OPINIÓN E IMAGEN
Cañuelo
De Aznar y los Bush
D os días después de las manifestaciones contra la guerra, José María Aznar almorzó en la Moncloa con Jeb Bush, gobernador de Florida y hermano de George W., presidente de los Estados Unidos de América del Norte. Jeb Bush debió de parecerle a Aznar un reconfortante aperitivo ya que, salvo cambios no previstos de última hora, Aznar habrá pasado este último fin de semana, week-end muy ampliado, en el rancho tejano de George W. O sea, Aznar junto a los Bush en todas partes. Con Jeb, Aznar examinó durante la comida, según la versión oficial, “la importancia creciente de la comunidad hispana en EE UU”. Se ignora si, aprovechando la coyuntura, el presidente del Gobierno del Reino de España, como le subrayara con ironía Rodríguez Zapatero en el Congreso de los Diputados, se interesó por la concreción de los múltiples bienes que nos ha prometido el hermano de George W. Tan munificente será la recompensa del amigo americano por el apoyo que le presta Aznar en relación al malvado Hussein. Jeb Bush anunció públicamente para España “beneficios que no se pueden imaginar ahora”. El maná, pues, está ya a punto y será abundante y sabroso.
La familia Bush acostumbra a ser muy generosa con sus servidores. Siempre hay buenas propinas para todos. Pero Jeb, al parecer, prefirió la cautela y eludió detallar la relación de los regalos que bien pronto nos pueden llegar desde Washington. “El sueño americano es para todos, y en Florida trabajamos para que eso sea una realidad”, proclamó el bueno de Jeb. Tan bueno que no dudó en hacer presidente de la República española a José María Aznar, con la misma facilidad con la que hace más de dos años él cocinó un pucherazo para su hermano mayor, George W. Resultó tan suculento, y tan bien condimentado que George W., habiendo perdido en las urnas, logró instalarse en la Casa Blanca, y allí permanece como atento centinela de la paz y de la seguridad de Occidente. ¿Cómo se le ocurre siquiera insinuar a Rodríguez Zapatero que estaba tratando de comprar Jeb Bush la solidaridad de La Moncloa con la atormentada Casa Blanca? Estuvo, como mínimo, inoportuno el jefe del PSOE al terminar su intervención en el Congreso de los Diputados el martes 18 de febrero. Mira que recriminar a un hombre tan bueno como Jeb este gesto de simpatía y de buena voluntad hacia el pueblo español. ¿Qué tiene que ver la dignidad de los españoles, dignidad fue la palabra utilizada por Zapatero, con las palabras del gobernador de Florida? Fueron palabras amables, las de Jeb, palabras de un político sensato, no de pancarta, consciente de las necesidades de muchos millones de españoles, a pesar de los permanentes esfuerzos para mejorar el nivel de vida que ha venido haciendo sin cesar el Gobierno del Partido Popular.
José María Aznar está demostrando que no actúa en función de unos votos más o menos, sean muchos o sean pocos, ni de ningún provecho de carácter personal. Los votos son importantes, pero más importante es el sentido del deber de un gobernante responsable. Por eso le dolió leer el martes 18, mientras desayunaba con Ana Botella, la candidata a concejala por Madrid, la Canela fina de Luis María Anson. Él comprende a Luis María. Él entiende a Luis María. Sin embargo esa misma comprensión le hubiera reclamado él a Luis María. Si le hubiera enseñado el artículo previamente, él le habría comentado: “Querido Luis María, tienes razón. En casi todo lo que dices tienes razón. Bueno, tú siempre tienes razón y por eso te admiro y te valoro tanto. Pero este comentario tuyo será instrumentalizado contra mí por quienes ladran su rencor por las esquinas, por los resentidos, por los malos españoles”. En fin, le farfulló a Ana, ya te dije que esto de la política es muy duro, reflexiónalo de nuevo, ya inventaremos algún pretexto si decides abandonar a Alberto, no quiero que sufras, cariño, haremos un comunicado insinuando que, en estos momentos históricos para el futuro de la humanidad, Laura Bush te ha llamado porque necesita tenerte a su lado como consejera y como amiga. Las cosas aquí no van bien, Ana. Tú incluso puedes quedarte de concejala de la oposición, y Alberto se irá, no lo dudes, lo colocará Polanco, ya verás, pero a ti, no. Polanco nos aborrece, qué te voy a contar. Anson acierta.
“No se quieren dar cuenta”, leyó Ana Botella minutos más tarde. “El esplendor del poder que les deslumbra es ya el del incendio. Los dirigentes del PP aceptan como si fuera verdad que las manifestaciones del sábado fueron sólo en favor de la paz”, afirmaba Anson. Y añadía: “No es así. Las manifestaciones tomaron como pretexto el No a la guerra para exteriorizar el No a Aznar, no al PP. Si el think tank de Moncloa se evade por unas horas de los días de amor y rosas en que vive y pone los pies en la realidad, todavía se podrían reconducir las cosas (...) Aunque el voto variable, es decir, el de los que votan en las urnas según les ha ido en la feria, todavía permanece favorable a Aznar, el retroceso popular es evidente y esconder la cabeza como el avestruz sería tanto como contribuir a que se pierdan las elecciones, primero las municipales y luego las generales. Los dirigentes del PP tienen que hacer examen de conciencia. Se han equivocado. En lugar de hacer llegar a la opinión pública lo que favorece al Partido Popular, han permitido que los socialistas, con el pretexto del Prestige y el “No a la guerra”, les hayan zurrado sin piedad. El fracaso de la exagüe política mediática del PP es de tal calibre, la incapacidad de hacer llegar sus mensajes a la opinión tan grande, que o rectifican con urgencia o terminarán contemplando cómo se extiende en España un clamor incontenible contra el Gobierno y su partido”.
Explícaselo a Jeb, tontorrón, le espetó poco después Ana entrando como una exhalación en el despacho presidencial de su marido. Sí, sí, me refiero que le expliques a Jeb y luego en su rancho a George W. que ayudarles te está costando muy caro. Que si hicieras de Chirac los españoles te adorarían. Que hacer de Chirac te multiplicaría los votos de modo asombroso. Y le insistes: ¿Qué tiene Chirac que no tenga yo? Quiero decir que yo también sabría hacer de Chirac, a pesar de que él sea más alto y, eso sí, bastante más viejo que yo. Él es el presidente de la República. Yo también podría serlo. Vamos, ya lo soy, según Jeb. Y les propones lo siguiente. Mira George W., yo no aspiro a ser presidente de la República. Para ser presidente de la República, además, hay que ganar unas elecciones y hasta mi amigo Luis María, que es monárquico de toda la vida, me ha advertido que lo de las elecciones lo tengo muy mal. ¿Por qué, George W., mi dilecto y entrañable amigo, por qué no me haces Rey de España? Para ser Rey no se necesitan votos. Yo te seguiría apoyando en lo que me pidieras. Como ahora. Invadiríamos juntos medio mundo. Desde Cuba al Vaticano, no te fíes de este Papa, George W., deponlo, nombra al sucesor de Escrivá, que sí es de fiar. Y a mí, por favor, hazme Rey. Ana sería la Reina, que se le da muy bien. Ella es humilde y me dice que ya está contenta con ser concejala. Pero yo sé que bordaría, mejor que nadie, el papel de Reina. Este Borbón que tenemos, y que tu hermano Jeb, que es listo, desprecia, tampoco es de fiar. El Borbón, te digo la verdad, es socialista, George W., que yo lo sé. Sigue siendo amigo de Felipe, George W., fíjate. Y le gusta Zapatero, George W., que va a las manifestaciones pacifistas contra tí y, naturalmente, contra mí, pobre de mí.
Salió Ana del despacho. La sonrisa volvió de inmediato al rostro aturdido de José María Aznar. A Ana nunca le faltaban ideas imaginativas para salir del atolladero. Tiene razón Ana. George W. y su hermano Jeb son poderosos. Si vamos a quitar a Saddam, más sencillo será conseguir la abdicación de Juan Carlos de Borbón. Le buscaríamos un buen retiro en Florida. El Borbón tampoco está ya para demasiados trotes. Y su hijo me parece que no quiere reinar. Ni se casa. Dinastía Aznar-Botella. ¿Por qué no? Los hermanos Bush, si quieren, pueden hacerlo. Que vayan los inspectores unos días al palacio de la Zarzuela y encontrarán, seguro, armas. La ONU dispondrá de pruebas. El mundo entenderá sin problemas que yo ascienda al Trono. La paz y la seguridad continuarán garantizadas.
24-02.03