OPINIÓN E IMAGEN
Cañuelo

De la RTVE del aznarismo

RTVE continúa deslizándose por la pendiente de la náusea más abrupta.  La entrevista del programa El tercer grado, que dirige y presenta Carlos Dávila, efectuada al presunto historiador Pío Moa ha constituido otro oprobioso episodio de manipulación política. Nada ya  puede resultar sorprendente en relación al tinglado mediático que controla el Partido Popular. Pero lo más surrealista es la impunidad con la que se comportan sus máximos responsables. Algunos de ellos se han enriquecido, como Ernesto Sáenz de Buruaga o su compadre Javier González Ferrari, mediante el cobro de dobles percepciones económicas, aparte de que sus sueldos se incrementaran sensiblemente en relación a los vigentes en RTVE durante la etapa socialista. El caso de Pilar Miró, que la condujo hasta la hoguera de su dimisión o de su cese, no fue más que una menudencia anecdótica, de carácter sólo administrativo. Comparativamente con el doble ingreso de Sáenz de Buruaga o de González Ferrari, el asunto concerniente a Pilar Miró resulta irrelevante.

Ambos, por otra parte, han terminado fondeando en el opíparo puerto de Antena 3. Esta cadena de Telefónica ha tenido unas pérdidas reconocidas de 30 millones de euros en el ejercicio del año 2000. Los números rojos son habituales en Admira, antes Telefónica Medios. Antena 3 tiene como consejero delegado a Sáenz de Buruaga quien, en sus ratos libres, se dedica a entrevistar, con plácida mansedumbre, al presidente del Gobierno, José María Aznar. Acerca de los emolumentos que percibe Sáenz de Buruaga en Antena 3 existe una muralla de silencio. Desde que abandonó TVE para desembarcar en la televisión pretendidamente privada del PP, ¿cuánto dinero se ha embolsado De Buruaga? Ejerció al principio de director de los Informativos y presentador del Telediario de la noche. Como hacía en TVE. Cabe imaginar que también en Antena 3 logró hinchar abundantemente su cartera por partida doble, sin ni siquiera tenerse que tomar la molestia de orillar los incómodos corsés que obstaculizan determinados abusos en las empresas públicas. Luego saltó a otros cargos hasta ocupar el de consejero delegado. Sáenz de Buruaga era un discreto periodista de RNE cuando abrazó, con perceptible entusiasmo, la fe aznarista. Ha sido el mejor negocio que habrá podido hacer en su vida.

A Javier González Ferrari el aznarismo lo aupó a la dirección de RNE y, más tarde, a la Dirección General de RTVE. Hace menos de un año fue designado director general de Onda Cero, la asimismo deficitaria cadena radiofónica de Telefónica. Tampoco se sabe cuánto le pagan por dirigir Onda Cero. La empresa privatizada Telefónica ha eludido, gracias a los votos del PP, de CiU y de Coalición Canaria, cualquier intento de ser sometida a una comisión de investigación parlamentaria. Los desmanes económicos y financieros de Juan Villalonga permanecen en el arcano. Hubo barullo periodístico en su momento, cuando interesaba políticamente a Moncloa la salida de Villalonga de su puesto. Pero apenas se ha conocido posteriormente nada más al respecto.

Hablemos de Carlos Dávila. Es uno de los hombres fuertes de RTVE desde que Aznar accedió al palacio de La Moncloa. Los directores generales se han ido sucediendo hasta cinco en siete años. Por cierto, a nombres como Sánchez Gallo, director de TVE en los primeros tiempos del PP, o como López Amor, director general de RTVE, les acompaña la leyenda de la falta más absoluta de transparencia. Se acumulan los indicios y no se arroja luz de honorabilidad, más bien sombras intensas, a determinados contratos tanto con productoras como con la industria cinematográfica. Se ha difundido por parte del Tribunal de Cuentas que, en esta época de la derecha gobernante, han proliferado los intermediarios entre RTVE y las grandes compañías de cine. Antes nunca se habían requerido los servicios de tales intermediarios y la televisión pública ofreció, sin embargo, una programación muy correcta en cuanto a oferta de películas. ¿Quiénes son los que manejan ciertas productoras que hacen o han hecho su agosto gracias a Prado del Rey? ¿Qué nombres hay detrás? ¿Cuántos programas de la productora de Rodríguez precisamente han sido contratados por TVE y/o Antena 3?

Bueno, hablemos de una vez de Carlos Dávila. Tertuliano sin tregua ni descanso de RNE. ¿Cuánto al mes? Intocable en su Tercer Grado de La 2 de TVE. ¿Cuánto al mes? Este hombre es un forofo de Aznar, que no regatea jamás ni insultos ni descalificaciones contra la oposición. Sus entrevistas son de un sectarismo sin límites. ¿Quién es, por recuperar lo que apunto en el inicio de este artículo, el tal Pío Moa? Es un periodista que militó en los GRAPO y, según su propio relato, participó en actos terroristas sangrientos. Pasó de los GRAPO a la derecha ultramontana. A su lado, Ricardo de la Cierva parece un peligroso izquierdista. En los años del PP, Moa se ido haciendo un hueco a base de trabajos supuestamente históricos destinados a desacreditar, mediante fábulas, mentiras o tergiversaciones, a la izquierda en su conjunto. Está en la línea de César Vidal, otra nueva estrella rutilante en el oficio tenebroso de reinventarse la historia, devolviéndola así a la que se enseñaba en las escuelas del franquismo o se leía en los periódicos amordazados de la dictadura. Franco no era un dictador tan malo y cruel como se nos ha querido presentar desde los tiempos de la transición. Los rojos eran los malos. A este personaje siniestro Carlos Dávila le obsequió con una entrevista, anunciada previamente en el Telediario de la noche. ¿Hasta dónde quieren llegar Aznar y sus secuaces?

El director general de RTVE, José Antonio Sánchez, es un simple mayordomo de Moncloa, avalado por Luis María Anson y por Eduardo Zaplana. Es ideológicamente un ultra o un franquista, lo que no ha ocultado nunca, rasgo de sinceridad que, en todo caso, le honra. Está ahí para bendecir cuantas tropelías informativas urden los Urdaci y compañía, con Dávila moviendo los hilos siempre que puede. Sánchez reacciona como un autómata cada vez que los consejeros del PSOE recriminan su gestión en el Consejo de Administración de RTVE. O cuando es interpelado en la Comisión de Control Parlamentario de RTVE desde los escaños de la oposición. Siempre argumenta que en TVE o en RNE actúan sus directivos como actúan, dejándose llevar por criterios únicamente profesionales. Y que Dávila, como todo el mundo, dice este Sánchez, goza de libertad de expresión en RTVE, faltaría más.

TVE no se enteró de las manifestaciones monumentales, sin precedentes, contra la guerra de Bush, de Blair, de Berlusconi y de Aznar, que se desarrollaron en Madrid, en toda España y en todo el mundo, el sábado 15 de febrero. No hubo conexión alguna en directo ni un solo flash informativo. El Telediario fue especialmente escueto a la hora de explicar lo que había sucedido. Compitió en miseria informativa con el de Antena 3. Sánchez declaró impávido, con rostro marmóreo y corazón granítico, que la decisión de no conectar obedeció a consideraciones de índole profesional. Cuando hasta la consejera del PP, Consuelo Álvarez de Toledo, votó con los consejeros socialistas reclamando un debate sobre la guerra en la primera de TVE, Sánchez puntualizó que se celebraría cuando él lo creyera oportuno y con los intervinientes escogidos por los dirigentes de TVE.

Es difícil en democracia contemplar un espectáculo más indecente que el narrado en cuanto a RTVE. Hay que admitir, sin embargo, que en las elecciones de marzo de 2000 el PP ya avisó suficientemente de cuanto se nos venía encima. "!Vamos a más!", rezaba su eslogan electoral. No sólo han ido en desvergüenza política a más, sino que han rebasado casi todas las previsiones. Negar que nos hallamos a un paso de un régimen autocrático o es miopía o es necedad.

3 de Marzo 2003


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