OPINIÓN E IMAGEN
Cañuelo

DE LA HUELGA GENERAL

La huelga del 20 de junio es la huelga de los gandules, que así prolongan su largo y subvencionado descanso", escribe Jaime Campmany, el falangista imperecedero, en el diario ABC. Todo su artículo, según es en él tradición, constituye una antología de insultos y vituperios dirigidos a los trabajadores y a sus representantes sindicales, así como a los socialistas. Utiliza la sal gruesa del sarcasmo cuartelero, que tanto gusta a la derecha que lee el periódico citado, compartiéndolo con La Razón de Luis María y con El Mundo de Pedro José.

El resultado en cuanto a la prensa escrita es éste: tres a uno. Tres rotativos escorados claramente a la derecha, con sus particularidades, matices, salvedades y contradicciones, mientras que sólo uno, El País, se inclina, más bien, hacia posiciones progresistas, con frecuencia cautas y prudentes. Esta desigualdad manifiesta vale también para las radios y las televisiones. RNE, COPE y Onda Cero, en la banda conservadora, y la SER, en la progresista. TVE (la 1 y la 2) y Antena 3, a piñón fijo con el PP, y sólo Tele 5, que guarda una relativa distancia de La Moncloa, que procura, por razones fácilmente entendibles, no pasarse ni un milímetro.

Hay algunos que se sorprenden, bobamente, por el hecho de que la derecha tiende a ocupar el poder con mucha más facilidad que la izquierda y que ésta cuando gobierna lo hace con timidez y hasta con temor. Y es que la izquierda juega siempre, utilizando símiles futbolísticos, fuera de casa, en tanto que la derecha acostumbra a jugar en campo propio y, además, con el árbitro y los jueces de línea comprados. A José María Aznar lo arropan en su gestión la mayoría de los medios de ámbito nacional y otros muchos de carácter regional o local. No sólo lo arropan, sino que lo defienden, lo jalean y lo ovacionan con fervor, sin recato, dejando para la hipócrita porción de crítica aspectos secundarios, anecdóticos o irrelevantes.

Quienes actúan de palmeros de Aznar incluyen en sus comentarios ataques sistemáticos a los oponentes del Gobierno y del PP; andanadas dialécticas desprovistas, a menudo, de la más mínima mesura, rebosantes de demagogia y de descalificaciones, falsas e inventadas en no pocas ocasiones. Lo hacen sin rubor ni mala conciencia alguna. Se creen, ellos, independientes, libres de toda atadura partidista o ideológica, capaces, por supuesto, de impartir lecciones de deontología profesional, de libertad de prensa y de rigor profesional.

Está por efectuar un trabajo simplemente hemerográfico, comparando las loas y los ditirambos que ha merecido hasta el día de la fecha Aznar y los que recibiera en su momento Felipe González. Las conclusiones serían, estoy más que convencido, no albergo duda alguna, contundentes, estremecedoras. Lo mismo sucedería si se cuantificaran las críticas dirigidas a uno y a otro. La victoria de Aznar sobre González, en este sentido, sería por goleada, estrepitosa, inapelable. Respecto al número e intensidad de improperios dirigidos desde los medios a González o a Aznar, también el veredicto resulta bastante previsible.

O sea, que el libelo de hace unos días de Jaime Campmany –maestro, le llama Umbral; maestro, le llama César Alonso; maestro, le llama Martín Ferrand; maestro, le llama Martín Prieto– no es excepción, sino regla. "Sevilla, que fue ciudad de la Exposición Universal y primera estación del AVE –dice tan grosero embaucador–, va a ser ahora sede de una cumbre europea, y cuando todas las ciudades del mundo se despepitan por albergar un acontecimiento como éste (...) vienen los dos extenuados obreros del escudo de Madrid, el Oso y el Madroño, Méndez y Fidalgo, y declaran una huelga para hacer de la ciudad de la Hospitalidad y la Alegría campos de soledad, mustio collado. A estos dos compañeros sindicalistas, obreros de manicura y currantes liberados, ya podía el alcalde situarlos en un monumento alegórico de la ciudad, en sitio visible y que los visiten los turistas".

"No es justo. Tantos dineros, trinques, manguis, remanguillés y convolutos como dio Sevilla a ganar a muchos socialistas con la Expo y con el AVE –proclama este oráculo del reaccionarismo casposo–, y ahora le arruinan la posibilidad de gozar de una publicidad impagable y seguramente de unos ingresos nada despreciables. Entre los sindicalistas que convocan la huelga y los socialistas que la ‘comprenden’ van a parar el corazón y la circulación de la ciudad y van a intentar sembrar las calles de piquetes violentos y de protestas sin sentido. Porque esa es otra. La reforma legal que ha emprendido el Gobierno beneficia a los trabajadores y sólo perjudica a los que no quieren trabajar, pero sin dejar de cobrar la sopa boba".

El viejo caimán, que del franquismo ha pasado como si tal cosa a defender la Constitución, cual si fuera propia; el mismo periodista del Movimiento que entusiasmaba a Girón de Velasco y que era citado ya por José María Aznar con respeto y admiración en sus artículos de La  Nueva Rioja, hacia finales de la década de los años setenta, ¡acusa a los huelguistas de arremeter contra unas medidas que él tilda de benefactoras para los trabajadores! ¡Será cínico este pregonero del PP! Atención, lo trascendente no es que lo airee él. Lo sustantivo es que Campmany es una voz más del inmenso coro de aduladores que siguen las consignas de Aznar en su furor contra la iniciativa de UGT y CC OO.

El presidente hooligan que excomulga a los obispos disidentes; que se burla de los catedráticos y rectores, y de los estudiantes; que hace chirigota de los socialistas y de las gentes de IU; que se desgañita presentando al PNV como si Arzalluz se tratara poco menos que de Ben Laden; que grita ante la huelga "¡este partido lo vamos a ganar!", cual si él fuera el seleccionador Camacho, y que intenta hacer creer a la ciudadanía que los sindicatos han convocado  la huelga "para jorobar a España"; este jefe de Gobierno también sostiene que sólo los vagos y los maleantes han de tener miedo a la reforma laboral. Jaime Campmany es únicamente su eco.

"La huelga del 20 de junio –continúa el articulista del distinguido ABC– es una huelga para defender a los gandumbas, a los del PER de peonadas tramposas y a los subsidiados que se niegan a dar palo al agua (...). La huelga del 20 de junio es la huelga de los gandules, que así prolongan su largo y subvencionado descanso. Al hacer de Sevilla capital de la huelga (...) consiguen los convocantes (...) dos objetivos perversos: perjudicar los intereses y la imagen de España y hacer de Sevilla el símbolo de los holgazanes subvencionados". Y termina con este eructo: "Quizá el 20 de junio, el obrero huelguista Cándido Méndez recorra los puntos neurálgicos de la huelga en su Mercedes 600 o así, y compruebe el buen éxito, o no tan bueno, de una huelga organizada para perjudicar a los trabajadores, no sólo a los escasos que representa, sino a los demás, y además ordene que breen a los curritos que quieren currar".

El obrero huelguista Méndez, como lo describe con desdén Campmany, no sé lo que hará con certeza el 20 de junio, aunque no hará, seguro, ninguna de las cosas que él le atribuye. Eso, y todavía mucho peor, lo hacían sus amigos de la BPS (Brigada Político Social) cada vez que había un conato de huelga o de manifestación. Nunca cogió entonces la pluma este orondo lameculos para denunciar tales desmanes. Él formaba parte del bien remunerado pesebre de la dictadura. En aquella época hubiera podido escribir contra los rojos un artículo parecido al que yo hoy menciono. La situación, pues, ha cambiado en positivo, a pesar de tantas limitaciones como siguen existiendo. Pero él, desde luego, no ha cambiado ni un ápice su talante autoritario, aunque aparente lo contrario y aunque en la actualidad vote al PP, que se autodefine como un partido de centro.

Yo sí sé ya, sin embargo, lo que haré el 20-J. Si mi salud me lo permite, siendo como soy bastante mayor que Campmany, pienso acudir a la manifestación de Madrid, acompañado de familiares, amigos y viejos camaradas republicanos de la guerra. Aunque tenga que ser en silla de ruedas –espero que no–, saldré a la calle, "que ya es hora", para manifestarme contra la derecha y su política social reaccionaria. No podré galopar, pero desearé que pronto sea verdad que "la tierra es tuya". Y me acordaré, en cuanto al PER, de los "andaluces de Jaén, aceituneros altivos". Iré a la calle, sí, porque en la huelga general del 20-J también está en juego la libertad de prensa. Como el resto de las libertades democráticas. Gracias a las cuales, por cierto, hasta un fascista como Jaime Campmany puede continuar tranquilamente esparciendo sus falsedades día a día en el ABC.

17.06.02


volver................