OPINIÓN E IMAGEN
Cañuelo

DE LA CHICA GUAPA DE LA TELE

A visa Carlos Boyero, críti co de televisión de El Mundo, que "España mañana no será republicana". Lo escribe a propósito de la princesa Letizia Ortiz, villana y divorciada, la reina consorte periodista, la mujer de los telediarios de Alfredo Urdaci. ¿Me moriré, por tanto, sin haber presenciado el retorno de mi añorada y vilmente destruida República? Con Juan Carlos de rey, lo he reiterado así en múltiples ocasiones, como recordarán probablemente mis sufridos y pacientes lectores de EL Siglo, he logrado sujetar la nostalgia y mantenerla con el freno puesto.

Una vez superado el primer trauma, provocado por el hecho de que el heredero de] general Franco fuera el rey de una monarquía parlamentaria, debo decir que, a lo largo de es tos años, más de un cuarto de siglo ya, me he sentido confortablemente bien con el Rey actual. No he echado en falta, salvo momentos concretos y, por lo demás, dolorosos, a la II República, que tantas y tantas esperanzas inyectaron a cuantos entonces éramos adolescentes ávidos de libertad y de utopía.

Nos entusiasmó el advenimiento de la República, vivimos con pasión sus vicisitudes, nos comprometimos a salvaguardarla de sus enemigos, luchamos con la pluma y con las armas desde el ominoso instante en el que los reaccionarios españoles, apoyados por los fascistas, los nazis, el Vaticano y las oligarquías nacionales e internacionales, se sublevaron contra la legalidad democrática. Nos sumergimos en la sangre, el dolor y las lágrimas. Transitamos derrotados por los caminos de¡ exilio interior y exterior. Sufrimos represiones inhumanas, destrozaron nuestras vidas, limitaron con vesania nuestro trabajo, vimos cómo el tiempo transcurría y el dictador era apoyado por las democracias europeas y, desde luego, por los Estados Unidos. Nos tragamos los vicios sueños, regresamos a España, intuimos que algún día este país recobraría las libertades secuestradas por militares, terratenientes y capellanes. No nos equivocamos. Hasta nos cayó simpático el nieto de Alfonso XIIII, manda carallo.

A Carlos Boyero, muchísimo más joven que yo, al que escucho los fines de s ana en la SER y leo a veces en el diario de Pedro J. Ramírez, sin embargo, no le ocurrió lo mismo. Tras reconocer que en su infancia fue `engañado ( ... ) por el poder de seducción, de la literatura, el cine y los tebeos", Boyero se desahoga así: "El desgaste de ilusiones que implica el desolado paso M tiempo me confirmó que mi idealización de la realeza no tenía ningún argumento sólido. También muchos de los fogosos intelectuales que hoy babean por recibir una invitación a las recepciones reales y poder inclinar desmesuradamente su antes revolucionaria cabeza, me convencieron con un eslogan destinado al anacronismo: "España mañana será republicana". Acepté la presencia de los Reyes porque no tenia más remedio, pero nunca pude apreciar no ya su grandeza sino su utilidad". Boyero no oculta, no obstante, que siente cierta envidia M Príncipe: "Y, por supuesto, he envidiado al príncipe Felipe por disponer de un harén deslumbrante (la que más me ponía era ese pedazo de hembra nórdica con huellas de pecado llamada Eva Sannum), por su cuenta corriente, por ser alto y guapo, pero jamás he perdido el sueño pensando en su futuro sentimental, ni he creido que su boda pudiera alterar para bien mi problemática existencia'.

Carlos Boyero, sin ambages ni rodeos, entra de lleno en el asunto televisivo: el salto a la fama previa de quien parece destinada a ser la reina de España: `Al ejercer últimamente de escudera de Urdaci, he evitado visionaria y es cucharla por temor a las inexplicables náuseas que me provoca su jefe y compañero de trolas. Pero este enlace aumenta mi respeto hacia el maquiavelismo de¡ director de¡ BOE. ¿Previó el grisáceo Alfredo que el imperio aznariano no sería eterno y que las reinas además de ser inmortales siempre se preocupan de los cortesanos fieles que las mimaron cuando sólo eran aspirantes a princesas? Cuánta desidia y falta de intuición por mi parte ante la elegida de los dioses. Y admito que es más guapa que fea, que sabe mirar a la cámara, que su voz es ligeramente sensual, que posee el cultívado aroma de las chicas Plus".

Es verdad lo que dice el joven colega de El Mundo. Leticia Ortiz ha estado al lado de Alfredo U rdaci, codo a codo, hasta ser llamada oficialmente por Felipe de Borbón a los cielos eximios donde sólo habitan reyes y reinas, príncipes y princesas. De Urdaci, por consiguiente, al paraíso. ¡Menuda compañía, Majestad! Uno de los mentirosos mayores de¡ Reino, mentor de la futura reina; su padrino en TVE; juntos los dos, presentando el telediario de la noche. "Letizia es la mujer con la que quiero compartir mi vida y formar una familia", declaró gozoso, enamorado, conmovido, el Príncipe heredero. Ella, radiante, orgullosa de ser periodista. ¡Oh, qué historia tan emotiva, tan extraordinaria, la periodista cenicienta encontró a su príncipe azul! Iba de la mano de Urdaci, y el rey de España se la ha pedido para el heredero. De mano en mano. De Urdaci a La Zarzuela. De Vicálvaro a la Corona.

¿Una nueva Vicalvarada? Pero ¿saben estos novios de hoy qué fue la Vicalvarada? ¿Lo sabe Urdaci? Repaso un texto de Alberto Taddei sobre Los Borbones y sus historias de alcoba en el capítulo Isabel II de mil amores, nombre de un opúsculo sobre Isabel II de Juan Manuel González Cremona. Llego al epígrafe denominado la Vicalvarada. `Corría el año 1854 cuando O'Donell se sublevó con las tropas acantonadas en Madrid. Había estallado la Vícalvarada y su lema fue "queremos la conservación del trono pero sin camarillas que lo deshonren", en una clara alusión a la corrupción reinante. La reina trató de ganarse el favor de O'Donell, pero éste le contestó que no se había concedido ninguna línea de ferrocarril u otra cuestión importante sin que se haya recibido una crecida subvención, habiendo llegado al extremo de modificar innecesariamente el trazado de una línea férrea para hacerla pasar por tres posesiones de la Corona y vender los destinos públicos de la forma más vergonzosa ( ... ) Es de justicia aclarar que Isabel ignoraba esos turbios manejos, los que en realidad eran maquinados por María Cristina y el astuto marqués de Salamanca ( ... ) El triunfo de la Vicalvarada había lanzado al pueblo a la calle y se tomó el desquite saqueando los palacios del marqués de Salamanca y de María Cristina ( ... ) Comenzaba el bienio progresista".

Hubo después amores, platónicos al parecer, entre O'Donell y la reina Isabel II, cuyo reinado con tanta fuerza describiera en La corte de los milagros Ramón María del Valle Inclán. Nada que ver, ciertamente, entre aquella remota Vicalvarada y la reciente salida de Vicálvaro de Leticia Ortiz viajando en taxi hacia el poder, el amor y la gloria. Letizia es una mujer pacífica, ya no hay pronunciamientos militares, los Borbones de hoy han abandonado la tentación de los espadones ni éstos los amenazan por fortuna, lo de Tejero fue el postrer capítulo de una historia siniestra, la corrupción no salpica, dicen, a la monarquía, aunque la línea del nuevo ferrocarril de Alta Velocidad, supuestamente alta, beneficie o haya beneficiado en la actualidad a la marquesa de la esperanza, la cual cosecha votos a espuertas en el barrio de Salamanca, el de aquel marqués que se forraba hace 150 años, así como en las localidades opulentas de los especuladores de hogaño.

España en aquella época, después de la Vicalvarada, tras la Gloriosa del 28 de septiembre de 1868 y el reinado de Amadeo de Saboya, sí fue republicana. La 1 República duró asimismo bien poco. Menos todavía que la segunda. ¿Nunca más, ni mañana ni pasado, ni nunca, será España de nuevo republicana? Todo pronóstico acostumbra a ser, en sí mismo, por su propia esencia, incierto. los augures, desde la antigua Roma, son gente condenada a casi todos los fracasos, a la que sólo redime, de tanto en tanto, algún que otro acierto casual. la chica guapa de la tele llegará casi seguro a reina. Alfredo Urdaci, cuando tenga que abandonar su triste oficio de embaucador profesional de la televisión pública, acaso podría recibir el título de duque de Prado del Rey. Sería un premio de consolación, aunque merecido, en atención a sus desvelos por la Monarquía. A José Antonio Sánchez, director general de RTVE, mayordomo simultáneo de Luis María Anson y de José María Aznar, quien ha conducido con acierto, desde su privilegiado puente de mando, la operación princesa, se le tendría que conceder el título de conde duque del Pirulí. Como mínimo.

10.11.03


volver