OPINIÓN E IMAGEN
Cañuelo

DE DÁVILA, DE LA ASOCIACIÓN DE LA PRENSA

La Asociación de la Prensa de Madrid ha condenado "enérgicamente" los insultos a Carlos Dávila, leo en El Mundo del viernes de 14 de junio. Pensé que se trataba de un error, de un gazapo. Creí ingenuamente, en un principio, que en lugar de condenar "los insultos a Carlos Dávila",  la corporación de los periodistas madrileños había decidido, con loable criterio, condenar los insultos de Carlos Dávila, los que profiere desde tiempo inmemorial, y por tierra, mar y aire, este halcón del periodismo conservador. Pronto salí de mi equivocación. Leyendo el texto del periódico citado, entendí que a la Asociación de la Prensa le había parecido muy mal que un grupo de sindicalistas de RTVE hubiera rodeado a Dávila y lo hubiera increpado, probablemente utilizando un vocabulario no precisamente versallesco. La razón de fondo del incidente verbal fue la posición de Dávila y de los contertulianos de RNE frente a la huelga general, naturalmente contraria sin fisuras ni matiz alguno.                                

Parece ser que los secretarios generales de UGT y de CC OO en RTVE, Francisco Andújar y Marcel Camacho, respectivamente, mantuvieron, junto a otros compañeros sindicales, un tenso diálogo con Dávila en los pasillos de Prado del Rey. Marcel Camacho, hijo de Marcelino, según me puntualiza un amigo al que consulté ciertos extremos vinculados a este episodio, declaró a El Mundo: "Les hemos explicado el motivo de la huelga y les hemos dicho que los tertulianos están sirviendo de piquete del Gobierno, generando un clima de crispación". En fin, que los sindicalistas habrían reprochado a Dávila y a las periodistas Pilar Cernuda y Charo Zarzalejos (esta segunda, hermana del director de ABC y de un alto cargo de La Moncloa, muy próximo a José María Aznar), quienes se incorporaron minutos después al grupo, su postura beligerante frente a la huelga. Dávila, Cernuda y Zarzalejos son tertulianos habituales de RNE.

Dávila dirige y presenta, además, el programa de TVE El tercer grado, de entrevistas de actualidad. "Usted –le dijeron a Dávila– es un insulto permanente a los sindicatos y un comisario político. Usted quiere confundir una huelga política con una huelga general". Según el comunicado de la Asociación de la Prensa de Madrid, "el hecho de que las amenazas hayan sido protagonizadas por un grupo de personas, al frente del cual había dos representantes sindicales de RTVE, uno de ellos periodista (Camacho), hace aún más reprobable la conducta y el proceder de quienes, por la representación que ostentan, están más obligados al diálogo y a respetar la libertad de expresión y de opinión".

El amigo antes aludido está mucho mejor informado que yo de ciertas interioridades del periodismo capitalino, pues no en vano él todavía se encuentra en pleno ejercicio de la profesión, y no como yo, anciano, jubilado y retirado enteramente, salvo mi colaboración semanal en El Siglo, gracias sobre todo, y como nunca me cansaré de reiterar, a mi joven colega José García Abad, director de esta revista, a quien tuve el placer de conocer hace más de treinta años, recién regresado yo de mi exilio. Pues bien, ese amigo, cuyo nombre omitiré para no perjudicarle, ya que es un profesional muy conocido que trabaja en RTVE, me añadió un dato, como mínimo, divertido: Carlos Dávila pertenece a la junta directiva de la Asociación de la Prensa. O sea, que estamos ante un caso como el de Juan Palomo, yo me guiso, yo me lo como.

Pero aunque Dávila no formara parte del equipo que dirige esta Asociación, no habría resultado sorprendente que se hubiera pronunciado en términos más o menos iguales a como lo ha hecho en esta oportunidad. La Asociación de la Prensa de Madrid es una vergüenza. Practica el silencio y la complicidad ante una situación que viola sistemáticamente la libertad de expresión y que viene protagonizando la radio y la televisión del Estado. Por ejemplo, y sin remontarnos a capítulos oprobiosos más antiguos, la Asociación no ha abierto la boca tras la censura sufrida por dos reportajes del programa Línea 900, uno dedicado a los graves problemas que padecen los niños inmigrantes en Melilla; el otro, a los abusos laborales de algunas multinacionales. Mis pacientes lectores recordarán que yo mismo escribí hace dos o tres semanas sobre esta cuestión, que fue abordada también en otros medios. ¿Podría justificar la directiva de la asociación madrileña de periodistas por qué no intervino en este asunto?

 Ni en éste ni en cualquier otro affaire que lesione lo más mínimo los intereses de la derecha gobernante. Las tertulias de RNE son otra muestra clamorosa, sin paliativos, del monopolio gubernamental vigente a la hora de opinar desde la radio que sufragamos todos los españoles con nuestros impuestos. Las voces próximas a la oposición fueron depuradas poco después de la llegada del PP al Gobierno. Ahora esas tertulias son monocolores, salvo alguna que otra tonalidad suave de discrepancia tolerada. Lo mismo ocurre por las mañanas, con Julio César Iglesias, y así se entiende la supervivencia en el candelero de este antiguo progre, que por las noches, con Manuel Antonio Rico, ejerce de moderador teórico porque en la práctica lleva a cabo una insistente tarea de portavoz en RNE del Partido Popular.

A raíz de la huelga general los desafueros han crecido tanto en RNE como en TVE. En los informativos y en los opinativos. La manipulación ha sido burda, inflexible, brutal. No hay más que verlo o escucharlo. La Asociación de la Prensa no ha dicho ni pío. Nada. Es un organismo fosilizado, corporativista, incapaz de alzar la voz ante las injusticias de mayor calado y, en cambio, presto a rasgarse las vestiduras, hipócritamente, porque unos sindicalistas, votados mayoritariamente por los trabajadores de RTVE, plantaron cara a Carlos Dávila. No hablemos, además, de emolumentos. Sería ilustrativo saber cuánto ganan los Andújar y los Camacho, para entendernos, y cuánto se lleva Dávila, omnipresente en RNE y cobrando un pastón por su entrevista semanal, donde sonríe y es servil con los amigos, mientras que va a la yugular con los adversarios.

 Los columnistas del régimen, como no podía ser de otro modo, se han lanzado a consolar al desolado Dávila. Sus colegas tertulianos, lo mismo. Mi amigo me contó que en la noche del 13 al 14 de junio, Encarnación o Curry Valenzuela, Pilar Cernuda y Ramón Pi compitieron con Manuel Antonio Rico a ver cuál de ellos se mostraba más contundente en la defensa de la pobre víctima de los excesos sindicales. Ramón Pi conoce muy bien a Dávila. Juntos hicieron, en los años del socialismo, el programa La Espuela, que era una tertulia en la que cuando los participantes no insultaban les parecía a los oyentes que algo muy raro debía de estar pasando. Pi, galardonado por los obispos hace poco, compagina, pues, la caridad cristiana con la descalificación más lamentable hacia los contrincantes. Son todos, con excepciones escasas aunque respetables, la voz de su amo.

Carlos Herrera y Alfonso Ussía, entre otros, cerraron filas, desde ABC, con Dávila. En ABC escribe Dávila, por cierto. Basta con leer sus artículos para advertir de inmediato el talante tabernario del sujeto. Herrera es otro ejemplo. Veamos algunas de las cosas firmadas por él referentes al tema que nos ocupa. "A Carlos Dávila, que es como es y que o lo tomas o lo dejas –yo lo tomo–, unos cuantos matones del Comité de Empresa de RTVE al más puro estilo parafascista le han arrinconado por esos pasillos donde hacen vida para abroncarlo por no secundar la huelga política que han puesto en marcha sindicatos, IU y, claramente, los sociatas (...) La ciudad de Sevilla, más apática que nunca, más pintarrajeada que nunca, más inane que nunca, más desorientada que nunca, ve con resignación cómo se ha convertido en el escenario de la confrontación política más irresponsable de los últimos años: un Ayuntamiento incapaz se suma a una Administración autonómica incapaz para organizar (...) una huelga (...) en la que se utilizarán todos los medios al alcance de sindicatos y demás trincones".

 Alfonso Ussía, por su parte, describe a Dávila como "el amenazado, vejado y zarandeado por los jefes sindicalistas del ente público. Ya se sabe que no coincidir con las opiniones de los sindicalistas en los días previos a una huelga general –inconcebible en las actuales circunstancias–, es motivo suficiente para ser apaleado por los educados piquetes. Los consejeros socialistas de RTVE permanecen, hasta el momento, en avergonzado silencio ante tamaña manifestación de opresión y salvajismo, pero ya caerán del guindo".

En fin, difícilmente se pueden decir más falsedades ni desparramar más demagogia que la vertida por Carlos Herrera y Alfonso Ussía. Están, al fin y al cabo, en su línea tradicional, la que les caracteriza, aunque en el caso de Herrera no hayan faltado "sociatas", de acuerdo con su propia expresión despectiva, que lo han apoyado, jaleado y hasta contratado o premiado. Allá ellos. También Francisco Vázquez, el alcalde de La Coruña, se dejó querer por Dávila, minutos después del comentado episodio, a lo largo de la entrevista que le grabó el irascible periodista. Gustó tanto a Ussía que en el mismo artículo del que me he hecho eco se deshacía en loas y ditirambos dedicados a Vázquez. Allá Vázquez

24.06.02


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