha quitado la careta. Le aguarda un futuro espléndido en la pradera popular. Se va muy digna, envuelta en la bandera de España. No soporta el pacto de Gobierno en Cataluña. “Es una estafa política”, declaró como tertuliana en Onda Cero, otra más de las cadenas moncloítas. Ve estafa en Cataluña, tras haber eximido repetidamente de responsabilidad al PP en el affaire de los dos diputados traidores, que hurtaron la victoria a las izquierdas en la Comunidad de Madrid. Aquello sí fue una estafa, pero entonces actuó Alberdi de eficaz abogada defensora de su amiga Esperanza Aguirre así como de todos los supuestos políticos corruptos del PP que emergieron, fugazmente. Acusó a Simancas de ir cogido de la mano de Izquierda Unida. Con los comunistas, nada. Abandona el PSOE, despechada. Jugó a trepa y Felipe González picó. La hizo ministra. No ha aguantado la travesía del desierto. Se ha ido enseñando sus vergüenzas, jaleada por la derecha, tras alardear incluso que ella no estaba en contra de la guerra de Iraq. Después de marzo, si las elecciones las gana Rajoy, Alberdi antes o después regresará al escenario. La gente de Serrano, de la zona nacional, se mostrará complacida. Era de las nuestras y ha vuelto a casa, al redil. La historia de la humanidad está llena de oportunistas.
22.12.03
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